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Para conocerte mejor

Summary:

Miau solo quería pasar el día tranquilo, pero Sefirox se le pega y termina acompañándolo a explorar. Entre una aldea, lluvia y un mineral extraño, los dos empiezan a conocerse un poco más. Lo que no saben es que algo raro pasara en el camino de vuelta.

Chapter Text

Miau es el primero del equipo en despertarse en toda la base. Bosteza mientras se estira todo lo que puede, intentando quitarse el poco sueño que el frío de la mañana todavía no ha conseguido quitarle.

Como siempre, se prepara para el día. Primero arregla su pelaje blanco, ahora desordenado después de haber dado vueltas sobre la almohada durante la noche. Luego se pone su sombrero negro y sus gafas de sol antes de preparar el desayuno, procurando no hacer demasiado ruido para no despertar a los demás.

Finalmente, se sienta a comer en silencio en la mesa.

Para los demás, quizá querer estar tan solo podría parecer deprimente. Para Miau, en cambio, no es más que una rutina. Es algo que ha hecho desde mucho antes de aceptar la invitación a este server extremo.

La verdad es que no le molesta estar solo. Al contrario, el felino considera que es lo mejor. Las interacciones con los demás no son más que obstáculos capaces de ralentizarlo.

No lo malinterpreten; está agradecido de formar parte de un team, pero, al final del día, aceptó la invitación a este server por el dinero del premio.

Y vamos, solo uno de ellos sobrevivirá para disfrutarlo.

No tiene tiempo para encariñarse con los demás y luego titubear cuando llegue el momento de acabar con sus vidas. Si tiene que soportar estar solo la mayor parte del tiempo para dar lo mejor de sí, entonces aceptará la soledad con los brazos abiertos.

—Ahhhh... El que madruga, Dios lo ayuda, ¿no, Miau? —dice Sefirox.

Deja su taza de café sobre la mesa con un poco más de fuerza de la necesaria, provocando un sonido que a Miau no parece agradarle demasiado. Aun así, el felino no dice nada.

—Buenos días, Sefirox —responde, tomando un sorbo de su propio café para disimular la molestia de haber sido interrumpido tan temprano en su momento de soledad.

Sefirox deja escapar una pequeña risa al notar su reacción. Se sienta frente a él y toma su taza con ambas manos antes de hablar con un tono juguetón.

—¿Qué? ¿No esperabas que nadie estuviera despierto a esta hora? Ayer me di cuenta de que desayunas mucho antes de lo normal, así que decidí hacerte compañía hoy. Ya sabes, para que aprecies mi hermosa presencia.

Sefirox sonríe para sí mismo antes de tomar un sorbo de café.

—Fuera de broma, la verdad pensé que tal vez te gustaría desayunar con alguien del team al menos un día. En una de esas podemos hablar y conocernos mejor —agrega.

Sus dedos juegan distraídamente con la taza, dejando escapar un pequeño gesto de nerviosismo que intenta disimular.

Miau levanta la mirada de su taza, cuyo café ya está casi frío, y observa a Sefirox.

Tiene esa sonrisa tonta que parece llevar puesta todo el tiempo. Su pelo negro, parecido a la obsidiana, está tan desordenado como siempre y le da un aspecto ligeramente infantil.

Miau no lo conoce demasiado bien. Después de todo, él es el recién llegado al team. Los demás ya se conocían de antes, por lo que no es difícil sentirse un poco fuera de lugar entre un grupo de jugadores tan experimentados.

Por eso le resulta extraño que Sefirox haya decidido salir de su propia rutina solo para acompañarlo a desayunar.

—No me molesta, pero gracias igualmente —dice Miau.

Aparta la mirada de Sefirox, le da una mordida a su tostada y vuelve a fijar los ojos en su taza de café, dejando bastante claro que no tiene intención de continuar la conversación.

Sefirox se queda un poco desconcertado ante la respuesta tan seca. Quizá esperaba una reacción diferente después de su pequeño intento de ser amable.

Sus ojos recorren la habitación en busca de cualquier cosa en la que pueda concentrarse para evitar que el silencio se vuelva incómodo.

Termina fijándose en una planta cualquiera situada en una esquina.

La observa durante unos segundos.

Después, como si aquello fuera suficiente para recuperar su dignidad, vuelve a mirar a Miau.

—Bueno, ¿y qué piensas hacer hoy, Miau? —pregunta, intentando sacarle al menos algo de conversación al felino.

Miau tarda unos segundos en responder.

