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Language:
Español
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Published:
2026-09-01
Words:
1,389
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1/1
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140

margaritas | sosadilla

Summary:

Te amo, Ramón y yo no sé nada, pero se que te quiero en mi vida para siempre. Y esa es la única certeza que necesito para seguir adelante.

Notes:

esta locura esta dedicada a mis bellas amigas Mari y Mari (se llamaban igual no) las tkm gracias por bancarme <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Un día soleado de septiembre, Damián por fin decidió ordenar su pieza, ese día Ramón iba a ir y quería que todo fuera perfecto.

En un estante un poco más alto que él, Damián encontró una cajita. La recordaba muy bien, Ramón se la regaló el primer mes de novios con un collar de margaritas, sus flores favoritas, y desde ese día Damián no se la sacaba ni de casualidad, además traía una notita que leía:

Quiero llenarte de libertad, iluminar tu sendero. Este mensaje es mi verdad, te estoy diciendo "te quiero"

Damián sonrió, aunque Ramón nunca lo admitiría siempre fue él el más romántico de los dos. Aunque a veces se hacia el molesto por las demostraciones de amor en público, cuando menos lo esperaba Ramón aparecía con ese tipo de detalles.

Ramón y Damián se conocieron un 21 de septiembre, en el predio de la Facultad de Artes, uno estaba saliendo y el otro estaba llegando tarde. Cuando se chocaron, su miradas se cruzaron y Ramón aceptó que no iba a llegar a esa clase y Damián por fin creyó en ese dicho que su madre le repetía todo el tiempo "Mi hijo, cuando llegué la persona correcta te vas a dar cuenta en el primer momento"

Ese día, fue el comienzo del camino más lindo que ambos decidieron caminar.

Damián abrió la cajita y pegó una carcajada con lo que vio dentro, además de la notita que le había escrito su novio encontró una estampita, a veces el chico no podía creer las ocurrencias de su madre.

– Mira, che memby. Agarra esto – Damián miró incrédulo a su madre

– ¿Mba´epiko, mamá? ¿Qué piko voy a hacer yo con esta estampita? – dijo Damián.

– Capaz esto te da un poco de valentía y te le declaras a Ramón. Insoportables ya son, mi hijo –

– Por dios, mamá. Dejamena, él co no siente lo mismo, ya te dije –

– A veces me sorprende lo tonto que podes ser, Damián Bobadilla – el chico el dio una mirada ofendida y se fue a su habitación, podía escuchar la risa de su madre al fondo.

Damián había aceptado que amaba a Ramón tan rápido que le asustaba. Amaba cada minuto que pasaba con él, sus ocurrencias, sus chistes, amaba lo fácil que era de hacer enojar, lo fácil que era de querer. Pero Damián tenía miedo, aunque sentía la tensión, las miradas y las indirectas, el chico tenía terror de perderlo. ¿Y si se animaba y Ramón lo terminaba odiando? ¿Y si le molestaba su intensidad? Esas preguntas lo acechaban siempre.

Su madre ya estaba harta de sus plagueos, ella más que nadie se daba cuenta que estos dos chicos se querían con locura, no podían estar lejos, se la pasaban hablando del otro en cada oportunidad, hasta ese día que Ramón llegó antes que Damián lo único que hacía el chico era hablar de lo inteligente y divertido que era Bobadilla. María ya no sabía a qué santo rezarle para que estos dos se den cuenta y den un pasito.

Esa misma tarde, Damián llegó y encontró a su madre y Ramón hablando en la cocina, su corazón se ablandó, tenía miedo de derretirse de amor ahí mismo. Cuando terminaron de comer María se fue a hacer unos mandados y los chicos decidieron ver una película en la sala. Aunque Damián quería entender qué estaba pasando en la tele, las caricias que le daba Ramón en el pelo le daban ganas de dormir. Ramón tenía esa costumbre de tocarlo todo el tiempo, siempre agarrando su brazo, su mano, acariciándole cuando estaban sentados. Como si no quisiera que Damián se vaya. Él nunca lo haría, igualmente.

En el limbo entre el sueño y la realidad, Damián escuchó en un susurro – ¿Qué voy a hacer con vos, Dami? Dame una señal, algo – Cuando despertó tenía la cabeza apoyada en el hombro de un Ramón completamente dormido, la tele pasando un programa que no conocía y los colores del atardecer colándose por la ventana del living.

