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Microdancing

Summary:

Realmente no quería asistir a esa fiesta, pero había prometido no arruinarlo. Solo debe disfrutar y hacer lo que le gusta.

Si, solo tenia que hacer eso.

Notes:

Es mi primer (por asi decirlo) fic despues de MUCHOS años, asi que por favor sean gentiles.
Es corto pero prometo intentar que los proximos sean mas largos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Algo que le gustaba hacer todos los fines de semana era dormir hasta tarde. Su única preocupación era poder descansar por lo menos hasta las once de la mañana, despertar porque la luz del día se filtró por el pedazo de persiana rota que, pequeño detalle, nunca arreglo. Pero todo su plan se fue a la mierda al sentir un peso repentino sobre él.

— ¡Despertate, gordo gil!

Esa voz, esa irritante voz la conocía.

— Hacete culiar, Paulo.

— Uy, amanecimos de malas — contestó con algo de burla. — Pero te digo algo, eso a mí no me importa. Prometiste que ibas a ir conmigo a comprar unas cosas.

— ¿Qué hora es? — murmuró con la cabeza aún en la almohada.

— Mhn, son las 10 de la mañana — miro su celular.

De mala gana empujó con suavidad a su amigo. Había olvidado por completo ese compromiso, si hubiera estado más consciente tenía por seguro que rechazaría la propuesta. Tomó su ropa del armario y se encerró en el baño. Capaz si se caí y rompía la cabeza en la ducha tendría su merecido descanso. Medito esa opción unos segundos y decidió descartarla porque a su mama no le gustaría.

— ¡Te quiero ver en la cocina en 20 minutos! — gritó por última vez el cordobés.

“Que gil que soy, siempre me la mando, etc., etc.”

 

(...)

 

— Si ibas a poner esa cara mejor ni hubieras venido — musito con cierta molestia el de ojos claros.

— ¡Yo no quería venir! Literalmente me obligaste a salir de mi hermosa cama — Valentín se estaba empezando a irritar.

— ¿Todo tiene que ser por obligación? Eso es desgastante — bufo. — No voy a obligarte, si queres irte podes hacerlo, juro no enojarme.

Debatió mentalmente unos segundos. Si es cierto que será un enojo, dramático y hasta forro, en algunas cosas, pero mal amigo jamás. Con un suspiro agarro el canasto que tenía entre sus manos y ayudo a cargarlo. Paso por su lado mientras chocaba el hombro ajeno con diversión.

— ¿Te han dicho que sos un manipulador de re mierda? — comento mientras miraba una choba color rosa bebe.

— Un poco, si — sonrió algo avergonzado. — Esa te quedaría muy bien para hoy en la noche — una mano tapo su boca. — No quiero escuchar una sola queja, es enserio Valentín Barco — lo señalo amenazante.

— Pero, yo no sé qué hacer en esos ambientes — empezó a mover sus brazos mientras hablaba. — Sabes que me da una re paja salir a socializar y que encima siempre se tocan un huevo cuando me ven.

— Solo... Solo tenes ir sin quejas y hacer lo que te gusta — Paulo le guiño un ojo.

 

(...)

 

Solo debía no quejarse y hacer lo que le gusta. Paulo de mierda, apenas habían ingresado en esa casa lo había abandonado por un chabón alto, tatuado y con unos ojos que parecían linternas. Tal vez debía buscar algún conocido.

La cocina podía llegar a ser su escapatoria, pero no había notado que había un dúo comiéndose a dos manos en una esquina. Con cara de asco tomó un vaso de que parecía fernet de la mesa y camino hacia el patio. En él se encontraba un grupo de chicos jugando a las cartas.

— ¡Colo! ¿Cómo estas hermano?

— Hola, Cris — apretó la mano que le extendió el contrario y se dieron un corto abrazo.

— ¿Quieres unirte a nosotros? — pregunto el pelinegro mientras le daba un gran trago a su vaso.

— Ya que, no tengo nada mejor que hacer. ¿Que juegan?

— Estamos jugando al truco.

Un par de partidas bastaron para que el grupo comenzará a desconocerse entre sí. Algunos fueron abandonando la ronda y otros, los más competitivos, decidieron seguir jugando. Era divertido, pero estresaba un poco tener que recordar las palabras claves y fingir. Tampoco ayudaba que entre partida y partida fueron bajando como dos botellas de fernet y cree que un vino, no estaba seguro de lo último.

