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La hipotesis del amor evidente

Summary:

Senku y Gen no son pareja. Solo viven juntos, comparten cuentas bancarias, duermen en la misma cama, se ponen celosos, tienen un hijo y, por razones estrictamente prácticas, llevan años casados.

O cinco veces en que sus amigos intentaron hacerles reconocer lo evidente y una en que su hijo de cinco años tuvo que explicarles que estaban enamorados.

Chapter 1: La única excepción

Chapter Text

Antes de que Gen Asagiri llegara al colegio, Kohaku, Chrome, Ryusui, Yuzuriha y Taiju creían conocer todas las reglas que gobernaban la existencia de Senku Ishigami.

La primera era que Senku prefería la ciencia antes que a las personas. La segunda, que podía tolerar una explosión a pocos centímetros de su rostro, pero no una conversación que considerara estúpida. Y la tercera, quizá la más importante, era que detestaba profundamente las feromonas ajenas.

Senku era un alfa recesivo. Sus propias feromonas resultaban tan tenues que la mayoría apenas podía percibirlas, pero su sentido del olfato era extremadamente sensible. El aroma que para otra persona podía ser agradable, para él se convertía en una presencia invasiva, pegajosa, imposible de ignorar.

Por eso llevaba neutralizadores dentro de la mochila, mascarillas con filtros especiales en los bolsillos y un pequeño ventilador portátil que había construido con piezas recicladas. También insistía en mantener abiertas todas las ventanas del salón, incluso durante los días más fríos del invierno.

—¡Senku, vuelve a cerrar la ventana! —suplicó Taiju aquella mañana, tiritando mientras se frotaba los brazos con desesperación—. ¡No siento las manos!

—La pérdida de sensibilidad es temporal —respondió Senku con irritante tranquilidad, sin apartar los ojos de su libro—. El olor a flores fermentadas que hay dentro del salón podría causarme daños cerebrales permanentes.

Varios omegas volvieron la cabeza, visiblemente ofendidos.

—No puedes hablar así de las feromonas de los demás —lo reprendió Yuzuriha con paciencia, aunque una sonrisa resignada suavizó sus palabras—. Nadie lo hace a propósito.

—La ausencia de intención no modifica el resultado —replicó Senku con indiferencia—. Este lugar sigue oliendo como una fábrica de perfumes incendiándose.

—Algún día alguien va a golpearte —le advirtió Kohaku con una sonrisa peligrosa—. Y probablemente sea yo.

Chrome dejó caer la frente sobre su pupitre.

—No es culpa nuestra que las hormonas estén alborotadas —protestó con cansancio—. Todos tenemos quince años.

—Precisamente —sentenció Senku con seriedad—. La secundaria es un invernadero hormonal con pupitres.

Ryusui soltó una carcajada desde el asiento posterior.

—¡Deberías aprender a desearlo todo, Senku! —declaró con entusiasmo, abriendo los brazos como si pretendiera apropiarse incluso del aire—. ¡Los aromas, las emociones y el caos también forman parte de la experiencia!

—Tú deseas hasta las cosas que nadie quiere —murmuró Senku con hastío.

Sus amigos estaban acostumbrados. Habían aprendido a no utilizar perfumes demasiado fuertes cerca de él, a ventilar el laboratorio antes de visitarlo y a no tomarse personalmente los comentarios que hacía cuando alguna concentración de feromonas le provocaba dolor de cabeza.

Creían que siempre sería así.

Entonces se abrió la puerta del salón y Gen Asagiri entró en sus vidas.

El profesor apareció primero. Detrás de él avanzó un muchacho de cabello bicolor, sonrisa elegante y movimientos cuidadosamente medidos. Bastó que cruzara el umbral para que un aroma intensamente dulce invadiera el aula.

No era una fragancia delicada.

