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Nos deseábamos desde antes de nacer

Summary:

El deseo incontrolable desde antes de todo, desde el primer beso, desde lo furtivo, desde el momento en que no existían las palabras ni los sentidos; con o sin razón, con rabia y con ternura, en la más oscura de las noches, con el sol en el punto más alto del cielo o con el paisaje anaranjado sólo para ellos.

Microhistorias de Julián y Enzo a través de los años.

Notes:

Espero que lo disfruten!! Y si es así, amo leer todo lo que tengan para decir de mis palabras y el amor de estos dos locos de mierda.

Chapter 1: 20 años

Chapter Text

–Shh, nos van a escuchar, culiado.

Julián le tapa la boca a Enzo para evitar que siga haciendo ruido. Siempre, siempre tan ruidoso. El morocho levanta la cabeza y mira al techo del cuarto para concentrarse en dejar de gemir mientras le aprieta la cintura con ambas manos, le pellizca la piel y le amasa el culo cada vez que Julián le pasa un dedo por la punta de la pija.

Se siente tan caliente viéndolo así: exigido, transpirando, desesperado, fuerte y respirando como un búfalo. Sobre todo, le encanta provocar esto en su novio.

Novio, Dios. Me encanta decirle así.

Es bastante reciente el hecho y Julián todavía se maravilla de poder decirlo, siente un calorcito en el pecho cada que deja de decirle amigo para pasar a esa palabra. Novio, novio, novio. Es mi novio. Enzo, mi novio. Tengo novio. Enzo es mi novio. El momento de la declaración fue muy sorpresivo, brusco y alucinante, muy fiel a su estilo. Y si antes de oficializar estaban siempre juntos, ahora que están juntos-juntos no se pueden sacar de encima el uno del otro.

Le encanta. Y le encanta que ahora hagan esto.

Están encerrados en el cuartito de pelotas del club. Terminaron de entrenar hace exactamente once minutos y fueron corriendo a encerrarse luego de que Enzo lo hubiera provocado durante toda la práctica. Hace meses que siente que está al palo todo el tiempo. No importa que se hayan pajeado a la mañana escondidos en el baño, o que hayan chapado hasta tener los labios paspados después de entrenar, tampoco importa que Enzo le haya hecho un pete buenísimo después de que Julián haya salido de la ducha. Realmente nada de eso importa, porque nunca es suficiente.

Siempre quiere más, y Enzo no solo quiere más sino que quiere muchísimo, todo el tiempo a toda hora y cualquier cosa. Enzo quiere y exige, es un novio demandante, bocasucia y caliente. Es insaciable el loco este. Lo amo.

Además, justo hoy fue un día difícil. Enzo se tuvo que despertar temprano para hacerse estudios médicos y Julián a media mañana se hizo sus estudios de sangre cuatrimestrales y en la hora del almuerzo lo llamaron desde su casa así que tampoco pudieron coincidir. Recién se vieron durante la tarde, cuando Enzo cayó al entrenamiento con el short arremangado y guiñándole un ojo. Qué hijo de puta.

Era cuestión de tiempo.

Ahora Julián tiene su mano en la boca de Enzo y la otra la usa para pajearlos juntos, sostiene sus vergas como puede tratando de mantener un ritmo que sabe que a su novio le gusta. Se siente tan íntimo y sucio viéndolos así, con sus pijas pegadas y húmedas, calientes y latiendo. El aire está cargado y tiene mucho, pero mucho calor. Las piernas se le cansan porque él no es el que está apoyado contra la pared. Por lo general suele ser al revés, pero en cuanto cruzaron la puerta Julián lo empujó y Enzo cedió.

“Me pone como loco cuando te ponés así, wacho lindo”

Los dos están a punto de acabar, sabe por cómo late la pija de su novio y por cómo se le empieza a volver ronca la respiración que le falta poquísimo. Muy, muy poco. Enzo abre los ojos y lo mira desafiante y, cuando le guiña un ojo, sabe que le está pidiendo un reto, la última provocación. Julián es tímido, reservado y vergonzoso, pero Enzo es extrovertido, cara rota y despreocupado, así que tiene que hacerle honor a lo que le pide, le exige su novio. Lo mira a los ojos para proponerle que…

–Si cerrás el orto, te dejo acabarme en la boca.

Enzo, que todavía está enmudecido, asiente desesperadamente y Julián se arrodilla ante él y se mete su pija en la boca. Le cuesta metérsela entera tan de una, pero hace un esfuerzo en respirar por la nariz y dejarle la mayor cantidad de saliva posible. Enzo suspira muy fuerte y se traga el gemido, ”así, así… mmhh así Ju, dale, Dios” dice bajito, casi que en un susurro. Julián siente como le tira del pelo y cómo los dedos de Enzo se despliegan en su cabeza. Son cuatro, a lo sumo cinco cabezazos hasta que acaba en su boca y ahí sí, ahí no se pudo quedar callado y lanza un gemido sonoro ”mmmhhgg mi amor, tragátela todammhh”.

–Vení, vení para acá.

Lo agarra a Julián de la remera y lo sube para chapárselo y saborear su wasca. Qué guarro que es, cómo me calienta. Julián se sigue pajeando así que Enzo pone su mano sobre el puño del castaño para masturbarlo juntos y, cuando acaba, lo sigue besando para comerse sus gemidos.

No dejan de besarse por un rato largo, pero ahora se acarician el cuerpo, se recorren la cintura, la cadera, el cuello, los hombros, el pelo y el rostro. No se dejan de tocar hasta que Enzo se separa y le agarra la cara con una sola mano mirándolo fijamente. Sabe que se viene la devolución final.

–Después el guarro soy yo ehh, tremendo morboso sos. Me encanta, mi churrito lindo.

–Seguís siendo el guarro y el morboso. Además, ¿qué tiene?, ¿qué hice yo ahora? –Lo dice a propósito porque sabe que estuvo atrevido y que a Enzo lo vuelve loco.

–Con esa carita de príncipe me obligas a callarme y después te la tragaste toda.

Julián baja la mirada porque puede que lo haya hecho, pero que se lo diga tan abiertamente lo hace sentir expuesto. Enzo se ríe y le da otro beso antes de separarse para buscar algo para limpiarse. Julián lo mira moverse y le gusta, le gusta tanto, tanto, tanto, le gusta cómo se mueve, las caras que hace mientras que rebusca en el armario, cómo se muerde la boca mientras se limpia y el movimiento de sus brazos cuando le tira esa misma toalla a Julián para que haga lo mismo.

El movimiento lo toma por sorpresa y se da cuenta, así que le sonríe socarronamente porque sabe, el hijo de puta siempre sabe que lo estoy mirando.

Cuando salen del cuartito el fresco del atardecer los acompaña hasta las habitaciones. Sobre el ruido de sus pisadas en el pasto, se escuchan algunos pájaros que cantan y los autos de la avenida. El sol ahora es naranja y el peso del brazo de Enzo sobre sus hombros lo hace sentir anclado y volando en partes iguales. Charlan un poco de algunas boludeces hasta que Enzo imita el sonido de arcada que hizo Julián hace unos minutos cuando se atragantó haciendo el pete. Julián lo golpea en la cabeza y corre para esquivar la defensa. Se persiguen hasta el edificio, riendo y con las piernas flojas.

Antes de entrar, Enzo le toma la mano y la aprieta una vez antes de soltarla. Le guiña un ojo y a Julián se le podría parar de nuevo, porque Enzo no sólo quiere estar con él sino estar con él, siendo novios, dándose la mano, acariciándole el pelo y buscándolo en todos lados.

–Vamos, mi wacho guarro.