— Me tenes las bolas por el piso con el envido, forro de mierda — bufo Enzo con fastidio.

— Deberías empezar a mirar más tus cartas porque andas bastante flojito, negro — ese comentario basto para que el cordobés casi se le tirara encima. — No me mires así. ¿Crees que no me di cuenta que querías chusmear mis cartas? Muy mal, Enzurri, muy mal.

— Ahora sí, sos pollo colorada — el pelinegro había saltado encima del ruludo. Ante ojos ajenos era una tonta pelea de amigos, pero para los protagonistas era una guerra a muerte. — Morite, morite.

— Ni aunque soñaras me voy a morir, hierba mala nunca muere — sonrió con burla.

— Ya veremos entonces — hizo una llave en el cuello del contrario, obviamente sin demasiada fuerza, no quería matarlo. ¿Cómo le explicaría a Julián sobre eso?

Cristian estaba comenzando a aburrirse al ver como sus amigos peleaban y él solo estaba de espectador. Tenía pensado lanzar un comentario con cizaña o tirarles un poco de agua encima; eso funcionaba con los gatos de su abuela, un poco de agua no les vendría mal.

— Gordito. ¿Por qué estás solo? — murmuró una voz atrás de su oreja.

— ¡Mi amor! ¿Y el gallego? — preguntó mientras tomaba su mano.

— Acá estoy — una cabeza se vio entre la multitud que estaba comenzado a salir de la casa. — Tu novio es un desastre con las indicaciones, casi nos extraviamos 2 veces.

Cristian tenía pensado golpear a su tonto novio, pero cierto morocho cayó sobre él. Enzo estaba que tiraba fuego por sus ojos por culpa del colorado.

— ¡Pendejo del re orto! ¡Yo no te empuje tan fuerte! — gritó Enzo

— ¡Me empezaste a hacer cosquillas, sabes que las odio! — Valentín le reprendió.

— Vos porque sos una nenita — murmuró el morocho,

Un par de ojos se centraron en el colorado que aun sentía que su rostro seguía rojo por el esfuerzo. Valentín no quería verse vulnerable pero aquel chico de gran estatura hacía que sus cabellos se pongan de punta. Con algo de nerviosismo se levantó rápidamente del suelo.

— Son unos animales, están asustando a mi pollo — Lisandro tenía cierto temor de que él chico no quisiera volver a salir con él. — Pimpollo, ellos son lamentablemente mis amigos. Preséntate — parecía un padre incluyendo a su hijo en un grupo, no estaba muy lejos.

— Soy Nicolás, un gusto en conocerlos — una pequeña sonrisa apareció en el rostro del rubio.

— Enzo, perrito — sonrió. — Y este infeliz es Valentín, no te toques un huevo que después se enoja — revolvió los rulos del recién nombrado.

— ¡Infeliz vos! — chilló antes de sacarse esa mano que le jaloneaba los pelos

Valentín quiso voltear hacia sus otros amigos como buscando contención, pero estos ya no se encontraban allí. La primera condición que le impuso a Paulo para aceptar ir a esa fiesta era que no lo abandonarán y ahora hasta sus otros amigos lo dejaban solo. ¡Hasta Enzo se fue apenas no le dio bola dos segundos!

— Creo que quedamos solo tú y yo — murmuró el rubio.

— Si. Si no te incomoda voy a sentarme un rato — apoyo su trasero en el césped. — Tonto Paulo, no dudo en abandonarme por la cara bonita de ese turro — bufo. Capaz no estaba muy concentrado en su acompañante, pero los ojos de Nico parecieron brillar al escuchar como el chico hablaba más de dos frases seguidas.

— ¿E-Eres de por aquí? — casi se golpea por haber tartamudeado.

— Si. ¿Vos? — miro con cierta curiosidad el rostro agento. — Tenes un acento que no es típico de acá — dejo escapar una pequeña sonrisa.

— Diste en el clavo, soy de Tenerife, España — rasco su cuello con algo de vergüenza. — Soy nuevo aquí así que me gustaría conocer más de este hermoso país y su gente, claro — su mirada se clavó en el bonito pelirrojo.

— Ah, mira vos, bueno, yo te puedo ayudar.

 

(...)

