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El color que tomó tu nombre

Summary:

Nakamura se confiesa accidentalmente el día de San Valentín. Para su sorpresa, Hirose acepta ser su novio.

El problema es que ninguno de los dos sabe como funcionan las relaciones...

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Un chocolate no tan platónico

Summary:

Nakamura no puede ocultarlo más.

Notes:

Inspirado en un tell de la cuenta de confesiones.

Tendrá mas caps, no se preocupen

Chapter Text

—Perdón. ¡Olvida todo esto! —Hirose tomó su mochila y corrió hacia la salida.

—¡H-Hirose! —Nakamura sujetaba una pequeña caja de chocolates con tanta fuerza que el papel comenzaba a arrugarse. Sus nudillos estaban blancos por la presión ejercida.

Ni siquiera él supo qué lo impulsó a detenerlo. ¿Acaso era el miedo a no llegar a nada nunca? ¿El deseo incontenible de dejar de ser un fracasado? No tenía la respuesta. Había un caos en su cabeza, los engranajes dentro no estaban girando bien y no sabía qué saldría de todo ello.

—¿Todo bien? —preguntó Hirose desconcertado.

Por supuesto que no. Nada estaba bien. Las manos le temblaban tanto que la caja hacía ruido. No podía respirar con normalidad, tampoco podía hablar, ni siquiera podía pensar con claridad, su mente se sentía como un cascarón vacío.

Extendió los chocolates con ambos brazos ante la mirada sorprendida de Hirose.

—¿Para mí? —El tono de sorpresa en la pregunta delataba la incredulidad que sentía.

Nakamura asintió, no confiaba en su voz. Tampoco en su cuerpo, pero no podía quedarse sin hacer nada.

Hirose tomó la caja con cuidado. —¿Son chocolates de amistad?

Nakamura sintió que su presión arterial se elevaba. Ese era su plan original. Decir que eran de amistad e irse corriendo, como siempre. Esta vez algo era diferente, su corazón habló antes de que su cerebro pudiera detenerlo.

—No...

Hirose abrió mucho sus ojos sorprendido. —¿No?

—N-No son de amistad... —Dijo juntando toda la valentía que le quedaba—. Me gustas.

Nakamura cerró sus ojos con fuerza, no queriendo ver la expresión del castaño por el miedo.

Había muchas cosas por las cuales tener miedo. Miedo a ser rechazado, miedo a que Hirose lo vea como un ser repugnante, miedo a no poder recuperarse del golpe, miedo a perder su amistad. Pero el mayor de todos era el miedo a no llegar más lejos en su relación.

Cuando conoció a Hirose, se propuso ser su amigo, incluso su mejor amigo, pero ya no podía negarlo.

Quería más.

Quería salir a citas con él a todo tipo de lugares hasta quedarse sin dinero. Quería besarlo hasta el cansancio, incluso sabiendo que su yo tímido sería probablemente incapaz de iniciar el contacto, quería tomarlo de la mano en público sin importar los prejuicios de la gente. Quería a Aiki Hirose.

El castaño soltó una risa nerviosa, más por desconcierto que por otra cosa. —Pensé que... bueno... no sé... nunca imaginé...

Unos segundos pasaron, Hirose balbuceaba palabras sin sentido, demasiado desconcertado como para formular una respuesta coherente.

El dolor se posicionó en el estómago de Nakamura. Estaba sudando frío. Las cosas no pintaban bien... entonces, escuchó la voz suave de Hirose cargada de sorpresa. —Con razón...

Nakamura levantó lentamente la cabeza.

Hirose parecía estar en medio de un colapso mental. Probablemente estaba buscando cómo rechazarlo educadamente. No era ninguna sorpresa, nunca tuvo una oportunidad en primer lugar. Ni siquiera sabe por qué se atrevió a confesarse sabiendo que terminaría con el corazón destrozado.

