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Lazos Que Desconocíamos

Summary:

Peter Parker solo esperaba que su pasantía en Industrias Stark fuera una oportunidad para escapar, aunque fuera por unas horas, de la vida que conocía.

Lo que no esperaba era encontrar un lugar al que pertenecer, ni que Tony Stark descubriera que aquel brillante y problemático pasante era mucho más que eso.

Notes:

Espero y te guste, es mi primera historia aquí en AO3.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Peter Parker había descubierto que Stark Industries tenía café gratis.


No era buen café.


Eso era importante aclararlo.


Era café de máquina, del tipo que sabía ligeramente a plástico y que probablemente podía utilizarse para quitar pintura de una pared si uno tenía suficiente paciencia. Pero era gratis, estaba caliente y nadie parecía llevar la cuenta de cuántas veces Peter se acercaba a la máquina.


Por eso, técnicamente, era el mejor café que había probado en su vida.


—Vas por el tercero.


Peter dio un pequeño salto.


Giró con el vaso de cartón todavía debajo de la máquina y encontró a la señora que trabajaba en recepción mirándolo desde su escritorio.


—¿Qué?


Ella señaló el vaso.


—Es tu tercer café.


Peter miró hacia abajo.


—Oh.


No sabía qué responder a eso.


¿Había un límite?


Nadie le había mencionado un límite.


—Lo siento.


Sacó rápidamente el vaso antes de que terminara de llenarse.


La mujer frunció el ceño.


—¿Por qué te disculpas?


Peter abrió la boca.


La cerró.


Miró el vaso.


—Por… tomar demasiado café.


Ella lo observó durante un par de segundos.


—Peter.


—¿Sí?


—Era una observación.


—Oh.


—Puedes tomar todo el café que quieras.


—Oh.


Otra pausa.


—Gracias.


La mujer negó con la cabeza, divertida, y regresó a su computadora. Peter esperó unos segundos antes de volver a colocar el vaso bajo la máquina, quizá cuatro cafés fueran demasiados y tres están bien.


Probablemente.


Peter echó un vistazo al reloj de la pared y casi derramó todo el contenido del vaso.


—Mierda.


Faltaban siete minutos.


Agarró su mochila y salió disparado hacia los ascensores.


Las puertas estaban comenzando a cerrarse.


—¡Espere!


Una mano apareció entre ellas.


Las puertas volvieron a abrirse.


—Gracias, gracias, gracias.


Peter entró apresuradamente y presionó el botón del piso veintidós.


—Llegas tarde, Parker.


Peter reconoció la voz antes de darse la vuelta.


El señor Harrington —no el profesor Harrington, por supuesto, porque el universo aparentemente consideraba divertido ponerle el mismo apellido a dos personas que podían evaluar su desempeño académico— estaba apoyado contra una de las paredes.


Era uno de los supervisores del programa de pasantías.


Peter miró nuevamente su reloj.


—Todavía faltan seis minutos.


—Entonces todavía no llegas tarde.


—Exactamente.


—Pero corrías como si llegaras tarde.


Peter se encogió de hombros.


—Me gusta tener margen.


El hombre arqueó una ceja y Peter solo sonrió.


Las puertas se abrieron.


—Nos vemos, señor Harrington.


—Parker.


—¿Sí?


—Caminando.


Peter, que ya había empezado a correr:


—¡Sí, señor!




Habían pasado veintitrés días desde que Peter Parker se había convertido oficialmente en pasante de Stark Industries.


Veintitrés.


Los llevaba contados.


No porque fuera raro.


Bueno, quizá era un poco raro, pero también había contado los días desde la picadura.


Doscientos cuarenta y siete.


También contaba los días desde que había muerto el tío Ben.


Ciento ochenta y nueve.


Ese número intentaba no pensarlo demasiado. Habían cosas que eran mejor guardar en algún rincón de la cabeza y no tocar.


Stark Industries pertenecía a otra categoría.


Era una cosa buena, probablemente la mejor que le había ocurrido en bastante tiempo. Lo cual era extraño porque, técnicamente, Peter no debería estar allí, ya que había enviado la solicitud casi como una broma y no porque no creyera que fuera lo suficientemente inteligente.


