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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-08-16
Updated:
2026-09-02
Words:
9,728
Chapters:
3/?
Comments:
3
Kudos:
12
Hits:
307

Sentimientos contenidos

Summary:

Mikel Oyarzabal se queda hasta tarde sin poder dormir. En un arrebato de nostalgia mientras mira en su teléfono fotografías antiguas, decide escribirle una carta a Unai Simón para recordar tiempos felices.

Notes:

Holaaa, este es mi primer fic así que cualquier consejo o crítica constructiva será bien recibida y perdonarme si hay alguna falta de ortografía. Este capítulo está inspirado por la canción "20 de abril" de Celtas Cortos, si no la has escuchado antes te recomiendo escucharla para una mejor experiencia al leer. Sin más que decir espero que os guste ♡

Os dejo el link de la canción
https://youtu.be/sMvPN3349og?is=122qnZOoxv8vmwTh

Chapter 1: 19 de julio del 26

Chapter Text

Oyarzabal se encontraba en la soledad de su habitación, despierto y con cansancio a su vez. Lo único que se escuchaba allí eran las manecillas moverse del reloj de pared que tenía frente a su cama que marcaban las 3:47 de la madrugada. Mikel, rendido ante el sueño que tenía y que no conseguía conciliar —además de cansado de dar vueltas una y otra vez en su cama— se decidió por agarrar su teléfono de la mesilla de noche y mirar su móvil un rato para ver si esto lo agotaba y se dormía de una vez por todas. Al desbloquear su móvil se abrumó y no supo qué aplicación abrir, acto seguido se metió en la galería ya que no quería meterse a Instagram y así entrar en un bucle infinito de reels, fue bajando progresivamente y el ver tantos buenos recuerdos entre viajes, su familia, amigos, sus últimos años de carrera en la Real Sociedad y su tierra, provocó en él una sonrisa que se escapó sin permiso del guipuzcoano. Deslizó tanto que llegó al año 2026 y se topó con una fecha muy especial, 19 de julio, día en que junto a sus compañeros de entonces de la selección española de fútbol se llevaron el trofeo del mundial a casa. Una de aquellas tantísimas fotos que se hicieron ese día era un selfie de Unai y Mikel con el trofeo, Mikel le daba un beso al trofeo y Unai uno a él en la mejilla. Al ver de nuevo esa foto tras tantos años al de Eibar le provocó un estallido de emociones que llevaba sin sentir mucho tiempo, una mezcla de melancolía, cariño y tristeza. Y a medida que bajaba aún más la melancolía le consumía más de lo que ya lo había hecho. Esto irremediablemente le trajo recuerdos de cuando Unai era su compañero de vida hasta que la muerte los separe, o eso mismo pensaba él hace unos años “Unai, maitia…” pronunció en un susurro cargado de tristeza que no pudo evitar decirlo ni guardarlo para sí mismo a pesar de estar completamente solo en aquella habitación, como si alguien pudiera escuchar aquellas palabras que llevaba años sin pronunciar.

