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Propiedad de Gen Asagiri

Summary:

Senku Ishigami es un beta incapaz de percibir feromonas, por eso nunca descubre que Gen Asagiri, omega dominante y su mejor amigo lleva años marcándolo en secreto para ahuyentar a cualquier posible pretendiente. Todo queda expuesto cuando Luna, una omega de intercambio, se desmaya al intentar acercársele.

Obligado a enfrentar el secreto peor guardado de la universidad, Senku descubrirá que detrás de aquellas feromonas posesivas se esconde un amor tan dramático como sincero… y que quizá no le desagrada tanto pertenecerle a Gen.

Work Text:

Había dos verdades que casi toda la universidad conocía. La primera era que Gen Asagiri estaba profunda, irremediable y ridículamente enamorado de Senku Ishigami. La segunda era que Senku Ishigami no tenía la menor idea.

Gen era un omega dominante, una rareza incluso dentro de una universidad tan grande. Sus feromonas poseían la fuerza suficiente para hacer retroceder a un alfa y doblegar a un omega común si perdía el control. Era encantador, hermoso y dueño de una personalidad magnética que atraía miradas en cada lugar al que iba. Tenía pretendientes de sobra, invitaciones constantes y tantas cartas de admiradores que había dejado de abrirlas hacía años. Sin embargo, para desgracia de su orgullo y de su frágil corazón, se había enamorado precisamente del único hombre inmune a todos sus encantos naturales.

Senku, un beta que no podía percibir feromonas, no respondía a las jerarquías instintivas y tampoco comprendía la diferencia entre una insinuación romántica y una conversación sobre el clima. Gen podía acercarse cubierto por el aroma más dulce y seductor que su cuerpo fuera capaz de producir, inclinarse sobre él hasta rozar sus labios y susurrarle que deseaba pasar el resto de su vida a su lado; Senku probablemente interpretaría que estaba cansado y le recomendaría dormir ocho horas.

Aquella incapacidad para percibirlo debería haber desanimado a Gen, pero en cambio, había sido una de las razones por las que terminó enamorándose aún más de él.

Senku jamás lo trató como una criatura delicada por ser omega. Nunca se sintió intimidado por su condición dominante ni intentó conquistarlo para exhibirlo como un trofeo. Para Senku, él solo era Gen, el mentalista irritante que hablaba demasiado, invadía su laboratorio, robaba su comida y era capaz de comprender sus ideas antes de que terminara de explicarlas. Aquella naturalidad había derribado poco a poco todas las defensas de Gen.

Primero se enamoró de su inteligencia. Después de su sinceridad brutal, de su extraña manera de cuidar a los demás fingiendo que solo resolvía inconvenientes y de la forma en que siempre guardaba para él una bebida en el laboratorio, aunque insistiera en que simplemente había comprado una de más. Finalmente, cuando quiso darse cuenta, ya estaba enamorado de todo, de su cabello imposible, de sus ojos rojizos, de su sonrisa arrogante y hasta de la costumbre insoportable de medir cualquier posibilidad romántica mediante porcentajes.

Por eso mismo no podía confesarlo. Gen era capaz de mentir frente a centenares de personas sin que le temblara la voz. Podía manipular una conversación, descubrir secretos con solo observar un gesto y representar una tragedia completa si aquello le permitía conseguir lo que deseaba. Pero cuando imaginaba la posibilidad de mirar a Senku a los ojos y decirle que lo amaba, todas sus habilidades desaparecían.

No temía que Senku se burlara de él. Senku podía ser cruelmente directo, pero jamás utilizaría sus sentimientos para lastimarlo. Lo que Gen realmente temía era perderlo. Si Senku lo rechazaba y comenzaba a sentirse incómodo con su cercanía, Gen perdería las mañanas en el laboratorio, los almuerzos compartidos y la libertad de abrazarlo cuando quisiera. Prefería vivir con un amor silencioso antes que arriesgar la única relación sin la cual ya no sabía imaginar su vida, Pero eso no significaba que estuviera dispuesto a permitir que alguien más se acercara a Senku. 

La primera vez que dejó sus feromonas sobre él había sido accidental. Ambos todavía se encontraban en los primeros años de universidad y Gen había apoyado la cabeza en su hombro durante un viaje en tren. Al bajar, una alfa que llevaba semanas intentando invitar a Senku a salir se acercó para hablarle, pero se detuvo apenas entró en contacto con el aroma del omega dominante. Miró a Gen, observó la mano que mantenía posesivamente sobre el brazo de Senku y se marchó después de ofrecer una disculpa apresurada.

Senku no comprendió lo ocurrido, Gen sí. Desde aquel día, lo accidental se transformó en costumbre, y la costumbre terminó convirtiéndose en una descarada declaración territorial.

Gen aprovechaba cualquier oportunidad para perfumarlo. Lo abrazaba por la espalda y deslizaba el rostro contra su cuello; le acomodaba las solapas de la bata mientras frotaba las muñecas contra la tela; tomaba prestadas sus chaquetas y se las devolvía cubiertas por una concentración de feromonas tan intensa que cualquier alfa u omega podía detectarla desde el otro extremo de un pasillo.

Senku, incapaz de percibirlas, se ponía la ropa sin sospechar nada. Todo el campus interpretaba el mensaje con absoluta claridad, aquel beta ya tenía un omega, y su omega era dominante, posesivo y peligrosamente celoso.

Los amigos de ambos también conocían la verdad. Kohaku había reprendido a Gen más de una vez por exagerar. Yuzuriha abría las ventanas cuando él entraba después de perfumar a Senku, y hasta Ryusui, quien rara vez se intimidaba ante alguien, respetaba la distancia cuando el aroma se volvía demasiado intenso. Chrome no podía percibir feromonas por ser beta, pero había presenciado suficientes reacciones para comprender lo que sucedía.

Sin embargo, ninguno se lo había contado a Senku. Gen siempre sonreía cuando el tema estaba a punto de surgir. Era una sonrisa preciosa, amable y tan cargada de advertencias que todos recordaban repentinamente cuánto apreciaban seguir con vida.

Aquella mañana, Gen llegó al laboratorio antes de las ocho. Senku estaba inclinado sobre una mesa, concentrado en ajustar las piezas de un pequeño sensor atmosférico, cuando el omega se deslizó a su espalda y lo rodeó con ambos brazos.

—Buenos días, Senku-chan —saludó Gen, apoyando la mejilla contra su cuello.

—Son las siete y diecisiete. No hay nada bueno en eso —respondió Senku sin dejar de trabajar.

—Tu entusiasmo por verme siempre consigue conmoverme.

Gen sonrió y cerró los ojos. El corazón le latió con aquella fuerza torpe que todavía lo traicionaba cada vez que abrazaba a Senku. Hundió un poco más el rostro en la curva de su cuello y liberó lentamente sus feromonas. El aroma dulce de la canela mezclado con un fondo de especias, se extendió sobre la piel y la ropa del beta.

—Estás demasiado frío —murmuró.

—No recuerdo haberte autorizado a abrazarme.

—Tampoco me has apartado.

Senku hizo una pausa. Podía haberlo hecho, por supuesto. Gen no era especialmente pesado y habría bastado un movimiento para obligarlo a retroceder. Sin embargo, en lugar de intentarlo, reanudó su trabajo con el omega todavía aferrado a su cintura.

Gen sonrió contra su cuello. Aquellos pequeños permisos eran el alimento de su esperanza. Senku protestaba, se quejaba y lo llamaba parásito, pero jamás se alejaba de él. Le permitía entrar en su laboratorio, dormirse sobre su hombro y robarle espacio en la cama cuando las noches de estudio se prolongaban demasiado. Gen sabía que ninguna de esas cosas constituía una confesión amorosa, pero su corazón las coleccionaba como si fueran promesas.

—¿Ya terminaste? —preguntó Senku después de varios minutos.

—Todavía no.

Gen se apartó apenas lo necesario unos minutos después y solo para girarlo por los hombros. Senku lo miró con evidente impaciencia, pero no protestó cuando el omega comenzó a arreglarle el cuello de la camiseta. Gen frotó disimuladamente las muñecas contra la tela antes de alisar las solapas de su bata.

—Ahora estás presentable —declaró.

—Estaba presentable antes de que llegaras.

Gen levantó la mirada y estuvo a punto de burlarse. Sin embargo, Senku lo observaba con aquella tranquilidad absoluta y el valor de Gen volvió a desvanecerse y en lugar de burlarse, sonrió.

—Procura que nadie intente robarte mientras no estoy —dijo, rozando deliberadamente su mejilla contra la sien de Senku.

—Deja de decir tonterías.

Gen suspiró.

—A veces me pregunto cómo puedes ser tan inteligente y tan estúpidamente ingenuo al mismo tiempo.

