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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-09-20
Updated:
2026-09-20
Words:
3,847
Chapters:
1/15
Hits:
12

La Coordenada de Sempiterno

Summary:

El amor puede estar a la vuelta de la esquina ¿O a la vuelta de un universo alterno?

Erling se encontraba cansado, perdido en un mundo del que nunca se había sentido parte, encuentra su última esperanza en un antiguo pergamino maya y un lugar asombroso en otro continente.

Un mítico lugar y un extraño viaje en el tiempo-espacio lo llevan hasta Jude y su caótico entorno.

¿Por qué llegó a este mundo?
¿Podrá encontrar la respuesta que ha buscado?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

En esta vida había una sola cosa imprescindible para todos: Su marca de destino.

Un suceso increíble, incluso para los científicos; el hecho de que cada persona nazca con una marca de exactamente siete puntos, siete, diferentes patrones y ubicaciones, pero siempre siete puntos, para tener la certeza de que en algún momento de esta solitaria y surreal vida encontrarías a tu persona destinada.

En ocasiones estas no se encontraban, o lo hacían pero extrañamente no congeniaban. Estaba bien, simplemente era lo que sucedía, sólo que al menos ellos seguían teniendo sus siete puntos en su marca de destinados.

Pero Erling había sido un caso extraño. Erling había nacido con una marca defectuosa, él sólo tenía un casi medio círculo en el antebrazo, con solo cuatro puntos. Había sido analizado por médicos, pero al parecer no había nada malo en él, una salud increíble y ningún síntoma extraño, la marca simplemente así había resultado y no había nada que hacer.

Erling de pequeño, al leer y escuchar las historias populares había llorado y había comenzado a odiarse a sí mismo, suplicando innumerables veces que por favor, pudieran completar su marca y así encontrar a su destinado.

Pero ahora Erling tenía 26 años, un doctorado y a su amigo corriendo tras de sí mientras escapaban de un extranjero con la tez colorada por la furia.

-¡A la izquierda Erling! ¡¡A la izquierda!!

-¡Regresen aquí vagos delincuentes! ¡Ustedes tomaron mi billetera!

Jack se quejó mientras seguían corriendo.— ¡Viejo lunático!—Tomó aire— ¡Fuí yo quien le señaló al tipo que sí lo hizo!—Bufó— Esto me pasa por querer... ayudar a los demás.

El menor apretó su laptop contra sí, maldiciendo en su mente al tipo que los perseguía. Doblaron en un callejón, después en otro y terminaron colándose en uno de los bares ruidosos que estaban por la zona, logrando perder al tipo de una vez por todas.

Erling soltó un suspiro, saliendo del recibidor y adentrándose al recinto, dejó el dispositivo sobre una mesa y se detuvo para tomar grandes bocanadas de aire, negó.—Por fin...—Estiró su cuello.—Dios, corrimos unas qué ¿Ocho calles? ¿Tanto dinero traía el pedazo de tonto que no sabe cuidar sus cosas?

Jack tomó asiento frente a él, buscando con la mirada a alguna camarera, sonrió en cuanto la vió.—¡Linda, traéme algo de alcohol a cien grados bajo cero porque me estoy muriendo! ¡Porfavor!

Erling miró con burla a su amigo exagerar como era de costumbre, volteó en la misma dirección que él, encontrando a la camarera esperando su orden.

-Un refresco de manzana porfavor.

La chica escribió en su libreta antes de dar la vuelta en silencio. El castaño lo interrumpió de inmediato.

-¿Refresco? Disculpe señor “vivo en un jardín de niños desde toda la vida" ¡Estamos en México, por Dios!—Bufó incrédulo.

Rodó los ojos y se encogió de hombros—¿Qué tiene que ver México? Te he dicho muchas veces que quiero estar sobrio hasta que terminemos este asunto.

El mayor asintió.—Bueno me rindo, ese es mi último intento fallido de hacer que pruebes las maravillas de una auténtica tequila.

Bufó, sonriendo de lado.—Sí, cómo no, en la noche estarás molestando otra vez.

