Chapter Text
Brian manejaba por la carretera con la serenidad que solo una de sus pastillas relajantes podía ofrecerle. Aún conservaba varios frascos cuando su psicóloga por fin le había dado el alta hace un año, no sabía si esos medicamentos caducaban o no, pero prefirió echarse la pastilla a la boca sin pensarlo mucho, era una emergencia.
¿Qué había llevado a su ex a romper el contacto cero después de 3 años?
Brian lo tenía bloqueado de todas las redes sociales, pero no de WhatsApp, quería tener al menos un medio de contacto libre en caso de que Armando necesitara su ayuda por alguna razón.
Se mentiría a sí mismo si no admitiera la cantidad de días y noches que había pasado imaginando ese mensaje.
No fue hasta que dejó de esperar que llegó.
La noche anterior estaba por meterse a bañar cuando apareció la notificación:
Armando: ¿Estás ahí?
No lo pensó ni un segundo, no tenía caso, la respuesta siempre iba a ser sí con Armando.
Tal vez Brian nunca dejó de esperar.
Brian: Sí
La burbujita de Armando aparecía y desaparecía, parecía que escribía algo y luego se arrepentía, hasta que por fin apareció un nuevo mensaje.
Armando: Te necesito
Brian: Qué? Qué pasa, en dónde estás?
Armando: Perdón, no te quiero molestar, no sé por qué te estoy escribiendo
Brian: No me molestas, estás bien? en dónde estás?
Armando: En casa de mi abuelita Rosita
Brian: Voy para allá
Armando: No estas en Chicago?
Brian: Sí, voy para allá
Armando nuevamente escribía y borraba. Brian esperaba que le dijera que no, que era una falsa alarma y que no hacía falta que fuera a su rescate, sabía que cualquier señal positiva del otro haría que Brian cruzara cielo, mar y tierra para estar con él.
Armando: Gracias Guti
Tres años para superar a Armando y un solo mensaje para regresarlo al punto inicial.
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Intentó tomar un vuelo directo a la Ciudad de México, pero todos estaban llenos o con precios demasiado altos, así que compró un vuelo a Guadalajara, la ciudad que lo vio crecer.
Tuvo suerte de no esperar mucho para subirse al avión, y en cuestión de horas ya había llegado a la ciudad. Sus papás aún conservaban su casa de la infancia y hace un año habían decidio remodelarla y mudarse de vuelta a la tapatía de México. Brian sospechaba que llevaban planeando hacerlo desde antes, pero se quedaron un poco más en Chicago para cuidarlo.
Brian apenas alcanzó a ducharse y comer algo rápido, mientras recibía los mimos y preguntas inquisitivas de su mamá. Bastó con mencionar a "hormi", apodo que sus papás seguían usando por el cariño inmenso que le tenían a Armando, para que su mamá dejara de preguntar y simplemente le diera un beso en la mejilla, con la expresión de "Ay, hijito". Su papá solo le dio un abrazo y las llaves de su carro.
A dos horas de haber llegado a Guadalajara ya había salido a carretera rumbo a Ciudad de México.
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Llevaba 5 horas manejando.
El efecto de la pastilla se estaba desvaneciendo, comenzó a dudar de si había tomado la decisión correcta.
Se había sentido tan orgulloso de sí mismo aquella vez que le contó a Lucía, su psicóloga, que había logrado dormir sin pastillas, y sin la presión angustiante que se había sentado sobre su pecho desde que dejó México... desde la última vez que lo vió.
Aún recordaba la mañana en que despertó sintiendo que había regresado de una largo y extenuante sueño, se había rodeado de una sensación lúdica de paz. Volvió a cerrar los ojos e imaginó su cama como aquel hermoso lago en el rancho de Guadalajara, que contenía su cuerpo y lo abrazaba al flotar. Pensó que tal vez estaba alucinando, hasta que abrió nuevamente los ojos y notó que sus pastillas seguían sobre el buró al lado de su cama. Se había quedado dormido antes de tomarlas.
Ese día está en el top cinco de momentos más felices de su vida.
A partir de ahí, poco a poco dejó de necesitar las pastillas, comenzó a vivir de nuevo, retomó el contacto con sus amistades, volvía a aceptar invitaciones para salir, reunirse y divertirse, incluso tuvo algunas citas, y aunque no llegaron a nada, le ayudaron a recuperar la confianza que había perdido.
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Eran las 10:00 am y Brian iba entrando finalmente a la Ciudad de México, pequeñas cosas habían cambiando, pero en esencia era lo mismo, los nervios y el cansancio se disiparon un poco al admirar la ciudad a la luz del día.
No estaba seguro de recordar el camino a la casa de la abuelita de Armado, después de parar varias veces y cambiar de dirección otras cuantas logró atinar al camino correcto. El corazón volvió a latirle cada vez más fuerte conforme se acercaba a su destino.
