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devovere

Summary:

Desde 2012 a 2016, Jean mide los años en "armininés". Y en el camino se da cuenta de que está perdidamente enamorado... es una lástima que no tiene ni la más mínima esperanza de ser correspondido, ni siquiera cuando ambos al fin se liberan de las imposiciones de la distancia al entrar a la misma universidad; ni siquiera ahora que asisten a su primera fiesta juntos.

Y mucho menos cuando la botella que acaba de girar en el centro del círculo apunta directamente a Armin.

(Jearmin Week 2026, día 4: "Primer beso")

*mensajes de Jean: > subrayado
*mensajes de Armin: < sin subrayado

Notes:

este fic está dedicado a Lamb y Tea por todo su apoyo y compañía. ninguna letra aquí estaría en su debido lugar si no fuera por sus ánimos y entusiasmo por el Jearmin. en verdad gracias, ustedes saben quiénes son :,3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

2012

 

Por ahí de marzo, Jean nota que la lista de cosas que él y Armin quieren hacer y que anotan en su chat de msn son cada vez más difíciles de rastrear en la ventanita conforme las conversaciones se apilan, como si ésta no fuera ya capaz de contener por sí sola la conexión entre ambos adolescentes. La libretita la compra por impulso unos días después en la papelería de su colonia, junto con otros materiales escolares que necesita para su tarea de arte.

>recuerdas si queríamos ir primero al acuario o a la plaza abandonada?

<¿¿¿???

<La plaza abandonada la habíamos descartado (⚆_⚆)

>en serio? no quieres pensarlo un poco más?

<Vuélveme a preguntar cuando seamos mayores de edad y tengamos algún medio de transporte en el cual escapar de los vagabundos que viven allí…

>ok. lo anoto entre paréntesis

<( ╹ -╹)? ¿Como una especie de contrato?

> nah estoy haciendo una lista a mano de las cosas que queremos hacer

<¡Ahh! ( • ̀ω•́ )✧ ¡Buena idea! Anota: "disuadir a Jean de comenzar un canal de youtube de exploración urbana".

>es una idea millonaria y lo sabes Arlert, deja de tenerle miedo al éxito >;D

 

Plasmar en papel las ideas de ambos se le convierte en un acto casi ritual: hay algo de sagrado en el empeño que pone porque la letra le salga bonita y prolija, algo de fe en el hecho de que hay una sección titulada "para cuando cumplamos dieciocho porque Armin es un nerd". Y mucho de una emoción sin nombre que lo lleva a garabatear sin pensar en las esquinas lo que imagina sería el día de verano ideal con Armin. Jean contempla en silencio varios segundos lo que está haciendo y cierra la libreta abruptamente. Siente el rostro hirviendo y un cosquilleo agradable en el cuerpo pese a lo azorado que está.

(no tiene corazón para tachar la historieta. en un arranque de valentía decide dejarla tal y cómo está porque a final de cuentas no es como que sea la gran cosa, ¿verdad? es un simple capricho de artista porque Jean es súper talentoso y creativo y seguro que a Armin eso le impresionará. por si las dudas, no está de más buscar unas estampas cool para la portada que eleven el concepto que el rubio tiene de Jean todavía más)

 


 

Jean vuelve a Trost después de un verano que se siente demasiado corto, mucho más que el anterior. La libretita se la deja a Armin y hay dos cosas que el castaño no puede dejar de reproducir en su mente una y otra vez: la expresión de Armin al recibir y hojear el cuaderno, y su rostro aterrorizado tras el encuentro con los papás de Mikasa.

Por más que le da vueltas, no saca tanta claridad como le gustaría. Sobre todo si compara la reacción de la propia Mikasa (ligeramente curiosa pero imperturbable) cuando Jean y sus padres se conocieron, o la de Eren cuando se entera de que ya lo sabe (amenazarlo en ese modo violento y simple que tiene de abordar cualquier posible peligro, real o imaginario). Toda la situación lo deja con la sensación de que se está perdiendo de algo importante sobre Armin, algo que no puede obligarle a mostrar o preguntarle todavía.

Tampoco sabe qué hacer con su propia reacción a la sonrisa suave y maravillada del rubio cuando lo del cuaderno.

Sus constantes pláticas con Marco no bastan: su amigo insiste en que probablemente la respuesta a ambas cosas está a plena vista si Jean se esfuerza lo suficiente en conectar los puntos. No cede aunque Jean le ruegue que comparta con él las conclusiones a las que ha llegado, repite como loro que "es algo que necesitas descubrir por ti mismo, Jean" y "sea cual sea la razón por la que Armin estaba tan asustado como dices, debes esperar a que él decida contártela".

El problema es que: 1. duda que Armin le vaya a contar algo que se siente tan importante por escrito y 2. Jean siente que necesita más del rubio para aclarar sus propios pensamientos confusos. De un modo u otro, Jean intuye que todo se resolvería más rápida y sencillamente si no hubiera una ciudad entera de distancia entre ambos.

Y entonces, como si dios mismo hubiera escuchado su angustia (totalmente justificada aunque Marco le llame dramático y pesado), su madre le pregunta si estaría de acuerdo en pasar año nuevo con sus tíos en Shiganshina.

 


 

Armin abre la puerta en calcetines pachoncitos, una pijama azul cielo con rayas verticales blancas ("como la de un viejito de caricatura adorable", piensa después) y una manta verde pastel sobre los hombros que lo hace parecer más pequeño de lo que es en realidad por la cantidad de tela sobrante amontonándose en el suelo.

Los ojos azules del rubio se abren como girasoles al sol, y a Jean, no por primera vez, le resulta difícil creer que se conocieron hace apenas un par de años.

Estrecharlo entre sus brazos es lo primero que se le ocurre —es lo más natural y lógico del mundo en realidad—, y en cuanto Armin devuelve el abrazo, Jean se siente flotar hacia algún lugar que todavía no puede alcanzar pero que tiene las respuestas que busca.

 


 

La última noche del 2012 es su primera noche juntos. Es la primera vez que Jean descubre que Armin tiene un montón de peluches casi tan adorables como su dueño y que se trata de una de esas cosas que esconde porque piensa que le hacen parecer anormal.

Jean se da cuenta de muchas cosas esa noche. Sobre Armin, sobre él, sobre lo extrañamente correcto que se siente despertar abrazados, aun si ambos se sueltan al despertar —sobresaltados por la alarma que Armin había olvidado desactivar— y se hacen los desentendidos y aquí no pasó nada (aunque el resto del día son puras sonrisas y miradas de soslayo y mejillas coloradas).

Sobre todo, Jean entiende que hallar una respuesta es tan sólo cuestión de tiempo. Que hay algo inevitable entre Armin y él: está ahí, esperándoles a los dos aunque todavía no logre vislumbrar lo que es en su totalidad. El primer amanecer del año se siente como una probadita de ese algo y quizás debería de aterrarle— por fortuna no hay mal que la simple presencia radiante de un rubio despeinado y amodorrado no ahuyente.

Jean Kirstein no es precisamente una persona paciente, pero puede aprender a esperar. Y mientras tanto, a Armin le falta una criatura marina en su colección así que por ahora al castaño los seis meses de distancia entre ésta y la siguiente vez que se vean le parecen una ventaja en vez de fastidiarle.

 

2014

 

La verdad es que los comentarios sugestivos de su círculo de amigos probablemente deberían de molestarle mucho más. O al menos lo suficiente para dejar de ser "tan obvio que a estas alturas creo que Armin está ciego" (Sasha) e "igual de patético que un chihuahua con traumas de abandono" (Yeager). Pero bueno, a estas alturas Jean está más allá de dejar que una cosa tan insignificante como sentir vergüenza de su propio patetismo lo detenga de pasar todo el tiempo posible junto al rubio. Y mientras Armin siga sonriendo entusiasmado y con los ojos como estrellas cada que lo invita tímidamente a pasar la noche en su casa, o cuando el mismo Jean pregunta si puede quedarse, no ve cuál es el problema.

Ambos merecen un poco de consideración, honestamente.

El año pasado Jean no pudo venir a Shiganshina más de una semana en verano y, por mucho que pasó meses picándose los dedos con la aguja y perfeccionando sus puntadas, ni siquiera tuvo tiempo de terminar el obsequio que planeaba darle a Armin.

(siete días, nada de estrella de mar y frente a sus ojos Armin con el cabello recogido en media cola porque le había crecido un montón, acomodándose a cada rato el flequillo tras las orejas en un gesto distraído que casi vuelve loco a Jean)

Había sido extremadamente frustrante para los dos adolescentes, a juzgar por la cantidad de horas que ambos pasan chateando en skype —Armin había pasado semanas tristeando la pérdida del msn— día tras día el resto del verano, ignorando lo más que pueden la vida fuera de la pantalla con la esperanza de compensar el tiempo que no tuvieron.

Así que, ajá. Desde año nuevo de 2013 hasta el actual verano de 2014, Jean ha aprendido montones de cosas valiosas. La primera y más práctica fue a no dejar las cosas en manos del azar. Si la cantidad de días que Jean puede pasar en otra ciudad depende de los fondos disponibles, existen soluciones; empezar a repartir periódicos y cortar el césped de los vecinos, por ejemplo. Si su rendimiento escolar es parte de los argumentos en contra, Jean tiene al mejor nerd del mundo de su lado para mejorar sus calificaciones a unas casi irreprochables. Etcétera, etcétera.

En cuanto a asuntos de otra índole— el castaño bien podría empezar su propio emprendimiento de peluches hechos a mano. La verdad, y sin exagerar, es que se le da bastante bien. Tiene por testigo a su magnum opus guardado todavía en la maleta: una estrella de mar, cuya tela teñida como un lienzo de acuarelas en colores pastel luce en el centro una expresión tipo kaomoji y detalles de textura bordados con esmero en ambas caras.

Antes de dar con el definitivo, debe haber hecho más de treinta prototipos, todos de distintos tamaños y diseños. Los mejorcitos los regaló porque le daba pena tirarlos o deshacerlos. Sus amigos, su mamá e incluso algunas señoras amigas de ella recibieron peluches por parte del adolescente, necio con que pese a su aspecto más que satisfactorio, todavía no eran versiones dignas de Armin.

Estrella a estrella, Jean fue encontrando porqués: en sus manos pinchadas y llenas de curitas, en sus horas de dedicación a ver tutoriales en youtube y tomar notas, en la manera en que el color de ninguna tela le convencía hasta que decidió que entonces tendría que aprender a teñir para encontrar la ideal. En la cantidad de veces que imaginó los ojos de Armin iluminarse al ver el resultado final o su voz sorprendida o cualquier cosa, porque en realidad se la pasa pensando en él cada que puede desde que se conocieron.

