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Lo que las flores (no) dicen

Summary:

Desde que Sasuke está ingresado en el hospital, Sakura se ha vuelto una clienta habitual de Flores Yamanaka, la floristería de la familia de Ino.

La tensión romántica, interpretada bajo el lenguaje secreto de las flores (floriografía), crece entre la rivalidad y la tristeza por una amistad perdida (o algo más).

Notes:

Hay algunas referencias al flashback de Ino y Sakura siendo amigas de pequeñas, durante su pelea en el arco de los exámenes Chuunin<333

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Los pétalos de las flores goteaban agradecidos tras ser regados. A finales de agosto, el calor disputaba su último asalto antes del inminente comienzo del otoño, y era especialmente sofocante dentro de la floristería más famosa de la Aldea de la Hoja: «Flores Yamanaka».

«Tendría que ser ilegal trabajar con este calor», pensó Ino. La muchacha se recogió el pelo en una coleta alta y apoyó los codos sobre el mostrador. Con un pesado suspiro, reposó el rostro entre las palmas de sus manos mientras su cabeza se perdía entre los versos de una canción pop genérica que sonaba en la radio. No podía quejarse, pues ella había escogido la emisora, pero no sonaba tan bien después de horas atendiendo, por un lado, a las clientas mayores y, por el otro, a los estirados chicos jóvenes que pedían consejo de regalo para sus enamoradas (y luego siempre acababan comprando las mismas rosas rojas de toda la vida).

Su esperanza de haber acabado el turno se esfumó como un diente de león cuando la campanilla sobre la puerta sonó una vez más. No debería haber estado sorprendida, ya sabía quién era de todas formas.

Desde que Sasuke estaba en el hospital tras su pelea contra Gaara, Sakura frecuentaba la floristería como si se tratara de un recado más. Cada dos días, la chica escogía una flor o un ramo para llevarle algo a su enamorado por la mañana. La rubia también tenía detalles con el Uchiha cuando podía, no iba a dejar que esa frentona se llevara todo el mérito ella solita… Pero ayudar a su madre en la tienda le costaba mucho tiempo mientras los demás se divertían por ahí exprimiendo las últimas semanas de las vacaciones.

No pudo evitar fijarse en cómo la otra chica llevaba las marcas del bañador en los hombros por tomar el sol. Sakura completaba el atuendo con un top de rayas azules y blancas y una falda vaquera. La rubia rara vez dudaba de sí misma, pero verse con el delantal verde tras la caja le hacía querer esconderse entre los ramos y no salir nunca. En momentos como este, su fashion victim interior dirigía la atención a que, por lo menos, hacía calor y podía llevar sus sandalias preferidas. En cambio, Sakura…

—Anda, Sakura… ¿Vienes a pedirme consejo de calzado? Porque el color de esas sandalias no te pega nada con lo demás que llevas puesto…

La otra muchacha avanzó por el pasillo e inclinó la cabeza como si la buscara, aunque reconoció al instante quién se encontraba en la tienda por su voz. Una vez estuvieron cara a cara, Sakura rodó los ojos y empezó a toquetear las tarjetas de regalo que había en el expositor.

—No, Ino… He venido a por flores para mi Sasuke. Yo le llevo a menudo para que sepa que lo estoy cuidando y estoy preocupada por él, ¿sabes? —dijo la chica en tono pasivo-agresivo.

—Pues claro que lo sé, frentona, trabajo aquí.

Sakura resopló para sí misma, poniéndose las manos sobre la cintura.

—Bueno, como sea… Ponme una rosa, o tal vez un ramo de rosas… Sí, que sean rosas rojas y blancas. Gracias.

«No más rosas, por favor», pensó Ino mientras arrugaba la nariz. Es cierto que las flores del rosal eran todo un clásico, pero estaba harta de la falta de originalidad. Además, había cincuenta mil opciones más apropiadas para decir “recupérate pronto”.

Las rosas rojas simbolizaban un amor apasionado y ardiente. En cambio, las blancas eran una declaración romántica más pura e inocente.

En el mejor de los casos, no dejaría que le diera ninguno de los dos tipos a Sasuke.

