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Mi tío me dejó las llaves de su casa de campo.
Fue un momento especial cuando las recibí en mis manos, y aún cuando no era la primera vez que me confiaba una de sus propiedades, como su departamento en New York al tener que viajar también por asuntos de trabajo, en esa ocasión se sintió como mi propia libertad; como un paso más hacia mi completa independencia, consciente de que sus estimaciones de días de ausencia muchas veces se traducen en semanas.
El lugar sería mi escape cuando lo necesitara, cuando me sintiera triste o agobiada, o cuando las cosas en la Casa Walter (con mi nueva familia) se volvieran demasiado alocadas (Ya que las travesuras entre los chicos nunca faltan). Por ello, halagada de la confianza depositada en mí y más que conforme, me surgió enseguida la necesidad de celebrarlo.
Quise compartirle entonces la noticia primero a Alex, que aparte de mi primer novio formal ha sido desde el principio uno de mis mejores amigos (… y quien haciendo a un lado su ego incluso me perdonó luego de que en un lapso de debilidad terminara yo misma arruinando nuestra relación por una infidelidad para después huir como cobarde… Convirtiéndose aquello secretamente en el mayor dilema de mi vida). Quería decirle que ya había encontrado el lugar perfecto para que pudiéramos volver a tener una cita. Privado y tranquilo para que nadie que nos molestara mientras intentábamos terminar de arreglar (para bien o para mal) nuestros asuntos.
Lo iba a hacer, estaba a punto, aunque a decir verdad, más por sentirme en deuda con él y por agradecimiento que porque en realidad me emocionara. Sobre todo, por lo notorio que era lo mucho que se esmeraba para que volvieran a funcionar las cosas entre nosotros, aun cuando ya tenía en su vida nuevas candidatas para conquistar su corazón; como su rubia entrenadora de rodeo, quien siendo inclusive un poco mayor se veía que lo adoraba, y con la que sabía además que se había involucrado… Por ello al final, rememorando a fondo aquel complicado conjunto de sucesos en su magnitud me contuve de escribirle y guardé mejor de vuelta en un bolsillo de mis jeans el celular que ya tenía en la mano.
Sí tenía sentimientos por Alex Walter, no voy a mentir. Me gustaba y lo estimaba muchísimo, pero lo que teníamos no era amor... Al menos, no de mi parte. Muy dentro de mí sabía que me resultaría muy difícil superar al verdadero causante de mis confusiones y desdichas…
Ya vería como arreglaría ese asunto con el cuarto hijo Walter lo más pronto posible, me dije, dejándome de engañar a mí misma y más que nada, antes de que Alex pudiera salir lastimado, porque no se lo merecía… Como yo tampoco a él me lo merecía.
Decidí de tal forma, ocupar mi tiempo allí ese primer día de lleno en algo necesario y volví así hasta la entrada a la sala, donde mi tío armara el altarcito del “Día de muertos” en honor a nuestra familia perdida, solo que con su personalidad despreocupada no había tenido el cuidado suficiente de no ensuciar el suelo en derredor durante el proceso, por lo que para respetar a totalidad nuestra tradición cultural, me puse a limpiar.
Encontrándome sola frente a aquel lugar me di cuenta minutos después sin embargo, que aquello no había sido la mejor opción, puesto que no tardaron en invadirme un montón de sentimientos encontrados: tristeza, nostalgia, rabia con el cielo y el destino por la injusticia de ponerme en esa situación, dejándome casi sola… pero igual me armé de valor para enfrentarlos y equipada con una funda de basura, franela, desinfectante, escoba y recogedor en mano me dediqué con minuciosidad a dejar todo en orden e impecable. Y tan concentrada me encontraba en la tarea que no escuché cuando se abrió la puerta trasera, que en ese rato no tenía seguro, ni mucho menos percibí pasos hasta que el ligero toque de un dedo en mi espalda me hizo sobresaltar y pegar un grito, haciéndome pasar de la tristeza al terror en un instante, y de ahí a un inmediato nerviosismo cuando al voltearme me di cuenta de quien era... De que se trataba de nada menos y nada más que del irresistible Cole Walter. El único responsable de mis desvelos.
Con su bella sonrisa siempre ganadora y su cabello rubio como el sol luciendo todavía más deslumbrante iluminado por la luz del atardecer que ingresaba por la ventana de la sala, consiguió embelesarme en cuestión de segundos, despejando con su propia calidez e inigualable arrolladora vibra los nubarrones de mi denso invierno interior.
