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Mientras subía por los peldaños de esa interminable torre, Will sentía que su corazón saldría por su garganta, estaba cansado, no solo de manera física, también mental. Había confesado su más grande secreto, no solo a su familia, a todo el grupo. Se había plantado frente a ellos abriendo su corazón de una forma en la que honestamente, aún no estaba listo. Sin embargo, luego de ver las horribles visiones que Vecna le había mostrado se vio orillado a hacerlo. Con el corazón en la mano, y temblando de miedo por las reacciones que podía recibir, lo dijo.
Aunque una parte de él se sentía ligera por finalmente haber soltado esas palabras que tanto le aterraba decir en voz alta, otra parte se sentía herida. La forma en que lo había explicado le parecía tan dolorosa. ¿Un flechazo? Mike no era solo eso, había pasado tantos años amándolo de la forma más pura que llamarlo así se sentía simplemente mal, no era solo algo pasajero, era su más grande amor, el primero. Quién sin saberlo lo ayudó a descubrir quién era en realidad y lo mucho que era capaz de amar.
Describirlo como algo pasajero no era lo que en verdad sentía.
Pero lo había visto.
La forma en que enderezó su postura al escucharlo, como fue el último en acercarse a él luego de que todos se levantaran para rodearlo en un abrazo. La manera en que lo miraba mientras tensaba su mandíbula, como si se contuviera de decir algo más. Pero no podía culparlo.
¿Estaría pensando en las palabras que le había dicho aquella tarde bajo la lluvia? Will las recordaba todo el tiempo, al menos una vez al día. Era la sentencia dicha por su mejor amigo que le dejaba en claro que el amor que tanto anhelaba no sería posible, era el recuerdo más doloroso que tenía a su lado, sin embargo ni eso había sido capaz de terminar con el inmenso amor que aún sentía por él.
Por eso las palabras que él mismo había dicho le dolían, no sentía eso, no lo había superado, posiblemente ni siquiera estaba cerca de hacerlo. Dentro de él sentía que se había traicionado a sí mismo al menospreciar así sus propios sentimientos.
Subió los últimos escalones antes de llegar al descanso, sus piernas temblaban con cansancio y las palmas de sus manos ardían por el esfuerzo de sostenerse, no era únicamente por subir, era la tensión que aplicaba sobre su propio cuerpo por el miedo a caer. Pero debía ser fuerte, no solo por sus amigos, sino por él mismo. Debía probarse que era capaz, que ya no le temía a ese monstruo que no solo le había robado gran parte de su vida, cambiándola por completo, también había tomado su más grande secreto para seguir torturándolo. Necesitaba demostrar que ya no tenía poder sobre él.
Finamente llegó al esperado descanso, Mike esperaba apoyado en el barandal, bebiendo con prisa de la botella de agua, posiblemente igual de agotado que él, terminó de tomar con un suspiro cansado antes de ofrecerle. Will la tomó casi con desespero, su garganta estaba completamente seca por el esfuerzo y la falta de aire, pequeñas gotas escurriendo por la comisura de su boca.
Devolvió la botella sin decir más, limpiándose con el dorso de su mano y apoyando ligeramente su cuerpo contra el mismo barandal, aún con la respiración agitada.
Había una distancia entre ellos, no solo física, parecía que sus propias mentes estaban alejadas. Will había marcado un espacio prudente, no quería presionar, no después de aquel momento, ni siquiera habían cruzado palabras.
"Oye, sobre lo que nos dijiste en el Cuak", comenzó Mike, finalmente rompiendo el silencio en el que se habían sumido. Cortando sin saber la línea de pensamientos de Will. "Lo lamento. No, no lamento lo que dijiste. Eso salió mal. ¡No, no salió mal! No puede ser", bajo la mirada derrotado, no sabía como expresarse, conocía a Will desde el jardín de niños y ahora parecía que no sabía ni como hilar las palabras para dirigirse a él.
Will soltó una risa, dejando ir la tensión que estaba sintiendo desde que comenzó a hablar.
"Esta bien", calmó con voz suave.
