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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 4 of SenGen Week 2026
Stats:
Published:
2026-08-27
Words:
2,082
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
10
Hits:
83

Un forastero en el Gran Reino Asagiri

Summary:

El rey Gen Asagiri se siente solo en su gran palacio. Para remediarlo, realiza un hechizo que atraviesa mundos para traer a Senku Ishigami junto a él.

 

One Shot perteneciente al día 4 del SenGen Week 2026.

Work Text:

Las manos de Senku danzaban de un lado a otro. Vertió el líquido en el recipiente con otro contenido y lo agitó con suavidad para que se mezclaran. El color cambió. Sonrió satisfecho al lograr el objetivo.

Había dejado su trabajo tiempo atrás, cansado de las tareas repetitivas, del escaso uso de sus amplios conocimientos, pero, sobre todo, por sentirse preso. Sin tener que estar más de ocho horas encerrado bajo órdenes, por fin tenía tiempo para hacer lo que de verdad amaba.

Abrió los ojos de la sorpresa cuando una repentina niebla apareció. Al principio, pensó que provenía de la mezcla entre sus manos, pero cuando logró enfocar se percató de que rodeaba su cuerpo. No había sido una reacción a lo que estaba haciendo; era algo completamente diferente.

Parpadeó y con ello su cuerpo cayó al vacío. El viento lo golpeó y la tela de la bata era agitada con violencia. El golpe llegó antes de siquiera poder procesar o evaluar la situación. El agua fría lo rodeó por todas partes. Movió los brazos y piernas desesperadamente buscando la salida. Visualizó la brillante luz cada vez más cerca. Como si de un haz de esperanza se tratara, una mano acudió en su ayuda. No dudó en agarrarla.

Sintió como sus pulmones se llenaban. Arrastró su cuerpo para abandonar el agua. Estaba empapado. Quedó tendido en el suelo, frente al brillante cielo.

—¿Estás bien? — preguntó el chico de cabello castaño y ojos grandes.

—Sí. Gracias.

Frunció el ceño. Era extraño. El aire era limpio y los colores... los colores eran saturados y radiantes. Apoyó los codos en el suelo y se elevó. El agua al que había caído era de un azul que nunca había visto.

—¿Dónde estoy? —preguntó aturdido.

—En el Gran Reino Asagiri.

Miró a los ojos a su salvador. Lo analizó. Sus orejas eran puntiagudas y ligeramente caídas. Elevó su vista para encontrarse con dos pequeños cuernos asomando entre los mechones de su cabello. La confusión cada vez le invadía más.

El chico mostró su más amplia sonrisa ante los ojos insistentes. Dio varios golpes al suelo, llamando la atención del rubio. Su vista descendió y se sorprendió al ver como un pelaje castaño cubría la piel a partir de la cadera para luego encontrar unas pezuñas.

—¿Qué eres?

—Soy Chrome.

—No me refiero a eso...No eres humano.

—¿Humano? No me suena. ¡Soy aprendiz de alquimia! ¿A que es malote?

—Definitivamente estaba en el laboratorio. ¿Un error? ¿Alucinaciones? No tiene ningún tipo de sentido —murmuró para sí mismo buscando una respuesta lógica.

—Señor, ¿cómo se llama? —Sus pezuñas golpearon el suelo con excesiva energía. Estaba emocionado.

—Senku—contestó mientras se incorporaba.

Limpió con sus manos los restos de hierba y barro de su ropa, resultando una misión fallida. Decidió quitarse la bata de laboratorio.

Emprendieron su camino. Chrome le dijo que debían ir al palacio para avisar al rey de su repentina llegada al reino. El camino era de piedra de color amarillo vistoso. Las farolas eran altas y extravagantes. Las decoraciones, estandartes, flores eran de diferentes tonos de morado, lila, violeta y lavanda, este último debía ser el color oficial, pues era el más usado.

—¡Oh! —Chrome se acercó al río y movió ambos brazos de un lado a otro—¡Ruri!

Una chica rubia saludó tímidamente desde el otro lado. Era hermosa, con un largo cabello rubio.

Tras una buena caminata llegaron finalmente a la ciudad. Los tejados mantenían el color oficial, sus paredes eran blancas haciéndolo destacar aún más. Al fondo se divisaba lo que sería el palacio.

La gente en los puestos se paraba a observarlo. Curiosos por el recién llegado. Senku mantuvo el nivel de alerta alto, y no por peligro, sino por esquivar alas, colas y criaturas con varias cabezas. En uno de esos intentos su pie se hundió en una masa rosa, morada y brillante.

—¡Pisaste caca de unicornio! —aclaró Chrome en tono divertido.