Total: Jean Kirstein pasó más o menos el resto del 2013 cayendo en cuenta de que le gusta Armin Arlert, varios meses más haciendo las paces con ello y asimilando lo que eso significa para él (Marco le recuerda esa conversación particular a cada rato durante las semanas siguientes para burlarse, pero cómo iba a saber Jean que lo de buscar un test online para saber si eres gay es un meme famoso), y encima ENCIMA un año entero sufriendo la estúpida distancia entre él y su crush después de aceptar dicho crush enorme.

Eso sin mencionar la angustia adolescente de también tener que aprender a estar bien con la idea de que es el amor más improbable de la vida, porque ¿cómo va alguna vez a ocurrir algo con Armin?: atractivo, inteligente, extremadamente interesante y adorable Armin, completamente fuera de la liga de Jean y al que ni siquiera sabe si le gustan los hombres.

El único que conoce sus sufrimientos es Marco, que no ayuda en nada porque su manera de aconsejarle es llevarle la contraria e insultarlo: "Es que eres increíblemente denso, sufres porque quieres" (mentira, Jean está seguro de que el rubio sólo lo ve como amigo); "Jean, quieres por favor decirle a Armin de una maldita vez que se case contigo" (en primer lugar, Jean sólo se preguntaba en voz alta cómo se vería Armin de traje y en segundo lugar, son demasiado jóvenes y no sabe la medida de anillo del otro); "Estoy a punto de colgarte y colgarme del árbol más alto que encuentre si tengo que seguir escuchándote hablar de lo hermosos que son sus ojos" (él no tiene la culpa de que los ojos del rubio sí sean hermosos, simplemente está estableciendo los hechos).

Marco es un exagerado y qué va a saber él si tiene a su novia viviendo en la misma ciudad que él, a tres calles de distancia y ¿ya mencionó Jean que tiene novia? Al maldito no le costó nada de trabajo declararse y ser correspondido: a los cinco meses de coqueteo torpe, él y Mina ya andaban de la mano por todas partes.

En fin, que Eren puede hacer tantos berrinches como quiera e insultarlo, Connie puede seguir guiñándole el ojo cada que cree que Armin no lo está viendo, y Mikasa y Sasha cuchichear frente a ambos y reírse. Tal vez sí le preocupa un poco que Mikasa quiera usarlo para practicar sus nuevos movimientos de kick boxing —"si en algún momento tú y Armin discuten será un honor mostrarte lo buena que me estoy volviendo en noquear a un oponente"—, pero incluso así mantiene que todos ellos pueden hacer lo que se les dé la regalada gana.

Nada va a detenerlos de hacer pijamada casi un día sí y otro no en casa del rubio este verano, a veces solo los dos, a veces acompañados. Compartiendo cama por acuerdo silencioso y siempre despertando abrazados: Armin hecho bolita contra el pecho de Jean y su pelo rubio haciéndole cosquillas en las mejillas.

Y para el último día del verano, Jean espera haber logrado juntar el valor necesario para entregar la estrella nacida de incontables días y esfuerzo a su legítimo dueño. Si Jean, con toda su ilusión de adolescente, se imagina que a Armin le gustará tanto que dormirá abrazándola cada noche... Bueno, eso no es asunto de nadie más que suyo.

 

2015

 

<Del uno al diez, ¿qué tan incómoda/difícil fue la conversación?

>mmm, un 6.5 de dificultad, un 8 de incomodidad

>me dijo que ya lo veía venir

>digo acá no hay buenas universidades públicas así que siempre supo que me iría a estudiar a otro lado

>pero que pensaba en algo más cercano

<Sí, era de suponerse •︵•

<Lo siento, Jean... ¿Hablaron de otras opciones?

>no. cuando le expliqué mi elección dijo que entendía y que apoya y respeta mi decisión

>también me confesó que le alivia que tendré cerca a mis tíos y a Sasha y no estaré solo en una ciudad desconocida

<Tu madre es increíble .·°՞(っ-ᯅ-ς)՞°·.

>jajaja, lo es.

<Oye, Jean,

<Sé que no te gusta que pregunte esto, así que es la última vez que lo hago:

<¿De verdad estás seguro?

>por milésima vez:

>sí, estoy seguro

>es más:

>arminene, estoy segurísimo ;)

<"$"%$#"RW$#

<¡Que no me llames así!

>es tu castigo por dudar de mí y te aguantas

< ς(≖_≖ )ノ🔪

>ya en serio, como te he dicho MIL veces la pública de Shiganshina tiene un mejor programa de arte y mayor porcentaje de alumnos becados.

>probablemente aunque nunca te hubiera conocido, esa habría sido mi elección de todos modos

<Ok, sí, ya sé, discúlpame…

>aunque no niego que da la casualidad que verte más seguido es también es una ventaja personal

>y a Sasha, Connie, Mikasa, etc.

<Aww, Jeanbo, no olvides a Eren, le va a dar un infarto de alegría al enterarse.

>uy espera a que escuche tu nuevo apodo, eso merece mínimo una embolia, arminene.

<(ㆆ_ㆆ)

<Te odio.

<No puedo creer que en unos meses estarás a minutos de distancia en vez de horas.

>así esss, y no te vas a deshacer de mí por varios años así que vete acostumbrando a la idea, Arlert

<¿Es promesa o amenaza, Kirstein? (⋆❛ ہ ❛⋆)!

>… probablemente un poco de ambas

<Oh.

<Jaja. En ese caso más nos vale quedar en la lista de aceptados.

<¿Repasaste las integrales?

>Armiiiiiiin, no podemos descansar por lo menos hoy

<Nop, responde la pregunta Jeanbo.

>… eres un tirano

<(❀❛ ֊ ❛„)♡

 

2016

 

Agosto

La sensación de ver su vida empacada en tres maletas y una mochila es casi alienígena. Jean jura que tenía más cosas, y puede que así sea, pero también es verdad que no se las puede llevar todas. Definitivamente los muebles se quedan en casa de su madre y todos sus juguetes de la infancia permanecen en su armario y en las repisas de las paredes.

Tampoco lleva tantas prendas porque su estirón más reciente lo dejó sin demasiadas opciones. Está bien, así puede dedicar más espacio a sus materiales de arte, a sus cuadernos y al montón de juegos que lleva para probar con Armin. Con sus ahorros puede comprarse al menos dos o tres mudas de ropa decentes en Shiganshina y arrastrar a Sasha y Mikasa consigo para que lo ayuden a elegir algo que le quede bien.

Una de las ventajas de viajar a Shiganshina dos semanas antes del inicio de cursos es precisamente que tendrá tiempo para acomodarse en el cuarto extra que le armaron sus tíos en el ático para los fines de semana y visitar el campus nuevamente con la esperanza de aprenderse un poco mejor donde está cada edificio y evitar llegar tarde a todas sus clases.

"Eso si no pierdes el sentido del tiempo y te la pasas pegado a Armin los quince días", una vocecita en su cabeza que se parece mucho a la de su mejor amigo irrumpe en sus pensamientos y Jean se lleva una mano al rostro porque es una posibilidad demasiado real. Pero Jean es optimista, quiere creer que no es tan patético como hace un año y que el hecho de que ahora verá a Armin todos los días —una idea tan increíble que sigue sin caerle el veinte del todo— servirá para practicar el autocontrol: no tiene porqué acaparar a Armin si ya no habrá varios cientos de kilómetros entre los dos.

El celular de Jean suena y ah. Hablando del rey de Roma. La pantalla iluminada muestra el nombre de contacto con el cual guardó el número y que le provoca una sonrisa cada que lo lee, pese a que sabe que Armin lo matará cuando inevitablemente lo note.

«HeeEEy,» tremendo gallo que le sale, gran manera de iniciar la llamada. Jean gruñe de pura vergüenza y quiere que se lo trague la tierra. Debería ser ilegal tener todavía cambios de voz a su edad, maldita sea.

Al otro lado una risita acompaña la voz de bribón del rubio y lo saca de sus pensamientos,

«Hola, Jean. ¿Te comiste un ratón?»

«Ja ja, me saliste más chistosito por llamada.»

«¿Prefieres que cuelgue?»

«¡No!» otro sonido del rubio que le indica que se acaba de aguantar una risa de sabelotodo; el castaño tropieza con sus propias palabras para amortiguar su reacción exaltada, «Digo, por algo llamaste, suelta la sopa.»

«Mmmm, eso pensé.»

Jean es perfectamente capaz de imaginar a Armin sonriendo satisfecho de oreja a oreja como el diablillo que es y no puede creer que los padres de Armin lo torturaron por seis años al privarle de esta clase de interacciones. Siempre ha pensado que lo de darle un celular hasta que terminó la preparatoria es una estupidez de las grandes y bastante fútil además: Armin de por sí tiene más neuronas de lo normal así que, en su opinión, las que pudiera haber perdido por usar un smartphone antes de entrar a la universidad no iban a hacer mucha diferencia que digamos.

(tal vez porque no tiene al señor y señora Arlert en mucha estima —ni siquiera los conoce en persona todavía—, uno de sus primeros pensamientos al recibir en junio la noticia de que al rubio al fin le habían dejado tener móvil había sido "demasiado tarde, señores, ya voy a por su hijo en persona". sobra decir que atraparse a sí mismo teniendo esa clase de ideas salvajemente sinceras y tan decididas lo había descolocado por completo y dejado incapacitado el resto de la tarde)

El castaño suspira dramáticamente y Armin se apiada de él.

«¿Qué tal vas?»

«Terminé hace un rato de empacar,» Jean contempla sus cosas repartidas en valijas al pie de la cama, «¿y tú?»

«No sé qué hacer con mis libros.»

Armin suena tristísimo y un poco azorado. Jean quisiera poder abrazarlo y picarle las costillas al mismo tiempo. Como no lo tiene enfrente, se conforma con molestarlo,

«Ahh, no me digas. Pensé que tenías un "sistema infalible"»

«¡Sí lo tenía! Ya había elegido los que quiero llevarme, pero mientras los separaba me puse a hojear el resto y una cosa llevó a la otra y ahora ninguna maleta cierra— ¡Basta Jean, no te rías!»

