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I Know It’s Over

Summary:

Qué más puede hacer un hombre solitario en un día tan especial sino buscar consuelo en el alcohol

Notes:

Llevo con este escrito por muchísimo tiempo, y apenas ahora es que logre conseguir la inspiración para terminarlo. La maldición del escritor lento va a acabar conmigo.

Espero que les guste!

Especiales gracias a mis betas Abril y Britt por ayudarme 🫶 las tqmm

El nombre del titulo es de la canción
"I Know It’s Over" de The Smiths

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

If you’re so funny

Then why are you on your own tonight?


Conforme fueron pasando las horas, el Café D'Hollander iba vaciándose de a poco. Cada hombre terminaba su último bocado, pagaba la cuenta junto con alguna generosa propina y se levantaba para salir del local. Algo normal del día a día, de no ser porque el sol aún seguía en lo alto, lejos del horario habitual de cierre y, además, era entre semana. 

En la entrada, se podía leer un aviso: “Hoy cerramos temprano por evento especial”. 

Al verlo, a Juan le entró una necesidad terrible de arrancar el cartel y quemarlo junto con todo el lugar. Es más, se sentía capaz incluso de incendiar la isla entera. La cárcel había ayudado a manejar sus tendencias piromaniacas, pero siempre hubo una parte de él que añoraba por volver a sentir ese calor; por ver cómo el fuego consumía todo hasta no dejar más que cenizas. 

Se preguntaba cómo se sentiría morir quemado. 

La campana del lugar anunció su presencia, desde la barra, un hombre se asomó.

—¿Juan? —preguntó Don—. Sorry, buddy but we’re closing up. 

—It’ll only be one beer. I won’t keep you long.

Juan caminó hasta quedar enfrente de él. No esperó a que lo invitara a tomar asiento, y deseó que eso fuera suficiente para darle a entender que no se iría. 

Don exhaló con cansancio mientras se acariciaba el puente nasal. Juan sabía que los últimos días habían sido estresantes para todos. Desde que empezó la temporada de lluvia, los edificios de cada facción fueron restaurados constantemente debido a que nadie los había construido pensando que alguna vez el clima de la isla cambiaría de un día para otro. Ya llevaban varias inundaciones, siendo las construcciones cerca de los lagos claramente las más afectadas.

Los holandeses pasaron meses de trabajo duro para evitar que todo su hogar se hundiera por completo. Que esta semana saliera el pronóstico de una racha soleada — además de ser su día libre — era un obsequio; entendía que su presencia le estaba evitando ese descanso ahora. Por un momento, casi sintió lástima por él. 

—You know what day it is, right? Why are you here? 

Casi.

Juan no respondió y eso parece estar a punto de acabar con la paciencia de Don, hasta que la figura de Shappo salió desde la cocina. 

—Please! —exclamó—. Let the poor man have his beer. He clearly needs it. 

No había necesidad de preguntarle a qué se refería, porque ya se daba una idea. La noche anterior — y la anterior a esa — permaneció despierto terraformando la parte trasera de la montaña. Se aseguró de no descansar en ningún momento hasta estar conforme con el resultado; cualquier tiempo libre que le sobró después, lo utilizó para pintar tantos cuadros como su mano le permitió. 

Pero, siendo honesto consigo mismo, él sabía que su apariencia descuidada llevaba formándose desde mucho antes, cuando aún tenía sus prioridades claras.

Don miró entre él y Shappo, parecía estar debatiéndose sobre si quería tener esta conversación o no. Sabiamente, alzó las manos en rendición y se retiró hacia algún otro lugar del fondo. Cuando se fue, Shappo sacó un enorme tarro de algún lugar y la llenó hasta el borde de cerveza. 

Juan no perdió el tiempo y dió el primer trago de golpe hasta donde su cuerpo le permitió, dejando el vaso a la mitad sobre la barra. Si estuviera más centrado, destacaría los toques cítricos y tostados de la cerveza artesanal, pero ahora mismo, solo se sentía amargo.

