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Una propuesta inesperada

Summary:

En una noche helada de Tokio, con helicópteros sobrevolando y la ciudad paralizada por la aparición de Kaito Kid. Lo que parecía un robo más se convierte en un espectáculo que detiene el aliento de todos: frente a cámaras, policías y una joya legendaria, el ladrón fantasma ignora el botín y centra su atención en Shinichi Kudo, transformando el clásico duelo entre detective y ladrón en un instante audaz, íntimo y peligrosamente público, donde una sola pregunta pesa más que cualquier diamante y el tiempo parece haberse detenido para siempre.

***

O solo una bonita propuesta en frente de todo el mundo, porque, por qué no? ^^

Work Text:

El frío de la noche de Tokyo envolvía la calle acordonada como un guante de seda. Reflectores barridos desde los helicópteros de la prensa creaban conos de luz blanca que se cruzaban en el aire, iluminando el humo de las bocas nerviosas. En el centro del perímetro, sobre una columna de mármol blanco, la Estrella del Alba centelleaba dentro de su caja de cristal blindado, un laberinto de láseres y sensores que parpadeaban con luz roja.

–¡Cincuenta segundos! –Gritó el inspector Ginzo Nakamori, su rostro encendido de determinación y desesperación familiar –¡Todos en sus posiciones! ¡Que no se mueva ni una mosca!

Shinichi Kudo, con las manos en los bolsillos de su abrigo, observaba la escena con una arruga de concentración entre las cejas. Suzuki Jirokichi lo había invitado personalmente, como siempre, seguro de que "el gran detective" sería la clave para atrapar al ladrón fantasma. Pero algo en la nota de Kid no encajaba.

“Esta noche, a la hora del zorro, detendré el tiempo y robaré el amanecer que duerme en la estrella.
                                                      –Kaito Kid.”

Demasiado poético, incluso para él. Demasiada... anticipación.

A su lado, Ran intentaba calmar a Sonoko, quien, con las mejillas sonrojadas y las manos entrelazadas frente al pecho, suspiraba:

–¡Seguro que viene por mí esta vez! ¡Va a detener el tiempo y robarme el corazón! ¡Es tan romántico!

Ran sonrió, pero su mirada se posó en Shinichi. Lo había notado distante, ensimismado, con una leve sonrisa que solo aparecía en sus labios cuando creía que nadie lo miraba. Desde que había vuelto de ese gran caso, algo era diferente. Más ligero. Más... feliz.

–¡Diez!

–¡Nueve!

–¡Ocho!...

El grito del público fuera de las vallas era un rugido que crecía con cada número. Shinichi respiró hondo. El aire olía a humedad, a multitud y a la electricidad estática que siempre precedía a sus apariciones.

–¡...Tres!

–¡Dos!

–¡Uno!

Silencio.

Y entonces, una suave explosión de humo lila en lo alto de la columna, justo sobre la caja de cristal.

–¡Ladies and gentlemen!

La voz, amplificada por algún mecanismo oculto, resonó clara y teatral. Allí, de pie sobre la misma cúpula de cristal, como si desafiará las leyes de la física, estaba Kaito Kid. Su traje blanco inmaculado brillaba bajo los focos, la capa ondeando en una brisa que solo él parecía sentir. Su sombrero de copa estaba ligeramente inclinado, ocultando parte de su rostro, pero su sonrisa era visible: amplia, desafiante, irresistible.

–¡Buenas noches querido público! Como prometí en mi nota, esta noche... ¡detendré el tiempo! –Anunció, extendiendo los brazos –Y bajo su pausa eterna, reclamaré esta estrella fugaz que ustedes han encadenado tan cruelmente a la tierra

El inspector Nakamori enrojeció como un pimiento.

–¡¿Qué esperan, idiotas?! ¡Atrápenlo! ¡Ya!

Nadie se movió.

Shinichi parpadeó. Los policías, Nakamori incluido, parecían estatuas. Sus rostros estaban congestionados por el esfuerzo, sus músculos tensos, pero sus pies estaban clavados al suelo como si las botas se hubieran fundido con el asfalto. Sonoko tenía la boca abierta en un grito silencioso de éxtasis. Ran, con los ojos muy abiertos, miraba a su alrededor, confundida. El murmullo del público se transformó en un oleaje de asombro y admiración.