Jack respondió con una risa cariñosa, sin negar lo que se había dicho. La chica regresó minutos después dejando sus pedidos en la mesa, agradecieron y cada quien dió un largo sorbo a las bebidas, sintiéndose totalmente descansados.

Encendió de vuelta la laptop, apretando sus labios mientras tecleaba la contraseña e inmediatamente se mostró el documento en el que había estado trabajando. Bajó las páginas hasta la última, agregando un punto más...

-¿Lograste encontrar el horario exacto?

Hizo una mueca.—Tal vez. De cierta forma aún no, pero creo que tampoco lograré saberlo hasta la noche, o hasta que suceda.

-¿Entonces, sólo estarás ahí esperando a que la luna se pose en su punto más alto?

-Sí, literalmente.

Jack bufó.—Dah, espero que Marco tenga la noche libre para esperarnos.

Erling tomó un sorbo de su refresco y continuó escribiendo el reporte de cómo había sido el transcurso del movimiento lunar la noche pasada, siendo totalmente necesario para que pudiera terminar el plan de lo que iban a hacer y no existiera un margen de error tan riesgoso.

-¿Tenemos la sal y el azufre listos, cierto?

-Yep, todo exactamente guardado en la mochila y en los envases correctos.

-¿Las hierbas?

-Uh, iré en una hora a comprarlas al mercado del lugar, para que estén frescas.

Talló el costado de su frente, terminando y cerrando la laptop. Suspiró.

-Tengo miedo.—Apretó los labios.—Mucho miedo.

Jack al frente lo miró serio, antes de sonreír transmitiéndole confianza, correspondió a la sonrisa, agradecido por no estar solo en toda esta locura.

-Todo estará bien, hemos trabajado tanto para esto, eres valiente por seguir hacia adelante y terminar el proyecto.

No respondió, aún conflictuado con sus sentimientos, realmente asustado, pero sabiendo que Jack encontró una respuesta en sus hombros más relajados. Continuó por un tiempo escribiendo, leyendo los reportes anteriores y actualizando su diario de investigación. El tiempo pasó y no se detuvo hasta que su amigo se puso de pie, alzó la mirada curioso y el menor sonrió en su dirección.

-Bueno, el plan comienza hermano. Iré a comprar las hierbas e inmediatamente me iré al punto de reunión. Llevaré todo lo necesario.

Asintió sonriendo.—Gracias, por favor cuídate mucho.

Vió a su amigo asentir de vuelta, levantarse de su asiento, dejar algunos dólares sobre la mesa y marcharse tarareando una canción. Miró de nuevo a la laptop y se sorprendió cuando notó que habían pasado cuarenta minutos y que la hora marcaba las siete de la tarde con cuarenta minutos.

-Joder.

Recordó que Jack ya había pagado con anterioridad así que salió del lugar a paso lento, asegurando la laptop a su costado. Mientras caminaba pensó en que no habia mucho que ver por aquella zona de Quintana Roo, recorrió algunos callejones con lentitud y salió a una calle tranquila, donde había niños corriendo y gritando, algunos adultos platicando y uno que otro comercio, siguió caminando mientras miraba con detalle el lugar.

Hasta que llegó al parque, donde había una mayor concentración de gente, puestos de comida, ropa, souvenires, un par de hombres tocando un instrumento que desconocía, no detuvo su paso, recordando que tiene que llegar rápido al hotel o todo por lo que han trabajado se vendrá abajo, con eso en su mente se aseguró de acelerar la velocidad.

Y casi lo logró, hasta que notó otro punto de atracción en el lugar, uno que estába siendo criticado. Una mujer que probablemente está en sus cuarenta, bailando al ritmo de una canción que sonaba desde una grabadora que dejó en el suelo, no hay una coreografía ni vestuario elaborado, sólo baila de la forma que desea, portando un vestido amarillo alegre y su cabello recogido en una coleta despeinada, solo baila, ríe y...

Podía escuchar a la gente murmurar cosas desagradables... "Que vergüenza." "Ridículo, es gracioso." "¿Y esa qué, no tiene cosas que hacer en su casa?" "No te acerques mucho hijo, podría estar loca."

