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Armando se miró una última vez en el espejo de su auto antes de decidir que estaba listo para bajar. Sus amigos ya le habían avisado que estaban dentro del antro y que incluso ya estaban algunos de sus amigos dentro; aunque se había apurado para llegar temprano se habia distraido platicando con Cade por mensaje, ya que su novio estaba de viaje en Italia y no estaba seguro de poder llegar a tiempo para su celebración de cumpleaños.
Aunque intentó no desanimarse no lo estaba logrando; Cade siempre era así, muy ocupado con sus viajes, sus negocios y sus cosas. Nunca lo había tratado mal ni había sido malo, pero a veces Armando quería más.
De vuelta en el presente, salió de su auto, dándole las llaves de su convertible al valet y caminando hacia la entrada del lugar, en donde Hector, el cadenero del lugar, ya lo esperaba con una sonrisa.
—Armando, que bueno que llegaste—Hector sonrió—. Ya te están esperando dentro.
—Gracias, Hector—Armando también sonrió, sacando un billete de su bolsa y poniéndolo dentro del bolso superior de la camisa del cadenero—. Es para que le compres algo a Gemma.
—Gracias. Y feliz cumpleaños, Armando.
Armando le dedicó una última sonrisa antes de entrar al lugar, sin prestar atención a la gente formada en el lugar que le reclamaba al cadenero por dejarlo pasar sin haberse formado. Detras de el entraron dos hombres completamente vestidos de negro que lo seguian de cerca, cuidando que nadie se acercara.
Cuando entraron al lugar de inmediato los recibió un aroma espeso a perfume y alcohol. Los hombres le abrieron el paso entre la masa de gente que bailaba al compás de un reggaetón que en ese momento tocaba la dj, pero Armando apenas lo notaba mientras miraba su celular en busca de un mensaje de Cade y caminaba hacia las escaleras que llevaban a la zona VIP.
No había mensaje, pero si había un grupo de sus amigos esperándolo, con Mat e Isra a la cabeza sosteniendo un pequeño pastel de chocolate con unas bengalas.
— ¡Feliz cumpleaños! —gritó la multitud emocionada.
Armando guardó su teléfono y recibió la felicitación de todos ahí, tomando abrazos y cumplidos de sus amigos. Mateo e Isra fueron los últimos en acercarse, ya sin el pastel, pero cada uno con varios shots para el cumpleañero, quien los recibió con una sonrisa.
—No mames, Yiyi, empiezale a tomar porque te tocan tus veintitrés shots de cumpleaños—anunció Mateo, mientras Armando se tomaba uno de los shots con una mueca.
— ¿Por qué vodka, Mat? —se quejó mientras tosía levemente por el alcohol— Tu sabes que el vodka no me cae bien.
—Ya no llores, mi amor—se rio Israel, tomando un shot también—. Es tu cumpleaños y lo vamos a celebrar como se debe.
Armando sonrió mientras veía a Mateo tomarse un shot al mismo tiempo que Israel le pasaba otro vasito con el líquido transparente. Sus amigos tenían razón, iba a divertirse esta noche y olvidar todo el drama.
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—Hasta que se apuran, cabrones—se quejó Campillo, abriendo la puerta del asiento de atrás de la camioneta de Brian—. Nada más llegaron dos horas tarde, eh.
Adentro del auto Brian se reía mientras fumaba un cigarro, mientras Carrillo, de copiloto, miraba su celular al mismo tiempo que le daba un trago largo a su lata de cerveza. De fondo sonaba una canción de fuerza regida y todo el auto olía a loción y tabaco.
—Ya, cabron—se rio Carrillo, extendiendole una lata de cerveza—. Te paso una cheve pa que te alivianes.
Campillo la tomó y la destapó al instante, dándole un largo trago. Brian volvió a encender el auto para dirigirse a la ubicación que les había mandado Chavez. El GPS les indicó que aún les quedaban cerca de 30 minutos de camino; aunque no estaba tan lejos, el tráfico de Guadalajara un sábado en la noche siempre era una pesadilla.
—Y luego, ¿qué pasó con Perla, cabron? —preguntó Jordan, siguiendo la conversación que él y Brian estaban teniendo antes de que Campillo se subiera al auto.
—No chingues, Guti, ¿te diste a Perla?—se quejó Campillo, dándole otro trago a su cerveza mientras Jordan se reía a carcajadas.
—Nada más fueron unos besos—aseguró Brian, lanzando su cigarro ya terminado por la ventana del auto—. Sus papás le estaban llame y llame y se tenía que ir.
—Eres un cabrón, quien te viera con pura niña bien.
—Lo que mueve el varo, papá—presumió el ojiazul, mientras sus amigos se reían de él—. ¿Qué les puedo decir? Pura niña bien de casa para mi.
