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Después de la tormenta

Summary:

Una tormenta inesperada y un salón de clases vacío hacen que Nakamura crea que solo le espera una aburrida tarde de lluvia, sin embargo, todo cambia cuando Hirose aparece y entre conversaciones sacan a la luz recuerdos, miradas y señales difíciles de ignorar.

Con el mal tiempo perdiendo fuerza, Nakamura se enfrenta a una cuenta regresiva: confesar lo que siente antes de que sea tarde, o guardar el secreto para siempre.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Nakamura Okuto se contaba entre los que encuentran cierto encanto en los días lluviosos, pero ahora mismo no podía hacer más que maldecir la tormenta creciente que azotaba fuera de su escuela.

Justo ese día olvidó su paraguas, se le había hecho tarde debido a que su querido pulpo, Icchan, decidió escaparse en la mañana antes de darle el desayuno, lo buscó por toda su habitación hasta encontrarlo, teniendo como resultado que el pelinegro saliera corriendo de su casa por el atraso descomunal que llevaba.

Para colmo al final de las clases todos sus compañeros ya se habían marchado, él tuvo la desgracia de quedarse debido a que el profesor Otogiri le pidió llevar unos archivos a la sala de profesores.

No tuvo otra opción más que suspirar pesadamente y dirigirse a pasos lentos hacía su salón de clases, mínimo quería pasar el tiempo sentado leyendo el nuevo volumen de Love Bento.

Al llegar al salón, lo encontró vacío para su suerte, había visto otros salones donde varios alumnos, se habían quedado atrapados por la lluvia igual que él. Cruzó la puerta e inmediatamente la cerró para caminar hasta su sitio y se dispuso a sacar el tomo de su mochila, aprovecharía para leer con la lluvia de fondo.

Pasaron menos de diez minutos cuando escuchó unos pasos dirigirse hacía la puerta del salón, esto alertó a Nakamura y alcanzó a guardar inmediatamente su “biblia” antes de que aquel intruso apareciera.

Apenas y pudo reaccionar cuando descubrió de quién se trataba; su compañero Hirose Aiki, o mejor dicho, el chico de sus sueños.

Llevaba enamorado de él desde hace un año, para su fortuna habían logrado entablar una pequeña amistad, y eso hacía que Nakamura estuviera orgulloso, aunque internamente nunca se conformaría.

—¡Oh! ¿Tú también sigues aquí Nakamura?. —inició el castaño con curiosidad, a los ojos de Nakamura se veía más que perfecto.

—Ah…sí…el profesor Otogiri me encargó unas cosas y la tormenta comenzó justo antes de poder irme. —Nakamura intentó disimular el nervio de siempre que le provocaba ver a Hirose. Y más en esta ocasión, estaban a solas.

—Ya veo…por mi parte el comité de salud me tuvo prisionero todo este tiempo, justo por la temporada de bajas temperaturas quieren tomar medidas para prevenir resfriados. —Comentó Hirose con un cansancio evidente. —¿No te molesta si te hago compañía? Es muy aburrido estar solo con este clima.

—Claro, no pensaba hacer nada en especial. —Mintió Nakamura, se moría por terminar el nuevo volumen de su manga, pero en estos momentos su Hirose era más importante, merecía toda su atención.

—Entonces me sentaré aquí. —Dijo mientras ocupaba el pupitre que estaba frente al pelinegro. —¿A ti te gusta la lluvía?, a mí me encanta, en especial la idea de saltar en los charcos que se forman después.

—En lo personal, me resulta relajante; siento que es más fácil dormir en las noches lluviosas, además es agradable ver llover a través de la ventana de mi habitación.

Aunque fuera sorprendente, en los últimos meses las habilidades sociales del pelinegro habían mejorado un poco gracias a Hirose, por fin podía decir más de tres palabras sin morir en el intento.

—Suena bien, tienes buenos gustos Nakamura.

Nakamura al oír aquel comentario no pudo evitar un leve sonrojo, sobraba decir que adoraba cualquier cumplido que viniera de parte de su Hirose, lo único que pudo demostrar fue una risa casi audible.

Por otro lado, para desgracia del pelinegro seguía quedándose sin muchos temas de conversación con su amado, quería preguntarle miles de cosas, pero sus miedos internos aún no lograban disiparse del todo, así que se limitó a observar la tempestad que seguía fuera del edificio.