—¿Has oído hablar sobre floriografía? —preguntó la rubia—. Recoge… los significados ocultos de las flores… Según la flor y el color que regales, quiere decir una cosa u otra… En la época victoriana se usaban para mandar mensajes secretos sobre los sentimientos… Bueno, lo que quiero decir es que las rosas están muy vistas. Ya que has venido a la floristería podrías escoger algo diferente.

El rostro de Sakura se iluminó.

—Entonces, quiero las flores más románticas que tengas… —Sus ojos volaron por los estantes hasta que se fijaron en unas flores simétricas de aspecto silvestre. —¿Qué pone ahí? A ver… «Cosmos»… ¿Esas puedo regalárselas?

Los cosmos simbolizaban el equilibrio… la paz, la armonía, el orden.

Pero no, esas no eran las más indicadas. La rubia entrecerró los ojos.

Si Ino hubiera decidido ser profesional, le habría recomendado flores que dieran un aire a amor juvenil y tierno… como las margaritas rosas, por ejemplo. Si, por el contrario, se hubiera dejado llevar por la competitividad, simplemente se habría reído en su cara. Pero una idea un poco cruel le cayó en la mente como un regalo del cielo. 

—Ya que quieres que Sasuke se recupere… yo te recomendaría unos claveles amarillos… Simbolizan felicidad, fortuna y un amor que aún está por florecer —dijo la rubia fingiendo indiferencia.

Sakura pidió que le trajera un clavel amarillo, entusiasmada. La otra chica salió a buscar uno y lo envolvió con un pequeño lazo. Tal vez había estado mal mentir así a una clienta, ya que regalar esta flor simbolizaba el rechazo, la desilusión y el desdén… Pero, al fin y al cabo, las dos eran rivales; y todas las rosas tienen espinas.

—Esta es tu quinta compra, —dijo Ino estampando en el recibo un sello violeta con forma de girasol. Luego, de debajo del mostrador sacó una pequeña tarjeta perfumada de color rosa pastel, sobre la cual puso su firma y la fecha de hoy— así que aquí tienes un vale para un ramo gratis.

Sakura se despidió con una sonrisa ingenua y salió de la tienda, ya distraída y pensando en llevárselo a Sasuke.

A pesar de su orgullo, Ino se sintió un poco culpable… Era consciente de que había hecho algo inmaduro. Pero bueno, no era como si el chico fuera a saber el significado de esa flor, así que no importaba.

Por lo menos no importaba si se trataba de Sasuke. Porque cuando miraba a la otra chica, sí sentía un extraño vacío en el estómago.

Viendo a Sakura, veía a su antigua mejor amiga. A la chica insegura que solía esconder su frente. Veía a la chica cuya amistad se ganó defendiéndola y enseñándole a hacer ramos. A la chica que le dijo que era hermosa como un cosmos. A la chica con cabello rosa que había florecido bellísima entre el barro como una flor de loto. A la chica a la que, en el fondo, echaba de menos. A la chica que, por momentos, llegó a pensar que… tal vez llegó a sentir más que amistad por ella.

Y también veía a la chica que había perdido tontamente por un chico que no estaba interesado en ninguna de las dos realmente, aunque no por eso fueran a rendirse. Porque, como ya habían demostrado en su pelea durante los exámenes Chunin, su rivalidad iba más allá. 

Pero, tras el empate, Ino había estado cuestionando la verdad sobre su vínculo con ella. Puesto que, aun siendo enemigas, estuvo dispuesta a arriesgar su vida por ella contra los genin de la Aldea del Sonido. El temblor tras esos ojos verdes hizo que su cuerpo se moviera solo. Y, sin saber muy bien por qué, esos mismos ojos hoy le habían hecho dudar si su mentira tenía algo que ver con Sasuke de verdad; o si simplemente no quería que Sakura le dedicara el cosmos a alguien más.

Respiró hondo y volvió la mirada hacia las flores.

«Gardenia»… Había aprendido sus significados hacía años. No era una de las flores que más vendía, pero recordaba perfectamente lo que decía el pequeño manual que su madre guardaba bajo el mostrador.

«Profunda admiración espiritual o amor secreto hacia la otra persona».