 

No sabe cuándo ni cómo termino en el medio de la pista de baile improvisada con el bonito chico que conoció esa noche. Solo sabía que agradecía a su persona por pedirle ir a la pista luego que le contará que en realidad su padre argentino y su madre española, que era fan de Messi y que le gustaba mucho ver los partidos de boca.

El de cabellos rubios estaba anonado con el colorado. Su personalidad tímida había impedido muchas veces que pudiera conocer personas, pero éste chico sin duda supo saltar sus barreras, demasiado rápido a su parecer, pero no iba a quejarse, sentir las manos del mas bajito agarrando las suyas para poder llegar hasta el sitio donde estaban todos bailando era otro nivel. Aparte, no hacía falta ser muy observador para apreciar la belleza del contrario, su rostro era como una constelación de pecas que le gustaría contar, una por una.

Mientras estuvieron sentados en el césped pudieron conocerse un poco. Como que Nicolás también fue extorsionado para asistir a la fiesta y que él prefería haber utilizado esa noche para terminar una película que había empezado la noche anterior. Valen había contado que en su caso hubiera preferido quedarse durmiendo, intentado compensar las faltas de sueño que tuvo en la semana debido a la universidad.

— Sabes, no me arrepiento de haber dejado esa película para mañana — sonrió algo tímido el gallego, pero la timidez no fue tan grande cuando decidió pasar sus manos por la cintura ajena, como tanteando terreno. Como vio que el contrario no reacciono mal tiro un poco más de su cintura para pegar sus cuerpos aún más, si era posible.

— Yo tampoco me arrepiento de haber venido. Tenerte acá ahora compensa mis ganas de dormir casi por completo — murmuró en su oído del rubio, más tarde podría culpar al alcohol por su picardía.

— ¿Y que necesitas para que sea por completo? — Nicolás no sabe de dónde saco toda esa fuerza de voluntad para no sentir que se desmayaba cuando Valen lo dijo tal cosa.

— Mhn — fingió pensarlo. — Necesitaría verte de nuevo — sonrió.

El corazón del menor se sentía a estallar. En otra ocasión se habría ido a casa luego de estar un rato en esa fiesta y decirle a Lisandro que la paso de maravilla.

— B-Bueno eso podemos arreglarlo —

— ¿Sería demasiado si te pido tu número? — Valen no quería sonar desesperado, él no era así, pero realmente quería volver a ver el rostro del gallego.

— ¿Realmente quieres volver a verme? No soy la gran cosa, enserió — tal vez sonó demasiado inseguro al decir aquello. Nico quiso golpearse en ese momento.

"Seguro pensará que soy un inseguro de primera".

Las manos del mas bajito fueron a parar en su rostro. Con mucho cuidado apretó suavemente las mejillas del menor, las cuales era tan suaves como se veían.

— Para mí si te ves bastante interesante — apretó su nariz ahora. — Te chaparía en este instante, pero creo que eso arruinaría el mo... — no alcanzo a terminar su frase antes de que unos labios chocarán con los suyos. Tampoco tuvo tiempo para responder al beso que el gallego se había separado.

— ¡Lo siento! ¡No quería besarte así de la nada! — sus mejillas ardían.

— ¿Puedo basarte? Digo, para devolverte el favor — los ojos del rubio se suavizaron. Tan solo basto un asentimiento de cabeza para poder tomar, nuevamente, las manos de Nico y posarlas nuevamente en su cintura, una vez logrados esto paso sus propias manos por los hombros de este. Nicolás al ver que el colorado no llegaba muy bien a su cuello decidió agacharse un poco para que este llegara bien.

Al final de cuentas si había cumplido con lo prometido. No se había quejado y se encontraba con lo que le gustaba en ese momento. Le gustaba apreciar el rostro de Nicolás bajo las luces de colores mientras bailaba aún con sus manos unidas. Tal vez en algún momento le agradecería a Paulo por arrástralo hacia esa tonta fiesta. Después de todo solo era un Microdancing.

Notes:

¿Qué les pareció este Os? A mi me gusto, me da mucha ternura la situacion en si jsjs.

Microdancing es una de mis canciones favoritas de Babasonicos y pensar que con sólo escucharla recayó la imaginación en mi y pude escribir esto.

Hace mucho que no escribía por mi bloqueo pero ahora, poco a poco, estoy saliendo de él. Pude empezar a escribir varias cosas nuevas que más adelante voy a mostrar jiji.

Espero que les haya gustado. Muchas gracias por leer. <3

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