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Stephen tiene un problema. Muchos, en realidad, pero ahora mismo, en ese momento en particular, había uno que brillaba sobre los demás: su alfa.
Había conocido a Tony Stark en una misión de reconocimiento, nada importante, recolección de información, cosas aburridas, no había habido enfrentamientos, ni muestras de poder, pero Stark había logrado mostrar mucho de él: su gran intelecto (irritante), su astucia (aún más irritante), su amabilidad (tan irritante que rozaba lo ridículo), su sarcasmo (exasperante), una terquedad comparable a la suya (insoportable) y un carisma inigualable (fastidioso), y eso se convirtió en un problema. Porque era increíblemente molesto, todo, cada parte, cada palabra que salía de su boca, cada gesto, cada risa, cada sonrisa, cada movimiento, todo. Y también era increíblemente guapo.
Así que su alfa decidió que era suyo. Lo cual no tenía sentido. ¿Hola? Se acaban de conocer, no sabe nada de él más allá de hoy y lo que publican los tabloides (que no es muy bueno y no ayuda en nada a su problema actual), no lo conoce realmente, no sabe quién es, que es lo que guía su vida, sus valores, sus motivaciones, que lo mantiene despierto por la noche y que es lo que hace que se levante por las mañanas, no sabe sus sueños, sus miedos tontos y los importantes, quiénes son sus amigos de verdad, en quién confía, no conoce su infancia, ni a su familia, que odia, que le gusta, ni siquiera sabe su comida o color favorito (nada asegura que el rojo estridente de la armadura no sea por pura estética), no sabe nada, y aunque muchas cosas que desconoce podría aprenderlas simplemente abriendo Google no quiere eso, no sabrá si lo que encuentre será verdad o simplemente alguien más decidió que eso era lo que debía decir porque es lo que se esperaría de él.
No conoce nada de su vida, su alfa no podía solo elegirlo por enfrentarlo, por molestarlo y haberse convertido en un igual un solo día, nada aseguraba que eso duraría. Ni siquiera sabe cuándo volverían a verse, a pesar de que ambos “trabajaban” en lo mismo nunca se habían cruzado antes, fue un momento, un instante en la infinitud de tiempo, apenas un respiro en sus vidas, su alfa NO podía elegirlo, ni siquiera tenía que ser racional, solo no tenía que ser un completo idiota y terco, solo se elegía pareja una vez, no podía encapricharse con Tony Stark, muy probablemente y casi por seguro, el omega más deseado del mundo. Los condenaría a ambos.
Stephen lo entendía, de verdad que sí, Stark era muy atractivo y tenía un brillante cerebro, era sarcástico y amable en igual medida. Era brillante y hermoso como el sol. Además, incitaba al misterio a pesar de ser una figura pública muy reconocida, parecía que siempre ocultaba una parte importante de él, y te enganchaba a tratar de describirlo. A Stephen también le gustaba, pero había una brecha enorme entre eso y convertirlo en su compañero.
Así que Stephen recurrió a lo que cualquier persona sensata haría en su lugar: negociar. Negocio con su alfa, no podía tener a Stark ahora mismo ni aunque su alfa decidieran que eran compañeros, eso requería un largo cortejo y muchas conversiones importantes que no estaba teniendo con alguien que prácticamente era un desconocido, así que le ofreció a esa parte más primitiva de sí mismo, que buscaría la forma de conocer a Stark y que a cambio no sellará el vínculo como su compañero en ese momento, sino hasta que lo conociera, así los dos podrían elegirlo, trabajarían juntos y podrían sellar la unión más rápido, todos ganaban.
Su alfa estaba totalmente en contra, quería sellar el vínculo ahí mismo, en ese mismo instante, pero sabía que había poco que pudiera hacer al respecto, no podía marcar a su omega solo porque lo deseara, porque lo necesitara tanto o aún más que respirar, jamás podía dañar a su compañero, ambos debían desearlo y solo así lo haría. Así que acepto.
Fue muy sorprende que Stephen lograra encontrar tantas excusas para convivir con Tony: reliquias, misiones, colaboraciones magia- tecnología, comidas en equipo, películas y muchísimas otras. La mayoría de las veces se encontraban discutiendo tranquilamente sobre cualquiera tema, desde teorías cuánticas hasta música, haciendo bromas y sacándose de quicio mutuamente. Stephen, tuvo que admitir, a regañadientes, que su alfa había tenido razón, Tony sería un gran compañero.
