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Chico Estrella

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Lamine se obsesiona con el jugador que no lo pudo hacer destacar en la final del mundial.

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España era campeona del mundo y habían conseguido su segunda estrella, ganándole nada más y nada menos que a la selección argentina que eran campeones vigentes de Qatar 2022. Lamine Yamal debería estar feliz por haber conseguido tal logro, pero en vez de eso, seguía cabreado por todos los intentos de hacer algo en la cancha que fueron frustrados por el jugador argentino con el dorsal 3. No importaba si tenia la copa del mundo y la besaba para la foto. En las redes sociales lo criticaban por no haber hecho nada en la final, pero no es que pudiera con ese argentino detrás suyo. Le pareció tan molesto que no le dejase brillar que un mes después de la final, no dejaba de pensar en ello.

 

Había investigado todo sobre el jugador, tanto su vida profesional como futbolista, como su vida personal hasta llegar a sus videos en YouTube -y transmisiones en Twitch- que Lamine se tomo todo el tiempo del mundo para mirar entre los descansos de los entrenamientos de su club,  el FC Barcelona.

 

Se había hecho una cuenta anónima para seguirlo en sus redes sociales. Estaba atento a cada noticia que salía sobre él en medios deportivos y recopilaba toda la información en un archivo en su computadora. No era sano y estaba descuidando su relación con su novia Inés, pero no le importaba. La carrera que estaba construyendo y su futuro como chico estrella de España se estaba desmoronando porque no importaba que hiciera, si consiguió más logros, todos recordarían que no hizo nada en la final del Mundial 2026.

 

Lo minimizaban por solo haber hecho un gol en todo el mundial siendo que como jugador joven había logrado muchas cosas que, aunque no estaban todavía al nivel de las grandes estrellas del futbol, lo perfilaban a convertirse en uno. Faltaban cuatros años para el próximo mundial, para que los ojos de todo el mundo -de hasta los que no miraban fútbol- vuelvan a él y tuviera oportunidad de demostrar que merecía ser una estrella. Mientras tanto, debía escuchar las mismas criticas una y otra vez que no eran peor que su gente criticándolo por sus origenes. Lo que dolía, aunque no iba a decirlo nunca porque sabia que la gente era insensible y que tomarían eso para incrementar el odio que ya le tenían por ser Lamine Yamal.

 

Dirían que se lo buscó por sus actitudes, pero era una coraza que se había puesto al comenzar a ser reconocido muy joven y tener la presión de ser el mejor de su generación cuando las estrellas como Lionel Messi y Cristiano Rolando todavía jugaban, sim embargo, estaban cerca del retiro. Y eso significaba que habría un especio para llenar, no sin comparaciones, por supuesto. A Messi lo habían comparado con Diego Maradona hasta su final y lo había superado, aunque los fanáticos más puros de Maradona lo negaran.

 

Lamine no es que quisiera ser mejor que ellos y superarlos, pero si lo hacía algún día significaría que ser el chico estrella no era un apodo puesto en vano.

 

—¿Qué estás haciendo? —pregunto Pau Cubarsí para después llevarse la cuchara con yogurt a la boca. Lamine estaba sentado a su lado con el móvil en la mano.

 

—Nada.

 

—No has probado bocado.

 

Como si recodará su yogurt con rebanadas de frutas, agarró la cuchara y se llevo un poco a la boca, sin despegar la mirada del móvil en ningún momento.

 

—¿Pero que tanto miras en tu móvil?

 

—Solo estaba mirando tiktoks.

 

Cubarsí lo miro con una ceja alzada, sin tragarse sus palabras porque hace tiempo que lo veía distraído.

 

—Estás raro, tío.

 

—Estoy bien, ¿vale?

 

—Ya.

 

Se acomodó el audífono del oído para volver a reproducir el video de Tagliafico abriendo cartas de Pokémon. Era como la cuarta vez que veía el mismo video, empezaba a memorizar cada gesto, palabra y sonrisas que se me escapaban. En el fondo le gustaban esos videos porque él también era fanático de esa serie y tenia su propia colección de cromos. Las que tenía Nicolás eran algunas que le faltaban. Lamine necesitaba saber a quién se las compraba y se le ocurrió una idea un poco loca.

 

Después del entrenamiento. Lamine fue directo a su departamento sin despedirse de nadie como si estuviera llegando tarde a algún lugar. Al cerrar la puerta detrás suyo, sacó el celular del bolsillo de sus pantalones cortos y con solo un par de mensajes a unos contactos, logro saber quien le vendía a Tagliafico los cromos.

 

No le importo tener que gastar una gran cantidad pasta en comprarlas las cromos reversadas para Tagliafico. No había sido fácil convencer al distribuir de que se las de, pero un par de billetes de más lo hizo ceder.

 

Y así como al pasar el tiempo hizo lo mismo, sabiendo que frustraría al argentino que no comento nada al respecto en ninguna transición o video, sin embargo, por la actitud de este antes de cortar el último stream, Lamine noto que parecía estar desconcertado por algo. Se pregunto si sería por él. Pensar que era la causa le hizo sentirse bien. Por primera vez después de mucho tiempo sonrió.

 

El primero en darse cuenta que Lamine estaba más sonriente de lo normal esa mañana fue Gavi. Estaban en el vestuario, atándose los cordones de los botines cuando lo vio mirando el móvil como ya era costumbre. Pablo supuso que estaba hablando con la novia y no presto mucha atención al principio. Hasta que Lamine dejo el móvil en la banca mientras iba a las duchas. Pablo noto que la pantalla estaba encendida y no iba a mirar porque no era tan cotilla, pero no pudo evitar mirar y frunció el ceño al ver un video pausado de un canal de YouTube llamado “Tagliafico3”.

 

—¿Pero qué es esto? —dijo Pablo en voz alta.

 

—¿De que hablas, hombre? —le pregunto Pedri, dándose la vuelta al escucharlo.

 

—Lamine mira los videos de ese argentino Tagliafico.

 

—¿Y qué?

 

—Lamine le tiene bronca. No ha parado de quejarse de él como un pasao, ¿por qué vería sus videos?

 

—No lo sé, pero no creo que sea nada en lo que debas meterte. No seas cotilla.

 

—No soy cotilla.

 

—Si, lo eres, Pablo.

 

—Que no, hombre —contesto, indignado.

 

—Eres igual a Lamine, tú también te quejas de Paredes.

 

—Es diferente. El capullo de Paredes me ha pegado.

 

—Te metiste cuando estaba peleando con Eric.

 

—Solo quería defenderlo.

 

Pablo no dijo volvió a mencionar a Paredes porque todavía le cabreaba lo tan animal que fue al arrojarlo al césped sintético en el MetLife Stadium. Cuando Lamine regreso no le comentaron nada sobre haber visto su móvil, ¿para qué? No es que fuera algo preocupante tampoco. Él seguía entrenando como siempre, aunque eso sí, estaba raro. Recodaba a Pau haberlo mencionado de pasado, pero nadie le hizo caso.