-Así que llevándote un buen susto Nueva York, jaja debe ser por el peso de tu conciencia sucia- bromeó, pero apenas lo dejé terminar antes de que en una natural reacción que no esperaba de mí misma (y por la que después bastante me asombré), sensible como estaba, me encontré de pronto rodeándole la cintura con los brazos y apoyando la cabeza en su fornido pecho como si fuese un refugio para mis tormentas. Desde donde pude escuchar con claridad además en respuesta, los rápidos latidos de su también impresionado corazón.
De repente cambiaron todas mis emociones siendo reemplazadas por otras positivas y me sentí feliz de que estuviera allí, de que por lo que fuera que lo hubiese motivado a hacerlo, hubiese ido a buscarme; de que hubiese pensado en mí y apareciese de súbito aclarando mi oscuridad.
-¡Vaya, después de todo sí me quieres!– mostrándose sorprendido, exclamó. Afirmación ante la que, avergonzada, obviamente tenía que argumentar algo. Explicar que quizá había sido un acto reflejo por mi sobrecarga de emociones.
-¡Cierra la boca, Cole!– terminé, no obstante, soltando a manera de regaño, esperando que no se me notara en la voz el temblor que todavía me duraba por mi previa pena. Olvidando que a él no se le pasaba ninguna.
-Hey, un momento… ¿has estado llorando? – Su actitud al instante varió, dejando de lado sus ganas juguetonas de querer seguir mofándose de mí para pasar a una sincera preocupación que podía leerse con claridad en sus ojos; tanta que no se contuvo de acunarme las mejillas entre las manos, terminando con ello de desarmarme.
Volviendo por ende a reconocerme vulnerable al ser descubierta, no pude continuar sosteniéndole la mirada, ni tampoco reprimir más mis lágrimas, y Cole al observar allí con mayor atención la pared junto a nosotros, comprendió el motivo de mi aflicción.
-Oh! Ya veo… Ya entiendo el por qué estamos tristes de nuevo…- musitó, y sin perder tiempo, estrechándome contra sí para reconfortarme, se dedicó a tratar de hacer cualquier cosa para que me sintiera mejor. -Voy a decirte algo Nueva York y quiero que me escuches bien- sosteniéndome de los antebrazos exigió que lo mirara -No estás sola. Nunca vas a estarlo porque ya eres parte de la familia. De mi familia… Ahora eres mi familia Jackie Howard y necesito que lo tengas presente-
En agradecimiento a sus palabras y a que tuviera en cuenta lo que le compartiera durante la fiesta de Halloween, no pude más que esconderme en sus brazos a la espera de que mi llanto cesara, en tanto secándome él luego las lágrimas con sus dedos, se ocupó de intentar calmarme atreviéndose a esparcir pequeños besos tiernos por toda mi cara, que por supuesto, me descolocaron.
-Tranquila mi amor, dentro de poco te sentirás mejor. Te llevaré a pasear al centro del pueblo y despejarás la mente. ¡Vamos ahora mismo a dar un vueltazo a la feria! - con su nata energía y sin complicarse, como si encontrar en la vida remedios para no sentirse mal fuera lo más fácil del mundo y aparte su especialidad, de tal manera empezó a halarme sin miramientos en dirección a la puerta principal. Razón por la que tuve que detenerme privándome de seguirle el ritmo. No porque no quisiera, sino por pura responsabilidad.
Era como un vendaval. Sus gestos cariñosos al igual que sus frases dulces me cohibieron, haciéndome sonrojar y terminó de desbaratarme con su repentina y entusiasta proposición para que saliéramos. Me había llamado además por primera vez “Mi amor”, mandándome a volar la mente, por lo que no supe al final de cuentas de donde saqué fuerzas para frenarlo, teniendo contra mi pesar que separarme.
Debía tener en mente todo el tiempo que “todo él” y sus detalles eran una combinación comprometedora y peligrosa para conmigo, como una bomba que en cualquier rato de no manejarla con cuidado, podía explotar.
-Cole…, la verdad es que no creo que sea buena idea. Hoy no me siento muy bien como para salir, prefiero quedarme solo un rato aquí… Pero de todas formas te agradezco de corazón la sugerencia- tuve que acotar poniéndole encima una mano en el pecho para guardar la necesaria distancia, aunque aquello en el fondo me dolió. Y no mentía respecto a mi completa indisposición, habiendo variado aparte mi estado de ánimo para esas alturas a secreta frustración... Estando consciente además de mi pena que lo más recomendable era que no nos vieran juntos por el pueblo cuando todavía había entre su hermano y yo asuntos inconclusos. Lo último que quería era despertar chismes (allí donde todo el mundo se conocía) que pudieran llegar a oídos de Alex, sin antes de yo misma hablar con él.
