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Go for it! Hirose-kun

Summary:

Hirose quiere regalarle chocolates a Nakamura, pero... Pasan cosas que terminan alejandolos ¿volveran a hablarse?

Notes:

Hice esto para el 24 de junio, lo subi a wattpad y ahora que tengo cuenta aqui, también lo subire aqui ❤ espero sea de su gusto.

Chapter 1: Cap 1

Chapter Text

-Ya llegué.

Ese jueves, cuando Hirose volvió a casa después de la escuela, su hogar estaba lleno de olor a chocolate. Un aroma tan dulce y delicioso que hizo que su estómago rugiera por el simple deseo de comerlo.

Con curiosidad caminó hasta la cocina, donde encontró a su madre y a su hermana hablando entre ellas mientras una fundía chocolate y la otra cortaba algunas barras del mismo. En una bandeja había unos moldes que debían llenarse, cuyo fondo parecía decorado.

-¿Qué hacen?

-Bienvenido, Aiki. No te escuchamos entrar. ¿Papá ya llegó?

-No, no lo vi cuando entré.

-Mejor, mamá quería hacerle chocolate casero para mañana.

-¿Mañana?

Preguntó el castaño mientras se acercaba a donde se encontraban las barras que su hermana cortaba, recibiendo de esta un cuadradito de chocolate amargo que empezó a comer con gusto, observando cómo su madre se sonrojaba ligeramente y provocaba una risita de su hermana.

-Sí, es San Valentín. Mamá está haciendo chocolates para papá y yo para mi novio.

-¿¡Tienes novio!?

Su hermana pronto pareció enojada ante su cara de sorpresa.

-Aiki Hirose, te lo dije hace un mes.

-¿Sí? ¿Yo qué estaba haciendo cuando me lo dijiste?

-A ver...

La chica pareció pensar en ello mientras le pasaba la tabla con chocolate picado a su madre, quien lo puso en el bowl donde estaba derritiendo el chocolate a baño María, manteniéndose ocupada en eso mientras sus hijos charlaban.

-Ah, ya recordé, estabas jugando con tu celular.

-Oh, perdona, Saho. No te debo haber prestado atención. ¿Y ahora qué haces?

-¿Con esto? Es relleno de trufas. Haremos algunas para nuestras amigas y las bañaremos en chocolate.

-¿Es normal darle chocolate a tus amigos?

-Pues sí, Aiki, es San Valentín. Las chicas les dan chocolates a los chicos que les gustan y a sus amigas.

-¿Y los chicos pueden darles chocolates a sus amigos?

Tanto su madre como su hermana giraron a verlo con una expresión que Hirose no supo descifrar, y fue tan intensa la forma en que lo miraron que pronto giró el rostro con algo de pena hacia un lado.

El chico no se dio cuenta de cómo ambas mujeres se observaron con un pensamiento compartido en la mirada, y Saho estaba segura de que su madre no tendría el tacto necesario para comunicar lo que pensaban, así que decidió ser ella quien respondiera.

-Pues no es lo común, pero puedes hacerlo si tienes amigos a los que les gusta el chocolate.

Hirose se quedó pensando en ello sentado en una de las sillas de la isla mientras veía a las mujeres de su familia seguir con su preparación. La verdad es que, desde que le habían dicho que se regalaban chocolates a las amigas, había pensado que él podría hacer algunos para Nakamura con ellas. No sabía si a Nakamura le gustaría el chocolate; en realidad, ni siquiera sabía si le gustaban demasiado los dulces. Si bien le había gustado su recomendación de café con cocoa, no sabía qué tan fan sería su amigo de comer chocolate.

Se quedó allí durante unos diez minutos pensando hasta que las palabras de Saho lo sacaron de sus pensamientos.

-No pierdes nada con hacerlos, Aiki.

Fue entonces cuando asintió con la cabeza y el adolescente se unió a las mujeres para preparar aquellas trufas y los pequeños chocolates en forma de corazón que tenían detallitos en la parte superior. Estaba emocionado porque, en realidad, era la primera vez que lo hacía.