No apartó la mirada de la mujer, no la juzgó, ni siquiera la cuestionó.

La entiende.

Y la envidia.

Es sólo una persona decidiendo ser libre.

Unos niños pasan corriendo frente a él, sacándolo de su distracción y recordándole que debe apresurarse.

Entonces retoma rápidamente el camino.

...

Terminó de guardar las cosas que necesitaba en su mochila de campo, la laptop, el azufre, la sal, algo de ropa, una toalla, un lazo y algunos metales necesarios para ajustarlo a una superficie rocosa, su diario de investigación también.

Sabiendo que no se necesita mucho para lo inesperado cerró la mochila, no sin antes recordar que tiene un teléfono y que de hecho, podría servir.

¿Qué se lleva cuando la noche puede tener miles finales, incluso ninguno?

Tomó algunos dólares, su mp3, y salió corriendo porque el reloj marca casi las nueve y le prometió a Jack llegar a esa hora al punto de encuentro.

Aquella zona es una fiesta por la noche, le resulta fácil perderse en el enrollo nocturno y despreocuparse un poco gracias a todo el ánimo que se puede sentir en la gente que baila, canta y camina por todos lados, le tomó casi 15 minutos salir del lugar atiborrado hasta que llegó a las orillas de la pequeña ciudad y puede comenzar a adentrarse a un lugar más alejado, más cerca de la costa que permanece llena de vegetación, siente un poco de miedo al meterse a un lugar solitario, con muchos puntos de escondite y sobre todo desconocido, pero se mantiene firme, caminando más.

Sabe cómo llegar, Jack y él han estado aquí un mes, estudiando y preparándose para el gran día.

Para hoy.

Pasaron casi veinte minutos cuando logró llegar a la entrada del lugar, ve en un desgastado y rústico letrero de madera el casi borroso "Cenote La Calavera." Y se adentra empujando la cerca de metal, la cual ya ha sido abierta. Jack debe estar esperando desde hace tiempo.

Se pierde en la oscuridad que ya es densa, caminó perfectamente a su destino, pasó por una cabaña, que es la recepción y todavía caminó cinco minutos más bajo algunos árboles, rodeando algunos senderos de flores rojas, comenzó a ver una luz blanca a lo lejos, en una zona despejada, y eso le indica que ha llegado y lo que provoca que su respiración comience a acelerarse.

Llegó hasta Jack, notando a una persona detrás de él.

-Vaya, pensé que te habías arrepentido.

Suspiró entrecortado, quitando la mochila de sus hombros, negó.—Sólo me tardé caminando.—Movió la cabeza señalando al hombre que los miraba a unos metros.—Gracias por ayudarnos también hoy Marco.

El pelinegro asientió con una sonrisa tranquila.—No es nada, ya me acostumbré a tenerlos por aquí en todo el mes.

El ruido de una alarma interrumpió el momento, Jack revisó su bolsillo y apagó la alarma en su celular. Erling suspiró y se quitó la mochila de los hombros, era hora, los segundos comenzaban a contar.

Comenzó a quitarse la ropa, siendo cuidadoso para no caerse, sacó su laptop, y todas las cosas que traía, las cuales ahora creía innecesarias.

-¿La hora exacta?

Marco se acercó a él para ayudarlo con el traje de buceo, le entregó la ropa y agradeció en silencio.—No es exacto, pero está dentro del lapso entre las 9:45 y las 10:00.

Jack asintió, tomando una nota mental.—Bien, Marco me dijo que son diez minutos buceando hasta la Haloclina*. Tendrás que sumergirte exactamente 9:35 y llegar sin problemas a la capa, entonces... el demás trabajo será tuyo.

Asintió con tranquilidad, cerrando el traje y confirmando que no estuviera tan ajustado.

El único ruido que se podía escuchar era el sonido de los insectos alrededor, Marco ajustando los tanques de oxígeno y Jack tecleando en la laptop, Erling intentó meter su diario de investigación, el celular, un dólar y su mp3 dentro de una bolsa para meterlos después dentro de su traje.

Marco lo miró extrañado mientras lo hacía.—¿Todo eso es necesario?

