Chapter Text
La copa del Mundo.
Cuartos de final.
Inglaterra vs Noruega.
Todos los aficionados estaban emocionados, era un partido que prometía demasiado y en redes sociales el regreso de Jude Bellingham y Erling Haaland era un escándalo. Ambos fueron el dúo perfecto hace tres años en el Dortmund, pero desde entonces no se les había visto juntos, una lástima.
- Jude, JUDE – gritó Kane.
- Disculpa, ¿qué decías?
- El partido está por empezar.
El inglés se levantó con dificultad, no estaba preparado para enfrentar a Noruega y no por el equipo, es por él, su ahora exnovio con el cual nunca pensó terminar y al cual seguía amando con intensidad.
Fue un imbécil.
Lo seguía siendo.
Aunque todos los días revisaba sus fotos juntos, el Instagram del rubio y cualquier noticia donde pudiera verlo nunca se comunicó.
Bueno, solo una vez lo intentó para descubrir que Haaland cambió su número.
Que golpe más doloroso.
El corazón le palpitaba a mil.
Tenía miedo.
El miedo de enfrentarlo, de ver sus ojos azules y que ya no lo miraran como antes, que el amor se hubiera ido de Haaland, que se hubiera esfumado, mientras él vivía cada segundo arrepentido por dejarlo ir.
Los jugadores empezaron a formarse en el túnel, él llegaba detrás de todos y lo visualizó.
Esa espalda ancha, su altura, el cabello ahora más largo que antes y su risa.
Lo amaba.
Lo amaba a morir.
- Jude, muévete por Dios – exclamó Rice a lo lejos.
Erling volteó por inercia al escuchar ese nombre y sus ojos se encontraron.
Ah, que tragedia – pensó Jude.
Aquellos ojos no brillaron cuando lo vieron, aquellos ojos solo lo miraron fijamente con dolor.
- Mierda, Jude. ¡Que te muevas! – Declan lo arrastró y él mantuvo la miraba con el rubio lo más que pudo.
Sonrío tristemente.
Que lindo era verlo.
Mientras salían al campo y realizaban los actos protocolarios Jude lo notó, en este instante no podía jugar. Deseaba mirarlo más, mucho más, al menos un poco más para suprimir las ansias de los últimos tres años.
- No jugaré -sentenció.
- ¿Qué? ¿Escuché bien, Bellingham?
- No jugaré.
El entrenador empezó a manotear con rabia y a insultarlo. Jude estaba en su mejor momento y si querían asegurar la victoria desde el inicio lo necesitaban, pero el inglés decidió no jugar.
Todo el equipo se empeñó en tranquilizar al entrenador, argumentando que el 10 realmente no se encontraba en condiciones de jugar y que en el segundo tiempo ya estaría listo para entrar al campo.
- Ocúpate de tus asuntos, Bellingham. Tienes una hora – le dijo Kane, que claramente se notaba molesto.
Jude se sentó en el banco y el juego inició.
En su mente solo estaba Erling Haaland.
Mientras lo veía correr por el campo, Jude recordó.
Hace tres años fue su paso por el Dortmund.
Tenía 17 y un futuro lleno de sueños. Cuando supo de su ingreso al club la alegría y el miedo lo inundaron.
El primer día fue bastante agradable, principalmente gracias a esa persona.
Erling llevaba 6 meses en el Dortmund cuando Jude llegó, tiempo que le permitió darle una buena bienvenida al inglés.
La primera impresión de Jude fue: es lindo.
No pudo evitarlo. Haaland, aunque tenía 19, era gigante, su cabello rubio resaltaba y sus ojos azules brillaban como nunca.
Durante su adaptación en el club, Erling siempre estuvo ahí. Lo apoyó y defendió como nadie y de esa manera en un breve momento se convirtieron en el mejor dúo, pero más allá de ello, Jude no pudo evitarlo, se enamoró. Se había enamorado más de lo que le gustaría admitir.
Siempre le decían que era un orgulloso, pero para él no era así. Solo tenía miedo de hablar, de decir lo que sentía, de agobiar, de comunicar.