Peter sabía que era inteligente.


No era arrogancia si era objetivamente cierto.


Era bueno en ciencias, excelente en matemáticas, podía construir una computadora utilizando piezas que otras personas consideraban basura y, desde hacía algunos meses, fabricaba un fluido capaz de soportar varias toneladas de peso en el pequeño laboratorio de química de Midtown.


Lo último no aparecía en su solicitud por razones obvias, pero el problema era que programas como aquel no estaban hechos para personas como Peter.


La gente de su escuela que conseguía pasantías tenía padres que conocían a alguien que conocía a alguien, pero Peter tenía una tía que le había dicho que dejara de perder el tiempo frente a la computadora y buscara un trabajo de verdad.


Así que había enviado la solicitud.


Había hecho los exámenes, había asistido a las entrevista y, de alguna manera, lo habían aceptado.


Cuando recibió el correo, lo leyó nueve veces.


Después imprimió la carta, la guardo dentro de uno de sus libros de física y no sabía exactamente por qué, simplemente le gustaba tenerla.


Stark Industries decía que lo quería allí.


Era agradable tener algo así por escrito.




Peter dejó la mochila debajo de su escritorio y encendió la computadora.


—Buenos días, Parker.


—Buenos días, señorita López.


—Te dejé unos archivos en la carpeta compartida.


—Ya los reviso.


—Y desayuna.


Los dedos de Peter se detuvieron sobre el teclado.


—Ya desayuné.


Mentira.


Ella ni siquiera levantó la mirada.


—El café no cuenta.


Peter miró lentamente el vaso que tenía al lado.


Aquello empezaba a parecer una conspiración.


—También comí.


—¿Qué cosa?


Peter pensó rápidamente.


—Una barra.


Eso no era exactamente mentira.


Había comido media barra de cereal la noche anterior.


La otra mitad seguía dentro de su mochila.


—¿De qué?


Peter volvió a quedarse quieto.


La señorita López finalmente levantó la mirada.


—Eso pensé...


Abrió uno de los cajones de su escritorio, sacó algo y lo lanzó hacia él.


Peter lo atrapó automáticamente.


Era un paquete de galletas.


Lo miró y después la miró a ella.


—No tengo dinero ahora.


La mujer frunció el ceño.


—No te las estoy vendiendo.


—Ah.


Peter volvió a mirar el paquete.


—Entonces… ¿Qué tengo que hacer?


—Comértelas.


—No, quiero decir para…


Hizo un gesto con las galletas.


—¿Para qué?


—Para pagarlas.


La mujer lo observó.


Peter comenzó a sentirse incómodo, quizá había dicho algo estúpido.


—Parker, cuestan como un dólar.


—Sí.


—Te las estoy regalando.


Peter parpadeó.


—¿Por qué?


Eso hizo que la expresión de la mujer cambiara.


No mucho.


Peter probablemente no lo habría notado antes de la picadura, ahora notaba demasiadas cosas como el pequeño movimiento de sus cejas, la forma en que sus labios dejaron de sonreír, el ligero aumento de su ritmo cardíaco.


Peter odiaba escuchar corazones.


Era invasivo, pero intentaba ignorarlos.


—Porque tienes dieciséis años y estás desayunando café de máquina —respondió finalmente.


Peter sonrió.


—He tenido desayunos peores.


Lo dijo como un chiste.


Ella no se rio.


Peter decidió abrir las galletas.




Su vida siempre había sido bastante sencilla, no buena, pero sencilla.


Cuando era pequeño estaban mamá y papá.


Mary y Richard Parker.


Peter recordaba mejor a su madre, era extraño admitirlo. Su padre estaba presente en muchos de sus recuerdos, pero casi siempre estaba al fondo.


Leyendo.


Trabajando.


Hablando por teléfono.


Oh cerrando la puerta de su despacho.


Peter había aprendido bastante pronto que no debía molestarlo y su madre solía decir que Richard estaba cansado.


Que tenía mucho trabajo y que Peter hacía demasiadas preguntas.


Eso último era cierto.


Peter hacía muchísimas preguntas.


Una vez había desmontado el reloj de su padre porque quería saber cómo funcionaba, pero Richard no estuvo muy contento.