–¡Increíble!

–¡Realmente los detuvo en el tiempo!

–¡Es magia de verdad!

Desde los helicópteros, los comentaristas hablaban a toda velocidad.

–¡Una escena sin precedentes! ¿Hypnosis colectiva? ¿Un gas paralizante? ¡El Kaito Kid ha inmovilizado a toda la fuerza policial!

Shinichi fue el único en dar un paso adelante. Sus zapatos resonaron sobre el pavimento, un sonido claro en el silencio extraño. No sentía ninguna resistencia. Miró sus manos, luego alzó la vista hacia el ladrón.

Kid bajó la mirada hacia él. Sus ojos, visibles ahora bajo el ala del sombrero, brillaban con una chispa de complicidad íntima, un secreto compartido que iba más allá del juego del gato y el ratón.

–Meitantei –Saludó Kid, con una inclinación de cabeza –Qué honor tenerte como único espectador activo de mi obra

–Tu truco es viejo, Kid –Dijo Shinichi, con voz lo suficientemente alta para que solo ellos dos la oyeran –Cables de nailon transparentes y tensos a nivel del tobillo, anclados a las alcantarillas. El peso de una persona es suficiente para mantenerla firme si no espera la resistencia. Los que no se movieron, no se enredaron. Yo lo esperaba

La sonrisa de Kid se ensanchó.

–Siempre arruinas la diversión con la lógica, cariño. Pero admite que el efecto es dramático

–Excesivamente dramático –Murmuró Shinichi, con una mirada de advertencia. –¿Qué planeas realmente? La Estrella del Alba no es lo que buscas. No tiene valor para ti

–Ah, pero hoy no vengo por joyas –Dijo Kid, su voz suave como la seda. Dio un salto elegante, aterrizando sin un ruido frente a Shinichi, a apenas un metro de distancia.

El público contuvo la respiración. Las fanáticas de Kid, al otro lado de la valla, comenzaron a agitarse.

–¡No! ¡No se acerque a ese detective!

–¡Kid-sama, mírame a mí!

Sonoko emitió un quejido de frustración.

–¡Shinichi, apártate! ¡Estás bloqueando la vista!

Kid ignoró el alboroto. Con un gesto fluido, hizo aparecer una rosa azul de la nada, su color casi irreal bajo la luz artificial. La sostuvo con la punta de los dedos, ofreciéndola.

–Para el único que nunca se deja engañar por mis humildes trucos –Dijo, con una voz que de repente perdió su tono burlón y se volvió sorprendentemente sincera, aunque aún teatral –Por el faro en mi noche de niebla

Shinichi sintió que el calor subía por su cuello hasta sus orejas. Tomó la rosa casi por reflejo, sus dedos rozando los de Kid por una fracción de segundo.

–¿Qué estás haciendo? –Susurró, mortificado, con una sonrisa tensa en los labios para la prensa.

Kid respondió con un guiño pícaro. Luego, con una lentitud deliberada, se inclinó. Tomó la mano libre de Shinichi, la que no sostenía la rosa, y levantándola con suavidad, depositó un beso ligero como una pluma sobre sus nudillos.

El mundo exterior estalló.

Un coro de gritos, suspiros y exclamaciones de indignación recorrió la multitud. Los flashes de las cámaras crearon un estroboscopio cegador. Nakamori parecía a punto de sufrir un aneurisma, moviendo la boca sin emitir sonido. Los agentes a su alrededor forcejeaban inútilmente contra los cables invisibles, sus rostros una mueca de confusión absoluta.

–¡¿QUÉ ESTÁ HACIENDO EL LADRÓN CON EL DETECTIVE?! –Tronó la voz de un comentarista desde arriba.

Ran miraba la escena, su confusión dando paso a una lenta sospecha. Había visto esa mirada en los ojos de Shinichi antes... pero no dirigida a Kid. Dirigida a su teléfono, en noches de mensajes secretos. Dirigida a la ventana, como esperando a alguien.

Kid se enderezó y alzó una mano. Un silencio expectante, cargado de electricidad, cayó sobre todos.