Stephen estaba seguro que Tony ya lo entendía como nunca nadie más había podido hacerlo antes, ambos eran genios, egocéntricos, preocupados por mantener su mundo a salvo y proteger lo que amaban, con muchas cicatrices y un peso que a veces era demasiado. Lo entendía, se entendían y le gustaba. Tony le gustaba.
Su alfa estaba siendo muy molesto al respecto.
El problema era que los tabloides no se equivocaban del todo, Tony Stark, era un mujeriego, aunque en mucha menor medida de lo que lo pintaban, no regresaba cada noche con alguien diferente, ni siquiera era demasiado frecuente, pero Stephen se daba cuenta, y su alfa también. Y esa era la principal razón para no dar un paso más allá en su relación, que se había convertido en amistosa.
Tony tampoco había intentado “estrechar” su relación, lo aceptaba como un amigo más, lo que lo confortaba y molestaba en partes iguales. Por un lado, Tony apreciaba su amistad lo suficiente para no arriesgarse a arruinarla, y por otro, su alfa estaba dolido de que no lo considerara una opción. ¿Qué tenía de malo? Nunca había visto a ninguno de los alfas con lo que se acostaba Tony, pero estaba seguro que era, sin duda, mucho mejor que ellos, era el Hechicero Supremo, y había sido uno de los mejores neurocirujanos del mundo. Stephen estaba seguro que ninguno de esos, podía igualarlo, en ningún campo, en ninguna condición. Tony no debería conformarse con tan poco cuando podía estar con él, solo debía esperar.
Esperar pronto se convirtió en un problema, porque Stephen había trabajado la espera y la meditación como parte de su proceso para convertirse en Hechicero Supremo, pero su alfa no había aprendido nada, y cada día se desesperaba más, porque lo tenía ahí, literalmente hablando, al alcance de su mano y no podía tenerlo.
Sin embargo, no todo eran malas noticias para el alfa, pues Tony también disminuyó el número de sus amantes a números críticos hasta que desaparecieron por completo, lo que tranquilizo a ambos, pues Stephen, por fin, después de meses de charlas, bromas, historias y de intimidad compartida se sentía listo para avanzar y tratar de cortejar a Tony.
La espera había valido la pena, pues cada momento compartido con Tony había sido maravilloso, incluso sino aceptara su cortejo todavía quedaría su amistad y era más de lo que podía pedir, porque Tony era como el sol, su gravedad hacía que todos y todo orbitaran a su alrededor, era una fuerza de la naturaleza, no había tenido oportunidad, nunca hubiera podido resistirse, incluso si su alfa hubiera elegido a otro como compañero, Stephen lo hubiera elegido a él.
La vida parecía burlarse de él, porque había empezado a ver menos a Tony, pasaron de verse varias veces a la semana a una vez por semana, y después cada dos. Además, Tony había sido delegado del campo a apoyo técnico, no sabía porque, tal vez un castigo de Fury, Tony acordó decírselo más tarde y él no presiono. Así que sus encuentros se redujeron aún más de forma exponencial, a su alfa no le gustaba y a Stephen tampoco. Quería verlo, reírse con él, saber que estabas bien, lo quería todo.
Así que decidió que ya no podía esperar más, fuera cual fuera la respuesta de Tony debía decírselo inmediatamente. Así que abrió un portal a donde la energía de Tony lo guiaba y apareció en el taller, no fue una sorpresa en absoluto.
Tony estaba sentado en taburete alto y acolchado, mirando una de las múltiples pantallas holográficas que danzaban a su alrededor. Era hermoso, tan increíblemente hermoso e inteligente, verlo en el taller siempre lo deleitaba de una manera extraña. Era su elemento, y verlo era un regalo.
Tony se movió para verlo y una sonrisa ilumino su rostro, verdadera, preciosa y radiante. Stephen también sonrió en respuesta y se acercó a él.
-Hola- dijo Tony una vez estuvieron cerca.- ¿Qué trae al enigmático mago por mi recinto?- Tony siempre se burlaba así de Stephen. Le encantaba, quería que ocurriera el resto de su vida y más.