-Creo que comprendo... Lo siento, no quería incomodarte y tampoco que pienses que soy un aprovechado… Ya sé, te traeré mejor un vaso de agua y algo de comer para que subas ese ánimo. ¿Richard tiene víveres aquí, no es cierto?- rascándose la nuca junto a una pequeña sonrisa de aprieto, Cole casi sin demora profirió y rápidamente sin siquiera esperar respuesta se dirigió de vuelta a la cocina, evitando mirarme y visiblemente incómodo. Lo que me dio a pensar que contra todo pronóstico y aunque se empeñara en esconderlo, aparentando que no le afectaba, estaba nervioso (algo que pocos podían siquiera imaginar del chico más guapo y popular de Silver Falls; el más brillante y “recordado” jugador de football de la preparatoria del pueblo y ahora asistente del entrenador; del hijo más carismático de los Walter; de una leyenda de su talla) y era por mi causa.
No queriendo que sintiera mi negativa como un rechazo, entonces sin dudarlo lo seguí.
- ¿Por qué “mejor” no me cuentas el motivo por el que viniste aquí? – propuse, recalcando una de sus palabras con sumo interés mientras me unía a él en el mesón, sentándome enfrente para poder contemplarle en su concentración al extraer ingredientes de la nevera para luego comenzar a prepararme con esmero un submarino. Me sequé los rezagos de mis lágrimas al disimulo y con rapidez al tiempo, intuyendo con probabilidad que mi rímel para esas alturas ya debía haberse corrido -Acaso ¿Tienes algo importante que contarme? – y sin soportar la curiosidad, al final pregunté
-Bueno, te fui a buscar primero a la casa ni bien volver de la escuela y al no hallarte supuse que tal vez estarías aquí… Recordé que le contaste a Má la otra noche durante la cena, dónde guarda Richard la llave de repuesto y pensaba entrar así, pero hallé la puerta sin seguro… y bueno, te encontré- encogiéndose de hombros sin complicarse en tanto armaba un par de dichos sándwiches para los dos, y tomándose unos segundos para mirarme con su típica intensidad, Cole relató, mas al ver mi expresión expectante ante lo que tenía todavía por contar, prosiguió
-En realidad sí necesitaba decirte que…- comenzó a argumentar de pronto con seriedad (haciéndome contener en un repentino ataque de nervios, la respiración, anticipando con lo que podía salir). Sin embargo, su típico modo buena onda volvió de súbito y con ello soltó su buena noticia sin más rodeos - ¡Pasé los exámenes con excelentes notas! -
La alegría de ambos por aquello fue instantánea y nos invadió por completo. Él con su esfuerzo y yo habiendo contribuido de forma directa para ayudarle. Fue tanta, que emocionada me olvidé en ese rato de lo demás y saltando del taburete me puse a dar pequeños brincos de felicidad como niña pequeña, ante lo que él no tardó en abrazarme. Contacto al que correspondí allí sí a plenitud, pues ambos nos lo merecíamos.
Fue un abrazo de oso; tan fuerte y profundo que Cole hasta terminó por levantarme del suelo, haciéndome girar en un arrebato de espontaneidad.
- ¡Felicidades! - exclamé riendo, realmente contenta por su logro, solo que obligándome después a quedarme quieta y a volver a ponerme seria a la espera de que me bajara, recordando los límites que había entre nosotros, que no podíamos cruzar.
- ¡Lo logré y fue gracias a ti! - Cole entusiasmado, no obstante, expresó zamarreándome feliz de los brazos, tratando de hacerme ver lo significativo del suceso y de volver a encender la euforia en mí.
Nos quedamos mirando de tal modo a los ojos hasta que él comprendió que yo no iba a cambiar de nuevo de actitud cuando agaché la cabeza, lo que motivó a que la conversación importante que teníamos pendiente y que debido a nuestro tenso tratado de “Solo amistad” habíamos estado posponiendo, repentinamente fuera inminente.