"No, no está bien", Mike negó, frunciendo el ceño y ordenando sus ideas, tratando de hacer que su mente y boca se conectarán. "Debí estar a tu lado y no lo estuve. Creo que estaba tan concentrado en mí y en mis propios problemas, que no lo vi. Soy un idiota, y lo lamento".
"Mike, no tienes que disculparte, y no eres un idiota. La verdad es que ni yo mismo pude entenderlo durante este tiempo. Creo que todo esto tenía que pasar como pasó, debía encontrar mi camino. Lo importante es que tú sigues aquí y que aún podamos seguir siendo amigos".
Con su última frase la esperanza estaba escondida, el miedo a que se alejara de él seguía presente, quería comprobar que no lo perdería, que su secreto revelado no sería motivo para que Mike se alejara de él completamente. Habían pasado ya por temporadas separados, y no se sentía con la fuerza de volver a repetir esos momentos. No después de todo por lo que habían enfrentado juntos.
"¿Amigos? No gracias", los ojos de Will brillaron con anticipación, "mejores amigos".
No sabía si era el destino o simplemente el propio Mike burlándose de él, por un instante esa pausa le había dado un la luz para esperar algo más, su burbuja se había reventado a penas unos segundos después.
Estaba más que claro que Will era un idiota, que se ilusionaba fácilmente y veía señales que claramente no existían. Un par de segundos de silencio habían bastado para que las esperanzas se formaran nuevamente en su corazón. En ese estúpido corazón que se mantenía latiendo por las ilusiones que él mismo se hacía.
Mike le sonrió, como si no fuera consiente de lo que sus palabras habían provocado, y Will no hizo más que corresponder. Forzando una sonrisa que no alcanzaba a llegar a sus ojos.
Aunque no lo demostrara, porque en toda su vida no había aprendido como hacerlo, Mike pasaba por su propia crisis existencial. Luchando con una parte suya que añoraba salir y gritarle a Will que era igual que él. Pero no sabía como, no era lo suficientemente valiente.
Cuando escucho las palabras de su mejor amigo, confesando entre lágrimas que no le gustaban las chicas, Mike había sentido que una parte de él hablaba a través de Will. Sin que nadie más lo supiera, se había sentido expuesto. Pero no podía decir nada, no era tan fuerte como el castaño, no era el corazón como tiempo atrás le había hecho creer luego de confesar sus verdaderos sentimientos.
Lo sabía, meses atrás había descubierto la verdad, después de una extensa platica con Ce en la que se había sincerado con ella confesando que no podía seguir engañándola, en la que ambos habían acordado no seguir con una mentira, la mayor verdad había salido a flote. Le había devuelto la pintura, luego de repetir que él no era el corazón como lo había afirmado, ella lo había mirado con duda, completamente perdida. No tenía idea de que hablaba.
Fue cuando la realidad lo golpeó directo en la cara, metafóricamente lo había sostenido para abofetearlo en repetidas ocasiones, mientras la escena que había vivido con Will dentro de la camioneta se desarrollaba una y otra vez en su cabeza.
Su mente se había vuelto un caos, estaba confundido, por un lado se sentía molesto por la mentira, Will jamás lo había hecho antes, de todo el grupo era el único al que creía incapaz de hacerlo. Por otro lado sentía su pecho inflarse de una emoción que no era capaz de nombrar, o quizás no quería hacerlo, porque el miedo seguía ahí. Presente, torturándolo como la maldita perra que era.
Seguían ahí, en silencio. Parados uno al lado del otro, cada uno sufriendo en silencio por la misma razón, ninguno se atrevía a hablar.
Finalmente, Will carraspeo en un intento por disipar la incomodidad que sentía, desviando la mirada de vuelta a las escaleras.
"Deberíamos seguir", dijo con simpleza, pasando sus manos sudorosas por su pantalón para seguir avanzando.
Mike asintió, forzando una sonrisa que buscaba ser tranquilizadora.
Se acercaban una vez más a la escalera, Will apoyaba a penas una de sus piernas sobre el peldaño cuando un temblor sacudió con fuerza la enorme torre, obligando al castaño a soltarse por el movimiento tan repentino.
Will se tambaleo, perdiendo el equilibrio demasiado cerca de la orilla.