–Querido público –Comenzó, su voz recuperando su cadencia magnética –He robado gemas bajo la luna llena, he desafiado gravedad y he caminado entre las nubes. Pero hay un tesoro que siempre se me ha escapado, más brillante que cualquier diamante, más esquivo que cualquier perla

Shinichi lo miró fijamente, su corazón comenzando a latir con fuerza contra sus costillas.
«No. No lo hará.»

–Esta noche, –Continuó Kid, su mirada clavada únicamente en Shinichi –detuve el tiempo no para robar una estrella, sino para hacer una pregunta que solo tiene sentido en un instante eterno

Lentamente, con una ceremonia que parecía sacada de un cuento de hadas, Kid se arrodilló en el asfalto frío. No una genuflexión rápida, sino una postración deliberada, humilde. De un pliegue de su capa sacó una pequeña cajita de terciopelo azul oscuro. Con un clic, la abrió.

Dentro, sobre un lecho de seda negra, un anillo centelleaba. No era ostentoso, sino elegante: una banda de platino con un solo diamante tallado en forma de lágrima que parecía contener toda la luz de la noche en su interior.

–Kudo Shinichi –Dijo Kid, y por primera vez esa noche, no hubo rastro de burla, de doble sentido, de personaje. Solo una voz clara, firme y vulnerable –Meitantei, ¿Te casarías conmigo?

El silencio que siguió fue absoluto. Tan profundo que se podía oír el zumbido lejano de los helicópteros, el latido de mil corazones conteniéndose. El tiempo, efectivamente, parecía haberse detenido.

Todos los ojos estaban clavados en Shinichi. Nakamori había dejado de forcejear, su ira reemplazada por un atónito desconcierto. Sonoko tenía las manos en la boca, sus sueños románticos hechos añicos frente a una realidad mucho más extraña. Ran observaba a Shinichi, viendo cómo una sucesión de emociones cruzaba su rostro: sorpresa, incredulidad, un destello de ira, y luego... algo tierno, privado, que solo ella, como su mejor amiga, podía reconocer.

Shinichi miró el anillo. Luego miró a los ojos de Kid, a ese azul familiar que conocía tan bien detrás de la máscara de monóculo. Vio la pregunta genuina, el nerviosismo oculto bajo la fachada de confianza.

Sonrió. Una sonrisa pequeña, segura, llena de un amor que había sido su secreto más guardado.

–Lo siento, Kid –Dijo, y su voz, amplificada por el micrófono oculto de Kid o por el simple poder del silencio, llegó a cada rincón –Pero ya tengo un prometido al que amo demasiado

Un suspiro colectivo, entre decepción y alivio, recorrió la multitud. La tensión se rompió. Kid mantuvo su sonrisa de poker face perfecta, pero Shinichi vio el brillo de alegría en sus ojos, la promesa de "te lo dije" que compartían.

–Entiendo –Dijo Kid, cerrando la cajita con un chasquido suave –Este humilde ladrón acepta su derrota. Parece que, por una vez, el tiempo se le escapó incluso a mí

Mientras se levantaba, en el momento en que su cuerpo bloqueaba la vista de las cámaras hacia la mano de Shinichi, este alargó el brazo con la velocidad de un reflejo. Sus dedos se cerraron alrededor de la cajita de terciopelo, que Kid soltó deliberadamente, y la deslizó dentro del bolsillo interior de su abrigo en un movimiento tan fluido que ni los ojos más entrenados lo captaron.

–Entonces, damas y caballeros, –Anunció Kid, extendiendo los brazos de nuevo –¡El espectáculo ha terminado! Recuerden: incluso el ladrón más astuto puede perder cuando el premio ya tiene dueño

Una gran explosión de humo rosa y dorado llenó el espacio donde estaba. Cuando se disipó, Kid había desaparecido. La Estrella del Alba seguía intacta en su caja de cristal.

Al mismo tiempo, la inmovilidad de los policías se rompió. Nakamori cayó de bruces al suelo, liberado de sus ataduras invisibles. El caos estalló. Gritos, órdenes contradictorias, el llanto histérico de algunas fanáticas, el aluvión de preguntas de los periodistas que ahora se abalanzaban contra las vallas.