—Oye, nunca te he preguntado, pero, ¿qué música sueles escuchar?. —Hirose rompió el silencio mientras rebuscaba algo en su mochila.

El contrario se sobresaltó ante esa pregunta, si bien era cierto que leer era su pasatiempo favorito, en algunas ocasiones se pasaba las noches soñando despierto con música de fondo mientras se encontraba en su cama.

Estuvo a punto de mentirle o buscar cualquier respuesta desesperada para intentar parecerle aún más genial al chico, pero descartó de inmediato esa idea de su mente, a pesar de todo él nunca podría mentirle a Hirose.

—En realidad, no tengo una banda preferida como en tu caso, suelo escuchar city pop y música de videojuegos —Musitó Nakamura ligeramente avergonzado.

Se esperaba cualquier respuesta ofensiva que lo haría perder todo su progreso de amistad, pero en lugar de eso, escuchó una risa divertida venir de Hirose.

—¡Lo sospechaba!, no te ofendas pero siempre había pensado que no eras de los que tienen un género de música preferido, y desde hace un tiempo he estado reuniendo algunas canciones para mostrarte —Dijo para finalmente sacar un pequeño reproductor mp3 color escarlata junto con unos audífonos de cable.

Nakamura no pudo evitar sentir como el corazón le daba un vuelco tan brusco, sentía que podía desmayarse en cualquier momento. El solo pensar que Hirose estuvo quién sabe cuánto tiempo seleccionando música que podría gustarle a él, lo hacía sentir tan especial.

—Eres muy amable, ¡no debiste molestarte! —exclamó Nakamura intentando disimular su emoción.

—Tonterías, eres muy relevante para mí, además estuve ahorrando mucho para comprarlo, estos reproductores son lo más nuevo del mercado. —sentenció Hirose para encender su reproductor.

El pelinegro pudo visualizar el menú principal del dispositivo, era de tonos azules con leves burbujas verdes. Hirose empezó a buscar entre sus carpetas de música hasta encontrar una en específico que tenía una “N”.

—Espero que sean de tu agrado, intenté explorar otros géneros que me recordaran a ti.

Hirose se levantó del asiento para acercarse más a Nakamura, después prosiguió a colocarse un lado de los audífonos, y de la misma forma le dio a Nakamura el contrario.

Cuando llegó el momento de apretar el botón de “reproducir” Nakamura no pudo evitar tensarse, pero inmediatamente después intentó relajarse y apreciar la melodía que el castaño escogió para él.

Justamente tenía varias canciones estilo city-pop y J-pop, incluso había añadido algunos sencillos de Aquapet, la banda favorita de su Hirose.

Pasaron casi una hora entera escuchando música, Hirose de vez en cuando cantaba en voz baja y se movía al ritmo de las canciones, esto le parecía sumamente tierno al pelinegro, que no pudo evitar esbozar una sonrisa.

Nakamura creyó que la lista de reproducción había terminado, cuando una canción en particular empezó a sonar, le dio un vistazo rápido a la pantalla del reproductor y visualizó el título; “Staring” de la banda “Tipling Rock”.

No pudo evitar darse cuenta del nerviosismo que Hirose demostró en los primeros segundos de la canción, pero el castaño inmediatamente intentó disimular poniendo un semblante un poco serio, mientras desviaba la mirada hacía el ventanal empapado de la lluvia que seguía en su punto.

Para desgracia del pelinegro, aún no era un perfecto traductor en cuanto a inglés se refiere, pero hubo unas partes de la letra que pudo darles sentido, y eso bastó para sembrar una pequeña duda en su mente.

«Esto es una canción de amor, no hay duda de eso.»

Los segundos restantes de la canción Nakamura estuvo dándole mil vueltas a la letra, quizás era paranoia suya o algo por el estilo, no podía ser una canción romántica, además, era imposible que a Hirose le gustaran los chicos, ¿verdad?.

Al terminar la canción Hirose le puso pausa al reproductor y prosiguió a quitarse el auricular con un nerviosismo mal disimulado, pero aún así el pelinegro lo ignoró y pensó que eran imaginaciones suyas.