Pudo ver a lo lejos la hermosa casa magenta, era imposible no distinguirla del resto, con sus enormes árboles asomando por el muro. No podía haber algo más mexicano que la visión que tenía enfrente, una combinación de colores vivos, entre las rosas de la fachada y las bugambilias, el verde limón de los árboles y el azul intenso del cielo, haciendo juego con el amarillo brillante de las flores que había comprado es una de sus paradas.
Eran girasoles y margaritas, no sabía qué era lo que le estaba pasando a Armando, pero no quería llegar con las manos vacías, además estas flores le recordaban a él, al sol que besaba sus mejillas dejando un precioso rubor natural.
El calor de la ciudad era intenso, su papá le había advertido de la falla del aire acondicionado del coche, pero no le había prestado atención hasta ese momento.
Llevaba 25 minutos estacionado, inmóvil, escuchando a su propio corazón resonar dentro de su pecho. No se atrevía a enviar el mensaje, y es que ¿por qué había ido? ¿por qué había corrido nuevamente detrás de Armando?, se preocupaba por él pero no era normal haber salido casi inmediatamente de su casa, sin siquiera bañarse, por un mensaje tan ambigüo.
Tomó las flores y bajó del coche, se recargó al costado de este y respiro profundo, <
> Afortunadamente se le había hecho costumbre hacer los ejercicios de respiración que le había enseñado Lucía. Estabilizó su ritmo cardiaco y comenzó a escribir.
Brian: Estoy afuera, por el arco de la entrada
Después de un momento decidió escribir un segundo mensaje: Está bien si te arrepentiste, solo quiero saber si estás bie…
-¡BRIAN!
No pudo enviar el mensaje por el sobresalto, al voltear se encontró con…
-¿Qué haces aquí? Aunque pensándolo bien debí imaginar que Hormi te avisaría… su abuelita te quería mucho.
-Eh.. Hola Mateo
Solo atinó a saludar, sintió una irritación profunda al ver a Mateo, aunque parecía que era mutuo según el semblante del otro. Sabía que no debía haber ido, ¿quién era él al lado del novio actual de Armando? ¿por qué no imaginó que era obvio que él también estaría ahí? ¿qué pensó? ¿que repentinamente había vuelto a ser espacial para su ex solo por un mensaje de texto después de 3 años?
Estaba a punto de caer nuevamente en una espiral de autodestrucción cuando recordó algo de lo que le acaba de decir Mateo… había dicho que la abuelita de Armando lo quería… en tiempo pasado…
-Brian?
A diferencia del llamado de Mateo, la voz que interrumpió sus pensamientos esta vez era tenue, como si apenas hubiera reunido el aliento suficiente para decir su nombre.
Ahí estaba Armando, de pie en la entrada. En todos los escenarios que Brian había imaginado de su reencuentro, a lo que más le temía no era a la confrontación ni a la incomodidad. Lo que más miedo le daba eran sus ojos.
La mirada de Armando contenía el universo entero, universo en el que Brian solía sumergirse. Temía que al volver a encontrarse con él, esas pupilas no reflejaran más que un vacío frío y oscuro.
No pudo evitar sonreír al comprobar que todas las estrellas seguían ahí.
-Armando…
-Mira, Brian hasta trajo flores para tu abuelita
Mateo lo interrumpió, e intentó tomar las flores de sus manos, pero Brian apretó el agarre. Estaba por decir algo cuando sintió la tensión de su ex ante la mención de su abuelita. El semblante le cambió por completo, desvió la mirada y de pronto se apagó su rostro, además al observarlo más detenidamente pudo notar la hinchazón de sus ojos. Brian era un poco lento para captar las cosas, pero no era tonto, a juzgar por las prendas color negro que portaban Armando y Mateo, entendía ahora la razón de aquel mensaje.
Se acercó lentamente y tomó su mano con delicadeza para no espantarlo, este gesto hizo que Armando regresara la mirada de nuevo a él, no dijo nada pero le acercó las flores para que el otro las tomara, Armando soltó su mando y las abrazó contra su pecho, solo ellos dos sabían que no eran para Rosita, aunque de haber sabido habría llegado con dos ramos y no uno. El semblante de Armando volvió a suavizarse.
-Gracias, a mi abuelita le habrían gustado mucho
-Que buen tino, Rosita decía que los girasoles le recordaban a Hormi
-No le digas así Mateo, no le gustaba que le dijeras Rosita, que igualado
-Ay amor, sí le gustaba, no soy el único que le decía así
-Mateo...
De nuevo cambió la mirada y el tono de voz de Armando, quien sonaba molesto, Brian sintió una desconexión entre los dos que no estaba ahí la última vez que los vio, cuando los novios solo eran mejores amigos, aunque eso no borraba la punzada de dolor que sintió al escuchar a Mateo dirigir esa palabra de cariño hacía su ex.