Senku alzó una ceja, pero el omega ya se alejaba hacia la puerta. Antes de salir, Gen lo miró una vez más. La bata, el cuello y el cabello del beta estaban impregnados con una cantidad indecente de sus feromonas. No existía un alfa u omega en toda la universidad que pudiera acercarse a Senku sin comprender inmediatamente que alguien lo había reclamado. Satisfecho, Gen se marchó hacia su facultad.

Fue precisamente aquel día cuando Luna Wright llegó a la universidad. Ella era una omega estadounidense que cursaría un semestre de intercambio en la Facultad de Medicina. Había pasado la mañana completando documentos, recibiendo indicaciones y tratando de memorizar la ubicación de edificios que le parecían idénticos. Mientras atravesaba el patio central con una carpeta apretada contra el pecho, levantó la mirada y vio a Senku.

El beta se encontraba agachado junto a un sensor, discutiendo con Chrome acerca de un error en los registros. La luz del mediodía se deslizaba sobre su cabello, resaltando las puntas verdosas, y una sonrisa arrogante apareció en sus labios cuando consiguió corregir el problema que los había mantenido ocupados.

Luna dejó de caminar. No sabía su nombre, su facultad ni su dinámica secundaria. Solo vio a un joven de aspecto extraño, ojos intensos y manos precisas que parecía comprender el mundo de una manera que nadie más podía hacerlo. Fue una atracción inmediata, tan repentina que sintió cómo el calor ascendía hasta sus mejillas.

—¿Quién es él? —preguntó a una estudiante cercana.

—Senku Ishigami —respondió la muchacha—. Estudia Física Aplicada, aunque pasa más tiempo en los laboratorios que en las aulas.

Luna repitió el nombre en silencio. Después respiró profundamente, acomodó su cabello y decidió presentarse. A partir de aquel instante, la realidad quedó reducida a lo que Senku podía comprender.

Él había notado a la desconocida varios minutos antes, pero no le concedió demasiada importancia. La identificación colgada alrededor de su cuello indicaba que era una estudiante de intercambio y la forma en que observaba los edificios sugería que se encontraba perdida. Cuando la vio comenzar a caminar hacia él, dedujo que necesitaba indicaciones.

Aquella explicación era diez mil millones por ciento más razonable que pensar que una completa desconocida se había enamorado de él desde el otro extremo del patio.

Senku regresó su atención al sensor. Esperaba que la joven formulara su pregunta al acercarse, pero escuchó que sus pasos se detenían de manera repentina. Levantó la mirada.

La omega permanecía inmóvil a varios metros de distancia. La expresión ilusionada había desaparecido de su rostro. Tenía los ojos muy abiertos, los labios separados y una mano presionada contra su pecho. Senku observó cómo su respiración se volvía rápida y superficial.

—¿Te encuentras bien? —preguntó.

Luna quiso responder, pero en cuanto abrió la boca recibió otra oleada del aroma que cubría al beta. Para ella no era un perfume agradable, sino una advertencia feroz. Cada partícula parecía gritarle que Senku ya pertenecía a un omega dominante y que acercarse a él tendría consecuencias.

Su instinto le exigió retroceder, pero el miedo paralizó sus piernas. Senku dejó el sensor sobre el suelo y se puso de pie.

—Oye, no intentes moverte —le indicó al notar que tambaleaba—. Siéntate antes de que…

Luna dio un paso y sus rodillas cedieron. Senku consiguió alcanzarla antes de que golpeara el pavimento. La carpeta cayó al suelo y las hojas se dispersaron alrededor de ambos, pero él no les prestó atención. Sostuvo a la joven entre sus brazos, comprobó su respiración y buscó el pulso en su cuello.

Estaba acelerado, aunque era estable.

—¿Puedes escucharme? —preguntó, dándole unos golpes suaves en la mejilla, pero Luna no reaccionó.

Varios estudiantes se acercaron por curiosidad, pero se detuvieron antes de llegar hasta él. Senku no advirtió que los omegas se cubrían la nariz ni que dos alfas retrocedían al percibir las feromonas adheridas a su ropa. Su atención estaba concentrada en la muchacha inconsciente.

La enfermería se encontraba a menos de doscientos metros. Esperar ayuda le pareció una pérdida de tiempo, así que levantó a Luna entre sus brazos y comenzó a caminar. La enfermera alzó la cabeza cuando lo vio entrar. Era una alfa de mediana edad, acostumbrada a atender bloqueos, descompensaciones y accidentes feromonales. Sin embargo, apenas Senku cruzó la puerta, su expresión se transformó por completo.

—Se desmayó en el patio —explicó él—. Su pulso está acelerado, pero respira con normalidad y no presenta señales visibles de una lesión.

—Déjela en esa camilla y salga de inmediato —ordenó la mujer.

—Necesita conocer las circunstancias en las que perdió el conocimiento.—Senku frunció el ceño.

—Puede explicármelas desde el pasillo.

—No tiene sentido que…

—Joven, usted está empeorando su condición. Déjela en la camilla y aléjese.

Senku estuvo a punto de discutir, pero la prioridad era Luna. La depositó cuidadosamente sobre la camilla y permaneció junto a ella, esperando que la enfermera comenzara la evaluación. 

—¿No tiene ni un poco de decoro?—En cambio, la mujer abrió las dos ventanas, conectó un pequeño neutralizador ambiental y colocó una mascarilla sobre el rostro de la omega. Solo entonces se volvió hacia él.

—¿De qué está hablando?—Senku la miró sin comprender.

—De las feromonas que lleva encima. Son tan intensas que resultan casi inmorales.

Durante varios segundos, Senku creyó que la mujer lo había confundido con otra persona.

—Soy beta.

—Eso explica por qué no puede percibirlas, no por qué ha permitido que lo bañen en ellas.

—Los betas no producimos feromonas.

—No he dicho que sean suyas. Está impregnado con las feromonas de un omega dominante.— La enfermera tomó un aerosol neutralizador y lo esparció alrededor de la camilla. Poco a poco, la respiración de Luna comenzó a estabilizarse.

Senku bajó la mirada hacia su bata. No encontró manchas, humedad ni ninguna señal extraña. Para él, su ropa solo conservaba el aroma del detergente y de los reactivos utilizados en el laboratorio.

—No percibo nada —dijo.

—Créame, todos los alfas y omegas que han pasado cerca de usted sí. Tiene feromonas en el cabello, el cuello, las muñecas y prácticamente cada centímetro de su ropa. Esto no ocurrió porque alguien lo rozara accidentalmente en un pasillo. Lo han perfumado de forma deliberada y con una concentración absurda.

—¿Eso provocó el desmayo?—Senku miró a Luna.

—Es una omega joven en un ambiente desconocido. Se acercó a usted y recibió de golpe una advertencia territorial extremadamente agresiva. Su cuerpo reaccionó antes de que pudiera alejarse.

La explicación era científicamente posible. Las feromonas de los omegas dominantes podían provocar respuestas fisiológicas intensas, sobre todo en omegas comunes sometidos a una situación de estrés. Sin embargo, aceptar esa respuesta generaba un problema todavía mayor.

—Hable seriamente con su omega y pídale que deje de perfumarlo como si pretendiera declararles la guerra a todos los alfas y omegas de la universidad.—La enfermera lo contempló con incredulidad.

—No tengo un omega.

La mujer arqueó las cejas.

—Entonces existe un omega dominante extremadamente posesivo que no comparte esa opinión.

Senku guardó silencio… Omega dominante, solo conocía a uno.

Su mente comenzó a ordenar detalles que hasta ese momento había considerado irrelevantes, los abrazos por la espalda, las manos arreglando su cuello, las muñecas frotándose contra las mangas, las chaquetas que desaparecían durante días. También recordó cómo los alfas y omegas se alejaban después de acercarse demasiado, las miradas incómodas de sus amigos y la sonrisa peligrosa que Gen mostraba cada vez que alguno parecía dispuesto a explicarle algo.

Aquella misma mañana, Gen había permanecido abrazado a él durante varios minutos. Había escondido el rostro en su cuello, tocado su ropa y rozado la mejilla contra su cabello antes de marcharse. Senku siempre había pensado que el omega solo era demasiado afectuoso. Ahora, por primera vez, se preguntó si cada uno de aquellos gestos había tenido una intención diferente.

Su teléfono vibró dentro del bolsillo. Lo sacó y encontró un mensaje de Gen.

 

«¿Almorzamos juntos, Senku-chan? ♡»

 

Antes de que pudiera responder, llegó otro.

 

«Espero que nadie esté intentando robarte mientras no estoy».

 

Senku leyó la última frase dos veces. Después observó a Luna, a la enfermera y al neutralizador que continuaba expulsando vapor dentro de la habitación. No necesitaba realizar ningún experimento. Las evidencias eran demasiado precisas y la cantidad de posibles responsables se reducía a una sola persona.

—Gen —murmuró.

—¿Ese es su omega? —preguntó la enfermera.

—No es mi omega.— Senku frunció el ceño de inmediato.

—Quizá debería informárselo también a él. —La mujer miró las feromonas invisibles que lo cubrían de pies a cabeza y luego volvió a fijar los ojos en él.

