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Antes de que el Destino nos Alcance

Summary:

Tras aceptar la oferta del Olympiacos y abandonar lo que un día fue su hogar, Armando intenta dar vuelta a la página y mudarse a Grecia después de terminar de manera desastrosa su relación con Brian.

Por su parte, Brian intenta recoger los pedazos de su corazón mientras guarda uno de sus mayores temores: ocultar su embarazo de la prensa, de su club y de Armando, en un desesperado intento por evitar que su secreto salga a la luz; todo esto mientras busca conseguir el decimotercer título para Chivas.

Brian reza todos los días para evitar que Armando se entere que será padre.

Armando reza todos los días para soportar la lejanía de su hogar y superar a quien fue el amor de su vida.

«El destino tarde o temprano nos da alcance; ningún secreto permanece oculto para siempre, y solo al mirar de frente a la realidad, encontramos la fuerza para sostener nuestro propio camino».

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A! Armando González
O! Brian Gutiérrez

Hormian

Notes:

Soy nueva en esto. Años leyendo Fanfics y es la primera vez que escribo algo jajaja

Este fanfic es Hormian. Muy infravalorado.

Acepto dudas, sugerencias y comentarios. Dejen kudos si les gustó la idea c:

Le van a sufrir pero juro que habrá un final feliz

** Capítulo editado.

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text


—Brian, recuerda, nunca pierdas tu enfoque en conseguir lo que deseas.


Desde su niñez, Brian siempre se había considerado como alguien calculador y “frío” de mente; si bien, era un chico que le gustaba bromear con sus amigos y compañeros de equipo en el club local en dónde jugaba —una vez tomando confianza, claro está— al hablarse del fútbol, ​​​​Brian se aseguraba de guiarse por la lógica y la racionalidad antes que por los sentimientos.

Después de todo, según su padre, hay decisiones que deben tomarse con la cabeza fría, aislado de emociones, especialmente si buscas ser el mejor.

La filosofía de vida instruida por su progenitor desde muy temprana edad le forjó a ser muy cauteloso, a reprimir su sentimiento en escenarios importantes para evitar cualquier margen de error.

Tal vez, solo tal vez, eso lo conllevó a pensar de manera errónea, pues consideró que si una persona tomaba decisiones en base a lo que “su corazón dictaba” en lugar de hacer el uso de la razón, era totalmente propensa a fallar.

Siempre evitó mezclar emociones en la mayor medida de lo posible; le daba miedo que, en algún momento, su actuar pudiera traer consigo consecuencias en un futuro que no estaba preparado para afrontar.

Brian realmente se esforzó en dejar el sentimentalismo a un lado.

Siempre ha competido hombro a hombro con jóvenes mayores a él desde que estaba en las fuerzas básicas. Ese hecho, lejos de intimidarlo, le dio el impulso que necesitaba para dar lo mejor de sí dentro de la cancha.

Poco le importaba que fuese un “pequeño omega” rodeado por una gran cantidad de alfas más fuertes que él; le importaba poco que sus demás compañeros fueran mucho más veloces, más altos, más grandes, y probablemente con un mejor desempeño que lo que él pudiera lograr obtener.

Eso nunca fue un obstáculo para su persona aunque, visiblemente, su subgénero le provocaba una cierta desventaja deportiva en comparación con los demás alfas de los que se rodeaba.

Por eso mismo, en lugar de centrarse en sus debilidades y sentirse incapaz de lograr su objetivo, buscó la forma en cómo mejorar paso a paso.

Con la ayuda de su padre, poco a poco fue limando las asperezas de su técnica y fue forjando una hábil manera de dominar el balón. Sin pensarlo, en pocos años Brian se había convertido en un diamante en bruto, siendo cuestión de tiempo para que un club de fútbol se interesara por él y viniera a buscarlo en Illinois.

Su esfuerzo dio frutos cuando un visor de Chicago Fire se acercó a su padre para ofrecerle la oportunidad a Brian de estar dentro de sus filas como canterano.

