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Un humo azúl lleno el pueblo de su densidad mientras se esparcia con rapidez, como si alguien hubiera abierto una válvula, colmando el aire y alterando a los transeúntes que por ahí pasaban, creando un pánico excesivo por la naturaleza desconocida de lo que era aquella sustancia y de dónde provenía, que rápidamente se convirtió en gritos confundidos y un montón de personas intentando resguardar un poco de aire limpio con pedazos de su ropa que ponían en sus narices, llamando la atención de los encargados de preservar la paz en este reino, quienes tuvieron que abrirse paso entre la multitud para poder vislumbrar más claramente el origen del caos.
El aire era extraño, más no tóxico, y de eso se dieron cuenta cuando no hubo reacción adversa alguna para las personas a las que primero había llegado el mismo, creando un poco de alivio en los demás pueblerinos, permitiendo así a la familia real el pasar frente a toda la multitud y proteger a la misma de lo que fuera que llegara a salir de entre esa misteriosa niebla azulada. Lo que no esperaba ninguno de los regentes o sus descendientes, era que de ahí salieran disparados unos cinco adolescentes de los cuales uno les resultó familiar, creando un cambio emocional en el ambiente, pasando de la incertidumbre a la angustia palpable por aquél jóven conocido que había salido despedido de lo que fuera ese humo.
- ¡Buena suerte! - exclamó una voz femenina desde el interior de la neblina, sólo para que esta procediera a comprimirse con la misma rapidez con la que se había expandido, sin dejar rastro alguno de que hubiera existido ahí algo que perturbara la cotidianidad del pueblo colombiano.
A pesar de su ausencia, aquél evento había dejado desconcertado a gran parte del pueblo, y eso se denotaba por el sonido de los murmullos que viajaban de un lado al otro por el espacio, haciéndolo parecer cada vez más pequeño para la gran familia regente, mientras la angustia de estos por el jóven de naranja seguía creciendo con gran rapidez al ver que el mismo se levantaba de a poco, con dificultad, por lo que algunos miembros de la misma fueron a parar allí para ayudar a este, y a los otros que le habían acompañado, aunque con un poco más de desconfianza.
El adolescente se veía cansado, adolorido, pero esa fatiga física generaba un gran contraste en relación con sus ropas y cabello, que resultaban mucho mejor arreglados que incluso lo que el mismo jóven lograba en varias horas de preparación cada mañana, era impresionante. La desorientación del jóven mientras lo levantaban duró poco, porque tan pronto abrió los ojos y divisó un poco a su alrededor, su mirada se clavó directamente en un jóven más pequeño de ropas moradas que uno de sus primos estaba ayudando a levantar con su tía, haciendo que el jóven musculoso saliera directamente a atender al chico, como si no hubiera llegado en el mismo estado y se hubiera recuperado en menos de cinco minutos.
- ¡Max! - tomó sus mejillas para mirarlo con mejor claridad, pero este no respondía. - Dios mío ¡Respóndeme! - sonaba preocupado, muy lejano del típico chico dorado que siempre estaba relajado con cada problema.
- Luis... ¿Quién...?- habló una voz tras de sí, una jóven de cabello ondulado, antes de ser jalada por su primo para podersele acercar y hacer lo suyo.
Con un sólo toque en su brazo, los ojos de la muchacha se iluminaron como faroles encandecentes, mientras su rostro pasaba de una expresión neutra a un alivio casi inmediato.
- Él está bien - respondió una vez que lo soltó, sonrió con ligera gracia- sólo está dormido.
- Maldita bruja - exclamó una voz a otro costado, una chica de cabello rizado, mientras se sacudía las prendas llenas de polvo que habían arrastrado al caer, y recibiendo ayuda de los familiares que estaban cerca de ella, a pesar de sus resistencias a ello.
- Que grosera - respondió ofendido un chico negro mientras se sobaba la cabeza, tomando una galleta que le ofrecían también. - No es culpa de la magia.
- No, claro, ella lo hizo con trucos de cartas ¿Verdad? - volteó para contradecir, sarcástica, mientras el jóven finalmente respiraba después de caer y soltaba lentamente su cabeza, denotando un alivio casi inmediato de la conmoción que habría sufrido durante la caída.
Poco a poco los familiares fueron logrando levantar a cada uno para sacarlos del escrutinio del pueblo, y guiaron a los chicos hacía la montaña central para poder atenderlos ahí mejor, a pesar de que tras ellos seguían chismeando sobre quiénes eran los demás adolescentes que habían llegado con Luis y qué tipo de relación tenía este con ellos, siendo reprendidos constantemente por el mencionado cada que lograba atraparlos. Aunque es claro, que estaba feliz de finalmente estar en casa, y no haber terminado una vez más en un reino aleatorio, rezando a los dioses para que quien se toparan se tratara de un potencial aliado y no un enemigo. Sin embargo, la felicidad y tranquilidad del momento resultó pasajera una vez llegaron a Casita, porque aunque esta fué servicial en llevar a los demás chicos a habitaciones para ser atendidos apropiadamente, detuvo a Luis casi en la puerta para ser interceptado por su madre.
- ¡Un mes! - habló mientras caminaba pesado sobre las baldosas - ¡Un mes! No... - hizo una cuenta mental rápidamente - ¡Más de un mes! ¡¿Tienes idea de lo que me hiciste pasar?!
- Ma, escucha
- No, escúchame tú - reprendió mientras empezaba a caminar por el lugar - ¡Fué un mes sin saber nada de ti! Y la única noticia reciente que tenía era que habías entrado a un reino en pleno golpe de Estado ¡¿Sabes que creía que te había pasado?!