El joven castaño saludaba a cada persona con la que se cruzaban. A su vez le explicaba con cierto orgullo quien era cada una de ellas. Saludó con esmero al herrero, Kaseki, quien respondió con la misma vitalidad.

El portón dorado del palacio apareció frente a ellos.

—Impresionante—. Con las manos en las caderas observó los preciosos detalles.

—Ukyo, he traído a alguien. —Chrome dirigió su vista hacia una de las dos torres blancas que flanqueaban la entrada. Un chico de pelo claro se asomó.

—Lo sé. Reconocí tus pisadas, pero no conocía las suyas.

Los dos chicos que vigilaban la puerta intercambiaron miradas.

—¿Un extranjero? ¿Nos querrá invadir? ¿Será un espía? Viste muy raro. —El rubio entró en pánico.

—Ginro. Eres un guardia real. Compórtate como tal—reprochó el castaño.

—Iré a comunicárselo a su majestad—anunció Ukyo antes de desaparecer.

Minutos después la puerta de entrada se abrió.

—Que pase —Chrome los siguió —. Solo el forastero.

Atravesaron los jardines. Eran amplios y contaban con preciosas filas de flores que lo decoraban. Senku se percató de que, aunque reconocía parte de ellas, muchas eran desconocidas. Flores cuyos pétalos eran del tamaño de una persona adulta, de colores plateados, un sinfín de nuevos tipos.

Siguió a Ukyo al interior. Los pasillos eran interminables. No vio a nadie en todo el trayecto. Ni personal, ni soldados, solo una decoración ostentosa. Detuvieron su paso frente a una gran puerta. Ukyo anunció su llegada y lo invitó a entrar con un movimiento de brazo.

El golpe de la puerta cerrándose hizo eco en la sala del trono.

—Oh, mi pedido especial ha llegado. Al parecer mi hechizo funcionó. —Un joven alto, delgado, con pelo bicolor estaba sentado en el trono de terciopelo lavanda. Sus piernas colgaban por el lado y sus manos realizaban elegantes movimientos seguidos de un hilo de brillo. Las uvas, situadas en una mesa, volaron hasta aterrizar en su boca.

—¿Hechizo? —preguntó Senku siguiendo el recorrido de la fruta por el aire.

El bicolor elevó su mano, indicando que esperara a que terminara de comer. Al tragar respondió.

—Hice una petición para llenar este vacío—llevó la mano a su corazón. Observó detenidamente a Senku y rio—. Si estás aquí es porque cumples los requisitos.

—¿Requisitos?

—Un hechizo de tal calibre tiene sus pros y sus contras. No puedo pedir algo perfecto. Así que, pedí lo primero que me vino a la cabeza. Un explotador, y con pelo cebolla—pensó —¿o cebolleta? No lo recuerdo, pero está claro que eso lo cumples.

—En resumidas cuentas, me has traído hasta aquí porque te sientes solo—el chico asintió—¿Puedo saber cómo te llamas?

—Qué maleducado de mi parte. Soy Gen Asagiri, el rey del Gran Reino Asagiri. Bienvenido...

—Senku.

—Senku-Chan.

Hablaron sobre el reino. El bicolor amó comentarle sobre las costumbres y las fiestas. Senku se interesó por la dirección y la organización. Suspirando cada poco en la conversación.

—¿No tienes consejeros reales?

—Ehhh... Senku-Chan, qué cosas dices. ¡Claro que tengo! ¡Ukyo-Chan! —el arquero de la entrada entró y se acercó al trono —. Él es mi consejero. Mi mano derecha.

—Aunque nunca hace caso a mis consejos—admitió.

El bostezo de Gen anunció la hora de terminar con la conversación. Ukyo le guió hasta su habitación. Durante el camino vio al fin a gente en el palacio. Tuvo que levantar su pie para no chocar con una sandía que iba rodando a máxima velocidad.

Sus aposentos eran enormes. Él era feliz con mucho menos. La analizó con esmero, así como las circunstancias en la que se encontraba. Había sido secuestrado por un rey que se sentía solo, y lo peor, no tenía prisa por escapar de aquel lugar. No añoraba nada en su mundo. No tenía a nadie en él.

Para la hora de cenar ya había tomado un buen baño con sales. También cambió su ropa por la proporcionada por Gen. Una túnica verde con bordados dorados y el emblema del reino en el pecho.

Entró en el comedor, donde una mesa con dos sillas estaba situada en el medio, justo enfrente de una chimenea cuyas llamas crepitaban.

—Siéntate—señaló el asiento frente a él —. Serviré la comida.

Con un simple gesto un pollo asado recién horneado apareció sobre la mesa. Curioso, Gen le aclaró que su chef François hacía la mejor comida del continente. Senku saboreó cada bocado. Estaba delicioso.