Las feromonas se extendieron como miel derramada sobre una superficie caliente: espesas, dulces hasta resultar empalagosas y tan persistentes que parecían adherirse al interior de la garganta. Varias personas enderezaron la espalda. Algunos alfas volvieron la cabeza con un interés instintivo, mientras los omegas se removían en sus asientos, abrumados por la presencia dominante del recién llegado.

Taiju contuvo un estornudo, Chrome arrugó la nariz, Yuzuriha parpadeó varias veces, sorprendida por la intensidad, Kohaku se mantuvo alerta y Ryusui sonrió fascinado. Los cinco hicieron exactamente lo mismo un segundo después: miraron a Senku.

Esperaban verlo alcanzar el neutralizador. Imaginaban que abriría la segunda ventana, se colocaría una mascarilla o le exigiría al profesor que enviara al nuevo estudiante a revisar sus bloqueadores. Pero Senku no hizo nada, solo continuó leyendo.

—Él es Gen Asagiri —anunció el profesor con formalidad—. Se ha trasladado recientemente y, desde hoy, estudiará con nosotros. Espero que todos lo ayuden a adaptarse.

—Es un placer conocerlos —saludó Gen con una sonrisa encantadora, observando el salón con una serenidad que parecía practicada—. Espero que podamos llevarnos bien.

 

En cuestión de segundos consiguió despertar la curiosidad de todos.

Era el único omega dominante de la escuela. La información todavía no había sido anunciada oficialmente, pero nadie necesitaba que se la confirmaran. Su aroma, la seguridad de su postura y la intensidad de su presencia eran pruebas suficientes.

—Puedes sentarte en el pupitre vacío junto a Ishigami —indicó el profesor con naturalidad.

Los cinco amigos de Senku volvieron a mirarlo, definitivamente ahora sí reaccionaría.

Gen se aproximó hasta el asiento libre y dejó la mochila junto a la mesa. Cuanto más se acercaba, más fuerte se volvía su aroma. Cuando se sentó, sus feromonas rodearon por completo el pupitre de Senku, el alfa levantó finalmente la mirada.

—Hola, Ishigami —saludó Gen con una familiaridad risueña, inclinándose ligeramente hacia él—. Parece que seremos vecinos.

—No me llames asi—respondió Senku con absoluta tranquilidad—. Y no apoyes la mochila ahí. Estás bloqueando la salida de aire del ventilador.

—Qué recibimiento tan frío —se lamentó Gen con fingida tristeza, aunque apartó la mochila de inmediato—. Pensé que podríamos convertirnos en buenos amigos.

—Llevas aquí menos de dos minutos.

—Entonces todavía tengo tiempo.

Gen tomó asiento, observó el libro abierto frente a Senku y se inclinó para leer el título. Su hombro rozó el brazo del alfa. Algunos mechones blancos de su cabello quedaron peligrosamente cerca del rostro de Senku pero el no se apartó.

—Astrofísica —murmuró Gen con curiosidad—. ¿No deberías estar prestándole atención al profesor?

—No está diciendo nada que no sepa desde hace tres años —contestó Senku con aburrimiento.

—Eso suena terriblemente arrogante.

—No es arrogancia si puedo demostrarlo.

—Ah, ya veo —respondió Gen con una sonrisa divertida—. Eres esa clase de persona.

—¿Qué clase?

—La interesante.

Senku arqueó una ceja. Gen sostuvo su mirada con descaro. No hubo incomodidad ni la cautela propia de dos desconocidos. Tampoco ese periodo de tanteo durante el cual las personas medían sus palabras y protegían sus espacios.

Hablaron como si hubieran continuado una conversación interrumpida el día anterior. Desde el otro extremo del salón, Chrome abrió mucho los ojos.

—¿Están coqueteando? —susurró con desconcierto.

—Se conocieron hace tres minutos —respondió Yuzuriha en voz baja, aunque ella tampoco podía apartar la vista.

—Senku no sabe coquetear —declaró Taiju con completa seguridad—. ¡Ni siquiera sabe cuándo alguien está coqueteando con él!

