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Interferencia.

Summary:

Mientras Sergio coquetea abiertamente con Raquel por su intercomunicador, ocurre una interferencia que su mente de ajedrecista no puede procesar: Matías intentando coquetear con su futura esposa.

Notes:

No encontré suficientes fics sobre esto, así que aquí está. Mi amiga y yo íbamos a enloquecer, así que tuve que escribirlo, ¡lo siento, no lo siento!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

INTERFERENCIA.

 

Allí, grabando, de pie ante el oro, veía cómo el resto de su banda trabajaba y culminaba con éxito la extracción del mismo. El sueño de su hermano realizado por fin; no solo un tributo, sino también uno de sus deseos más profundos a punto de hacerse realidad. Mientras contemplaba el brillo de su hazaña, escuchó la voz de Raquel en su intercomunicador. De inmediato se llevó la mano derecha al dispositivo en su oído.

—¿Profesor?— escuchó la dulce voz de Raquel en su oído. —Oiga, en sus clases nunca nos dijo que iba a ser tan jodido sacar el oro de aquí. —completó ella con la burla impresa en su voz.

Sergio se giró sobre sí mismo aún con su dedo índice y medio tocando el dispositivo de su oreja, sonriendo para sí mismo.

—Bueno, tampoco os dije que fuera a ser tan fácil. Si no, yo dejaría de ser el genio del crimen del que te enamoraste como una quinceañera—. Terminó él su oración sonriendo, mientras escuchaba en su auricular el dulce sonido de la risa de Raquel.

—Pero, ¡qué tonto eres! —. Contestó ella mientras continuaba riendo. Su risa era melodiosa. Amaba escucharla.

Después de tantas situaciones críticas durante el atraco —los nervios del momento, sus discusiones, su postura controladora como El Profesor, las palabras hirientes, y la supuesta muerte de Raquel orquestada por la policía para engañarlo—, todas esas diversas situaciones altamente emocionales que habían ocurrido, le habían hecho mella en su ser. Escuchar de nuevo la risa de la persona que más amaba en todo el mundo, era como un soplo de aire fresco para su cansada alma.

Mientras él sonreía para sí mismo, quiso apagar el intercomunicador, pero no lo hizo; a lo lejos logró escuchar el sonido del elevador y quiso continuar hablando con su mujer un poquito más. En este punto del camino se mostró permitirse una pequeña concesión para tener el placer de hablar con ella.

—Raquel… —. Logró susurrar suavemente hasta que escuchó una voz al otro lado.

—Pues… parece que esto se acaba, ¿no? — exclamó la voz en el fondo. Sergio se devanaba los sesos pensando a quién le pertenecía dicha voz.

—Sí —. Escuchó entonces la voz de Raquel respondiendo a la pregunta del extraño.

Mientras Sergio reflexionaba sobre esta interacción ya quién le pertenecía dicha voz, Raquel se quedó mirando a Matías, el chico nuevo, con quien había tenido muy pocas interacciones en el banco. La última que recordaba era cuando ella misma había desarmado a Río.

Raquel, con la vista al frente tras responderle a Matías, giró su rostro para mirarlo al escucharle soltar una tenue risa y hablar de nuevo.

—Cuando salgamos de aquí… yo voy a comprarme una moto y le voy a hacer un asiento con la forma de mi culo—. Mientras Matías comentaba sus aviones tras salir del Banco de España, Raquel lo miraba entre divertida y curiosa por el comentario.

—Le voy a dar la vuelta al mundo—finalizó Matías.

—Mm, ¡Qué bien! —, le expresó Raquel, no del todo convencida sobre la finalidad de la conversación, así que solo se acercó y miró al frente lista para hablarle a Sergio, cuando Matías interrumpió nuevamente sus pensamientos.

—Y usted ¿qué prefiere? —, le preguntó entonces —. ¿Playa o piscina? —Continuó Matías con la conversación.

Mientras Raquel miraba al frente y pensaba en la extraña pregunta, por medio de su intercomunicador pudo escuchar a Sergio preguntar qué era todo aquello, ella, curiosa, decidió ignorarlo y seguirle la charla a Matías.

—¿Playa? — respondió ella más como una pregunta para sí misma mientras fruncía el ceño. En ese momento pensaba en su vida durante los últimos años con su familia.

— ¿Bikini o bañador? — volvió a interrogar Matías, mientras miraba sus propias manos.

Entre tanto, en el fondo de su oído escuchaba a Sergio bufar; Raquel solo levantó las cejas, miró a Matías ligeramente desconcertado y le contestó:

—¿Qué es esto?, ¿el test de la Cosmopolitan? — le respondió mientras fruncía ligeramente el ceño. Era una conversación un tanto extraña para hacerle a alguien que, no solo recién conocido, sino que te topabas en un elevador en medio de un atraco.