Peter tampoco había vuelto a tocar sus cosas después de aquello.


Era fácil aprender qué cosas no debían hacerse.


No entrar al despacho.

No hablar durante las noticias.

No preguntar por qué papá nunca quería llevarlo a la escuela.

No llorar cuando estaba enfadado.

No romper cosas.

No pedir cosas caras.

No molestar.


"Especialmente no molestar".


Después sus padres murieron.


Un avión, un accidente, una llamada y personas hablando demasiado bajo, pero Peter recordaba fragmentos que no había querido comprenderlos.


Después llegaron Ben y May.


Y Peter volvió a aprender reglas nuevas.


No eran difíciles.


Mantener limpia su habitación.

Lavar sus platos.

Ayudar con la ropa.

Sacar la basura.

Limpiar el baño.


"Conseguir algo de dinero cuando pudiera".


Eso último empezó cuando tenía trece años.


No era para tanto.


Ben decía que ya era suficientemente grande para comprender cuánto costaba mantener otra boca en casa.


Y tenía razón, la comida costaba, la electricidad costaba mucho, el agua no era gratis y la escuela costaba más de lo que creía.


Todo costaba, al igual que Peter.


Así que hacía pequeños trabajos, arreglaba computadoras, ayudaba a los vecinos y hacía tareas para otros chicos de la escuela cuando necesitaba dinero rápido.

No estaba orgulloso de eso último, pero veinte dólares eran veinte dólares.


Después Ben murió y las cosas se volvieron un poco más complicadas.


May estaba triste, estaba enfadada y Peter entendía ambas cosas.


Él también estaba triste, también estaba enfadado, sobre todo consigo mismo, porque si hubiera detenido al ladrón cuando tuvo la oportunidad, Ben seguiría vivo.


Era matemática básica.


A provocaba la B.


Peter no hizo la A y ocurrió la B.


"Todo por su culpa"


May simplemente había sido la primera persona suficientemente valiente para decirlo en voz alta.


Peter no podía odiarla por eso.




—¿Parker?


Peter levantó la cabeza.


—¿Sí?


—Llevas cinco minutos mirando la misma línea.


Miró la pantalla.


Cierto.


—Estaba pensando.


—Eso suele ser peligroso.


Peter sonrió.


—Especialmente cuando lo hago yo.


La señorita López negó con la cabeza.


—¿Terminaste el análisis del prototipo?


—Sí.


—Te lo envié hace veinte minutos.


—Sí.


Ella abrió el archivo.


Silencio.


Peter mordió otra galleta.


La mujer comenzó a desplazarse por las páginas.


—¿Hiciste todo esto en veinte minutos?


—Diecisiete.


Ella lo miró.


Peter tragó.


—¿Está mal?


—No.


—Puedo repetirlo.


—Peter...


—No me importa.


—Está bien. —La señorita López suspiro.


Peter dejó de hablar y la mujer continuó leyendo.


—De hecho, encontraste un error que nuestro equipo no había visto.


Peter intentó no sonreír demasiado.


Fracasó.


—¿En serio?


—En serio.


—Sabía que la distribución térmica estaba mal.


—¿Cómo?


Peter se levantó inmediatamente.


—Porque si observa el diseño…


Y ahí estaba.


La parte que le gustaba hacer, olvidarse de todo. De Queens, de May, de las facturas pegadas al refrigerador, de las patrullas, del traje escondido debajo de una tabla suelta de su habitación y de que esa mañana May le había recordado que el viernes tenía que darle el dinero de la pasantía.


Peter todavía no le había explicado que era una pasantía educativa y que no le pagaban.


Ese era un problema para el Peter del viernes, el Peter del lunes estaba en Stark Industries y allí podía hablar, podía hacer preguntas y podía equivocarse… Bueno, todavía intentaba no equivocarse.


Pero nadie gritaba cuando ocurría.


Una semana atrás había roto accidentalmente una herramienta de laboratorio. Peter había sentido que el estómago se le caía al suelo, había empezado a calcular cuánto tiempo tendría que trabajar para pagarla.


El técnico simplemente había mirado la herramienta, después a Peter y después otra vez la herramienta.


—Bueno, esa mierda tenía como diez años.


