Chapter Text
-¡¿Y que chingados significan esos mensajes, Jordán!? -Grito Diego mientras le aventaba el celular.
-Diego, no mames, no se quien vergas sea -Respondió Jordán mientras levantaba su celular del suelo.
-"Que ricos besos, precioso" ¡Ja! Pues no parece que no sepas que significan.
Jordán y Diego tenían una relación "estable" durante ya 2 años y medio, había comenzado a vivir juntos a los 8 meses de noviazgo porque a palabras de la mamá de Diego "Te la pasas más en su casa que aquí". Pero sus problemas comenzaron hacia unos 2 meses, cuando Jordán comenzó a salir más seguido con sus amigos, haciendo planes de viernes por la noche cada semana, fue cuando en una borrachera Jordán no respondía su celular, a lo que Diego a las 3 de la mañana se puso a ver las historias de sus amigos en común para averiguar donde estaban.
Resulto que estaban en un bar en el centro de Guadalajara, salió a esa hora de su casa en uber para ir en busca de su novio, al llegar todo el grupito de Jordán estaban pedos y decían un chingo de incoherencias.
A la mañana siguiente Jordán recibió un ultimátum de parte de Diego.
"Sí sigues con esas chingaderas, terminamos"
Eso fue en pocas palabras, lo que le dijo el mayor.
Y ahora estaban ahí, en la sala de su departamento con un numero que Jordán no recordaba haber pedido.
Para empezar, él JAMAS le sería infiel a Diego. Lo amaba, lo amaba tanto que en verdad habia dejado de ir a tantas pedas con sus amigos, pero la excusa de Alexis de "El DJ me dio entradas gratis, me he estado mensajeando con él las ultimas semanas por insta" habia sido arrastrado prácticamente por sus amigos hasta el lugar, diciéndole a su novio que no iba a regresar tan tarde.
Y fue verdad, regreso después de que Alexis le pidiera su celular para pasarse unas fotos por "whats" y luego pedir un uber.
Pero no lograba recordar como fue que salió la llamada de su celular al numero desconocido a las 2 de la mañana, sí había salido con su grupo de alcohólicos favorito, pero no se había puesto tan pedo como para olvidar algo así.
Menos sí era algo tan grave como besarse con alguien como decían los mensajes.
-Amor, Campi, escúchame, te lo juro que yo no se quien es, yo nunca te he sido infiel.
-No chingues, Carrillo, ¿Entonces apareció por arte de magia? -Dijo mientras se iba al cuarto donde dormían.
Jordán lo siguió y se quedo en shock al ver como Campillo echaba sus cosas en su maleta.
-¿Qué estas haciendo? -Dijo mientras se acercaba para quitarle la playera a medio doblar.
-Agarro mis cosas -Escupió- Voy a regresar a mi casa, ya no pienso andar aguantando tus chingaderas, Carrillo.
Jordán lo miro con asombro y una decepción profunda en su voz.
-¿De verdad no confías en mi?
La pregunta se quedo en el aire. Diego no lo miro siguió guardando sus cosas en la maleta y antes de salir volteo a ver a Jordán.
-En unos días regresare por mis otras cosas.
Los días pasaron y Jordán había hecho todo lo posible para contactarlo, pero no pudo y el buscarlo en su casa no era opción.
No después de la vez que discutió con su suegra y su cuñada.
No fue hasta que un día Diego regreso con una maleta y una bolsa negra vacía.
Jordán lo dejo entrar, no hablo solo lo miraba de lejos mientras guardaba las ultimas cosas que Jordán ya había dejado en la cama de su habitación.
-¿De verdad todo va a terminar así?
Diego lo ignoro, cuando estaba por salir el menor se interpuso en la puerta.
-Jordán, quítate.
-Amor... por favor, de verdad tiene que haber una explicación, te juro que solo te amo a ti.
Jordán acaricio el rostro del mayor, robándole un suspiro, quien cerro los ojos ante el tacto de la mano cálida de Jordán.
Jordán se paro de puntitas para juntar sus labios, aun con miedo a que lo empujara o le gritara pero soltó un jadeo de sorpresa al escuchar como soltaba las bolsas dejándolas caer en el suelo para abrazarlo por la cintura y pegar sus cuerpos.
No perdieron el tiempo y lo que iba a ser una despedida, termino con ellos enredados en la cama, Jordán le decía que lo amaba, mientras que Diego le besaba los hombros y el cuello.
Al despertar Jordán se movió entre las sabanas, buscando el calor de su novio pero solo recibió el vacío de la cama. Se levanto buscando las cosas de Diego, pero ya no estaban las bolsas negras.
Ni la gorra de la suerte de Diego, que siempre dejaba en el peinador.
Ni la foto de Diego con su abuela cuando tenia 5 años, que siempre estaba en la cómoda de Diego.
Ni el estuche donde siempre guardaba sus pircings.
Sin darse cuenta las lagrimas comenzaron a llenar sus mejillas, haciéndose bolita en el centro de la cama, soltando sollozos y ahogando gritos al sentirse abandonado.
Sin saber que ese día su vida iba a cambiar.
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