—Pensé que querías acercarte mucho a mí... pero nunca imaginé que fuera por eso —dijo en voz baja. No parecía muy sorprendido por su descubrimiento, pero aun así se le notaba algo disociado.

Nakamura sintió que sus piernas dejaban de responderle. —L-Lo siento...

—¿Por qué te disculpas?

—Porque... porque... —No encontró la respuesta. No tenía la suficiente energía mental como para poder justificarse. De todos modos, no había nada que pudiese reparar lo que acababa de romper.

Hirose observó los chocolates unos instantes y después volvió a verlo a los ojos. Parecía estar tratando de terminar de procesar lo que estaba ocurriendo.

—La verdad... —Se rascó la mejilla con un dedo—. Nunca había pensado que un chico pudiera confesárseme.

Nakamura bajó la cabeza otra vez, ahí venía el rechazo. Sentía que su corazón se estaba rompiendo y las lágrimas comenzaron a caer como lluvia por su rostro. No podía detenerlas, tampoco estaba haciendo ningún esfuerzo para hacerlo.

—Pero... —Hirose sonrió con esa sonrisa que siempre le aceleraba el corazón—. No me molesta.

Nakamura abrió los ojos.

—De hecho...

Hirose dio un pequeño paso hacia él.

—Me gustaría intentarlo, así que... —Levantó la caja de chocolates—. Sí.

Nakamura tardó varios segundos en reaccionar. —¿Sí?

—Sí.

—¿Eso quiere decir...?

—Que quiero salir contigo.

Nakamura se quedó completamente inmóvil. Tenía una expresión ilegible dibujada en su rostro, ¿sorpresa? ¿Felicidad? ¿Miedo? Era imposible saberlo.

Hirose rió nerviosamente. —¿Era la respuesta equivocada?

Las lágrimas aumentaron en cantidad de forma que lo único que podía ver era la silueta borrosa de Hirose.

Negó una y otra vez con la cabeza. Intentó hablar, pero solo salió un sollozo.

Hirose dio un respingo. —¡Oye! ¿Por qué lloras?

Nakamura se cubrió la cara, tratando de ocultar su rostro en un intento inútil de evitar que Hirose lo viese en ese estado. —¡P-Porque... pensé... que nunca...!

No pudo terminar la frase. Sus piernas dejaron de sostenerlo y tuvo que cubrirse la boca para ahogar sus sollozos.

Había imaginado ese momento cientos de veces, miles.

—¿N-Nakamura? —Hirose dio otro paso, alarmado—. ¿Oye?

Las lágrimas no paraban de salir. Todo su cuerpo temblaba por la sobrecarga de emociones. Lloraba tanto que apenas podía respirar y en lo único que podía pensar era en una frase.

"Que quiero salir contigo"

No era un sueño. Hirose había aceptado. No podía dejar de llorar por más que lo intentaba, su cerebro se negaba a creerlo. El tan solo pensar que aquello que estaba sucediendo no era otra cosa que la realidad le provocaba una felicidad tan grande que se desbordaba en forma de lágrimas.

Era humillante.

Llevaba semanas imaginando cómo sería si Hirose correspondiera a sus sentimientos y en ninguna de esas fantasías aparecía él, llorando como un niño frente a la persona que le gustaba.

"Detente."

No podía.

"Respira."

Tampoco podía.

Las lágrimas seguían cayendo una tras otra mientras intentaba limpiarlas con la manga del uniforme.

—L-Lo siento... —Sollozó, mientras se trataba de levantar del suelo—. De verdad... l-lo siento...

No quería que Hirose pensara que era raro. Al menos no más raro de lo que ya debía parecerle, pero esto era aún más grande que cualquier vergüenza que pudiera tener.

Escuchó un pequeño suspiro. —No tienes que disculparte tanto.

La voz de Hirose sonaba tan tranquila que hacía todavía más difícil contener el llanto.

Sintió una mano posarse con cuidado sobre su espalda, dando palmadas torpes. A pesar de la inseguridad con la que las depositaba, era un consuelo reconfortante.