Senku no respondió. Continuó contemplando el nombre de Gen en la pantalla mientras una idea incómoda se abría paso entre sus pensamientos. Durante años, su mejor amigo había estado enviando una advertencia feroz a cualquiera que intentara acercársele. Todo el campus había comprendido el mensaje porque estaba escrito en el lenguaje de las feromonas.

Todos lo habían entendido. Todos, excepto el.

Senku abandonó la enfermería con el teléfono todavía sujeto entre los dedos y una sola idea repitiéndose dentro de su cabeza, definitivamente necesitaba hablar con Gen. No después de almorzar, no al terminar las clases y tampoco cuando el omega considerara oportuno aparecer en el laboratorio con una sonrisa encantadora y alguna excusa absurda para abrazarlo. Tenía que hacerlo aquel mismo día, antes de que otra persona terminara inconsciente por acercarse demasiado a él.

La enfermera le había rociado encima una cantidad generosa de neutralizador antes de permitirle regresar al campus. Aun así, le advirtió que el producto solo reduciría temporalmente el aroma, pues las feromonas estaban demasiado impregnadas en su ropa. Para eliminarlas por completo necesitaría ducharse, lavarse el cabello y cambiar cada una de las prendas que llevaba puestas. Aquella información no mejoró su estado de ánimo.

Mientras caminaba hacia el edificio de Ciencias, Senku revisó mentalmente los acontecimientos de los últimos años. Recordó a varias personas que se habían acercado para hablarle y luego se habían marchado sin una explicación coherente. Una alfa de Ingeniería lo había invitado a tomar café y canceló el encuentro apenas Gen apareció para colgarse de su brazo. Un omega de Química le pidió su número, pero después de conversar brevemente con Gen nunca volvió a dirigirle la palabra. Incluso algunos profesores evitaban entrar en el laboratorio cuando el mentalista se encontraba demasiado cerca de él.

Hasta aquel momento, Senku había atribuido esas reacciones a la personalidad de Gen. Ahora comprendía que existía una causa mucho más concreta. El omega llevaba años utilizándolo como un cartel ambulante de propiedad privada.

Sin embargo, Gen no era el único responsable de que Senku hubiera permanecido en la ignorancia. Las miradas incómodas, los silencios repentinos y los intentos de cambiar de tema demostraban que sus amigos sabían algo. Quizá no conocieran todos los detalles, pero habían presenciado suficientes situaciones para comprender lo que estaba ocurriendo.

Senku abrió el grupo de conversación que compartía con ellos. Gen también estaba incluido, así que creó uno nuevo y agregó únicamente a Kohaku, Chrome, Yuzuriha, Taiju y Ryusui.

Escribió un solo mensaje.

 

«Laboratorio tres. Dentro de treinta minutos. La asistencia es obligatoria».

 

Chrome respondió primero.

 

«¿Por qué Gen no está en el grupo?»

 

Senku no dudó.

 

«Porque la reunión es sobre él».

 

Durante casi un minuto, nadie escribió nada. Después apareció el aviso de que Yuzuriha estaba redactando un mensaje, pero desapareció sin que llegara ninguna respuesta. Taiju envió un adhesivo de un hombre sudando. Kohaku preguntó si había ocurrido algún accidente y Ryusui se limitó a enviar un signo de interrogación. Senku guardó el teléfono, pero noto que sus reacciones bastaban para confirmar que todos sabían algo.

Llegó al laboratorio tres con varios minutos de anticipación. Era una sala pequeña que normalmente se utilizaba para reuniones de proyectos, con una mesa rectangular en el centro y una pizarra digital ocupando una de las paredes. Senku cerró las ventanas, encendió el sistema de ventilación para terminar de neutralizar las feromonas y esperó con los brazos cruzados.

Chrome fue el primero en llegar. Entró con una sonrisa demasiado amplia y permaneció cerca de la puerta, como si deseara conservar una ruta de escape.

—Hola, Senku. Qué bonito día, ¿verdad?

Senku lo observó sin responder. Chrome dejó de sonreír y eligió la silla más alejada de él.

Yuzuriha apareció después junto a Taiju. Ella sostenía una bolsa con materiales de costura que no dejaba de acomodar entre sus manos, mientras el alfa evitaba mirar a Senku directamente.

—¿Ocurrió algo malo? —preguntó Yuzuriha con cautela.

—Eso intento averiguar.

—Estoy seguro de que todo tiene una explicación razonable —declaró Taiju con un entusiasmo tan forzado que su voz resonó en todo el laboratorio.

—Todavía no he dicho de qué vamos a hablar.

Taiju cerró la boca.

Kohaku entró segundos después. Como alfa, fue la primera en notar que el neutralizador no había eliminado por completo el aroma de Gen. Arrugó ligeramente la nariz, miró la ropa de Senku y luego dirigió una mirada significativa hacia Yuzuriha. Senku observó aquel intercambio.

—Si tienes algo que decir, este sería un momento excelente.

—No he dicho nada —respondió Kohaku, ocupando su lugar.

—Ese es precisamente el problema.

Ryusui fue el último en llegar. Entró con la tranquilidad habitual, se sentó en uno de los extremos de la mesa y cruzó una pierna sobre la otra.

—Esta reunión ha despertado mi curiosidad —declaró—. Aunque supongo que no estamos aquí para discutir negocios.

—No —respondió Senku—. Estamos aquí porque una estudiante se desmayó cuando intentó acercarse a mí.

La tensión se instaló inmediatamente en la habitación. Yuzuriha dejó de mover las manos. Taiju abrió los ojos. Kohaku apretó los labios y Chrome miró a Ryusui como si esperara que el alfa dominante asumiera la responsabilidad de responder. Ryusui no mostró ninguna intención de hacerlo.

—Eso suena preocupante —dijo después de unos segundos—. ¿Se encuentra bien?

—Está estable. La enfermera determinó que sufrió una sobrecarga feromonal.

Nadie respondió. Senku apoyó ambas manos sobre la mesa y recorrió el grupo con la mirada.

—Según ella, llevo encima una concentración absurda de feromonas pertenecientes a un omega dominante. Están en mi cabello, mi cuello, mis muñecas y toda mi ropa. ¿Alguien quiere explicarme cómo llegaron allí?

Chrome levantó una mano con timidez.

—Como beta, no poseo la capacidad biológica necesaria para responder esa pregunta.

—Como persona que me conoce desde hace años, posees ojos y un cerebro funcional. Utilízalos.

—Lo del cerebro funcional todavía está en discusión —murmuró Kohaku.

Chrome le dirigió una mirada ofendida, pero Senku golpeó la mesa con los dedos y recuperó la atención de todos.

—Voy a formular una pregunta mucho más sencilla. ¿Alguno de ustedes sabía que Gen me estaba cubriendo con sus feromonas?

El silencio fue tan inmediato y perfecto que se convirtió en una respuesta por sí solo. Yuzuriha bajó la mirada hacia su bolsa, Taiju comenzó a observar el techo con un interés inexplicable, Chrome fingió leer una etiqueta de seguridad pegada en la pared, mientras Kohaku y Ryusui se limitaron a permanecer callados.

—Respondan.—Senku sintió cómo una vena comenzaba a palpitarle en la frente.

—¿Estás seguro de que eran las feromonas de Gen? —preguntó Yuzuriha con suavidad—. Quizá exista otro omega dominante que…

—Gen es el único omega dominante con acceso constante a mi ropa y la costumbre de frotar el rostro contra mi cuello.

—Eso reduce considerablemente las posibilidades —reconoció Ryusui.

—Las reduce a una.

—En términos estadísticos, quizá…

—No intentes distraerme con estadísticas, millonario de pacotilla.

Ryusui sonrió, pero tuvo la prudencia de guardar silencio.

—Tal vez deberíamos esperar a Gen y preguntarle directamente —propuso Kohaku—. Hablar a espaldas de alguien no me parece honorable.

—Cuando termine aquí, hablaré con él. Primero quiero saber cuánto tiempo llevan todos ocultándomelo.

—No estábamos ocultándote nada —dijo Taiju con una voz excesivamente fuerte—. Simplemente no mencionamos un detalle muy específico durante varios años.

—Eso es la definición exacta de ocultar información.—Senku giró lentamente la cabeza hacia él.

—Lo siento.—Taiju pareció desinflarse en su asiento.

Senku dejó escapar el aire por la nariz. Intentó conservar la paciencia, pero cada mirada evasiva aumentaba su irritación.

—Tienen diez segundos para empezar a hablar —anunció

—Senku, podemos resolverlo como adultos —intervino Yuzuriha.

—¡Gen lleva años marcándote! —confesó Chrome incapaz de soportar la presión.

Todos giraron hacia él y Senku volvió la mirada hacia el resto del grupo.

—Continúa.

Chrome tragó saliva.

—No puedo oler sus feromonas porque también soy beta, pero sé lo que hace. Todos lo sabemos.

—¿Desde cuándo?