Cuando se pusieron a empaquetar, Saho le pasó al chico no solo unas trufas para su bolsita, sino también unos chocolates de corazón. El joven pensó que en realidad eran lindos y que seguro a Nakamura le gustarían, así que no dudó en ponerlos en su bolsita y cerrarla, terminando la tarde con una sonrisa antes de cenar en familia, ocultando todos el secreto de su madre para que su padre tuviera una sorpresa al día siguiente.

En la escuela, al día siguiente, saludó a todos sus amigos como siempre, estando un tanto atento a Nakamura, pues pensaba darle los chocolates en cuanto tuvieran un momento libre entre clases.

La mañana pasó normal con Takeuchi y Mukai. Tanto él como Ryu se la pasaron molestando a Takeuchi por el rechazo que había recibido el chico por parte de Yuuka al no obtener chocolates de ella; aquello había sido gracioso.

En un momento del almuerzo con Oomori se sintió observado mientras buscaba a Nakamura con la mirada sin encontrarlo por ningún lado.

-¿Pasa algo, Hirose?

-Pues... no sé dónde se metió Nakamura.

-¿Querías almorzar con él?

-No es eso. Ayer mi madre y Saho estuvieron haciendo chocolates y yo me uní para hacerle unos a Nakamura.

Hirose no notó la sonrisa que tenía Oomori en el rostro por estar buscando a Nakamura, pero se notaba que aquel chico de lentes sabía más de lo que podía decir.

-¿Y si se los das al final de clases? Pídele ayuda al profesor Otogiri.

-¿Por qué le pediría ayuda?

-Pues Nakamura es tímido, tal vez no le gusta recibir regalos en público. Puedes pedirle al profesor que le deje algo que hacer después de clases, lo esperas, y cuando estén yendo a casa le das los chocolates.

-Ohh, es verdad. Muchas gracias, Oomori.

-No es nada.

Justo después de decir aquello terminaron su almuerzo y Hirose decidió aprovechar para ir con el profesor Otogiri en ese momento. Fue con paso rápido hacia donde estaba su profesor, sin notar la presencia que lo seguía desde atrás.

Cuando llegó a la sala de profesores notó que había muchos más allí. Entrar a pedirle ayuda con algo como eso sería raro y ni siquiera había llevado un cuaderno. Pensó durante unos segundos, mientras entraba, qué decir para conseguir la ayuda de su profesor, y tal vez una pequeña mentirita no venía mal.

-¡Profesor! ¿Me ayuda con un ejercicio que nos enseñó ayer?

-Hola, Hirose. Sí, muéstrame cuál es.

En cuanto escuchó aquello se acercó hasta su profesor con rapidez para que los demás adultos no notaran que no llevaba cuaderno, y al inclinarse sobre el escritorio este lo miró con una ceja alzada. Casi parecía que iba a mencionar algo sobre eso, por lo que Hirose se acercó a su oído.

-Shhh, profesor, no tengo un ejercicio. Necesito que me ayude con algo.

Otogiri se alejó unos centímetros para poder ver al adolescente y, ante aquel rostro apenado, asintió suavemente, volviendo a acercar el oído para que el menor le hablara mientras mantenía los ojos en sus colegas.

Hirose sonrió entusiasmado ante aquella señal y no tardó en hablarle aún más bajito.

-Quiero darle algo a Nakamura después de clases, pero no quiero que sienta vergüenza. ¿Puede pedirle que se quede a hacer algo por usted? Así podemos ir solos y un poco más tarde a casa y yo le daré lo que tengo para él.

-Mira, Hirose, este ejercicio se resuelve de esta forma.

Las palabras de Otogiri salieron mientras tomaba un lapicero de entre sus cosas, anotando en una hoja de asistencias que tenía sobre la mesa, en la parte superior, una respuesta para el adolescente:

"Okey, yo me encargo, ahora vete".

Hirose rio bajito y asintió mientras se iba corriendo hacia sus clases.