Y la había tirado a la basura.


Peter había pasado el resto del día esperando que alguien mencionara el precio.


Nadie lo hizo.


Stark Industries era rara, la gente allí era rara.


Le daban comida, le preguntaban si había dormido o le decían que se fuera a casa cuando terminaba su horario.


La primera vez que ocurrió, Peter había pensado que lo estaban despidiendo, ahora sabía que aparentemente eso era normal, a las cinco de la tarde terminabas y te ibas.


Nadie esperaba que te quedaras hasta las siete limpiando, nadie te preguntaba cuánto habías ganado ese día, nadie revisaba tus bolsillos.


Era… Agradable.


Peter no sabía cuánto duraría porque las cosas buenas normalmente no duraban demasiado y por eso intentaba aprovecharlas mientras estaban.




A las cinco y doce Peter seguía frente a la computadora.


A las cinco y veinte, también.


A las cinco y treinta y cuatro, la señorita López apareció detrás de él.


—A la casa.


Peter ni siquiera levantó la cabeza.


—Cinco minutos.


—Dijiste eso hace quince.


—Estos sí son cinco minutos.


—Peter


Peter guardó rápidamente el archivo.


—Listo.


—¿Mañana tienes escuela?


—Desgraciadamente.


—Entonces vete.


Peter tomó la mochila, podía quedarse un poco más, prefería hacerlo.


La Torre estaba caliente, había internet y todavía quedaban algunas galletas en la sala de descanso, pero había aprendido que los empleados empezaban a mirarlo raro cuando se quedaba demasiado.


—Hasta mañana.


—Hasta mañana, Peter.


Caminó hacia los ascensores.


Su sentido arácnido zumbó suavemente.


Peter se detuvo.


No era peligro, no exactamente.


Era esa sensación extraña que algunas veces aparecía cuando algo se movía demasiado rápido cerca de él.


Giró.


Una pequeña pieza metálica había salido disparada desde uno de los laboratorios abiertos, Peter extendió la mano y la atrapó.


Todo ocurrió en menos de un segundo.


Peter miró la pieza y… ¡¡MIERDA!!


Levantó lentamente la cabeza.


Un hombre al otro lado del pasillo lo estaba mirando, Peter reconocería esa cara en cualquier lugar, todo el mundo reconocería esa cara.


Tony Stark sostenía un destornillador en una mano y llevaba unas gafas de seguridad sobre la cabeza.


Miró a Peter, después miro la distancia entre ambos y después a la pieza metálica que Peter acababa de atrapar en el aire sin siquiera verla venir.


Peter tragó grueso y Tony levantó una ceja.


—Buenos reflejos.


Peter rio nerviosamente.


—¿Gracias?


Tony extendió una mano.


Peter tardó dos segundos vergonzosamente largos en comprender que quería la pieza.


Caminó hacia él y se la entregó.


—Tú eres uno de los pasantes.


No era una pregunta.


—Sí, señor.


—¿Nombre?


—Peter.


Tony esperó.


—Peter Parker.


—Parker.


Tony miró nuevamente la pieza.


Después a Peter.


Por alguna razón, Peter tuvo la sensación de que estaba siendo analizado.


—¿Qué haces en este piso, Parker?


Peter señaló detrás de él.


—Pasantía.


Tony miró el número gigantesco junto al ascensor.


—Eso explica sorprendentemente poco.


—Análisis de prototipos. Bueno, principalmente simulaciones, algunas revisiones, documentación y la señorita López me deja revisar diseños cuando termino antes, pero oficialmente creo que soy asistente técnico junior, aunque mi identificación dice pasante de ingeniería porque—


Peter cerró la boca.


No molestar, reglas básica.


—Lo siento.


Tony inclinó ligeramente la cabeza.


—¿Por qué?


Peter parpadeó.


Era la segunda vez que alguien le preguntaba eso aquel día.


—Hablo mucho.


—Me había dado cuenta. —Tarareo el millonario.


Peter bajó la mirada.


—Sí. Lo siento.


Hubo un pequeño silencio.


—No era una queja, kid.


Peter volvió a levantar la cabeza.


Tony ya estaba caminando hacia el laboratorio.


—Ah.


Peter no sabía si debía marcharse.