Chrome miró a Yuzuriha en busca de ayuda.

—Desde el primer año —admitió ella finalmente—. Al principio creímos que había sido accidental. Gen apoyaba mucho la cabeza sobre tu hombro y siempre estaba abrazándote, así que era normal que te dejara un poco de su aroma.

—Pero después empezó a hacerlo deliberadamente —añadió Kohaku—. A veces lo veíamos liberar feromonas mientras arreglaba tu ropa. Otras veces esperaba que dejaras tu chaqueta sobre una silla para tomarla y perfumarla.

—También se lleva tus bufandas —señaló Taiju—. Una vez lo vi dormir abrazado a una de ellas.

—Eso no era necesario.—Yuzuriha le dio un golpe en el brazo.

—Senku pidió toda la información.

—¿Me están diciendo que Gen roba mi ropa para impregnarla con su aroma?—Senku los escuchaba con el ceño cada vez más fruncido.

—Él utiliza la expresión “tomarla prestada” —aclaró Chrome.

—Sin pedirme permiso.

—Esa parte suele omitirla.

Senku recordó todas las ocasiones en que alguna prenda había desaparecido misteriosamente del laboratorio. Gen siempre la encontraba días más tarde y afirmaba que Senku la había olvidado en su apartamento, aunque él no recordara habérsela llevado. Hasta entonces había supuesto que se trataba de simples descuidos. Ahora todo adquiría un significado distinto.

—¿Qué concentración utiliza? —preguntó.

Nadie pareció querer contestar.

—La suficiente para que los alfas comprendan el mensaje desde varios metros de distancia —admitió Kohaku.

—¿Qué mensaje?

—Que acercarse demasiado a ti sería una pésima decisión.—Ryusui apoyó un codo sobre la mesa.

—Sus feromonas son muy posesivas —explicó Yuzuriha con delicadeza—. No dejan lugar a demasiadas interpretaciones.

—Es como si llevaras un letrero que dijera “propiedad de Gen Asagiri” —añadió Chrome.

—Un letrero acompañado por una amenaza de muerte —corrigió Kohaku.

—Una advertencia —matizó Yuzuriha.

—Una amenaza —repitieron Kohaku y Ryusui al mismo tiempo.

—¿Y por eso las personas se alejan de mí?—Senku se frotó el puente de la nariz.

—No todas —respondió Taiju—. Solo los alfas y omegas que muestran demasiado interés.

—Gen no suele reaccionar cuando alguien se acerca para preguntarte algo relacionado con las clases —explicó Yuzuriha—. Pero si percibe una intención romántica, aumenta la cantidad de feromonas.

—¿Cuánto la aumenta?

Los cinco volvieron a guardar silencio.

—Una vez vació un ascensor —confesó Chrome.

—No lo vació —objetó Kohaku—. Las personas decidieron salir voluntariamente.

—Después de que Gen abrazara a Senku y liberara feromonas suficientes para activar la alarma del detector ambiental.

—Entonces lo vació —concluyó Ryusui.

—¿También ha espantado deliberadamente a quienes intentaron invitarme a salir?—Senku cerró los ojos durante un instante. La estudiante de Ingeniería, el omega de Química y todas las invitaciones canceladas comenzaron a desfilar por su memoria.

—Sí —respondieron todos, aunque Taiju lo hizo con mucho menos entusiasmo.

—¿Cómo?

—A veces basta con que te abrace —explicó Yuzuriha—. Si la otra persona insiste, Gen se acerca a hablar con ella.

—¿Qué le dice?

—Nunca lo sabemos con exactitud —contestó Kohaku—. Pero después de esas conversaciones nadie vuelve a intentarlo.

—El mentalista es muy eficiente. Descubre los temores de una persona, sonríe y permite que su imaginación haga el resto. —Ryusui sonrió con cierta admiración.

—Una alfa del club de atletismo dijo que Gen le describió detalladamente todas las consecuencias de intentar seducirte —recordó Chrome—. Después se cambió de horario para no coincidir contigo.

—Otra omega aseguró que solamente le deseó buena suerte —agregó Yuzuriha.

—¿Y eso la asustó?

—Lo dijo mientras liberaba feromonas dominantes y sonreía como si estuviera eligiendo el lugar donde enterrarla —explicó Kohaku.

La información resultaba tan absurda que Senku necesitó varios segundos para procesarla. Gen llevaba años interfiriendo en sus relaciones sociales, utilizando feromonas que él no podía percibir y asegurándose de que nadie con intenciones románticas se acercara lo suficiente.

—¿Por qué haría algo así? —preguntó.

Las miradas volvieron a cruzarse sobre la mesa. Yuzuriha observó a Kohaku, Kohaku miró a Chrome, Chrome buscó ayuda en Taiju quien terminó mirando a Ryusui. El alfa dominante soltó un suspiro.

—Esa es una pregunta que deberías hacerle a Gen.

—Les estoy preguntando a ustedes.

—Nosotros ya hemos revelado suficiente si deseamos llegar con vida al final del día —contestó Ryusui.

—Todavía falta que expliquen por qué jamás me dijeron nada.—Senku entornó los ojos.

El silencio que siguió fue diferente. Esta vez no parecían estar pensando en una excusa, sino reuniendo el valor necesario para reconocer algo vergonzoso y Kohaku fue la primera en hablar.

—Porque Gen puede ser aterrador cuando se molesta.

—Tú no le temes a nadie.—Senku la observó con incredulidad. Kohaku era una alfa capaz de enfrentarse físicamente a personas mucho más grandes que ella sin pestañear.

—No le temo —replicó de inmediato—. Solo respeto mi instinto de supervivencia.

—Una distinción conveniente.

—Una vez intenté decirte lo que estaba haciendo —continuó ella—. Gen apareció detrás de mí, liberó suficientes feromonas para hacerme sentir que tenía una espada en el cuello y me preguntó si estaba completamente segura de que deseaba intervenir en sus asuntos privados. Decidí que podías descubrirlo por tu cuenta.

—Lo intenté también —confesó Yuzuriha—. Me sonrió y mencionó, de forma aparentemente casual, que conocía todos los regalos que había preparado en secreto para Taiju. No quería que arruinara las sorpresas.

—¿Qué regalos?—Taiju giró hacia ella con los ojos muy abiertos.

—Ese no es el tema de esta conversación.

—A mí me recordó que sabía quién había provocado la explosión del prototipo que tú encontraste destruido el año pasado.—Chrome levantó una mano.

—Me dijiste que había ocurrido por una falla del regulador.—Senku lo miró.

—Eso fue lo que Gen me aconsejó decirte.

—Excelente. Ahora tenemos dos problemas que discutir.

Chrome se hundió en la silla y Senku dirigió la mirada hacia Taiju.

—¿Y tú?

—Gen me miró.

—¿Eso fue todo?

—No necesitó hacer nada más —respondió el alfa con absoluta sinceridad—. Fue una mirada muy aterradora.

—¿Cuál es tu excusa?—Finalmente, Senku observó a Ryusui.

—Todo enfrentamiento debe evaluarse considerando los riesgos y beneficios —explicó el alfa dominante—. Gen conoce demasiados secretos, controla sus feromonas con una precisión admirable y es capaz de destruir la reputación de una persona antes del desayuno. Interferir no ofrecía ningún beneficio.

—En resumen, eres un cobarde.

—Prefiero el término estratega.

Senku contempló a sus amigos en silencio. Cinco personas que se enfrentaban con normalidad a experimentos explosivos, competencias peligrosas y profesores furiosos habían decidido guardar el secreto porque Gen Asagiri les daba miedo.

Lo peor era que, conociendo al omega, podía comprenderlos. El teléfono de Senku volvió a vibrar sobre la mesa. Todos bajaron la mirada hacia la pantalla. Era otro mensaje de Gen.

 

 

«Senku-chan, llevas demasiado tiempo ignorándome. Mi frágil corazón está comenzando a romperse».

 

 

Un segundo mensaje apareció enseguida.

 

«¿Dónde estás? Estoy cerca del edificio de Ciencias».

 

 

El grupo entero se tensó.

—No le dirás que nosotros te lo contamos, ¿verdad? —preguntó Chrome.

—No creo que pueda ocultar su participación.

—Puedes decir que lo descubriste mediante una deducción científica —sugirió Ryusui.

—Lo descubrí porque una omega se desmayó y la enfermera me explicó que llevo años caminando cubierto con las feromonas de Gen.

—Entonces no necesitas mencionarnos —insistió Yuzuriha.

—Todavía no decido qué voy a decirle.—Senku guardó el teléfono en el bolsillo y caminó hacia la puerta.

—Procura no hacerlo enfadar —recomendó Taiju.

—Es Gen quien tendrá que preocuparse por haberme hecho enfadar a mí.

—Eres la única persona que podría decir algo así sin comprender el peligro.—Kohaku soltó una risa breve.

