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El hermano de mi mejor amigo

Summary:

¿Qué pasaría si me gusta el mejor amigo de mi hermano?
Esa pregunta pasa por la cabeza de Jude cada vez que Franco, el mejor amigo de Jobe, se pasea por su casa.

Notes:

Buenasss 😛 todo bien? Bueno, este es mi primer fanfic y, nada, espero sea de su agrado. Posiblemente tenga errores de ortografía y algún cambio de narrativa ya que lo fui escribiendo en diferentes días.
Este vendría a ser el prologo(? lo subo a las apuradas pq se me eliminan los borradores.

Siganme en twt que, si no me da verguenza, avisaré cuando suba los primeros capítulos.
@cordipapaya

Work Text:

Conocí a Jobe Bellingham a los ocho años, él era un año mayor que yo, pero compartíamos la misma pasión; el fútbol.
Recuerdo muy bien ese día, yo estaba emocionado por el primer día en la escuelita de fútbol; mamá me inscribió luego de que Julian la convenciera, por supuesto nada tuvo que ver que yo haya roto la ventana de la cocina de un pelotazo.
La escuela, o campamento, de fútbol duraba dos semanas y cada uno iba desde su casa, eso me rompió la ilusión. Yo quería un campamento como el de juegos de gemelas, donde cada grupo tenía su cabaña.

—¡FRANCO, NO CORRAS QUE TE VAS A CAER!— Por lo menos Julian, mi hermano mayor, iba a estar conmigo ahí, aunque él ya había asistido el año pasado y, por ende, ya tenía amigos allí. Yo esperaba hacer amigos, no es que sea un rarito que no sabe hacer amigos, mamá me dijo que tenía tanta energía que terminaba agobiando a los demás, yo no entendí, ¿no a todos les gusta estar toda la tarde jugando a la pelota? Tal vez este verano algún nene quiera jugar a la pelota o a las cartas conmigo.
El suelazo que me comí no me lo esperaba, en algún momento había pasado de estar corriendo por la vereda a correr en la arena de la playa, mis zapatillas se llenaron de arena y me caí, lo normal. Mamá llegó a mi lado, primero se aseguró de que no me hubiera lastimado antes de ayudarme a pararme y retarme por haber salido corriendo cuando claramente me dijo que no lo hiciera.

— Te dije que no corrieras, nene. ¿Por qué será que nunca me haces caso?— A pesar del falso tono de decepción que usó mamá vi una sonrisita antes de que me apretujara los cachetes.

Al llegar a la zona acordada por los coordinadores descubrí que habían muchos chicos, tanto de mi edad como de la edad de Juli o más grandes. Había muchas caras nuevas para mí, que solo conocía a mis compañeritos de primaria. Con cierta timidez me acerqué a un nene que llevaba puesta una camiseta de Boca, cuando era más chico papá me había dicho que yo tenía que ser de River y que Boca era feo, ¿será que el papá de ese nene no le dijo lo mismo a él?
—¿Por qué usas esa camiseta?— El niño me miró curioso, como si preguntar eso hubiese sido tonto, para mí era tonto usar esa camiseta. —Porque Boca es el más grande— Una sonrisa grande se le dibujó en la cara al decirlo. —¡IGUAL QUE RIVER!— Obviamente me emocioné, me puse a saltar y el nene, como sea que se llame, me siguió la corriente. Tuvimos que dejar de saltar cuando mamá y otra señora se nos acercaron, nos dijeron que prestemos atención, pero no sé a qué así que le pregunté cómo se llamaba.
—Soy Franco, ¿vos cómo te llamas?—
—Me llamo Jobe—.

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A los doce años mamá y papá me dieron el permiso para probarme en las inferiores del club. Hace una semana Juli le comentó a papá que el CAG había publicado la convocatoria de pruebas para juveniles e infantiles y que tal vez yo podría ir. Lo pensaron mucho, pero después de días rogando y haciendo mis mejores pucheritos, me dijeron que sí. Ese día estuve tan emocionado que olvidé por completo que tenía que ir a la plaza a jugar con Jobe.
Las pruebas eran en dos días, pero mamá me dijo que tenía que ir con un doctor para que me de un papelito que diga que estoy bien, por lo que tampoco pude ir a jugar con Jobe. Eso no me gustaba, yo no quería que mi amigo pensara que yo ya no quería jugar con él.
—Mami, ¿Jobe estará enojado conmigo?— Los ojos verdes de mamá me miraban con confusión, pocas veces yo estaba así de "tranquilito". —No, mi amor, ¿por qué pensas eso?—
—Es que no fui a la plaza a jugar, capaz piensa que no quiero ser más su amigo— mamá me abrazó y me prometió que Jobe no me odiaba, le creí porque es mi mamá y ella siempre tiene razón.

El día de las pruebas, el predio austral estaba colapsado de chicos esperando por una oportunidad.
Llegué acompañado de Juli y de papá, mamá tenía que ir al trabajo por lo que solo me deseo mucha suerte. Los acompañantes debían ir a una de las tribunas lejanas, la confitería o retirarse, ya que si permanecían cerca serían una distracción. Mientras papá y mi hermano se alejaban yo me acercaba a la ronda de chicos que se había formado alrededor de dos entrenadores.
Mire de reojo hacia atrás una última vez, sintiendo un cosquilleo raro en la panza. Durante los últimos cuatro veranos había tenido una sola rutina; el campamento, la placita azul y Jobe. Él había sido quien me “adoptó” cuando llegué por primera vez a los ocho años y no conocía a nadie. Aunque íbamos a primarias diferentes, el campamento de verano era nuestro lugar en el mundo.
Pero mientras uno de los entrenadores soplaba un silbato y nos mandaba a separarnos por posiciones, entendí que todo estaba por cambiar. Si quedaba en el club, ya no habría más tardes libres en la plaza. No sabía que ese sería el último año compartiendo el campamento, ni que iríamos a colegios diferentes. Tampoco me imaginaba que aquello que nos unió en primer lugar sería lo que nos distanciaría.

Me acomodé las medias, respiré hondo y caminé hacia el medio de la cancha dispuesto a demostrar lo que sabía y a ganarme un lugar allí.