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lo que fuimos y lo que somos

Summary:

Enzo sabe que manejó la relación con su ex-novio de la peor manera posible. No sabe cómo mostrarle que no es la misma persona que era en ese entonces.

O donde Julián vuelve de intercambio, y Enzo decide que va a hacer todo lo posible para reconquistarlo.

Chapter Text

Julián está acercando el cigarrillo a sus labios para prenderlo cuando escucha una voz dolorosamente familiar detrás suyo.

—¿Desde cuándo sos de fumar vos?

—No se que queres que te diga, Enzo. — Julián resopla, sin voltearse a mirarlo. Siente los ojos de su ex-novio quemando en su espalda mientras salta la chispa e inhala el humo. Ya es suficientemente doloroso tener que interactuar alrededor del grupo, pero estar a solas con él es demasiado.

—Qué sé yo. Te fuiste seis meses y parece que ya ni te conozco— murmura el morocho, con el ceño fruncido.

El cordobés siente como se le cierra la garganta al darle otra pitada al cigarrillo. Quiere escaparse de esta conversación lo antes posible. No está listo para enfrentar el dolor que le causa sentirse incómodo alrededor de Enzo, cuando menos de un año atrás había sido la única persona con la cual se sentía realmente cómodo.

Ruega que aparezca Licha y lo saque de esta interacción lo antes posible.

—Y… hace rato no hablamos.

Quizá por primera vez desde que se conocieron, Enzo parece haberse quedado sin palabras. Julián no sabe cómo sentirse al respecto de eso.

—Te quise escribir, Juli, pero no… no pude— balbucea el menor, intentando expresarse honestamente pero siendo detenido por una pared mental.

Julián finalmente se da vuelta para mirar a su ex pareja. Espera sentirse herido, pero lo único que siente es lástima. No cambió mucho desde la última vez que se vieron. Su mirada es más triste, tiene ojeras más marcadas, pero no parece haber cambiado mucho. Tiene el mismo corte de pelo, los mismos tatuajes que lo solían volver loco, el físico tan marcado como siempre… Julián se pregunta si Enzo notó algún cambio en él.

Por un lado, ver a Enzo incómodo es casi como un premio. Es una prueba de que no sufrió sólo él, sino que fue mutuo, aún si Enzo intentó disimularlo en su momento. Por el otro, es casi asfixiante el cambio entre ellos. Nunca antes estuvo presente tanta distancia entre los dos, ni cuando se peleaban en la secundaria cuando Julián hablaba más con otros compañeros, o cuando Enzo lo cargaba de más. Esas cosas ya no pasan.

Enzo parece estar esperando a que él hable. Julián aleja su mirada de Enzo y se niega a romper el silencio.

—¡Juli!— interrumpe Licha, asomándose por la puerta y haciéndole el favor de aliviar la tensión. —Los chicos quieren que les cuentes cómo fue tu escapadita a Lisboa.

—Dale, ahí voy. — responde Julián, profundamente agradecido por la llegada de su mejor amigo. Apaga el cigarrillo contra el cenicero del balcón y entra al departamento sin dirigirle la mirada a Enzo.

—¿Sos boludo? ¿Qué hacías hablando así con él?— susurra Licha mientras entran al comedor, mirándolo a Julián con una ceja alzada.

—Tranqui, Licha. No me va a pasar nada— responde Julián. Se siente como un nene siendo regañado, pero sabe que su amigo solo lo intenta ayudar. Es más que lógico, porque Lisandro entiende.

 

Cuando Julián y Enzo se separaron, Lisandro fue quien lo contuvo. Se suponía que nadie sabía lo que pasaba entre ellos dos, pero ya que Julián y Lisandro compartían un departamento, el entrerriano no tardó en darse cuenta que había algo más que amistad entre sus amigos. Prometió no decirle a nadie cuando el cordobés lo confrontó después de percatarse de que Lisandro sabía lo que estaba pasando. Sin embargo, Julián decidió no contarle a Enzo, dado que era consciente de que su peor miedo era que se sepa la naturaleza de su relación. No quería añadir leña al fuego que eran los miedos de su novio.