—Eso nunca se lo ha impedido —murmuró Kohaku con desconfianza.

Ryusui apoyó el mentón sobre una mano y sonrió, interesado.

—Nuestro querido científico acaba de encontrar algo que no sabía que deseaba —aseguró con satisfacción.

—No empieces —le advirtió Kohaku.

Pero ella también había visto el neutralizador apagado sobre el pupitre de Senku. Todos lo habían visto.

Gen se volvió popular antes de que terminara su primer día.

Durante el descanso ya había memorizado los nombres de casi todos sus compañeros. Antes del almuerzo recibió dos invitaciones para unirse a clubes escolares, tres números telefónicos y una propuesta para formar parte del comité estudiantil. Al finalizar las clases, medio colegio sabía que había llegado un omega dominante nuevo.

Gen parecía haber nacido sabiendo cómo conquistar a las personas. Sonreía en el momento correcto, encontraba las palabras precisas y era capaz de hacer sentir importante a cualquiera que conversara con él.

Sin embargo, cada vez que un grupo se dispersaba, Gen regresaba al lado de Senku. Lo siguió hasta la cafetería sin que nadie lo invitara. Ignoró las mesas llenas de estudiantes que le hacían señas y ocupó el asiento junto al alfa, apretándose contra él a pesar de que había espacio de sobra.

Senku movió su mochila para dejarle sitio y no protestó.

—¿Siempre comes mientras resuelves fórmulas? —preguntó Gen con curiosidad, inclinándose sobre el cuaderno de Senku.

—A diferencia de ti, puedo realizar dos actividades al mismo tiempo —respondió Senku con un sarcasmo tranquilo.

—Qué cruel eres conmigo Senku —se quejó Gen con dramatismo, aunque sus ojos brillaron al descubrir una porción de pastel en la bandeja ajena—. Tendrás que compensarme.

Gen tomó el pastel con el tenedor de Senku, Chrome estuvo a punto de atragantarse. Senku odiaba que tocaran su comida. Taiju había perdido una vez la posibilidad de probar un experimento durante dos semanas por robarle una papa frita.

Todos esperaron la explosión.

—Si te lo vas a comer, hazlo rápido —murmuró Senku con impaciencia—. Estás derramando las migas sobre mis cálculos.

Gen obedeció sin mostrar el menor arrepentimiento. Después utilizó el mismo tenedor para tomar otra porción, Senku continuó escribiendo y Taiju lo señaló con la boca abierta.

—¡Te está robando tu comida! —exclamó, incapaz de ocultar su indignación en nombre de todos los que habían sufrido represalias por crímenes menores.

—Tengo ojos —contestó Senku con fastidio.

—¡Y está usando tu tenedor!

—Solo hay una probabilidad del ocho por ciento de transmisión bacteriana significativa.

—Cuando yo bebí de tu botella dijiste que mi saliva era una amenaza sanitaria —recordó Chrome con incredulidad.

—Eso no tiene nada que ver

—¡Tiene todo que ver!

Gen, completamente ajeno al desconcierto que provocaba, tomó una tercera porción del pastel y sonrió satisfecho. Kohaku observó cómo su hombro permanecía pegado al de Senku, vio también que Senku había comenzado a empujar discretamente hacia el lado del omega las verduras de su bandeja.

—¿Por qué decidiste sentarte aquí? —preguntó Kohaku con curiosidad, mirando a Gen con atención—. Todos los demás también te invitaron.

—Senku es entretenido —respondió Gen con naturalidad, como si la explicación fuera suficiente.

—Me alegra saber que mi sufrimiento te divierte —replicó Senku sin verdadera molestia.

—Y tú eres el único que no intentó impresionarme, seducirme o preguntarme cómo se siente ser un omega dominante —añadió Gen con una sonrisa ligera—. Eso te concede varios puntos.

—Tu género secundario no altera el hecho de que estás llenando mis cálculos de migas.

—¿Ven? —preguntó Gen con satisfacción—. Encantador.

