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Yuka miraba por la ventana.
El mundo se sentía tan ajeno a ella, tan monótono y cargado de tristeza.
Quizá era el duelo. Sí. No sabía afrontar las pérdidas y menos si aún creía que Etsuko seguía ahí para ella.
«Una creencia estúpida»
Sopesaba la realidad de sus decisiones, de su última despedida sin saber que sería la última de verdad, que ya no habría vuelta atrás. No había sido fría con Etsuko, pero tampoco se sentía orgullosa, había estado molesta con ella por alguna tontería que ya no recordaba.
Ahora ya no podía pedirle disculpas.
Ni siquiera podían volver a tomar té juntas mientras hablaban de cómo les había ido el día.
...
Recordar días pasados dolía.
Era como cuchilladas en su piel.
Era cruel.
Ya no quería confiar, pero Haruka se lo ponía difícil. Sentía una paz con él que con nadie más podía sentir. Pero eso no significaba que confiar fuera fácil.
No lo era y ambos lo sabían.
...
Yuka estaba desparramada en el sofá. Haruka permanecía a su lado con la cabeza apoyada en el regazo de ella, disfrutando de las caricias perezosas en su cabello bicolor.
Ella lo miraba de reojo a momentos.
Sus ojos zafiro y rubí eran una mezcla perfecta como siempre, como dos gemas cargadas de sentimiento y miedo.
Una caricia. Un beso.
Todo pesaba demasiado si lo pensaba.
Pero ahí, en la tranquilidad de un silencio compartido, Yuka se sentía bien. Y era raro saber qué Etsuko no estaba ahí.
Pero... Estaba bien.
A su manera caótica.
«Todo está bien»