—Si descubro que continúan ocultándome información, no solo deberan temer a Gen.— Senku abrió la puerta, pero antes de salir volvió la cabeza hacia ellos. —¿Qué? —preguntó él, alarmado—. ¿Queda algo más?

Los otros cuatro lo miraron temerosos.

—No queda nada más —aseguró Chrome de inmediato.

Pero nadie respondió. Senku decidió que ya había perdido suficiente tiempo. Abandonó el laboratorio y cerró la puerta a su espalda, dejando a sus amigos discutiendo en susurros sobre cuál de ellos sería la primera víctima cuando Gen descubriera la traición.

Mientras avanzaba por el pasillo, repasó una vez más todo lo que acababa de escuchar. Gen lo había perfumado, reclamado y protegido de pretendientes durante años sin pronunciar una sola palabra al respecto. Había convertido cada abrazo en una advertencia y cada caricia aparentemente inocente en una declaración que todos podían comprender, excepto el destinatario. Senku Ishigami llevaba años siendo marcado en un lenguaje que no podía percibir y había llegado el momento de exigirle a Gen Asagiri una explicación.

Senku esperó hasta encontrarse lo bastante lejos del laboratorio antes de sacar el teléfono. No quería que ninguno de sus amigos escuchara la conversación ni que intentara intervenir para salvar a Gen de un enfrentamiento que el omega se había buscado durante años. Buscó su nombre entre los contactos y presionó el botón de llamada. Gen respondió antes de que terminara el segundo tono.

—Senku-chan, comenzaba a pensar que habías decidido abandonarme —saludó con dramatismo—. Llevo casi una hora esperando una respuesta y mi pobre corazón no está preparado para tanta indiferencia.

—¿Dónde estás?

La seriedad de su voz hizo que Gen enderezara la espalda. Se encontraba atravesando el patio central, en dirección a la cafetería, pero se detuvo bajo la sombra de uno de los edificios.

—Cerca de la Facultad de Ciencias. ¿Por qué?

—Encuéntrate conmigo en el observatorio del edificio antiguo.

Gen parpadeó. Aquella sala llevaba meses sin utilizarse y se encontraba en el último piso de un edificio apartado. A esa hora no habría estudiantes ni profesores cerca.

—¿Quieres que nos encontremos a solas? —preguntó, intentando disimular la emoción que comenzaba a encenderse dentro de su pecho.

—Sí.

—¿Ocurrió algo?—El corazón de Gen dio un salto.

—Tengo que decirte una cosa.

Aquellas palabras fueron suficientes para que la imaginación del omega comenzara a construir una historia completamente diferente a la realidad. Senku deseaba encontrarse con él a solas. Tenía algo importante que decirle. Había elegido un salón apartado donde nadie podría interrumpirlos. Para Gen, todas las señales apuntaban hacia una única conclusión posible. Senku finalmente había comprendido que estaba enamorado de él.

—Estaré allí en quince minutos —respondió, haciendo un esfuerzo por mantener la voz estable.

—Diez.

Senku cortó la llamada sin despedirse y Gen permaneció varios segundos contemplando la pantalla, con una sonrisa que crecía lentamente en sus labios. Después se llevó una mano al pecho, intentando calmar los latidos de su corazón.

Aquello estaba sucediendo. Después de años de abrazos, insinuaciones, almuerzos compartidos y una campaña feromonal tan descarada que prácticamente toda la universidad consideraba que ya eran pareja, Senku por fin iba a confesarle sus sentimientos. Probablemente no utilizaría palabras especialmente románticas, quizá le diría que había calculado que su compatibilidad alcanzaba un porcentaje aceptable o que una relación entre ambos no resultaría tan ineficiente como había pensado. Tratándose de Senku, aquello equivaldría a una declaración de amor bajo la lluvia y Gen estaba dispuesto a aceptarlo. 

Entró rápidamente en uno de los baños del edificio más cercano para comprobar su apariencia frente al espejo. Se arregló el cabello, corrigió el cuello de su camisa y se aplicó un poco de bálsamo sobre los labios. Dudó varios segundos antes de perfumarse, pero decidió no hacerlo. Si Senku tenía planeado besarlo, Gen no deseaba que ningún aroma artificial interfiriera con sus feromonas naturales.

Al salir, pasó por la cafetería y compró dos bebidas. Una era el café amargo que Senku prefería y la otra un batido excesivamente dulce para él. También añadió un pequeño postre de crema, convencido de que podrían compartirlo después de la confesión. Todo tenía que ser perfecto.

Mientras subía las escaleras del edificio antiguo, Gen ensayó varias respuestas. No quería aceptar demasiado rápido y revelar que llevaba años esperando aquel momento. Podía mostrarse sorprendido, sonrojarse un poco y pedirle a Senku que repitiera la confesión. Después guardaría unos segundos de silencio para aumentar la tensión, sonreiría con dulzura y le diría que también lo amaba, quizá lloraría, una sola lágrima sería suficiente. Dos podrían parecer exageradas incluso para él.

Llegó frente al aula de observación con el pulso acelerado. La puerta estaba entreabierta y Senku permanecía de pie junto a una de las ventanas, con los brazos cruzados. Gen respiró profundamente antes de entrar.

—Senku-chan —saludó con una sonrisa luminosa—. Si querías invitarme a una cita, podías haber elegido un lugar un poco menos abandonado, aunque admito que la privacidad tiene cierto encanto.

Senku no sonrió y Gen al notarlo redujo el paso. Algo en la expresión del beta no encajaba con la escena romántica que había imaginado. Su mandíbula estaba tensa, tenía el ceño fruncido y sus dedos golpeaban impacientemente uno de sus brazos. No parecía nervioso por una confesión. Parecía molesto, muy molesto, pero aun así, Gen intentó conservar su optimismo.

—Te traje café —dijo mientras levantaba uno de los vasos—. También compré algo para comer. Como no me explicaste de qué querías hablar, pensé que podríamos…

—Asagiri.

La sonrisa de Gen vaciló, Senku rara vez utilizaba su apellido sin añadir alguna burla o un insulto ligero. La forma seca en que lo pronunció hizo que una sensación desagradable recorriera la espalda del omega. Gen cerró la puerta y dejó las bebidas sobre una de las mesas.

Solo entonces percibió algo todavía más inquietante, el aroma que había depositado sobre Senku aquella mañana estaba mezclado con una sustancia neutralizadora. Alguien había intentado eliminar sus feromonas y, aunque todavía quedaban restos adheridos a su cabello y su ropa, la mayor parte había sido reducida a una presencia tenue. La ilusión romántica comenzó a resquebrajarse.

—Senku-chan… ¿Sucedió algo? —preguntó Gen, utilizando su tono más inocente.

—Si.

—Entonces quizá podrías decirme para poder ayudarte, por qué con esa expresión pareces estar preparándote para realizar un interrogatorio.— Gen soltó una risa nerviosa. —Qué manera tan curiosa de empezar una cita.

—Esto no es una cita.

La declaración destruyó lo último que quedaba de sus fantasías. Gen mantuvo la sonrisa por puro instinto, pero sus dedos se aferraron al borde de la mesa.

—Por supuesto que no. Solo estaba bromeando.

Senku lo observó durante unos segundos. No existía en su mirada la calidez disimulada que Gen había esperado encontrar, sino una seriedad capaz de hacer que incluso él se sintiera indefenso. El beta fue directamente al punto.

—¿Me podrías explicar por qué llevas años perfumándome con tus feromonas?

Gen sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. 

Todo su cuerpo quedó inmóvil. La sonrisa continuó sobre sus labios, congelada y completamente vacía, mientras su mente intentaba comprender cómo Senku había descubierto aquello. La pregunta lo había tomado tan desprevenido que, durante varios segundos, no fue capaz de formular ninguna respuesta.

—¿Qué? —preguntó finalmente. —No estoy seguro de haber comprendido la pregunta.

—No te hagas el tonto Gen, yo se que la comprendiste perfectamente.

—Senku-chan, ambos sabemos que eres beta. No puedes percibir feromonas.— Gen soltó una risa corta.

—Eso no significa que los demás tampoco puedan.

La respuesta cayó sobre él como una sentencia. Gen desvió la mirada hacia la puerta y calculó sus posibilidades de escapar. Podía inventar una llamada urgente, fingir que se sentía mal o provocar una distracción. Sin embargo, Senku se encontraba entre él y la única salida, sabia que no tenía escapatoria.

—Debe existir algún malentendido —dijo, optando por la negación—. Pasamos mucho tiempo juntos. Es natural que una cantidad mínima de mi aroma termine sobre tu ropa.

—La enfermera dijo que la concentración era suficiente para intimidar a varios alfas al mismo tiempo.

—Quizá estaba exagerando.— La expresión de Gen cambió. Por primera vez desde que comenzó el interrogatorio, su preocupación fue completamente espontánea.

—Una omega se desmayó cuando intentó acercarse a mí.

—¿Se desmayó? ¿Está bien? —Gen dejó escapar el aire que había contenido.

—Se encuentra estable. La enfermera neutralizó las feromonas y dijo que despertaría pronto.—Senku entrecerró los ojos.