- Lo entiendo
- ¡No, no lo haces! - finalmente se detuvo frente a frente con el jóven, que ahora se veía más pequeño en comparación con lo grande que era su madre, pero no era lo único que lo hacía parecer más diminuto, sino que se notaba en esa mirada una tristeza palpable.
- Luisa... - apareció tras ella una mujer de gafas, buscando calmar la situación que ya habría presenciado toda la familia.
- Si... Yo- - bajó la vista, avergonzada. - Hablaremos después, hijo - intentó levantarla una vez más, pero no podía sostener esa imagen tan deprimente frente a sí, que le arrugaba el corazón - Primero recupérate.
Y con esa indicación, Casita simplemente tomó las riendas y llevó a Luis a su habitación, en dónde cuidarían de él hasta que este se recuperara por completo, o eso esperaban, pero la verdad es que su estancia resultaba complicada por diversos factores, como el destino original de la travesía.
El jóven de rizos no sabría decir cuánto tiempo estuvo dormido mientras los alimentos de su abuela hacían efecto, o cuánto tiempo Casita meció su cama tal y como era un pequeño niño hasta que este cayó en un sueño profundo, óptimo para su recuperación, pero si recuerda que su plácida siesta fué abruptamente interrumpida por un golpe contundente que cayó justo en el lado de la puerta, despertandole para darse cuenta de que el medio día tan soleado ya se había desvanecido en la oscuridad de la noche campesina. Al voltear a su lado no esperaba un susto o algo similar, era habitual, frecuentemente cuando había alguien con chisme en la casa los gemelos le acosaban hasta que lo contara, la única sorpresa que se llevó es que no sólo estuvieran los gemelos.
- ¡Quítate de encima, Lucas! - se quejó la adolescente pelirroja bajo el de pocos dientes, mientras petaleaba para quitárselo.
- Luis, perdona, ellos simplemente entraron - habló la de cabello liso y oscuro, intentando disculparse en nombre de toda la cantidad de primos que habían caído por la puerta.
- No te preocupes, Rosa - bostezó el jóven - Igual y creo que ya es hora de cenar.
- ¿Con toda la comida que te dieron aún tienes hambre? - otro de los gemelos había logrado detener la pelea momentáneamente que se iba a desatar entre la pelirroja y su hermano, interponiendose para acusar al chico de la cama.
- Siempre hay más espacio para las arepas de la abuela Julieta - todos coincidieron.
- Y bueno... - empezó la de cabello ondulado, sentándose en un extremo de la cama, la misma que había ayudado a saber el estado de Max, Juliana. Quién ahora miraba a su primo con curiosidad. - ¿Qué con esa gente, el llegar en humo, y el chico de morado? - empezó a explicar mientras hacía señas para decir que se refería a Max, pero Luis seguía callado procesando la exigencia, hasta que ese silencio se volvió desconcertante.
- ¿No nos vas a contar? - prosiguió la pelirroja de piel canela, Carol, mientras mantenía al gemelo con el que seguía peleando algo alejado de sí con su brazo estirado a más de la capacidad humana natural.
- ¿Contar qué?
- Se está haciendo el pendejo - habló por primera vez uno de sus hermanos, el único de la cuarta generación que faltaba, Manuel, quién traía consigo una herramienta de construcción que Luis aún no lograba identificar a pesar de ayudarle con sus inventos de vez en cuando.
Con eso la habitación se llenó de voces intensas, que insistían en que Luis les contara de su travesía, el porqué de sus acompañantes, la razón de su cercanía con Max y cuestionaban la razón de su resistencia, provocando que el sonido se volviera difuso por tratarse de diecisiete personas hablando al mismo tiempo e intentando escucharse por encima de los demás a la vez. El jóven recién llegado sólo soltó un suspiro y se volvió a tirar en la cama, mientras esperaba a que se detuvieran o el sonido por su constancia se convierta en ruido blanco, y se volviera a quedar dormido, pero fué interrumpido por un gran sonido que finalmente sonó sobre los demás y calló a todos.
- ¡Ya no más! - esa era la mujer embarazada de la habitación, que en efecto parecía tener la capacidad de criar al hijo que venía en camino - ¡¿No ven acaso como llegó?! - se refería a Luis mientras le hablaba a sus primos y se interponia entre ellos y el adolescente - Perdimos a Luis un mes entero después de que entrara a un reino en pleno golpe de Estado, no sabíamos ni siquiera si seguía con vida, y tan pronto llega lo vemos en una situación tan deplorable ¡¿Y lo único que les preocupa de todo esto es que nos cuente?! - el silencio se convirtió en incomodidad, después vergüenza - ¡¿No les da pena?!
- Perdona, Cami - habló una pequeña voz atrás de ella, mientras sostenía un peluche armado de diferentes partes de peluches y otros juguetes diferentes.
- No, Sol, tú tranquila - finalmente respiró y volvió a mirar al chico acostado - Luis - llamó su atención con mucha más suavidad que todos en esa misma habitación - Cuando estés listo para contarnos, nos gustaría escuchar.
Entonces Luis lo pensó, después de todo el largo trayecto y lo mucho que habían peleado para llegar a un lugar seguro, sentía que necesitaba descargar todo lo que habían vivido y sentido a lo largo del mismo, al menos antes de llegar a su destino final y lograr su objetivo, o al menos intentarlo. Fué entonces que decidió sentarse, provocando reacciones de asombro en algunos de sus primos y que se acomodaran en sus lugares, ya suponiendo que este iba a concederles el relato antes que a sus tíos, padres, y abuelos.
- Bueno... - se sentó para estar más cómodo, recostado en la pared contra la cama - Supongo que supieron lo que pasó en Wonderland ¿Verdad?...