-Dudo que lo sea, pero quiero tenerlo.

-Mmh.—Marco murmuró, pero no añadió más.—Te quedan quince minutos.

Asintió sin responder, ya no había nada que hacer hasta que fuera la hora. Se permitió pensar un poco acerca de lo que sucederá hasta que Marco lo interrumpe anunciando que ha terminado de ajustar el lazo para el descenso.

-Son las 9:25.

Apretó los labios, cuya textura se siente rasposa gracias a todas las veces que suele morderlos en el día, puede notar que está comenzando a asustarse cuando se supone que debe concentrarse en tener paz.

Verificó por última vez que todo estuviera en orden, confirma que lleva lo más "importante" dentro del traje, el lazo está bien ajustado, Marco también terminó de ponerse su traje, además de su mochila y ahora todo está tranquilo, desde donde está de pie ve a Jack sacar las bolsas de azufre y sal, sólo unos segundos y...

La alarma comienza a sonar de nuevo y mira a Jach desactivarla, un silencio pesado cae en el lugar, alza la mirada para ver a su amigo y este se la devuelve, se permite sonreir y es Jack le corresponde. Quedan cinco minutos.

-Hablé con Marco antes de que llegaras, él sabe que será un ritual espiritual, nos apoyará con oraciones y concentrando también buenos sentimientos.

Asintió y miró a Marco quien ahora parecía un poco ansioso.—Gracias.

-No es nada, el chico dijo muchas cosas pero no entendí realmente, y si entendí, entonces estoy asustado, sólo espero que logres tu propósito.

En todo el transcurso del día soltó una risa divertida, asintió con un movimiento de cabeza y volvió a agradecer.—Gracias, en serio es importante tu ayuda aquí, gracias por aceptar incluso si todo suena un poco loco.

-Y Marco.

Ambos voltearon hacia Jack, quien los miraba desde lejos mientras rompía una de las esquinas de la bolsa de sal.—Sea cual sea el resultado, no entres en pánico y no sigas a Erling del otro lado de la haloclina.

El pelinegro asintió en silencio, antes de apretar los labios.

-Bueno, entonces vamos a sumergirnos.

Erling caminó a la orilla de la cueva, la estructura de la piedra dolorosa bajo sus pies, sólo cubiertos con la delgada tela del traje de buceo.

Marco ajustó el cable a su traje y colgó la mochila con el tanque de oxígeno en su espalda, antes de sacudirlo un poco.

-Estamos listos.

Cerró los ojos e inhaló con detenimiento, tomando tiempo para llenar sus pulmones con aire y detenerse en cada sentimiento, dejó salir el aire con lentitud y abrió los ojos. Asintiendo con una sonrisa tranquila.

-Nos vamos.

Marco tomó su mano a punto de acercarse a la orilla para saltar cuando Jack interrumpió con un grito.

-¡Espera!

No le dió tiempo girar antes de sentir los abrazos de su amigo envolverlo, parpadeó conmocionado.

-Feliz cumpleaños Erling.

Miró a ningún punto fijo entre la oscuridad de la selva antes de sonreír y girar en la incómoda posición en la que estaban para poder corresponder el abrazo de su amigo, soltó una suave risa feliz.

-Gracias, te amo mucho.

Jack suspiró.—También te amo.—De inmediato fue empujado de vuelta a su anterior lugar.—Bueno, éxito. Estaré feliz de lo que sea que resulte hoy.

Sonrió de lado sin ocultar el miedo en su rostro.—De cualquier forma, te comunicaré lo que suceda.

Pudo notar que algo cambiaba en la mirada del mayor, algo parecido a la incertidumbre.—Vamos a estar bien.

Con el tiempo contando y habiendo tenido días de preparación ajustó la máscara de oxígeno en su rostro, solo sintió un breve apretón de la mano de Marco antes de saltar de la orilla de la cueva y caer al agua.

La espiritualidad casi nunca había sido comprendida, mucho menos alcanzada.
Erling tenía veinte años cuando por primera vez prestó atención a que esto sucedía, conociendo mundo totalmente diferente.