Hirose, por su parte, no tenía ni la menor idea de lo que estaba sucediendo, no sabía ni qué decir o cómo actuar.

—Ya... ya está —murmuró en un patético intento de calmar al más alto.

Nakamura apretó los labios.

"No está."

¿Cómo iba a estarlo?

Hirose acababa de decir que sí, eso no pasaba en la vida real.

Debía estar soñando.

O tal vez estaba desmayado en algún lugar y aquello era un sueño ridículamente optimista. ¿Tal vez era Dios concediéndole su deseo en el más allá tras haber muerto?

—Oye.

Nakamura levantó la cabeza y observó que Hirose sonreía con cierta incomodidad.

—¿Quieres sentarte un ratito?

Nakamura asintió. No confiaba en que sus piernas lo sostuvieran con estabilidad, se sentía débil, como si lo hubieran golpeado con un bate de amor varias veces.

Se sentaron en una banca junto a la entrada de la escuela. Hirose simplemente esperaba sin saber qué hacer para consolarlo, después de unos minutos, el llanto empezó a disminuir, las lágrimas seguían saliendo de vez en cuando, pero ya no le impedían respirar.

—¿Mejor?

Nakamura asintió muy despacio. —Sí...

Mentira.

Su corazón seguía latiendo muy fuerte, probablemente Hirose y cualquier persona en el edificio también podían escucharlo.

El castaño sacó un pañuelo limpio de su bolsillo. —Ten.

Nakamura lo recibió con las dos manos. —G-Gracias...

Qué amable.

¿Por qué era tan amable?

Era injusto.

¿Cómo se suponía que iba a no enamorarse de alguien así?

Cuando finalmente se levantaron para irse, el cielo ya comenzaba a teñirse de naranja. Caminaron unos pasos en silencio, Nakamura mantenía la vista fija en el suelo.

"¿Y ahora qué?"

¿De qué hablaban los novios?

¿Tenía que caminar más cerca?

¿Más lejos?

¿Era raro dejar tanta distancia?

¿Era más raro acercarse demasiado?

Pensó tanto en ello que no notó que Hirose se había detenido hasta que sintió algo rozar su mano.

Su cuerpo entero se congeló.

Hirose...

Había entrelazado sus dedos con los suyos.

Su mano estaba caliente, muy caliente. Y era pequeña. No. Quizá la suya era demasiado fría... o quizá estaba pensando demasiado en lugar de disfrutar del hecho de que Hirose (¡Su novio!) lo estaba tomando de la mano.

—¿Está bien así?

La pregunta de Hirose lo hizo volver a la realidad y Nakamura levantó lentamente la mirada. —¿E-Eh...?

Hirose levantó un poco las manos unidas. —Tomarnos de la mano.

Sus mejillas estaban ligeramente rojas.

—Pensé que... bueno... —Se rascó la nuca con la mano libre—. Los novios hacen estas cosas, ¿no? Ah... digo... Al menos por lo que he visto...

Nakamura quería abrazarlo, era adorable, lindo, la persona más tierna que el universo pudo crear. Si hubiese un concurso universal del más bonito de la historia, Hirose ganaría sin esfuerzo, estaba seguro de ello. Y si no, sería un gran fraude, armaría una protesta por fraude en el concurso.

Espera un segundo... "Los novios"

Hirose había dicho "los novios".

Como si realmente...

Como si de verdad...

Él...

Sus ojos volvieron a humedecerse.

—¡N-No llores otra vez! —Hirose soltó una pequeña risa nerviosa. Hacer llorar a tu propio novio no debía ser buena señal...

Nakamura hizo un esfuerzo enorme por contenerse, negó con fuerza.

—¡N-No...! ¡Ya no...! —Se mordió el labio y respiró hondo. Logró contener las lágrimas por poco. Estaba pasando muchas vergüenzas en un solo día. ¡Qué horror!