Jordan y Diego siguieron molestando a su amigo con el tema de Perla mientras este les daba detalles más íntimos de su encuentro con la rubia, hasta que llegaron a la ubicación del antro.
Una vez ahí, Brian lanzó un chiflido. El lugar se veía abarrotado de gente, con una larga fila esperando en la cadena su lugar para entrar; pero se notaba a simple vista que era un lugar de mucho dinero, si los rolex y los bolsos prada hablaban por sí solos.
—Pinche Chávez, a los lugares que nos trae—se animó Jordan, viendo a las mujeres de largas piernas que esperaban en la fila con sus amigas—. Puro producto premium.
—Eres un naco—se burló Campillo.
—Ya vi lo que me voy a comer hoy—continuó Carrillo, ignorando por completo el insulto de su amigo.
—Si dios quiere, me llevo a una güerita hoy conmigo—animó Brian, saliendo de la camioneta—. Así que vayan viendo como regresar solos, pendejos.
—Jajaja, hasta crees que te van a hacer caso—se burló Diego, saliendo también del auto.
Los tres amigos caminaron directo a la entrada después de que Brian le entregara sus llaves al hombre del valet, con una amenaza de que no rayara su camioneta. Mateo les había dicho más temprano que tenían que ir directo con el cadenero y decir que estaban en la lista de invitados de Armando González, y que los dejarían pasar sin ningún problema.
Y asi fue, excepto por la mirada de desagrado que les dedicó el cadenero y después la seguridad del lugar, donde los revisaron de pies a cabeza para asegurarse que no llevaban nada indebido. Era obvio que no pertenecían a este lugar, demasiado desarreglados y con un estilo muy diferente al de todos ahí.
A ninguno le importó, tenían el dinero para pagarse una botella en ese lugar y nadie los iba a hacer menos por no verse como el resto de insípidos de pantalones caqui y zapatos que venían a gastarse el dinero de sus papis mientras traían puestos los relojes que habían tomado de sus vestidores para fingir que eran importantes.
A diferencia de esta gente, ni Brian ni sus amigos venían de familias con dinero; ellos mismos habían hecho sus negocios para ganarse su propio éxito y fortuna a corta edad; aquí ninguno era mejor que ellos.
— ¡Hasta que llegan!—grito alguien de la nada, tomándolos por sorpresa.
—Chavez, que pedo con el lugarcito al que nos trajiste—se burló Carillo, recibiendo el shot que Chavez le extendió.
—Ay, ya se—continuó Chavez, arrastrando las palabras por el alcohol que ya llevaba encima—. Es que a mi yiyi le encanta este lugar, y es su cumpleaños.
—Mucho yiyi—Campillo se burló, imitando el tono chillón que hacía Chavez cada que hablaba de su amigo—. De seguro te damos pena y por eso no lo conocemos.
—Obvio que me dan pena, cabrones, ¿qué chingados se pusieron? Parecen alucines, me sorprende que los dejaran entrar.
—Ya, Chavez no te mames—se quejó Brian, tomando el shot que este le extendió y robandole uno extra—. Pero nos vas a presentar a tus amigos, ¿verdad? Hoy tengo ganas de llevarme una güerita.
—Ni de pedo, Guti, ya te conozco como eres.
—Qué aburrido.
—Pero ya dejense de mamadas—continuo Chavez—. Vámonos al VIP, allá tenemos reservado. Y no se preocupen por la cuenta, hoy tenemos cuenta abierta gracias a la black que me dio mi jefe.
—A huevo.
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Armando se rió del chiste que estaba haciendo Isra, más por el alcohol que ya corría en su sistema que por la broma en sí. Los shots de vodka ya le habían hecho efecto y ahora bebía de un vaso de vidrio que sabía medio dulce, podría ser un desarmador, pero la verdad no estaba seguro.
Cuando levanto la vista de su vaso su mirada se ilumino al ver a Mat caminando hacia ellos, seguido de unos hombres que jamas visto en su vida.
— ¡Mat! —se animó el cumpleañero— ¿Dónde estabas? Vente a tomar unos shots conmigo y con Isra.
Mateo sonrió grande mientras lo miraba.
—Claro que sí, mi amor, voy por ellos a la barra—señaló la barra a su lado—. Mientras les presento a mis amigos, estos son Guti, Campillo y Jordan—miró a sus amigos de regreso—. Ellos son Isra y Yiyi.
Armando e Israel miraron a los tres hombres en silencio. Campillo fue el primero en acercarse, saludando a ambos con una sonrisa divertida, seguido de Jordan, quien se atrevió a ir más allá y le dio un abrazo a Armando felicitándolo por su cumpleaños.
Armando lo recibió de forma educada, para después mirarlos a los tres con algo que se acercaba mucho al desagrado. Por otro lado, Israel los saludo con alegría mientras les ofrecía algo de beber.