"¡Will!", gritó, un terror peor apoderándose de todo su cuerpo.
Se movió con una velocidad que no sabía que tenía y alcanzo a sostenerlo. Mike tiro de él, lo tomó con fuerza del brazo y sin pensarlo, completamente preso del pánico lo apretó contra su cuerpo. Como si así fuese capaz de protegerlo de cualquier cosa.
Ese instante, solo ese había bastado para que toda una vida sin Will se mostrara ante sus ojos, no podía perderlo, no así ni de ninguna otra manera.
Todo su cuerpo temblaba, completamente preso del pánico. Las lágrimas estaban inundando sus ojos, lloraba con miedo. Solo podía pensar en la idea de Will, su Will, cayendo directo al vacío.
La torre tembló una vez más. Y Mike sólo podía fortalecer el agarre sobre el cuerpo del castaño.
Will sentía su propias emociones a flor de piel, aterrado por el momento en que quedo cerca de la orilla, imaginando uno de los peores escenarios. Se había asustado. Antes de sentir los brazos de Mike envolviéndolo con fuerza, cuidándolo. Podía sentir su propia angustia como si atravesara su piel, clavándose en él como un millón de agujas.
"Mike, tranquilo, esta bien", intento calmar, él mismo haciendo un esfuerzo por recuperar el aliento.
No podía moverse. Mike usaba su cuerpo como un escudo completo, sosteniendo su cabeza contra su pecho. Escuchaba el latir desenfrenado del corazón del rizado contra él, era miedo puro.
"No, Will, no, no. Lo siento". Repetía entre lágrimas, su voz completamente ahogada por el intenso llanto que no era capaz de controlar. "Lo siento, no te quiero perder, no puedo. Perdóname".
"Calma, estas teniendo un ataque de pánico. Respira conmigo".
Levantó con dificultad sus brazos, sus propios ojos llenándose de lágrimas, frotando la espalda del más alto mientras respiraba, invitándolo a que siguiera su mismo ritmo.
"Eso es, tranquilo, todo esta bien". Parpadeo varias veces, intentando disipar el agua que se formaba en sus ojos.
Mike lo siguió, tratando de recuperar la calma, respirando al mismo tiempo que Will mientras este le daba caricias a su espalda.
En la dinámica que ambos tenían, normalmente era Mike quien siempre buscaba ayudar a Will, pero en este momento, era Mike quien necesitaba de él. Y es que tal vez, siempre había sido así.
Se separaron lentamente, los dos incapaces de soltar el agarre del cuerpo del otro. Mike no lo pensó, ya estaba cansando de darle vuelta en su cabeza, de torturarse todo el tiempo con eso. Estuvo a punto de perderlo, así haya sido por un instante, lo vio, en su mente se había desarrollado la idea completa de una vida sin Will. Y no podía arriesgarse a eso, no después de guardar silencio por tanto tiempo. No sería capaz de vivir en el arrepentimiento.
Podría vivir amándolo en silencio, como un castigo por su propia indiferencia, pero nunca en un mundo donde ya no existiera. Recordó la primera vez en que creyó perderlo, cuando vio un pequeño cuerpo sin vida salir del agua, no tenía la fuerza para volver a vivir ese dolor.
Finalmente se rindió.
La mano que sostenía su cabeza se movió con lentitud, bajo la atenta mirada de Will. Sus ojos verdes brillaban con duda, con miedo, y sobre todo con esperanza. Lo sabía, sabía que haría. No podía equivocarse esa vez, estaba claro como el agua, las intensiones de Mike estaban escritas en sus ojos. Algo en su mirada había cambiado.
Mike tomó su mentón, levantando su rostro con la delicadeza que solo Will le podía provocar. Y lo besó.
No se detuvo a analizar, simplemente actuó como el caballero que siempre había jugado a ser. Acarició su piel con suavidad, como si se tratara de la pieza más delicada. Perdiéndose en una nueva sensación, una cálida que se expandía lentamente desde el centro de su pecho a todo su cuerpo.