—Perdona si no está ordenada, solo fui añadiendo todo lo que me recordaba a ti —admitió mientras se acomodaba el pelo.

—Eh…es lo de menos, creeme. —Añadió rápidamente Nakamura en un intento de animar a Hirose. —Nunca nadie había hecho algo así por mí, me pareció perfecta. Incluso acertaste con algunas canciones que suelo escuchar.

—¡Woah! ¡¿Lo dices enserio?! —Exclamó Hirose con genuino asombro. —Me daba una ligera idea de lo que te podría gustar, pero nunca creí acercarme a la realidad.

—Sí, suelo escuchar city-pop cuando debo limpiar mi habitación o hacer los deberes.

—Eso es genial, aunque yo prefiero la música occidental, por eso mismo me encanta Aquapet.

Nakamura no pudo evitar esbozar una pequeña risa ante la ternura que le ocasionaba el castaño, después de eso se formó un silencio entre ambos, dejando de fondo el sonido de la lluvia.

—Gracias por tomarte el tiempo de hacer algo así por mí, nunca nadie se había molestado en eso… —murmuró un nostálgico Nakamura mientras desviaba la mirada con un gran sonrojo asomándose por sus mejillas.

—No es nada, como ya te había dicho; eres alguien muy importante para mí

—Me alegra mucho haberme atrevido a conocerte, si te soy honesto..desde la ceremonia de inicio de cursos había querido hablarte, pero soy demasiado torpe y siempre lo arruinaba

—¡Lo recuerdo! como la ocasión en dónde pisaste mi pañuelo —Hirose no pudo evitar dejar salir una risa estruendosa.

—Sí, cosas como esas…. —Nakamura se sentía demasiado avergonzado por recordar aquel suceso que lo hizo lamentarse toda una noche.

—Igual cuando ese pulpo te manchó toda la cara con su tinta ¡Te veías super gracioso!

—Lo imagino… —susurró con ganas de desaparecer en ese momento

—O cuando actuamos en esa obra extraña de Tamura, en serio al principio no te reconocí pero me alegra que hayas sido tú

—¿Enserio?, ¿Por qué lo dices?

—En los pocos ensayos que tuvimos, no lograba congeniar en escena con Kawamura. No me malinterpretes, pero hablo enserio cuando digo que es más fácil tratar con chicos.

—Ya veo… aunque yo tampoco fui muy bueno, apenas y pude pronunciar los monosílabos de mi personaje.

—No se notó, lo único que me desagradó fue la idiota de mi hermana; le dije que se fuera a casa pero según ella no se resistió a verme actuar.

—La comprendo en ese punto, tú igual actuaste muy bien, te veías decidido en cada diálogo.

—Gracias por pensar eso Nakamura, siempre me alegras. —Hirose le dedicó una amplia sonrisa que hizo saltar al corazón del contrario.

—También fue lindo el viaje a Yokohama… aunque al principio mis ganas de vomitar arruinaran un poco la experiencia.

—Tonterías, por ese suceso pudiste estar en nuestro grupo, creo que no me hubiera divertido tanto sin ti. Además gracias a ti pude ir a un acuario así, los de Tokio son muy distintos.

—Menos mal lo piensas así… a su modo no quería parecerte raro ni nada por el estilo

—Sabes que no, como te dije esa vez; tu gusto por los pulpos es igual a los amantes de los perros o gatos, y últimamente me he informado acerca de los cangrejos

—¡¿Enserio?!, ¿Has leído acerca de ellos? —Nakamura no pudo disimular su emoción.

—Sip, además he visto algunos documentales al respecto, son más interesantes de lo que creí, por ejemplo tienen una vista de casi 360 grados gracias a sus ojos en forma de pedúnculos.

—Es realmente impresionante, y me parecen de los animales marinos más hermosos...obviamente después de los pulpos, está claro. —Corrigió antes de que Hirose pudiera notar cualquier rastro de fascinación en sus palabras.

—Aunque después me debes contar más sobre los pulpos, tú eres el experto.

—Claro, estaré encantado de resolver todas tus dudas. —respondió Nakamura, esbozando una sonrisa tímida mientras sus dedos se apretaban contra la orilla de su uniforme.

