Actions

Work Header

el espacio entre tus dedos

Summary:

A ella le gusta tocarlo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

A ella le gusta tocarlo.

 

No, en realidad, ella es una persona de contacto físico. Difumina de forma sencilla y casual los límites del espacio personal casi sin que te des cuenta.

 

Debe ser por su profesión, acostumbrada a palpar la carne en busca de huesos rotos, sus dedos habituados a coser heridas y envolver vendajes.

 

Giyuu lo nota la vez primera al finalizar una reunión de pilares. Kocho insiste en que se quede a charlar con los demás y su forma de convencerlo es pinchando su brazo y jalando la manga de su haori. Es una dinámica habitual entre los dos, ella a su lado exigiendo su atención, él dándosela, pero no de la manera que ella desea; pero ahora ve los ojos de Sanemi abrirse un poco más de lo habitual en consternación. 

 

Aunque sigue su mirada, demora un poco en comprender la fuente de su preocupación. Una tontería, en su opinión, pues él no es la única persona con la que Kocho es así, ya que, en cuanto nota que él declinará su petición como es habitual, revolotea de vuelta con Rengoku y Mitsuri, y su mano se posa brevemente en el brazo de la Pilar del Amor. 

 

Solo ante ese gesto es que la cautela en los ojos de Shinazugawa se suaviza y Giyuu se marcha de la reunión.



.

.

.

 

No deja de dar vueltas a la mirada de Shinazugawa. Busca las trazas de un significado oculto.

 

Por la noche, Giyuu rueda en su futón y trata de pensar cuándo comenzó todo.

 

Desde que se convirtió en Pilar, sus visitas a la Finca Mariposa se hicieron rutinarias y hasta donde llega su memoria, Shinobu estuvo allí en cada una de ellas.

 

La recuerda más joven, incluso más bajita, si cabe, regañándolo con una expresión feroz por dejarse infectar una herida. Ya desde entonces comenzó a relacionar su tacto con el olor de la medicina y el escozor del desinfectante sobre la carne viva. Temas médicos. Relación de una doctora y un paciente. No pensó en su toque como una escandalosa afrenta pública que pudiera atraer miradas.

 

.

.

.

 

Ella lo toca en su próxima misión, no se refrena. Desde que se encuentran en las afueras de la Finca de Oyakata-sama hasta que el camino deja de ser empedrado y se convierte en lodo y hierbas, el sendero más rápido hasta su destino.

 

Kocho intenta arrancarle una palabra, pinchando su hombro, dándole palmaditas juguetonas en la espalda. Lo usual. Es así como ella es: la voz cantarina, el suave toque y las bromas constantes forman parte de su naturaleza y hay algo en el pensamiento molesta a Giyuu, solo no entiende por qué.

 

Cuando ella deja de insistir y continúan la marcha en un silencio hecho para la meditación, Giyuu casi se siente aliviado.

 

.

.

.

 

Es fácil acostumbrarse a su presencia, sin embargo. A pesar de sus reservas, no es complicado olvidarse de aquel gesto de Shinazugawa. 

 

Aunque todavía le parece innecesaria la forma en la que su rostro está demasiado cerca cuando trazan planes de batalla o el travieso empellón al final de un entrenamiento, todo es mundano y corriente como para dedicarle un pensamiento tres días consecutivos. 

 

Además, la constante cercanía de Kocho le trae un deje de confort. 

 

Le hace recordar que no está solo.

 

. 

. 

. 

 

Ella toma su mano en medio de la multitud. Es una primera vez para Giyuu, quien no recuerda un roce tan deliberado como éste. No la suelta, sin embargo, intuyendo sus intenciones.

 

Kocho mira hacia atrás, cruza su mirada con la de él y le sonríe. En medio del barullo del mercado de la capital al mediodía, las palabras sobran. Él asiente, reconociendo la practicidad del gesto para evitar perderse entre la multitud y entonces no sólo lo está tomando de la mano, sino que sus dedos se entrelazan para afianzar su agarre.

 

Giyuu la deja guiarlo por las calles abarrotadas hasta una botica que le comentó más temprano se moría de ganas por visitar.

 

Sus manos se sueltan hasta que están frente al local.

 

.

.

.

 

La próxima vez que lo toma de la mano, Giyuu comprende que es su culpa no haber puesto un límite desde el inicio de su relación.

 

No hay absolutamente ninguna razón para que deban estar en esa posición, pero ella busca su tacto de una forma que quiere parecer casual, pero él sabe que ha sido un movimiento consciente y voluntario. 

 

Todo su brazo se queda rígido durante la más breve fracción de segundo, empero, para un Pilar es un momento demasiado largo. Tan largo que Shinobu aleja su mano como si la hubiera quemado y comienza una charla interminable sobre venenos que él no ha solicitado, solo para llenar la rara atmósfera entre ellos.

 

Se arrepiente de su lentitud de razonamiento, puesto que no pretendía rechazarla, pero no hace nada para alcanzar su mano otra vez.