Se separaron un instante, con los sentimientos desbordando y sus miradas cruzándose entre sí, cada uno buscando algún rastro de duda o arrepentimiento en el otro. No encontraron nada de eso.
"No es un sueño, ¿verdad?" Preguntó Will con inocencia, apretando entre sus dedos la ropa del rizado. Buscando aferrarse a algo que lo mantuviera en la realidad.
Mike le sonrió, con las mejillas húmedas y sus ojos aún irritados por el reciente llanto. Acarició el rostro del más bajo con sus nudillos. Deteniéndose a capturar el momento en su mente.
"No", respondió con sencillez.
"¿Todavía somos amigos?"
Una risa salió de los labios del rizado, inclinándose para unir sus frentes.
"Creo que siempre hemos sido más que eso".
Lo besó una vez más, esta vez más firme, más decidido. Will correspondió con emoción. La felicidad llegando de forma repentina, como si esos miedos y dudas que tanto le habían atormentado simplemente hubieran dejado de existir.
Y Mike, por su parte, sintiendo la esperanza crecer, las palabras que Will había mencionado horas antes se habían instalado en el fondo de su ser, un flechazo. Esperaba que no fuera solo eso, porque para él, Will Byers siempre había sido todo, y ahora estaba dispuesto a demostrarlo.
Ya no había miedos, esas inseguridades que tanto los atormentaban se disipaban lentamente con cada caricia, con el movimiento de sus labios entre sí, ahora solo tenían una última misión que cumplir. Y en ese momento más que nunca, añoraban terminar con todo, ahora que tenían la promesa no dicha pero firme de que al fin estarían juntos.
.
Dieciocho meses habían pasado. El grupo completo había vivido momentos de caos y miedo, durante ese tiempo parecía que ese era el único sentimiento que podían sentir. Sin embargo ahora todo era diferente.
El terror que tanto los había atormentado finalmente se había ido, ya no existía. Las vidas de todos por fin podrían volver a la normalidad, aunque ¿quién decidía que era lo normal? Estuvieron tanto tiempo presos del miedo que ahora mismo, no sabían realmente como era estar sin él.
Para el grupo no había sido una sorpresa terminar con Mike y Will tomados de la mano, repentino, sí, porque ¿quién tenía tiempo para aclarar sus sentimientos mientras viajaban al fin del mundo? Solo ellos al parecer.
Cuando todo termino, Jonathan fue el primero en notar como Mike se acercaba a Will, sosteniéndolo por los hombros y acariciando con su pulgar de forma casi imperceptible. Como Will dejaba que su cuerpo se recargará en el contrarío. No hacia falta preguntar, podía ver todas las respuestas en la mirada de su hermano menor. Estaba en paz, se acababa de librar de la temible sombra que lo perseguía y en el camino, había alcanzado ese sueño que tanto resguardaba. Solo en ese momento se permitió respirar con tranquilidad, su hermanito estaría bien.
Mientras regresaban en el tráiler se habían separado, Will necesitaba un momento con su madre, ella le hablaba con la misma ternura de siempre. Mike los veía de frente, a una distancia prudente, intentando darles privacidad aún estando en medio de un grupo de niños asustados y sus amigos. Ce estaba sentada a su lado, notando el nuevo brillo en sus ojos y la dirección a la que veían.
Cuando se vio atrapado por la mirada de la chica intento despistar, parpadeando con nerviosismo e intentando voltear a cualquier otro lugar. Pero no podía ocultarse del par de ojos cafés que lo observaban casi sin parpadear.
Ella le sonrió, recargando su cabeza sobre su hombro.
"Estoy feliz por ti".
No hacía falta decir más. Mike correspondió, apoyándose sobre ella, cerrando los ojos y sonriendo por la paz que se asentaba en su interior. Su mente que anteriormente estaba llena del ruido constante de sus pensamientos peleando entre sí, al fin estaba en silencio.