Hirose sonrió, visiblemente aliviado. —Qué bueno.

Siguió caminando sin soltar su mano, apretando un poco el agarre, como si estuviera tratando de transmitirle consuelo con su tacto.

Nakamura apenas podía mover las piernas. Sentía que si miraba sus manos entrelazadas una vez más, volvería a llorar. Así que decidió mirar únicamente al frente, aunque eso tampoco ayudó. El reflejo de ambos caminando juntos aparecía en los escaparates de las tiendas.

Parecían... Una pareja.

Ese pensamiento fue suficiente para hacer que el rostro le ardiera, miró alrededor. Varias parejas de distintas edades los rodeaban, y ahora él también formaba parte de esa comunidad. Se sentía... irreal, una fantasía en vida.

Volteó a ver a Hirose. La tranquilidad que mostraba en un principio se había desvanecido, reemplazada por una timidez inusual en el castaño. Su mirada, que estaba puesta en el camino, se desvió hacia Nakamura al sentir sus ojos puestos en él.

Nakamura, nervioso por haber sido descubierto, bajó tanto la cabeza que casi chocó contra un poste.

—¡Cuidado! —Hirose lo jaló suavemente de la mano antes de que ocurriera—. ¿Estás bien?

Nakamura asintió rápidamente, tan rápido que incluso se mareó.

Qué desastre.

Llevaban menos de media hora saliendo, ya había llorado dos veces, casi se desmayaba y ahora estuvo a punto de estamparse contra un poste.

Definitivamente era el peor novio del mundo. Bueno, probablemente no peor que Takeuchi o Matsumura... O el terrible Ohmori... El cuarto peor novio del mundo.

Aun así, Hirose nunca soltó su mano. Ni una sola vez. El camino de regreso a casa nunca se había sentido tan corto.
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Cuando Hirose cerró la puerta de su casa, el silencio lo recibió de golpe.

—Ya llegué.

Su madre respondió desde otra habitación. —¡Bienvenido!

Contestó por costumbre, se quitó los zapatos y subió a su cuarto. Solo cuando dejó la mochila en el suelo pudo respirar con tranquilidad.

Se dejó caer sobre la cama y miró el techo.

Había aceptado salir con Nakamura. La idea sonaba realmente extraña, y no paraba de repetirse en su cabeza una y otra vez como una grabadora.

—Tengo novio.

Se quedó inmóvil. Seguía sintiéndose raro.

"Tengo... novio."

Se cubrió la cara con ambas manos.

"Somos dos hombres."

Lo golpeó como un rayo, era un hecho tan obvio que resultaba absurdo haber tardado tanto en detenerse a pensarlo. Tantas cosas estaban ocurriendo al mismo tiempo y entre ellas olvidó el hecho más importante. Estaban iniciando una relación entre dos chicos.

Nunca se había preguntado si era gay. La verdad era que tampoco se había preguntado si era heterosexual. Eran cosas que la gente común asumía pero él ignoraba.

¿La gente siquiera se pregunta si es heterosexual?

La cosa era que nunca había sentido la necesidad de ponerle atención al tema. Nunca, ni una sola vez, había imaginado que terminaría saliendo con nadie en general.

Desde pequeño, cuando alguien hablaba del futuro, siempre era igual.

"Cuando tengas novia..."

"Cuando te cases con una chica..."

Nunca había escuchado a alguien decir "cuando tengas novio".

Y ahora él tenía uno y, además, era la primera vez que tenía pareja. Ni siquiera había pasado por la experiencia de tener una novia antes.

No sabía qué se suponía que hacía un novio.

Lo único que sabía era que desde ese momento ya no era solo Hirose. Ahora también era el novio de alguien.

Soltó una pequeña risa.

Si esa mañana alguien le hubiera dicho cómo terminaría el día, probablemente se habría reído durante horas.

"¿Por qué dije que sí?"