Por ende, cuando Julián entró a la cocina de su departamento compartido con los ojos rojos, la cara hinchada y la respiración entrecortada, Lisandro se hizo una idea de lo que había pasado.

—Enzo y yo cortamos— dijo Julián, entrecortando sus palabras para buscar aire. Inicialmente había querido ser más suave al comunicarle las noticias a su mejor amigo, pero sus emociones lo superaron. Hasta ese momento, no sabía que era posible sentirse así de roto.

—Me estás jodiendo. — Lisandro se levantó para acercarse a su amigo.

—Lo dejé, Licha. No puedo más. Me cansé de todo este quilombo.

Julián se quebró mientras los brazos del entrerriano se envolvieron alrededor suyo.

—Es un pelotudo. No puedo creer que sea tan pero tan pelotudo. — Licha suspiró mientras soltaba a su amigo. —Bancame en el sillón un segundo que te busco un vaso de agua y miramos alguna boludez en la tele. No pienses más en un tarado inmaduro que no te trata como te mereces.

Mientras se sentaba en el sillón, el cordobés intentó ignorar el pensamiento en el fondo de su cabeza que le decía que, quizá, sí era lo que se merecía.

 

Era la primera vez que se juntaban los seis amigos desde la despedida de Julián casi medio año antes. Era tradición desde que se amigaron en la secundaria ir todos los domingos a lo de Rodrigo, comer unas pizzas y tomar cerveza. Era inusual que estén todos presentes, pero la vuelta de Julián era obviamente un evento especial.

—¿Y, Juli? ¿Qué onda la situación romántica allá?— llama Rodrigo, sacando a Julián de su conversación con Alexis. —Me imagino que tuviste un tremendo levante con los europeos…— le alzó las cejas sugestivamente.

Julián sabía que la pregunta iba a llegar más temprano que tarde, pero ahora que llegó el momento, no se siente bien preparado para responder. Tampoco como si fuera algo tan dramático, pero es algo peculiar el hablarle a sus amigos de los chicos con los que sale. Especialmente considerando la presencia de Enzo.

—Y, qué sé yo… Pasaron cosas, digamos. — Siente cómo se le enrojecen sus mejillas mientras los chicos empiezan a festejarlo. Evita la mirada de un cierto morocho a su izquierda.

—Dale, ¿qué te haces el misterioso, boludo?— dice Licha, puramente buscando molestar, ya que él sabe, a lujo de detalles, todo sobre los romances europeos de Julián.

Aunque el cordobés se mantuvo presente en los múltiples chats grupales que comparte con sus amigos, el más enterado sobre su día-a-día fue Licha por amplia diferencia. Se aseguraron de hacer videollamadas relativamente frecuentes, por lo menos dos o tres por semana, para que Julián se mantenga al día con lo que ocurría en Buenos Aires y para que le vaya contando como iba progresando su intercambio. De cierta manera, era su forma de intentar que el golpe de ir de verse todos los días en su departamento a no verse por cinco meses sea menos áspero.

—Salí con un chico un par de los meses que estuve allá. — Se detiene para dar lugar a los silbidos y los festejos de sus amigos. —Joaquin se llama. Igual ya no hay nada, o sea, ni él ni yo estábamos para tener algo a distancia. Casi que era más para pasar el rato.

Julián siente, por enésima vez esta noche, la mirada fija de Enzo encima suyo. Decide volver a ignorarla para preservar su paz mental.

—¿Hay foto? Queremos ver a tu chico— pregunta Cristian, alzando las cejas sugestivamente.

—Seguro alguna tengo…— Julián suspira pero no puede evitar sonreír al pensar en el chico que lo acompañó esos meses en Europa. Prende su celular y entra a su álbum de fotos dedicado al viaje. Desliza y encuentra una foto relativamente decente en donde se lo ve a él abrazado de Joaquin, ambos con sonrisas amplias en un bar al que habían ido con algunos amigos. Le muestra la pantalla a Cristian, que está sentado a su derecha.

—Ah, bastante bien, culiado— dice el otro cordobés, riendose.

Los amigos de Julián se pasan el celular alrededor de la mesa para poder juzgar por sí mismos. Julián se esfuerza para no darle importancia al hecho de que Enzo observó la foto un segundo más que el resto.