Mientras Matías negaba y reía nerviosamente, Raquel levantó las cejas nuevamente con expresión divertida y lo miró de reojo.

—Era por decir algo—. Lo oyó murmurar casi para sí mismo mientras, tímidamente, tocaba sus manos entre sí.

—Pero si quiere, cuando salgamos de aquí… — Matías volvió entonces a reunir el valor para levantar su rostro, mirarla a la cara y continuar —le invito un gin-tonic…

En ese momento Raquel lo miró desconcertada.

—… y le termino el test.

Al concluir su propuesta, Matías le guiñó un ojo con evidente coquetería, mientras sonreía y bajaba de nuevo su mirada para sí mismo.

Raquel tardó un instante en reaccionar. Frunció ligeramente el ceño, lo miró atónita y apartó la mirada. Mientras contenía la risa, su expresión revelaba desconcierto e incredulidad; ella no esperaba ese extraño giro en absoluto. Quizás se necesiten unos segundos para procesarlo.

“¿En serio acaba de decirme eso?”, pensó demasiado divertida.

Al otro lado de la transmisión se hizo un breve silencio.

Mientras tanto, en el Estanque de Tormentas, Sergio también se encontraba atónito, pero su rostro no expresaba la diversión de Raquel, ¿desconcierto e incredulidad?, claro.

“¿Qué acaba de pasar?”, pensó.

Sergio acababa de escuchar cómo Matías —sí, había logrado identificar esa horrible voz— le coqueteaba descaradamente a su mujer.

“¿Quién en la banda no sabe que Raquel es mi mujer?”, se preguntó a sí mismo mientras apretaba su puño derecho y fruncía el ceño.

Esos segundos fueron suficientes para que su mente empezara a llenarse de ideas y posibilidades que prefería no considerar.

Si bien Sergio insistía en no mostrar su afecto ante todos para conservar algo de autoridad, en este preciso instante se cuestionaba su decisión. A pesar de que Matías no había estado con la banda en el monasterio, ¿cómo este no iba a saber de su relación con Raquel?

“¿Pero qué demonios está sucediendo?”, se preguntaba retóricamente.

Cuando Sergio estaba a punto de hablar y hacer notar vehementemente su opinión al respecto de la propuesta de Matías, empezó a escuchar tambores al otro lado de la línea. En cuanto oyó a la banda cantar animadamente, su cuerpo, antes tenso por la interacción entre Raquel y Matías —aunque no lo había notado hasta entonces—, se relajó suavemente mientras escuchaba con notas de nostalgia, entonar Bella Ciao ; en ese instante percibió a Raquel unirse abiertamente al canto de la banda. No pudo evitar sonreír al oír esa melodiosa voz cantando directo en su oído. Siempre amaba escucharla cantar; era un deleite y un privilegio cada que ella decidió hacerlo solo para él.

Decidió entonces que no interrumpiría la felicidad que se percibía de la banda. Después de tantos días y vicisitudes, era momento de que todos pudiesen avivar su espíritu mientras se acercaba la hora cero.

 

***

 

El reencuentro de la banda era una mezcla caótica de abrazos, risas de felicidad y nostalgia tras lo vivido. Mientras cada integrante se unía, el círculo crecía más y más. El primero en llegar al helipuerto fue Sergio, aunque todo al final había salido relativamente bien para el resto de la banda, sintió el sinsabor de saber que dos de los integrantes no regresarían a casa como ellos.

Se sentía agotado. El día anterior, el robo había concluido con la noticia internacional del abatimiento de la banda en combate, y hoy se encontraba allí, con los nuevos pasaportes e identidades de su familia . Tamayo había decidido que todos estarían alejados, a cada uno se le designó un lugar dónde descansar y luego cada uno sería llevado al helipuerto para salir de España.

Mientras esperaba, pensaba en Raquel; en cuanto la había extrañado esa noche que pasaron separados, la cual se sumaba a las noches previas que estuvieron apartados al momento de ser acorralados en el bosque. No hubo posibilidad de comunicarse entre sí, así que esperaba ansiosamente el momento de volver a ver a su mujer.

Escuchó un ruido, el cual le hizo levantar su mirada y allí la vio, por fin. Caminaba serenamente hacia él mientras sonreía; sus ojos color chocolate brillaban más y más a cada paso que daba. Su propia sonrisa no hizo más que crecer e iluminarse junto a la de ella. A tan solo unos pasos de distancia el uno del otro, percibió que llegaban más integrantes de la banda, pero eso quedó en segundo plano cuando la tuvo frente así. Ella se arrojó sobre él para envolver sus hombros en un abrazo cálido, él solo pudo corresponderle, rodeando su cintura firmemente con sus brazos, queriéndose fundir con ella por la eternidad.