—That’s quite a drink for such a small guy  —dijo Shappo.

Deseaba poder ofenderse, o incluso reírse, pero por más que escuchaba las palabras de los demás, ninguna información se retenía lo suficiente en su mente como para importarle. En su lugar, volvió a levantar el tarro; esta vez, bebió hasta no dejar ni una sola gota. Al terminar, lo acercó de nuevo a Shappo y él entendió enseguida el gesto. 

Siguió así por un par de horas más, en las que mientras Shappo le contaba alguna de sus ridículas anécdotas, Juan se dedicaba a ahogarse en el alcohol. Su mente se encontraba lejos, pasando por un trance en el que deseó poder detener el tiempo de alguna manera y, a su vez, adelantarlo todo hasta desaparecer.

Pero por más que quisiera, nada cambió. Como siempre.

Hacía ya un tiempo que Don, Jeremy y Duncan habían salido. Shappo, por alguna razón decidió quedarse a seguir sirviendole ronda tras ronda; si era por educación o camaradería, no estaba seguro, pero se aseguró de recibir su compañía de la mejor forma. 

En algún punto, la cerveza fue reemplazada por tequila, y fue entonces apenas que empezó a sentir algo más que sólo líquido pasar por su garganta. Un ardor invasivo que quemaba al bajar, pero que recibió con gusto. Por primera vez en meses, se sintió menos tenso. 

No lo meditaba mucho. En cuanto terminaba un caballito, otro lleno aparecía en su mano. 

Eran pocas las ocasiones en las que se permitía tomar tanto, siendo quizás los lunes de BBQ Monday las únicas excepciones. Pensó en cómo hacía mucho que el Norte no tenía una, a pesar de ser de las mejores actividades de la semana. Nadie peleaba ni discutía, sólo disfrutaban de la diversión del momento. 

Sonrió. El recuerdo de su familia siempre lo hacía sentir mejor, aún si ahora se sentía traicionado por todos ellos.

Oh. 

Cierto.

El suave sonido de alguna canción de fondo terminó por llenar el ambiente. 

Justo cuando las preocupaciones de Juan comenzaron a aparecer de nuevo, el aburrimiento de Shappo hizo lo mismo. Después de pasar tiempo fingiendo ir al almacén por alguna cosa y de limpiar las mesas que ya estaban limpias, era de esperar que hubiera querido iniciar una conversación otra vez. 

—So… Are you going to tell me why you’re not supporting your friend right now? 

Todo se alineó. Justo en el momento indicado para recordarle lo verdaderamente miserable que era. Y a pesar de que Juan se había mentalizado de que tendría que hablar sobre el elefante en la habitación tarde o temprano, había mantenido la esperanza de que no fuera así. 

Se maldijo por lo bajo.

Si no estuviera tan agradecido de que Shappo le hubiera permitido quedarse, ahora mismo le tiraría la botella de tequila encima y saldría por la puerta. Enseguida, se arrepintió del pensamiento

—I hate weddings.

Y en parte es verdad. Estaba seguro de que odiaba esta. 

—I get you. I don’t like them either. Planning them is a torture.

La peor de todas, pensó Juan. 

Durante la mitad del año — como el ejemplar segundo al mando que siempre había sido —, se encargó de asistir a Vegetta con los preparativos, diseñó las invitaciones, le ayudó con la elección de la fecha… Incluso lo había acompañado a probarse el traje de novio; el más hermoso y elegante que había visto jamás. 

Cada tarea se sentía como una estaca directa hacía su corazón, una tras otra, hasta no sentir nada más que un enorme pesar que lo acompañaba siempre.

Ingenuo, imaginó cómo habría sido su propia boda; probablemente algo grande, pero sin llegar a ser ostentoso. Sería en algún lugar especial con un significado importante, y con tantas personas como pudieran caber. Sin duda, querría que Katie estuviera ahí sólo para poder presumir que su recepción fue mil veces mejor que la de ella.