—¿Y… te volvió a escribir?— pregunta Rodrigo.

—Si, pero solo para saber cómo andaba. Posta les digo que ya no hay nada con él. — Julián siente como se vuelve a ruborizar.

—Salió ganador nuestro Juli, chicos. ¡Ahora lo tenemos que sacar de joda para verlo en su hábitat natural!— sonríe pícaramente Lisandro.

Julián le alza una ceja. Sabe a qué está jugando Lisandro y no está seguro cómo se siente.

—No rompas las pelotas, hermano, si sabes que acabo de llegar. No doy más.

Desde la ruptura con Enzo hasta que ya se fue a España, Julián se negó a salir de fiesta con sus amigos. Siempre ponía alguna excusa suficientemente creíble como para que no lo molestaran, pero tampoco le insistían demasiado. En ese entonces, todos se daban cuenta que Julián no estaba pasando su mejor momento. Salía menos con sus amigos, pero cuando lo hacía, era únicamente resultado de las insistencias de su compañero de departamento. Si no iba Enzo, estaba presente sin falta, pero no era algo que pasará frecuentemente. Entonces, aparecía esporádicamente. Esencialmente, si no estaba Licha, no estaba Julián. Ya todos se habían acostumbrado a esa dinámica para cuando Julián se fue.

Era difícil ignorar que ese mismo sistema se había presentado en algún momento pero con Enzo y Julián. Ahora todo era muy distinto.

Cuando ya se fue de intercambio, Julián volvió a salir a boliches. La mirada de Enzo no lo podía seguir en España.

—Bue, Juli. Falta re poco para año nuevo, y de eso no te escapas. Ahí te vamos a ver en acción— se ríe Lautaro, guiñandole un ojo al cordobés, que pone los ojos en blanco.

—Tenemos que organizarnos igual. Posta se los digo. Yo no quiero hacerme cargo de nadie esta vez— comenta Alexis, que el año nuevo pasado había pasado casi toda la noche haciéndose cargo de Lautaro, que había tomado varios tragos de más.

—Dale, Alexis, no rompas los huevos. Nos ayudamos todos entre todos, boludo— sonríe Rodrigo, riendose ante la referencia a los sucesos del año anterior.

Entre risas y conversaciones superficiales, Julián mira de reojo a su izquierda, y se da cuenta que Enzo está mirándolo. Intenta no pensar en que Enzo no dijo ni una palabra desde que volvieron del balcón. Analizar la situación de más no puede llevar a nada bueno.

 

A eso de la una de la mañana, Licha y Julián se suben al Uber encaminados hacía su departamento, y, apenas se acomodan, el menor sabe que el mayor no va a demorarse en sacar el tema de la charla que tuvo él con su ex-novio en el balcón.

—Que rompepelotas que es Enzo, hermano, posta te lo digo— rompe el silencio Licha, recibiendo una risa de su amigo.

—No seas forro, Licha. Ya sabía que ibas a sacar el tema— Julián sonríe, resignado. — Posta, no hace falta.

Sin embargo, no puede evitar que le salga una sonrisa.

—Te lo digo en serio, Juli. Me parece cualquier cosa que se ponga todo melancólico cuando vos hablas de que la pasaste bien o que saliste con alguien allá como si él no hubiera tardado menos de un mes en salir con Valentina. — Lisandro observa al otro por un segundo, para asegurarse de no estar hablando de más. —O sea, es medio hipócrita el pibe. Que se deje de joder. Así cualquiera…

Julián no sabe si sentirse más incómodo por la mención de la relación de Enzo y Valentina, o si emocionarse por el cariño que le tiene su amigo. Sabe que, aunque la ruptura fue tan dolorosa, por lo menos le dió una confirmación de la suerte que tiene de tenerlo a Lisandro como mejor amigo.

—No se, Licha. A mi no me molesta.

—No te creo. Algo te tiene que joder. O sea, a mí me molestaría.

—Ya sé— suspiró el cordobés —pero no puedo seguir dándole vueltas al tema. Terminamos hace rato ya, amigo. No me hace bien seguir pensando en él. Solo me molesta estar con los chicos y que haya tanta tensión en el aire.