Lo primero que había sentido al escuchar la confesión de Nakamura había sido sorpresa.

Recordó todas esas veces que Nakamura se quedaba observándolo cuando creía que nadie lo notaba. Las ocasiones en que parecía ponerse rojo solo porque sus manos se rozaban por accidente, lo nervioso que se ponía cuando hablaban y cómo siempre, incluso cuando hacía algo extraño, terminaba preocupándose más por Hirose que por él mismo.

Antes creía que era parte de la personalidad introvertida de Nakamura, pero ahora todo había cobrado sentido. Era imposible no darse cuenta después de la confesión.

Siempre había pensado que Nakamura era un chico muy peculiar, era callado y tímido, pero podía hablar con él como con nadie más... además del profesor Otogiri, por supuesto.

Hoy había llorado durante casi diez minutos y después casi lloraba otra vez porque le tomó la mano.

Hirose soltó una risa por la nariz.

—Es increíble...

¿Cómo podía alguien llorar tanto?

No le había molestado. Al contrario. Mientras lo veía llorar, solo había pensado que quería tranquilizarlo. Al fin y al cabo, Nakamura siempre había sido un buen amigo, además, si Hirose hubiese podido escoger a su primer pareja, Nakamura probablemente habría sido la opción número uno.

Se quedó en silencio otra vez.

"¿Eso significa que me gusta?"

Frunció un poco el ceño.

No podía decirlo con certeza. Si alguien le preguntaba si estaba enamorado de Nakamura... No podía responder que sí. Nunca había estado enamorado. No sabía cómo se suponía que se sentía.

Lo que sí sabía era que Nakamura no era alguien que le desagradara, le gustaba hablar con él. Disfrutaba cuando caminaban juntos y le parecía lindo que fuera tan transparente con sus emociones.

Una sonrisa no intencional se formó al recordar las mejillas sonrojadas de Nakamura mientras caminaban de regreso.

Había sido... Tierno. Muy tierno.

Quizá la razón por la que no pudo rechazarlo cuando Nakamura dijo "me gustas", fue porque la curiosidad abrumó al resto de emociones y quiso saber cómo sería estar de su lado. Tener pareja era una cosa que todos parecían ansiar. Era el tema más hablado en los pasillos de la escuela. No quería quedarse atrás.

Se quedó mirando su mano derecha. La misma con la que había tomado la de Nakamura. Todavía podía recordar lo fría que estaba y cómo había dejado de temblar poco a poco mientras caminaban.

"Espero que la próxima vez no llore tanto."

Aunque si volvía a hacerlo, no le molestaría volver a consolarlo.

Hirose giró sobre la cama y escondió el rostro entre la almohada.

—¿Soy gay?

No había respuesta exacta, nunca había pensado de esa forma... Las personas no eran más que personas, ninguna había sido objeto de su deseo nunca.

Después dejó escapar un largo suspiro y se dejó caer en su cama. Hirose permaneció acostado unos minutos más, mirando el techo. Había tantas cosas en las que pensar que su cabeza no parecía dispuesta a detenerse. Nakamura, su confesión, los chocolates, el camino de regreso, la sensación de su mano entre la suya. Su sexualidad.

De pronto abrió los ojos.

—Ah.

Se incorporó de golpe, abriendo mucho los ojos.

—¡Es cierto! —Se llevó una mano a la frente—. Se me olvidó por completo...

Hana.

Aquella mañana, antes de que terminaran las clases, ella se había acercado un poco nerviosa para pedirle un favor.

"¿Podrías pasar por detrás de la escuela al terminar? Hay algo que quiero decirte."

Lo había olvidado por completo. Entre que Nakamura apareció antes de ir, los chocolates, la confesión... y todo lo demás... el encuentro desapareció de su cabeza.

Se dejó caer otra vez sobre la cama.

—Qué mal...

Seguramente Hana lo había esperado hasta la tarde.

