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"Aceptas el amor que crees merecer”
Hay personas que suelen mencionar esta frase en sus consejos como una verdad absoluta, pero no estoy de acuerdo en que la perciban como el resultado de haber usado tu voluntad para acabar donde sea que te encuentres. Existen muchas personas que nunca vieron cómo debería ser el amor, que llegan a los 20 sin saber cómo se siente ser amado, entonces… ¿realmente puedes culparlos por caer en manos de aquel que promete recorrer tierra, mar y cielo en nombre del amor?
¿O solo es alguien que, en su inocencia e ilusión, creyó que al fin podría ser amado? Entonces, ¿realmente serías tan cruel de decirle que acepto el amor que merecía si en primer lugar nunca supo qué amor debía recibir?
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A Telémaco nunca le faltó atención, siempre tuvo un par de ojos pendientes sobre lo que hacia durante toda su infancia ya sean las sirvientas del palacio o su propia madre, pero jamás sintió la calidez de un “te amo” y nunca se atrevería a acusar a su madre por ello, él mismo creció extrañando la figura y amor de alguien que ni siquiera recordaba haber tenido a su lado asi que llego a la conclusión de que su madre, definitivamente, la pasaba peor. Ella extrañaba a alguien y algo que tuvo, pero se le fue arrebatado por años sin saber si algún día volvería.
Por todo esto, el, ahora ya joven había aprendido a crecer sin exigir demasiado, pero con un alma que aún denotaba inocencia y pureza, dentro de lo que se le podía permitir en un mundo donde empuñar una espada significaba tener que “terminar el trabajo” cueste lo que cueste.
A pesar de toda la resignación en la que él ya se había sumergido, no podía evitar preguntar a los dioses todas las noches si acaso algún día podría ser visto, si algún día él seria querido y recordado, si alguien de verdad creería que recordarlo merecía la pena.
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Cuando en un día soleado se encontró con alguien que, a pesar del calor abrasador, aún tenía la energía para bromear y girar en el aire como si nada le afectara en lo más mínimo debió haberse detenido un momento a meditar antes de dejar entrar a un torbellino en su vida, pero nadie le advirtió de ello en primer lugar.
Hermes era una fuerza atrevida y alegre, un dios que, aunque no quisieras, su sola presencia te hacia admirarlo y sonreír, pero siempre estaba moviéndose de un lado a otro sin permanecer. Para cuando noto que este dios tan juguetón era parte de su vida, fue muy tarde, las costumbres son muy difíciles de borrar y más aún cuando su existencia le brindaba ese calorcito en el pecho que jamás creyó vivir. Su relación fue evolucionando progresivamente, nada brusco, ningún giro repentino.
Fue cuestión de confianza y tiempo.
Los primeros meses ellos solo servían de compañía al otro; uno quería a alguien que lo mirara como algo más que un dios dando entretenimiento sin fin y el otro se permitía observar sin presiones, dar lo que nunca le dieron a él, libertad. Sin embargo, aún asi ellos intercambiaban sus roles, porque comprendían al otro.
Fue aquella complicidad que ellos se otorgaban mutuamente en la amistad la que los llevo a ser mucho más cercanos, a no verse únicamente como una amistad, a esperar algo más allá. Telémaco vivía sus días sabiendo que aquel ser brillante vendría por él en las noches, que ellos conversarían hasta caer dormidos y cada mañana sin falta podría despertar sintiendo unos brazos alrededor suyo y ese calor en su pecho que ahora había etiquetado como amor, el amor por el que tanto preguntaba a los dioses sin saber que uno de ellos se encargaría de enseñárselo.
Asi, el joven paso años junto a quien creía que lo amaba incondicionalmente, entregándole todo de si como sentía que debía hacer, incluso cuando sentía que su amante ya no tenia el mismo fuego en su mirada ni el mismo cariño en sus abrazos, Telémaco se propuso amar por los dos.
Él sabia que Hermes ya no se veía emocionado de poder reunirse con él cuando el sol caía, también sospechaba que era por alguien más, pero este dios que un día mostro un brillo personal ante sus ojos era el único ser que lo había hecho sentir amado, el único que lo acurruco cuando estaba en su peor o mejor momento, el único que logro que tuviera una idea del amor que sentía su madre por el hombre que continuaba esperando, entonces…¿cómo podría ser capaz él de no aferrarse?
Pero para amar, se necesitan dos corazones involucrados, no solo uno esperando llenar el espacio de dos y llorando cada tarde por no haber sido suficiente para mantener el amor vivo.
Para amar, se necesita el compromiso y esfuerzo de dos, no tener a uno atrasando su llegada mientras él otro muere por dentro en angustia preguntándose si finalmente llego la noche en la que lo abandonara.
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Telémaco presiente que todo se volvió insostenible y lo confirma en una noche fría, una que viviría en su memoria por mucho tiempo, cuando Hermes entra por aquel balcón que en este punto de su historia juntos era mas suya que del mismo joven y se queda parado cerca de ella sin siquiera subir la vista a intentarse percatar del estado de su menor. Él solo se para ahí en silencio hasta que con un suspiro pesado suelta lo que Telémaco no quería escuchar, “Me iré, ya no voy a volver y todo lo…nuestro terminará con mi partida, agradezco todo lo que experimentamos, pero ya no quiero continuar, cuídate.”
Esas palabras bastaron para terminar con todo lo que vivieron y no volver a ver ni sentir la presencia de aquel que antes juro cuidarlo, simplemente se esfumó.
Hermes solo llegó, tomó lo que creía querer y luego se fue, sin más.
...
Lo llamaron tonto, incluso cuando lo vieron llorando, perdió todo el respeto que le tenían cuando aquel joven al que habían criado conto todo…ellas solo vieron a un mocoso, alguien que supo humillarse a esperar como si no conociera ya el final de todo mortal enamorado de un dios.
Pero Telémaco no lo sabía, nunca se lo dijeron.
Dejaron al joven amar sin advertir, sin enseñar y cuando por fin lo abandonaron justo como sospechaban lo acusaron a él de haber aceptado amar devuelta sin tener garantía de que podía funcionar, pero para empezar…él tuvo que aprender a amar por su cuenta porque, justo como ahora, nunca tuvo en donde apoyarse.
…
¿Realmente culparían a alguien por amar inocentemente?
Después de todo lo que vivieron, después de todo lo que él sacrifico y se esforzó porque genuinamente creía que podía recuperar el amor y sentirlo un poco más, que podía aferrarse a lo poco que se le otorgaba para duplicarlo.
¿Le dirán que él acepto lo que creía merecer?
A pesar de que él nunca supo qué amor merecía en realidad y, peor aún, si en realidad merecía ser abandonado con una excusa tan vaga como la que se le dio.
Si después de todo, realmente creen que a Telémaco le pueden decir que acepto el amor que creía merecer entonces nunca deben haber experimentado un amor que perciben desde lo más inocente de sus almas, un amor entregado, uno sincero. Él no “aceptó el amor que creía merecer”; apenas aprendía qué merecía en realidad y lo hacía de la mano del sentimiento más puro que puede haber: el amor. Aun si este te puede dañar, aun si te expone a que te puedan juzgar, si de verdad amas, jamás te arrepentirás porque te será el mismo medio para aprender a elegir a quién amar.