Imaginó al novio, y entonces el dolor punzante y visceral en su pecho regresó. Bebió de su tequila recién servido, esta vez, su cuerpo lo rechazó. Tan pronto sintió la arcada empujar el líquido de regreso, se obligó a pasarlo.

Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Juan sintió el picor de lágrimas amenazando con caer de sus ojos, y si bien sabía que era la reacción natural de su cuerpo, la necesidad de dejar salir todo permaneció ahí. Pero no podía llorar. No aquí. No ahora después de aguantar tanto.

—Are you alright? —La voz preocupada de Shappo al fondo le devolvió un poco de estabilidad. Respiro hondo varias veces hasta estar seguro de que no regresaría todo el alcohol.

—Sí… —Tragó saliva, el sabor de la acidez aún en su boca—. Give me another.

—I don’t think you can handle any more.

—I said I’m fine. Just give me another one —Su voz salió más dura de lo que había querido.

Le acercó su vaso. Shappo ni siquiera lo miró, en su lugar, sacó otro vaso y lo llenó de algo diferente.

—I need you to drink some water. I’ll get you more later. 

Juan, apenas manteniéndose erguido y de mala gana, obedeció. Mentiría si dijera que no lo necesitaba, porque en el instante en el que sintió el agua una sensación agradable apaciguó la incomodidad en su garganta. 

La mirada de lástima en los ojos de Shappo lo envolvió por completo. 

Lástima. 

Precisamente lo último que estaba buscando encontrar. 

Las náuseas se calmaron después de un breve momento, pero la sensación desagradable en su estómago permaneció. 

—Listen, Juan. If this is all because of the wedding, maybe… 

—No —interrumpió—. Whatever you’re about to say, I don’t want to fucking hear it.

Le regresó la mirada y apretó los dientes con tanta fuerza, hasta que sintió un ligero dolor en la mandíbula. ¿Por qué todos se sentían con el derecho de indagar en la vida de los demás? ¿En su vida? 

Ese era el mayor problema de esta maldita isla. Todo tenía que llegar siempre a oídos ajenos y, por consiguiente, había que soportar escuchar consejos que no pidió. Como si alguno de ellos supiera lo que en verdad se sentía pasar por esto.

La situación se puso tan tensa que notó la forma en que Shappo enderezo su ancha espalda, atento a cualquier movimiento. Juan se sintió de nuevo en la cárcel, a esos días lejanos en los que la rabia era todo lo que tenía y las peleas entre reclusos eran la norma. Se asqueó de sí mismo. Mierda. Odiaba ser así. Odiaba tener que ponerse a la defensiva con quienes consideraba sus amigos. Odiaba que la ira siguiera controlando su vida. Odiaba este día, lo odiaba tanto.

—It’s okay. You don’t want to talk about it, I understand —empezó Shappo con calma, como si intentara calmar a un perro rabioso—, but you need to relax. I’m not your enemy.

Pronto, una terrible vergüenza reemplazó cualquier otro sentimiento anterior. Se tapó la cara entre sus manos, queriendo de alguna forma ocultar todo rastro de sí mismo, como si pudiera solo desaparecer si lo deseaba con fuerza.

—I know, I know… I'm… I'm so sorry, Shappo.

Su cabeza volvió a dar vueltas. Se destapó la cara para ver al hombre, su posición volvió a ser relajada pero su mirada siguió siendo intensa sobre él. Juan se preguntó qué estaría pensando ahora. Quizás estaría confirmando lo que ya algunos seguro le habrán contado: que en realidad era un hombre patético, más de lo que podría imaginarse. El pensamiento trajo consigo una nueva oleada de melancolía. 

Buscó las mejores palabras que su pobre estado mental y de ebriedad podían brindarle.