Unai, su Unai a quien hace años podía llamar así frente a los suyos, para Mikel supuso un pilar importantísimo durante muchos años, se conocían desde jóvenes, pero una vez más crecidos ese sentimiento de amistad cambió en ambos a uno mucho más profundo. Decidieron estar juntos a pesar de no vivir en la misma ciudad o el miedo al qué dirán debido a la homofobia que existe en el mundo del fútbol. Pero la rutina tan distinta y la dudas e incertidumbre que le causaba a Unai qué pasaría si se descubriera su verdadera relación acabó con una pelea entre ellos dos acordando su ruptura y su más estricta relación profesional en cuestiones de rivalidad y compañerismo en la selección hasta lo que les quedase a ambos de carrera. Y así fue durante unos años hasta que Mikel Oyarzabal anunció su retirada en una rueda de prensa. Sin embargo, sabía que el vitoriano seguía como portero en el Athletic de Bilbao a pesar de tener la misma edad que Mikel ya que lo ha podido ver en ocasiones en la lejanía de la solitaria portería cuando ha habido derbi en Anoeta. El de Eibar se incorporó y se quedó pensativo mirando el reloj viendo como las manecillas se movían y se oía el sonido característico de este tipo de relojes al compás del movimiento, el tiempo pasaba y las manecillas del reloj se movían irremediablemente, fue en aquel instante cuando entendió su problema, el tiempo. La cantidad de tiempo que había pasado sin saber de él, sin cruzar ni una sola palabra con Unai Simón en años por el enfriamiento de una relación que acabó de manera consensuada y que sin embargo, seguía habiendo un hilo tensado entre ellos dos cuando interactuaban las pocas veces que intercambiaban alguna palabra, miradas o gestos y que además tampoco se daba Mikel ese capricho de hablar de más con él por miedo a cómo podría reaccionar teniendo en cuenta el pacto que hicieron, ya que muy en el fondo le lastimaba estar con Unai así tras haber finalizado su relación, escocía el observar que cuando sus miradas se cruzaban le mostraba ese semblante serio que antes no le dedicaba a él. Entonces, en un arranque de nostalgia y una decisión tomada en caliente algo no muy común en él teniendo en cuenta su personalidad reservada y pensativa antes de actuar, igual creyó que sería buena idea mandarle la foto de ellos dos para recordar buenos tiempos. Salió de la galería de fotos de su teléfono y buscó entre sus contactos el número de teléfono de Unai, pero tras un rato de búsqueda no lo encontraba por ninguna parte, ni siquiera parecía tenerlo agregado por su nombre al buscar en la “U”. En ese instante recordó que eliminó su número de teléfono cuando anunció su retirada y salió del grupo de Whatsapp de la selección, y la verdad tenía demasiado orgullo y en parte le daba vergüenza pedir su número de teléfono a algún antiguo compañero como a Merino o a Zubimendi con quienes ha mantenido mayor contacto esto últimos años y no quería que pensasen que iba a arrastrarse para volver con su ex después de tantos años, porque no iba a ser así por el simple hecho de querer romper ese silencio entre ellos dos quienes en un pasado eran inseparables, o eso se repetía a sí mismo Oyarzabal en su mente una y otra vez. Por lo que no tuvo alternativa y sabía bien que solo le quedaba una forma de hacérsela llegar, solo lo conseguiría si le escribía una carta de su puño y letra, a la antigua usanza. “A la mierda un horario de sueño regular.” Pensó para sí mismo, acto seguido se levantó de su cama y buscó entre los cajones de su escritorio papel en blanco tamaño A5 y un bolígrafo de tinta azul para, aunque sea, no mandarle solo la foto. Mikel se sentó en la silla que hay junto a su escritorio, miró por un momento el papel en blanco y acto seguido el bolígrafo hasta entrar en un bucle de mirar unas cuantas veces la hoja y el bolígrafo. Estuvo un buen rato pasmado, mirando a la nada y resopló, es entonces cuando volvió a escuchar el tic tac de las manecillas del reloj anunciándole que cada vez era más tarde. Si bien es cierto que Oyarzabal era una persona que no se abría con facilidad a los demás, con Unai lo había sentido todo, además le depositaba en él una confianza de poder decir sin escrúpulos todo lo que sentía ya que había sido su confidente durante muchos años, su hogar, su refugio y su lugar seguro hecho persona, persona con la que no era el dueño de sus emociones y el corazón no obedecía ya que con él le resultaba imposible cerrarse. Sin embargo, sin ningún tipo de explicación, no sabía cómo enfrentarse al papel en blanco, tantos años de silencio, de soledad, de no recordar su reconfortante calidez al abrazarle ni muchas cosas que hacían que lo conociera como nadie a su amado Unai. Se mojó los labios, pensativo de forma que misteriosamente las musas acudieran a él para guiarle de la forma en la que empezar una carta para alguien tan cercano y tal lejano a la vez, en un momento de lucidez de madrugada tras veinte minutos de reflexión, se le ocurrió empezar con la fecha de la fotografía y comenzó así a escribir “19 de julio del 26. Hola maitia ¿cómo estás?”. Todo esto lo escribía y a la vez lo susurraba, como si estuviera pensando en alto. Paró unos segundos para pensar cómo continuar la carta y siguió escribiendo “¿te sorprende que te escriba? Tanto tiempo es normal.”, paró de escribir, pensando si era una buena idea seguir con lo que estaba escribiendo, si era una buena idea mandarle esta carta, abrir una herida cerrada. La mente de Mikel se llenó de dudas en cuestión de segundos “¿Y si recibe la carta y la tira?” “¿Y si decide odiarme por mandarle esta carta y hacerle recordar el pasado?” “¿Y si tiene en su vida a otra persona? ¿podría esto afectar su relación con ella?” “¿Y si cree que quiero volver con él?”, ese último pensamiento se le borró de inmediato ya que le parecía ridículo, aunque su cuerpo reflejaba esa ansiedad causada por ese bombardeo interno de preguntas sin respuesta, la mano con la que sujetaba el bolígrafo le empezó a temblar, no sabía por qué estaba tan nervioso con la de años que han pasado desde aquel entonces, realmente era por eso, los años pasados sin mirarse. Tras respirar hondo varias veces y pensar de manera fría decidió seguir, para romper ese silencio entre ellos dos, para recordar tiempos felices y dar un poco de paz a su corazón si es que el vitorense respondía de alguna forma afectuosa y de algún modo enterrar el hacha de guerra, en caso de no recibir respuesta, la relación, si es que quedaba algún rastro de ella, seguiría igual y no volvería a intentar contactar con él, solo podría de alguna forma desestabilizar a Mikel y fuese en caso de que Unai le escribiera una carta dando a entender la desaprobación de sus actos, aunque siendo sincero, dudaba mucho de que esa posibilidad existiera sabiendo como es él. Siguió con la carta esta vez sin duda alguna, aunque aún con la mano temblorosa pudo seguir escribiendo “Pues es que estaba aquí solo y me había puesto recordar,”. Mikel lo escribió de modo que esa carta fuese una excusa creíble para mandarla y no guardarla en un cajón bajo llave o eso pensó, prosiguió escribiendo la carta “me entró la melancolía y te tenía que hablar y mandar esta foto.” Una lágrima rebelde se escapó sin permiso de su ojo izquierdo lo que terminó manchando el papel.