Es diferente sumergirte en un cenote sin saber su historia, o el poder que podrías tener dentro de él.

Pero cuando has hecho esto tantas veces, cuando te has preparado para aventurarte a algo nuevo, en este momento Erling se siente ligero, en paz, siente que está en un mundo que no lo daña, feliz y tranquilo. Fueron sólo unos segundos antes de abrir los ojos y estabilizarse dentro del agua, la mano de marco continuó apretando la suya y entonces sintió cómo comenzó a ser jalado.

No había mucho qué mirar dentro de la oscuridad, la lámpara especial que estaban utilizando apenas iluminaba el camino que seguían, y la profundidad no les permitía llegar hasta lo hondo, así que sólo era arena, piedras, oscuridad y burbujas creadas por el movimiento al avanzar.

Al inicio atravesaron la única zona despejada, conforme comienzan a avanzar deben esquivar algunas rocas, nadar debajo de ellas o entre los huecos que dejan. Si Jack y él no hubieran buceado por aquí en las últimas semanas, hacer esto realmente hubiese sido un caos.

Erling notó que ya había pasado cierto tiempo considerable cuando sus piernas comenzaron a sentirse cansadas, sólo les tomó otro total de casi quince metros y la mitad del tiempo estimado hasta que llegaron al lugar importante.

Pudo ver la Haloclina, una capa que se crea como efecto al juntarse el agua salada y agua dulce, Erling la había visto varias veces y seguía siendo impresionante como la primera vez.

Aunque nunca la había atravesado.

Marco apretó su mano y parpadeó detenidamente, era hora, realmente había llegado el momento para el que se había preparado casi un año. Imaginó que Jack ya habría terminado de regar la sal y el azufre alrededor del cráter de la cueva, y comenzado a acumular su propio poder espiritual, ahora era el tiempo de Erling.

Respiró con cuidado, regresó el apretón al pelinegro y cerró los ojos, yendo a través de su memoria por los años que había vivido. Se encontró primero con una serie de recuerdos de él mismo, comiendo un pastel de chocolate en alguna celebración, yendo con sus padres a una feria en Noruega, jugando en la caja de arena, comiendo un sobre de frituras, su primera nevada atiborrado en un abrigo color rojo. Erling confundido porque ha estado muchas horas con el doctor, Erling amando su marca de destinado porque es muy interesante, es un bonito medio círculo de tres puntos.

Erling yendo al jardín de niños, Erling jugando con sus nuevos compañeros, Erling enseñándole a sus amigos su marca de destino, la cual está en la parte alta de su antebrazo, Erling notando que todas las demás marcas tienen siete puntos y no tres como la de él. Erling notando que poco a poco los demás se alejan de él y lo señalan.

Erling escuchando las historias populares de destinados, Erling siendo apartado y odiándose a sí mismo. Erling a través de una adolescencia triste y vacía. Erling encontrando consuelo en la ciencia, Erling estudiando Biotecnología y posteriormente Ingeniería Genética. Erling siendo feliz con una marca de destino imperfecta, Erling aceptando que en esta vida no tendrá un destinado.

Erling viendo un documental por error, porque dejó el canal con volumen alto mientras iba rápidamente por un vaso de agua. Erling escuchando la historia de un lugar interesante en la riviera maya, Erling conociendo por primera vez acerca de la espiritualidad. Erling conociendo a través de su nueva investigación a Jack, otro chico con una marca defectuosa igual que él, Jack tiene sólo cinco puntos en su marca de dos líneas paralelas. Erling encontrando en Jack al mejor amigo que pudo tener.

Erling y Jack trabajando juntos en una nueva investigación, encontrando un poco de esperanza en un cenote extraño, unos meses después viajando a México para investigar más, regresando a Noruega debido a sus trabajos. Erling y Jack después de una segunda investigación aún mas profunda, decidiendo arriesgarse y regresar a Quintana Roo para llevar a cabo un experimento. Erling conociendo más del lugar, más de sí mismo, más de Jack, nuevas personas como a Marco.

Erling en este momento.