—No estoy… now It’s not a good time, and I don’t want you to take it personally 

Shappo tarareó pensativo en respuesta. Después de unos segundos, agarró la tarra abandonada y llenó una vez más de cerveza. 

—Take it easy. It’s the last one —habló en un tono de voz serio que jamás le había escuchado hablar. 

Era obvio que ahora estaba vetado del café. 

Y como si Shappo pudiera leer sus pensamientos, continuó.

—I’m not mad at you, I’m just worried. Believe me, I’m trying to understand you, but you need to sort out whatever’s going on in your head.

Tenía razón. No obstante, eso era un caso perdido hace mucho, por eso es que decidió venir aquí en lugar de cualquier otro lado, porque sabía que no sería capaz de afrontarlo. 

Miró hacia afuera, el sol apenas iba bajando por el horizonte. A estas horas todos estaban ya en la recepción celebrando. 

Juan se preguntó si acaso Foolish estaría pensando en él, aunque sea por un breve momento, pero rectifico al entender que era ridículo. ¿Cómo podría estar pensando en otro hombre el día de su boda? En especial en él.

Él, que se encontraba en un bar-restaurante con la esperanza de entrar en un coma etílico antes del amanecer o antes de que Shappo lo sacara a fuerzas. Se merecía a alguien mejor. Juan mismo preferiría algo mejor de lo que era ahora.

Y aún así, tomó un trago de su vaso.

—Is it about Foolish? —Se aventuró a preguntar—. It’s bothering you that he’s getting married, isn’t it?

Juan cerró los ojos y suspiró fuerte. Sus emociones estaban al límite, y cada vez más, la pobre ilusión que había creado al venir aquí se desvanecía como la arena al llegar al mar. Siempre había sido así, evitar la situación difícil reemplazandola con la creencia de que todo iría bien; solía aplicarla cuando su padre murió, cuando estaba encerrado en ese cuarto blanco de la Federación, cuando secuestraron a Aldo en su lugar y Tina fue sola a buscarlo. Era lo que estaba haciendo ahora mismo.

No podía culpar a Shappo, porque su personalidad era así, no podía evitar querer ser parte de las conversaciones. Siempre con la intención de querer ayudar. 

—A lot —soltó con el nudo en la garganta.

No estaba seguro si fue la cerveza o la desilusión lo que lo hizo confesar, pero fue peor de lo que había esperado. Desgarrador y pesimista cuanto menos, darse cuenta de que ya era demasiado tarde.

En un momento, su mente lo regresó meses atrás, mucho antes de que todo se derrumbara. Era un día caluroso, y él estaba por terminar su última comisión del día cuando Foolish llegó de sorpresa con dos hamburguesas de queso en cada mano.

Lo había obligado a tomarse un descanso después de horas de trabajo, así que los dos descansaban en el sillón del taller mientras discutían sobre varios asuntos de la casa. Juan recordaba con exactitud cierta conversación de la que no pudo olvidarse jamás.

..

—It’s really nice, the shop and everything. I can see why you like spending so much time here —comentó Foolish, observando a detalle la decoración del lugar. No era por echarse flores, pero Juan estaba orgulloso de cómo había quedado.

—Thanks. It’s nice having a place of my own without some idiot ruining it.

Juan sintió una calidez agradable al ver a Foolish reír. Hace mucho tiempo ya que los insultos habían perdido su peso y se habían convertido en un apodo más al cual llamar al tótem.

—Well, I also enjoy not having to listen to you yelling all day.

—Nah, yo sé que me extrañas —afirmó Juan.

—If you say so, buddy —contestó sarcástico.

Ambos siguieron comiendo mientras dejaban que el silencio los acompañará. Juan era feliz con el caos que conllevaba pasar el rato juntos, sin embargo, eran los momentos tranquilos como este los que atesoraba más al permitirle ser más consciente de la presencia de Foolish.

Entre sus pinturas y ese lugar lejano al que el tótem iba todos los días, ya no solían pasar tanto tiempo juntos como antes. Incluso eran raras las ocasiones en las que se veían en casa antes de dormir. 