Stephen decidió responder con la verdad. Había ido ahí con una misión, y la verdad era indispensable en su cumplimiento. –Tú. Hace mucho que no nos vemos. Quería verte.- respondió con un tono tranquilo y sincero. No esperaba que Tony leyera entre líneas, al final de la conversación habría aclarado sus intenciones.
Tony soltó una risa, pero no pudo ocultar como su rostro cambiaba a un color más rosado. Hermoso, tan increíblemente hermoso, deseaba que fuera suyo, eterna y únicamente suyo.
-Sí, supongo que ha pasado un tiempo- Tony señalo otro taburete que estaba cerca de donde se encontraba y Stephen se dirigió a él para sentarse y poder tener una conversación más cómoda.- Aunque supongo que no es todo por lo que has venido. Tienes esa cara, la de las misiones. ¿Paso algo?- Tony señalo su cara mientras movía su dedo de arriba hacia abajo como si quisiera hacer énfasis en algo.
-No, aunque lo que vine a decir es igual de importante y difícil que una misión.- Stephen no esperaba estar tan nervioso, se había enfrentado a criaturas cósmicas tan aterradoras que dejarían a cualquier otro sin una gota de cordura, y ahora estaba ahí, sentado frente al omega que su alfa y su corazón deseaban tan nervioso que temía olvidar como hablar.
Tony frunció el ceño y asintió para que Stephen continuara con lo que sea que había ido a decir.
-Estoy enamorado de ti, y quiero que seas mi omega. Puede que esto suene repentino, pero he estado enamorado de ti por meses. Mi alfa te eligió como suyo desde nuestro primer encuentro, pero yo no estaba seguro, no te conocía, pero deseaba tener la oportunidad de hacerlo y ahora que te conozco un poco más, estoy totalmente cautivado, eres tan amable como terco, tan inteligente como sarcástico y tan hermoso como problemático, quiero estar contigo, de preferencia el resto de nuestras vida, quiero tener la oportunidad de verte cambiar a lo largo de los años, de ser la persona que te acompañe en las alegrías y tristezas, de amarte, de verte despertar todos los días a mi lado y saber que nos pertenecemos, de ser la razón de tus sonrisas y saber que son mías para siempre.
Y quiero que sepas que a pesar de mis intenciones románticas aceptare cualquier respuesta que me des, podemos seguir siendo amigos si es lo que deseas, pero no me hagas alejarme, por favor.- su corazón latía rápidamente y estaba seguro de que temblaba para cuando termino de hablar, y fue entonces que Stephen pensó que tal vez si debió haber practicado su confesión, porque lo que había dicho no sonaba nada a una propuesta de cortejo, sonaba casi a…
-Eso suena a una propuesta de matrimonio- respondió Tony con una risita revelando sus propios pensamientos. Pero Tony no parecía disgustado y se atrevía a decir que incluso parecía feliz, Stephen sintió que sus latidos aumentaban aún más, podía sentir su corazón golpeando sus costillas y estaba seguro que si ponía una mano en su pecho podría sentir físicamente su corazón. Además, su cuerpo pasó de temblores nerviosos a temblores de expectación.- Y en cualquier otro caso aceptaría sin pensarlo dos veces, yo también estoy enamorado de ti, Stephen, y me gustaría pasar el resto de mi vida a tu lado, eres alguien maravilloso, inteligente, guapo y amable, me entiendes como nadie más, has estado conmigo en mis días buenos y malos, y no dejaste que tu alfa dictara nuestro lazo, sino que te diste el tiempo de conocerme de verdad y decidir por ti mismo que me querías, así que estaría más que encantado de aceptarte como mi compañero, sin embargo, hay algo que debes saber antes. Es la razón por la que no he estado participando en misiones de campo últimamente. Estoy embarazado.
Stephen sintió que el piso se abría bajo sus pies, un escalofrío le recorrió el cuerpo, la cabeza le daba vueltas y su visión se volvió borrosa. Agradecía estar sentado porque pudo haberse desplomado en el suelo ante la revelación, se sostuvo de la mesa para no caer del taburete. Tony, estaba embarazado. De otro. Sentía náuseas y un vacío gigante en el pecho, como si alguien lo hubiera travesado y se lo hubiera arrancado. No podía respirar, no podía hablar, no podía pensar. Su mente estaba lejos, tan lejos que era imposible de alcanzar, nadaba en el espacio, lejos de la tierra, lejos de su cuerpo.