—Es que es muy obvio que todavía no te superó. Pensé que por lo menos no te iba a seguir molestando si se ponía de novio con alguien más. Pero bueno, esa relación no le sirvió para nada.

—Dale, Licha. No parecía mala mina.

—No digo eso. O sea, apenas la ví un par de veces, y tampoco es como si Enzo y yo habláramos mucho últimamente así que no escuché nada de él sobre el tema— dice Lisandro, intentando recordar la última conversación que tuvo directamente con Enzo y no pudiendo. —Lo que digo es que tardó dos segundos en ponerse con ella, cortaron así de la nada, y ahora no te para de mirar. Ni quiso hablar de por qué cortaron. Es rarísimo.

—Puede ser, pero no le quiero dar más bola al tema. Lo hace mucho peor —admite Julián.

—Está bien, hermano. Tienes razón. No te preocupes que te vamos a conseguir algún lindo en año nuevo. Que se joda el boludo este— sonríe Licha, viendo como su amigo le devuelve el gesto mientras el auto se empieza a detener frente a su edificio.

 

Un poco más de medio año antes de la comida de bienvenida en el departamento de Rodrigo, Julián estaba entrando al departamento de Enzo.

—Sos un exagerado, Julián— bufó el morocho, sin energías para responder al reclamo de su pareja.

El aire estaba tenso entre los dos desde que habían salido de la casa de Lautaro. No era la primera vez que tenían una discusión de este estilo, pero esta vez se sentía distinto. Julián ya no tenía ganas de dejar de pasar las actitudes de Enzo. Ya se venía cansando hace rato, pero ese día su novio se había pasado del límite que él era capaz de soportar.

Una cosa era pedirle negar la relación frente a sus amigos, que a Julián le dolía pero era capaz de aceptar. Otra cosa era tirar comentarios homofóbicos con tal de que nadie sospeche sobre su sexualidad, ignorando la presencia de su novio sentado a su lado.

Una vez ya en el departamento de Enzo, Julián intentó sacar el tema tranquilamente, pero no había podido mantenerse tan sereno como esperaba. Ni se había llegado a sentar.

—¿Qué me decís exagerado, culiado? No da que hagas comentarios así, especialmente sabiendo que estoy literalmente al lado tuyo. ¿No se te cruzó por la cabeza que me podía llegar a doler que hagas comentarios de mierda así como si nada?

—Vos sabes que lo hago para protegerme— contestó Enzo, frío, mirando al vacío.

—Bueno, pero no me estás protegiendo a mi, Enzo. Estamos juntos. ¿No te das cuenta que no podes hablar así teniendo a tu novio al lado?— A Julián se le quebró la voz. No quería llorar, pero parecía imposible prevenirlo.

Pensó en la última vez que habló con Licha sobre las inseguridades de Enzo relacionadas a su relación. Lisandro era consciente de que Enzo no veía como posible el “salir del closet,” en parte por inseguridades propias y también por su familia. Sin embargo, le había dicho a Julián que no le gustaba verlo así de caído. Se suponía que una relación con su persona favorita en el mundo le tenía que brindar felicidad, no estrés o incomodidad.

Cuando recién habían comenzado a salir y Julián no había dimensionado lo doloroso que iba a ser que Enzo ignore su relación por completo frente a sus amigos, la relación le parecía perfecta. Era todo lo que se imaginaba y más. El castaño nunca se había sentido tan querido, tan cuidado como se sentía con Enzo. Cada hora que pasaba en la facultad, con sus amigos, lejos de los brazos de su novio, parecía eterna. Era todo en lo que podía pensar.

Fue así por unos cuatro meses, hasta que se empezó a quebrar ese ideal. El estar “enclosetados” cada vez traía consigo más estrés, más distancia entre ellos dos. Tan solo dos meses después de ese quiebre, Julián se encontraba lagrimeando en frente de su pareja, pensando en lo que le había dicho su mejor amigo.

—Es que vos no entendes nada, Julián. A vos no te importa que la gente sepa. Si fuera por vos, le dirías a todo el mundo y listo. Pero vos sabes que yo no puedo, que no es tan fácil para mi como es para vos. Que mi familia nunca aceptaría tener un hijo puto. ¿Tan difícil es entender eso?

