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Steins;Gate:S

Summary:

solo una idea que me queria sacar de la cabeza para poder dormir si les gusta quizas lo haga un fanfic

Notes:

esta idea no se me iba de la cabeza y no me dejaba dormir

Work Text:

¿Cuántas veces?

Ya no lo sabía.

Al principio llevaba la cuenta.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Cada fracaso era una oportunidad para intentarlo de nuevo.

Eso era lo que me decía.

Si retrocedía en el tiempo, podía cambiarlo.

Si cambiaba mis acciones, podía cambiar el resultado.

Si encontraba el momento exacto, si tomaba la decisión correcta, si era un poco más rápido...

Mayuri viviría.

Era una lógica sencilla.

Una lógica que cualquier científico loco digno de ese nombre podía comprender.

Pero había un problema.

La realidad no parecía estar de acuerdo conmigo.

Cada vez que regresaba, algo cambiaba.

Una conversación.

Un lugar.

Una decisión.

Un detalle insignificante que antes no había considerado.

Y, aun así...

El resultado siempre era el mismo.

Mayuri moría.

Al principio podía soportarlo.

Todavía tenía esperanza.

Todavía podía reír.

Todavía podía levantar los brazos y proclamar que Hououin Kyouma jamás se rendiría ante el destino.

Pero cada intento me arrancaba un poco más de mí mismo.

Hasta que llegó un momento en el que ya no sabía si estaba intentando salvar a Mayuri...

o simplemente intentando escapar de la culpa.

Bajé la mirada.

Mis manos temblaban.

No quería mirar.

Porque sabía lo que encontraría.

Mayuri estaba allí.

Inmóvil.

Una vez más.

—Mayuri...

Mi voz apenas salió de mi garganta.

Di un paso hacia ella.

Entonces escuché el sonido de un seguro siendo retirado.

*Click.*

Mi cuerpo se quedó rígido.

Giré lentamente la cabeza.

Los soldados de SERN habían levantado sus armas.

No tuve tiempo de reaccionar.

No tenía fuerzas.

Ni siquiera sabía qué estaba haciendo todavía de pie.

Uno de ellos apuntó directamente hacia mí.

Y entonces...

*Pat, pat, pat.*

Pasos apresurados resonaron por el pasillo.

—¡Aléjense de él!

La voz hizo que todos se detuvieran durante un instante.

La puerta se abrió de golpe.

Un chico entró corriendo.

Cabello negro.

Un chándal naranja.

Parecía haber llegado a toda prisa. Respiraba con dificultad, pero sus ojos recorrieron la habitación en cuestión de segundos.

Los soldados.

Las armas.

Yo.

Y entonces...

Mayuri.

Su expresión cambió.

La confusión desapareció de su rostro.

Solo quedó una determinación fría.

—¿Qué le hicieron?

Uno de los soldados reaccionó antes que los demás.

—¡Quédate quieto!

Subaru no respondió.

El soldado levantó el arma.

El disparo resonó en la habitación.

Subaru se movió.

No fue un movimiento espectacular.

No saltó ni hizo ninguna maniobra imposible.

Simplemente inclinó el cuerpo lo suficiente para que la bala pasara junto a él y avanzó de golpe.

Demasiado rápido.

El soldado apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Subaru atrapó su muñeca, desvió el cañón hacia un lado y golpeó su brazo con el otro.

El arma cayó.

El soldado intentó recuperar el equilibrio, pero Subaru ya estaba demasiado cerca.

Un golpe seco en el abdomen.

El hombre salió despedido varios metros y terminó chocando contra una pared.

Me quedé paralizado.

—¿Subaru...?

No tuve tiempo de procesarlo.

Los otros soldados levantaron sus armas al mismo tiempo.

Subaru los miró.

Por primera vez, vi algo extraño en su rostro.

No era miedo.

Era dolor.

Subaru apretó los dientes.

Su brazo tembló ligeramente.

—...No.

Extendió una mano.

Algo invisible pareció retorcer el aire.

Y entonces—

**¡BOOM!**

Una fuerza brutal atravesó la habitación.

Las armas salieron disparadas de las manos de los soldados al mismo tiempo, chocando contra las paredes y el suelo.

Nadie entendió qué acababa de suceder.

Ni siquiera Subaru.

Pero no se detuvo a pensarlo.

Uno de los soldados se abalanzó sobre él.

Subaru giró el cuerpo, dejó pasar el golpe y lo agarró por el uniforme.

Con un movimiento seco, lo lanzó al suelo.

El impacto hizo temblar el piso.

Otro soldado intentó golpearlo por la espalda.

Subaru recibió el golpe en el hombro.

—¡Gh...!

Retrocedió un paso.

El soldado aprovechó la oportunidad y trató de derribarlo.

Pero Subaru clavó los pies en el suelo.

Apretó los dientes.

Y tiró.

La diferencia de fuerza fue suficiente.

El soldado perdió completamente el equilibrio.

Subaru lo levantó apenas y lo arrojó contra una mesa.

**¡CRASH!**

La madera se partió.

—¿Qué demonios...?

El último soldado dudó.

Solo un instante.

Pero fue suficiente.

Subaru ya estaba frente a él.

El hombre intentó golpearlo.

Subaru bloqueó el brazo, giró sobre su propio eje y descargó un golpe directo.

El soldado cayó.

Silencio.

Subaru permaneció de pie en medio de la habitación, respirando con dificultad.

Sus manos temblaban.

No parecía un vencedor.

Parecía alguien que acababa de despertar de una pesadilla y todavía no comprendía dónde estaba.

Entonces volvió a mirar a Mayuri.

Y toda aquella fuerza desapareció de su expresión.

—...¿Está muerta?

No pude responder.