Hizo una mueca de culpa. No le gustaba dejar plantada a la gente, mucho menos a una amiga (sin contar a Matsumura, por supuesto). Aunque, desde que ella le pidió verse precisamente en San Valentín, sabía para dónde iba la cosa.

No era muy difícil imaginarlo.

Una chica, San Valentín, detrás de la escuela. Era el escenario perfecto para una confesión. No hacía falta ser un genio para unir los puntos.

Aun así, Hana nunca había actuado de una forma que le hiciera pensar que estaba enamorada de él. Siempre habían hablado con normalidad y se llevaban bien, le parecía una buena amiga. Nada más.

Nunca se había detenido a verla de otra manera ni tampoco se había preguntado cómo sería salir con ella. Nunca sintió ese tipo de interés.

Bajó la mirada hacia sus manos.

"¿Qué habría pasado si ella hubiera llegado primero?"

La curiosidad por saber cómo sería salir con alguien. Cómo cambiaría una amistad al convertirse en una relación, era esa la curiosidad que había sentido con Nakamura, pero, al pensar en Hana, las cosas se sentían diferentes.

Había algo en él pelinegro que le despertaba unas ganas de acercarse un poco más. De conocerlo mejor.

¿Habría sentido lo mismo con Hana si ella hubiese llegado primero? Tal vez sí, tal vez no. Ahora no importaba.

Se quedó en silencio un momento más.

En la próxima reunión del comité tendría que disculparse con ella.

¿Cómo iba a explicarle que la había dejado esperando porque terminó consiguiendo novio? No lo sabía. En el momento ya lo resolvería.

Hirose dejó escapar un suspiro contenido. —No tengo ni idea de lo que estoy haciendo.
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Por la tarde, Hirose llevaba casi diez minutos con un libro abierto sobre el pecho sin haber pasado una sola página.

Sus ojos podrían estar leyendo las palabras, pero su cerebro no registraba nada. En ese momento, lo único que había procesado era: Le gusto a alguien y eso me hace sentir feliz.

Dejó el libro a un lado y se quedó mirando el techo.

¿Qué significaba exactamente tener novio?

La palabra por sí misma no era una gran incógnita, pero todo lo que conllevaba parecía ser más difícil de entender que los ejercicios del profesor Otogiri.

¿Qué esperaba Nakamura de él?

¿Qué hacían las parejas cuando estaban en la escuela?

Siempre veía parejas caminando juntas, compartiendo comida, tomándose de la mano o despidiéndose con un beso, pero jamás se había detenido a pensar cómo llegaban a ese punto.

Suspiró.

Algunas personas parecían tener muy claro quién les gustaba desde hacía años.

Él no.

Nunca había mirado a alguien y pensado: quiero salir con esa persona. Ni siquiera ahora estaba seguro de poder decir eso sobre Nakamura. Le agradaba y disfrutaba pasar tiempo con él, pero no estaba enamorado de él.

¿Y si nunca llegaba a enamorarse?

La idea le hizo sentir un pequeño peso en el pecho.

Recordó la forma en que Nakamura lo había abrazado llorando y el alivio que había visto en su rostro cuando aceptó salir con él.

Nakamura claramente sentía algo muy fuerte. Él, en cambio, ni siquiera podía manejar qué ers todo ese asunto de la relación.

Si al final descubría que solo había sido curiosidad, ¿terminaría haciéndole daño?

No quería eso. Definitivamente no quería convertirse en el motivo por el que Nakamura volviera a llorar. Era una persona muy amable que no merecía que lo lastimaran así.

Se quedó un largo rato pensando en ello.

Ni siquiera habían tenido su primera cita, es más, ni siquiera sabía cómo era pasar un día entero siendo novios.

Volvió a tomar el libro, aun sin intención de leer.

"Le estoy dando muchas vueltas... Aún me siento muy nervioso."

A pesar de todas sus dudas, había algo de lo que estaba completamente seguro. Tenía muchas ganas de ver a Nakamura el lunes.