Durante el resto del día no se preocupó demasiado por buscar a Nakamura en sus ratos libres. Ya tenía una idea de cuándo verlo, así que se dedicó a estar relajado con sus amigos hasta que Takeuchi mencionó algo que lo hizo mirar.

-Miren, Kawamura le está dando chocolates a Nakamura.

-Oh, es verdad.

Algo en el pecho del castaño de adorable sonrisa pronto se apretujó ante las palabras de sus amigos.

Hirose miró en dirección al par de pelinegros que se encontraban en la entrada. Nakamura tenía una pequeña cajita blanca con un listón azul en la mano mientras aceptaba el regalo de Kawamura con una sonrisa.

Desde su lugar no se podía escuchar su conversación, pero parecía animada. La chica se encontraba ligeramente sonrojada y, desde allí, no podía ver la expresión de Nakamura, pero por el movimiento de su barbilla se podía notar que estaban hablando.

-Así que no es gay.

-Por suerte, ya empezaba a darme asco la cara que ponía cada vez que ve a Hirose.

-¿Cómo?

Las palabras de Takeuchi habían sido las que más fuerte habían golpeado en la cabeza de Hirose. En su rostro apareció una expresión seria que su amigo, evidentemente, no había visto porque siguió hablando.

-Sí, lleva todo el día siguiéndote con esa cajita contra el pecho. Pensé que era puto y que se te declararía hoy. Amigo, qué asqueroso.

-No seas malhablado, Takeuchi. Que fuese gay no es asqueroso, solo es raro.

-Vamos, hombre. ¿Y si se te declarara a ti?

-Le diría que no y vería cómo cambiarme de salón.

-Yo lo golpearía.

Hirose no podía entender por qué razón las palabras de sus amigos le generaban un sentimiento raro, desconocido. Algo en su pecho dolía. Sentía cómo se apretaba la zona de su corazón, cómo el aire empezaba a faltarle. Intentó no demostrarlo mientras giraba los ojos hacia Nakamura.

-¿Por qué dicen esas cosas?

-Porque ser gay es asqueroso, dah.

-Takeuchi, ¿acaso eres un anciano? Si Nakamura fuese gay no sería asqueroso, solo sería diferente. Al menos él nunca me ha hablado tanto de penes como tú de tetas.

-¡Jajajaja! Eso es verdad. Si fuese gay sabe disimularlo mejor de lo que tú disimulas ser virgen, Takeuchi.

Mukai se estaba riendo como si hubiese dicho el chiste más gracioso del mundo mientras Takeuchi se sonrojaba. Al de cabello oscuro no parecía haberle gustado para nada lo que Hirose acababa de decir, razón por la que ambos sostenían la mirada con un claro enojo en los ojos.

-Tsk. ¿Qué te pasa? ¿Acaso te molesta?

-Claramente. Nakamura es mi amigo. ¿Cuándo me has visto dejando que hablen mal de un amigo?

-Pues ahora no me estás defendiendo de Mukai.

-Porque ahora estás siendo un imbécil.

-Chicos, calma.

-No, Mukai, nada de calma. Hirose se ha estado juntando mucho con ese rarito y por eso ahora piensa que ser puto está bien.

-¿Por qué encasillas tanto a Nakamura como gay? Incluso si lo fuese, a él hoy le dieron chocolates. Y a ti ni tu novia te dio algo a pesar de que le diste una rosa.

-Me voy a mi asiento.

Tanto Hirose como Mukai vieron cómo Takeuchi se alejaba furioso, llegando a empujar a un par de compañeros en el camino a su asiento.

Hirose no se había dado cuenta de que tenía los puños apretados y de lo tenso que estaba hasta que Mukai le puso una mano sobre la suya, mirándolo con el rostro contrariado.

-Perdón, estuve mal. Él también.

-No tienes que disculparte por él.

-No, pero tienes razón, hoy nos adelantaremos y hablaré con él.