 

.

.

.

 

Le ofrece su brazo de forma natural cuando la ve andar con dificultad de regreso a la Casa de Glicinas. 

 

Han vencido a otra Luna Inferior con relativa facilidad y sin bajas entre sus filas, pero las lluvias recientes siguen reposando como rocío en la copa de los árboles y todo en conjunto ha hecho resbalar a Kocho desde la rama de un árbol. Una torpeza de su parte. Un error muy humano.

 

Ella se muestra reacia a aceptar su brazo, sus mejillas arreboladas por el embarazoso accidente de hace unos minutos. Él ni siquiera la juzga, absolutamente no lo hace. Aunque sabe que no pueden permitirse un error en batalla, su posterior actitud avergonzada le parece enternecedora.

 

Giyuu no es bueno con las palabras, pero dos oraciones juntas tienen el poder de convencerla para que se apoye en él.

 

El brazo de Kocho parece casi temblar cuando se enrosca con el de él, toda ella luce frágil como la rama de un árbol en los fríos vientos del invierno y Giyuu absorbe la imagen con reservada fascinación. Es tímida mientras lo toma del brazo, casi como si tuviera miedo de incomodarlo con su cercanía. Una sorpresa. Giyuu camina con lentitud premeditada solo para alargar el momento, una victoria pequeña para él en medio de la guerra de sus bromas. 

 

Shinobu es una persona atraída por el contacto físico, pero esta vez ha sido ella quien rehuyó del mismo.

 

.

.

.

 

No es raro que compartan la misma habitación cuando salen de misiones juntos. Ambos incluso lo prefieren, es más funcional para sus objetivos. Suelen acomodar sus futones uno al lado del otro y dormir espalda contra espalda luego de apagar la vela. Eso cuando los remanentes de la noche les permiten continuar durmiendo. Si las batallas se extienden, difícilmente buscan refugio para conciliar el sueño. 

 

Giyuu extiende ambos futones mientras ella toma un baño. Esta misión se ha extendido por dos noches en las cuales el demonio ha permanecido oculto, quizás advirtiendo su presencia. En consecuencia, nadie ha sido devorado, por lo que, al menos hasta ahora, el desenlace está siendo satisfactorio. 

 

Para cuando Shinobu retorna a la habitación, la vela está a medio camino de consumirse. Giyuu ya está recostado en su futón. Mira al techo mientras repasa la información que obtuvieron de los aldeanos en las últimas horas y traza su siguiente plan de acción. 

 

Puede verla secarse el cabello por el rabillo del ojo, frotando la toalla con frenesí contra los mechones que gotean. Le pregunta qué está haciendo. No puede concentrarse si ella está actuando así a un metro de distancia. Shinobu le explica que está tratando de secar su cabello lo más rápido posible, para no molestarlo con la luz de la vela. Esa es una consideración innecesaria. Le arrebata la toalla de las manos, la ayuda con la tarea mechón por mechón sin la premura que ella demostraba. 

 

Las puntas de sus dedos rozan la nuca fría de ella por casualidad mientras le seca el cabello. 

 

. 

. 

. 

 

Ella vuelve a tomarlo de la mano. 

 

Esta vez no pretende que es un evento fortuito o un hecho práctico, sino que le pregunta con arrojo si le molesta. 

 

Giyuu le echa un vistazo a su rostro y luego a sus manos entrelazadas y se da cuenta de que no. 

 

En realidad no le molesta. 

 

. 

. 

. 

 

Shinobu está hablando con Obanai y Tokitou cuando siente el dorso de sus manos rozarse. La reunión está por comenzar, solo están esperando al Patrón, y él está enfrascado en la conversación casi unilateral de Rengoku. 

 

Al principio cree que es un error, pero cuando sucede por segunda ocasión, sabe que hay propósito detrás. 

 

La mira de soslayo, ella todavía está sonriendo y hablando de técnicas de ataque con sus dos interlocutores. Actúa como si no estuviera pasando nada. Pero está pasando algo. En la mente y en el corazón de Giyuu están pasando muchas cosas.

 

El siguiente roce es cortesía de él. 

 

. 

. 

. 



En su próxima visita a la Finca Mariposa, la ve colocar su mano menuda en el hombro de Tanjiro en medio de una charla casual. La ve tomar las manos de Zenitsu entre las suyas y la ve hacer una promesa de meñique con Inosuke. 

 

Incluso aunque todas las interacciones tienen ese aire inocente de hermana mayor, Giyuu se enfurruña y siente el contenido de su estómago dar vueltas. 

 

Se marcha de la Finca sin decir adiós.

 

.

.

.

 

En su próxima interacción, la memoria lo persigue y evita a toda costa formar parte de su espacio personal. 