—Me alegra saberlo. Pero eso no demuestra que fueran mis feromonas.

—Eres el único omega dominante que conozco.— dijo serio Senku — Pregunte a Kohaku, Yuzuriha, Taiju, Chrome y Ryusui sobre eso, y al parecer todos sabían que llevas años perfumándome.

—¿Hablaste con ellos?—El rostro de Gen perdió todo el color.

—Sí.

—¿Con todos?. —Gen apretó los labios

—Los reuní en el laboratorio y les hice algunas preguntas.

—No puedo creer que me traicionaran —murmuró.

—Tu preocupación principal debería ser que llevas años utilizando feromonas para marcarme sin decirme nada.

—Yo no te estaba marcando.

Senku alzó una ceja.

—Chrome utilizó exactamente esa palabra, Kohaku dijo que parezco llevar un anuncio de propiedad privada, Ryusui lo llamó una amenaza de muerte y Yuzuriha confirmó que espantas a cualquier alfa u omega que intenta acercarse a mí con intenciones románticas.

Gen abrió la boca, pero no encontró ninguna mentira capaz de sobrevivir a todas aquellas pruebas. Senku no estaba formulando sospechas. Ya conocía la verdad y solo esperaba que él tuviera el valor de admitirla, la negación había dejado de ser una estrategia viable.

—Está bien —murmuró—. Lo acepto.

Gen bajó la mirada hacia sus manos. Podía intentar minimizarlo, decir que había sido una broma o afirmar que solo deseaba proteger a su amigo. Sin embargo, Senku continuaría haciendo preguntas hasta llegar al verdadero motivo. Era imposible esconderse cuando todas sus rutas de escape habían sido cerradas. Su secreto peor guardado acababa de quedar expuesto.

—¿Por qué?—preguntó Senku cruzando los brazos visiblemente molesto.

Gen permaneció en silencio. Aquella era la pregunta que había temido durante años. La verdad se encontraba atrapada detrás de sus dientes, pesada y vulnerable. Por primera vez, no poseía un discurso preparado ni una mentira lo bastante convincente para protegerlo. Al levantar los ojos, encontró a Senku esperando una respuesta, entonces recurrió a su arma más poderosa.

Gen dejó caer lentamente los hombros y permitió que su expresión se quebrara. Sus labios temblaron apenas lo suficiente y sus ojos comenzaron a humedecerse. No necesitaba fabricar completamente el dolor. El miedo era real, al igual que la vergüenza y el amor que llevaba demasiado tiempo ocultando. Solo debía ordenar aquellas emociones, iluminarlas bajo el ángulo correcto y presentarlas de la forma más devastadora posible.

—Porque estoy enamorado de ti —confesó.

—¿Qué?— Senku parpadeó completamente sorprendido.

Aquello fue todo. No retrocedió, no se burló y tampoco mostró el asco que Gen había imaginado tantas veces. Simplemente lo observó, como si acabara de recibir un dato que no sabía cómo integrar dentro de su razonamiento.

Una lágrima apareció en los ojos de Gen que permaneció contenida durante unos segundos antes de deslizarse cuidadosamente por su mejilla, era una lágrima perfecta.

—Estoy enamorado de ti desde hace años —repitió con la voz quebrada—. Sé que no es una justificación y tampoco espero que lo comprendas. Solo quería protegerte.

—¿Protegerme de qué?

—De las personas que se acercaban con malas intenciones. Tú no puedes percibir feromonas y tampoco notas cuando alguien intenta seducirte. Algunos alfas te miraban como si pudieran aprovecharse de tu falta de sensibilidad, y los omegas se acercaban sabiendo que no reconocerías sus intenciones hasta que fuera demasiado tarde.

—Puedo cuidar de mí mismo.

—Lo sé —se apresuró a responder Gen—. Sé que eres perfectamente capaz y que no necesitabas mi ayuda. Pero me asustaba pensar que alguien pudiera engañarte, lastimarte o alejarte de mí. Al principio solo ocurrió por accidente. Después noté que las personas mantenían la distancia cuando llevabas mi aroma y… continué haciéndolo.

—No solo mantuviste a las personas alejadas. Mis amigos dicen que hablaste directamente con quienes intentaron invitarme a salir.—Senku mantuvo la mirada fija en él.

—Solo quería asegurarme de que no te hicieran daño.— Gen juntó las manos frente a su pecho.

—¿Amenazándolos?—Senku lo miró sin expresión.

—Nunca amenacé a nadie… no de forma explícita —rectificó Gen en voz baja.

Una segunda lágrima descendió por su rostro. Había considerado que una sola sería suficiente, pero la situación requería medidas extraordinarias.

—Sé que estuvo mal —continuó—. No tenía derecho a cubrirte con mis feromonas sin decírtelo. Fui egoísta, posesivo y probablemente aterrador. Solo pensaba que, mientras llevaras mi aroma, nadie podría hacerte daño.

—Una estudiante terminó inconsciente.

El reproche atravesó la actuación y alcanzó una parte genuinamente sensible de él. Gen cerró los ojos.

—No sabía que había dejado una concentración tan fuerte esta mañana. Jamás quise lastimarla. Te juro que no volverá a suceder… Comprendo si ahora me odias.

—Gen…—Senku frunció el ceño. —Yo no he dicho eso.

—No necesitas decirlo —lo interrumpió el omega, cubriéndose la boca como si intentara contener un sollozo—. Puedo verlo en tu expresión. Estás decepcionado y tienes todo el derecho. He traicionado tu confianza durante años.

Senku abrió la boca, pero Gen continuó antes de permitirle responder. Conocía demasiado bien al beta. Sabía que las lágrimas lo incomodaban y que, aunque fingiera ser insensible, era incapaz de permanecer indiferente cuando alguien sufría frente a él. Si Gen le permitía recuperar el control de la conversación, el interrogatorio podía continuar. Por eso aumentó el dramatismo hasta convertir aquella confesión en una tragedia digna de un escenario.

—No volveré a hacerlo —prometió—. Retiraré todas mis feromonas de tu ropa y te devolveré cada prenda que tengo en mi apartamento.

—¿Cada prenda?

Gen ignoró la pregunta.

—Tampoco volveré a tocarte sin permiso. No te abrazaré, no me apoyaré sobre tu hombro y jamás entraré otra vez en tu laboratorio si mi presencia te incomoda. Puedo dejar de almorzar contigo y sentarme en otro lugar durante las clases que compartimos.—lamento Gen, dejando escapar un sollozo delicado—. Será doloroso al principio, pero aprenderé a vivir lejos de ti. Si eso no es suficiente, podría trasladarme a otra universidad.

—Gen.—Senku lo miró con incredulidad.

—Japón es un país grande. Encontraré algún lugar donde mi presencia no vuelva a molestarte.

Gen tomó uno de los vasos de la mesa y se lo ofreció con ambas manos. Su expresión era la de una persona que entregaba su última pertenencia antes de caminar voluntariamente hacia el exilio.

—Este es tu café. Lo compré antes de saber que todo terminaría hoy.

Gen dejó el vaso sobre la mesa y retrocedió un paso. Las lágrimas continuaban brillando en sus ojos, aunque su mente ya evaluaba cada cambio en la expresión de Senku. La tensión de su mandíbula había disminuido. Sus brazos ya no estaban cruzados y la ira inicial comenzaba a mezclarse con desconcierto, culpa y algo que Gen todavía no se atrevía a interpretar.

Su estrategia estaba funcionando. Eso no significaba que la confesión fuera falsa, Gen realmente lo amaba. También temía haber destruido la relación más importante de su vida y una parte de él deseaba huir antes de escuchar un rechazo. Sin embargo, si podía utilizar unas cuantas lágrimas para impedir que Senku lo expulsara de su lado, no veía ninguna razón para desperdiciarlas.

—Lamento haberte engañado —dijo con una voz casi inaudible—. Solo quería protegerte porque te amo más de lo que debería. Pero no volveré a acercarme. Aunque me rompa el corazón, respetaré cualquier distancia que decidas imponer entre nosotros.

Gen se giró lentamente hacia la puerta. Cada paso estaba cuidadosamente calculado para darle a Senku el tiempo suficiente de detenerlo, pero el temblor de sus manos era completamente real. Había llegado a aquella sala convencido de que recibiría una declaración de amor y ahora se marchaba después de depositar su propio corazón frente a Senku, cubierto por lágrimas verdaderas y una cantidad escandalosa de dramatismo. Cuando sus dedos rozaron el picaporte, escuchó por fin la voz del beta detrás de él.

—Espera.

La mano de Gen se detuvo sobre el picaporte. Durante un segundo permaneció de espaldas a Senku, con la cabeza inclinada y los hombros temblando delicadamente. Había calculado que aquella pausa debía prolongarse lo suficiente para transmitir dolor, pero no tanto como para parecer una maniobra evidente. Después giró despacio, permitiendo que Senku contemplara sus mejillas húmedas y aquellos enormes ojos violetas cubiertos por lágrimas.