Tenerlo aquí era un alivio para él y para su distraída mente que no lo dejaba concentrarse en sus pinturas. 

Dios, ¿en qué momento le permitió ser tan invasivo en su vida?

Cuando se atrevió a volver a mirar a Foolish, no esperaba que él lo estuviera observando en silencio. 

—What? —preguntó titubeante. En seguida aclaró la garganta para ocultar el desliz de nerviosismo.

Foolish guardó un silencio en el que pareció meditar lo que diría. Después de un rato desvió la mirada.

—Nothing. It’s just funny seeing you so focused —Y aún así, ni siquiera estaba sonriendo.

Antes de que Juan pudiera volver a preguntar, el otro siguió hablando.

—How do you feel?

Eso lo desconcertó. 

—What you mean?

—Have you been having nightmares again? 

—Oh well… it’s been a while since I had one, so I think I’m fine —respondió Juan— Why?

Foolish volteó a verlo de nuevo. Se veía más animado pero en sus ojos se notaba la preocupación. 

—I just want to make sure you’re okay.

—I am.

Foolish sonrió ante su afirmación. Ambos se miraron por un buen rato, y por un momento, Juan quiso dejarse llevar.

Sabía que era normal preocuparse por un amigo, era tonto pensar en cualquier otro significado ocultado, pero vaya que se sentía como una caricia al alma. Desde antes de llegar a la isla, nadie había mostrado tanta atención y preocupación por él; incluso ahora. 

Nadie en el Norte se preocupaba tanto por él. Quizás ni siquiera Tina, aún si la quería mucho  y sabía que ella también lo quería, podía sentir una diferencia con Foolish. Había algo detrás que era diferente.

Juan lo miró como nunca antes lo había hecho, deteniéndose en cada detalle de su cara. A pesar de que no fuera humano, tenía un atractivo casi embriagador que solo se admitiría así mismo.

No se movió. Solo se quedó sentado a su lado, escuchando como su corazón latía por su mejor amigo.

—Soon, they won’t be a problem anymore, and they’ll never hurt you again  —. Volvió a hablar Foolish, sacándolo de su trance.

Juan evitó mirarlo, otra vez culpable de la emoción de saber lo apreciado que era por Foolish. Tenía que grabarse que sus acciones no eran con otras intenciones. Y aún así…

—You have a plan for that? —Sintió sus mejillas enrojecerse.

—Mmh… maybe.

—¿Cómo que maybe idiota? You’re not going to tell me? 

Foolish se carcajeó por el rápido cambio de humor. Por el resto de la tarde, siguieron pasando la tarde en el taller. En ese momento, nada podía salir mal.

..

Juan deseó tanto poder volver de nuevo a esa tarde, donde solo existían ellos dos en el mundo y no había ninguna boda que lo alejara de su lado. Deseó haber sido más valiente y besarlo de tal manera que nunca quisiera estar con nadie más. 

Miró su vaso vacío, sin saber en qué momento se había acabado. Sus manos temblaban a la vez que jadeos salían de él. Todo dolía. La última estaca en su corazón pareció por fin haber roto lo poco que había quedado de él.

—Maybe you should tell him how you feel… just so you don’t end up regretting it.

Los jadeos de Juan se convirtieron en una débil risa. Ya nada se sentía real, todo era una pesadilla de la que no podía lograr despertar, y estaba condenado a vivir así por el resto de su vida.

—No lo entiendes… no puedo decírselo. Jamás.

Y ya ni siquiera era por él, sino también por su familia, por la manera en la que podrían reaccionar todos, por lo que el propio Vegetta podría pensar. Tanto tiempo sirviendo bajo su mandato y así es cómo le traicionaría. No. No había manera. Desde un principio, estaba condenado a que nunca sucediera.

Las náuseas volvieron. No se detuvo y corrió hacia los baños lo más rápido que pudo. 

