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Manual de supervivencia para un divorciado cotizado

Summary:

—¡Carlos Ochoa! ¿Me quieres explicar porque hay un desconocido cocinando en el departamento en el que vive nuestro hijo?

—¡Acevedo, carajo! A-C-E-V-E-D-O ¡Nos divorciamos hace dos años, supéralo!

El plan de Carlos era simple: trabajar, ser independiente y criar al demonio de seis años que tiene por hijo, pero las cosas se le empiezan a salir de control cuando decide finalmente darle nuevamente una oportunidad al amor y empieza a salir con Raúl Rangel.

Ahora con un novio protector, un ex-esposo millonario que no acepta el divorcio y un hijo demasiado listo como para no aprovechar extorsionar a dos adultos desesperados por su aprobación... Definitivamente la paz en aquel departamento había llegado a su fin.

Chapter 1: Prólogo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

❝Porque sé

Que me espera algo mejor

Alguien que sepa darme amor

De ese que endulza la sal y hace que salga el sol❞

—Me voy; Julieta Venegas


El despacho del piso veintiocho olía exactamente como se sentía: frío, sintético, externo y superficial. El aroma a caoba encerada, aire acondicionado a diecinueve grados y honorarios legales que Carlos no tenía ni la mas mínima intención de pagar.

Sentado al otro lado de la mesa de cristal estaba aquel quien creyó que era el amor de su vida; Guillermo Ochoa parecía cualquier cosa menos un hombre al cual estaban a punto de quitarle el estado civil de casado, portaba la tranquilidad de quien está seguro trae las de ganar, o de quién cree que no tiene nada que perder.

pobre pendejo.

Con ese traje a la medida color carbón que le hacía proyectar ese control que siempre parecía tener en cualquier habitación a la que entraba, su cabello rizado y dos teléfonos de ultima generación boca arriba que no dejaban de sonar a pesar de la situación. No debería de ser ninguna sorpresa.

Carlos sintió su ojo izquierdo temblar, eso le hacia recordar exactamente porque estaban reunidos aquí. Cada cuarenta segundos la pantalla de uno de ellos se iluminaba con correos urgentes o llamadas de directivos que Memo silenciaba con un movimiento distraído del pulgar, como quien espanta una mosca.

— Todavía podemos romper esto y fingir que solo vinimos por asesoría fiscal ¿sabes?— dijo Memo, recargándose en el respaldo de piel con una sonrisa ladeada, esa que siempre solía usar en las ruedas de prensa cuando lo cuestionaban por sus decisiones operativas— Nadie tiene que enterarse, Carlitos.— Quizá en algún otro contexto ese apodo hubiera sido tierno, dulce incluso.

Acevedo le hubiera encantado reírse en su cara, pero ni siquiera parpadeó. Sostuvo entre sus dedos una pluma con el logo medio borrado de una farmacia de la esquina. Comparada con la pluma fuente dorada con la que Guillermo acababa de firmar la primera página sin siquiera leer con atención, parecía un chiste de mal gusto.

Pero a Carlos ya no le importaba, ya no.

—Página cuatro, Guillermo— Indicó el abogado mediador, aclarando la garganta con la incomodidad palpable de quien lleva más de dos horas atrapado entre un magnate de las telecomunicaciones y un diseñador con cara de no haber tenido una buena noche de sueño desde el 2024.— Solo faltaría que firme la clausula de bienes mancomunados.

Carlos esbozó una pequeña sonrisa mientras veía al abogado empujar el papel hacia al que pronto sería su ex-esposo.

Memo frunció el ceño apenas un milímetro mientras tomaba su pluma, pero no firmó de inmediato, es más, se inclinó sobre la mesa, buscando fijar la mirada en los ojos castaños de Carlos con esa intensidad suya tan teatral, tal acostumbrado a conseguir siempre lo que quería por puro cansancio del rival, y esbozó una sonrisita mientras finalmente firmaba.

—Seis meses— Soltó Memo en un murmullo bajo, casi intimo, ignorando completamente al abogado que tenía cara de preferir estar en cualquier lugar excepto ahí.— Te doy seis meses allá afuera. Vas a ver lo pesado que es pagar renta, lidiar con clientes imbéciles y cuidar a Gilberto tu solo. Y cuando te des cuenta que el mundo no es tan fácil y lindo como tú crees, la puerta de la casa va a seguir abierta. No te preocupes amor, que no te voy a guardar rencor. Te lo prometo.

Parecía que a Guillermo Ochoa se le olvidaba que la razón por la que se había casado con Carlos Acevedo no fue porque fuera una cara bonita ni porque fuera un pobre ingenuo, y el menor genuinamente quería reír. A alguien se le seguían olvidando las consecuencias de ser tan confiado y la importancia de leer las letras pequeñas.

Quizá en el pasado había sido justo ese exceso de seguridad lo había conquistado, su mirada café se mantuvo fija en la del rizado. Durante seis años, esa mezcla de arrogancia y exceso de confianza lo había mantenido orbitando alrededor de Memo, esperando migajas de tiempo libre entre juntas de consejo, viajes de negocios y llamadas a media noche, pero eso fue a sus veintidós, eso fue antes de tener a Gilberto.

Ahora, a sus veintiocho años, lo único que sentía al escucharlo era un profundo, liberador y bendito aburrimiento.

—Guarda tus apuestas y promesas para tus inversionistas, Guillermo.—Respondió Carlos con una calma tan gélida que descolocó al mayor— Gilberto tiene cuatro años. No necesita un papá que le compre dos triciclos y más zapatos de los que pueda usar; necesita a alguien en la mesa a la hora de la cena. Termina de firmar las otras copias de una vez, tengo que pasar por el a la guardería.

Memo solo bufó, soltando una risita incrédula que pretendía sonar divertida pero se podía sentir como el dolor se desbordaba de su máscara. Garabateó su nombre en la ultima hoja con un golpe seco.

—Eres un terco, Carlos Ochoa.

—Acevedo— Corrigió Carlos de inmediato con una sonrisa, poniéndose de pie y guardando su pluma de similares en el bolsillo de la chamarra.— Por favor vete acostumbrando. Te veo el viernes a las cinco para que recojas a Gil. Ni se te ocurra llegar tarde.

No esperó a que el abogado cerrara la carpeta ni a que Memo terminara de contestar la llamada que acababa de entrarle por el teléfono personal, Carlos ya se había levantado y estaba decidido a largarse, solo decidió añadir una pequeña cosa mas antes de salir por la puerta— Ah, y Guillermo— Sonrió con sorna— Recuerda leer bien las clausulas de los contratos para la próxima, el departamento es mio, esta a mi nombre y espero que tus cosas estén afuera para mañana.

El camino hacia el elevador fue el más ligero que había tenido en mucho tiempo, le dolía el pecho, claro que le dolía, pero por primera vez en mucho tiempo sintió que el aire le llenaba los pulmones por completo.

Tenía un departamento a su nombre, una cuenta bancaria con los números algo justos y una montaña de entrevistas de trabajo por delante. Pero era libre.

O al menos eso creyó durante los dos años siguientes.

Notes:

Holiii, como notita por si no queda muy claro este AU no es omegaverse es m-preg. Igual en todo el fic nunca se explora demasiado sobre el embarazo de Carlos ni nada similar, pero como planeo ampliar el universo de la historia y hacer algunos os explorando el pasado y asi, probablemente haga alguna historia aparte respecto a eso, por si quieren checar más tarde las series que voy a andar publicando :3

Espero que les guste tanto como me gustó a mi escribirlo, espero andar actualizando pronto (˶ᵔ ᵕ ᵔ˶)

18|08|26