Después de mucha preparación, Brian logró conseguir un cuerpo atlético, perfecto para un jugador profesional: su musculatura era bien proporcionada, había aumentado en fuerza, había crecido muchísimo en altura e incluso, siempre lo confundían con un alfa.

Finalmente, a los 16 años logró dar un paso enorme al firmar el contrato de Chicago Fire FC que lo convertía oficialmente en uno de los jugadores dentro del primer equipo; este hecho lo empujaba al máximo dentro del fútbol profesional y lo colocaba en el radar internacional, algo que le permitió con el tiempo llamar la atención de diversos clubes.

Solo era cuestión de tiempo.

 


 

" —Buen día Brian, agradecemos tu disposición en aceptar esta videollamada. Mi nombre es Javier, Director Deportivo del Club Deportivo Guadalajara.

¿Estás dispuesto a escuchar la oferta que tengo para ti?"

 


Jamás esperaba recibir una llamada por parte de Chivas para unirse a su plantilla, el club mexicano cuyos padres siempre amaron y le habían transmitido a él ese amor desde cachorro por los colores rojiblancos. Le presentamos el proyecto y gustoso aceptó.

Estaba cumpliendo uno de sus más grandes sueños.

Haberse colocado la camisa rojiblanca lo hacía querer brincar de la emoción y correr como loco, aunque su cara solo reflejaba una sonrisa cordial, Brian se sentía en la absoluta gloria, sintiendo la grandeza del estadio Akron que lo acogió como uno de los suyos desde el primer día.

Se sintió afortunado y grandemente bendecido.

Después de tanto esfuerzo, sudor, sangre y lágrimas, finalmente estaba teniendo su recompensa; Definitivamente, su estadía en Chivas sería muy positiva y marcaría su vida para siempre.

Nada de esto salir podría mal, ¿Verdad?

 


 

El Brian del presente miraba a su yo del pasado con reproche, recelo y una enorme tristeza.

Nunca creyó que toda la filosofía de vida que había seguido desde que la conciencia formada parte de él, fuese quebrantada de manera tan abrupta por culpa de su maldito corazón.

Lo que siempre había querido evitar, sucedió de la peor manera posible.

Su peor pesadilla se estaba volviendo a la realidad y no podía hacer absolutamente nada para evitarlo. Esta situación lo ha sobrepasado por completo.

Quiere gritar. Quiere llorar. Quiere rogar. Quiere suplicar. No puede actuar como el hombre «racional» que siempre intentó ser. No cuando se enteró de que el amor de su vida se iría muy, muy lejos de él y no podría hacer nada para evitarlo.

«Por favor, Armando, no te vayas» era la frase que una y otra vez recorría sus pensamientos, aunque sabía que jamás sería capaz de pronunciarla en voz alta.

Su mente era un caos, no sabía qué hacer para detenerlo sin ser un hijo de perra. ¿Acaso debería dejarse llevar por sus emociones? ¿Debería ignorar todo y simplemente actuar con indiferencia? ¿Deberías enojarte? ¿Llorar? ¿Suplicar?

Quería ser egoísta e insistirle a Armando para que se quedara en el club. Rogarle de rodillas que, por favor, lo eligiera a él; que dejara de lado su insistencia de irse de Chivas para emigrar a Grecia con la idea de cumplir su sueño europeo.

Brian ya había rechazado una oferta de un equipo de Francia por miedo a separarse de Armando, ¿Por qué Armando no podía hacer lo mismo por él? ¿Realmente no era lo suficientemente importante para su novio?

Para Brian, el sueño europeo podía esperar si implicaba estar lejos del amor de su vida. No le importaba ningún otro maldito club.

No le importaban los millones de euros que pudiese ganar. No le interesaba la jodida fama.

Lo único que le importaba era Armando, con quién esperaba algún día levantar un título juntos con el club de sus amores; esperaba vivir con él, levantarse de su cama compartida cada mañana, ambos seguir creciendo futbolísticamente, casarse en un futuro y, por qué no, algún día tener un hermoso cachorro juntos y criarlo con todo el amor posible.