Todo el líquido que había tomado en las últimas horas salió tan pronto abrió la tapa del inodoro. Era desagradable. Él era desagradable.

Juan se sentía como si todos sus órganos internos estuvieran apunto de salir. No podía parar. Para cuando su cuerpo parecía querer calmarse, una nueva ola de desagrado lo golpeaba de inmediato. El aire ya no alcanzaba a llenar sus pulmones. 

Levantó la cabeza por un instante. Su fuerza volvió a él lentamente y cuando pudo mantenerse equilibrado, se sentó en el piso. Todo dolía. 

¿Qué debía hacer ahora? 

Regresar al Norte, regresar a su vida como si su corazón no hubiera dejado de latir era demasiado, pero tampoco era capaz de alejarse. Entre seguir viendo a Foolish todos los días o fingir que nunca existió, Juan prefería sufrir hasta que la vida no le diera más.

Miró la luz parpadeante del techo mientras se debatía si quedarse o regresar con Shappo con la vergüenza tatuada en su rostro. Pasó un tiempo largo cuando un sonido estruendoso rompió con el silencio de su agonía.

—¿Juan? —Llamó Shappo con preocupación.

Abrió cada cubículo del baño hasta dar finalmente con él. Desde donde estaba, la alta figura del hombre le hizo sentir diminuto, como si lo hubieran atrapado haciendo algo indebido.

—God, I thought something had happened. Come on, they’re coming to pick you up.

Shappo se inclinó sobre él y con cuidado lo alzó desde el brazo, sosteniendo su espalda en el proceso de regreso a la barra. 

—¿Le dijiste a alguien que estaba aquí? Shappo… 

Antes de que pudiera seguir quejándose, su peso cedió ante la gravedad en cuanto fue soltado por él, cayendo de nuevo en la butaca. 

—I’m sorry, Juan. I should’ve stopped you before it got this far.

Todo en él gritaba arrepentimiento así que Juan no siguió con su reproche, que tampoco podía mantener mucho. El cambio de escena lo mareó en un instante, trayendo consigo otra oleada de náuseas. 

Su cabeza cayó sobre la barra en un golpe seco. Estaba demasiado ido. El único sonido que podía reconocer provenía de las lejanas notas de guitarra de una canción al fondo. No tenía idea si así es como debe sentirse estar a punto del coma etílico. Quizás no. 

Todo se estaba volviendo más lento, más tranquilo. Se sentía como si genuinamente todo estuviera bien. Sólo quería dormir.

Podía sentir las lagunas de tiempo afectar en tiempo real. En un abrir y cerrar de ojos el tiempo se aceleró de nuevo.

Alcanzó a distinguir, por el rabillo del ojo, a Shappo otra vez. La preocupación seguía marcada en él pero ahora miraba hacia algún punto detrás. Dijo algo que Juan no alcanzó a comprender antes de alejarse. Lo siguiente que percibió fueron murmullos distantes. Intentó concentrarse para descifrar las palabras, pero el agotamiento era tan profundo que ni siquiera tuvo fuerzas para hacerlo. Al cabo de unos instantes, unos pasos se acercaron y el chirrido de una silla al ser arrastrada se detuvo a su lado. 

Algo dentro de Juan le decía quien era la persona frente a él, y aún si la necesidad era mayor. Aún si su corazón se lo suplicaba. No tuvo el valor de abrir los ojos por miedo a equivocarse.

—Hey —dijo esa voz, en un tono tan bajo y suave que su ser podía fallecer en ese mismo instante y estaría bien con eso— Someone’s had a few drinks today, huh?  

Una mano acarició suavemente su mejilla. Juan suspiró. Posó su mano sobre la otra y la acarició de vuelta. Ya no le importaba. 

Era grande y rugosa por el trabajo duro al construir. Al pasar los dedos por los nudillos sintió una pequeña pieza fría, tragó saliva con dificultad. Con esfuerzo, abrió sus ojos lentamente. 