Tomó una gardenia entre los dedos y sacó otra tarjeta perfumada del cajón, igual a las que los clientes usaban para añadir un mensaje a sus ramos. Sobre el mostrador encontró un bolígrafo de punta fina y empezó a escribir en letra pequeña y redonda sin darle muchas vueltas.

«Para Sakura. Una flor para otra flor —Ino».

De repente, un cliente entró en la tienda haciendo sonar la campanilla.

El bolígrafo salió disparado del susto y sintió cómo el color le subía hasta las mejillas. Tiró el papel al suelo y devolvió la flor a su sitio.

 

❀•°•❀•°•❀

 

Dos días más tarde, como ya era rutina, Sakura se presentó en la floristería. Llevaba un vestido veraniego de tirantes, con corte por la cintura y falda con vuelo ligero. Las pequeñas flores magenta sobre el fondo blanco acentuaban el color de su pelo, sobre el cual llevaba un pañuelo rojo similar al que Ino le dio cuando eran pequeñas. 

Ino se quedó callada, preguntándose si estaba sonrojándose. La miraba en medio del silencio, el cual hoy era únicamente interrumpido por el ruido del ventilador al lado de la caja registradora. 

La otra chica avanzó hasta el mostrador sin mirar hacia arriba mientras abría su pequeño bolso de tela vaquera.

—Hola, he venido a por un ramo. No es un encargo, aún tengo que escogerlo… —Cuando por fin alzó la mirada, se sorprendió al volver a ver a Ino. Sus dedos soltaron sin querer el pequeño vale que había estado buscando. —Ups… —dijo agachándose para buscarlo—. No esperaba que estuvieras aquí… ¿Tantas horas estás aquí esclavizada? —soltó con una ligera ironía.

Ino se acercó al suelo igual que ella, buscando el papelito rosado que parecía haber sido tragado y escupido en Marte.

—Bueno, trabajando en la floristería estoy al tanto de todos los cotilleos amorosos… Y por eso sé que Sasuke nunca te ha llevado flores a ti —sonrió Ino.

—Bueno… a ti tampoco, ¿verdad? Así que no puedes hablar.

—A ver, a nadie le parecería buena idea comprar flores para la chica que trabaja en la propia floristería. Así que tengo excusa.

La rubia habló como si fuera lo más lógico del mundo, pero a Sakura, a pesar de sentir algo de resentimiento, le supo mal. ¿Qué decir? Le dio lástima. Nunca se lo había planteado así.

Pensándolo bien, a pesar de que Ino era bastante guapa y popular, nunca había tenido ningún novio (que ella supiera). 

La muchacha del pelo rosa celebró por dentro cuando vio el vale perfumado. Pero cuando ya lo tenía entre sus dedos y estaba a punto de comunicárselo a Ino, notó que tenía bastante texto. Sus ojos procesaron la información al instante, mucho antes de que su mente comprendiera el peso de esas palabras.

«Para Sakura. Una flor para otra flor —Ino».

Sintió que el mundo se detuvo. ¿Qué significaba esto? Quería preguntárselo a la otra chica, pero no le salía la voz. 

Sakura no creía lo que acababa de leer. ¿Era una broma? Tenía que serlo. Y cuando se dio cuenta, su corazón latía más fuerte de lo que debería.

—¡Lo tengo! —gritó la rubia, alzando el verdadero papelito en el aire. —Estaba detrás de la pata de la mesa. Bueno… puedes usarlo para un ramo mediano, puedes escoger uno de los que tenemos montados o elegir las flores que quieres, yo lo montaré.

Sin saber muy bien por qué, la pelirrosa escondió el otro papel en su bolso antes de levantarse. Ino seguía hablando, ajena a lo que acababa de ocurrir.

—Ya… eh… ¿Me puedes ayudar a escoger las flores? —preguntó cruzando los brazos.

La rubia rodó los ojos.

—Hay que ver… Para llamarte como una flor no tienes ni idea… Pero sí, te puedo acompañar si es lo que quieres. —respondió Ino mientras encendía la radio.

