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El primer partido de Boca contra Recoleta por octavos de final en la copa Sudamericana, fue mucho más de lo que todos habían pronosticado.
El Vasco es considerado como un director técnico que nunca subestima al rival y siempre les transmite a todos esa idea, y lo mismo sucedió con el equipo paraguayo.
Sabían que sería difícil, que iban a pelear cada pelota y tendrían hambre de goles porque así es la forma que todos se presentan ante el Xeneize en cada partido. Y como si hubiera sido una crónica de muerte anunciada, empezaron perdiendo con un gol que se podría haber evitado; pero al mismo tiempo, esto mismo logró darle a Boca una ventaja porque poco a poco todo empezó a revertirse y fortaleció al equipo para lograr salir adelante, asustar con varios remates, conservar la posesión de la pelota y en el segundo tiempo lo dieron vuelta con tres goles.
El rusito Ascacibar fue el primero en marcar un gran gol, estaba teniendo una muy buena racha y comenzaba a demostrar su propia impronta con goles y personalidad; lo cual le generaba más confianza, tanto para él como a todo el grupo. El segundo llegó más pronto de lo pensado, a los dos minutos siguientes, Milton Delgado se sacó la mala suerte que arrastraba del partido anterior y convirtió con un cabezazo espectacular.
Y por último llegó el gran gol de la noche, el gol de Leonel Flores, el pibe de Boca predio. Recientemente había subido a primera y no dejaba de robar suspiros, tanto de sus compañeros como de los hinchas. Se había ganado la titularidad porque es una máquina de correr, encarar, gambetear y hasta ahora, de convertir goles también.
Su primer gol oficial en primera había sido en un encuentro de la Copa Argentina contra Sarmiento, y ahora acababa de hacer lo suyo en una competencia internacional.
A Leonel nunca le había costado adaptarse, tal vez se debía a que había llegado al club desde muy chico y hasta el día de la fecha no había conocido otro ámbito que no sea el mundo Boca. Muchos lo pensaban de esa manera, aunque la realidad es que se le hizo un poco más simple porque tuvo a su lado la oportunidad de compartir todo en absoluto con Tomás Aranda, su mejor amigo, otra gran figura de los más chicos del grupo.
Con Tomi se conocían desde muy chiquitos y la amistad había empezado desde el primer día. Aún recuerda cuando el de ojos claros lo primero que hizo al presentarse como “el nuevo” fue acercarse tímidamente y preguntar si podía ser su amigo. Leonel no lo dudó para nada, y hasta el día de hoy esa amistad sigue intacta y más fuerte que nunca.
Los años pasaron muy rápido para los dos y la conexión en el campo de juego se volvió única, tan así, que hasta los llevó a entenderse sin siquiera mirarse; simplemente comenzaron a buscarse por puro instinto.
Aranda fue el primero de los dos que tuvo la oportunidad de comenzar a entrenar con el grupo de primera división. Cada vez que le contaba cómo era compartirlo con “los más grandes” —principalmente con un campeón del mundo como Leandro Paredes— se le salía la sonrisita fácil, y a Flores le causaba algo especial escucharlo hablar por horas y horas de lo mismo.
A veces trataba de engañarse a sí mismo pensando que se debía a que tenía esperanza de vivir lo mismo, pero cuando finalmente se le dio y también formó parte del llamado a primera, supo que se debía a algo más ese sentimiento, pero eligió no darle vueltas para no hacerse la cabeza.
La confirmación de todo ese raro sentir comenzó a crecer cada vez más cuando empezaron a compartir partidos en el mismo equipo otra vez, pero en esta ocasión en primera y cumpliendo juntos un sueño. Definitivamente la conexión ascendió a un nivel descomunal de demostrar de cuánto estaban hechos ambos pibes y sobre todo, de lo que son capaces juntos.
Al poco tiempo el director técnico entendió que eran necesarios para que el grupo azul y oro vuele de la mano de ellos, y empezaron a hacer de las suyas divirtiéndose, generando peligro y hasta causando estragos por todas partes de manera mucho más intensificada a todo de aquello que ya habían vivido en la reserva.
Las sonrisas, las miradas y los abrazos no dejaron de ser las demostraciones más relevantes en cada chance que se presentaba en el juego, pero también el fastidio y puteadas hacían presencia cuando las cosas no salían bien.
Aranda siempre fue el primero de los dos en transmitir tranquilidad, con su chicle a cuestas y teniendo mayor seguridad en su lenguaje corporal. En cambio Flores siempre se había caracterizado por ser de los dos el que más rápido perdía la paciencia, pero no por ello dejaba de intentarlo.
«Tranqui, Leo, ya se te va a dar» le había dicho Tomás esa noche en el vestuario antes de volver a jugar el segundo tiempo que posteriormente iban a revertir contra Recoleta. Leonel había confiado en sus palabras porque sabía que si lo decía, era posible. El abrazo que se dieron en ese momento fue mucho más especial que otras veces, le había calado profundamente en los huesos y tuvo una sensación extraña que no entendió del todo, pero que era similar a sentirse en casa.
Cuando finalmente el gol llegó, la adrenalina y euforia hizo lo propio y salió disparado a festejar con todos sus compañeros, uno de ellos fue Miguel Merentiel quien era considerado como el tío del grupo ante los más chicos. Pero luego, una vez alejado de todo ese revuelo de abrazos, gritos y alegría pudo finalmente localizarlo a él, su amigo de toda la vida, su compañero.