Mientras el resto de la banda se acercaba, Raquel se separó de él y, sin disolver el abrazo, lo besó. Él correspondió encantado aquel beso; Podría morir allí mismo y no le importaría nada. A lo lejos lograron escuchar ruidos de aprobación y silbidos, recordándole a Sergio la noche de la merluza, cuando él y Raquel estaban profundamente ensimismados en el otro disfrutando plenamente de su amor, de sus brazos y de sus interminables besos durante toda la noche. Lo único que faltaría en ese momento es que los demás corrieran a abrazarlos mientras se besaban, justo como aquella noche.

Raquel terminó el beso ya que, si fuese por Sergio, seguiría allí, colmando su aliento de la cálida esencia de su amor. En ese momento, los demás empezaron a acercarse para festejar el haber sobrevivido al caos de esos días. Se abrazaron con felicidad por estar vivos y juntos una vez más, pero también con la tristeza de quienes no lo habían logrado. Era un cóctel de sentimientos un tanto extraño y vulnerable, pues en ese momento, los presentes recordaron la cruel realidad de que el equipo de los Dalís no estaba completo.

Tras hablar un poco y luego de que Sergio le entregara a cada uno su respectivo pasaporte, fueron llegando Río y Denver, quienes se unieron a la sensibilidad del momento. Después de finalizar sus pendientes entregándole a Alicia ya su hija Victoria sus propios documentos, se concluía un capítulo más de sus vidas. Al subirse a ese helicóptero militar, continuarían escribiendo un nuevo camino.

Sergio empezó a caminar hacia el helicóptero, siendo seguido por Raquel y los demás, cuando escuchó algo a su espalda que lo hizo frenar y permitir que Estocolmo y Denver se le adelantaran.

—¡Lisboa! —le llamó Matías a Raquel por encima del rugido ensordecedor de las hélices del helicóptero—. Espera un momento.

Sergio se giró lentamente y se encontró con un Matías que se acercaba a Raquel un poco nervioso, pero decidido.

—Lo del gin-tonic iba en serio. No quiero que las cosas queden aquí—le soltó Matías.

Sergio notó entonces cómo Raquel paró en seco, sorprendida por su acercamiento y, antes de que ella pudiese articular palabra, Matías, envalentonado al recordar el consejo que Palermo le había soltado en el banco, se inclinó rápidamente hacia ella con la clara intención de besarla en los labios.

No pudo llegar a rozarla ni siquiera.

La mano firme de Sergio se estampó contra el pecho de Matías, empujándolo hacia atrás con fuerza. Sergio se interpuso entre ambos con una velocidad sorprendente. Su rostro, habitualmente calmado, revelaba completamente la expresión de El Profesor, mostrando una furia pura y contenida. Se acomodó las gafas con el dedo medio y se pronunció.

—Te estás equivocando de persona, Matías —dijo Sergio casi entre dientes. Su voz, generalmente calmada y pausada, era ahora un siseo cortante—. Si no quieres quedarte aquí, te recomiendo que subas de una vez al helicóptero en lugar de estar diciéndole tonterías a mi mujer.

Matías abrió los ojos de forma exorbitante mientras palidecía. Dio un paso atrás mientras miraba alternando entre Lisboa y El Profesor. Tragó saliva y se disculpó profusamente mientras veía cómo Sergio tomaba a Raquel firmemente por la cintura, pegando el cuerpo de ella contra el suyo con un agarre posesivo, evidenciando un poco el temblor de sus manos ante la furia contenida.

En ese instante, sintió la tibia mano de Raquel sobre su propia mano, la que descansaba en su cintura. Ese toque logró tranquilizarlo; le permitió pensar racionalmente de nuevo y dejar de ver rojo. Al girar su cabeza a la izquierda, contuvo la respiración al clavar su mirada en los ojos de ella, perdiendo por un milisegundo la firmeza que mostraba, pero al ella regresarle la mirada de una forma cálida y sonriente —notando las ligeras líneas de expresión de sus ojos—, recuperó de inmediato la seguridad que sentía, mientras por el rabillo del ojo notó a Matías irse y subir al helicóptero.

Mientras Sergio y Raquel se miraban fijamente y ella le sonreía con una clara burla plasmada en sus labios, el ambiente se cargaba de una electricidad diferente; el resto de la banda y, en especial Palermo, habían sido testigos de todo. La estridente risa de Palermo resonó, logrando opacar el ruido de las hélices. Raquel y Sergio lo miraron mientras todos los demás subían al helicóptero entre risas. Ambos se separaron: ella sonriendo abiertamente y él, comprendiendo que todos ellos habían presenciado aquel bochornoso acto de celos, se puso rígido y sus mejillas se sonrojaron levemente.