Un nuevo silencio se instaló entre los dos, pero esta vez no se sentía incómodo. De fondo, el murmullo de la lluvia comenzaba a perder fuerza, señalando que la tormenta pronto llegaría a su fin y con ella, ese momento a solas que parecía congelado en el tiempo.

Nakamura miró a Hirose, quién ahora tenía la mirada fija en el reproductor de música entre sus manos, bajando por el menú por medio de los botones del aparato.

El pelinegro sintió un nudo opresivo en la garganta: pensar en la lista de canciones que Hirose había preparado especialmente para él, en cómo recordó cada pequeño desastre de su primer año, en el tiempo que pasó investigando sobre animales marinos solo para tener de qué hablar… todo pesaba en su pecho.

«Él ha hecho todo esto por mí…», pensó Nakamura, mientras el corazón le martillaba a un ritmo frenético. «Acaso…¿existe alguna posibilidad?, o quizás estoy confundiendo todo».

El pelinegro estaba experimentando una abrumadora ola de emociones en esos momentos, tenía miedo de cometer una estupidez, si eso pasaba quizás Hirose lo odiaría y perdería definitivamente cualquier contacto con él.

Aún así una pequeña esperanza se aferraba al pecho de Nakamura, algo dentro de sí mismo sentía que había una oportunidad, aunque sea una muy pequeña, y que valdría la pena afrontar el riesgo.

Estaba seguro de una cosa, amaba a Hirose Aiki con cada fibra de su ser, creía haberse conformado con ser su amigo, pero algo dentro de sí anhelaba cada vez más.

Después de esos instantes que parecieron eternos, tomó una de las decisiones más importantes de su corta vida.

«Si no se lo digo ahora, voy a arrepentirme toda la vida».

—Hirose… —llamó en un hilo de voz, casi temiendo romper el encanto.

El castaño alzó la vista de inmediato, encontrando los ojos de Nakamura, que esta vez no desviaron la mirada.

—Dime, ¿qué pasa?

—Todas las cosas que dijiste… la música, los recuerdos que hemos construido a lo largo de este tiempo, lo de los cangrejos… nadie nunca se había tomado el tiempo de hacer algo así por mí —articuló Nakamura con la voz entrecortada, apretando los puños sobre sus muslos mientras reunía hasta la última gota de valor. —La verdad es que…quizás te mentí un poco, y existe una razón por la que siempre quise hablarte desde la ceremonia de inicio, no era solo porque quisiera ser tu amigo.

Hirose parpadeó sorprendido ante el cambio de tono, pero no lo interrumpió. Se quedó en silencio, prestando absoluta atención al chico frente a él.

—Tú…tú me gustas mucho, más de lo que creí llegar a amar a alguien… todo de ti me fascina y como te dije una vez; tienes todos los encantos existentes y nunca cambiaré de opinión. ¡Eres mi mayor adoración Hirose! —soltó finalmente Nakamura, cerrando los ojos con fuerza como si esperara que un rayo lo partiera en dos allí mismo.

El silencio terminó eclipsando por completo el murmullo lejano de la llovizna. Nakamura mantuvo los ojos fuertemente cerrados durante varios segundos que se sintieron eternos, preparado para el inminente desastre: el cruel rechazo, una retirada de parte de Hirose o, peor aún, que su amistad se destruyera para siempre.

Sin embargo, no hubo nada de eso, solo el leve crujido de la silla de madera al moverse.

Lentamente, el pelinegro se atrevió a abrir un ojo.

Hirose seguía sentado frente a él, pero su expresión atónita se había transformado por completo. Tenía la boca ligeramente entreabierta y un sonrojo tan intenso cubriéndole todo el rostro, se atrevería a decir que rivalizaba directamente con el color escarlata de su reproductor MP3.

No pudo evitar observar como Hirose sostenía el pequeño dispositivo entre los dedos con tanta fuerza que parecía que iba a romperlo.

—Nakamura… tú… —articuló Hirose con un hilo de voz que se le quebró a la mitad. Desvió la mirada hacia la mesa, rascándose la mejilla de forma errática mientras intentaba procesar las palabras del contrario.

—¡L-lo siento! ¡Sé que es raro! —soltó Nakamura de golpe, entrando en pánico absoluto al ver la reacción del castaño. —No era mi intención incomodarte, ¡lo juro!. Sé que soy torpe, que a veces hago cosas extrañas y que probablemente no sea el tipo de persona con la que querrías…

—¡Espera, detente! —interrumpió Hirose alzando las manos en señal de que se detuviera, sobresaltando a Nakamura en el proceso.