Ambas se adentraron en el local, sumergiéndose de lleno en un vibrante santuario donde el perfume natural de las flores se apoderaba de los sentidos. El aire dentro de la tienda se sentía fresco y ligeramente húmedo, un clima controlado para mantener la vitalidad de los pétalos en pleno agosto. A ambos lados del pasillo, estanterías de madera rústica creaban un hermoso degradado visual de flores agrupadas por colores, que iban desde los tonos pastel hasta los rojos más intensos. En los rincones y colgando del techo, helechos y delicadas orquídeas aportaban una profunda sensación de bosque interior. Al fondo, las dos muchachas llegaron por fin al corazón de la tienda; la mesa de trabajo de madera maciza, un rincón que aún permanecía sembrado de tijeras de podar, rollos de yute y tallos recién cortados.

Rodeando la mesa había centros de mimbre, coronas y diademas, prendidos… Pero destacaba un carro con centros de mesa recién arreglados, seguramente para una boda o celebración.

—¿Los has hecho tú?

—Algunos —dijo Ino mientras subía una cesta a rebosar de especies de flores al banco de trabajo.

—¿Tus padres te pagan por ayudar?

—No… pero bueno, ya cobro con las misiones que hace mi equipo… Aunque, desde que murió el tercer Hokage, la asignación de misiones está un poco estancada… Están tardando demasiado en darle el puesto a alguien.

—Ya… —le dio la razón Sakura, jugueteando con la cremallera de su bolso. —Pero creo que Naruto ha ido a buscar al nuevo Hokage con el maestro que lo entrenó para los exámenes… Ese hombre es muy extraño… Pero bueno, es uno de los tres legendarios… así que nos toca confiar… Cuando todo vuelva a la normalidad, me gustaría encontrar a alguien que me enseñe ninjutsu médico…

Ino se estremeció viéndola hablar. Sakura hablaba sobre el futuro, sobre sus preocupaciones y sus planes como si nunca hubieran dejado de ser amigas.

—Te queda bien el pelo corto.

Sakura se rió.

—Gracias… Odio decirlo, pero a ti también —guiñó el ojo. —Aunque he de decir que me copiaste, cortártelo en mitad del examen con un kunai, mmm… ¿de qué me suena?

—Calla, si nos ponemos serias, a mí me quedó más parejo que a ti… Suerte que yo estuve ahí para arreglarlo.

Sakura no respondió nada, no tenía ganas de discutir. Además, tenía algo más importante el la cabeza: ¿Ella sabe que he encontrado la tarjeta?

Ino sacó de la cesta una peonía rosa. Fue la primera flor que vio, pero el universo sabía que no fue casualidad.

Simbolizaba la timidez, la belleza del deseo, la fortuna de tener a alguien cerca… Y especialmente las peonías rosas contenían un mensaje en el corazón: «Tu belleza me cautiva pero no me atrevo a decírtelo».

Sus manos llevaron la flor, esponjosa y delicada, hasta el pelo de la otra chica. Intentó ponérsela sobre la oreja, sus dedos perdiéndose en el suave cabello rosa. Pero se dio por vencida torpemente ya que era una flor demasiado voluminosa. Sakura tomó la peonía entre sus manos y rió.

—¿Qué significa esta? —preguntó Sakura en voz baja, rodando la flor por el tallo entre el índice y el pulgar.

—Es una peonía… Suelen expresar… timidez, romanticismo y prosperidad en el amor… Te la regalo, Sakura… Una flor para otra flor… Si quieres, puedes ponerla en el ramo…

Ino se quedó congelada a escasos centímetros de ella, con los dedos aún rozando un mechón rosa. Sakura bajó la mirada hacia la peonía y, cuando volvió a alzar los ojos, sus pupilas verdes brillaban con una vulnerabilidad que desarmó a la rubia. 

 

—¿Eso es lo que querías decirme? —susurró Sakura.

 

Ninguna de las dos se movió, pero la distancia entre sus rostros comenzó a acortarse en un magnetismo silencioso, restando el aire que las separaba hasta que el calor de sus respiraciones se mezcló.

 

Antes de llegar a decir nada, sintió los labios de Sakura sobre los suyos. Eran suaves. Muy suaves. Ino se estremeció y cerró los ojos al instante.

 

Cuando se separaron, sintió como si una brisa le recorriera la boca al perder el calor del contacto. Tomó aire de nuevo, sin estar muy segura de cuándo había dejado de respirar. Ambas se miraron a los ojos y estuvieron en silencio un par de segundos. La radio seguía sonando, ajena al ambiente que se respiraba entre las dos.