Jean se obliga a controlar sus risas para poder sermonearlo a gusto,

«Perdona Arminene, es que es justo lo que te dije que sucedería y si no mal recuerdo te enfadaste y pasaste todo el rato reclamándome "si crees eso es que no me conoces, Jean", "soy muy listo Jean, ñiñiñi, te vas a arrepentir de cuestionar mis hojas de excel ñiñiñi"»

«¡Nunca dije eso último!» a veces es tan fácil meterse con el rubio que Jean se sentiría mal al provocarlo de no ser porque adora lo expresivo que es, lo sencillo que le resulta evocar las caras y gestos que sabe que pone al otro lado de la línea tan solo escuchando los matices de su voz exasperada, «Pero está bien, lo admito: me conoces mejor que nadie y tenías razón, ¿contento?»

«Espera, ¿puedes repetir eso último? Necesito material para restregarle en la cara a Yeager que yo soy el mayor experto en Armininés de todo el país.»

«Oh, con gusto, Jeanbo,» la manera en que pronuncia la última palabra está cargada de picardía y la voz del rubio alcanza un tinte peligroso que a Jean le pone la piel de gallina de modo retorcido y placentero, «es más, si ya tienes la grabadora lista estaré encantado de también hablar sobre el origen del apodo horrendo de arminene y cómo te encerraste en el baño y te negaste a salir por más de dos horas—»

Claro, Jean se olvidaba de que otra de las cosas que le fascinan de Armin es que no da tregua alguna: devuelve cada baza al doble y casi siempre lo deja mordiendo el polvo. A Jean le encanta— la verdad es que lo pone medio loquito y como desbordando electricidad por las venas.

(en más de una ocasión Marco ha expresado lo alarmante que le resulta la frecuencia con la cual su amigo busca que el rubio lo arrastre para acto seguido limpiar el suelo con él— sin duda Jean no es más que una pobre alma incomprendida)

«¡Ya, ya! Me rindo,» pese a la amenaza, Jean está de excelente humor, «Como buen experto en tu persona sé cuando dejarlo por la paz.»

«Es que olvidas que yo tengo maestría en Jeaninés. De hecho este año comienzo el doctorado.»

«No me digas. Hay que apurarnos a resolver lo de tus libros entonces.»

«Exacto, gracias.»

El ícono que indica que Armin está solicitando iniciar una videollamada le saca una sonrisa boba. Jean intenta recuperar la poca compostura que le queda; se acomoda el pelo antes de deslizar hacia arriba e impostar un timbre ridículo de seductor de tres pesos a la vez que guiña un ojo en cuanto la cara del otro aparece,

«Ok, muéstrame lo que tienes, nene.»

«¡¡Jean!!»

Armin cuelga inmediatamente y Jean se carcajea antes de marcarle varias veces para disculparse y ayudarlo a elegir libros. Toma muchos más intentos de lo usual que le conteste, pero el recuerdo de su rostro —algo pixeleado— mortificado y peor que un tomate maduro compensan su miseria con creces.



Septiembre

Jean no lleva ni dos meses en la universidad y ya siente que cualquier día morirá de agotamiento: no sólo tiene un montón de tareas de investigación y una pila de textos académicos por leer del tamaño de un niño pequeño, también los ejercicios prácticos se acumulan con un ritmo desconcertante… Quién lo manda a estudiar Artes Plásticas.

Varios de sus amigos, por lo que sabe y/o ha visto, están igual. Al menos los de su edad. Reiner y Bertolt les llevan un año de ventaja en el campus y lucen más aclimatados (además tienen un círculo de amigos nuevos que no tardan en presentarle). Mikasa y Armin no lo llevan tan mal, pero de todas formas: la primera suficiente tiene con el estrés de que Eren vaya a reprobar si no lo ayudan y el segundo —además de preocuparse por lo mismo que la chica— está pasando por un cambio curioso que martiriza secretamente a Jean.

Hasta donde sabe, Armin nunca ha tenido pareja de ningún tipo. No es crítica porque Jean tampoco (el par de citas desastrosas con chicas que apenas conocía más que de vista y que tuvo antes de darse cuenta que le gustaba Armin no cuentan) y mucho menos queja. Jean no tiene ni puta idea de qué hará el día que Arlert decida empezar a salir con alguien o peor, enamorarse.

La cosa es que Mikasa se hizo amiga de una chica rubia con cara de "no te me acerques" y ojos de que encuentra todo a su alrededor bastante aburrido. O casi todo. Como el trío de amigos de infancia no sabe hacer nada sin compartir, la tal Annie se integra al grupo más pronto que tarde. Jean tiene la sensación de que es una de esas personas que no dice mucho pero observa demasiado y le recuerda a Armin cuando se pone en plan maquiavélico o cuando simplemente prefiere tantear el terreno antes de desenvolverse.

No es que la rubia le caiga mal. Casi no ha convivido realmente con ella y tampoco han tenido una conversación como tal, pero Mikasa y ella hablan bastante y tienen una proximidad fácil que le pone los pelos de punta a veces. Aparte de ella, Armin parece ser la única otra persona con la que Annie está dispuesta a convivir de lleno, escuchando con interés evidente lo que sea que el chico le cuenta y estableciendo un dialecto de sarcasmo afectuoso entre ambos (qué carajo está pasando) con rapidez arrolladora.

Para colmo de males (aunque en realidad no sea un "mal" para nada), a Armin la libertad le sienta de maravilla. Es como si estuviera saliendo de su caparazón y la manera en que comienza a desenvolverse en el mundo es devastadora y fascinante. Sigue siendo un nerd de primera, pero también se permite más seguido sacar su lado granuja, experimentar con la ropa que usa en busca de un estilo propio y divertirse. Jean siente que el propio peso de su amor no correspondido aumenta en paralelo: la luz de Armin se expande como una gigante roja en el firmamento y Jean es una simple polilla desesperanzada y moribunda a la que solo le queda presenciar maravillada y agradecida cómo al fin el resto del mundo le da a su persona más preciada el reconocimiento que siempre ha merecido.

(de igual modo, Jean se repite día con día que los celos que le escocen la piel y le comen los intestinos —cada que alguien se acerca de más con ojos de cordero al rubio— son de crío inmaduro y que Armin merece algo mejor que tener que lidiar con su mal humor y sus inseguridades que ni vienen al caso)

Su madurez, ejercida a regañadientes, se desploma completamente en cuanto tienen un rato libre y una excusa para verse en el dormitorio de Armin por primera vez —compartido con Eren, por desgracia; ni siquiera piensa preguntar si hubo mano negra de por medio o fue cosa del destino porque cualquier opción le amarga la boca— para hacer un maratón de "Ouran High School Host Club" (es el turno del rubio de elegir qué ver) y atragantarse con chatarra.

Ahí, totalmente ajena a las dudas que torturan a Jean, la estrella de mar que hizo para él sonríe imperturbable desde su lugar de honor en medio de la cama de Armin, reposando sobre la almohada. Es el único peluche presente, quizás el único que Armin eligió traer consigo para acompañarle en su nueva cotidianidad.

Jean reacciona sin pensar, se voltea hacia el rubio, buscando su mirada para hacerle una pregunta silenciosa; a Armin se le escapa un «Ah…» que parece un suspiro. Esboza una sonrisa nerviosa al mismo tiempo que se encoge de hombros y luego desvía la vista hacia la estrella y se acomoda un mechón imaginario tras la oreja antes de continuar, «La idea de dejarla en el baúl por meses me pareció demasiado triste.»

Hay un afecto inconfundible acurrucado en las palabras de Armin que le cierra la garganta a Jean y se roba cualquier respuesta que no sea "te quiero tanto que me estoy muriendo". El castaño se limita a asentir y carraspear para ahogar sus palabras. Armin pone los ojos en blanco y lo empuja ligeramente hacia la cama para que ambos se acomoden en el espacio reducido.

Mientras Jean ajusta la laptop en su regazo y abre el reproductor, Armin se acurruca a su lado abrazando el peluche colorido; hay un rubor sutil en sus mejillas y cuando el castaño se le queda viendo, Armin le devuelve la mirada con firmeza sin dejar de estrechar la estrella y le sonríe tímidamente. Jean no se resiste a desordenarle el pelo y ambos se enfrascan entonces en un juego de jaloneos que llena la habitación de risas hasta que la distancia física entre ambos es casi inexistente y tan cálida que Jean se siente a punto de explotar de pura devoción hacia Armin Arlert.

Horas después, mientras contempla a Armin babear abrazado al peluche —sigue siendo terrible para aguantar las desveladas— y recoge las bolsas vacías de frituras sobre la cama para poder arroparlo, una satisfacción jactanciosa lo desborda: "en tu cara, Leonhart". Qué se le va hacer— muy a su pesar, Jean sigue siendo un crío en algunas cosas.

 

Octubre

La velada organizada por Historia —a quien conoce por Reiner y Bertolt ya a que pertenece a la misma generación que ellos— promete ser un evento imperdible que tiene a todos sus amigos entusiasmados, pero sobre todo a Jean y Armin. Además de ser el primer día de Halloween que pasarán juntos, ésta es la primera fiesta en regla a la que ambos asistirán y es uno de esos eventos que anotaron en la libreta verde cuando todavía iban en la prepa: "ir juntos a una fiesta de verdad".

Se trata de una reunión en casa de alguien fuera de su círculo usual, con amigos y desconocidos por igual, muy probablemente alcohol de por medio y falta de supervisión adulta. Para sumarle a lo emocionante de la ocasión, Jean y Armin pactan no contarse el uno al otro qué disfraz usarán ese día y esforzarse —"nada de improvisación a última hora, Jean"— por impresionarse mutuamente.

Le hubiera encantado recoger a Armin para llegar juntos, pero el rubio había insistido en que sería más entretenido encontrarse en la casa de Historia. Jean se olió algo raro en la mirada cómplice con Mikasa y el mal humor de Eren y decidió no preguntar porque así al menos ganaba un tiempo extra para calmar sus nervios ante la idea de que ésta será su primera fiesta como adulto. Y con Armin.

La casa de Historia encaja con lo que Jean esperaba de la imagen de chica amable, refinada y extremadamente educada que la rubia proyecta frente a la mayoría de las personas que no pasan de ser conocidos. No llega a ser una mansión porque Reiss no vive con su familia, sino sola con su ama de llaves (¿es en serio que eso sigue existiendo?) pero aún así es bastante más grande y ostentosa que la de casi cualquier estudiante de universidad pública.