-Qué pasa Jackie?, ¿todavía sigues sintiéndote incómoda conmigo? – de frente, tal como esperaba, Cole me increpó - ¡Hasta cuándo vas a continuar alejándote de mí cuando sabes que me muero por ti!...- Su protesta era justa y para ampliar mi interno suplicio pude notar en su rostro el dolor que guardaba -…Pensé que teníamos algo, que en el fondo lo que sentíamos era mutuo. Por ello te he estado esperando, respetando tus tiempos y tu espacio. Realmente esperaba que esta vez fuera diferente y se nos diera-
-Cole…- traté de frenarle, pero prosiguió
-Jackie, me he esforzado y cambiado buscando ser una mejor persona para ti… Porque te amo. ¡Te amo!... ¿Es tan difícil que lo veas? -
Su desesperada declaración me dejó sin habla y al segundo siguiente lo primero en reaccionar en mí fueron mis ojos, encargándose de fabricar nuevas lágrimas esta vez en su honor, por conmoverme así.
-Yo también tengo sentimientos encontrados por ti, pero este no es el lugar adecuado para tratar sobre ello- nerviosa admití, aunque siempre prudente (con él) intenté apartarme, mas me retuvo del brazo.
- ¿Ah, no y entonces dónde? – reclamó -Lo siento Jackie, pero esta vez no voy a dejarte ir hasta que me digas toda la verdad-
-Cole, no…- en un susurro, reconociéndome perdida al tiempo que me halaba hacia sí, le rogué, y aunque moviendo la cabeza de forma cobarde intenté impedírselo, tal como ocurriera la primera vez que nos besáramos, él de igual forma percibiendo mi poca convicción al respecto hizo caso omiso y volvió a atraerme hacia su cuerpo, reteniéndome de la cintura, precisando aclarar de una vez por todas nuestras dudas.
-Necesito saber qué es lo que sientes. Si se trata de lo mismo que siento yo por ti- demandó antes de decidido inclinarse hacia mí y reclamar de nuevo mis labios.
Algo en mi interior me dijo que no podría olvidar nunca su mirada enamorada previo a ello, ni su determinación; al igual que el asombro que me asaltó al darme cuenta de cuánto había extrañado sus besos, despertándose en mí de tal forma una pasión tan arrolladora que me hizo terminar aferrándome con los puños cerrados a la solapa de su chaqueta antes de abandonarme de nuevo entre sus brazos.
Desde que lo conocí intuí que corría el riesgo de que Cole Walter se me volviera una adicción y con el tiempo solo lo comprobé. Supe que era cierto lo que todas las chicas decían sobre “Su efecto”. Que fascinaba… Su forma de actuar, su manera indecente de besar, todo de él me resultaba como un fármaco poderoso capaz de hacerme olvidar por momentos de mis penas y estrés de la vida; capaz de hacerme liberar y sentir viva, y en esa ocasión recibí una dosis muy alta.
La parte responsable de mi cerebro contra el deseo de mi cuerpo, empero, reaccionó al cabo de unos pocos minutos, recordándome que debía tener cuidado debido a quién era en realidad él. Un chico bello, pero también un total red flag: rebelde, despreocupado y bastante mujeriego... Un problema que a pesar de todo, yo francamente adoraba.
Tuve por lo tanto que con gran esfuerzo detenerme, reuniendo como pude toda mi fuerza de voluntad. Consciente de que debíamos parar o podíamos llegar demasiado lejos.
Él me hizo caso sin obligarme a nada y en consideración por ello y al rápido latir de su corazón que logré percibir con claridad al presionar mi mano contra su pecho, que solo me corroboró que lo que me decía era verdad, hundí al final mi rostro en su hombro necesitando aún con todo de su protección, reconociéndolo como un refugio.
Era increíble pero cierto. Él, el inalcanzable, el sueño de todas en la Preparatoria de Silver Falls, me había dicho que me amaba, y yo, habiendo llegado a conocerle lo bueno y lo malo, lo amaba también.
Con mi pequeño acto, lo entendió.
- ¿Ves que no era tan difícil? Ya me respondiste. Ahora quiero que me digas si me vas a dar una oportunidad- requirió saber con sus bellos ojos felinos radiantes de entusiasmo y emoción, luego de conseguir robarme el aliento, y en ese momento mis piernas trémulas me fallaron, pero me sostuvo entre sus recios brazos.
-¡Hey, hey, hey, estás temblando! Creo que mejor te llevo a que te recuestes un rato antes de que te me desmayes- profirió orgulloso de sí mismo por los estragos que me causaba, con una radiante sonrisa, y por lo tanto, al instante siguiente y como si fuese ligera como una pluma, con un solo brazo logró levantarme para después conducirme cargada, como un esposo a su esposa en la noche de bodas, a la sala. Brindándole a mi mente con ello motivos para alarmarme… al igual que para fantasear.