Terminaron de comer y Gen le ofreció una copa con un líquido color fucsia. Bebían la dulce bebida cuando Ukyo irrumpió en la sala.

—Después de cenar, Ukyo me ofrece el informe diario del reino. Tiene un súper oído y se entera de todo.

Ukyo se aclaró la garganta antes de hablar.

—He aquí el informe de hoy. Kohaku ha amenazado a dos hombres por intentar acercarse a ella y su hermana.

—Muy bien hecho, Kohaku-Chan—comentó.

—Magma y Yo han vuelto a discutir—el bicolor bostezó, era algo que pasaba a diario.

—Mozu ha intentado seducir a la hija del panadero. El padre de la chica le ha tirado el pan a la cara.

—Lo intenta con todas. No para—explicó Gen a Senku.

—Chrome...—Gen se incorporó—No ha tenido avances con Ruri.

—¡Siempre igual! —llevó sus manos a la cara, desesperado.

—Eso es todo.

—Eso no es todo...¡Ukyo Saionji!

—Ryusui me invitó a su barco mañana. Acepté.

—¡Bien hecho!

Fin del informe diario.

 

●・○・●・○・●

Senku se adaptó al Gran Reino Asagiri con gran facilidad. Tenía total libertad para hacer lo que quisiera. Lo único "obligatorio" era desayunar, comer y cenar con Gen, y pasar tiempo con él si se encontraba aburrido.

Un día pasearon por el reino. La capacidad de gobernar de Gen era nula, sin embargo, el pueblo lo adoraba. El rey detenía su paso cuando un ciudadano comentaba un problema. A su lado, con una mano en la barbilla, Senku sopesaba las opciones para solucionarlo. Gracias a sus grandes conocimientos e inteligencia las respuestas llegaban a él de manera casi instantánea. Explicaba a los ciudadanos recibiendo expresiones de desconcierto.

—No entiendo nada de lo que necesitas...pero Chrome tiene una colección de minerales impresionante.

Fue a la pequeña casa situada a las afueras, en una colina. Chrome lo recibió con los brazos abiertos. Le entusiasmaba la idea de enseñar lo que había recogido a lo largo de su vida. Había estanterías y sacos repletos de materiales valiosos, imprescindibles para los planes de mejora de Senku.

—Kuku esto es emocionante.

Senku cumplía las dos condiciones de Gen. Pues tuvo a la gente trabajando días seguidos hasta tarde para conseguir las reformas y avances lo antes posible.

●・○・●・○・●

Era emotivo ver la cantidad de piedras, sustancias, flores desconocidas. Cada una de ellas con distintas propiedades que Senku estaba deseando aprender. Después de mucho tiempo, volvía a estar emocionado.

Fue aprendiendo más y más de ese mundo lleno de colores brillantes.

—¿Sabes que el excremento de unicornio es bueno para la piel? ¡Y el de pegaso para el pelo! —informó Gen mientras recorrían los establos —¡Ah! Esa es la baya de la felicidad.

Señaló una baya redonda de color amarillo.

—Puedo deducir de qué se trata—rio.

Y fue conociendo más y más a su rey.

Desde el balcón del comedor observaron la vida nocturna del reino. La gente reía, bailaba, era feliz. Gen sonrió. Aunque pudiera parecer un rey despreocupado, amaba a su gente, deseaba darles lo mejor y protegerlos a toda costa.

Perdió a su familia a una edad temprana y el trono quedó en sus manos. Una responsabilidad muy grande para un joven que apenas acababa de comenzar su formación para gobernar.

—Oye, Gen. Llevo cinco meses aquí, ¿verdad? —preguntó mientras masticaba un trozo del delicioso pastel.

—Sí, ¿Por qué?

El tiempo había volado. Y, no ansiaba regresar a su antigua vida. Había tantas cosas fascinantes por descubrir en ese mundo. Había impulsado el desarrollo del reino. Sus aportaciones habían ayudado a los ciudadanos en sus vidas y trabajos. Sin embargo, había mucho por hacer.

—¿Quieres volver? —la voz de Gen tembló.

Su relación se había estrechado en esos meses. Pasaban la mayoría del tiempo juntos. Gen había encontrado al compañero ideal en Senku. Si decidía abandonar el reino, respetaría su decisión. Aunque su corazón se rompería en mil pedazos, y no sabía cuánto tardaría en sanar.

El rubio dejó con cuidado el tenedor sobre el plato. Apoyó la barbilla en la mano y contempló al bicolor, quien esperaba con inquietud su respuesta.

—Aún me queda por aprender de este mundo y su gente—lo último lo dijo refiriéndose a su gobernante.

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