Eso le costó un año, un año con un amor unilateral admirando al rubio.
Pero todo cambió una noche, en un bar luego de ganar un partido importante.
Jude no sabía beber, de hecho, solo había tomado un par de cervezas porque hace un par de semanas había cumplido la mayoría de edad.
- ¡Jude! ¡Jude! ¡Jude! – alentaban todos mientras le pasaban shorts de licor.
Se sentía extremadamente feliz, el alcohol le hacía efecto más rápido de lo que le gustaría.
- No lo dejen tomar más – dijo Erling.
- Vamos, Haaland. No seas tan aguafiestas – exclamaron todos.
- Juguemos, ¡verdad o reto!
- ¡Yo quiero! – Jude gritó emocionado.
- Media hora y te llevo al hotel.
- Okey - contestó divertido.
Todos empezaron a jugar, preguntas sencillas, retos fáciles. Solo para pasar el rato.
- Haaland, ¿verdad o reto?
- Verdad.
- ¿Con quién de aquí te acostarías?
Jude, pasó saliva.
Haaland giró.
Aunque todo su cuerpo diera la impresión de estar buscando a alguien detrás de Jude, sus ojos estaban fijos en el menor. Aquellos ojos azules lo analizaban con detenimiento y se detuvieron en los labios carnosos del moreno.
Es el alcohol – pensó Jude.
- Vamos hombre, no lo pienses tanto.
- Ella, la del vestido rojo.
El equipo se volvió loco, mientras Bellingham dudaba de sí mismo.
- Jude, ¿verdad o reto?
- Reto – susurró.
- Besa a alguien. Con lengua.
El cuerpo de Jude quedó rígido e inconscientemente su mirada se centró en Haaland. Solo lo quería besar a él, a nadie más, solo quería sentir sus labios sobre los suyos, solo quería saborear la boca del rubio, solo quería tocarlo a él, solo amaba a Haaland.
- Erling, dale tu permiso al pequeño. Ve cómo te está mirando.
Haaland volteó a verlo.
Jude pasó saliva por segunda vez.
Ambos mantuvieron la mirada por un instante, hasta que Erling soltó un simple: ve.
Los miembros del equipo se volvieron locos de nuevo, pero el corazón del pequeño estaba adolorido. Lo sabía, sabía que al rubio no le importaba, lo sabía, aun así, dolía.
El moreno se levantó con determinación, lo había decidido. Besaría a la chica de vestido rojo, con la que se acostaría Haaland.
Su determinación bajó, cuando notó como todo le daba vueltas. No podía mantenerse estable. Se agarró de las mesas caminando hacía algo rojo que veía a lo lejos, pero antes de poder avanzar un poco más, una mano rodeó su muñeca y lo jaló con agresividad por todo el bar.
Erling Haaland.
Jude peleó por soltarte, pero fue inútil. Así que se resignó y caminó como podía detrás del rubio que parecía enojado, seguramente luego de ver lo borracho que se encontraba.
El frío de la noche lo ayudó a estar más sobrio y eso lo hizo sentir más la tristeza que se escondía en su pecho.
Durante el camino, en el taxi, ninguno habló, tampoco entrando al hotel o mientras subían en el ascensor. Silencio, más silencio.
Haaland lo seguía llevando de la muñeca y no lo soltó hasta que entraron a la habitación de Jude.
Bellingham se apoyó en la pared, esperando con rabia que Erling cerrara la puerta y se fuera para poder llorar apaciguando su corazón roto.
Pero eso no pasó.
Sí, el rubio cerró la puerta, no obstante, no salió. Se quedó.
Sus ojos parecían de un azul oscuro y en su boca se dibujaba una mueca.
- Tanto así querías besar a alguien, ¿eh?
- Me dijiste que fuera – escupió Jude con sarcasmo.
- ¿Desde cuando eres tan obediente, Bellingham?
- No te importa.
Erling tomó la barbilla de Jude con violencia, esa insolencia lo enojaba.