Senku soltó un resoplido, pero acercó un poco más la bandeja para que Gen pudiera alcanzar el resto de la comida, los cinco amigos se miraron definitivamente no entendían qué estaba sucediendo.

Gen tampoco parecía interesado en comprenderlo. Había encontrado un lugar junto a Senku y se había instalado allí con la facilidad de alguien que regresaba a casa. Lo verdaderamente desconcertante era que Senku parecía considerar su presencia igual de natural.

Y esa misma tarde, Gen siguió a Senku hasta el laboratorio.

—No puedes entrar —advirtió Senku con seriedad mientras abría la puerta—. Hay materiales delicados, sustancias inflamables y una posibilidad razonable de explosión.

—Perfecto —respondió Gen con entusiasmo, entrando detrás de él—. Temía que fuera aburrido.

—Eso debía convencerte de marcharte.

—Tu capacidad de persuasión necesita trabajo, Senku.

Senku cerró la puerta, tomó unas gafas protectoras de una repisa y se las entregó. Gen se las colocó sin preguntar y ocupó el banco situado junto a la mesa principal, no pidió permiso y Senku tampoco le ordenó que se levantara.

Kohaku, Chrome, Ryusui, Yuzuriha y Taiju, que los habían seguido por simple curiosidad, se quedaron inmóviles en la entrada porque Senku no permitía que nadie ocupara aquel lugar. Según él, Chrome tocaba demasiado, Taiju era una catástrofe esperando ocurrir, Kohaku no medía su fuerza, Ryusui distraía a los demás y Yuzuriha hacía preguntas justamente cuando necesitaba concentrarse.

Gen llevaba menos de un día en el colegio y ya tenía asiento propio.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Gen con interés, inclinándose tanto sobre el hombro de Senku que su mejilla casi rozó la del alfa.

—Un sensor para medir concentraciones químicas en el aire —explicó Senku con paciencia, señalando cada pieza—. Si conecto este circuito al receptor, debería registrar variaciones mínimas.

—¿También podría medir feromonas?

Senku se detuvo.

—Con algunas modificaciones.

—Entonces podrás demostrar científicamente que soy inolvidable —declaró Gen con vanidad juguetona.

—Podría demostrar científicamente que eres una contaminación ambiental.

Gen soltó una risa clara y Senku sonrió. Fue una expresión diminuta, apenas una curva en la comisura de sus labios. Aun así, sus amigos la vieron.

—Está disfrutando de su compañía —susurró Yuzuriha con una ternura asombrada.

—Senku disfruta de la ciencia —respondió Chrome, aunque ni él mismo pareció convencido.

—Está explicándole todo sin insultarlo —señaló Kohaku con suspicacia.

—¡Y Gen está prácticamente encima de él! —añadió Taiju en un murmullo que continuaba siendo demasiado fuerte—. ¡Sus feromonas llenan todo el laboratorio!

Aquello era cierto, el aroma dulce de Gen se había concentrado en el pequeño espacio hasta volverse casi sofocante. Chrome podía sentirlo pegado al paladar. Yuzuriha respiraba con mayor lentitud para no marearse. Incluso Ryusui, que disfrutaba de los perfumes intensos, parecía sorprendido.

Senku no había abierto las ventanas, tampoco había encendido el neutralizador. Estaba tan concentrado enseñándole el circuito a Gen que parecía no darse cuenta del aroma.

—Tal vez se resfrió —sugirió Chrome con preocupación—. Quizá perdió el olfato.

Kohaku negó con la cabeza.

—Esta mañana se quejó del aroma de una estudiante que estaba al otro lado del patio.

—Entonces el bloqueador de Gen debe ser increíble —razonó Yuzuriha.

—No puede serlo —replicó Ryusui con una sonrisa fascinada—. Todos nosotros podemos olerlo.

Taiju contempló a Senku con una preocupación casi paternal.

—¡Tal vez las feromonas le dañaron el cerebro!