El timbre de la puerta volvió a sonar. Un cliente.

—Eh… dame un segundo. 

Ino cruzó los pasillos hasta el otro lado de la tienda. Sakura se quedó inmóvil un instante antes de sentarse al lado de la mesa de trabajo. Se llevó la peonía a la cara, percibiendo el aroma de la flor como si fuera a traerla de vuelta al presente.

 

❀•°•❀•°•❀

 

—Ya está. Era una devolución… mi padre se había equivocado de pedido antes…

—Ah… Creo que… quiero el ramo de margaritas rosas —dijo Sakura dejando la peonía sobre la mesa.

—Eh, vale. Entonces, las margaritas serán tu flor principal… luego se deben poner otras que la complementen… si quieres puedo elegir yo las que mejor le peguen.

Ino acomodó sus tijeras de podar y la cinta de rafia sobre la mesa antes de tomar la primera flor. Mirando a su amiga, le sonrió.

—¿Sabías que el nombre de la margarita significa «perla»? Son apreciadas por su belleza tan simple y elegante… Se asocian con la inocencia, la pureza y la felicidad, por eso se regalan siempre como símbolo de amistad y cariño… Buena elección si quieres regalarle el ramo a Sasuke…

Con destreza, Ino comenzó a limpiar los tallos secos y a montar el diseño, seleccionando las flores complementarias para el ramo. Para acompañar el hermoso significado de las margaritas rosas, fue entrelazando lirios, cuyos pétalos grandes y sofisticados creaban un contraste impresionante. Con cortes limpios y precisos, distribuyó lirios blancos para aportar paz y esperanza, junto a lirios morados que añadían un aire de respeto, dignidad, realeza y admiración profunda. Finalmente, usando hilo de floristería para asegurar la estructura, integró el verde grisáceo del eucalipto, envolviendo el conjunto con un aire natural y silvestre antes de anudar el ramo con un lazo perfecto.

—Gracias… Es precioso…

—¿Quieres escribir un mensaje? —preguntó Ino volviendo detrás del escritorio. Sakura recordó el papel que se había guardado dentro del bolso y deseó que la rubia no lo echara de menos.

—No, así está bien.

Ambas se despidieron y Sakura salió del local, con un vacío en el pecho como si una parte de sí misma se hubiera perdido entre los vibrantes, pero armónicos, colores y aromas de la floristería para nunca más ser encontrada.

Como si se hubiera dejado algo pendiente. 

 

❀•°•❀•°•❀

 

Una hora y media después, Ino pudo por fin apagar las luces, la radio y el ventilador. Salió de la tienda y comenzó a caminar hasta casa.

Los pequeños tacones de sus sandalias sonaban rítmicamente contra el asfalto, alertando a los paseadores de perros, pero daba igual. Su cabeza estaba en otra parte, entre las peonías. Era consciente de que hoy todo había cambiado para siempre, pero aún no sabía si para bien o para mal.

Se maldijo a sí misma mientras entraba en casa y subía las escaleras. No debería haberle dado la flor a Sakura. No debería haberse dejado besar.

Abrió la puerta de su habitación, se quitó las sandalias y por un instante se quedó congelada, hasta que el calor le subió hasta las orejas. 

Sobre su cama había una tarjeta rosa.

«Para Sakura. Una flor para otra flor —Ino».

Debajo, en letra más grande:

«Incluso entre tantas flores, mis ojos siempre buscan al cosmos.»

El nudo en su estómago creció. Sintió el galope de su sangre bajo la piel. 

El cosmos.

Dirigió la mirada hacia la otra punta de la habitación y sus ojos se humedecieron al verlo.

Sobre su escritorio descansaba el ramo de margaritas y lirios.

 

Notes:

Me encantó aprender sobre floriografía para poder escribir este fic :)))
Además, escribir esto me ha servido de consuelo por el calor que hace ahora mismo en España y porque ya se acaban las vacaciones 😭

 

El SakuIno/InoSaku está infravaloradoooooo🩷💜🩷💜🩷💜

GRACIAS por leer hasta el final<333