Erling frente a la haloclina, la capa que le espera para ser atravesada. Se permite sentir cada emoción, el enojo, la tristeza, la felicidad, la confusión, la tranquilidad. Se permite sentirlos y trabajar en ellos, acumularlos, amancillarlos y después convertirlos en algo.

En poder.

La espiritualidad sigue siendo una parte difícil de manejar, es extraña, es confusa, es difícil de controlar, pero es tan asombrosa, tan vigorosa.

Erling sabe que está listo, lo puede sentir, aprieta la mano de Marco antes de soltarla y toma un segundo para reunir cada gramo de coraje que su corazón pueda sentir y abalanzarse al frente, atravesando la haloclina del cenote.

Es precioso, la apreciación física, la sensación emocional, su vista nublada debido al efecto físico de la combinación de aguas, es tan asombroso y tan bello.

Está maravillado en el suceso que no nota cuando de repente todo ese sentir se expande, se multiplica dentro de sí y en todo su alrededor, deja de respirar y un destello luminoso explota en todos lados, puede sentir todo al mismo tiempo, dolor, ligereza, una fuerza aplicándose desde cada ángulo de su cuerpo, y de repente se abre paso a la nada.

....

Abrió los ojos y los cerró de vuelta por la cantidad de brillo en el exterior, Erling exhaló con fuerza, sintiendo que su cuerpo fue arrollado por un auto una y otra vez.

La única indicación que mandó su cerebro fue "mover" y al instante puede alzar débilmente una de sus manos, sintiéndose horrible, no puede alzar ninguna de sus extremidades. Quiere gritar pero tampoco encuentra la fuerza para hacerlo así que se limita a tomar su tiempo para poder generar la fuerza y al menos poder sentarse.

Respiró con lentitud muchas veces, sin detenerse a pensar en el tiempo que está pasando, o siquiera pensar en algo, hasta que creyó que se sentía mejor y ahora podría hacer un intento de levantarse, tomó un poco de impulso y poco a poco se encontró sentado, teniendo una mejor vista del lugar en el que está.

Arena gris oscura, más arena, algunas piedras y...

¿Sólo más arena?

Frunció el ceño enfocando su vista y mente, de una forma más adecuada en lo que está sucediendo.

¿Por qué hay tanta arena gris y muy oscura además?

Miró al rededor y notó que la arena también lo rodeaba y de repente se dió cuenta que está atrapado en algún tipo de pozo, o algo que pueda ser similar.

Y entonces Erling recordó el por qué está ahí, sin detenerse a analizar nada, se levantó rápidamente, siseando por el dolor y con la vista nublada debido a la repentina pérdida de equilibrio.

¿Dónde mierda está Jack? ¿Dónde está Marco? Mucho peor, ¿Dónde está él mismo?

Suspiró entrecortado, su circulación sanguínea por fin comenzando a funcionar como debe y teniendo mil preguntas y pensamentos al mismo tiempo, mojó sus labios, pensando si...

-¿Me escuchan? 0693 desde la costa de Leist, un desconocido identificado.

Parpadeó con miedo y volteó, alzando la vista y encontrándose con la mirada fría y calculadora de un chico que se encuentra en cuclillas al borde del pozo.

Abrió los labios pero nada salió de su boca, quiso hablar pero no tiene idea de qué decir, pareciera que olvidó las palabras...

-Aquí los esperaré, no hay signos de peligro o resistencia. Zona 73.

El chico bajó la mano de su oreja, de donde parecía que estaba el dispositivo por donde se comunicaba. Antes de poder hacer el intento nuevamente de hablar, el desconocido se puso de pie y sacó una arma de algún lugar, la dirigió en su dirección.

-Las manos en alto, beta.

Obedeció sin la intención de morir en esa tarde, no sin antes saber concretamente qué sucedió. Y notó extrañamente que aquel chico se encuentra vestido totalmente de blanco.

Con un dolor descomunal, alzó los brazos

Notes:

Esta historia está un poco loca, solo espero que sea de su agrado y por fin pueda ser mi momento de publicarla después de tenerla en mente 4 añosTT

Más personajes serán agregados a las etiquetas conforme vayan apareciendo^^