 

Esconde las manos dentro de las mangas del haori y, cuando no, pretende estar ocupado con la empuñadura de su espada. Ella trata de conseguir una explicación, pero él se mantiene en un mutismo que enrarece el ambiente entre ellos. El aire se hace más difícil de respirar y el crujir del césped bajo sus pies produce un sonido constante e inquietante todo el camino. Shinobu se da por vencida, pero no deja de mirarle de lado.

 

. 

. 

. 

 

Cuando, en la hora de la comida, ella alarga su mano para tomar la suya, él la quita. Ve su expresión herida y su mirada humedecerse y se le contrae el pecho. No dice nada, sin embargo, continúa consumiendo el contenido de su plato.

 

Él también quisiera saber qué es lo que pasa. Qué es lo que le pasa a él.

 

.

.

.

 

Cuando le pregunta qué le pasa o si es ella la que ha cometido la falta, una variada gama de emociones y expresiones cruzan su usual rostro sonriente. Desde el anhelo y la irritación, hasta el desconsuelo.

 

Odia ser la fuente de su aflicción, pero odia más saber que para ella tocar a otro hombre no es tan diferente a dar los buenos días. 

 

Solo después de que ella se da la vuelta y Giyuu tiene la certeza de que ha roto el hilo que los une es que se ve capaz de darle nombre a la emoción que lo ha estado carcomiendo por dentro: son celos.

 

Está celoso de todos los hombres que reciben su atención y tiene el corazón roto al no saberse especial para ella.

 

.

.

.

 

Pasan ocho semanas antes de que vuelvan a encontrarse. Giyuu ha contado con agonía cada hora del día y cada día de la semana. Le ha costado cada gramo de su voluntad no emprender la marcha hacia la Finca Mariposa para pedirle perdón de rodillas.

 

Ella es cauta alrededor de él a pesar de su sonrisa. Cuida sus palabras, contiene sus bromas y, por sobre todo, mide su distancia. Giyuu observa el espacio vacío entre ellos, el espacio vacío entre sus dedos. Está tan vacío y lleno a la vez. Vacío de ella. Lleno de soledad. Siente que incluso si tratara de estirar su mano para llegar a ella, le sería imposible alcanzarla ahora.

 

O quizás así siempre había sido.

 

.

.

.

 

Son las cuatro de la mañana cuando se da cuenta de lo imbécil que ha sido.

 

Ella llega como soporte médico cuando la batalla ha terminado. Shinazugawa, Obanai y él se encuentran malheridos. La Luna Superior está muerta.

 

Kocho da instrucciones precisas a los kakushis sobre qué deben hacer, a quién deben darle prioridad. De entre los tres, Obanai y su serpiente son los más malheridos y aunque su atención es pronta y eficiente, parece que se ha demorado un suspiro antes de dejarlo a cargo de las capaces manos de Kanzaki. Shinazugawa, el más ileso de los tres, ya está siendo atendido y ella se dirige directo a él.

 

Palpa su rostro con delicadeza casi infinita, haciendo inventario de los cortes y moretones allí. Le abre la chaqueta y se le inundan los ojos cuando ve un hematoma enorme en sus costillas izquierdas. Mas, entre todo el daño recibido, el brazo roto es el que le duele como el infierno.

 

Ella envuelve el vendaje y le improvisa un cabestrillo. Le hace tragar medicina amarga y le aplica ungüentos en el resto de las heridas. Su toque un momento más largo de lo que debería, su mirada más desolada de lo que debería al recorrer sus heridas. A Giyuu le falta el aire a pesar de que están en medio de un descampado y el viento no deja de soplar. En el cielo, las estrellas siguen brillando y la luna permanece alta en el firmamento.

 

Le pregunta la hora y ella se la da, su mano vuelve a su rostro. Es una caricia disfrazada de exploración clínica porque esto es a lo que Giyuu la ha orillado. 

 

Shinobu le agradece por estar vivo y Giyuu se derrumba por dentro. 

 

También se derrumba por fuera.

 

Con su mano buena la rodea por la cintura y la trae hacia sí. Entierra su rostro en el hueco de su cuello, donde el olor a glicinas es más penetrante. Le pide perdón sin dar explicaciones, pero está seguro de que ella entiende. Los brazos de Shinobu lo envuelven en un abrazo reconfortante y vuelve a agradecerle por estar vivo. Él se hunde más en su calidez, le recuerda que no está solo. La tiene a ella. Es importante para ella.

 

Ella puede ser una persona de contacto físico, pero él es especial y a él… A él solo le gusta tocarla a ella.

 

En el fondo de su mente, su subconsciente se pregunta cómo los está mirando Shinazugawa. Si es una mirada de preocupación o de parco entendimiento. 

 

.

.

.

 

Va a besarla la próxima vez.





Notes:

¿Debería estar escribiendo continuaciones? Sí. ¿Lo intenté? También. ¿Funcionó? Evidentemente no. ¿Seguiré intentándolo? Sí. ¿Va a salir una continuación pronto? Lo dudo (¡pero me estoy esforzando!),