- Lo hace, me importa más de lo que me gustaría.
Sin decir algo más, Erling Haaland atacó los labios de Jude con violencia.
Durante un instante el tiempo pareció congelarse. Ninguno se movía, ni siquiera un centímetro o una respiración, nada, absolutamente nada.
Jude empujó a Haaland con todas sus fuerzas haciendo que el rubio cayera sobre la cama. Su cabeza era un caos, ¿lo besó?
- Tú, pero… qué, ¿qué mierda te pasa?
El rubio suspiró con rabia pasando su mano por el cabello, él tampoco lo entendía, no se entendía desde hace mucho tiempo, pero si no sacaba esas emociones que lo estaban atormentando podría creer que se volvería completamente loco, así que con una voz completamente insegura que Jude jamás había escuchado habló:
Me estoy volviendo loco Jude, totalmente loco. Cuando llegaste te vi como un hermano menor, alguien a quien quería proteger porque me recordabas a mí, ambos cargábamos con sueños pesados y quise estar en tu camino para cumplirlos, pero el tiempo avanzó y no fuiste un simple hermano menor, te convertiste en mi mejor amigo, en mi confidente, en alguien con quien quería compartir. Y eso era todo Bellingham, eras eso, mi hermano, mi mejor amigo.
Eso quise creer – respiró profundo mirando fijamente al moreno que estaba completamente inmóvil – Desde hace seis meses he querido creer que mi cariño por ti era eso. ¿Pero sabes? La forma en la que te veía no era de amigo, no era de hermano, no, no. Cada vez me parecías más radiante, más increíble y sin darme cuenta me encontraba a mí mismo admirándote como un estúpido. Me dije que no era nada.
Luego tu sonrisa, tu sonrisa me controlaba, solo con verla me sentía infinitamente feliz y así nació una necesidad de verte todo el tiempo, de hacerte feliz, de estar siempre a tu lado. Solo que mis pensamientos no se quedaron ahí, Jude, mierda, definitivamente no lo hicieron. Empecé a tener sentimientos egoístas, no quería que le sonrieras a los demás, no quería que te abrazaran, no quería que te vieran de más, no quería que hicieras lo que hacías conmigo con los demás, no quería que fueras de otro, te quería para mí. Ahí me di cuenta, estaba completamente enamorado, me enamoré, Jude, sí, me enamoré de Jude Bellingham sin más y no supe hacer nada más que guardarlo y tragarme todo.
Y así estaba bien, todo era perfecto hasta hoy. Hasta ese maldito juego, ¿con quién me acostaría? Mierda, no sabes cuando quería decir tu nombre, no sabes cuanto quería lanzarme a tus labios y besarlos hasta que te doliera por sonreírle tanto a esos imbéciles. Y después, después tuviste el descaro de verme de esa forma para ¿pedirme permiso? – escupió con enojo – no me jodas Bellingham, me miras como si me quisieras de la misma forma para luego arrojarte a los brazos de cualquiera. Así que sí, no lo soporté, no pude y cuando me di cuenta te estaba sacando del bar.
¿Contento?
- ¿Qué? – dijo el inglés después de un largo silencio.
- Me preguntaste que mierda me pasa, ya te lo dije, ¿contento? – se levantó de la cama, agarró su cabello rubio de nuevo y caminó con determinación a la puerta – ojalá olvides todo esto y si lo recuerdas, solo actúa como si no lo hubieras escuchado o como si fuera un sueño absurdo donde tu mejor amigo te declara su amor.
El ruido de la puerta sobresaltó a Jude y lo ayudó a reaccionar. Tardó en entender, tardó en comprender palabra por palabra mientras las repetía una y otra vez como si la voz de Haaland se hubiera grabado y alguien iniciara una y otra vez la grabación. ¿Haaland lo quería?
¡Era un sentimiento mutuo, ambos se querían!
- YO… - gritó volteando a la puerta.
Que estupidez.
Claramente ya no estaba ahí, claramente se quedó con todos sus sentimientos atravesados en la garganta sin tener a ese alguien para contárselos.