Brian miró a Armando con una sonrisa lobuna. Si bien era cierto que preferia salir con mujeres, era bien conocido entre sus amigos por ser bisexual, y lo que estaba viendo frente a él era una de las razones por las cuales no se declaraba hetero al cien. Armando tenía unos ojos preciosos, acompañados por unas pestañas kilométricas, unos labios que gritaban por ser besados y un montón de lunares salpicados por su cara y lo que se alcanzaba a mirar en su cuello. Simplemente hermoso.
—Así que tu eres el famoso Yiyi—Brian usó su tono más sugerente, el que siempre le funcionaba con sus ligues, mientras le extendía una mano para presentarse—. Soy Brian, qué placer es conocerte, Chavez nunca nos dijo que el cumpleañero estaba así de bonito, de haberlo sabido te traía un regalo.
Armando arqueo una ceja, mirando la mano extendida del amigo de Mateo y haciendo una mueca ante el cumplido barato. No se le habia escapado el tono sugerente, como se atrevia ese idiota a hablarle asi.
—Eww, no me hables—se quejó—. Y es Armando para ti, pendejo.
Jordan y Diego empezaron a reírse de inmediato, burlándose del rechazo que había recibido su amigo. Brian se rió también, ya acostumbrado a los desplantes de los morrillos fresitas como Armando; pero no era alguien que se rindiera fácil.
Por otro lado, Armando hizo una mueca de total desagrado y se fue directo a la barra, para alcanzar a Mateo y quedarse lo más lejos posible del trío de hombres que había llevado su mejor amigo.
—Disculpen a Armando, es de otro ambiente—aseguró Israel, riendo ligeramente al ver a su amigo quejándose con Mateo a lo lejos—. ¿Quieren algo de tomar?
—Claro que sí, mi Isra.
—Oigan, y si no es indiscreción, ¿de donde conocen a Mateo?
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Brian le dio un trago a su vaso, acabándose lo que quedaba en él mientras seguía mirando al morrito bonito que era amigo de Chávez. El cabrón lo había estado evitando toda la noche como si fuera la peste, alejándose cada vez que Brian intentaba hacer un movimiento, dándole muecas de desagrado y rechazando sus intentos por sacarlo a bailar u ofrecerle una bebida.
Pero, desgraciadamente, Armando no entendía que entre más rechazaba a Brian a este le gustaba más; ya estaba acostumbrado a la conquista facil con un par de sonrisas, el tono sugerente y los ojos azules, y el hecho de que Armando no cayera tan fácil con eso lo estaba volviendo loco.
Ya había pasado más de una hora que la castaña guapa que lo estaba mirando del otro lado del lugar se había dado por vencida, también la rubia de ojos verdes que había intentando ligarselo en la barra había desistido al ver que Brian ni siquiera le había dedicado una mirada.
Pero eso no podía interesarle menos al de ojos azules, ya no había plan de “regresarse con una guerita”; ahora quería llevarse con él al fresita de ojotes, y no iba a parar hasta recibir al menos una reacción de este que no fuera de desagrado.
—Ya párale, wey, nos está dando pena—se quejó Jordan, recargándose en la pared a su lado y extendiendole un vaso nuevo a su amigo—. Ya te dio varias miradas de asco, mi Guti; no le gustaste, superalo.
Brian se echó a reír, aceptando el vaso que le ofrecía su amigo y dándole un trago, sintiendo como el sabor amargo le raspaba la garganta.
—Pinche fresita, está bien chulo—insistió Brian—. ¿Crees que Chavez se enoje si me lo sigo ligando?
—No mames, cabrón, para empezar tendrías que gustarle—se burló— ¿Como que “si me lo sigo ligando”? No seas pendejo, el wey ni te pela.
—Detalles.
—¿Cuál detalles, pendejo? No ha parado de demostrarte que no le interesa; no vales madre, Brian, ya déjalo en paz.
—Va a caer—aseguró—. Todos caen tarde o temprano.
—Mames, Guti, ya estás pedo, ¿verdad?
Brian frunció el ceño a punto de contestarle, pero ambos se vieron interrumpidos al escuchar un grito de emoción.
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Armando ya se sentía mareado por el alcohol, y aunque aún no se sentía perdido, si se sentía agotado de las miradas que el amigo de Mateo no dejaba de darle. Y es que parecía que el pendejo no captaba indirectas, ya lo había rechazado de todas las maneras posibles y seguía acercándose a él, ofreciéndole bebidas e intentando hacer conversación.
Lo peor es que Mateo llevaba casi una hora ligando con una compañera de su curso, y eso impedía que pudiera pedirle que corriera a sus amigos.