Para Armando, sin embargo, el sueño europeo lo era todo; una oportunidad que no pensaba desperdiciar sin importar que tuviera que dejar atrás su vida en México.

Su desesperación por destacar y el hambre de convertirse en el delantero titular de la Selección Mexicana le habían fijado una meta clara: salir de inmediato de Chivas y no mirar atrás, aún si esa decisión le partiera el alma en mil pedazos.

Pero, sobre todo, Brian quería saber por qué Armando no era capaz de decirle a la cara que sería fichado por el Olympiacos.

¿Por qué se lo había ocultado todo este tiempo y tuvo que enterarse por los rumores que sonaban en los pasillos de Verde Valle y no por él? ¿Lo estaba desechando de su vida? ¿Lo que vivieron juntos no significó nada?

Su omega lloraba y arañaba su interior con una desesperación agónica de solo pensar que Armando estaría lejos de él, en otro continente; de saber que existía la posibilidad de que nunca volviera a vivir en México.

En algún momento, estaba hombro a hombro con Armando, ahora, Armando se estaba yendo muy lejos de él.

No importa lo mucho que intentará alcanzarlo, ahora se sentía imposible ni siquiera rozar con la punta de sus dedos la mano de quién había considerado su compañero, su amado.

Pero ¿cómo iba a privar a su alfa de la gran dicha de cumplir su más grande sueño que tenía desde que era un pequeño cachorro?

Se sintió como un maldito sin corazón por desear que Armando eligiera quedarse con él en lugar de aceptar la propuesta del club de Grecia. Su corazón estaba destrozado y su alma partida en mil pedazos ante la idea de no volver a verlo. De no poder crear una familia con él en Guadalajara.

Si Brian le preguntase a Armando su elección ¿a quién elegiría? ¿a él? ¿O sus sueños en Grecia?

Brian sabía de antemano la respuesta y eso lo rompía por dentro.

Después de todo, entendía que esta batalla siempre estuvo perdida para él, mucho antes de que siquiera decidiera intentar luchar.

Entendía que la distancia sería dura y sabía que, por el bien de ambos, lo mejor era separarse y dar por terminada su relación. Cada quién tomaría su rumbo; Armando podría estar con un omega bonito, amable y podría asentarse permanentemente en Grecia. Podría formar una linda familia que no formaría con Brian.

Brian sinceramente no se veía con otro alfa que no fuera Armando. Sin embargo, la vida era cruel y dura; Tendría que buscar la manera de seguir adelante lo quisiera o no, con o sin el amor de su vida.

Al final, no había una marca, ni cachorros de por medio, ni un compromiso formal que los uniera. Solon quedaban estragos de una relación secreta que ni siquiera duró un año.

Podría superarlo.

Simplemente tendría que olvidar todo y borrar cada rastro de Armando de su vida.

O al menos eso creía Brian hasta que se enteró de una de las mayores sorpresas que la vida le otorgó y que definitivamente jamás esperó tener.

Ahora, con una relación rota y sin ningún familiar cercano en Guadalajara que lo acompañe, Brian debe enfrentar completamente solo una nueva realidad que lo atemorizaba: ocultar su embarazo y criar al cachorro que se formó dentro de él.

Brian sabía que no era fácil, tendría que soportar los rumores sobre la supuesta nueva relación de Armando con un omega en Grecia, mientras intentaba ocultar su embarazo el mayor tiempo posible de la prensa, el cuerpo técnico y sus compañeros.

Se propuso que soltaría toda la verdad, pero no antes de enfocarse en ganar el título trece con Chivas antes de que está situación se le escapara completamente de las manos; era una carrera contra el tiempo.

Tendría que conseguir ese campeonato antes de que su vientre delatara su estado y sus sueños fueran truncados.

Solo después de ello, lo juraba a Dios, sería capaz de contarle la verdad a todos. Especialmente Armando.

Brian sabe que está jugando con fuego, porque nadie, absolutamente nadie, podría entrar y fuera de la cancha, que lleva en su vientre al hijo de Armando «La Hormiga» González.