Hay gente en la reja que separa el enorme jardín de la calle y uno de ellos le abre sin siquiera preguntar su nombre. No pasa de las nueve y Jean se pregunta si la cantidad de personas ya achispadas — al parecer definitivamente hay tremenda variedad disponible de alcohol— es normal. Al entrar en la casa, las series de luces navideñas adornando la estancia principal le dan un aspecto casero a la atmósfera: también le restan mucho de su aire imponente a la primera impresión exterior y aportan la suficiente penumbra para que la masa de estudiantes universitarios, en su mayoría de primer y segundo año, se sientan cómodos bailando, conversando o haciendo el tonto en grupitos distribuidos como manchones. Quien sea que se encargó de decorar sabía exactamente lo que hacía.

Jean se ajusta el sombrero de tres picos para pasar desapercibido. Su primera parada es la cocina; necesita algo que le calme y sí, admite que él y Marco (por curiosidad, por diversión y ganas de crecer rápido) llevan un par de años tomando cervezas robadas del refri de su amigo a escondidas, así que al menos sabe que el alcohol en cierta medida le ayudará a destensarse.

Hay pocas personas a su alrededor, sirviéndose o manteniendo conversaciones "privadas"; nadie que conozca. Desde la barra enorme en el medio, atiborrada de vasos, botellas y hieleras de aluminio con pincitas de aspecto inmaculado, se permite por fin contemplar con atención la muchedumbre de rostros, buscando uno en particular.

Sabe por las fotos borrosas en el chat grupal, que Sasha y Connie, disfrazados de Mario y Luigi, llegaron antes que él y están jugando un versus de ping pong en el patio trasero; a Reiner no lo ve en la estancia principal pero Bert y Annie (Jean no tiene idea en qué momento se han vuelto cercanos) están concentrados viendo algo en el celular de la rubia cerca de la chimenea apagada.

Un estrepitoso intento de lo que asume es un hombre lobo le llama la atención por el aspecto cómico que le dan los abdominales pintados; caminando a su lado una imponente chica vampiro destaca por ir al estilo inusual de Béla Lugosi y ajá, esos no pueden ser otros que Mikasa y Eren. Jean frunce el ceño y estira el cuello: Armin no se ve por ningún lado. Para distraerse de la decepción en su pecho, se da a la tarea de preparar un par de bebidas; mezcla en un vaso coca cola con ron y en el otro sirve solamente refresco de naranja, porque todavía faltan tres días para que Armin cumpla la mayoría de edad y existe la posibilidad de que no quiera probar nada hasta después de que eso ocurra.

Tal vez debería revisar si tiene algún mensaje nuevo—

«Conque quince hombres en el cofre del muerto y una botella de ron.»

Ni siquiera puede contestar: la violencia del escalofrío que le recorre el cuerpo al sentir el aliento caliente del rubio en su cuello por poco lo hace saltar como muñeco de resorte. Se voltea rápidamente y Arlert, con su mejor sonrisa de chico bueno, tiene las manos a la espalda; se balancea sobre los talones mientras pela los ojos como un gato haciéndose el inocente y endulza la voz,

«Hola, Jean.» Armin se muerde el labio inferior, «¿Qué opinas?»

Trae puesto un disfraz de ángel que parece sacado de alguna fantasía adolescente, cursi y a la vez erótico en la medida precisa: sus alas son pequeñas y de aspecto ligero, aseguradas a su espalda mediante simples tirantes reposando en sus hombros; la parte superior del atuendo es un corsét con las cintas atadas por el frente y culminando en un bonito moño suelto que se balancea justo en el punto central del escote; el short que lleva a juego está hecho de varias capas de delicado encaje, sobrepuestas en aparente armonía hasta que uno lograba notar la discreta abertura lateral de cuatro o cinco centímetros en la pierna izquierda —el borde de la tela roza suavemente las piernas de Armin con cada uno de sus movimientos y empeora el ritmo cardíaco del castaño; un par de guantes semitranslúcidos sin dedos y tobilleras con un aspecto similar completan la imagen a la perfección.

Jean se pregunta si alguien de los altos mandos del universo le ha leído la mente en sus peores momentos de debilidad y si debería estar agradecido o maldecir su suerte.

Frente a él, Armin alza una ceja, claramente esperando una respuesta; tomando en cuenta la manera en que al castaño se le está haciendo agua la boca, no cree que una opinión totalmente honesta de su parte sobre el aspecto de Armin sea lo más sensato si quiere evitar que algo terrible ocurra en este mismo instante,

(como por ejemplo arrodillarse frente a sus piernas descubiertas y rogarle que por favor le dé una oportunidad —ya que Armin viene haciéndola de criatura celestial, le parece más que apropiado— o peor, cargárselo al hombro como costal de papas y encerrarse en alguna de las muchas habitaciones que seguro hay en esta maldita mansión para demostrarle lo devoto que puede ser si se lo permite y luego—)

Jean finge toser con fuerza y se tapa la boca con la mano,

«Umm. Te queda bien» tal vez se está imaginando la mirada decepcionada de Armin, la manera en que sus hombros caen un poco. Jean intenta desviar la conversación con humor, «¿Dónde escondiste los cuernos y la cola?»

Armin hace un pequeño puchero e inmediatamente sonríe con astucia, sus pupilas relucen oscuras en medio de tanto azul y le dan la impresión de que el rubio está frustrado o emocionado o ambas cosas a la vez.

«Oh, esos son para más tarde,»

qué

Con ojos como platos, Jean mira al rubio caminar lentamente alrededor suyo, examinando su vestimenta. Se lleva el índice a la barbilla y se da toquecitos pensativos mientras sus ojos se detienen en las botas altas, en el fajín amarrado a su cintura, en la piel expuesta por la camisa de lino desabotonada hasta el esternón y finalmente en el sombrero que adorna su cabeza,

«Un pirata, ¿en serio, Jean?»

Quiere defenderse —le parece una idea más original que la de Yeager, al menos—, pero la expresión del rubio cambia y lo frena en seco. Pasa que en los escasos tres meses que llevan estudiando en el mismo campus y viviendo en la misma ciudad, Armin se ha vuelto más atrevido con él, tanto que a veces Jean podría jurar que lo está provocando. Esta es una de esas veces: Armin lo mira de arriba a abajo una última vez, ladea la cabeza y luego lo mira a los ojos mientras asiente con satisfacción y se relame los labios,

«Aunque a decir verdad no está nada mal, Capitán

Jean está más rojo que el interior de una sandía y en su confusión absoluta sólo atina a pensar que aquel título sin dudas le va mejor al rubio y musita un “gracias” que le vale una risita disimulada por parte del otro chico. Todavía anonadado, Jean le ofrece el vaso con refresco a Armin y entonces el rubio al fin lleva al frente la mano que permanecía en su espalda para revelar que ya tiene una bebida propia.

«Historia me dio un vaso nada más entrar,» Armin contempla por un instante el interior del recipiente antes de dar un trago largo, que es el último al parecer, y se lo extiende sonriendo con suficiencia, «listo, ahora ya puedes rellenarlo.»

Por puro instinto, Jean toma el vaso de la mano del rubio para olisquearlo,

«Armin.» el castaño alza una ceja e intenta canalizar la cara que su madre ponía cuando lo atrapaba a media travesura, «Esto apesta a alcohol.»

El rubio se encoge de hombros, sonriendo todavía; hay un rubor delicado en sus mejillas y el tono casual en su voz casi disfraza del todo su nerviosismo al explicarse,

«Es nuest- mi primera fiesta de verdad, Jean— Y está en la lista.»

Aunque Jean realmente se hubiera querido poner en plan regañón, los ojos cristalinos y enormes del rubio lo hubieran vencido. Pero la verdad es que a Jean le gusta cuando Armin se sale de lo esperado y hace lo que se le da la gana, así que le sonríe con complicidad y le revuelve el pelo en respuesta, cuidando no despeinar el trenzado minucioso en que lo lleva semi recogido.

«Entiendo. Déjame prepararte algo más ligero entonces, para ser tu primera vez tomando alcohol deberías ir poco a poco si no quieres acabar abrazado al inodoro.»

Armin, entusiasmado, junta ambos pies y se lleva una mano a la frente para imitar un saludo marcial,

«Como usted ordene, Capitán.»

 


 

Poco a poco Jean llega a la conclusión de que la relatividad bien podría comprobarse en una fiesta justo como ésta. El tiempo transcurre en una rápida sucesión de momentos fotografiados y simultáneamente parece estirarse hacia lo infinito de modo tal que para Jean la noche al lado de Armin se siente eterna y fugaz.

El comportamiento peculiar del resto de su círculo —que se empeñan en acercarlos y luego alejarse con mil excusas— contribuye bastante a la sensación.

Cada tanto se topan con ellos y, cuando se ponen a conversar, Eren no deja de acuchillarle con ojos de homicida mientras Jean observa a Mikasa posar discretamente una mano en su hombro o en su brazo como previniendo algo. Por otro lado, Connie y Sasha se les acercan a ratos para "bailar" con ellos: en realidad lo que hacen es empujarlos como el relleno de un sándwich —hasta que Armin y Jean chocan entre risas y miradas esquivas— para luego desaparecerse.

Annie, sin importar la distancia a la que se encuentren, le dirige una que otra sonrisa astuta que le incomoda cada que sus miradas se topan y a Reiner lo cacha tomándoles una foto a escondidas que seguramente irá a parar al chat grupal que tienen con Marco.

Si Armin se da cuenta de todas estas cosas —a quién engaña, es Armin, seguro que incluso ha visto varias otras que a Jean se le pasaron—, no parece importarle. Está más relajado que nunca, desinhibido y radiante; constantemente se cuelga del brazo de Jean y cada que la risa le gana por alguna tontería se recuesta contra el costado de éste para esconder el rubor persistente en su rostro —el castaño se siente flotar, más por el contacto fácil entre ambos y la risa angelical del rubio que por cualquier bebida—.

Jean, feliz de la vida, está disfrutando un montón aprender del rubio —y de sí mismo, como por ejemplo que la combinación prendas de encaje + Armin le resetea el cerebro cada diez minutos— en este nuevo y hasta ahora desconocido contexto en el que ambos están achispados por igual.

A decir verdad, Armin es sutilmente desastroso y medio torpe ya estando poquito piripi. Para empezar, sus emociones están a flor de piel y tanto su rostro como el lenguaje de sus movimientos son un libro abierto para cualquiera, lo cual para Jean, en modo espectador, vuelve más graciosas y entrañables sus interacciones con el resto de sus amigos en común; para terminar, Armin oscila entre acalorarse y tiritar de frío a ratos, dependiendo de cuánto se exalte o se mueva. En algún punto de la velada, Mikasa le entrega un algo enrollado a Jean sin decir palabra y éste lo entiende de inmediato al darse cuenta de que es el suéter favorito de Armin: un cárdigan azul cerúleo increíblemente suave al tacto y ligeramente deshilachado en las mangas por tanto uso.