Palermo, al notar la incomodidad de Sergio, se le acercó, le dio dos palmadas en la espalda y continuó riendo. Sergio lo ignoró, tomó la mano de Raquel y abordó, pues solo restaban ellos tres por subir al helicóptero. En cuanto se acomodó en la cabina, uno al lado del otro, Palermo se sentó junto a Matías, en la esquina opuesta a ellos.

—¡Pero qué bien aplicaste el consejo, mi rey! —exclamó Palermo entre risas—. Lástima que fuiste a querer robar el oro con el dueño allí presente.

Denver soltó su carcajada estridente y característica, contagiando a los demás para que se unieran a la broma. Todos observaban con diversión cómo Matías, con su cara roja a más no poder, bajaba tanto el cuello, queriéndose hacer pequeño, que parecía desear esconderse en su propia ropa.

Sergio, por otro lado, ignoró olímpicamente las burlas de la banda; se acomodó sus lentes y, con la mandíbula apretada y sus mejillas y orejas encendidas por el bochorno del asunto, posó su mano firmemente en el muslo de Raquel y miró por la ventana.

Raquel, sonriendo, se acomodó aún más junto a él colocando su mano sobre la suya. No pudo soportar más el deseo de comentar algo al respecto.

—Vaya, vaya…—susurró ella cerca de su oído, para que los demás no lograran escuchar lo que le decía—. ¿Así que estabas celoso , profesor?

Sergio no se movió, pero sus ojos se desviaron hacia ella.

—No estaba celoso, Raquel, eso… simplemente estaba manteniendo el respeto—. Respondió el en un tono bajo—. Matías cometió una falta de respeto…

—Claro, pretendía cometer un acto irrespetuoso con la prometida de El Profesor, ¿no? —se burló ella cariñosamente, rozando sus dedos en la palma de él—. Sergio, cariño , casi le arrancas la cabeza al pobre niño, pero no te mentiré. Me pareció demasiado sexy, si te soy sincera.

Sergio pestañó una, dos y tres veces, completamente desarmado ante lo que Raquel le dijo.

¿Sexi? —le cuestionó con una clara mirada de estupefacción y sorpresa.

—Bien sabes que me encanta cuando te pones así de posesivo —murmuró Raquel en su oído, entrelazando su mano con la de él, aún en su muslo—. Además, ese sentimiento me recuerda que, por mucho que siempre quieras planear todo al milímetro, aún eres un ser humano y hay cosas que simplemente no vas a poder controlar… como lo que sientes por mí.

Sergio tragó saliva. La rabia tan cegadora que había sentido por culpa de Matías se había logrado disipar, siendo esta emoción reemplazada por una devoción absoluta: esa que Raquel siempre lograba despertar en él. Se inclinó levemente hacia ella y le dio un apasionado beso delante de la banda, provocando que todos se rieran y les silbaran. Ellos se separaron apenas, apoyando sus frentes entre sí y mirándose a los ojos mientras sonreían abiertamente.

—Oiga, Profesor, ¿está marcando territorio? —ante la burla de Río, le siguieron las estruendosas risas de Palermo, Bogotá y Denver, y unas más sutiles, las de Estocolmo y Marsella.

Sergio no pudo evitarlo más y, con una gran sonrisa —recordando los acontecimientos del banco y de Raquel refiriéndose a sí misma como su prometida—, le hicieron compartir con ellos su mayor alegría.

—Bueno, ya que los noto tan interesados ​​en nuestra relación —dijo este último dándole a Matías una mirada de reojo—. Les cuento que, antes de salir del banco, le pedí a Raquel que me hiciera el hombre más feliz del mundo casándose conmigo—les mencionó mientras fundía su mirada en la de Raquel, notando cómo las comisuras de sus ojos se acentuaban y su sonrisa crecía aún más, junto a la suya—, y ella me dijo que sí.

El asombro inicial de todos dio paso a sonrisas aún más grandes. Empezaron a gritar sus felicitaciones. Sergio se sintió en el cielo, celebrando con su otra familia el hecho de que, muy pronto, se casaría con el amor de su vida. Desvió entonces la mirada del grupo de nuevo hacia Raquel y la vio reír, aceptando con su encanto natural los elogios de todos. Él simplemente se quedó allí, contemplando en silencio y con una sonrisa marcada en sus propios labios aquel etéreo momento, con el único pensamiento de que deseaba con toda su alma verla así de feliz siempre. Ese día, sin duda, era solo el principio del resto de su vida juntos.

 

 

Notes:

¡Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo!
En este momento tengo este ship en mi hiperfoco y es la primera vez que escribo algo sobre ellos.
¡Disculpen cualquier error y gracias por leer!