-No temas cariño, no muerdo…- con un guiño ganador así, al percatarse de mi nerviosismo, expresó, lo que me hizo querer de inmediato que me tragara la tierra de la vergüenza en tanto me colocaba sobre el sofá -Solo siéntate aquí o acuéstate y yo te traeré lo que dejamos en la cocina-
El pequeño lapso a solas que prosiguió a aquello me fue suficiente para pensar en toda la montaña rusa que estaba viviendo. Esa tarde Cole me había consolado en mis tristezas, me había llamado “Cariño y su amor”, me había besado y también me había llevado en brazos, qué más podía pedir. De repente me advertí como dentro de una ensoñación y el sentimiento se acrecentó al asaltarme un dulce pensamiento sobre él y yo ya casados, tal como Katherine y George (su mamá y su papá) o Will y Haley (su hermano mayor y su esposa), llevando una existencia bonita y tranquila en el pueblito, teniendo nuestra propia familia. El lugar ya no importaba, solo que estábamos juntos… Por lo que sobrecogida por aquella idea tan sublime al final me levanté y caminé de vuelta hacia él. Ya hablaría con Alex después.
Lo encontré terminando de elegir unas bebidas de la refri para completar nuestro aperitivo, de espaldas a la puerta; y ya sin miedo de no poder controlarme, ahora que sabía que él podía portarse bien si se lo pedía, incluso hasta llegando a ser tierno y atento como me demostrara ese día, sin contenerme más, le abracé por detrás, y aquello fue la ratificación de mi contestación a lo que tanto esperaba.
-Estoy lista…- inclinándome cerca de su oído, susurré -Lista para darnos la oportunidad que merecemos-
Él, volteándose hacia mí impresionado, dejó de lado de inmediato lo que estaba haciendo para acariciarme la mejilla y sus ojos verdes en ese preciado instante parecieron tintinear con incredulidad. Yo cerrando los míos y disfrutando de su roce, coloqué mi mano sobre la suya.
- Pudiste haber dicho tan solo “Yo también siento lo mismo por ti, Colorado” o simplemente “Te amo Cole” desde un principio… No hubiésemos desperdiciado así tanto tiempo- a manera de regaño en broma, entonces manifestó haciéndome sonreír. Sin embargo, al final su reclamo tomó seriedad cuando volvió a fijar su mirada en mi boca y me hizo retroceder lentamente hasta arrimarme a una de las paredes, donde cubriéndome con su vigoroso cuerpo y su estatura en ventaja en comparación a la mía, un segundo beso no tardó en llegar.
-Yo también te amo Cole- confesé por fin contra sus labios y fue liberador. Al hacerlo tuve la certeza de encontrarme en el lugar donde debía estar.
-¡Lo sabía!- me respondió con una sonrisa, emocionado, y al instante volvió a llenarme de más besos eufóricos y abrazos, con lo que en el colmo de la dicha, alucinados los dos, en algún momento nos dejamos caer entrelazados al piso. Cole quedando debajo y yo a horcajadas sobre sus piernas, con nuestros cuerpos en pleno contacto.
-No te preocupes. No haré nada que no quieras. Te cuidaré a partir de ahora Nueva York, con mi vida- leyendo en mí incluso antes de que pudiera salirle con alguna de mis inseguridades, prometió; y acariciándole esta vez yo el rostro en respuesta, le agradecí
-Confío en ti- indiqué
Su magnetismo enseguida volvió a absorberme, transformándoseme él, de nuevo al estrecharnos y besarnos, en todo mi mundo, al punto de hacerme olvidar del que había afuera con todos sus problemas. Mi anestesia personal.
El ardor dentro de mis venas, ese que se me suscitaba en exclusiva al pensar en él o al tenerlo cerca, se expandió de tal modo por todo mi cuerpo hasta fundirse con las mariposas enamoradas que sentía revolotear por su causa dentro de mí, produciéndome estrellas en mi bajo vientre.
Podía percibir la claridad y calidez del sol a través de mis párpados cerrados, más para mí el único astro estaba allí dentro de la casa conmigo y era Él…, cubriéndome con su calor y disolviendo mi invierno interior. Aquel que desde hacía tiempo yo llevaba en el alma… Enseñándome del modo más arrevesado y loco a amar.
FIN