Cuando le enseña al rubio el suéter, éste reacciona con una sonrisa conmovida y lo jala consigo para buscar y darle las gracias a Mikasa por ser tan buena amiga. A partir de ahí es un quitar-poner-quitar que se vuelve una especie de juego entre ambos. Armin tiembla y Jean le coloca el suéter sobre los hombros, con cuidado de no maltratar sus pequeñas alas, y el rubio se acurruca en la tela. Cinco minutos después está tan emocionado contándole sobre la Fosa de las Marianas a un confundido pero amable Bertolt, que se acalora y se quita la prenda para pasársela a Jean como si fuera lo más natural del mundo. Lleno de ternura hacia el rubio e infinitamente complacido por el gesto, Jean se muerde el interior de la mejilla y no dice nada.

Unos minutos más tarde ambos salen al jardín a ver las estrellas y de paso a curiosear cómo va el torneo de ping pong. Armin se frota los brazos con ambas manos y nuevamente Jean le pone el suéter al rubio, alimentando un ciclo que, si bien es bonito, a Jean le provoca punzadas en el medio del pecho porque le recuerda en simultáneo que esto es algo que haría una pareja y que ellos en realidad no lo son.

 


 

Conforme avanza la noche, Jean se mantiene firme en su promesa interna de cuidar el consumo de alcohol del rubio y el suyo. Arlert lleva unos cinco vasos, poco cargados y todos preparados por Jean, de ron con refresco y él mismo no tardó en cambiar su propio vaso por cervezas para también mantenerse lúcido.

(Jean considera que está haciendo un buen trabajo: no ha permitido que Armin se revuelva con otras bebidas —cuando el rubio le pidió un sorbo de su cerveza para probar y arrugó la nariz adorablemente, a ambos les quedó claro que lo suyo es lo dulce— y cada que alguien empieza a gritar "¡shot, shot shot!", inmediatamente aleja al ángel curioso del área sin resistencia alguna por su parte)

En cuanto al resto de sus amigos— Eren está como una cuba, dizque aprendiendo a hacer sentadillas búlgaras bajo la dudosa supervisión de Reiner; Mikasa parece somnolienta y demasiado absorta en una charla con Leonhart y Bert sobre bandas que nadie más que ellos conoce, y mientras tanto Sasha y Connie devoran una pizza directo de la caja situada en el suelo, rodeados de otros invitados igual de hambrientos y ruidosos.

Armin y él comparten un sillón individual, apachurrados el uno contra el otro en el espacio reducido sin quejarse, observando a los demás. Las piernas del rubio descansan sobre las de Jean y se balancean al ritmo de la música, su voz es una mezcla de serenidad risueña,

«¿Crees que recuerden que hay más en la cocina?»

El castaño mira como su prima grita victoriosa "¡Piaju piaju!" mientras sostiene en alto la última rebanada de pizza, lejos del alcance de Connie. Ambos siguen sentados en el suelo y forcejean de manera torpe mientras el triangulito comestible se agita cómicamente en el aire.

«Pfft, Connie ni siquiera parece acordarse que basta con levantarse para poder arrebatarle a Mario esa pizza manoseada.»

«Buen punto. Pobre Luigi.»

De repente la música cambia drásticamente —Jean desvía la vista del dúo de comelones y encuentra al culpable con el cable auxiliar en mano, conectado ahora a su teléfono celular. Al verse descubierto, Eren simplemente le saca la lengua— y el castaño reconoce la canción porque tiene un cd pirata con los mejores éxitos de la banda que el rubio quemó personalmente en su viejo pc y le regaló cuando iban en secundaria. Los ojos de Armin se encienden.

«¡Jean, es ABBA!»

Antes de que Jean pueda contestar cualquier cosa, el rubio se levanta y lo toma de ambas manos para llevarlo hacia el centro de la sala, donde varios bailan de buena gana al ritmo de 'Dancing queen' — y Jean se acuerda de un Armin niño, indignado porque "no están pasados de moda, son clásicos"— aunque ninguno con la misma euforia de su compañero de baile.

Armin no tiene dos pies izquierdos, pero tampoco la soltura etérea que uno imagina al verlo en su disfraz. Es ligeramente torpe en sus movimientos y cada una de sus expresiones —tanto faciales como corporales— derraman gozo de una manera encantadora y casi hipnótica para Jean.

El castaño no presta atención a sus propios movimientos, absorto en su apreciación del otro, y lo que sea que su cuerpo hace con la música, espera que sea al menos pasable; está tan ido que cuando Armin se ríe de él sin malicia, no sabe cuál fue el paso inventado que lo provocó y se encoge de hombros, un poco azorado. Por toda respuesta, Armin pone los ojos en blanco y a continuación lo toma de la mano para hacerlo dar una vuelta pese a lo difícil que resulta por la diferencia de estaturas.

Jean se atora bajo el brazo de Armin sin lograr completar la vuelta y éste tiene que soltarlo entre las risas de ambos de alegría absoluta. Esta vez es Jean quien rueda los ojos ante el fracaso, pero sigue sonriendo de oreja a oreja al tomar la mano de Armin, "me toca a mí", para hacerlo girar en una vuelta que les sale perfecta e incluso agraciada porque — y no es la primera vez que piensa en ello— la brecha física entre ambos también tiene ciertas ventajas.

Impulsado por su ejecución exitosa del paso de baile, Armin se transforma en la viva imagen del deleite y con un tirón sutil a la mano de Jean, que aún sostiene en la suya, le pide silenciosamente que repita el movimiento. Es inevitable obedecer y luego sentirse un poquito más valiente: cuando Armin vuelve a su posición original tras una vuelta completa, Jean en vez de soltarlo lo toma delicadamente por la cintura con ambas manos y la mano de Armin que acaba de liberar aterriza por inercia sobre uno de sus brazos.

Sus miradas se encuentran y aunque la canción no ha terminado todavía, ambos se congelan en la pista.

Siente el tiempo dilatarse a su alrededor y se acuerda vagamente de su teoría sobre la relatividad; ¿habrá algo similar que explique la manera en que el azul de los ojos de Armin absorbe la luz de los foquitos en la estancia para luego desprender reflejos multicolores que le arrebatan el aliento? Lo atontan al punto en que no le es posible lograr descifrar el significado tras la expresión en el rostro del rubio.

Jean camina con cautela entre el desorden de sus pensamientos en búsqueda de algo que le permita romper el hechizo, pero va demasiado lento— Armin se le adelanta: inhala profundamente y entreabre los labios, manteniendo firme el contacto visual con Jean —y es apenas un segundo, pero el castaño reconoce esa mirada, es la que misma que pone cuando está determinado a hallar respuestas—

La voz alegre de la anfitriona, acompañada de varios aplausos de Ymir para llamar la atención de todos los presentes, causa que ambos se sobresalten a la vez que giran el rostro hacia el origen de la interrupción. A Jean se le está reiniciando el sistema y al principio no comprende para nada lo que Historia está diciendo, sin embargo logra terminar de recuperar su diccionario interno justo a tiempo para el final del comunicado.

«Entonceees, ¿quién quiere jugar?»

 


 

Es increíble la cantidad de cosas que Armin Arlert en versión ángel puede convencer a Jean de hacer. Se deja guiar como corderito al matadero hacia el espacio despejado donde ya hay varios sentándose en círculo, porque el rubio tiene curiosidad y nunca ha jugado algo parecido antes.

Intentan sentarse juntos, pero como Eren es un entrometido insoportable —aparece de la nada para secuestrar al rubio con la excusa de que Mikasa encontró su suéter arrumbado en un sillón y que tiene que ir por él— ahora Jean tiene que conformarse con mirar al otro sentado al otro extremo del círculo humano, entre Mikasa y Eren. Armin le devuelve la mirada: se le ve decepcionado y está haciendo un puchero. Jean niega con la cabeza "qué se le va a hacer" y luego entrecierra los ojos de manera exagerada en dirección a Eren "maldito bastardo hijo de—" y Armin parece entender sus gestos a la perfección porque se empieza a reír solo.

Jean aparta la vista y se muerde el interior de la mejilla para no sonreír como el bobo enamorado que es en realidad— justo a tiempo, porque Annie llega y se sienta a su izquierda, completando finalmente la rueda de participantes.

«¿Somos todos?» Historia examina a los presentes y tras recibir varias exclamaciones afirmativas, sonríe y junta las palmas, satisfecha, «¡Perfecto! Ya podemos empezar entonces, ¿Ymir?»

La anfitriona extiende una mano con gracia hacia Ymir, quien inmediatamente coloca una botella vacía de cerveza sobre la palma de su novia al mismo tiempo que hace un ademán de reverencia siguiéndole el juego. Historia le da las gracias y un beso rápido en la mejilla antes de colocar parsimoniosamente la botella en el centro; luego vuelve a su lugar y se recarga en el hombro de Ymir, que la rodea con un brazo. Nada fuera de lo común tratándose de esas dos, pero Jean olvida que Armin no ha convivido lo suficiente con ninguna todavía como para saber que son pareja.

El rubio voltea tan rápido hacia Jean que éste se pregunta si no se habrá torcido el cuello. Se le ve en toda la cara que se muere de curiosidad por conocer la historia detrás de la relación entre ambas y que no puede esperar a interrogarlo— y aunque no es como que Jean sepa mucho al respecto, claro que está dispuesto a complacer más tarde su sed de chisme, así que asiente solemnemente en su dirección.

La voz de un desconocido interrumpe su conversación telepática con el rubio.

«Bueno ¿y cuáles son las reglas?»

Yeager, que claramente sigue pasado de copas pese a que Mikasa lleva varios minutos obligándolo a beber de un agua embotellada, resopla burlonamente,

«¿Que nunca has jugado?»

«¿Y tú sí?»

Eren se encoge sobre sí mismo y masculla de modo nada discreto "porqué querría jugar algo tan estúpido" mientras Mikasa suspira y Armin esconde una risita tras una mano enguantada. El timbre dulce de Historia interviene,

«No tienen porqué preocuparse si nunca han jugado antes» la sonrisa beata de Historia le da mala espina a Jean, quien alza una ceja, «ésta será una versión modificada mucho más interesante.»

Varios de los presentes intercambian miradas dubitativas, pero nadie se atreve a decir algo. Jean tiene la sospecha de que de todas formas cualquier protesta moriría rápidamente bajo la expresión letal con la cual Ymir repasa a los presentes al mismo tiempo que su novia explica la dinámica.