Tomás corrió para alcanzarlo y lo abrazó fuerte, colgándose de su cuerpo y no lo soltó lo que pareció una eternidad, que en término de tiempo real, fue cuestión de segundos.
—¡Bien, Leo, bien! —gritó Aranda, super contento contra su cuello y colgado de su cuerpo—. Te felicito un montón.
Flores rió lleno de alegría y lo dejó caer para poder verlo de frente. Murmuró apenas un «gracias» que ni siquiera se escuchó, pero que supo fue percibido por el de ojos claros cuando notó que ambos estaban metidos en su propia burbuja al sonreírle.
Cuando el partido terminó, ambos se buscaron como un imán. Leonel volvió a abrazar y agradecer a Tomás por haberlo motivado como nunca y este se sonrojó inmediatamente porque no supo qué decirle. A veces se mostraba un poco más suelto en situación de partido y resultaba ser todo lo contrario cuando estaban más relajados y cara a cara —esta era una de ellas—, pero eso era lo que lo hacía mucho más especial y complementarse con Leonel que resultaba ser todo lo contrario, pura energía y charlatán.
Al volver al vestuario los silencios se llenaron de cánticos y gritos propios del festejo de la merecida victoria. Poco a poco cada uno de los jugadores hizo lo propio en las duchas, pero Leonel no dejó nunca de seguir con la mirada a Tomás, quien cada tanto se daba cuenta de la atención recibida a lo lejos y hacía que sus ojos se encontraran aún a la distancia. Todas esas veces Leonel notó que se le escapaba una sonrisita que transmitía algo muy diferente a otros momentos, lo que provocó también que un sin fin de sensaciones lo recorriera por el cuerpo otra vez, principalmente en su estómago como una especie de mariposas.
—¿Te pasa algo? —dijo una voz detrás de Flores, interrumpiendo de la nada misma cuando terminaba de guardar su equipo de mate.
El pibe se sobresaltó y giró rápido para enfrentar al portador de la voz contraria aunque no hacía falta hacerlo para descubrir quién era porque estaba más que seguro que se trataba de Tomás.
—¿A mí? —respondió haciéndose un poco el tonto, alzando las cejas exageradamente.
—Mhm, te veo raro. ¿No estás contento? —Tomi lo miraba de arriba hacia abajo, como si cuestionaba y pusiera en duda todo de él—. Ni siquiera te vi cantar con los chicos…
Leonel no había notado ese último detalle. La realidad era que había estado más pendiente de perseguir con la mirada a Tomás que de disfrutar y festejar con el resto de sus compañeros la victoria de la noche. Festejar con él bastaba pero ¿eso estaba bien? ¿O estaba mal? Siempre había sido de la misma manera, ¿por qué ahora que estaban en primera resultaba diferente? O mejor dicho, ¿por qué se sentía diferente?
Aranda lo miró esperando una respuesta verbal que nunca llegó y ante el silencio, hizo un gestito con los labios fruncidos demostrando lo raro que le parecía todo porque lo conocía como la palma de su mano y algo no le cerraba.
Ante la impaciencia demostrada por el más chico, Leonel desconectó los cablecitos del pensamiento racional y se acercó hacia el rostro de Tomás. Fue impulsivo, y la primera acción que tuvo fue darle un rápido pico sosteniéndolo desde los hombros.
Tomás se quedó duro, con los ojos cerrados ante el impacto recibido en sus labios y no reaccionó enseguida hasta que notó que Flores lo había soltado como si se hubiera quemado.
El silencio perduró muy poco pero otra vez se volvió eterno.
—Perdón… Tomi perd-
Las palabras no llegaron a ser terminadas.
Todo sucedió tan espontáneo otra vez pero esta vez Leonel se vio interrumpido por Aranda y las palabras que quedaron en el aire se perdieron entre los labios del otro jovencito que iniciaba un nuevo beso. Claro que lo había tomado más desprevenido que nunca ya que revertía la iniciativa, y si bien le costó procesar que Tomas no estaba rechazando su beso, no dudó en corresponderle.
Fue un beso muy simple, lleno de vergüenza por parte de los dos, pero no fue más allá debido al miedo de que estaban en un lugar público, exponiéndose ante los ojos de cualquiera que pudiera pasar. Pero por otra parte, era la primera vez que cruzaban una línea más allá de la amistad y con ello, Leonel pudo comprobar que aquellas cosquillas que sentía anteriormente se debían pura y exclusivamente relacionadas a Tomás.
—Leo… —murmuró bajito Aranda rompiendo el beso y escondió su rostro contra el cuello de él para que no lo pueda mirar—. ¿Qué estamos haciendo?
—Ni idea, Tomi —le respondió sincero— pero creo que por ahora no hace falta decirlo ¿no?
Tomás no respondió con palabras, pero asintió con la cabeza y lo abrazó mucho más fuerte. El abrazo se prolongó y quedaron así de cerca hasta que las voces del resto de sus compañeros comenzaron a hacerles saber que se tenían que apurar porque sino el micro los iba dejar olvidados en el estadio como había sucedido hacía pocos días con algunos jugadores.
Ya habría tiempo suficiente para seguir hablando de algo tan nuevo que estaban experimentando y que era tal vez el inicio de mucho más. Por lo pronto, pudieron asegurarse de que ambos estaban en la misma página y todo lo demás podría esperar.