—Si continúas gritando, lo harás tú primero —advirtió Senku desde el interior del laboratorio, sin levantar la mirada.

Los cinco se sobresaltaron y Gen se volvió hacia ellos, todavía apoyado sobre el hombro del alfa.

—¿Llevan mucho tiempo espiándonos? —preguntó con diversión.

—No los estábamos espiando —respondió Yuzuriha con una sonrisa culpable—. Solamente queríamos saber si necesitaban ayuda.

—No —contestó Senku con indiferencia—. Gen entiende las instrucciones mejor que ustedes.

Chrome abrió la boca, profundamente ofendido. Gen sonrió con orgullo y volvió a acercarse a Senku. Aquella fue la primera vez que sus amigos comprendieron que Gen no sería una visita pasajera en el laboratorio.

Al día siguiente, apareció un segundo banco junto a la mesa principal y Senku aseguró que lo había colocado allí porque Gen obstruía el paso cuando se sentaba sobre las mesas.

Durante las semanas siguientes, los amigos de Senku intentaron encontrar una explicación razonable, pero no la hallaron.

Gen seguía siendo el omega más popular de la escuela. Recibía cartas, obsequios y confesiones con una frecuencia absurda. Alfas de cursos superiores lo esperaban fuera del salón, otros omegas buscaban su amistad, los profesores lo adoraban porque era educado, participativo y capaz de controlar una discusión sin levantar la voz.

Sin embargo, Gen siempre terminaba junto a Senku.

Lo esperaba cada mañana frente a la entrada. Se sentaba a su lado durante las clases, almorzaba de su bandeja y pasaba las tardes en el laboratorio. Cuando caminaban por los corredores, Gen se aferraba al brazo del alfa para impedir que avanzara demasiado rápido. Cuando estaba cansado, apoyaba la cabeza sobre su hombro. Si tenía frío, deslizaba las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta de Senku, aunque el alfa todavía la llevara puesta.

Senku aceptaba cada contacto sin pensarlo.

No soportaba que Taiju lo abrazara, pero permitía que Gen se colgara de su brazo durante horas. Se apartaba cuando Chrome intentaba mirar sus apuntes, pero dejaba que el omega leyera por encima de su hombro. Amenazaba con electrocutar a Ryusui si tocaba sus inventos, mientras Gen podía tomar cualquier pieza del laboratorio con la única advertencia de devolverla a su sitio.

Era como si hubieran establecido, desde el primer día, un lenguaje privado que solo ellos comprendían.

Gen sabía cuándo Senku necesitaba silencio y cuándo podía distraerlo. Senku reconocía cada una de las sonrisas del omega y distinguía sin esfuerzo cuándo fingía estar contento. Gen podía convencerlo de comer con una sola mirada. Senku conseguía hacer que Gen abandonara una reunión social antes de sentirse exhausto sin obligarlo a admitir que necesitaba escapar.

No discutían sus límites, simplemente los conocían.

—Esto no es normal —declaró Kohaku una tarde, observándolos desde el otro extremo de la biblioteca.

Gen estaba dormido con la cabeza apoyada sobre el hombro de Senku. Una de sus manos descansaba en el brazo del alfa y sus feromonas dulces llenaban el rincón que compartían, Senku leía tranquilamente y cada vez que pasaba una página, lo hacía con lentitud para no despertarlo.

—Se conocieron hace dos meses —murmuró Chrome con desconcierto—. Taiju y yo conocemos a Senku desde niños y jamás me ha permitido dormir sobre él.

—¡A mí me empujó al suelo la última vez que lo intenté! —recordó Taiju con dolor

Ryusui contempló a la pareja con una sonrisa satisfecha.

—Su compatibilidad es magnífica —aseguró con entusiasmo—. Desde el instante en que se vieron, encajaron como dos piezas fabricadas para encontrarse.

—Ellos no parecen haberse dado cuenta —señaló Yuzuriha con suavidad.

