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Alejandro, un chico atento y amable con todos, desde pequeño sus padres le habían enseñado junto a su hermana los deberes que tendrían que cumplir cuando sean mayores de edad, pero siempre recalcando que no deben sentirse superiores a nadie solo por portar una corona.
Eso ambos hermanos lo tenían muy claro y siempre que había alguna festividad o algo, Alejandro buscaba hacer coronas de flores para regalar como agradecimiento a todo su trabajo en palacio, esas coronas para él eran muy importantes, pues siempre veia abuela hacerlas.
A los 8 años, Alejandro tenía muchos amigos, pero de un día a otros amigos esos se alejaron sin decirle nada y no entendía porque, hasta que escucho como hablaban de él solo porque se había manifestado como un omega y para esa edad, no entendía porque lo rechazaron y gracias a eso se volvió un poco más callado.
A los 12 años conoció a Kauê, él era hijo de una empleada que recién la habían contratada, al principio no quería acercarse porque tenía miedo que lo rechazaran como siempre, pero luego se enteró que era igual que él, un omega, pero la diferencia era que Kauê no se dejaba intimidar por nadie, eso lo notó cuando fue a comprar frutas y algunos regreso con golpes, Kauê contó que lo molestaron y como no se dejaba,ntambién los golpeados, desde ese momento Alejandro decidió que iba a ser su amigo.
La amistad entre Kauê y Alejandro no se dio rápido, tal como se lo esperaba, pero lo que no se lo esperaba era el porqué y según le dijo era porque creía que era un príncipe mimado, que solo servía para dar órdenes a todos los que se les cruzaban frente. Cuando escucho eso se indigno, claro que si, que clase de pensamientos eran esos.
Pero todo cambió o al menos eso piensa Alejandro fue cuando a Kauê lo inscribieron en la misma escuela que él y su hermana Sophia. Shopia tenía 14 años en ese entonces y al ser mayor, no estaba en el mismo salón ni tenía los mismos horarios de salida, pero para felicidad de Alejandro le toco con Kauê.
Kauê era muy observador y lo primero que notó al entrar al salón, es que el semblante de Alejandro se apagó de golpe y no entendía, después de todo era el príncipe, ¿Quién se atrevía a molestarlo?
—Alejandrito.
Un chico alto, pelirrojo junto a dos más se acercaron.
—Me trajiste lo que te pedí?
—No pude, mi mamá no me dejó.. cr..
— ¿Qué dijiste? —lo interrumpe y lo mira algo enojado— ¿acaso escuche mal?, se supone que habíamos quedado en que traerías las bebidas para la fiesta de bienvenida.
—Mis padres no me dejan tomar.. —dice bajito, encogiéndose un poco.
—Es que eres una princesita inútil —lo empuja con fuerza, logrando que caiga— nada puedes hacer bien.
—Lo siento..
Alejandro no era capaz de defenderse, no quería ser juzgado nuevamente y más si recién empezaban el año.
—Quiero esas bebidas antes del viernes, porque si no...
—Si no que.
Todos voltearon a ver, era Kauê qué se había levantado de su asiento para interrumpirlo.
—¿Quién eres tú? —pregunta el pelirrojo.
—No te incumbe, aquí lo que importa es que harás si no te trae el alcohol, ¿lo golpearas? —lo mira desafiante— porque si piensas hacer eso, solo demuestras que eres un pobre cobarde, intimidado gente y usando tu jerarquía alfa para obtener lo que quieras.
—Pero que te metes tú, eres nuevo y para colmo omega también —ríe— aquí la jerarquía importa mucho y todos saben que los alfas siempre irán por encima de todos, incluso de una princesa como este, incluso necesita de un alfa para obtener un descendiente y poder tomar el trono, su hermana no podrá porque ya estará comprometida y se irá a otro reino a gobernar.
Alejandro baja la mirada, tenía razón, su hermana cuando sea mayor de edad, se irá y él tendrá que quedarse y para gobernar, tenía que tener un hijo.