«Es muy sencillo, alguien gira la botella y a quien apunte debe elegir entre dos opciones: encerrarse junto con esa persona por siete minutos o besarla frente a todos por al menos diez segundos.»

¿Qué pasa con los rubios de este mundo que Jean no conoce a ninguno que no sea diabólico en el fondo?

«Pensé que íbamos a jugar verdad o reto o algo por el estilo.»

Connie se rasca la mejilla, genuinamente confundido a juzgar por su expresión; Ymir pone los ojos en blanco pero aún así le responde con voz paciente,

«Ay por favor, nadie quiere nunca hacer los retos y mentir es sencillo. De este modo al menos podemos encerrar gente. Además,» los ojos de Ymir brillan conspiradores, dando el argumento más importante para acabar de convencer a los presentes, «con suerte puede que incluso les toque alguien con quien no les importaría cumplir cualquiera de los dos penaltis.»

Del modo más inoportuno posible, las miradas de Jean y Armin se cruzan mientras las palabras de Ymir todavía flotan en el aire y entonces, por primera vez en toda la noche, apartan la vista el uno del otro de inmediato, ofuscados. Historia le hace segunda a la otra chica como si lo que acabara de decir fuera de lo más ordinario —Jean supone que lo es… para cualquiera que no lleve enamorado de la misma persona desde los doce años y de la nada se tope de frente con la posibilidad de besar a dicha persona gracias a un juego. Mierda—

«En caso de elegir la primera opción no es como que tengamos que hacer algo en esos siete minutos,» la serenidad de Historia es contagiosa y aparentemente termina por disipar las dudas del resto, «podemos solo conversar con el otro.»

La breve explicación es efectiva porque nadie se levanta del círculo al final; de hecho, algunos chismosos se acercan a curiosear el desarrollo del juego, probablemente tanteando el terreno para participar en las siguientes rondas.

Como buena anfitriona y para poner el ejemplo, Historia es la primera en girar la botella, cuyo cuello aterriza en Sasha. La castaña se encoge de hombros y se retuerce el bigote falso con aires de sabiduría,

«Paso de ser asesinada por Ymir, gracias.» Sasha se levanta y saca su celular del bolsillo para hacerle señas a la rubia, que ríe con el comentario mientras Ymir asiente, satisfecha con la decisión de la chica vestida de Mario, «Vamos, su alteza, tengo un vídeo buenísimo que podemos ver en youtube y justo dura cinco-seis minutos.»

Las dos chicas desaparecen tras la primera puerta lateral en el pasillo central e Ymir pone un temporizador en su celular para luego colocarlo en el suelo a la vista de todos. El juego se pone en pausa mientras ambas vuelven y los demás aprovechan para cuchichear entre sí o ir por más bebida y botana. Al otro lado del círculo puede observar cómo Armin está retocando el maquillaje de Mikasa con un labial rojo salido de quién sabe dónde.

«Yo ayudé con el peinado.»

La voz de Annie lo saca abruptamente de sus pensamientos, desconcertándole.

«¿Hmm?»

Leonhart ladea la cabeza en dirección al rubio y por fin sus palabras cobran sentido en la mente de Jean, quien abre la boca y la cierra inmediatamente, comiéndose a tiempo un reclamo celoso nada apropiado. Se conforma con mirarla con el ceño fruncido y los ojos ligeramente entrecerrados. Annie sonríe, sardónica, y hay un brillo sabelotodo asomándose desde el fondo de sus ojos azul pálido.

«Nos tardamos tres horas en terminar todo el numerito,» la atención de Annie se desvía hacia Mikasa y su voz adquiere una suavidad casi imperceptible, «aunque admito que Ackerman tenía razón, fue divertido.»

«Ya.» Jean aprieta los dientes; no sabe qué debería decir. Hay algo en la rubia que lo pone nervioso de una manera inquietante y termina por soltar lo primero que se le viene a la mente porque. Bueno, honor a quien honor merece, «Les quedó muy bien. Armin seguro está contento con el resultado- pero me imagino que ya te lo habrá dicho él directamente.»

Annie intenta en vano aguantarse la risa y se le escapa un bufido exasperado. Su voz delata que encuentra divertido el comentario de Jean, muy a su pesar,

«Dios, son tan estúpidos los dos.»

«¡Oye qué—»

«Como sea, si vas a aventarte al ruedo deberías apresurarte. Armin no es precisamente una persona que pase desapercibida y ahora menos que nunca.»

La rubia se gira un poco hacia un grupito en pie cerca de ambos, todos mirando embobados a Mikasa y a Armin jugando a pintarse figuritas en el rostro —estrellas, corazones, y ¿eso que el rubio le está haciendo a su amiga es un bigote?— con el labial y tratando de incluir a Eren en su loquera.

Algo en el interior de Jean se agita, incómodo; los del grupito no son los únicos, hay varios otros regados por la estancia que atisban al trío con curiosidad y él apenas se viene dando cuenta de que un número considerable de esas miradas se concentra en Armin.

Los ojos de Annie se posan en los suyos, imperturbables y severos. La inquietud del castaño se retuerce entonces en una veta de amargura y le es imposible contener el veneno; lo escupe hacia la persona que tiene a la mano, frente a él.

«¿Y qué hay de ti? Tampoco veo que sigas tu consejo y te apures— es más, no entiendo porqué me estás diciendo estas cosas,» Jean baja la voz a un tono acusador, «te advierto que la psicología inversa no funciona conmigo, Leonhart—»

Mientras Jean habla sin poder contener su exaltación, Annie parpadea una, dos veces y cuando parece que finalmente comprende a qué se refiere, toda su expresión está gritando claro como el día que está convencida de que es tonto de nacimiento. La rubia inhala, exhala, y luego enuncia de manera pausada,

«Voy a darte un pase sólo porque se trata de Armin y he llegado a apreciarlo bastante.» Jean hierve por dentro, pero la rubia alza una mano frente a su rostro para evitar que la interrumpa y le lanza una mirada completamente seria, «Digamos —y espero por tu bien que entiendas de qué estoy hablando—, digamos que tienes suerte de que yo no batee para ese equipo.»

eh. qué.

La llegada de Sasha y Historia, tomadas del brazo y enfrascadas en una conversación, interrumpe la enorme revelación que Jean acaba de tener. Annie le sonríe de lado y es impresionante tanta sorna contenida en un gesto así de simple; honestamente, el castaño no sabe si algún día logrará recuperarse emocionalmente de haberla cagado por asumir cosas a la ligera. Y si bien Annie es capaz de perdonarlo —o eso espera—, duda que lo deje olvidar semejante metida de pata porque para acabarla de amolar, la rubia sólo estaba intentando ayudarlo, a su manera.

Historia se sienta, entrelazando una de sus manos con la de Ymir y ni pronta ni perezosa, reanuda el juego con voz animada,

«Eso fue divertido— ¿ahora a quién le toca?»

Algunos voltean a verse entre sí, sin ofrecerse voluntarios. Ymir, directa como siempre, se encoge de hombros y sentencia, «Que Sasha elija a alguien, así es más rápido.»

«¡Mi primo!»

La maldita ni siquiera tuvo la cortesía de fingir pensarlo: apunta con ambos dedos hacia él y luce tan orgullosa que cualquiera pensaría que acaba de tener la idea del siglo. Jean la mira con intenciones asesinas y Sasha se ríe en su cara y le guiña un ojo. Historia, amablemente, rueda la botella en su dirección hasta que ésta topa contra sus piernas cruzadas.

De lo único que le da tiempo es de echar un vistazo a Armin, que tiene la vista fija en la botella y el semblante en blanco. Mikasa posa una mano en su hombro descubierto por alguna razón y Eren se cubre la cara con ambas manos, gruñendo.

Jean está sudando un río y su cerebro no le devuelve más que estática. Como si el universo quisiera unirse a su tormento, al girar la botella lo hace con tan poca fuerza que la boquilla no da ni media vuelta antes de detenerse.

En Armin.

Como moviéndose al ritmo de la misma melodía silenciosa, ambos alzan el rostro y clavan sus ojos en el otro, a la espera de alguna señal indefinida; son dos acordes totalmente inmóviles, todavía dudando de si lo que acaba de suceder es real.

La voz de suave y sosegada de Mikasa los salva del trance,

«Armin,» la mano de la chica aprieta con delicadeza su hombro en un gesto de apoyo, «¿Qué prefieres?»

Para ser una intervención de Mikasa, a Jean le extraña que no sea algo como "no tienes que hacerlo si no quieres"; de hecho, la parte de sí mismo que suele acobardarse esperaba que por favor dijera algo así. Al menos puede contar con Eren, quien a juzgar por su cara de limón agrio, sí que parece a punto de opinar en contra de la participación del rubio—

«Los siete minutos.»

Todo se detiene en seco. Jean se lleva la sorpresa de su vida y siente su boca y ojos abrirse como platos en lo que probablemente sea una de sus caras más lelas hasta ahora. Se recompone con prisas —y reza porque nadie le haya tomado una foto— al notar la mirada temblorosa de Armin sobre él, haciendo una pregunta silenciosa.

"¿estás bien con esto?"

Jean es mejor haciendo que diciendo. Con todo el aplomo del que es capaz, se levanta y atraviesa el centro del círculo para ofrecerle una mano a Armin y ayudarlo ponerse en pie. La sonrisa tímida del rubio resplandece y el estómago de Jean da volteretas entusiastas ante la vista. Es imposible no sonreírle de vuelta mientras ambos se dirigen sin decir palabra al lugar designado y sin soltarse de la mano ni por un instante.

El caos estalla detrás suyo cuando están abriendo la puerta. Es fácil distinguir quién es quién: los silbidos son de Reiner, la exclamación indignada es de la voz chillona de Eren, los grititos de emoción son de Sasha, Historia y Connie. Las únicas dos voces pidiendo silencio y que no los molesten son de Ymir y Mikasa, respectivamente.

Tras entrar, Armin cierra la puerta y se queda con la espalda apoyada contra ella. Por fin se han soltado las manos y Jean extiende discretamente sus dedos preguntándose muchas cosas, todas probablemente innecesarias porque nada va a ocurrir. Decide distraerse examinando el lugar: están en una habitación pulcra, pero impersonal y claramente sin uso. Debe ser para huéspedes.

Armin alza la vista despacio después de estarse mirando los pies. Una risa nerviosa se escapa de ambos ante el silencio que les envuelve. Todavía no dicen nada cuando el rubio se frota los brazos y algo detrás de Jean parece llamar su atención; el castaño sigue su mirada y se encuentra con una ventana abierta.