—No tienes que detenerme por lástima, Senku-chan —susurró—. Comprendo perfectamente que ya no quieras verme.

—Nunca dije que no quisiera verte.

—No es necesario que lo digas. Tu silencio ya me ha dado la respuesta.

Gen volvió la mirada hacia la puerta, como si reunir el valor necesario para marcharse fuera el esfuerzo más doloroso de su vida. Senku lo observó con el ceño fruncido. Todavía estaba molesto, la imagen de Luna inconsciente continuaba presente en su cabeza y no podía ignorar que Gen había manipulado sus relaciones durante años. Necesitaban establecer límites, hablar sobre la cantidad de feromonas y dejar claro que nadie debía terminar nuevamente en la enfermería.

Sin embargo, todas aquellas conclusiones racionales comenzaron a perder fuerza frente a las lágrimas del omega. Senku podía enfrentarse a un laboratorio en llamas sin perder la calma, podía discutir con profesores, cuestionar autoridades y trabajar durante días para solucionar un problema imposible. Pero no poseía ninguna defensa efectiva contra Gen cuando lo miraba como si acabaran de romperle el corazón y Gen lo sabía.

—No volveré a molestarte —continuó el omega con la voz quebrada—. Desde mañana dejaré de ir al laboratorio y cambiaré mis clases para no cruzarme contigo en los pasillos y…

—Ya te dije que eso es innecesario.

—Será mejor para ambos. Tú recuperarás tu libertad y yo aprenderé a aceptar que mis sentimientos nunca fueron correspondidos.

Una nueva lágrima recorrió su mejilla. Senku sintió una presión desagradable en el pecho. No era dolor físico ni la respuesta de una feromona, porque los betas no reaccionaban de aquella manera. Era algo peor, una incomodidad emocional que no podía neutralizar con sustancias químicas ni resolver mediante una fórmula.

Le dolía verlo llorar, le dolía todavía más escucharlo hablar de desaparecer de su vida como si todos los años que habían compartido pudieran eliminarse con un simple cambio de horario. 

Senku había ido hasta allí dispuesto a exigir explicaciones, pero jamás había considerado la posibilidad de perderlo. No quería llegar al laboratorio y descubrir que Gen ya no estaba sentado sobre una mesa, robándole comida y criticando su manera de vestir. Tampoco quería almorzar solo, dejar de recibir sus mensajes absurdos ni caminar por la universidad sin aquel omega aferrado a su brazo.

Aquella idea le resultaba mucho más insoportable que descubrir que llevaba años cubierto por sus feromonas.

—Podría solicitar el traslado hoy mismo —añadió Gen, al advertir que el silencio de Senku se prolongaba—. Conozco a una persona en otra universidad que seguramente aceptaría ayudarme. Quizá para la próxima semana ya no tengas que volver a…

—Cállate.

—Entiendo.—Gen bajó la mirada.— Ya no quieres escucharme mas…

Volvió a girarse hacia la puerta. Esta vez alcanzó a mover el picaporte, pero Senku cruzó la distancia que los separaba antes de que pudiera abrirla. Lo sujetó por la muñeca y lo hizo volverse. Gen apenas tuvo tiempo de mirarlo antes de que el beta lo atrajera contra su pecho. Durante un segundo, el omega olvidó incluso respirar.

Senku Ishigami lo estaba abrazando y no era uno de aquellos abrazos que Gen iniciaba y Senku se limitaba a tolerar con resignación. Había sido el propio beta quien lo había acercado. Sus brazos rodeaban con firmeza la espalda de Gen, manteniéndolo contra su cuerpo como si realmente temiera que pudiera marcharse.

La sorpresa de Gen fue tan auténtica que toda su actuación se desmoronó durante unos instantes.

—Senku-chan… —murmuró.

—Ya deja de llorar.

La petición carecía de delicadeza, pero las manos de Senku se movieron con torpeza sobre su espalda. No sabía cómo consolar a una persona y mucho menos a Gen, quien convertía cada emoción en una representación teatral. Después de dudar, apoyó una mano sobre su cabeza y lo obligó suavemente a esconder el rostro contra su hombro.

—No puedo —respondió el omega con un sollozo.

Era verdad, pues ahora que había descubierto que sus lágrimas conseguían abrazos, Gen no tenía ninguna prisa por detenerlas. Rodeó la cintura de Senku y se aferró a su camiseta, acomodándose contra él como si aquel fuera el único lugar seguro que quedaba en el mundo.

—No te odio —Senku cerró los ojos y soltó un suspiro—. Estoy molesto porque una persona terminó inconsciente y porque todos parecían conocer la situación excepto yo. Eso no significa que quiera que desaparezcas.

—¿No quieres que me aleje?—Gen levantó lentamente la cabeza. Sus pestañas estaban húmedas y sus mejillas seguían cubiertas por lágrimas.

—No.

—¿Tampoco quieres que cambie de universidad?

—Esa idea es diez mil millones por ciento estúpida.

—¿Puedo seguir entrando en tu laboratorio?

—Nunca pediste permiso para hacerlo.

—Entonces, ¿puedo continuar entrando sin permiso?

Senku lo miró con cansancio.

—Vas a hacerlo sin importar lo que responda.

Una pequeña chispa de esperanza apareció en los ojos del omega, aunque todavía conservó su expresión afligida. No podía abandonar el papel demasiado rápido.

—Pero te marqué sin tu consentimiento —recordó con voz débil—. Interferí en tus relaciones y espanté a todas las personas que se acercaron a ti. Debes estar profundamente disgustado conmigo.

Senku pensó en aquella afirmación. Era cierto que Gen había actuado sin consultarlo, y también resultaba evidente que necesitaban hablar sobre los límites de aquel comportamiento. No obstante, al revisar las consecuencias reales, descubrió que la mayoría no le parecía especialmente negativa.

Nunca había sentido interés por las personas que intentaron invitarlo a salir. Sus aproximaciones habían interrumpido experimentos, provocado conversaciones inútiles y consumido un tiempo que Senku prefería dedicar a sus investigaciones. Si Gen no hubiera intervenido, habría tenido que rechazarlas personalmente.

Desde una perspectiva puramente práctica, las feromonas del omega habían realizado aquel trabajo por él.

—Pensándolo bien, el efecto no es completamente perjudicial —admitió.

Gen parpadeó.

—¿A qué te refieres?

—Tus feromonas mantienen alejadas a las personas molestas. La mayoría se acerca para hacer preguntas tontas, invitarme a lugares que no me interesan o pedirme ayuda con problemas que podrían resolver utilizando un mínimo de sentido común. Si tu aroma evita esas interrupciones, entonces posee cierta utilidad.

La tristeza de Gen desapareció de inmediato. Sus lágrimas se detuvieron con una eficiencia casi milagrosa. Los hombros dejaron de temblar y sus ojos recuperaron el brillo en cuestión de segundos. La transformación fue tan rápida que, en cualquier otra circunstancia, Senku habría sospechado que acababa de ser manipulado.

—¿Estás diciendo que puedo seguir perfumándote? —preguntó Gen, radiante.

Senku entrecerró los ojos.

—Con moderación.

—Seré extremadamente cuidadoso.

—La cantidad debe disminuir por lo menos un noventa por ciento. Nadie volverá a desmayarse, ningún alfa debe interpretarlo como una amenaza de muerte y dejarás de robar mi ropa.

—¿Qué ocurriría si tomara prestada alguna prenda ocasionalmente?—La sonrisa de Gen vaciló en el último punto. 

—Pedirás permiso.

—Eso elimina toda la emoción.

—Gen.

—Está bien. Pediré permiso.

Senku continuó observándolo. El omega ya no parecía destrozado ni preparado para abandonar el país. Permanecía entre sus brazos, sonriendo con una felicidad luminosa que no guardaba ninguna relación con la tragedia que había representado pocos segundos antes.

—Dejaste de llorar muy rápido —señaló el beta.

Gen volvió a apoyar la cabeza sobre su hombro antes de que Senku pudiera examinar su expresión.

—Tu abrazo curó mi corazón roto.

—Eso no tiene sentido.

—El amor tampoco lo tiene.

Gen cerró los brazos alrededor de su cintura y lo apretó con fuerza. Ya no existía rastro del omega resignado que prometía desaparecer para siempre. En su lugar había una criatura radiante, emocionada y completamente enamorada que acababa de descubrir que Senku no solo le permitía permanecer a su lado, sino que tampoco rechazaba la idea de continuar llevando sus feromonas. Senku comprendió demasiado tarde que aquella autorización podía haber sido un error.

—No deberías emocionarte tanto —advirtió—. Todavía tenemos que hablar de todo lo que hiciste ahora que ya te has calmado.

—Podría volver a llorar.

Senku guardó silencio. Gen sonrió contra su hombro, satisfecho al comprobar que la amenaza había funcionado.

—Eres un manipulador —murmuró el beta.