—Estupideces —dice el moreno con furia— Alejandro no necesita de ningún alfa para gobernar y tenlo presente pedazo de inútil, Alejandro es un príncipe de la realeza y tú —lo mira de arriba abajo— no eres nadie cariño, nadie te conoce.
El gruñido del pelirrojo asusto a todos del salón, estaba por pegarle a Kauê, pero el moreno que fue más ágil lo golpea en la mejilla con fuerza, logrando que caiga y que todos queden sorprendidos por su fuerza.
—A la próxima piénsalo mejor, idiota —agarra a Alejandro de la mano y sale del salón, ignorando las miradas de todos.
—Kauê.. Yo.. Gracias —quería llorar, era la primera vez que alguien lo defendía.
—Nada de gracias —lo mira— tú y yo vamos a ir a entrenar para que aprendas a defenderte y que te respeten, no es posible que te hablen así y solo bajas la mirada sin decir nada.
—Es que no quiero que piensen que tengo autoridad por ser el príncipe y..
—Es que si tienes que tener autoridad para hacerte respetar, esto no lo digo porque seas un príncipe si no porque eres un omega y no debes dejarte intimidar por nadie, que importa si vienen a quejarse, primero es uno —dice señalandose, pero su voz se calla al sentir los brazos de Alejandro rodear su cuerpo— oye, no me interrumpas cuando hablo —dice, pero luego sonreír.
—Gracias —dice nuevamente, sus lágrimas caían— tienes mucha razón con lo que dices.
—Entonces desde hoy vamos a entrenar y no dejar que nadie nos haga menos por ser omegas.
Alejandro asiente con seguridad, no dejaría que lo humillaran más, ni que hablaran mal de las personas que quiere.
—Bien, ¡ahora también seremos mejores amigos!
Luego de eso, la amistad de ellos creció y se fortaleció, hasta el día de hoy, donde ambos ya tienen 21 años.
—No puede creerlo Kauê, mis padres de verdad ya están buscándome prometido y yo todavía estoy en plena juventud, pensé que con lo de mi hermana ya se iba aa calmar, pero parece que no.
—Ya vas cumplir 22 años Ale, según las normas, si a los 20 no has conseguido una pareja que te acompaña al trono real, te dan un plazo de tres años adicional para que sigas buscando y si no lo consigues, tus padres deciden por ti —lo mira— además de que tu hermana ya tenía pareja a los 18 años y pues ya sabes.
—Que horror de verdad, no parece justo, que alguien esas cambien leyes.
—Tendrás que ponerte las pilas y buscar a tu prometido por tu cuenta o lo harán por ti.
—Y porque no aceptas ser mi pareja, así no me molestan más.
—¿Y arruinar mi reputación? No gracias, tú sigues buscando.
—Qué malo eres, no ayudas a tu amigo querido —dice, agarrándose el pecho de forma dramática— y así dices que me quieres.
—Te quiero —sonríe— pero lejos.
—¡Oye!
—Por cierto, ¿vendrá tu amigo?
— ¿Quién? ¿Drew? —pregunta.
—Sí ese.
—No lo sé, me dijo que estaría apoyando a alguien, según dijo que era muy importante.
—Para él todo es un importante menos tú —se cruza de brazos.
—Calma Kauê, a mi no me molesta, después tendrá tiempo para seguir con el entrenamiento.
—Pues que irresponsable es, si me lo preguntas.
Alejandro ríe al ver como su amigo se enojaba.
—No entiendo porque te molesta, siempre dices que no quieres estar aquí cuando viene y cuando no viene, te molestas igual.
—Esto se trata de trabajo, no de si me agrada o no.
—Sí, sí, te creo.
—No te imaginas nada Alejandro.
—No me imagino nada —levanta las manos— solo me da risa como te molestas por todo lo que trata de Drew.
Kauê era la mano derecha de Alejandro y Drew, un alfa, era su entrante personal. Lo conoció en la academia, en la clase de educación física y le cayó muy bien. Cuando se lo presentó a Kauê pensó que le caería bien, al principio fue así, pero después a Kauê no le gustaba su presencia y quería saber porque, ya que no quería incomodarlo cuando se juntara con Drew, pero Kauê dijo que no pasó nada y que seguía con su amistad que ni tenía problema con eso.