Era eso lo que más los desconcertaba, Senku y Gen no actuaban como dos personas que estuvieran descubriendo una cercanía especial. No se sorprendían cuando sus manos se encontraban ni parecían avergonzarse de la intimidad con la que compartían todo. Para ellos era normal.

Gen se había pegado a Senku desde el primer momento porque quería hacerlo y Senku lo había dejado quedarse porque nunca se le ocurrió que Gen pudiera pertenecer a otro lugar. La excepción había nacido al mismo tiempo que ellos se conocieron, y ninguno consideró necesario darle un nombre.

El misterio de las feromonas continuó persiguiendo a sus amigos, Gen tenía el aroma más fuerte de todo el colegio. Sus bloqueadores apenas conseguían contenerlo y cualquier emoción intensa hacía que la dulzura se expandiera por los pasillos.

Cuando se reía, las feromonas adquirían una calidez efervescente. Cuando se enfadaba, el dulzor se volvía tan denso que incluso algunos alfas preferían apartarse. Cuando se sentía triste, su aroma perdía brillo y quedaba suspendido alrededor de él como azúcar disuelta en agua fría.

Senku reconocía todos aquellos cambios.

—Estás cansado —comentó una mañana con seriedad, cerrando el libro que Gen intentaba leer.

—Estoy perfectamente —respondió Gen con una sonrisa despreocupada, aunque tenía los ojos ligeramente apagados.

—Tus feromonas descendieron un diecisiete por ciento desde que llegaste.

—¿Ahora también calculas mi aroma?

—No necesito calcularlo. Es evidente.

Senku guardó los libros de Gen dentro de su propia mochila y se puso de pie.

—Vamos a la enfermería —ordenó con una firmeza tranquila.

—No estoy enfermo, Senku-chan.

—Entonces podrás descansar allí sin desperdiciar recursos médicos.

Gen soltó una risa y se levantó, no discutió. Tomó la mano que Senku le ofrecía y permitió que lo guiara fuera del salón. Los cinco amigos los vieron marcharse.

—Puede identificar el estado de ánimo de Gen por sus feromonas —murmuró Yuzuriha, conmovida.

—Pero continúa quejándose si cualquiera de nosotros utiliza un champú diferente —añadió Chrome con indignación.

—Tal vez el aroma de Gen le gusta —sugirió Taiju con una sonrisa esperanzada.

Todos lo miraron pues la idea era demasiado obvia. Esperaron hasta la hora del almuerzo, cuando Gen se encontraba prácticamente sentado contra el costado de Senku, y lo abordaron sin ninguna sutileza.

—Senku, ¿te gustan las feromonas de Gen? —preguntó Taiju con entusiasmo.

Senku levantó la mirada de sus apuntes.

—¿Qué clase de pregunta estúpida es esa? —respondió con extrañeza.

—Son las feromonas más fuertes de la escuela —explicó Chrome con impaciencia—. Todos podemos olerlas incluso cuando Gen está al otro lado del corredor, pero nunca te quejas.

Senku miró a Gen y Gen lo miró a él. Ninguno pareció comprender por qué sus amigos consideraban aquello importante.

—Su aroma no me molesta —contestó Senku con simpleza.

Los cinco esperaron una explicación más extensa pero no llegó.

—¿Por qué no? —insistió Kohaku con frustración.

—¿Cómo pretendes que lo sepa? —replicó Senku con indiferencia—. Solo no lo hace.

Gen sonrió, complacido, y apoyó la cabeza sobre el hombro del alfa. Senku permaneció en silencio durante unos segundos.

—Eso no convierte su aroma en agradable.

Senku frunció el ceño y Kohaku se cubrió el rostro con una mano. Chrome observó a Taiju como si esperara que él pudiera traducir lo que acababan de escuchar. Taiju parecía igual de perdido. Yuzuriha sonreía con una ternura cansada, mientras Ryusui disfrutaba de cada segundo.

—Están enamorados —sentenció Kohaku.

Senku y Gen volvieron la cabeza hacia ella.