Jean no tiene el suéter de Armin a la mano: muy seguramente está en el regazo de Mikasa. Sin detenerse a pensar, se quita la casaca de falso terciopelo y se la alcanza al otro chico sin decir nada. Un micro segundo después de hacerlo se da cuenta de que la solución lógica habría sido cerrar la ventana y se maldice internamente.

Por lo menos Armin no se ve desconcertado ni lo cuestiona. En realidad, sonríe poquito y simplemente se pone la prenda— le queda grande, sobre todo en los brazos, y Jean se acuerda de cuando eran niños y Armin usaba los suéteres de su abuelo o los cárdigans de su madre y se la pasaba doblándose las mangas porque nadaba en ellos.

Está tan perdido en aquella escena adorable del pasado que casi se pierde el momento en que el rubio, tal vez inconscientemente, olisquea el cuello de la casaca. El efecto es inmediato; los rostros de ambos se encienden al rojo vivo. Los nervios trastocan la voz y la risa de Armin pese a que hace su mejor esfuerzo por justificarse de forma velada,

«¿Recuerdas cuando usabas una colonia que olía a señor divorciado?»

El castaño se frota la nuca, ligeramente sorprendido de que Armin recuerde eso todavía.

«Mi mamá la pidió por catálogo, no había manera de saber que sería tan— potente.»

«Mm… tenía su encanto, la verdad.»

Jean bufa, incrédulo. Armin se ríe y ambos se quedan en silencio nuevamente por unos segundos. El aire que respiran sabe a relámpagos en el horizonte, pero Jean no distingue si anuncian una lluvia de las buenas, de las que todos esperan en un verano caluroso, o una tormenta aterradora.

Finalmente, Armin exhala profundamente. La determinación que Jean siempre ha adorado en él se asoma a sus ojos de a poco y entonces se separa de la puerta para dirigirse hacia la cama alta y sentarse en la orilla. Desde ahí, mira a Jean con la cabeza ligeramente ladeada y buen humor en el semblante que casi logra esconder un nerviosismo similar al del castaño.

«¿No te quieres sentar?»

Jean asiente de inmediato y va a sentarse a su lado. Ya estando medio con las cabras al monte, sabe que si en este momento Armin le preguntara "¿no quieres morder un poco de vidrio?" su respuesta sería la misma.

Como sea, sentarse juntos es algo sumamente sencillo. En teoría, mantener su ritmo cardíaco bajo control no debería de estarle costando tantísimo; tiene que hallar un modo de mantener la calma por los próximos minutos porque igual no es como que vayan a hacer nada. Sólo hablarán hasta que se acabe el tiempo y de todos modos al castaño le encanta hablar con Armin, es su persona favorita para conversar. Pan comido. Jean incluso se permite quitarse el sombrero y dejarlo a un lado para sentir la brisa en el cabello.

«Y. ¿Cómo se juega esto normalmente?»

«¿Eh?»

Armin está impostando una voz casual, esa que Jean reconocería como peligrosa de no ser porque se ha quedado absolutamente en blanco.

«Historia dijo que podemos simplemente platicar, pero— por lo regular no es así como se juega, ¿cierto?»

qué. ¿quéquéQUÉ— La boca de Jean está seca.

«… no, supongo que no.»

«Entonces, ¿qué es lo que se hace?»

Los ojos de Armin son enormes y no se apartan de los suyos y Jean recién repara en que no prendieron la luz de la habitación. Están en la penumbra y la mirada del rubio es como la de un gato bajo la luna y tal vez Annie tiene razón y son un par de estúpidos porque no puede creer que ninguno de los dos haya tenido el sentido común de encender alguna puta lámpara al entrar y ahora las pupilas de Armin se comen el azul de sus iris y Jean no puede pensar, está en piloto automático y dios lo ampare—

«Es un juego de fiestas para adolescentes borrachos que se llama siete minutos en el paraíso, Armin. No tiene gran ciencia.»

«Si lo pones así…» el rubio alza el rostro al techo y suspira un "mmmm" de reflexión totalmente exagerado, «Me pregunto si siete minutos no es demasiado. Quiero decir, para- besarse con alguien al azar.»

«Ah. Supongo que depende.»

«¿De?»

Al menos Armin tiene la misericordia de seguir mirando al techo mientras hablan y Jean está agradecido porque la situación es demasiado irreal; le fríe el sentido común y, en vez de cambiar el tema, se avienta de lleno a responder las preguntas del otro con honestidad,

«De con quién te beses. De si— te gusta la otra persona o no, o de si hay confianza entre ambos para. Ya sabes.»

«Oh.» el rubio hace una pausa, «Tiene sentido. Parece una buena manera de descubrir si hay química con el otro. Aunque creo que entre amigos también podría ser divertido, bajo ciertas circunstancias.»

«Jaja, sí, quizás…»

No estará refiriéndose a Mikasa, ¿verdad? O a Annie, si es que no sabe que ésta es gay. Jean siente su vientre hundirse con horror cuando se le ocurre que Armin seguro participará en las siguientes rondas, que existe la posibilidad de que por curiosidad besé a un extraño o a alguno de sus amigos en común y descubra que "hay química" y oh no-nonono, qué tal si es con Eren y Armin descubre que no le importa si es hombre, que quiere estar con el energúmeno ese y entonc—

Armin mueve los pies en el aire, levantándolos ligeramente a la vez que juega con los botones de la casaca del castaño. Rompe la espiral mental del otro con un murmullo trémulo y vulnerable,

«Jean. Y si—» el rubio inhala, desacelera el movimiento de sus piernas inquietas, «—no hay nadie allá afuera que me guste o en quien confíe igual. así que.»

Por enésima vez en lo que va de la noche, ambos se buscan el rostro en la oscuridad; el significado tras las palabras del rubio les cosquillea en la sangre, engulle sus latidos desaforados y arrasa con toda duda al cristalizarse en una sencilla pregunta,

«¿Te gustaría intentarlo?»

Toda la sangre de Jean corre a su cabeza para intentar auxiliarlo a discernir la realidad de lo que está sucediendo. Quién sabe, existe la posibilidad de que al levantarse del círculo se tropezó con la botella y ahora mismo está inconsciente en algún hospital, en coma y rodeado de universitarios angustiados y perplejos.

Armin lo está mirando con una mezcla sumamente atractiva de curiosidad y determinación y se muerde los labios en espera de una respuesta y— no. No está alucinando: Jean traga saliva porque la marca en sus labios, dejada por los dientes de Armin y ligeramente más roja y brillante que el resto de su boca, es demasiado real como para que se la esté imaginando.

A duras penas y tras una victoria increíble contra sí mismo —que consiste en apartar la vista de los labios del rubio—, Jean se recompone un cinco por ciento. Lo suficiente para mirarlo de frente y hacerle una pregunta importantísima para ambos si de verdad están considerando dejar que pase- lo que sea que ya está pasando,

«¿Tú quieres?»

Sin despegar los ojos de los suyos ni por un instante, Armin asiente.

«¿Estás seguro?»

«Sí, Jean.»

Sólo son dos palabras, pero pronunciadas con ínfimo cuidado y terriblemente dulces. Completamente sinceras en el rostro decidido del otro. El corazón de Jean salta a su garganta y le roba la voz porque realmente no hay mucho más que decir.

Jean hace entonces un gesto afirmativo casi imperceptible que ilumina los ojos de Armin y es como si algo se encendiera entre ambos con la rapidez de un incendio. La electricidad que la sangre misma de Jean conduce por todo su cuerpo cada que están cerca y que lleva años conteniendo se libera de golpe. Para su absoluto desconcierto, una energía similar parece estar emanando del rubio también.

Dejándose guiar ciegamente por su instinto, casi temblando de emoción muda, Jean se arrima despacio sobre el colchón para acortar la distancia con Armin y éste lo imita en silencio. El rubio acomoda una de sus manos sobre la colcha, en el diminuto espacio entre ambos, y luego roza sutilmente con su meñique el dorso de la mano de Jean, quien no duda en entrelazar lentamente sus dedos con los suyos. No es un mal comienzo; se siente todo tan delicado y pausado que pareciera que el momento se disuelve como miel en agua en vez de precipitarse hacia la incertidumbre.

Armin echa un vistazo descarado a las manos unidas de ambos y sonríe con todos los dientes como cuando le gana en las discusiones al castaño. Jean no se resiste, le resulta físicamente imposible: lleva la mano que tiene libre al rostro del rubio y sostiene con suavidad su mejilla. Su pulgar repasa uno de los corazones dibujados con labial, manchándose de rojo y —en lo que sólo puede explicar como un arrebato de locura—, al mismo tiempo que se pregunta cómo quedaría el color en la boca del rubio, su mano se mueve por sí sola para deslizar el pulgar sobre el labio inferior de Armin, dejando un rastro tenue de carmín.

Armin no está respirando. Se queda mirándolo como hipnotizado y sus ojos, casi negros de lo dilatadas que están sus pupilas, relampaguean ante la expresión fascinada de Jean, quien está peor que el rubio frente a él; toda su existencia en este preciso momento es una plegaria, una promesa de devoción inagotable hacia la presencia cálida de Armin Arlert entre sus manos.

Es Armin el que aproxima su rostro poco a poco, es Jean el que le sigue el paso. Cuando sus labios se juntan, Jean ni siquiera recuerda haber cerrado los ojos.

Armin está besándolo y Jean está besándole de vuelta— se están besando.

Y es como si el universo hubiera estado esperando por este instante todo este tiempo para acomodarse porque Jean nunca se había sentido tan vivo, tan completo como ahora, —"conque es aquí, aquí es donde pertenezco, donde pertenecemos. esto es lo que deberíamos haber hecho antes también, en el pas"— Armin suspira quedito y abre los labios y todos los pensamientos extraños de Jean salen volando por la ventana. Es una oportunidad caída del cielo y una tentación enorme, pero no quiere abrumar al rubio, así que tocará reprimirse.

Casi de inmediato, con esa intuición que a veces asusta, Armin parece adivinar sus titubeos y lo sorprende gratamente al ser él quien roza de manera lenta e inexperta los labios de Jean con la punta de su lengua.

La humedad se apodera del beso y un calor indescriptible funde el aliento de ambos en uno solo al ritmo de sus anhelos desesperados.