Durante los meses que transcurrieron en ese tiempo estaban intentando retomar su vida, Dustin ayudaba con pequeñas clases a Ce bajo la atenta, pero ya no furiosa, mirada de Jim Hopper. La visitaba todas las tardes después de que su propio horario terminara. Ella no había regresado a estudiar, se adaptaba a un nuevo estilo de vida sin poderes, y ahora que con la muerte definitiva de Vecna los había perdido, debía aprender a sobrevivir sin ellos, a integrarse poco a poco en la sociedad. Contaba con el apoyo de todos, pero sobre todo con el del rizado, quien sin falta y con toda la paciencia que podía mostrar, le enseñaba cosas nuevas, y más importante, la hacía sentir normal. Ya no era un experimento ni un arma, era una chica que buscaba sentirse especial bajo sus propios términos.
En general, la rutina del grupo no había cambiado. Seguían siendo los mismos nerds que se reunían durante las tardes para jugar por horas en el sótano de Mike o se escapaban al centro comercial.
Ni siquiera la relación de Will y Mike se mostraba diferente, y es que siempre habían sido tan unidos, que para sus amigos ver la manera en que el castaño recargaba su cabeza sobre el hombro del rizado, era completamente natural.
"Ya lo esperaba". Había dicho Max al verlos por primera vez, no era nuevo. "De verdad, tiene más sentido esto, que eso". Señalo de Will a Mike, a Mike y Ce, provocando que las mejillas del rizado ardieran con furia por la vergüenza. Ganándose una risa por parte de todos, pero más importante, un abrazo por parte de Will. Porque ahora podía hacerlo cuando quisiera.
Joyce por su parte solo podía estar en paz, ver a su hijo menor recibir el amor que siempre había sabido que merecía, le inundaba el corazón. Incluso Karen lo pensaba, aunque le había sorprendido en un principio, realmente no era una idea descabellada, no después de haberlos visto a través de todos esos años.
Por eso, cuando Mike los reunió en la sala de su casa, con las manos temblando de miedo por lo que le pudieran decir, simplemente tomo aire, procesando las palabras de su hijo. Estoy enamorado de Will.
No había podido evitar dar una mirada a Ted, quien descansaba con la misma mirada inexpresiva en el sillón frente al televisor, el hombre solo suspiró con cansancio, conectando sus ojos con su esposa, ambos tratando de adivinar que pasaba por la mente del otro.
"Por favor, digan algo". La voz de Mike había salido como un susurro tembloroso, intentando retener las emociones que sentía desbordarse.
Ted se enderezó, su mirada cansada firme sobre su hijo.
"Honestamente, creí que nos dirías algo nuevo".
No era estúpido, desde que eran niños había visto la forma en que su hijo se desenvolvía al rededor de su mejor amigo, una diferencia abismal a como actuaba con los demás, y aunque en un principio se negaba a la idea, no podía escapar de ella. Por muy aberrante que le hubiera parecido, Mike tenía mente propia, no hubiera sido capaz de moldearlo a su gusto, y tampoco lo habría intentado. Si él quería estar con Will Byers, podía hacerlo, honestamente no podría importarle menos, esa batalla tenía años que la había perdido.
Karen sonrió, conocía a Ted, el mismo hombre aburrido de siempre. Esas palabras eran incluso más de lo que ella misma habría esperado escuchar.
Mike estaba perplejo, se había atormentado por tanto tiempo porque no sabía que podía esperar, especialmente de su padre, ¿todo para recibir esa respuesta? ¿que a caso lo sabían? ¿Todo este tiempo en el que juraba que era discreto, ellos ya tenían conocimiento?
Su madre soltó una risa, se levantó del sofá, caminando directo a su hijo que parecía estar completamente en estado de shock. Le extendió la mano, tirando de él para levantarse y recibiéndolo con un abrazo. Mike aún confundido le correspondió.
"Él lo sospechaba desde hace tiempo", confirmó en voz baja, como si pudiera leer las preguntas que inundaban su mente, "también yo lo hacía. Esta bien, Michael, tranquilo".
Mike se relajó contra el cuerpo de la mujer que lo sostenía con infinito cariño. Se permitió soltar el aire que retenía, dejando de lado su lío interno.
"Gracias mamá".
Karen rompió el abrazo, sosteniéndolo por los hombros y limpiando las lágrimas traicioneras que salían por sus ojos.
