Work Text:
Fue en el vestuario cuando sucedió por primera vez.
Hacía un rato que habían terminado el entrenamiento del día, y tanto Jude como Erling quedaron rezagados terminando de ordenar y guardar los materiales. En el equipo habían llegado al acuerdo de rotarse esa tarea, y ese día les había tocado a ellos. La actividad se extendía un poco más de lo normal, porque no se limitaban a recoger las cosas, entre medio se tiraban pelotas, se rozaban o se empujaban, terminaban en "luchas" sobre el césped, hasta que alguien los encontraba y los retaba para que se ducharan rápido y no terminaran enfermos antes de la temporada.
Ese día había sido extraño desde el comienzo. Jude y Erling no podían sacarse la mirada de encima, y aunque les había tocado jugar un partidillo en equipos contrarios, siempre terminaban dedicándose una risa, un abrazo, una palabra. A la vista de todos no era extraño, pues aquellos dos habían construido una amistad que se notaba muy profunda. Sin embargo, para Jude y Erling no era solo amistad, cada vez que uno estaba junto al otro sentían algo en el pecho y en el estómago, una mezcla de emoción, de nerviosismo, de un montón de cosas que no sabían cómo describir.
Al principio lo ignoraron, pero con el paso del tiempo se hizo más evidente ante los ojos de Jude que algo estaba pasando. Sin embargo, nunca daban un paso más, quizás por los miedos, por las dudas. ¿Qué pasaría si decidía dar rienda suelta a lo que sentía? Esa fue una pregunta que lo persiguió hasta ese exacto momento, en el vestuario, con Erling demasiado cerca otra vez.
Ambos iban entrando al vestuario. No había sonidos alrededor, al parecer se habían tardado más que nunca, pues ninguno de sus compañeros se encontraba ahí. Estaban solos ellos dos.
—2 a 1, eh… —mencionó Erling con tono de suficiencia, mientras sacaba una toalla de su taquilla y se la ponía en el hombro.
Esa cara de suficiencia era justo lo que hacía enojar a Jude. En broma, claro. Dejó escapar un silbido por lo bajo.
—Oh, vamos, eso solo pasó porque estaba distraído. Si no, no tendrías ni chance —se mofó, negando rotundamente lo que el rubio le decía.
Erling empezó a acercarse lentamente y se rio en su cara. Jude se sacó los botines y, al igual que él, tomó una toalla.
—Jude, eres muy joven para ser tan mal perdedor.
Sabía exactamente lo que hacía. Jude tenía mal temperamento al perder,no solía mostrarlo demasiado, pero cuando alguien se lo decía, era como presionar un botón. Sin embargo, había algo raro en el tono de Erling esa vez, más bajo de lo normal, casi pegado a su oído. Jude lo achacó a la cercanía nomás, a las ganas de molestarlo un poco más de lo habitual.
Entre risas, tomó la toalla con toda la intención de darle un golpe. No llegó ni a rozarlo, aunque sí pasó lo suficientemente cerca como para que Erling pudiera sujetarla. Y así lo hizo.
Seguían riendo cuando Erling tiró de la toalla hacia sí. No pareció medir su fuerza, se le olvidaba, a veces, lo grande que era comparado con sus amigos, y especialmente con Jude, que tenía buen físico, pero aun así Erling le sacaba más de una cabeza y bastante cuerpo.
Por un segundo, Jude se quedó mirándolo fijo, la risa apagándose de a poco, como si algo en esa cercanía repentina lo hubiera distraído más de la cuenta.
El moreno no logró mantener el equilibrio. Salió disparado hacia adelante y terminó apoyando ambas manos sobre el pecho de Erling, empujándolo con fuerza contra una de las taquillas.
Dejaron de reír al instante. De pronto fue consciente de que estaban cuerpo a cuerpo. Ya no había cancha de por medio, ni compañeros ni entrenadores, solo ellos dos, con la respiración acelerándose y demasiado cerca el uno del otro. Intentó tomar un poco de distancia. Erling fue más rápido, soltó la toalla a un costado y le tomó las manos, que todavía seguían apoyadas contra su pecho, entre las suyas.
Jude tenía los labios entreabiertos, como si quisiera decir algo, pero las palabras no salían. No entendía qué estaba pasando, solo el calor que emanaba del cuerpo de Erling, tan cerca del suyo.
—Erling, yo... —comenzó, pero las palabras quedaron a medio camino.
Erling le soltó las manos y las llevó hasta su rostro. Tomó impulso y dejó un suave beso sobre sus labios. Apenas un roce. Tanteando el terreno. Después retrocedió unos centímetros, y sonrió. Jude seguía con la boca entreabierta y los ojos cerrados, todavía intentando procesar lo que acababa de pasar.
Erling volvió a acercarse. Esta vez lo tomó por los hombros e invirtió sus posiciones con cuidado, dejándolo contra la taquilla. Apoyó su pierna derecha sobre las de Jude, y esperó. Esperó a que fuera él quien le diera permiso para seguir. Jude levantó la vista. La duda seguía ahí, solo un segundo, porque poco a poco sus piernas comenzaron a abrirse hasta dejarle el espacio suficiente.
La invitación que Erling necesitaba. Se acercó un poco más. Con la mano derecha comenzó un recorrido lento por el brazo de Jude, que siguió cada movimiento con la mirada, la respiración cada vez más entrecortada.
Cuando llegó hasta su cuello, Erling deslizó la mano por su nuca. Suave, pero firme.
Jude dejó escapar un jadeo de satisfacción y llevó el brazo derecho por debajo del hombro de Erling, atrayéndolo un poco más hacia él.
Erling inclinó apenas su cabeza para mirarlo a los ojos. No hizo ninguna pregunta, pero en su mirada Jude reconoció esa última espera, ese pedido silencioso. Acercó apenas unos centímetros el rostro. Fue suficiente.
El rubio volvió a unir sus labios con los de Jude, esta vez de una forma completamente distinta. Ya no tanteaba el terreno, ahora lo reclamaba. El intercambio fue torpe y desenfrenado al principio, como si ninguno supiera qué hacer con todo lo que había contenido durante tanto tiempo, pero tampoco quisiera detenerse. El contacto se interrumpía solo por los gemidos que a Jude se le escapaban ante la presión de la pierna del rubio contra su cuerpo. Erling aprovechaba esos momentos para profundizar el beso.
Cuando lograron separarse, ninguno se alejó demasiado. Erling siguió con pequeños besos, bajando lento por la mandíbula hasta el cuello, donde se detuvo un buen rato. Jude le acariciaba los cortos cabellos y después deslizó la mano hasta su nuca, buscando acercarlo todavía más.
Por un momento pareció que el mundo había desaparecido. Hasta que unos pasos se escucharon desde el pasillo, y todo se rompió de golpe. El pánico fue instantáneo. Erling se apartó hacia un costado, Jude corrió hacia su taquilla y tomó sus cosas. Ni siquiera llegó a calzarse, agarró los zapatos entre las manos y, sin mirar atrás, salió corriendo del lugar.
Dejó a Erling ahí, completamente confundido.
Recién afuera, con la espalda apoyada contra la pared del pasillo y el corazón todavía acelerado, Jude se permitió respirar. No sabía bien qué era lo que sentía, si vergüenza, si miedo, o las ganas de haber vuelto ahí adentro y terminar lo que habían empezado. Lo único que tenía claro era que nada iba a volver a ser exactamente igual entre ellos dos.