Shinichi se volvió hacia Ran y Sonoko, que parecían salir de un trance. La rosa azul aún sostenida con laxitud en su mano.

–¡Qué... qué fue eso?! –Exclamó Sonoko, recuperando el habla –¡Kid te pidió matrimonio! ¡A TI! ¿Y tú tienes un prometido? ¿DESDE CUÁNDO?

Ran miraba a Shinichi con ojos serios.

–Shinichi... ¿eso es cierto?

Shinichi se alisó el abrigo, sintiendo el peso ajeno de la cajita de terciopelo contra su pecho. Una sonrisa enigmática, la que usaba cuando resolvía un caso pero no quería revelar todas las pistas todavía, se dibujó en sus labios.

–Sí, es cierto. Desde hace poco. Iba a decírtelo... justo después de esto –Hizo un gesto vago hacia el caos que los rodeaba

–¿Y quién es? –Preguntó Ran, su voz suave pero directa.

Shinichi miró hacia el cielo, donde un destello blanco quizás imaginario desaparecía entre los rascacielos.

–Eso... es otra historia. Te la contaré pronto. Te lo prometo

La calidez de la casa de Shinichi contrastaba con el caos de la noche. El único sonido era el tictac suave del reloj de pared y el susurro de la lluvia que había comenzado a caer.

En el sofá, bajo la luz tenue de una lámpara, Shinichi estaba recostado contra el pecho de Kaito, que había cambiado su trazo blanco por un suéter de cuello alto negro y pantalones cómodos. Los anillos, finas bandas de platino idénticas, brillaban en sus manos entrelazadas.

–...y luego el inspector Nakamori casi se traga la lengua –Terminaba Kaito, riendo suavemente –Vale, admito que la cara de la señorita Suzuki fue la mejor. Creo que aún está procesando que su ídolo prefiriera al "detective aburrido" antes que a ella

–Eres insufrible –Murmuró Shinichi, aunque sin fuerza, acurrucándose más contra él –¿Una propuesta pública? ¿En medio de un atraco? ¿Delante de todo Japón? ¿En qué estabas pensando?

Kaito bajó la cabeza para dejar un beso en el pelo de Shinichi.

–En que quería que el mundo supiera que eres mío. O, al menos, en empezar un rumor lo suficientemente grande como para justificar cuando salgamos del clóset de una vez por todas

–Podrías haberme avisado

–¿Y arruinar la sorpresa? Donde quedaría la magia, mi pequeño escéptico

–La "magia" casi me da un infarto. Y tu pequeño discurso... "tesoro más brillante que cualquier diamante"... –Shinichi enterró su rostro ardiente en el cuello de Kaito –Eras tan cursi que daba vergüenza ajena

–Pero te gustó –Canturreó Kaito, victorioso –Te vi sonreír. Y aceptaste el anillo, aunque públicamente me rechazaras. Muy cruel, por cierto. Mi corazón de ladrón quedó hecho trizas

Shinichi alzó su mano, observando cómo la luz jugaba con el anillo en su dedo.

–Pues, no podía aceptarte públicamente y quedar marcado de por vida como el prometido de Kid. ¿Te imaginas el caos que se desataría en todo el mundo?

–Seria cómico

Kaito giró la cara de Shinichi hacia la suya y lo besó, lenta y dulcemente, robándole el aliento con una habilidad que no tenía nada de mágica y todo de práctica

–Además, ahora tengo la excusa perfecta para proponértelo en privado, de verdad, sin multitudes ni inspectores gritones –Su voz bajó a un susurro contra los labios de Shinichi –Kudo Shinichi, luz de mi vida, dolor de mi cabeza, ¿quieres pasarte el resto de tus días desentrañando mis trucos y siendo el único testigo de mis locuras?

Shinichi lo miró, sus ojos azul acero suavizados por el amor.

–Solo si tú te pasas el resto de los tuyos intentando —y fallando— en engañarme con tus trucos, Kuroba Kaito

Fue respuesta suficiente. El beso que siguió fue más largo, más profundo, una promesa sellada en el silencio de su hogar.

Ding-dong.
El timbre sonó, estridente e insistente.

Shinichi se separó con un suspiro.

–¿Esperamos a alguien?

–En absoluto –Dijo Kaito, intentando atraerlo de vuelta.