Ahora es Jean al que se le escapa un quejido de satisfacción —tan aguda que resulta dolorosa—, no puede detener el sonido: por mucho que intentara no ser así de patético, la cercanía con Armin le quema en todos los puntos de contacto entre el cuerpo de ambos con tanta intensidad que es imposible controlar sus reacciones. Como para demostrar que es cierto, una de las manos de Jean comienza a jugar con el cabello del rubio y enseguida Armin deshace el agarre de sus manos entrelazadas al inicio para rodearle el cuello con ambos brazos al mismo tiempo que exhala un ruidito complacido que pone a mil al castaño y le desordena las neuronas porque "lo de siete minutos "en el paraíso" aparentemente es verdad, totalmente fiel la experiencia al nombre. gracias dios, amén".

Jean, con una mano libre gracias a las decisiones de Armin, busca la cintura del rubio sin pensarlo y lo atrae hacia él de modo que la distancia entre ambos termina por desaparecer definitivamente, derrotada por sus cuerpos buscándose el uno al otro en un eco de másmásmás. Armin, bendito sea, no parece tener el mismo sentido inútil del decoro qué él y de la nada decide sentarse en su regazo sin separarse más que lo mínimo necesario. Obediente y maravillado, Jean se deja hacer: se acomoda sentándose un poco más hacia atrás sobre la cama para darle mejor soporte al rubio en sus piernas y luego posa sus labios con infinito cuidado en la piel pálida del cuello de Armin.

«Jean…»

Armin exhala entre besos el nombre de Jean como una súplica y no hay una manera simple de explicar cómo es que Jean sabe exactamente qué es lo que el rubio le está pidiendo— lo sabe porque es lo mismo por lo cuál él también le habría rezado fervientemente al universo, durante años de ser necesario, si lo creyera capaz de escuchar sus deseos.

(una parte de Jean, desconocida hasta ahora, de hecho siente que ha hecho algo parecido antes, en otro tiempo y lugar)

El castaño no es dios o el universo o mucho menos, pero daría la vida una y otra vez por Armin, por entregarle lo que le pida, lo que desee. Y si está a punto de hacer justamente eso, quiere hacerlo bien.

«Armin, espera— hay algo que mm- quiero decirte,» un gemido brota de labios del rubio en respuesta a sus palabras; es un sonido de regocijo urgente que lo incita a apresurar su confesión antes de que los dos pierdan el hilo, «Armin, la verdad es que— desde hace años que me g-»

Los toquidos en la puerta, que retumban abruptamente en la oscuridad acogedora de la habitación, son probablemente el sonido más hijo de las re mil putas que Jean ha experimentado en su corta vida. El sobresalto de ambos es peor que si hubiera estallado una bomba: se ponen de pie de una, separándose de la pura sorpresa y con el corazón a punto de salírseles por la boca. La pérdida repentina de contacto con Armin deja helado a Jean y una sensación de vacío confusa y dolorosa amenaza con entumirle el cuerpo entero.

«Se les acabó el tiempo tortolitos.»

Es la voz de Ymir la que suena al otro lado. Jean y Armin se miran sin saber qué decir.

«Umm. Deberíamos— »

El rubio luce desaliñado: varios mechones flotan fuera de su lugar original en el peinado que Annie le hizo y los listones del moño en su pecho suben y bajan agitados. Tiene las mejillas tan rojas como si le hubiera dado fiebre, pero del labial no queda ni rastro. Es difícil probar a adivinar en qué está pensando porque sus ojos se mantienen en cualquier parte menos en Jean y a éste no le queda de otra que obedecer la propuesta implícita de salir cuanto antes del cuarto.

«Sí. Vamos.»

Ni bien da dos pasos tras la silueta de Armin, camino a la salida, cuando Jean siente que el mundo entero se le viene encima con la certeza gélida de que acaba de arruinarlo todo. Se dejó llevar y ahora Armin ni siquiera puede mirarlo a los ojos. De alguna forma se las arregló para malinterpretar la situación espantosamente y el rubio seguro está traumatizado y asqueado por sus acciones, con justa razón.

En la cúspide de su horror, Jean se da cuenta de que en ningún momento le preguntó a Armin si estaba bien con besar a otro hombre.

«Armin, por favor perdóname.»

La voz le sale estrangulada de angustia y eso parece llamar la atención de Armin, quien por fin lo mira. Parece confundido por un breve instante, atolondrado por la expresión torturada de Jean; abre la boca como para preguntar algo y es como si alcanzara la respuesta por sí solo antes de hacerlo porque su cuerpo se desinfla repentinamente, como encogiéndose sobre sí mismo, y luego su semblante se endurece, borrando cualquier rastro de emoción en sus ojos exhaustos.

«Ah, entiendo. No pasa nada.»

Jean siente la urgencia de decir algo más, de explicarse, pero Armin ya está saliendo de la habitación a paso apresurado. En el camino se detiene brevemente para devolverle la casaca con un "gracias" seco y enseguida se va directo hacia Mikasa para decirle algo al oído. La pelinegra ve de reojo a Jean, de pie en la proximidad al círculo, y sin decir nada se levanta para alejarse con Armin en dirección contraria al resto de los participantes del juego. Eren no está, así que quizás hayan ido a buscarlo.

A quién engaña. Ninguno de los tres vuelve al juego y Jean tampoco se molesta en hacerlo. Deambula en busca de un sitio en el cuál rumiar su miseria a gusto, al menos hasta que logre atisbar a Armin entre la gente y salga corriendo hacia él para poder hablar de lo sucedido y rogar por su perdón.

En algún punto Sasha se acerca para decirle que Armin y compañía se fueron desde hace rato, que si quiere que ella y Connie lo acompañen a casa.

Armin se fue sin despedirse y lo que Jean quiere es morirse por haberlo cagado todo en un momento de debilidad. Así que, «no, gracias, voy a pedir un taxi. Avísenme cuando lleguen a casa.» Sasha le da un abrazo torpe y aunque no dice nada, su expresión es de pena. Sin duda está a punto de ofrecerle una disculpa por elegirlo para participar en el juego. Es lo que Jean menos necesita de momento —quien jodió las cosas con el rubio fue él, a final de cuentas—, de modo que tras devolver rápidamente el abrazo, se zafa para encaminarse a la entrada principal y largarse.

Casi lo consigue; Annie lo intercepta en el jardín y le entrega el suéter favorito de Armin con cara de exasperada y de "no puedo creer que tu nivel de estupidez superara mis expectativas".

«Parece ser que Mikasa lo olvidó. Después me agradeces.»

Leonhart se despide con una mano y vuelve sus pasos hacia la fiesta que Jean acaba de abandonar, dejándolo más confundido que antes. No entiende la decisión de Annie de ayudarlo, pero está demasiado agotado como para buscarle tres pies al gato.

Esa noche —y varias más, aunque eso todavía no lo sabe—, Jean duerme abrazado al suéter de Armin, sintiéndose la persona más melodramática y patética del planeta, sin que eso impida que el aroma de la prenda azul sea lo único que calma un poco el desconsuelo en el que se hunde porque no puede alejar la sensación de estar condenado, la certidumbre incomprensible y devastadora de que este es un error que está repitiendo.


 

Notes:

ejem. estas notas van un poco por lo largo. me disculpo de antemano.
*primero: volví! no puedo creer al fin acabé esta parte ;-; me pican los ojos y no siento las posaderas, pero estoy tan tan contenta y satisfecha de estar acá.
*segundo: la cagué y no me di cuenta hasta que tuve una conversación en discord que me recordó que Jean es originario.de.Trost. mellevala- no me acordaba, se los juro. en los siguientes días voy a tener que editar las partes anteriores de esta serie y cambiar "Rose" por "Trost". en este ya lo corregí, pero ajá. también!! yo misma me puse el pie con la edad de Armin en el primer fic de la serie: no los puedo tener sufriendo hasta los 21 años, por dios, ni ellos ni yo estamos capacitados para semejante tortura :s ¿cómo se supone que no se besaran hasta dentro de OTROS tres años. no no y no. de modo que ahí va otra cosa que corregir de las partes previas en la semana que viene... es lo malo de que toda la serie conecte entre sí jaja, pero meh, siempre había querido intentar algo así y de los errores se aprende :b
*tercero: apuntes misceláneos.
-msn murió en 2014 :c fue una pérdida terrible para mi generación y el intento de reemplazarlo con skype nunca terminó de pegar igual, al menos para mí.
-Ouran High School Host Club es un excelente y muy divertido anime que no dudo sería uno de los favoritos de Armin (el dramatismo y la tendencia de Jean a exagerar seguro le recuerdan a Tamaki xD); recién lo vi de nuevo porque lo van a quitar de netflix y como sigo siendo una ñoña cursi, me pegó más que cuando estaba de novia. Recomendadísimo.
-arminene! no sé cómo llegué a ese apodo. estaba escribiendo y pensando y de pronto ya estaba ahí en toda su gloria en la pantalla y me estaba muriendo de risa yo sola. medio imagino cómo surgió en la historia y me gustaría subir un extra contándolo, pero hasta después de acabar los prompts :b
-"quince hombres en el cofre del muerto y una botella de ron" es una paráfrasis de un fragmento de canción que aparece en La Isla del tesoro, de R.L. Stevenson. Armin, como buen nerd literario, leyó el libro en su niñez y no se resiste a citarlo al ver el disfraz de Jean. También es un gran libro de aventuras, por cierto.
-"piripi" es mi palabra favorita ahora. me puse a buscar sinónimos de ese estado de ebriedad en el que estás movido, pero no borracho y di con ella. no la suelto más.
-el "piaju, piaju" de Sasha haciéndola de Mario es un intento de onomatopeya de uno de los sonidos que emite el personaje en los juegos. de hecho, así es como lo pronunciaba mi ex pareja y es una especie de broma privada, de esas que ahora sólo nos pertenecen por separado. aún así quería incluir el detalle onomatopéyico porque me gusta como suena. piaju piaju.
-escogí "devovere" como título de esta parte porque se relaciona con "devoción"; es un verbo que, según etymonline . com, "significa 'dedicar algo mediante un voto, sacrificarse, prometer solemnemente'." básicamente lo que Jean se pasa haciendo por y para Armin a lo largo de este fic. pensé en usar algo relacionado con "paciencia", pero creo que devoción se acerca más a la manera de querer de Jean <3
-es mi primera vez escribiendo un beso así de detallado, creo jaja. espero les guste :p y lamento el final dramático pero psss, así soy jajaja. no tardan nada en reconciliarse y dejar de ser estúpidos y HABLAR, lo prometo.

creo que ahora sí ya es todo. si el formato del espaciado sale raro esta vez es porque estoy cansada y no voy a checar la vista previa (no quiero arriesgarme a perder tantísima nota si se refresca la página o algo y me da flojera copiar y pegar este textote en el bloc de notas, ups). nos vemos en la siguiente! :D

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