—Hmm... ¿Nada? No lo sé.

Ladea ligeramente la cabeza mientras piensa en alguna respuesta rápida que consiga que Sefirox deje de insistir. Sus orejas se mueven un poco mientras busca algo que decir.

—Creo que iré a buscar alguna aldea para lotear. O simplemente a pasear y matar mobs para conseguir algo de experiencia.

Los ojos de Sefirox parecen iluminarse al escuchar la respuesta.

El plan de Miau consigue exactamente el efecto contrario al que esperaba.

—¡Vamos juntos, wn! Así aprovechamos de conocernos mejor, ehh.

Miau se queda en silencio durante unos segundos, mirando a Sefirox como si estuviera intentando decidir si realmente había valido la pena mencionar sus planes.

Claramente no.

—¿No tenías otras cosas que hacer? —pregunta finalmente.

—No.

—¿Nada?

—Nada.

Sefirox responde con una sonrisa, como si acabara de ganar una discusión que Miau ni siquiera sabía que estaban teniendo.

El felino suspira.

—Haz lo que quieras.

—¡Eso es un sí!

—No dije eso.

—Pero tampoco dijiste que no.

Miau lo mira fijamente durante unos segundos.

—Eres molesto.

—Soy un amor.

Sefirox suelta una pequeña risa antes de terminarse el café. Miau hace lo mismo con el suyo, aunque el sabor ya está bastante más amargo de lo que le gustaría.

Cuando ambos terminan de desayunar, Sefirox se levanta primero y recoge su taza.

—Dame cinco minutos para prepararme.

—¿No estabas listo ya?

—Necesito mi espada.

—La tienes puesta.

Sefirox baja la mirada hacia su cinturón.

La espada está ahí.

—...Bueno, entonces cinco minutos para prepararme emocionalmente.

Miau niega ligeramente con la cabeza.

—Te espero afuera.

Miau se levanta de la mesa y sale de la cocina antes de que Sefirox pueda responderle.

Afuera, el aire de la mañana sigue siendo frío. La base todavía está tranquila; apenas se escucha el ruido de algunos pasos y el movimiento de los demás jugadores comenzando a despertar.

Miau revisa su inventario una última vez.

Espada.

Comida.

Pico.

Antorchas.

Todo en orden.

Sefirox aparece unos minutos después, ajustándose el casco mientras camina.

—Ahora sí.

Miau lo observa de arriba abajo.

—¿Eso era lo que necesitabas cinco minutos para hacer?

—Sí.

—Increíble.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Para mí sí.

Miau comienza a caminar hacia la salida de la base.

Sefirox lo sigue inmediatamente.

—Entonces, ¿qué buscamos primero?

—Una aldea, si encontramos alguna.

—¿Y si no?

—Seguimos caminando.

—¿Y si nos perdemos?

Miau gira ligeramente la cabeza para mirarlo.

—No nos vamos a perder.

—¿Seguro?

—Sí.

—Perfecto. Porque yo no tengo idea de dónde estamos.

Miau se queda mirándolo durante un segundo.

—...¿Entonces por qué preguntaste?

—Para mantener la conversación.

Miau vuelve la mirada hacia el camino.

Durante unos segundos, el único sonido entre ambos es el de sus pasos sobre el pasto.

—Oye, Miau.

—¿Qué?

—¿Tú siempre eres así de callado?

—Sí.

—Ah.

Silencio.

Miau piensa que finalmente se ha callado.

Dura aproximadamente diez segundos.

—¿Y por qué?

Miau suspira.

—No sé, me gusta estar tranquilo.

—Ahh.

Otra pausa.

—¿Y no te aburres?

—No.

—¿Nunca?

—Nunca.

—Qué fome.

Miau gira lentamente la cabeza hacia él.

—¿Y por qué querías saber?

Sefirox se ríe.

—No sé. Quería conocerte.

Miau vuelve a mirar hacia adelante.

—Ya me estás conociendo.

—Sí, pero eres difícil.

—No soy difícil.

—Llevamos como diez minutos caminando y has respondido con menos de veinte palabras.

—Pues normal.

—Para ti.

Miau no responde.

A lo lejos comienza a distinguirse una pequeña estructura entre los árboles.

Entrecierra los ojos.

—Creo que hay algo adelante.

Sefirox inmediatamente se adelanta unos pasos.

—¿Una aldea?

—No sé.

—¡Vamos!

—Hey, espera, no corras.

Demasiado tarde.