Ding-dong. Ding-dong.

Shinichi se levantó, arreglándose el suéter, y caminó hacia la puerta. Kaito se quejó, dejándose caer sobre los cojines del sofá.

¡Vuelve aquí! ¡El calor se escapa!

Shinichi abrió la puerta y se encontró con un muro de periodistas, micrófonos y cámaras. Los flashes estallaron como fuegos artificiales.

–¡Kudo-san! ¿Es cierto que rechazó a Kaito Kid?

–¡¿Quién es su misterioso prometido?!

–¡¿Está saliendo con el ladrón en secreto?!

Antes de que Shinichi pudiera articular una respuesta, un brazo rodeó su cintura desde atrás. Kaito apareció a su lado, pegado a su espalda, con una sonrisa despreocupada pero territorial.

–Buenas noches, caballeros de la prensa –Dijo Kaito, su voz perdida toda traza de acento de Kid, pero ganando un tono de frescura de estudiante universitario –¿Hay algún problema?

Los periodistas se calmaron por un segundo, procesando al joven desconocido, de tez rosado natural y de ojos azules, abrazando al detective.

–¡¿Y usted es?!

–¡¿Es el prometido?!

Kaito levantó la mano izquierda de Shinichi, donde el anillo brillaba, y luego la suya propia, mostrando la banda gemela.

–En efecto. Kudō Shinichi tiene el mal gusto de haberme dicho que sí a mí, y no a nuestro querido ladrón fantasma. Una pena, realmente, yo también soy fan

Las preguntas estallaron con renovada intensidad. Kaito simplemente sonrió, dio un saludo casual, y cerró la puerta suavemente en los rostros atónitos, bloqueando el torrente de voces.

Se apoyó contra la puerta, mirando a Shinichi, que tenía los brazos cruzados y una ceja levantada.

–"¿Mal gusto?"

–Era para que sonara creíble –Dijo Kaito, encogiéndose de hombros, antes de abrazarlo de nuevo –Además, ahora saben que estás oficialmente tomado. Por un ciudadano común y corriente, nada sospechoso

Shinichi rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.

–No hay nada "común y corriente" en ti

–Es el mejor cumplido que me has hecho

Epílogo: Primera Plana

El Diario Tokio Times – Edición Matutina

¡ESCÁNDALO ROMÁNTICO EN LA ESCENA DEL CRIMEN!
Kudō Shinichi rechaza al Kaito Kid... ¡por un misterioso prometido!

[Fotografía en primera plana: Shinichi, con una rosa azul en la mano y rostro de sorpresa, frente a un Kaito Kid arrodillado. En una segunda foto, más pequeña y borrosa, tomada anoche desde la calle: Shinichi en la puerta de su casa, siendo abrazado por la cintura por un joven de ojos claros, ambos mostrando anillos idénticos.]

Anoche, en un giro que supera cualquier trama de la Rosa de Guadalupe, el famoso ladrón fantasma Kaito Kid interrumpió su propio atraco a la "Estrella del Alba" para hacer una proposición de matrimonio... ¡al detective que juraba perseguirlo, Kudō Shinichi! En una escena que ha dejado a la nación boquiabierta, el ladrón, tras inmovilizar mágicamente a toda la policía, se arrodilló frente al detective y le ofreció un deslumbrante anillo de diamante.

La sorpresa mayor vino con la respuesta: Shinichi rechazó educadamente al ladrón, alegando que "ya tiene un prometido al que ama demasiado". ¿La identidad del afortunado? Un joven hasta ahora desconocido, que apareció anoche en la residencia del detective mostrando un anillo a juego. Los rumores ya lo apodan "el Prometido Fantasma".


Mientras la policía se enfrenta a las burlas por otro atraco fallido —y ahora, por un fracaso romántico—, y las fanáticas de Kid lloran su corazón roto, los noticieros no paran de especular: ¿Es esto una elaborada broma de Kid? ¿Una estrategia de distracción? ¿O el verdadero "robo del siglo" fue, en realidad, el corazón del gran detective?

Una cosa es segura: la batalla entre el detective y el ladrón ha entrado en un territorio completamente nuevo... y Tokio no puede dejar de hablar de ello.