Hirose asintió suavemente con la cabeza mientras sus pensamientos giraban a mil por hora, girándose hacia el asiento de Nakamura para ver si se encontraba en el salón, pero ni él ni Kawamura se encontraban allí.

Dios, quería verlo. Sus amigos seguramente no habían pensado en lo que decían porque no lo conocían. Nakamura era un chico increíble, tenía gustos distintos a los demás, pero en realidad era porque parecía mucho más maduro que todos ellos. Además, sabía escuchar realmente bien y hacía que él se sintiera cómodo a su lado; hablar con Nakamura siempre era más fácil que hablar con sus amigos, por eso lo consideraba su mejor amigo.

Por eso le había preparado chocolates de la amistad junto a su hermana.

Y ante ese pensamiento, esa sensación de opresión en el pecho volvió.

Cuando Nakamura volvió al salón se encontraba con Kawamura y sus amigas, por lo que ni siquiera pensó en saludarlo. Si lo pensaba bien, ese día ninguno de los dos se había acercado al otro. ¿Por qué Nakamura no se había acercado a hablarle? Ahora que lo pensaba, eran limitadas las ocasiones en las que lo hacía.

En cuanto el pensamiento de «Tal vez le incomoda lo pegajoso que eres» apareció por su mente, se encargó de empujarlo lejos de la misma. Nakamura nunca le había dicho que le incomodaba y, aunque se sonrojara cada vez que se le acercaba, estaba seguro de que no era por incomodidad. No sabía por qué cada vez que estaba a centímetros de su rostro tomaba ese color, pero le gustaba verlo, solo por eso seguía haciéndolo. ¿Y si ese día le daba los chocolates a centímetros de su rostro? Seguro se vería igual de...

¿Lindo? Normalmente no se detenía a pensar en cómo describía a Nakamura. Siempre lo había encontrado lindo, era agradable a la vista, bastante apuesto incluso, especialmente durante esos dos meses donde había tenido el pelo corto hasta que volvió a crecer y taparle su lindo rostro. Pero después de pensar en las palabras de Takeuchi, pensar aquello se sentía raro.

A la hora de la salida vio con atención cómo el profesor Otogiri le pedía a Nakamura llevar unos libros al aula de ciencias para el profesor Yamamoto. Bien, si Nakamura se tomaba su tiempo tardaría unos quince minutos, y si quería volver temprano a casa aun así tardaría unos diez minutos, por lo que aprovechó para bajar rápidamente a la entrada, ponerse sus zapatos para salir y quedarse en la puerta, mirando repetidas veces hacia el interior, esperando a que Nakamura apareciera. Fue por eso que una fina y dulce voz lo tomó por sorpresa.

-Hi-Hirose-kun.

-¿Sakamoto?

-¿Tienes un minuto?

Ante la pregunta de la chica, miró la hora para poder asegurarse de si tenía tiempo para ofrecerle. Aún tenía entre cinco y diez minutos, así que asintió con la cabeza.

-Claro.

-¿Me acompañas?

Okey, aquello no lo esperaba. El castaño asintió mientras veía a la chica y, sin decir nada más, esta lo llevó hasta uno de los lados de la entrada, donde unos postes tapaban su visión de las piernas de la prepa, pero no de la salida a la calle. Aún podría alcanzar a Nakamura si lo veía pasar por el patio.

-Hi-Hirose-kun, yo... te hice esto.

Solo en ese momento Hirose volvió a prestarle atención a la castaña, notando que tenía una bolsita de chocolates. Pronto sintió sus mejillas sonrojarse ante esto y, sin saber qué hacer, se quedó con las manos en los bolsillos.

-¿Chocolates de la amistad?

-N-no... Son chocolates para confesarme... Los chocolates de la amistad no suelen ser para chicos.

-¿Có-cómo?

-Pues... Normalmente, si quieres darle a un chico chocolates es porque te gusta. Los chocolates de la amistad son solo entre mujeres.

-¿Un chico tampoco puede darle chocolates de la amistad a otro chico?