Su padre se limitó a reclinarse una vez más en el sofá, si eso era todo entonces podría retomar su programa. Encendió la televisión dándole fin a su participación en la emotiva platica, no era el tipo de hombre que se involucraba, y difícilmente esa actitud podría llegar a cambiar.
Su madre tomo el brazo de Mike llevándolo a la cocina donde Nancy y Holly se mantenían en silencio. Ambas esperando a que la confesión que Mike tanto había temido, terminara.
"¿Joyce lo sabe?" Pregunto Karen, yendo directo a la nevera a sacar una caja de jugo.
"Si, todos en realidad".
"Excelente, la llamaré. Creo que deberíamos reunirnos para cenar, ya sabes, las familias juntas".
Nancy reprimió una sonrisa, contrario a las clásicas quejas que esperaba de parte de Mike, estaba recibiendo una mirada brillante, su hermano asentía con emoción, completamente encantado por la idea. Ese niño huraño estaba quedando atrás.
Cuando Will estaba de por medio, ese niño se desvanecía para darle paso a una persona diferente, abierta y dispuesta a convivir con cualquiera. Ella sabía que Will amaría la idea, y también sabía que Mike haría cualquier cosa con tal de verlo feliz.
Incluso soportar las constantes amenazas de Jim Hopper.
Ahora que él y Joyce se habían comprometido, su familia se había extendido, recibiendo a Jane una vez más como su hermana, y adoptándolo a él como la figura paterna que en realidad siempre había estado presente.
Aunque todos aceptaban la idea de Mike y Will juntos, para Hopper no había sido ninguna gracia enterarse de la nueva relación. Los había visto bajarse de aquel tráiler con las manos entrelazadas, abriendo sus ojos con horror.
¿Michael Wheeler de vuelta en su vida? ¿Cuál sería el mal que estaba pagando?
Cada tarde abría la puerta para recibirlo en su nueva casa con la mirada llena de despreció.
"Ya llego la plaga".
No había un hola, en ocasiones ni siquiera una invitación a pasar, le cerraba puerta con molestia hasta que Joyce, o cualquier otro se acercaba a abrir. Mike lo aguantaba. Resistiría cualquier cosa por Will.
Porque los desplantes de Jim se desvanecían cuando el chico de ojos verdes lo miraba de la misma forma en la que siempre lo hacía, con una devoción absoluta. Además, sabía que muy en el fondo lo quería.
No. Mike Wheeler estaba en el peor de los conceptos para Hopper, lo veía como un mocoso malcriado que influenciaba de mala manera a cualquiera que le diera la oportunidad. Después de todo había tenido una mala experiencia cuando salía con Jane.
Pero con Will, con él todo era distinto.
"Deberías darle una oportunidad, Mike siempre ha sido un buen chico".
No lo creería tan fácilmente, debía ganarse su confianza y en verdad eso lo veía como algo imposible.
Para su sorpresa, con el paso del tiempo entendió que lo que Joyce decía era real, no era el mismo niño altanero que había conocido tiempo atrás. Cuando estaba con Will era gentil, protector y extremadamente cariñoso, la puerta de la habitación permanecía abierta incluso sin que él lo pidiera. A veces solo estaban en silencio, con Will pintando sobre los lienzos que en cada oportunidad le regalaba, mientras que Mike esperaba con paciencia sentado en la cama con su libreta sobre sus piernas. Y también había ocasiones en las que ambos se acostaban, solo sintiendo la presencia del otro a su lado. Había dejado de interrumpir como antes acostumbraba a hacerlo, cuando cruzaba por el pasillo y los veía simplemente compartiendo espacio, se limitaba a asentir y sonreír de forma discreta, aunque su percepción del chico cambiará no iba a demostrarlo, por lo menos no aún.
Estaban a un día de su graduación, esta vez en el sótano de Mike.
El más alto estaba acostado sobre el sofá, sostenido sobre él el cuerpo cálido de su novio que lo abrazaba con fuerza, aún con los meses que llevaban juntos una parte de Will seguía sintiendo que podía llegar a desvanecerse. Mike no tenía problema en recordarle que no se iría a ningún lado, que todo lo que sentía por él era real y no desaparecería tan fácilmente.