Probablemente sí.


Definitivamente sí.


—Parker.


—¿Sí, señor Stark?


Tony se había detenido en la entrada.


Levantó la pequeña pieza.


—¿Sabes qué es esto?


Peter la observó.


—Un regulador giroscópico.


Tony arqueó una ceja.


Peter señaló la pieza.


—Aunque está mal diseñado.


Silencio.


Oh.


Oh, no.


—Quiero decir, no *mal* diseñado, obviamente. Es Stark Industries, estoy seguro de que está muy bien diseñado. Excelente diseño, probablemente el mejor regulador giroscópico que he visto en mi vida.


Tony seguía mirándolo.


—Pero está mal diseñado.


Peter deseó que el suelo se abriera.


—Un poco.


Tony miró la pieza.


—¿Por qué?


Peter dudó.


Después señaló uno de los extremos.


—El peso.


Tony no respondió.


—Está descompensado —continuó Peter, incapaz de detenerse ahora—. No mucho. Probablemente funcionaría perfectamente en condiciones normales, pero si aumenta demasiado la velocidad de rotación, la vibración terminaría desplazando el eje. Podría corregirlo con software, supongo, pero sería solucionar digitalmente un problema mecánico y eso parece… innecesario.


Tony miró el regulador.


Peter esperó.


Cinco segundos.


Diez.


Tony caminó hacia una computadora y tecleó algo, era una simulación, Peter observó cómo cambiaban los números.


Tony se quedó inmóvil.


—Huh.


Peter empezó a preocuparse.


—¿Señor Stark?


Tony volvió a mirar la pantalla, después el regulador y después a Peter.


—¿Dijiste que eras pasante?


—Sí.


—¿Cuántos años tienes?


—Dieciséis.


Tony hizo una mueca.


—Eso es ofensivo.


Peter no supo si acababan de insultarlo.


—Gracias.


Tony soltó una carcajada.


Y Peter sonrió sin poder evitarlo.


—Vete a casa, Parker.


—Sí, señor Stark.


Peter caminó hacia el ascensor.


—Y Parker.


Volvió a girarse.


Tony ya estaba trabajando otra vez.


—Mañana, cuando termines con lo que sea que hacen sufrir a los pasantes en el veintidós, sube al cuarenta y uno.


Peter abrió mucho los ojos.


—¿Al cuarenta y uno?


—Eso he dicho.


—Pero mi identificación no tiene acceso.


Tony levantó la mirada hacia el techo.


—FRIDAY.


Una voz femenina respondió inmediatamente.


—Ya está hecho, jefe.


Peter miró su identificación.


Después a Tony.


—¿Por qué?


Tony señaló el regulador.


—Porque quiero saber qué otras cosas mías vas a insultar.


—Yo no estaba—


—Si si, ,mañana, Parker.


Peter apretó la identificación contra su pecho.


—Sí, señor Stark.


Entró en el ascensor, las puertas comenzaron a cerrarse y Peter no pudo evitar sonreír.


¡¡Tony Stark acababa de invitarlo a su laboratorio!!


A él... Peter Parker.


El chico que hacía menos de un año había estado arreglando teléfonos de sus compañeros por diez dólares para poder llevar dinero a casa.


El chico que por las noches se ponía una máscara y recorría Queens pegándose a paredes.


El chico que había dejado escapar al hombre que después mataría a su tío.


El chico que todavía tenía que encontrar alguna manera de explicarle a May que el viernes no tendría dinero para darle.


Por primera vez en mucho tiempo, Peter tenía algo que esperar con ganas.


Las puertas se cerraron y Peter no vio cómo Tony Stark permaneció mirando el ascensor durante varios segundos.


Ni cómo volvió a observar la simulación.


Ni el cómo murmuró:


—Dieciséis años.


FRIDAY permaneció en silencio.


Tony tomó el regulador, miró nuevamente los cálculos que el chico había señalado en menos de treinta segundos y sonrió.


—Interesante, Parker.


Ninguno de los dos podía saber todavía cuánto iba a cambiar aquel encuentro.


Probablemente era mejor así.

Notes:

Espero les halla gustado este capitulo.

:3 Comenten que tal les pareció. 7w7