—No —respondieron al mismo tiempo.

No se sonrojaron, ni se separaron. Lo negaban con tanta sinceridad que sus amigos no supieron qué responder.

Así transcurrieron sus años de colegio.

Cuando Gen olvidaba sus bloqueadores, Senku sacaba un paquete de emergencia de su mochila. Conocía las fechas aproximadas de sus ciclos, identificaba cualquier variación hormonal y lo acompañaba hasta casa antes de que comenzara a sentirse mal.

Gen, por su parte, llevaba comida al laboratorio, obligaba a Senku a descansar y conseguía que asistiera a celebraciones escolares que de otro modo habría evitado. Si Senku trabajaba hasta quedarse dormido sobre una mesa, Gen colocaba una chaqueta sobre sus hombros y se sentaba a vigilarlo.

En el festival cultural del penúltimo año, Gen convenció a Senku de acompañarlo a recorrer los puestos.

—Solo durante treinta minutos —advirtió Senku con resignación, permitiendo que Gen se aferrara a su brazo—. Después regresaré al laboratorio.

—Claro, Senku —aceptó Gen con inocencia fingida—. Treinta minutos.

Regresaron cuatro horas después. Gen llevaba un peluche que Senku había ganado para él, una bolsa de dulces y la chaqueta del alfa sobre los hombros. Senku cargaba todas sus compras y sostenía su mano para no perderlo entre la multitud.

—Estuvieron en una cita —señaló Chrome con agotamiento.

—Fue un recorrido de reconocimiento —corrigió Senku con seriedad.

—Senku necesitaba analizar las probabilidades de ganar en cada juego —añadió Gen con una sonrisa encantadora.

—¿Y el paseo en la rueda de la fortuna? —preguntó Yuzuriha, conteniendo una risa.

—Observación panorámica —respondieron ambos.

En el último año, un alfa de otra clase le confesó sus sentimientos a Gen frente a todos. Senku apareció antes de que Gen pudiera contestar. No dijo nada amenazante, pero se colocó a su lado y apoyó una mano firme sobre su cintura. Sus feromonas, normalmente casi imperceptibles, se extendieron en una advertencia fría.

El alfa se marchó poco después.

—Eso fueron celos —afirmó Kohaku con seguridad.

—Evaluación preventiva de riesgos —corrigió Senku con calma.

—¿Qué riesgo? —preguntó Chrome.

—No tenía buenas intenciones.

—Solo invitó a Gen a tomar un café.

—Precisamente.

Días más tarde, una omega intentó entregarle una carta a Senku. Gen apareció de la nada, se aferró a su brazo y liberó una oleada de feromonas tan dulces como intimidantes. La muchacha se disculpó y escapó.

—Eso también fueron celos —señaló Taiju con emoción.

—Instinto de protección entre amigos —explicó Gen con una sonrisa satisfecha.

—¿De qué estabas protegiéndolo? —preguntó Yuzuriha con paciencia.

—Ella no parecía interesada en la astrofísica. La conversación habría sido incómoda.

—Gen tiene razón —confirmó Senku.

Sus amigos dejaron de intentar comprenderlos. Para entonces, todo el colegio los consideraba pareja.

Los profesores siempre asignaban sus nombres juntos. Los estudiantes nuevos preguntaban cuánto tiempo llevaban saliendo. En el anuario fueron elegidos como «el matrimonio que todavía no se da cuenta». Incluso quienes no hablaban con ellos sabían que Gen Asagiri y Senku Ishigami llegaban juntos, almorzaban juntos y se marchaban juntos.

Ellos continuaban negándolo.

Pero todos sabían que estaban enamorados, todo el colegio lo había sabido durante años, los únicos que no parecían enterados eran Senku y Gen. Y, finalmente, sus amigos comprendieron que no podían hacer nada al respecto.

Tendrían que esperar a que ellos mismos lo notaran, aunque ninguno conservaba demasiadas esperanzas.