Work Text:
Hirose se encontraba caminando por la calle en aquellos momentos, con la mirada perdida en sus apuntes de pedagogía y los auriculares en los oídos. Quién diría que, con 20 años, se encontraría luchando con una de las materias más importantes para su carrera como educador.
Quién diría que, en realidad, educar no le parecía tan emocionante como alguna vez había creído. Su inspiración, el profesor Otogiri de la secundaria, había despertado en él las ganas de ser como él, de convertirse en ese profesor que los jóvenes necesitaban para no caer en el mal camino. Sin embargo, ahora que estaba recorriendo aquel camino, algo en su interior no terminaba de sentirse lleno.
A veces aquellos pensamientos le daban ganas de abandonar, pero no se atrevía a hacerlo porque no sabía qué otra cosa podía gustarle además de ayudar a los demás.
Por suerte, su canción favorita en los auriculares logró sacarlo de aquellos pensamientos y también de sus apuntes, pues aquella canción de Aquapet siempre tenía que cantarla a todo pulmón.
Llevaba siguiendo a la banda desde la secundaria y esa canción en específico era su favorita. La dejó pasar mientras guardaba sus apuntes y miraba alrededor de la calle. No había nadie por allí, por lo que pudo darse el lujo de hacer algo que solo hacía cuando estaba solo.
Hacer el tonto.
Tomó su teléfono para volver la canción al principio, subió el volumen al máximo para reventarse los oídos y empezó a cantar.
𝙇𝙡𝙚𝙫𝙤 𝙙𝙞𝙖𝙨 𝙚𝙨𝙥𝙚𝙧𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙮 𝙣𝙤 𝙨𝙚 𝙗𝙞𝙚𝙣 𝙖 𝙦𝙪𝙚
Si no sé nada tuyo
Subo historias, aunque sé que no las vas a ver (uff, qué duro)
Ya sé lo que hablamos
Si es por mi bien no ha funcionado
Aunque intenté estar ocupado
Yo te juro que estoy harto de no llamarte
Tener que alejarme por este contacto cero
Harto de solo pensarte, tener que evitarte
Mientras que por ti me muero
Harto de no acostumbrarme a no poder besarte
Ya sé que lo hablamos, pero no sabía las reglas del juego
Maldito contacto 𝙘𝙚𝙧𝙤 (𝙫𝙖𝙡𝙚, 𝙫𝙖𝙡𝙚, ¿𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙥𝙖𝙨𝙤?
Mientras cantaba, Hirose comenzó a moverse siguiendo una coreografía completamente inventada. Cuando la canción disminuía el ritmo, él también bajaba la intensidad de sus movimientos, pero en cuanto volvía a subir, continuaba con la misma energía.
𝙎𝙚 𝙖𝙘𝙖𝙗𝙤 𝙚𝙨𝙩𝙖 𝙧𝙚𝙡𝙖𝙘𝙞𝙤𝙣 𝙥𝙤𝙧 𝙖𝙡𝙜𝙤 𝙢𝙖𝙡𝙤
Por lo bueno estas cosas no se terminan
Pero llevamos semanas sin contacto
Y lo malo es lo único que se me olvida
Y se suponía que si día a día
No hablaba contigo tus fotos no las veía
Se me pasaría, pero este contacto cero
Solo me recuerda lo que yo te echo de menos
Yo te juro que estoy harto de no llamarte
Tener que alejarme por este contacto cero
Harto de solo pensarte, tener que evitarte
Mientras que por ti me muero
Harto de no acostumbrarme a no poder besarte
Ya sé que lo hablamos, pero no sabía las reglas del juego
𝙈𝙖𝙡𝙙𝙞𝙩𝙤 𝙘𝙤𝙣𝙩𝙖𝙘𝙩𝙤 𝙘𝙚𝙧𝙤.
A medida que avanzaba la canción, su voz también aumentaba. Ya no se preocupaba por afinar ni por contenerse; simplemente disfrutaba de cantar a todo pulmón, dejando que la pasión de la canción se apoderara de él, especialmente durante el coro.
𝘿𝙞𝙚𝙯 𝙢𝙚𝙨𝙚𝙨, 𝙣𝙪𝙚𝙫𝙚 𝙗𝙚𝙨𝙤𝙨, 𝙤𝙘𝙝𝙤 𝙛𝙤𝙩𝙤𝙨
Siete vidas, seis mentiras, cinco heridas, cuatro, tres, dos, uno, cero
Yo ya es que pienso que soy tóxico
¡Es que lo eres!