-Stephen- escuchaba que alguien lo llamaba, lejos, la voz se escuchaba tan lejos, distorsionada, como un sonido que busca atravesar hasta las profundidades del mar. Se ahogaba en su propio dolor. Había esperado demasiado, era su culpa. ¿Cómo decían? Ah, sí: “El amor debe confesarse antes de que alguien con menos amor, pero con más valentía lo haga”. Ahora era tarde.
-Stephen- ahora escuchaba la voz que lo llamaba más cerca y la pudo reconocer, era Tony, Tony que jamás podría ser suyo ahora. Podía sentir que lo sacudían y poco a poco regreso a la tierra y después a su cuerpo. Lo primero que vio fue el rostro preocupado de Tony y después bajo la vista hacía su estómago, llevaba ropa suelta, claro, había sido muy ciego. Ahora todo encajaba en el rompecabezas de su dolor: la disminución de sus amantes, las misiones, la ropa, la falta de trabajo demasiado pesado, el cansancio, todo.
-¿Quién?- logró decir en un susurro, Tony apenas y logro escucharlo debido a la cercanía entre ambos.
-¿Importa?- escuchó responder a Tony con voz triste.
No, no lo hacía. Debía salir de ese espiral de dolor a donde lo estaba arrastrando su alfa dolido, el dolor le había nublado el juicio, pero debía recomponerse, estaba haciendo que Tony sufriera innecesariamente. Aun lo quería, con todo y bebé.
-Aun te quiero. Mi alfa está un poco dolido, pero con el tiempo lo aceptara, solo debe asimilarlo.- Stephen recupero su voz habitual saliendo de la ensoñación y mirando a Tony directamente a los ojos para dejarle claro que lo decía enserio.
-¿Solo un poco? Te perdí por completo, pensé que ibas a desmayarte. –Dijo Tony riendo un poco y mostrándose menos tenso que hacía unos momentos, pero aun había duda en sus ojos.- ¿Estás seguro? Deberías pensarlo un poco antes de aceptar.
-No, ya espere demasiado y eso fue lo que nos llevó a esto. No quiero esperar, te acepto Anthony Edward Stark, como mi compañero, a ti a tú bebé. Mi alfa lo aceptara tarde o temprano, después de todo él fue quien te eligió primero.- Stephen sonrió sinceramente y estiro su mano para sostener la de Tony dándole un apretón cuando la tuvo entre la suyas.
Tony también apretó la suya como respuesta. Stephen se levantó y se inclinó para abrazar a Tony. Estarían bien, solo necesitaban tiempo.
Tony se mudó, parcialmente, al Sanctum Sanctorum, para que Stephen cuidara de él (no lo necesitaba, tenía a JARVIS monitoreándolo constantemente en la Torre, pero estar con Stephen le proporcionaba una comodidad extra que no estaba dispuesto a rechazar). Su relación iba rápido, a ninguno le molestaba, tendrían un bebé juntos pronto. Y el alfa de Stephen se había resignado, no es que estuviera dando saltos por la vida, pero ya no estaba deprimido, así que era un avance. Que Tony aceptara ser su compañero compensaba al bebé, al parecer.
Tony todavía tenía algunas reservas sobre él bebé y el alfa de Stephen, pues, aunque confiaba en Stephen, los alfas no solían responder muy bien a los hijos de otros alfas, sobre todo cuando descubrían su aroma al nacer, pues su hijo estaría impregnado del olor de su otro padre aunque no hubiera estado presente durante todo el embarazo. Y aunque había reaccionado bastante bien a la noticia (por muy sorpréndete que parezca, pues a ojos de Stephen había sido totalmente dramático e innecesario), pues no había estado furioso ante el rechazo, no había roto su vínculo con Tony, solo había estado totalmente desolado, nada aseguraba que mantendría la calma al oler el aroma combinado de su omega con otro.
Stephen entendía las reservas de Tony y le propuso no estar presente en el parto, sino que se lo presentarán más tarde, cuando Tony estuviera un poco más recuperado. Así podría marcharse si lo molestaba la reacción de Stephen, aunque ambos esperaban fuera neutra, no era su bebé, pero tampoco el de un enemigo.