Mi garganta se había cerrado.

Subaru permaneció inmóvil frente a Mayuri, observándola durante unos segundos.

Entonces habló.

—Tú no viniste las otras veces...

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

Subaru apartó la mirada de Mayuri y me observó.

Parecía confundido.

—Las otras veces... tú no estabas aquí.

Mi respiración se detuvo.

*¿Las otras veces?*

¿Qué demonios estaba diciendo?

Subaru acababa de llegar. No había ninguna forma de que supiera lo que había ocurrido antes.

*¿El D-Mail cambió las cosas?*

Ni siquiera debería saber que existían.

—¿Otras veces...? —murmuró Subaru.

Su expresión se volvió cada vez más seria.

Entonces me miró directamente a los ojos.

—Tú... tienes una forma de deshacerlo, ¿no?

Sentí un escalofrío.

—¿Deshacer qué?

Subaru señaló hacia Mayuri.

—Esto.

Su voz era baja.

Ya no había confusión en ella.

—Yo...

Las palabras no salían.

Subaru dio un paso hacia mí.

—Si puedes hacer que las cosas vuelvan a ser como antes...

Apretó los puños.

—Entonces puedes salvarla, ¿verdad?

Algo dentro de mí se quebró.

—¿Salvarla?

Levanté la voz.

—¿Crees que es tan fácil?

Subaru se quedó inmóvil.

—¿Sabes cuántas veces lo intenté?

Mis manos comenzaron a temblar.

—¿Sabes cuántas veces la vi morir?

Cada palabra salió con más fuerza que la anterior.

—No importa lo que haga. ¡No importa cuánto lo intente! ¡Sigue muriendo!

Sentí que me faltaba el aire.

—Una y otra vez... y otra... y otra...

Mi voz se quebró.

—¡Y otra vez!

Apreté los puños.

—No hables como si fuera tan fácil.

Miré a Subaru directamente a los ojos.

—Tú no sabes lo difícil que es...

Tragué saliva.

—Ver morir a alguien que quieres.

Mi voz se volvió más baja.

—Saber exactamente lo que va a pasar...

Miré de reojo a Mayuri.

—Y aun así no poder hacer nada para impedirlo.

Silencio.

Esperaba que Subaru respondiera.

Que discutiera.

Que dijera que estaba equivocado.

Pero no lo hizo.

Porque entonces lo vi.

Sus ojos.

Por un instante, dejé de ver al chico que acababa de entrar y derrotar a varios soldados.

Vi algo mucho más familiar.

Una mirada que conocía demasiado bien.

Desesperación.

No era miedo.

No era tristeza.

Era algo más profundo.

Como un pozo sin fondo del que no parecía existir ninguna salida.

Un vórtice de desesperación.

Era la misma mirada que había visto tantas veces en el espejo.

La misma que había visto después de cada fracaso.

Después de cada muerte.

Después de cada regreso.

Subaru bajó lentamente la mirada.

—No se trata de si puedes hacerlo.

Levantó nuevamente los ojos hacia mí.

—Se trata de que debes hacerlo.

No entendí qué quería decir.

—Esa chica es tu amiga, ¿no?

Miró a Mayuri.

—Entonces, si tienes una forma de salvarla... lo harás.

Su voz era firme.

—No importa cuántas veces falles.

Hizo una breve pausa.

—Créeme. Sé de lo que hablo.

No pude evitar quedarme mirándolo.

Había algo en la forma en que lo dijo...

Como si aquellas palabras no fueran una simple frase de ánimo.

Como si estuviera hablando desde la experiencia.

Subaru metió la mano en el bolsillo de su chándal y sacó su teléfono.

—Y si vas a seguir intentándolo...

Lo encendió y comenzó a hacer algo en la pantalla.

—No tienes por qué hacerlo solo.

Me lanzó el teléfono.

Lo atrapé por reflejo.

—Toma.

Miré la pantalla.

—Apréndete mi número.

Levanté la mirada.

—¿Tu número?

—Sí.

Subaru señaló el teléfono con la cabeza.

—Si vuelves a intentarlo y las cosas salen mal otra vez, llámame.

Su expresión se volvió seria.

—Si me dices que es una emergencia, iré corriendo.

Apreté el teléfono entre mis manos.

—Pero...

—Por lo que veo, no puedo recordar tus intentos.

Subaru bajó la mirada por un instante.

—No sé por qué. Pero tuve un mal presentimiento desde que mamá y papá me dijeron que viniera a visitarte.

Volvió a mirarme.

—Sabía que tenía que venir antes.

No sabía qué responder.

Había algo extraño en sus palabras.

Algo que no comprendía.

Pero, de alguna manera, escuchar que alguien estaría allí...

Que alguien vendría corriendo si volvía a fallar...

Hizo que mi pecho se sintiera un poco menos pesado.

—Espera.

Di un paso hacia él.

—Todavía tienes muchas cosas que explicar, Subaru.

—Lo sé.

Se giró hacia la puerta.

—Pero no creo que tengamos tiempo para eso.

—¿Qué?

Subaru se detuvo.

Miró una última vez hacia Mayuri.

—Haz lo que tengas que hacer.

Después volvió a mirarme.

—Yo me quedaré aquí y vigilaré.

Sus ojos se encontraron con los míos.

—Y cuando vuelvas...

Señaló el teléfono que todavía sostenía entre mis manos.

—Llámame.

Una pequeña pausa.

—Te dije que vendría corriendo, ¿no?

No pude evitar quedarme en silencio.

Por primera vez en mucho tiempo, la idea de volver a intentarlo no parecía significar que tendría que hacerlo completamente solo.

Subaru abrió la puerta.

—Así que no importa cuántas veces falles.

Su voz llegó desde el pasillo.

—Llámame.