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A Emily le gustaba despertar por la mañana apoyada contra el hombro de Miranda mientras Andrea la abrazaba por detrás. Le gustaba toda la rutina matutina, especialmente cuando Andrea no quería dejarla salir de la cama y la abrazaba muy fuerte para estar un rato más juntas; que Miranda les diera un beso en la frente a ambas como saludo de buenos días, haciendo que Andrea por fin decidiera levantarse; le gustaba desayunar juntas y los dulces besos de despedida cuando Miranda y Andrea se iban a Runaway mientras ella se dirigía a su propio trabajo.
Tenían su propia rutina, una que mantenía a Emily cuerda, pequeñas cosas que la hacían funcionar, como los mensajes de buena suerte que Andy le enviaba cada mañana al llegar a la oficina, algo que la hacía sentir querida.
Miraba el anillo en su dedo, distraída. Estaba esperando la hora del almuerzo. Las tres llevaban anillos y se llamaban esposas de manera simbólica. Miranda fue quien, en un aniversario, les regaló esas alianzas como muestra de unión, algo que hizo llorar a Emily y puso a Andrea más melosa de lo normal.
Apenas dio la hora de salida para almorzar, Emily salió camino a Runaway con un pensamiento claro, hoy es miércoles, los miércoles comemos juntas en Runaway como una cita, Andy traerá la comida, ella fingirá que no le gustan los carbohidratos, Miranda comerá en silencio, y será perfecto. Eso la mantenía feliz, y lo repetía una y otra vez en su cabeza.
Les envió un mensaje a sus novias avisando que estaba en camino, como cada miércoles, y de vuelta recibió un emoji de corazón.
En la entrada de Runaway no podía más de la emoción. Le contaría toda su mañana a Andrea y a Miranda, se quejaría de sus compañeros de trabajo, como cada miércoles; pero apenas pisó el vestíbulo, un guardia desconocido la detuvo.
—Disculpe, ¡usted no puede pasar! ¡Solo personal autorizado!
Emily lo miró con confusión, como si esto fuera una broma de mal gusto, tenía que ser una estúpida broma, él no era parte de los planes del miércoles, nunca la habían detenido.
—Tengo autorización... —intentó explicar Emily.
—No, los visitantes deben ir por el otro lado. ¿Dónde está su credencial?
—Tengo autorización... —volvió a repetir Emily con tono cansado—. ¿Quién eres tú? Miranda me está esperando.
—No le creo, señorita. La señora Miranda tiene una estricta lista de personas que pueden pasar directamente, y usted no es una de ellas.
Miró al guardia sin ocultar su rabia y descontento, esas palabras hicieron que le doliera el corazón ¿por qué no estaría en la lista de visitantes de Miranda? nisiquera le pregunto su nombre como para saberlo ¿Acaso era estúpido? Obviamente era nuevo, no sabía nada. Ella era alguien de la lista de personas importantes de Miranda. Se sentía frustrada y buscaba con la mirada, al menos, una cara conocida en el vestíbulo.
—Llamaré a Miranda y verás que tengo razón.
Sacó su celular con su mano algo temblorosa sintiendo como el estrés y la ansiedad la comenzaban a consumir, y marcó rápidamente el número de Miranda, quien contestó al instante.
—Hola, cariño —se escuchó del otro lado—. ¿Pasa algo? Normalmente ya estarías aquí...
—¡Miranda! Hay un guardia aquí que dice que no tengo acceso y que no puedo pasar...
El guardia seguía mirando a Emily con desconfianza, como si su llamada fuera una mala actuación.
—Uff... No te preocupes, cariño, ahora bajo.
Miró al guardia con una sonrisa maliciosa mientras la llamada terminaba y solo quedaba esperar a su novia.
—Miranda viene en camino.
El guardia la miró incrédulo y se rió en su propia cara, ofendiendo cruelmente a Emily, quien solo pensaba en lo jodido que estaba ese bastardo.
—No me creo tu actuación...
En ese momento, el ascensor sonó y el reconocido eco de los tacones de Miranda resonó en el lugar mientras todo quedaba en ese silencio sepulcral que acompañaba su presencia.
—Así que tú eres el que retiene a mi esposa... Seguro eres nuevo.
Miranda miró al guardia de arriba a abajo de forma condescendiente y sin decirle nada más tomó la mano de Emily.
—Vamos, cariño. ¿Tienes hambre?
Ambas caminaron juntas ignorando la presencia del guardia y del resto de personas en ese vestíbulo que susurraban sobre la situación, y de cómo el nuevo guardia ya había cavado su tumba. En cuanto las puertas del ascensor se cerraron, Emily le dio un largo beso en los labios a su novia.
—Gracias por eso, Miranda.
—No es nada, es lo mínimo. Después de todo, deberías tener el derecho de entrar cuando quieras. Ese guardia incompetente... Lo despediré.
Emily solo sonrió pensando en como esa sería su pequeña venganza, después de todo, él no quiso escucharla, Emily era quien tenía la razón, tenía que pagar por hacerla pasar un mal rato en su día especial.
Salieron del ascensor tomadas de la mano y llegaron a la oficina, donde Andrea tenía la mesa llena de comida.
—¿Dónde estaban? muero de hambre
Emily solo saludo a Andrea con un pequeño beso y suspiro dramáticamente mientras se sentaba junto a ella.
—Un guardia dijo que no estaba en la lista de visitantes de Miranda, ¿sorprendente verdad? me sentí muy ofendida por eso, ni siquiera preguntó mi nombre, solo me negó la entrada.
Andrea la miraba con una sonrisa mientras le entregaba un envase con comida escuchando atentamente.
—Ya le envié un pequeño mensaje al jefe de seguridad para que contrate personal mejor capacitado y que si sepa hacer correctamente su trabajo, por algo tienen una lista con nombres permitidos… idiotas. — la voz de Miranda se escuchó de pronto, se acomodó en su asiento preparándose para comer con esos movimientos calculados que siempre parecía tener.
—Pobre… es su primer día y ya lo arruino, y le hizo pasar un mal rato a nuestra querida Emily — Andrea conocida por no saber respetar el espacio personal ya estaba sobre Emily abrazándola y dejando besos por todo su rostro.
—Espero que no vuelva a conseguir otro trabajo en su vida, después de todo es malo en lo que hace.
Emily ocultó su sonrisa mientras comía escuchando a Miranda furiosa y dejaba a Andrea ser una melosa, el estrés que le había provocado toda la situación anterior comenzaba a bajar y el tener la compañía de sus novias la hacía sentir segura y en paz.
Finalmente pudieron disfrutar de su almuerzo según estaba planeado en la cabeza de Emily, solo ellas tres compartiendo, Andrea hablando sin parar, haciendo chistes con tal de ver a Miranda cambiar su típico ceño fruncido, pasando sobre el espacio personal de Emily, simplemente perfecto, ellas eran su lugar seguro, su hogar, la felicidad de Emily.