Hirose exhaló una larga bocanada de aire para intentar recuperar la compostura, aunque el rubor en sus mejillas no cedía en lo absoluto. Miró directamente a los ojos del pelinegro, revelando una mezcla entre timidez y un alivio que jamás había mostrado antes.

—No es raro… para nada —murmuró Hirose, bajando la voz hasta casi convertirla en un susurro. —En primer lugar… la carpeta de música en el reproductor… no la hice solo porque quisiera ser un buen amigo.

Nakamura se congeló por completo. Su corazón dio un vuelco tan violento que creyó que se le saldría del pecho.

—¿Eh…?

—Si te soy sincero, nunca pensé en decírtelo —confesó Hirose, ocultando la mitad de su rostro tras su brazo al apoyarse en el pupitre. —Pensé que si te mostraba todas esas canciones, si me interesaba por las cosas que te gustan… tal vez algún día te darías cuenta de…lo mucho que me gustas.

Aquellas palabras flotaron en el aire, Nakamura se quedó de piedra, procesando el hecho de que la persona que había ocupado cada uno de sus sueños durante el último año estaba sintiendo exactamente lo mismo por él, cualquiera diría que estaba soñando.

—Yo… —Nakamura intentaba decir algo, lo que fuera, pero unas insistentes lágrimas empezaron a derramarse sin control.

El pelinegro pensó que iba desmayarse ahí mismo, pero de un momento a otro sintió la mano de Hirose tocando la suya, devolviéndole a la realidad.

—Tranquilo… perdóname a mí por soltarte todo eso de repente, es solo que nunca creí que estos sentimientos fueran correspondidos. —Hirose no pudo evitar desviar levemente la mirada.

—No, tu perdóname a mí, quizás fue un mal momento…quizás y-

Nakamura no pudo terminar la frase, debido a que el castaño se apresuró a taparle la boca, asustando al pelinegro.

—No sobrepienses, ya está hecho. Y todo está bien, así que no te agobies, por favor.

Nakamura dio un par de respiraciones profundas. Al ver que se tranquilizaba, Hirose retiró sus manos que aún se encontraban sobre los labios del mayor, aunque con una de ellas empezó a buscar suavemente los dedos de Nakamura para entrelazarlos con los suyos bajo la luz tenue del salón de clases.

—Gracias... —logró articular Nakamura en un hilo de voz, limpiándose las últimas lágrimas con la manga libre mientras sus mejillas ardían en un tono carmesí.

—¿Ves? Mucho mejor —dijo Hirose, regalándole una sonrisa tan cálida que pareció disipar de golpe todo el frío de la tormenta. Sin embargo, un matiz de nerviosismo aún se reflejaba en su mirada. —La verdad... sigo sin creérmelo del todo. Pensar que los dos estábamos sintiendo lo mismo y estábamos demasiado asustados para dar el primer paso...

—Yo creí que me odiarías o que te daría asco —Nakamura observó sus manos unidas con una mezcla de fascinación y temor a que el momento fuera un sueño inducido por las noches de desvelo. —Cada vez que intentaba acercarme a ti, terminaba haciendo un desastre.

—Esa era la mejor parte —interrumpió Hirose con una risita suave que hizo que a Nakamura le diera un vuelco el corazón. —Cada aparición tuya captaba toda mi atención, era imposible no fijarme en ti.

—La mayoría de cosas no salían como pensaba. —una excusa que salió de la nada para no quedar tan mal.

Hirose soltó una carcajada genuina, rompiendo por completo la tensión que quedaba en el ambiente. El sonido resonó en el aula vacía, acompañado por el suave repiqueteo de la lluvia que, afuera, comenzaba a ceder finalmente, dando paso a una luz dorada entre las nubes del atardecer.

—Mira, la lluvia al parecer se está disipando ¡Vámonos de aquí!

—Sí, vamos… —En menos de lo que Nakamura pudo captar, el castaño ya estaba caminando hacia la puerta. —¡Hirose, espérame!

El mencionado no pudo evitar dejar salir una pequeña risa nasal, acatando las órdenes de Nakamura, para después bajar y salir juntos del edificio.