Constantemente le repetía lo mucho que lo amaba, demostrándoselo con pequeños regalos y besos robados, o simplemente tomándolo entre sus brazos y dejando que el tiempo pasara a su al rededor.
Will se sentía en las nubes, recostado sobre su pecho podía escuchar con claridad el latir de su corazón, Mike lo sostenía, dando de vez en cuando pequeños besos sobre su cabeza y sintiendo la sonrisa que se formaba en los labios de su novio cada vez que lo hacía. Perdiéndose también en el suave aroma a vainilla que tanto le gustaba.
Podía pasar el resto de su vida así y estaba seguro que jamás tendría suficiente.
"Te amo, Will", dijo de pronto, su voz suave como cada vez que se dirigía a él, "quiero pasar el resto de mis días contigo".
El castaño se levanto poco a poco, confundido por la reciente confesión.
"También te amo, Mike", respondió con ternura.
Mike se enderezó en su lugar, tomando sus manos y mirándolo con seriedad.
"¿Y quieres pasar el resto de tus días conmigo?"
"Claro, es decir, nos iremos juntos a la universidad".
"No, Will", llamó su atención, "hablo de que realmente quiero estar el resto de mis días contigo. No solo la universidad. Todos".
El corazón de Will latía desenfrenado, la seriedad con la que le hablaba y esa mirada suplicante le hacían perder la poca cordura que le quedaba.
Mike llevo sus manos a sus labios, besando sus nudillos con absoluta devoción, sin apartar la vista del par de ojos verdes que brillaban con intriga.
"William Byers, no sé muchas cosas, pero puedo asegurarte con total firmeza, que eres la persona que más amo en este mundo, eres mi mejor amigo, y realmente deseo poder estar contigo hasta el último de mis días, ¿tú quieres? ¿Aceptarías compartir todos los momentos conmigo? Tomando tu mano, sosteniéndote cuando lo necesites, cuidándote, estando para ti en los buenos momentos pero más importante en los malos, porque en verdad lo deseo. Quiero estar para siempre contigo, Will. No podría se capaz de imaginar una vida sin ti".
Will asintió, no había que pensar. La vida que Mike mencionaba la había soñado incontables veces. Sonrió con sus ojos húmedos por la emoción que le provocaban sus palabras. Tan honesto. Mike estaba abriendo su corazón, exponiendo solo una parte del inmenso amor que sentía por él.
"Sí, Mike. Siempre he querido todo eso".
El más alto sonrió, incapaz de retener su propio llanto que amenazaba con salir. Sin perder tiempo saco del bolsillo de su pantalón una pequeña bolsa de tela, dejando sobre su mano temblorosa dos collares.
Un par de dados de veinte caras esculpidos en cuarzos de lapislázuli y citrino, de ellos colgaba una cadena doble de color cobre. Will no podía apartar su vista, eran hermosos.
"Lucas y Dustin me ayudaron a conseguirlos", comenzó a explicar con una risa nerviosa, bajo la mirada expectante de su novio. "Es uno para cada uno". Desenredo una de las cadenas, abriendo el broche y rodeando el cuello de Will para ponérselo. "Sé que es poco convencional, pero no somos justamente una pareja igual a las demás, y quería darte algo que representará algo, que tuviera significado para ambos. Will, esta es mi promesa. Soy yo haciendo un compromiso contigo, uno que será para toda la vida. Si me lo permites".
Will sostuvo el dado que descansaba un poco más arriba de su pecho, el citrino era delicado y hermoso, lo giro entre sus dedos antes de envolverlo completamente con su mano, Mike tenía razón, no podía pensar en otra cosa que representara algo tan especial en sus vidas, no después de todas esas tardes que pasaron dándole vida a sus amados personajes de D&D. Soltó el collar y se abalanzo contra su novio, tomando su rostro en ambas manos antes de besarlo con fuerza. Mike perdió el equilibrio por un momento, pero correspondió de la misma manera. Ambos sonreían durante el beso, separándose solo para unir sus frentes, con los ojos cerrados disfrutando cada uno ese pequeño instante.