¡Que estoy harto de no llamarte!
Tener que alejarme por este contacto cero
Harto de solo pensarte, tener que evitarte
Mientras que por ti me muero
Harto de no acostumbrarme a no poder besarte
Ya sé que lo hablamos, pero no sabía las reglas del juego
𝙈𝙖𝙡𝙙𝙞𝙩𝙤 𝙘𝙤𝙣𝙩𝙖𝙘𝙩𝙤 𝙘𝙚𝙧𝙤
Esa última parte de la canción la vivió con gritos desgarradores que, sorprendentemente para cualquiera, seguían siendo afinados aunque el chico no lo intentara. Hirose estaba demasiado ocupado viviendo las emociones de aquella canción como para preocuparse por las personas que pudieran escucharlo.
Por eso, cuando terminó y bajó el volumen de su música, se sorprendió al escuchar aplausos y miró hacia el lugar de donde provenían.
Era un callejón, donde un hombre vestido de colores cálidos, pero cuyo rostro estaba oculto bajo un cubrebocas, lentes de sol y una gorra, le aplaudía con entusiasmo. Hirose sintió cómo sus mejillas se sonrojaron al verlo acercarse mientras se quitaba los auriculares.
—Disculpe… no quería incomodar. Pensé que… que no había nadie por la calle.
—No me has incomodado, pero se te escuchaba desde hace 50 metros y me entretuvo tu espectáculo, eres muy bueno cantando.
—Gra-gracias, supongo.
El hombre empezó a caminar mientras le hacía una seña al castaño para que le siguiera. Tal vez fue la intriga o la curiosidad, o el hecho de que la figura de la ropa se le hacía conocida, pero le siguió durante unos metros.
—¿No has pensado en ser cantante?
—La verdad no, estoy estudiando para ser profesor de historia.
—¿Y te hace sentir lleno?
Aiki miró hacía el piso, no podía responder de forma afirmativa a eso, pero decir que no sería demostrar algo que intentaba negarse.
—¿Que te gustaria?
—¿Eh?
Sólo entonces notó que se encontraban en frente de una cafetería que ofrece café de paso, miro al hombre con atención antes de pedir un latte caliente, era algo tarde para tomar café solo. El hombre pidió un vaso de café para él y mientras esperaban, soltó una frase que le caló hondo.
—Deberías intentar en la música, podría irte bien.
Hirose quedó algo sorprendido por eso, jamás se lo había siquiera imaginado.
Cantar era algo que le gustaba hacer solo por hobbie, sentir la música siempre había sido algo de su interior únicamente, ni siquiera cantaba en público cuando era consciente de que había mucha gente alrededor.
—¿Por qué lo dice?
Su duda fue muy genuina, tomando el vaso que le ofrecieron cuando estuvo listo el pedido, caminando junto al hombre unos pasos más.
—Porque lo presiento ¿me prestarías un cuaderno y un bolígrafo?
Las palabras del hombre le tomó por sorpresa, pero no se permitió negarse, algo en esa persona le generaba curiosidad.
Aiki le entregó su latte y sacó rápidamente de su mochila uno de sus cuadernos de apuntes, entregándolo abierto en la última página para que no arruinará sus apuntes.
El hombre le entregó los vasos para poder escribir en el cuaderno, quitándose de paso el cubrebocas y las gafas de sol, dejando a Aiki congelado.
Era… no… no podía ser.
Pudo ver cómo el hombre inspeccionaba un poco su cuaderno, buscando algo y cuando por fin lo encontró, empezó a escribir en esa última hoja, mientras Aiki seguía petrificado.
Después de escribir aquello le entregó el cuaderno, tomando su café antes de dedicarle a Aiki una sonrisa más hermosa que la que se podía ver en sus videos musicales.
—Espero pienses lo que te dije, adiós.
Y sin más el hombre se volvió a poner las gafas, tomando su café con tranquilidad, dejando a Aiki ahí, aún completamente sorprendido.
Con un pequeño temblor en el cuerpo vio la hoja que fue escrita, notando por fin que todo lo que había vivido era… real.
“Para Aiki, con cariño. Cantaste muy bonito mi canción, gracias. Souta Aizawa.”
Dios ¡SE HABÍA TOPADO CON SU CANTANTE FAVORITO!
Su cantante favorito, perteneciente a la banda que le gustaba desde los 15 años, le había invitado a un café.
Su… su cantante favorito le dijo que pensara si quería ser cantante. Le había dicho que cantaba bien. Había escrito que cantaba bonito.