—Soy adorable.

Senku no encontró una respuesta que no confirmara lo evidente. Intentó apartarse, pero Gen interpretó el movimiento como una amenaza contra su recién recuperada felicidad y se aferró con mayor fuerza.

El omega levantó el rostro. Se encontraban tan cerca que sus narices casi se rozaron. Gen contempló los ojos rojizos de Senku y encontró en ellos algo que nunca se había permitido reconocer. El beta estaba irritado, avergonzado y probablemente comenzaba a comprender que había caído por completo en su actuación, pero no había rechazo en su mirada.  Tampoco había deseo de apartarlo.

—Senku-chan —susurró Gen.

—¿Qué?

—Gracias por no odiarme.

La sonrisa de Gen perdió parte de su picardía. Por primera vez desde que comenzó aquella conversación, no había actuación en su rostro. Solo quedaba la vulnerabilidad de alguien que había esperado durante años una respuesta y todavía temía haber entendido mal. Senku relajó los brazos alrededor de su cintura.

—Nunca podría odiarte.

Aquellas palabras terminaron de destruir todas las inseguridades que Gen conservaba. Antes de que Senku pudiera anticipar sus intenciones, el omega se inclinó y unió sus labios.

El beso fue breve, suave y tembloroso. No tuvo la seguridad de sus amenazas feromonales ni el dramatismo de sus lágrimas. Fue un gesto honesto, nacido de una felicidad tan grande que Gen no había encontrado otra forma de expresarla.

Senku quedó completamente inmóvil, Gen se preparó para sentir cómo lo apartaba, pero aquello no ocurrió. Los brazos del beta continuaron alrededor de su cuerpo y, después del primer instante de sorpresa, una de sus manos se cerró suavemente contra la tela de su camisa.

Senku podía haber retrocedido pero no lo hizo y en lugar de eso, permaneció allí, con los labios todavía rozando los de Gen y el rostro cada vez más encendido. Su corazón golpeaba con una fuerza absurda contra su pecho, pero no necesitaba un instrumento para comprender lo que significaba aquella reacción.

Cuando Gen se apartó apenas unos centímetros, lo miró con una mezcla de asombro y felicidad. Senku miró sus propios brazos como si acabara de descubrir que actuaban de manera independiente. Podía soltarlo, pero Gen lo observaba con tanta ilusión que terminó manteniéndolos exactamente donde estaban.

El omega sonrió al notarlo.

—De verdad me gustas muchísimo, Senku-chan —confesó Gen, todavía abrazado a él.

—Qué asco —respondió Senku con una sonrisa, completamente sonrojado.

La frase pretendía ser una de sus respuestas habituales, una manera torpe de esconder la vergüenza que le producía admitir cuánto le importaba Gen. Sin embargo, el omega no consiguió interpretar la sonrisa que suavizaba aquellas palabras. Su corazón, todavía vulnerable después de haber expuesto un secreto guardado durante años, solo escuchó el rechazo.

Los brazos de Gen se aflojaron lentamente alrededor de la cintura de Senku. La alegría desapareció de sus ojos y el aroma dulce de sus feromonas perdió toda su calidez. Esta vez no hubo lágrimas calculadas ni hombros temblando en el momento preciso. El dolor que se instaló en su rostro fue silencioso, verdadero y tan profundo que Senku dejó de sonreír.

Gen había entendido finalmente lo que, desde el principio, temía escuchar, que Senku no lo odiaba y estaba dispuesto a conservar su amistad, pero jamás lo amaría de la misma manera.

—Oh… —murmuró, apartando la mirada. —Entiendo

Gen se separó por completo. La ausencia de su calor dejó una sensación extraña entre los brazos de Senku, pero el beta no alcanzó a comprenderla antes de que el omega retrocediera otro paso.

—¿Qué estás diciendo?

—Que está bien —respondió Gen, esforzándose por sonreír—. Podemos continuar siendo amigos. Prometo no volver a besarte ni interpretar tu amabilidad como algo más. Solo necesito un poco de tiempo para ordenar mis sentimientos.

—Gen, yo no…

—Será mejor que me vaya.

Esta vez no convirtió su partida en una representación dramática. No caminó despacio para darle a Senku la oportunidad de detenerlo ni miró por encima del hombro esperando despertar su culpa. Bajó la cabeza y avanzó directamente hacia la puerta, deseando salir de aquella habitación antes de que las lágrimas volvieran a aparecer.

Esa diferencia fue lo que hizo reaccionar a Senku. Comprendió que Gen no estaba actuando, el omega realmente creía que había sido rechazado y se disponía a marcharse para llorar en algún lugar donde él no pudiera verlo. La idea produjo otra punzada incómoda en su pecho.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó.

Gen se detuvo, aunque no se volvió.

—A casa. No te preocupes, mañana estaré mejor.

Gen volvió a caminar, pero apenas alcanzó a tocar el picaporte. Senku lo sujetó por el brazo, tiró de él y lo hizo girar. El omega perdió el equilibrio y terminó chocando contra su pecho. No tuvo tiempo de preguntar qué estaba haciendo porque Senku tomó su rostro entre las manos y lo besó.

Esta vez no fue Gen quien inició el contacto ni un impulso inesperado que el beta se limitó a tolerar. Fue Senku quien acortó la distancia, cerró los ojos y unió deliberadamente sus labios. El beso fue torpe por la falta de experiencia, pero también firme, cálido y lo bastante prolongado para destruir cualquier posibilidad de que Gen pudiera interpretarlo como un gesto amistoso.

Gen quedó completamente inmóvil. Durante varios segundos no consiguió responder. Su mente, habitualmente rápida, dejó de funcionar bajo el peso de una única certeza, Senku Ishigami lo estaba besando por decisión propia.

Cuando el beta se apartó, su rostro estaba tan rojo que el color alcanzaba hasta las orejas. Sin embargo, no soltó a Gen. Mantuvo una mano alrededor de su cintura y la otra apoyada sobre su mejilla, impidiéndole volver a alejarse.

—¿Cómo es posible que dejes solo a tu novio después de besarlo? —preguntó, visiblemente molesto.

Gen lo contempló con los labios entreabiertos.

—¿Mi… novio?

—No voy a repetirlo.—Senku desvió la mirada.

—¿Acabas de decir que soy tu novio.?

—Tienes buena memoria.

—¿Eso significa que estamos juntos?

—Si necesitas una explicación científica, puedo prepararte un esquema.

—¡Senku-chan!

La felicidad regresó con tanta fuerza que Gen dio un pequeño salto antes de lanzarse nuevamente hacia él. Rodeó su cuello con los brazos y lo apretó con todo el amor que había contenido durante años. Senku retrocedió un paso e intentó apartarlo, pero Gen continuó aferrado a su cuello. La tristeza había desaparecido por completo y sus feromonas volvían a extenderse por la habitación, cálidas y dulces, rebosantes de una alegría tan intensa que cualquier alfa u omega situado en los alrededores habría comprendido exactamente lo que acababa de ocurrir.

Senku no podía percibirlas, pero la felicidad escrita en el rostro de Gen resultaba imposible de ignorar.

—Antes de que continúes celebrando, hay una condición —advirtió Senku

—No debes volver a bañarme en tus feromonas.

—No prometo nada. —La sonrisa de Gen se volvió traviesa.

—Gen.

—Seré más cuidadoso —prometió Gen, aunque su expresión indicaba que no sentía el menor arrepentimiento—. Utilizaré una cantidad pequeña, delicada y apenas perceptible.

—Está bien, está bien. Negociaremos más tarde.

Antes de que Senku pudiera continuar, Gen tomó su rostro entre las manos y comenzó a llenarlo de besos. Besó su frente, ambas mejillas, la punta de su nariz y la línea de su mandíbula, riendo cada vez que el beta intentaba apartarlo.

—¡Gen! —protestó Senku, girando el rostro para escapar—. Esto tampoco estaba autorizado.

—Estoy celebrando a mi novio. —dijo Gen antes de besar su mejilla derecha.

—Cállate.

—Mi hermoso novio —añadió, besando la izquierda.

—Eres insoportable.

—Mi adorable novio beta.

Gen volvió a besarlo, esta vez directamente sobre los labios. Senku soltó un sonido de protesta que se perdió entre ambos, pero tampoco se apartó. Sus manos continuaron firmes alrededor de la cintura del omega, sosteniéndolo cerca mientras Gen sonreía contra su boca.

Durante años, Gen había anunciado mediante sus feromonas que Senku le pertenecía. Había perfumado su ropa, ahuyentado pretendientes y convertido cada abrazo en una declaración silenciosa que toda la universidad podía comprender.

Ahora ya no necesitaba mantenerlo en secreto, Senku lo había llamado su novio y  aunque el beta continuaría protestando por las feromonas, los abrazos y los besos que cubrían cada centímetro de su rostro, la sonrisa que no lograba ocultar revelaba la verdad de que Senku tampoco estaba disgustado con la idea de pertenecerle.