Ya se estaba poniendo de malas, a punto de desaparecer y dejar su fiesta de cumpleaños cuando escuchó que el DJ paraba la música y empezaban a sonar las mañanitas en los altavoces del lugar.
—No mames, Hormi, vino Cade—le informó Isra, saliendo de quien sabe donde.
Armando levantó la vista para ver a su novio con un ramo enorme de peonías y tulipanes en colores blanco y lila, con una sonrisa de revista y el bronceado intacto. Se veía guapísimo.
—Si viniste—susurró Armando con emoción en cuanto Cade lo alcanzó y lo apretó en un abrazo.
— ¿Cómo creíste que me lo iba a perder, babe? I love you so much—aseguró el hombre, dándole un beso en la cabeza y después en los labios.
Armando se rió de felicidad mientras escuchaba a sus amigos cantarle las mañanitas al mismo tiempo que su novio le daba cumplidos al oído. Odiaba admitirlo, pero tenía la leve esperanza de que Cade estuviera aquí para su cumpleaños, y mientras más pasaba el tiempo esa esperanza iba muriendo, pero al verlo ahí con flores y una sonrisa brillante había devuelto su confianza.
Estaba tan feliz que por poco se pierde el grito que vino de una mesa al lado, pero Cade no se lo perdió ni le hizo gracia cuando vio a un güero con pinta de alucin (y borracho hasta los huesos), acercarse a ellos con determinación.
—Epale, mi cabrón, vamos formados, ¿qué pedo?
—Vete a la verga, Brian, a dónde vas—gritó una voz detrás de ellos.
Jordan intentó alcanzar a su amigo, pero este ya estaba frente a Armando y su novio, frunciendo el ceño con evidente molestia.
— ¿Quién es este, babe?—preguntó Cade con condescendencia.
— ¿Cuál “babe”, pendejo? Respeta—continuó Brian, enojandose cada vez más.
—Es uno de los amigos nacos de Mateo, no sé qué le pasa—se quejó Armando, ignorando por completo a Brian y buscando a Mateo entre la gente.
—No te mames, Brian, qué pedo contigo—se quejó Campillo, dejando a la chica con la que estaba ligando al percatarse del escándalo que estaba haciendo su amigo.
—Tú cállate, Campillo—lo detuvo Brian, frunciendo el ceño.
Jordan y Campillo reaccionaron en ese momento, deteniendo a su amigo antes de que siguiera molestando a Armando y su novio, pero Brian (como el malacopa que era) empezó a darle manotazos a sus amigos para que lo dejaran en paz.
— ¡Sueltenme, cabrones! Le voy a partir su madre a este pendejo, ¿quién se cree?—gritaba Guti, intentando escapar de sus amigos.
—¿Qué está pasando?—preguntó Mateo, llegando hasta ellos al ver el escándalo que estaba ocurriendo.
—El pendejo de tu amigo, Mat—se quejó Armando, mirando con asco a Brian mientras este seguía peleando con sus amigos intentando soltarse—. Te dije que no quería malacopas.
— ¿Cuál malacopa, ojitos?—se quejó Brian, forcejeando mientras sus amigos intentaban calmarlo.
—¿Ojitos?—preguntó Cade con desagrado, mirando a Brian ahora más enojado.
Brian estaba por mandarlo al carajo cuando Cade fue a alcanzarlo y empujando a sus amigos le soltó un puñetazo directo en la mandíbula. El golpe tomó por sorpresa a Brian, quien estuvo a punto de caer al suelo, pero Carrillo alcanzó a detenerlo.
—No sabes con quien te metiste, pendejo—lo insultó Jordan, abalanzándose hacia él.
Cade apenas y pudo esquivarlo, pero eso no lo salvó del golpe que le soltó Diego en el estómago. Armando gritó en cuanto vio como Cade se levantaba para seguir peleando.
Israel, que se había acercado en cuanto escuchó los gritos intentó separarlos junto con Mateo, pero pronto el conflicto se volvió más grande, con todos intentando pelearse y Armando gritando en la esquina para que se soltaran.
Brian aprovechó el momento para acercarse a Armando, sonriéndole mientras este lo miraba horrorizado.
—De haber sabido que tu novio pegaba tan fuerte me lo hubiera pensado mejor, princesa—se quejó, mirándolo con una sonrisa.
Armando le gritó una maldición que ni él mismo entendió, enojado por la situación, preocupado por su novio y con el alcohol de pronto haciendo efecto en él, dejándolo mareado. Brian intentó acercarse para tomarlo del brazo, pero antes de que pudiera tocarlo ya tenía encima las manos de los hombres que venían cuidando a Armando.
Los hombres no dudaron en soltarle varios golpes seguidos de una amenaza de que no tocara a Armando. Y entre gritos, amenazas y la música del lugar que no se detenía, Brian perdió el conocimiento.