—No es fácil para mí tampoco, ¿sabes? Si fuera así de simple, si le pudiera decir a todos los chicos que me gustan los pibes como si no fuera nada, ya lo hubiera hecho. No entiendo como pensas que a mi me resbalan estas cosas.

—Y, lo pienso porque no disimulas un carajo— Enzo subió la voz.

No era la primera vez que se peleaban, pero Julián sintió que era distinta. No tendía a escucharlo hablar con tal brusquedad, alzando la voz.

—Bueno, Enzo. Perdona si te muestro el mismo afecto en frente de los chicos que te mostraba antes de que estemos de novios. Perdona si tanta vergüenza te da. Pero realmente no entiendo porque vos pensas que todo es fácil para mi y difícil para vos.

Las lágrimas ya empezaban a caer más rápido. No entendía qué había pasado, ni cómo habían llegado al punto de hablarse así.

—Cuando estamos con los chicos me agarras, me abrazas, no me dejas respirar, Julián. Me molesta que pienses que nadie va a sospechar.

Enzo se sentó en la cama, evitando la mirada de Julián. Parecía estar decidido a manejar la situación de la peor manera posible.

—Siempre fuimos así, Enzo. Desde el colegio. ¿Te das cuenta de que para ellos es igual que siempre?

—No me importa si para ellos es igual que siempre. Para mí no es igual. Solo te pido que tengamos más cuidado ahora que tienen más peso estas boludeces.

En otra ocasión, el castaño podría haber sido capaz de dejar la conversación ir con tal de seguir bien con su novio. A veces sentía que tenía que preservar la armonía de la relación antes que encapricharse con boludeces. Sin embargo, ya era suficiente. Tenía que tener el coraje para defenderse.

Si no iba a ponerse firme por él mismo, iba a hacerlo por Lisandro, que tanto le decía que tenía que parar de priorizar a otros antes que a sí mismo.

—Si tanto te molesta paro, pero así no vamos a seguir. A mi no me vas a decir ‘trolo’ en frente de los chicos con tal de que yo quede expuesto y vos no. Ya me banqué mil veces que me trates para el orto justificándote con que te da miedo que los chicos sospechen. No doy más. No tengo por qué bancarme actitudes así.

—Yo tampoco tengo por qué bancarme que vos me hagas quilombo cuando sabes que para mi es un lío estar de novio con un chabon. No se que te esperabas. ¿Te esperabas que estemos chapando en frente de todos los pibes así de un día para el otro? ¿Que se me vaya el cagazo?

—¿Y qué? ¿Vamos a vivir por el resto de nuestras vidas así? ¿Escondidos, pretendiendo ser algo que no somos?— Julián ya estaba cansado de darle vueltas al tema.

—No se que decirte, Julián. Sí, supongo que sí.

—¿Me podes mirar a los ojos?— pidió Julián, su voz ahogada. —Enzo, yo no puedo vivir así por el resto de mi vida.

El morocho levantó la mirada, y Julián vió la oscura falta de cariño en sus ojos. No eran los ojos que lo habían enamorado meses antes. Esto no daba para más.

—Entonces no estés conmigo. Andate, ya está. No me importa lo que hagas.

—¿En serio me vas a decir que no te importa que cortemos así? No te reconozco.

—Mejor para mí, Julián— puso los ojos en blanco. — Es un quilombo estar con vos. Andate así ya no tengo que escuchar tus escenas de mierda. Estar con una mina sería diez veces más fácil que estar con vos.

—Andate a cagar, pelotudo.

Julián agarró su celular, sus llaves y su billetera. Abrió el placar y sacó su buzo favorito. Un buzo azul marino que siempre dejaba en lo de Enzo para usar cuando le faltaba ropa. Miró a Enzo, casi esperando que el otro diga algo.

Enzo ni lo miró a los ojos.

Aunque una parte de él quería darse vuelta y pedirle disculpas, decirle que estaba bien, que podían seguir así y que él lo iba a aceptar porque amaba a Enzo como a nadie, sabía que no era lo que debía hacer. Tenía que ponerse primero una vez en su vida.

Entonces salió de la habitación, sin mirar para atrás, y se retiró del departamento, las lágrimas chorreando de sus ojos.