—Mierda. —Maldijo en voz alta y miró donde había caído la lágrima, para su suerte no se había expandido la tinta por lo que continuó escribiendo.

“¿Recuerdas aquella tarde en Nueva York? Las risas que nos hacíamos antes todos juntos en el autobús de camino a Cibeles, hoy ya no queda casi nadie de los de antes en la selección.” Solo de escribirlo le salía una sonrisa al recordar ese día lleno de euforia, alcohol, fiesta y mucha alegría a pesar del cansancio tras el vuelo. “Pero bueno, dejemos de hablar de mí, ¿tú qué tal? Dí, lo mismo hasta tienes pareja.” esto último lo escribió con recelo, pero por saber no pierde nada. “¿Qué tal te va con el Athletic? Espero que bien. La verdad es que estoy como siempre, aquí retirado. El fútbol no me cansará nunca, pero me encuentro un poco vacío a decir verdad.” Mikel sabía que se estaba abriendo demasiado a una persona que llevaba años sin ver, pero era Unai, la persona a la cual le contaba todo y a quien un día le confió su corazón. Además su esperanza era más bien poca en que le llegase una respuesta, por ende podía poner lo que quisiera en cierto modo y desahogarse un poco de esa forma. “¿Recuerdas aquel día en que tras ver a nuestras familias fuimos a cenar a tu restaurante favorito para celebrar nosotros la victoria?, acabamos mirando las estrellas juntos.” Termina de escribir este párrafo y decide que es suficiente hurgar en el pasado por lo que decide despedirse. “Bueno, pues ya me despido, si te apetece me contestas. Espero que mis palabras desordenen tu conciencia y te traiga buenos recuerdos. Pues nada Unai, lo dicho, hasta pronto si me escribes. Yo seguiré aquí y tu sigue con tus sueños. Con afecto, Mikel.” De nuevo las lágrimas brotan de los ojos de Oyarzabal pero no manchan el papel esta vez de milagro ya que posa a tiempo sus manos sobre sus ojos húmedos y rojos de llorar. Se termina de secar las pocas lágrimas que le quedaban en la cuenca de sus ojos provocando una leve herida que enrojece el final de ambos ojos, coloca la carta encima del escritorio decidido mañana a mandarla junto a la foto impresa en papel fotográfico. Se levantó de la silla que había junto a su escritorio y se tumbó en su cama enrollándose entre las sábanas un poco más aliviado por volcar en aquella carta todo lo que tenía enfrascado tanto tiempo dentro de su corazón y en su conciencia. Él sabía que de alguna forma tarde o temprano aquello explotaría si no lo comunicaba de alguna forma, por lo menos con esa carta consiguió quitarse una espina que llevaba mucho tiempo clavada, ya que esa carta era sobre todo para sanar su corazón. Mikel cerró los ojos contento, al fin tras mucho tiempo, podía dormir con tranquilidad, sin tener que pasar las noches en vela privándose mucho tiempo de dormir esperando un tren que no volverá a pasar. Al fin ignoró aquel dichoso tic tac del reloj haciéndole partícipe de cómo se le escapaba el tiempo y la vida de sus manos, por una vez en muchos años, esa sensación se esfumó y ese tren que ya pasó no le atormentó.