Ambos caminaban bajo un cielo despejado. Nakamura ya no pensaba en el paraguas que había olvidado, ni en el retraso que le causó Icchan por la mañana, por primera vez en mucho tiempo, el pelinegro caminaba al lado del chico de sus sueños.

Un cómodo silencio estuvo presente durante dos calles, hasta que Hirose decidió romperlo.

—Entonces... ¿supongo que a partir de mañana ya no tenemos que actuar como simples compañeros de clase? —preguntó Hirose, inclinando un poco la cabeza mientras le daba un suave apretón a la mano de Nakamura.

—N-no… me gustaría mucho que no fuera así —El pelinegro reunió todo el valor que le quedaba para sostenerle la mirada, aunque ahora que lo pensaba aún faltaba algo muy importante, que no había captado hasta ahora.

Nakamura detuvo sus pasos, lo que dejó confundido a Hirose, el pelinegro se cuestionaba si solo le estaba dando vueltas al asunto, pero a estas alturas daba igual; ambos tenían sentimientos en común.

—Hirose… espero no sonar como un exagerado, pero créeme que si tuviera que elegir de nuevo entre todos los caminos y todas las coincidencias que me trajeron hasta aquí, elegiría reencontrarte mil veces más, y considero que no hay espacio en mi vida para dudas ni para medias tintas… te quiero con toda mi alma y por eso te haré esta pregunta.

El pelinegro dio el suspiro más grande que seguramente ha hecho en su vida, sus mejillas se encontraban teñidas de un lindo color carmín. —¿Me darías el privilegio de ser tu pareja?

Hirose parpadeó un par de veces, sorprendido por la determinación repentina del chico, antes de que una sonrisa deslumbrante se dibujara en su rostro.

—¡Por supuesto que sí, Nakamura!. —El castaño se lanzó a los brazos del pelinegro, soltando una risa de felicidad pura. Ese abrazo contenía toda la calidez que Nakamura había estado anhelando por meses.

El corazón del pelinegro latía con demasiada fuerza ante el contacto, sentía que en cualquier momento podría estallar, pero Hirose se apartó unos centímetros para darle un tierno beso en la mejilla.

—El próximo beso será en otro sitio. —Hirose se río de forma provocativa, haciendo el sonrojo de Nakamura aún más notorio.

—Estaré ansioso de recibirlo —El pelinegro estaba perdido en la mirada de Hirose.

—Vamos, aún faltan unas calles para separarnos. —Hirose agarró la mano de Nakamura para empezar a caminar.

Ambos caminaron varios metros hasta que llegó el momento de despedirse, ninguno tenía ganas de hacerlo pero ya era bastante tarde.

Se detuvieron en una esquina, y el castaño esbozó una amplia sonrisa.

—Te quiero, Okuto.

—Yo también… Aiki.

La calle se encontraba vacía para sorpresa del castaño, aún había una leve brisa que movía con suavidad los árboles de alrededor, el cielo se estaba tiñendo de un color dorado más intenso, incluso se estaba formando un arcoíris, un momento más perfecto no podía encontrar.

El de menor estatura rió un poco nervioso, pero no quería guardarse las ganas de cumplir lo que había prometido apenas unos minutos, se estiró sobre sus puntas acercándose a los labios del contrario, temía que el pelinegro se asustara pero para su sorpresa no fue así.

Nakamura correspondió a su primer beso, uno demasiado tranquilo pero no dejaba de tener un significado tan íntimo, para ambos esos instantes se sintieron como los más hermosos que habían experimentado.

Definitivamente les esperaba una vida llena de amor.

Notes:

Espero hayan disfrutado leer esta historia, después de tantos años de leer fanfics por fin me atreví a publicar algo y quise intentarlo con un one-shot, créanme que disfruté enormemente escribirlo.

Además adoro cualquier cosa que involucre a Nakamura y Hirose. (*'▽^)/

Intenté no forzar ni apresurar el acercamiento entre ambos, tampoco que resultara tedioso de leer, ¡si tienen alguna duda o sugerencia estaré encantada de leerla!

Puede que en el futuro publique algunas otras historias que tengo en borrador, estoy ansiosa por eso.

Muchísimas gracias por darle una oportunidad a esta historia.