Sefirox ya va varios metros por delante.

Miau suspira derrotado y acelera el paso para alcanzarlo.

Al acercarse, las primeras casas comienzan a aparecer entre los árboles.

—¡Es una aldea! —exclama Sefirox.

—Sí, ya lo veo.

—¡Ves! Yo sabía que encontraríamos una.

—Yo fui quien dijo que viniéramos.

—Mentiraaa.

Sefirox entra primero en la aldea, mirando cada una de las casas mientras Miau lo sigue con más calma.

—¿Qué buscamos exactamente?

—Cualquier cosa útil. Comida, recursos, cofres...

—¿Y si encontramos diamantes?

—Es una aldea, no una mina.

Después de revisar prácticamente cada rincón de la aldea, ambos terminan con los inventarios mucho más llenos de lo que esperaban.

Miau guarda las últimas cosas dentro de su mochila mientras Sefirox sale de una de las casas con un par de panes en la mano.

—Mira todo lo que conseguí —dice, levantando uno de los panes como si fuera un trofeo.

Miau mira de reojo su inventario.

—¿Tres panes...?

—Sí, tres panes...

—Y un pescado crudo.

Miau niega con la cabeza y continúa caminando.

La exploración sigue durante un rato más, alejándose cada vez más de la aldea. El paisaje cambia poco a poco y el cielo comienza a cubrirse de nubes oscuras.

Miau levanta la mirada.

—Creo que va a llover.

—¿Cómo sabes?

Una gota cae directamente sobre la frente de Sefirox.

—Ah.

Otra cae sobre el casco de Miau.

Y luego otra.

En cuestión de segundos, el cielo se torna más negro y el agua empieza a caer.

—Bueno —dice Sefirox—. Creo que tenías razón.

—¿Crees?

—¿Acaso es alguno de tus poderes de gato o algo así?

Miau suspira.

—Vamos, tenemos que buscar un lugar donde escondernos de la lluvia.

Después de caminar unos minutos bajo la lluvia para encontrar un lugar, encuentran la entrada de una pequeña cueva entre unas rocas.

Sefirox se asoma.

—¿Ahí?

Miau mira hacia dentro.

No parece demasiado profunda.

—Sí. Entremos.

Ambos se apresuran a meterse.

La lluvia queda atrás, aunque el sonido de las gotas golpeando las piedras sigue escuchándose desde la entrada.

Sefirox se quita el casco y sacude un poco la cabeza.

—Odio la lluvia.

—Hace diez minutos estabas diciendo que querías explorar.

—No dije que quisiera mojarme.

Miau deja escapar una pequeña risa.

—Claro.

Se adentran un poco más en la cueva hasta encontrar una zona relativamente seca.

Miau deja su mochila en el suelo y comienza a reorganizar su inventario.

—Tenemos demasiadas cosas —murmura.

—Eso es porque conseguimos mucho loot.

—Conseguimos tres panes.

—Y un pescado.

—Sigo sin entender por qué lo guardaste.

—Porque pensé que te daría hambre. Ya sabes, eres un gato.

Miau lo ignora.

Mientras acomoda sus objetos, la luz de una de las antorchas ilumina una pared de la cueva.

Algo brilla entre las piedras.

Miau se detiene.

—Espera.

Sefirox levanta la mirada.

—¿Qué?

Miau se acerca a la pared y aparta un poco de piedra con el pico.

Un pequeño mineral queda expuesto.

Tiene un brillo extraño, amarillento, casi dorado. No parece completamente metálico, pero la superficie refleja la luz de una forma poco natural.

Sefirox se acerca.

—¿Eso qué es?

Miau lo observa durante unos segundos.

—No lo sé.

—¿No es sulfuro?

Miau vuelve a mirar el mineral.

El color se parece bastante al sulfuro que habían encontrado anteriormente.

—Puede ser.

Sefirox se agacha junto a él.

—Sácalo.

Miau pica cuidadosamente alrededor del mineral hasta conseguir desprenderlo de la pared.

La piedra cae en su mano.

Durante un segundo, ambos se quedan mirándola.

—Brilla caleta —murmura Sefirox.

Miau la gira entre sus dedos.

—Probablemente sea una variante.

—¿Y para qué sirve?

—Ni puta idea.

Sefirox se encoge de hombros.

—Entonces probemos.

Miau lo mira.

—¿Probar qué?

—Ponerla en la armadura.

—¿Para qué?

—Porque si es sulfuro, debería funcionar igual, ¿no?