Foolish estaba ahí —real y tangible—, en un traje impecable, mirándole. No con lástima. No con condescendencia. Ni siquiera con irritación. Lo miraba con esos ojos verdes brillantes de un cariño que hacía que su respiración se entrecortara. Juan sonrió y por un momento se sintió como en casa de nuevo. 

Pensó en lo que dijo Shappo, y realmente lo consideró. Quería decirle la terrible verdad de cuánto dolía amarlo y no poder encontrarle un final a ese amor.

Pero siguió sin salir nada. Foolish le devolvió una sonrisa débil. Si sabía o no la razón por la que no había ido a su boda y, al contrario, se encontraba borracho en un bar, Juan no quería saberlo. Ni siquiera quería pensar en lo que esto podría cambiar entre ellos. 

—Let’s take you home 

El agarre de Foolish era tan diferente al de Shappo; aún si el holandes se había movido con cuidado, la manera en que el tótem lo sujetó sobre su espalda se sentía correcto. Su cercanía le traía esa seguridad de la que por tanto tiempo había carecido. A su lado, todo el estrés y las dudas se aclaraban rápidamente, porque Foolish siempre estuvo ahí dándole apoyo en los días oscuros.

No era egoísta ni siquiera en sus peleas más serias; aún si en ocasiones Juan odiaba tener que darle la razón, sabía que todo lo que hacía, era por el bienestar de todos, de él. Y si el orgullo llegaba a superarle, Foolish era el primero en buscarlo para pedir perdón. 

Ahora mismo, en su día especial, había ido a buscarlo. Debería sentirse mal hacerle pasar por esto, pero todo lo que había en su egoísta corazón era felicidad, una muy leve que lo mantenía despierto para disfrutar de cada segundo del camino de regreso. 

Era difícil no enamorarse de él, y vaya que lo había intentado, pero cada vez que el empujaba, Foolish llegaba insistiendo con esa encantadora sonrisa y esos ojos verdes que llegaban a aparecer hasta en sus sueños. 

Estaba seguro de que Vegetta nunca sería consciente de la suerte que tenía. O quizás sí, quizás también sabía que ellos eran las verdaderas almas destinadas a encontrarse y él solo un espectador de su amor.

El viaje terminó al momento en que Foolish lo recostó con cuidado en su cama. Todo volvió a sentirse frío. Antes de que pudiera alejarse del todo Juan lo tomó de su brazo desesperado. Las palabras se atoraron en su garganta pero sabía que tenía que decir algo, tenía que dejarlo escapar sabiendo que esta era la última oportunidad que tendría.

Foolish se detuvo, mirándolo con curiosidad. En la oscuridad su mirada parecía brillar aún más. Minutos que parecieron eternos siguieron, y él esperó paciente a que hablara.

—Quédate… por favor —suspiró, dejando salir en aquellas palabras todo de él. Sus ojos, escociendo por quién sabe cuántas veces esa noche, acompañaron su silenciosa súplica.

Entonces, la expresión del híbrido cambió, mirándole con una culpa que hizo a Juan agonizar.

—I have to go —respondió. Bajó la mirada apenado, pensando en algo. 

Pasó un corto silencio en el que pareció meditar sus siguientes palabras. Juan hubiera preferido que permaneciera callado por siempre. 

—The honeymoon is only two weeks. I’ll be back soon, and we’ll talk about this, okay?

Foolish le sonrió una última vez y se alejó. La mano de Juan se deslizó lento de su agarre. Y tal como apareció, dándole luz a su vida, se fue, llevándosela consigo.

Se quedó quieto, escuchando cómo los pasos se alejaban cada vez más. Tragó duró y volvió a recostarse en la cama.

Finalmente, las lágrimas salieron. Esa noche, Juan se permitió llorar desolado en la soledad de su habitación.

Notes:

¿Y si les dijera que así es como siento yo que terminará este ship? om