Su alfa estaba totalmente iracundo, amaba a su omega profundamente, jamás le haría daño, lo había demostrado cuando recibieron la noticia de su omega embarazado, no culpaba a Tony, era un omega libre, jamás se le paso por la cabeza estar enojado con él, y lo acepto bastante rápido después de eso. No creía que fuera justo el juicio que recibía, pero lo dejo pasar, ya lo demostraría en la presentación del bebé.
El bebé Peter nació una madrugada de abril. La noche era cálida y un ligero viento recorría las calles de Nueva York. Habían decidido el nombre juntos. Su pequeño bebé Peter.
Fue doloroso y bastante traumático. Tony decidió que no tendría más bebés esa misma noche. Si, había sufrido fracturas, golpes contra múltiples estructuras, conmociones, y muchos etcéteras médicos piloteando Ironman, pero tener un bebé estaba en el número 1 de sus experiencias dolorosas y Peter se había portado bastante bien, según los doctores y enfermeras, si, no quería dar a luz nunca más. Lo sentía mucho por Stephen, tendría que conformarse con su bebé.
Tony había pasado una semana recuperándose en la Torre, y por fin había llamado a Stephen para que conociera al pequeño Peter. Stephen había estado muy nervioso y emocionado en partes iguales, no era su hijo biológico, pero no importaba, porque meses atrás cuando se comprometió con Tony lo había aceptado como suyo, sería su padre y daría lo mejor de sí para criarlo, cuidarlo, protegerlo y quererlo. Todavía estaba un poco nervioso por su alfa, pues había estado muy quieto y callado, pero mejor eso a la ira normal de los alfas en este caso.
Abrió un portal directamente a la sala de la torre, y parado en medio estaba Tony, lucía cansado, pero muy feliz.
-Hola.- saludo Tony dirigiéndole una sonrisa sincera y amable.
-Hola.- Stephen se acercó a Tony y le dio un beso en la frente. Su alfa estaba bastante tranquilo, una buena señal.- ¿Cómo estás?, ¿Cómo este Peter?
-Estoy cansado, mucho, y feliz de que por fin estés aquí. Peter está bien, es bastante curioso, ríe mucho, pero duerme bien, te va a gustar.- Tony parecía nervioso, pero confiaba lo suficiente en Stephen para presentarle a su bebé.- Tony se movió alejándose de Stephen para dirigirse a un pequeño moisés donde seguramente estaba Peter.
Stephen vio a Tony recoger una bola de mantas y dirigirse hacia donde todavía estaba Stephen inmóvil y muy nervioso. Su alfa no había dado señales de nada, todo iba bastante bien.
Cuando Tony estuvo lo suficientemente cerca lo pudo oler, contuvo el aliento y sintió a su alfa removerse inquieto.
-¿Quieres cargarlo?- Tony ya estaba frente a él con los brazos extendidos.
Stephen asistió, de repente incapaz de hablar, pues sentía que se le formaba un nudo en la garganta y le picaban los ojos con lágrimas contenidas.
Apenas lo tuvo en brazos empezó a llorar, las lágrimas escurrían por sus ojos, Tony se preocupó de inmediato y le pregunto si estaba bien.
Stephen asintió y dijo: -Solo huele a ti y a leche. Nuestro bebé solo huele a ti.- Lloraba lágrimas de alivio, pues aunque había aceptado que Peter olería a otro alfa aun le dolía. Entonces extendió una mano hacia su carita redonda y lo marco con su olor.- Es idéntico a ti. Empiezo a creer que me engañaste todo este tiempo y no había ningún otro, es tu clon. Se ve igual que tú y solo huele a ti. Nuestro pequeño bebé Peter.
Stephen aún no se había dado cuenta de que había marcado con su olor a Peter y que lo había llamado suyo dos veces casi seguidas. Ese era su alfa. El alfa de Stephen había reclamado al bebé como suyo ante la falta de olor de otro. Tony sonrió aliviado, no sabía porque su bebé no tenía el olor de su otro padre, pero lo agradecía.
-Nuestro pequeño bebé Peter- respondió Tony feliz, acercándose a Stephen para abrazarlo mientras este sostenía a Peter, aun llorando.
Stephen los marco a ambos con su olor ese día. Su alfa acepto a Peter como suyo. Su bebé y de Tony. Su pequeña mitosis.