La pregunta de Hirose tomó a Hana por sorpresa. Sus ojos miraron fijamente al chico antes de negar suavemente con la cabeza.

-No... Eso sería raro. ¿Un chico te dio chocolates de la amistad?

-No.

-Oh, mejor. Creo que si un chico le diera chocolates a otro sería porque estaría confesando su amor. Po-por cierto, ¿me los vas a recibir? No tienes que responder de inmediato...

Hirose miró a la chica con atención mientras procesaba las palabras que esta dijo. Casi de forma automática asintió con la cabeza, tomando la bolsa de chocolates en forma de corazón. Aiki no dijo nada más y Hana supuso que aquello significaba que lo pensaría, por lo que se despidió y comenzó a caminar hacia la salida.

Al verla alejarse, la mente del chico empezó a pensar en sus palabras mientras su cuerpo, de forma automática, viajaba hasta la entrada donde había planeado esperar a Nakamura. Si un chico le entregaba chocolates a otro estaría confesando su amor. Las palabras de Hana no salían de su mente mientras dejaba su bolso en el piso.

¿Por qué los chicos no podían regalarse chocolates? Él realmente quería darle los suyos a Nakamura. Pero ¿y si este llegaba a pensar que le atraía de otra forma?

Aunque... mientras lo pensaba, por alguna razón su pecho parecía liberarse de la presión que le había oprimido durante la conversación con Takeuchi.

Estaba tan concentrado en aquello que, cuando escuchó su nombre, se sorprendió, girándose para ver quién lo llamaba.

-¿Na-Nakamura? ¿Todavía sigues por aquí?

Qué idiota, claro que seguía ahí, él se había encargado de que así fuera.

-Sí...

-¿Estabas haciendo algo?

-El profesor Otogiri me pidió un favor.

Lo sabía, era culpa suya aquello. Y aun así no sabía cómo seguir la conversación; aún estaba pensando en las palabras de Hana. Un tanto cabizbajo, escuchó nuevamente la voz de su...

Su amigo.

-Tú... ¿Tú tenías cosas que hacer?

-Ah... Yo... Es que...

La cara le ardía. No podía dejar de imaginarse cosas, de imaginarse las reacciones de Nakamura al darle los chocolates, de imaginar escenarios donde estuviese con el pelinegro saliendo. Pero entonces un recuerdo de ese día lo invadió.

-Este... Oye...

-¿Sí?

-Nakamura... ¿Te dieron chocolates?

Aunque su rostro se encontraba en dirección al piso, sus ojos intentaban mirar la reacción del chico. Este pareció sorprendido al principio; Hirose incluso podía jurar que sus mejillas estaban rojas.

-Eh... ¿Sí y no? Depende... de cómo lo preguntes... Kawamura me dio unas galletas de chocolate por ser un buen amigo.

-Ya veo...

Si un chico.

-Y bueno...

Le regalase chocolates a otro chico.

-En realidad yo...

Le estaría confesando sus sentimientos.

No podía. Hirose no podía darle los chocolates a Nakamura. No ahora. Su corazón estaba latiendo demasiado rápido, su cara estaba roja, la respiración empezaba a faltarle. ¿Qué era eso? No... no podía.

Rápidamente tomó su bolso y se lo puso al hombro mientras se acercaba hacia la puerta.

-Olvídalo, perdón. ¡Nos vemos!

Rápido, corre, Aiki.

Necesitaba correr. Hirose necesitaba salir de ahí. La presión en su pecho volvía a medida que se alejaba de la escuela y aun así sentía la necesidad de correr, de huir de lo que sea que estaba sintiendo.

Los ojos le escocían, la voz no le salía, sentía un enorme nudo en la garganta.

-¿Hi-Hirose?

En el camino encontró a Hana. No sabía qué tan rápido había corrido, ni siquiera sabía hacia dónde estaba corriendo. Pero al momento de verla, el sentimiento de que había encontrado una forma de escapar le hizo actuar de forma impulsiva, abrazando a la delgada y linda chica.

-Sí quiero ser tu novio.