"Te amo Mike, te lo permitiría en esta y todas las vidas", murmuró contra su boca, antes de perderse una vez más en un profundo beso.
Su graduación se había sentido como volver a respirar, y al mismo tiempo, les dejaba a todos una sensación amarga que les oprimía el pecho. Todos sabían lo que seguía, algunos tomarían caminos distintos, pero si el upside down no había sido capaz de separarlos, la distancia entre ciudades tampoco lo haría.
Con la firme promesa de que esa no era una despedida, el grupo de dividió.
Mike y Will habían encontrado un piso que compartirían con sus hermanos, Nancy y Jonathan los habían seguido, ambos buscando sus propios sueños y sosteniendo siempre la mano del otro.
Al igual que sus hermanos menores, Jonathan y Nancy estaban ahí para ser el apoyo incondicional del otro, buscaban crecer y encontrar su propio destino, con un anillo que esperaba pacientemente para salir al mundo, a que ella estuviera lista para dar ese inmenso paso.
"La próxima vez seré yo quien te lo proponga".
Habían acordado luego de que Jonathan hubiera pedido su mano por primera vez, no era un rechazo, ella aún no sentía estar preparada, tenía sus propios temores y sus propios obstáculos, pero quería enfrentarlos todos con él a su lado. Y Jonathan estaba más que dispuesto a acompañarla.
Mientras terminaban de instalarse en la habitación que compartirían, Mike y Will recapitulaban en silencio los años anteriores, las peleas, los momentos juntos, las pérdidas que habían enfrentado, incluso esos momentos en que había parecido que su amistad podría llegar a perderse.
Will miraba a ese niño asustado que caminaba detrás de todos siempre a la espera de ser notado, que vivía de ilusiones y alimentaba su corazón con pequeños momentos que atesoraba.
Veía a ese Will inseguro que llegó a sentirse reemplazado incluso cuando la relación de Mike y Ce estaba en su punto más débil, lo vio arriesgarse, entregando sus propios sentimientos a nombre de alguien más, asegurando así que el amor que Mike sentía por otra persona se fortaleciera. No importaba si era acosta suya, porque así era Will, tan dispuesto a amar aun sin ser correspondido, sacrificando su deseo más puro para garantizar la felicidad de quien era incluso su felicidad misma.
Mike por su parte pensaba en su peor versión, reprochándose a pesar del tiempo que había pasado, todo el daño que le había causado a Will. Su versión más joven seguramente se retorcería al saber que no había estado para él cuando más lo necesitaba, cuando estaba en su punto más vulnerable. Peleando solo y sufriendo por descubrir su verdadero ser sin tener a nadie que sostuviera su mano.
Se arrepentía. Cada día después de aquella tarde lluviosa se reprochaba una y otra vez por haber sido un cretino con la única persona que lo seguía ciegamente, no podía creer como tiempo atrás había hecho lo imposible por protegerlo, todo para convertirse en un idiota más, y no conforme con eso, tiempo después lo había dejado de lado, ignorándolo como si no significara nada. Pero todo tenía un porqué, aunque no se enorgullecía, había actuado así por el temor de aceptar sus propios sentimientos.
A pesar de todo ahí estaban, iniciando una nueva vida juntos, con promesas hechas y sosteniéndose en cada paso. Dejando atrás esos miedos e inseguridades, proclamando su amor sin escudarse con alguien más.
Mike dejo sus cosas de lado, notando como Will se mantenía quieto viendo un punto fijo en la pared, se acerco desde atrás, rodeando su cintura y recargando su rostro sobre su hombro. Will se sobresalto, sostuvo los brazos que descansaban con firmeza sobre su estómago antes de girarse para quedar frente a él, los collares colgando del cuello de cada uno, era la promesa de su amor materializada.
Sin decir nada, Mike se inclinó, ajustando aún más el agarre de su cuerpo contra el suyo y lo besó, siendo correspondido al instante. Will subió ambos brazos y rodeo su cuello, jugueteando un poco con los rizos que caían por su nuca. Perdiéndose como tantas veces en la sensación de sus bocas uniéndose
Al fin estaban donde querían, en el único lugar al que siempre habían pertenecido.