Los días siguientes Damián planeó todo, decidió por fin hacerle caso al corazón y animarse a amar completamente a su amigo. Como el chico no sabía expresarse hablando, porque en el momento en el que tenía que aceptar sus sentimientos su cerebro parecía volverse de juguete, decidió hacer algo que se le daba un poquito mejor, escribir. Luego de horas tratando de poner en palabras o más bien resumiendo la infinidad de cosas que sentía por Ramón, por fin terminó la bendita carta.

Estoy sintiéndome tan cerca. Tan preparado para amarte de verdad.

Y llegó el día.

"Ramón.

Nunca supe lo que se sentía estar enamorado, nunca tuve una definición clara de lo que era. Pero lo sentí la primera vez que te vi subir a ese colectivo, un jueves por la tarde después de merendar en tu lugar favorito, y me dolió el alma quedarme ahí parado viéndote ir. Lo sentí cuando me agarraste la mano, ese sábado por la noche, y me dijiste que solo pudiste pensar en mí para cuidarte mientras estabas enfermo. Lo sentí cuando lloraste en mi hombro ese domingo porque extrañabas a tu familia. Lo sentí cuando llegué a casa cansado ese martes y te vi hablar tan tranquilo con mamá en la cocina. Ramón, no sé lo que es estar enamorado, porque todas las palabras que definen ese sentimiento se quedan cortas al lado de lo que siento por vos.

Tal vez si te quisiese un poco menos podría poner en palabras esta necesidad que tengo de tenerte cerca todo el tiempo, la forma en la que mis labios duelen cada vez que ven los tuyos cerca, la forma en la que mis manos te buscan cuando te vas, la forma en la que mi cuerpo no quiere estar menos de un metro lejos tuyo. Desde que te conocí te sentiste como un hogar, como ese lugar al que siempre quiero volver.

Y no se lo que es amar, Ramón, pero te amo porque vos sos el amor para mi. Ramón, vos sos mi hogar, mi calma, mi libertad.

Tal vez tardé mucho en darme cuenta, tal vez tendría que haberle hecho caso a mamá desde la primera vez que me dijo que te quería, tal vez no tenía que tenerle tanto miedo a quererte, pero ahora estoy listo. Aunque tenga miedo porque nuestra amistad es lo mas lindo que tuve alguna vez, ahora me armo de valor para encarar esto que siento. Estoy listo para quererte de verdad, como te mereces.

Te amo, Ramón y yo no sé nada, pero se que te quiero en mi vida para siempre. Y esa es la única certeza que necesito para seguir adelante".

Déjame intentarlo ya, aunque tropiece con mis miedos.

Damián aún recuerda la mirada brillosa de Ramón cuando terminó de leer la carta, él también estaba llorando de solo verlo.

Ahora me animo y sonreís. Mi corazón no deja de latir.

Ramón lo abrazó y sellaron ese bello momento con un beso en el balcón, lleno de margaritas, de la habitación de Damián, ese lugar que los había visto reír, llorar, pelear y tantas cosas más.

Hoy se cumple un año desde ese día, un año desde ese momento en que Damián se animó y le juró amor eterno a Ramón, llenando su lugar de las flores que más amaba su ahora novio, con ese santito que su madre le había dado para agarrar valor y por fin aceptar la felicidad que el mundo le había puesto enfrente ese soleado día de septiembre en los pasillos de la facultad.

Cuando Damián terminó de acomodar la estampita en un rinconcito de su escritorio Ramón entró a la habitación con un ramo de margaritas en la mano.

Le di al santito una flor, le dije “gracias” por darme tu amor.

– Hola, mi amor. Feliz aniversario – Ramón lo abrazó y lo besó tratando de pasarle de esa forma un poco del inmenso amor que sentía en ese momento por su novio. – Te amo –

– Te amo, bebé. Feliz aniversario, el primero de muchos – Ramón le sonrió. Luego de un momento su novio se dio cuenta de la pequeña estampita.

– ¿Qué haces con eso? – le preguntó Ramón confundido.

– Le estaba dando las gracias – respondió Damián con una sonrisa. Ramón lo miro

– ¿Por qué? –

– Por darme tu amor –

Notes:

inspirada en una canción super linda que se llama "un santito" de angela torres

espero que les haya gustado !!!