Miau duda.

No parece la idea más inteligente que ha escuchado en su vida.

Pero tampoco parece haber ningún peligro.

—Supongo.

Ambos sacan parte de su armadura y comienzan a trabajar con el mineral.

Miau coloca la piedra en una de las piezas y espera.

Nada ocurre.

—¿Ves? —dice Sefirox—. Sulfuro.

—Eso no significa que funcione.

—Pero tampoco significa que no funcione.

Miau lo mira durante un momento.

—Eres desesperante.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Para mí sí.

Miau termina de ajustar el mineral en su armadura.

Sefirox hace lo mismo con la suya.

Por unos segundos, ninguno dice nada.

El brillo extraño del mineral se refleja sobre las paredes oscuras de la cueva.

Miau vuelve a guardar sus cosas.

—Cuando deje de llover volvemos a la base.

—Ok.

Sefirox se sienta contra una de las paredes.

—Oye, Miau.

—¿Qué?

—Si muero por radiación, sepas que te quería mucho.

Miau levanta una ceja.

—¿Qué hablas?

Sefirox señala la piedra brillante de su armadura.

—Mira cuánto brilla. Capaz la wea es radioactiva o algo así.

Miau lo observa durante unos segundos.

—No creo que funcione así.

—Era una broma.

—Ya sé.

Sefirox sonríe.

Miau vuelve a mirar hacia la entrada de la cueva.

La lluvia sigue cayendo.

Ninguno de los dos nota que, por un instante, el mineral en sus armaduras parece emitir un brillo ligeramente más intenso, para luego opacarse ligeramente.

La lluvia finalmente comienza a disminuir.

Sefirox se levanta de la pared y se sacude un poco la ropa.

—¿Nos vamos?

Miau guarda lo último que queda fuera de su mochila y se pone de pie.

—Sí.

Ambos salen de la cueva.

El cielo sigue cubierto de nubes, pero la lluvia ya solo cae como una llovizna ligera. El suelo está húmedo y el aire se siente más frío que antes.

Comienzan el camino de regreso a la base.

Al principio avanzan en silencio, pero Sefirox no tarda demasiado en encontrar algo de qué hablar.

—Entonces, ¿cuánto llevas en el PvP?

—Bastante.

—Eso no responde nada.

—No preguntaste cuánto tiempo.

—Bueno, ¿cuánto tiempo?

Miau piensa unos segundos.

—Años.

—¿Años?

—Sí.

—¿Y siempre jugaste así?

—¿Así cómo?

—Solo. Siempre andas por ahí como si fueras un NPC.

Miau lo mira de reojo.

—¿Y tú siempre hablas tanto?

Sefirox se ríe.

Miau no responde.

Continúan caminando.

Hablan de todo un poco. De otros teams, de las misiones que tienen que hacer durante la semana, de técnicas de PvP y de lo que esperan encontrar más adelante a lo largo de los días en el servidor.

Sefirox cuenta alguna historia y exagera algunas partes hasta que Miau termina riéndose más de una vez.

El camino se hace más largo de lo que Miau esperaba.

Y, por alguna razón, no le molesta.

Mientras avanzan entre los árboles, Miau nota algo extraño de reojo.

Demasiado silencio.

Normalmente, a esas horas, deberían encontrarse con varios mobs alrededor.

Pero no hay casi ninguno.

Ni zombis.

Ni esqueletos.

Ni siquiera los sonidos habituales que suelen escucharse desde el bosque.

Miau gira ligeramente la cabeza.

—...

—¿Qué pasa? —pregunta Sefirox.

Miau mira alrededor.

—Nada.

—¿Seguro?

—Sí.

No le da más importancia.

Probablemente simplemente tuvieron suerte.

Continúan caminando.

Unos minutos después, finalmente distinguen la base a lo lejos.

Sefirox levanta una mano.

—¡Llegamos!

—Por fin.

—¿Cansado?

—De escucharte.

—Eso significa que sí.

Miau niega con la cabeza, pero una pequeña sonrisa aparece en su rostro antes de que pueda evitarlo.

Ambos entran a la base todavía hablando.

Tan concentrados en su conversación y en haber llegado finalmente a la base, ni siquiera se dan cuenta de algo.

Durante todo el camino de regreso no encontraron ni un solo enemigo.

Ni uno.

Para ellos, simplemente había sido un viaje tranquilo.

Un viaje con suerte.

Sin saber que aquella ausencia de mobs no tenía absolutamente nada de normal.