Drew y Alejandro se hicieron muy buenos amigos y fue ahí donde Alejandro descubrió a Drew manejando muy bien la espada y fue sorprendente, le pidió que le enseñará algunas técnicas. Aunque al principio sus padres no estaban de acuerdo con que agarrara una espada, Alejandro no les hizo caso y de igual manera contrató a Drew.
Drew vivía en otra ciudad, de Jueves a Domingo se iba de regreso, Alejandro nunca entendió porque se vino desde tan lejos a estudiar, pero no me pregunto y decidió seguir con sus entrenamientos.
—Creo que se llama Gabriel, su amigo —dice, tratando de recordar bien el nombre— si, creo que así se llama.
—Igual no me interesa, ya vamos que tenemos reunión —dice el moreno, empezando a caminar.
—Como digas querido amigo —suelta una pequeña risa para seguirlo, sabía que algo había pasado entre ellos, seguro más adelante Kauê pueda decirle la razón, aunque tiene una ligera sospecha sobre que cosa podría haber pasado.
—En vez de reírte y armar suposiciones sobre mí, concéntrate en buscar pareja, que tus padres ya están mandando cartas a los reinos vecinos.
—¡Kauê, ya! —grita desesperado, pero bromeando— no necesito más presión, no quiero ningún príncipe a mi lado.
Ahora Kauê se suelta a reír.
—Sabes algo Ale —mira a su amigo— estoy seguro que encontraras un buen alfa, aunque para mi gusto, nadie es digno de ti y tampoco estoy de acuerdo con estas leyes, espero que algún día se puedan cambiar.
—¿Tanta fé me tienes? —lo mira— no se si encontraré un buen alfa y tampoco podré diferenciarlo si es que esta fingiendo conmigo, yo la verdad no quiere ser rey...
—Lo sé, pero confío en ti.
—¿Por qué?
—Eres una persona maravillosa y de gran corazón, se que harás lo mejor para el país y también se que eliminaras esa ley que tanto odias.
—Espero contar con el apoyo suficiente —ríe nervioso— no quiero que mi futuro hijo tenga que sufrir por buscar pareja.
—Ya andas pensando en un cachorro eh.
—Solo digo, mi bebé no cargará con mucha responsabilidad.
Mientras ambos amigos hablaban y caminaban a la próxima reunión, sonó el celular de Alejandro.
—Es Drew —sonríe— mañana estará aquí a primera hora.
—Vaya, al fin se atreve a pensar y yo que pensaba se iba a tomar el día libre mañana.
—Me mandó un audio.
Alejandro lo pone a volumen alto y solo se escuchan gritos y música.
—Al parecer el señorito anda divirtiéndose —dice el moreno.
—Creo que sí, oh..
—¿Qué pasa?
—Me mando una foto, al parecer están celebrando la victoria de su amigo.
Alejandro muestra la foto.
—El rubio debe ser Gabriel —mira detalladamente la foto— es futbolista, del Real Madrid, creo...
Alejandro no apartaba la mirada, era guapo y se veía muy varonil con esa sonrisa coqueta y burlona.
—Oye principito —lo llama— ¿ya estás buscando alfa? —suelta una risa, sabía lo que estaba haciendo.
-¡No! —niega— solo estaba viendo la foto, eso es todo, nunca he ido a una discoteca sabes, me sorprendí.
—Si claro, en esa foto solo hay dos personas, no se aprecia mucho la discoteca que dice, yo solo veo que estas examinado bien al rubio.
—No digas tonterías, no me gustan los futbolistas.
—Tus ojos no decían lo mismo, pero tienes razón, a ti solo te gustan los que tienen cara de malandros rudos.
—¡Deja de criticarme! Solo te dije que me parecía guapo uno y ya piensas que son mis gustos.
—Te parecía guapo un fumón, si claro.
—Basta, tenía bonita cara y...
—Ya Alejandro vámonos, no quiero que te pongas hormonal otra vez.
—¡Kauê! Te juro que cuando tengas pareja no te vas a salvar de mi.