-Brian ven, entra, Mateo estaba por ir a comprar refrescos
-Ah, ya se me había olvidado, ¿por qué no me acompaña Brian?
-Cómo crees Mateo, nada más ve, se ve bien jodido y cansado
Ouch.
-Ya vete porque se van a empezar a enojar mis tías si no tienen con que pasarse las gorditas
-Está bien, no tardo
-Gracias, bye
Armando tomó a Brian del brazo y lo jaló hacia adentro, cerrando la puerta casi en el rostro de Mateo.
-Perdón por no avisarte antes, pero te advierto que está toda la familia de mi papá, así que prepárate, le di varias copas de vino a mi tía Carmen para que dejara de hacerme preguntas, pero creo que salió contraproducente porque ahora está más imprudente, y mi tía Conchita se cayó en el jardín, entonces ahora usa su “lesión” de excusa para tratarme como su sirviente
No paraba de hablar, aunque Brian lo conocía muy bien y sabía que era un hábito que Armando tenía cuando se ponía nervioso, además no lo había vuelto a ver a los ojos desde que le dió las flores.
-No pasa nada, ya sé cómo son
-No pensé que de verdad fueras a venir, ¿viajaste toda la noche?, ¿pasaste a casa de tus papás?
-Sí y sí, ¿cómo sabes que mis papás están en México? y claro que iba a venir, sobre todo si me hubieras dicho antes el por qué
-...Pues, a veces hablo con tu mamá... y...todavía no te he dicho por qué te escribí...
¿Escuchó bien? ¿su ex hablaba con su mamá? ¿de qué hablaban, qué se decían, qué se contaban y por qué su mamá no le había dicho nada? Armando seguía sin regresarle la mirada, y parecía evitarlo con más insistencia después de haberle soltado esa información, todo estaba resultando muy confuso, si no era por el funeral de su abuelita, ¿por qué había buscado a Brian? Sobre todo si Mateo seguía presente. Cuando recibió aquel mensaje de texto, una parte de Brian pensó que tal vez ellos habían terminado, pero se había equivocado.
-¡Mijo! Ya se tardó mucho tu novio
-Y aquí trajo al otro para refuerzos
-¿Cuántos novios de Armando se necesitan para traer una coca?
Habían entrado a la casa, la familia de Armando ya estaba esparcida por toda el área principal. Sintió su rostro enrojecer ante los comentarios y las risas de todos, pero la verdad es que no le molestaban, sabía que la familia de Armando era muy carrilla y no tenían malas intenciones. Al voltear a ver al otro se encontró con que Armando ya lo estaba viendo. Sus mejillas estaban enrojecidas, parecía preocupado a juzgar por la distorsión de sus cejas. Brian sonrió para tranquilizarlo, pero solo provocó que el otro desviara la mirada de nuevo.
-Híjole, vayanle hablando a su novio de la primaria porque yo tampoco traigo cocas
Todos estallaron en risas, las tías se pararon a abrazarlo y saludarlo con besos que tronaban más que cuentes de feria.
-Que alto te pusiste mijito
-Ve nada más esa barba
-Ya rasúrate hijo pareces divorciado con tres hijos
-Así que me llegue uno
-¡Carmelita! Qué te pasa
-Mira nomás que flores tan bonitas nos trajiste, pásamelas Armandito, para buscarles un jarrón
Una de las tías tomó el ramo y desapareció por la cocina, provocando que las demás fueran detrás de ella.
Se acercó ahora uno los primos de Armando.
-No mames Armando, ni que fuera tu velorio para que juntaras a tus exes
-Ya cállate Moridiota, más respeto a mi abuelita
-Pues tú wey, no me digas idiota, pendejo
-Y esa boquita??? Ni a tus primos perdonas wey.
A pesar de la pelea los dos estaban sonriendo. Gil había crecido mucho desde la última vez que lo vió, cuando aún tenía acné y rasgos de puerto, ahora estaba más alto, su rostro más afilado y tenía un semblante más maduro. Aún que seguía sin ser más atractivo que su primo.
Armando es el tipo de personas que con una mirada te roban el aliento, eso fue lo que sintió aquella primera vez que lo vió (todavía), su mirada profunda y expresiva eran atrapantes, al igual que sus cejas que podían producir todo tipo de emociones. Sus labios se enrojecían naturalmente y eran muy bonitos, siempre parecía que lo acaban de besar. Ni hablar de su cuerpo, sus hermosas piernas, sus anchos hombros. Si antes era precioso, ahora se veía todavía más, le habían sentado bien esos tres años, a pesar de tener el rostro hinchado por el llanto, y el cabello despeinado, Brian no podía describirlo de otra manera que no fuer-
-Ya párale Brian, neta te estás sabroseando a mi primo en el funeral de su abuelita?
