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The Beginning of a Story We Already Know

Summary:

Lara was always taught to fear humans. She has spent years stranded on the surface, trying to adapt as best she can. Her current pastimes? Having a daily cup of hot chocolate (don't worry, Lisa is keeping an eye on her sugar levels) and spying on the reigning national women's boxing champion through the café window, clinging to a peculiar memory that connects them.

Himeko gives them the push they both needed to get this story started.

An AU one-shot that came to me while I was crying over the anime's ending; it almost never saw the light of day, were it not for the fact that I already had half the story in my notes. Here, they’ll get their happily ever after... I think. We can pretend they do.

Notes:

A ver, empezando por lo verdaderamente importante: ¿QUÉ LES PARECIÓ EL FINAL DEL ANIME? Jaja, en serio quiero llorar, esto no es solo un fic, es un pedido de auxilio.

Me entretuve escribiendo la primera mitad de esto antes de ver el capítulo final y la otra mitad la terminé después, tratando de reparar mi estabilidad emocional. Es un pequeño AU que se me ocurrió durante el desayuno así que algunos detalles de la historia original fueron simplemente cambiados al azar. En fin, espero que disfruten este humilde segundo intento mío de aferrarme a este pasatiempo.

Nota de la nota: Lo siento si esto esta en mi idioma original, se me hace re complicado confiar en los traductores gratuitos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

No hizo nada malo pero hizo todo mal

 

La moderna cafetería ubicada casi a orillas del lago Biwa se había convertido en uno de los sitios preferidos de Lara para pasar el tiempo. O simplemente, para olvidarse de todo lo malo del día (y las otras cosas de las que no puede hablar con nadie, como por ejemplo, que es una sirena atrapada en ese mundo hasta que logre encontrar a un príncipe que se convertirá en su verdadero amor como si fuera una especie de cuento para niños) con una buena taza de chocolate caliente que confortaba hasta el corazón más herido según sus propias palabras.

 

Bajo el mar las cosas eran saladas, literalmente. Lara nunca antes había probado una dulzura tan exquisita como la del chocolate, era de las pocas cosas Mentira que le gustaban de ese mundo.

 

Felizmente tiene una hermana mayor, Lisa, para que la aconseje. Lara no sabía cómo podría haber sobrevivido sin ella todos esos años que llevaba varada y condenada a desplazarse en esos dos apéndices humanos llamados piernas.

 

Soportando a los tontos humanos.

 

Era molesto lo mucho que todavía le costaba mantener el equilibrio para cosas tan simples como subir una escalera.

 

Punto positivo para la cafetería, Lara solo salía del trabajo (una tranquila repostería que había accedido a contratar gente sin experiencia como ella), caminaba algunos cientos de metros en dirección de las aguas que una vez fueron toda su vida y un giro a la derecha, ¡fin del camino! El lugar perfecto para reunirse con amigos si tuviera , precios cómodos y justos que no afectaban su cartera a fin de mes.

 

Independizarse era un concepto raro para ella. Los humanos lo hacían, las crías cumplían 18 años calendario y el mundo parecía reconocer ese evento como un cambio tan trascendental de sus vidas y un buen motivo para decirles que era hora de irse de la casa familiar. No en todos los casos, pero Lara sinceramente no ve diferencia entre un humano antes o después de esa fecha.

 

Según su propio documento de identidad, falso al igual que ella, tiene 22 años humanos. Si pudiera, Lara le colocaría el 0 que le falta al final. Al menos así no tendría que seguir mintiendo, como lo ha hecho desde que salió del agua.

 

Ella como tal no se solventa sola, su hermana le consiguió un bonito lugar para refugiarse cerca del centro y es su respaldo si algún día necesita ayuda. Es Lisa quien lleva muchas más décadas que ella en ese mundo y conoce casi todos sus secretos y lo oscuro que puede ser. Pero al mismo tiempo, es su querida hermana la que le está poniendo el reto de "salir del nido" para que pueda encontrar el amor.

 

Con un humano. No es como que hubiera otra especie parlante y compatible. Lara se estremece de solo pensarlo.

 

Algo sobre que si seguía escondiéndose de los humanos bajo su falda, no tendría nunca el valor de conseguir un príncipe y mucha menos la fuerza para enfrentar a la bruja.

 

Lara desconocía la razón por la cuál ella era tan especial para su reino que ahora guardaba su retorno, o más bien, que la luz volviera a brillar como en antaño. Era la menor de sus hermanas. La más inquieta, la más impulsiva, la más... curiosa.

 

Hubo una vez que Lara soñó con conocer la superficie. Ya hace muchos, pero hace muchos años. Y ese deseo egoísta que incluso ahora sigue sin perdonarse, fue lo que le arrebató a su madre.

 

La reina y su luz se perdieron para siempre por su imprudencia.

 

La chica pelirroja sacude su cabeza con desdén, negándose a hundirse una vez más en el recuerdo. Sigue su camino, al local de bebidas que se había convertido como en su segundo lugar favorito en ese lugar además de la casa de su hermana. Su cabello largo, pulcro y elegante se sacude con el viento a cada paso, ojos como el agua cristalina y una altura impresionante, siempre atraen las miradas de los hombres y una que otra femenina por la calle.

 

O quizás han notado que cojea con cada paso y sienten lastima.

 

Cualquiera de las dos razones le provoca un mal sabor de boca.

 

Lara no duda que las historias humanas, de sirenas hermosas y viles embusteras como las retrataban arrastrando a los marineros al fondo del mar, sean reales. Los humanos siempre atraídos por aquello que los llevará a su propia destrucción.

 

Casi 5 minutos después de terminado su turno y del corto trayecto tratando de pasar desapercibida, finalmente llegó al local.

 

No sin antes pararse en la esquina, mirando a todos lados como si un camión mágico fuera aparecer de repente y la arrollaria si no tuviera cuidado.

 

Dos, tres, cuatro veces hasta que estuvo segura que esa chica no la vería. Solo por precaución.

 

La campanita sobre la puerta tocó aquel familiar timbre al que ya se había encariñado.

 

Está época del año era especialmente fría, por lo cual era normal ver el lugar casi completamente vacío. Salvo unos cuantos clientes vestidos hasta el cuello con ropa abrigadora y afelpada. Lara misma llevaba un grueso abrigo de tonos oscuros, que le llegaba hasta la altura de sus rodillas, tratando de protegerse lo mejor posible del viento cada que salía. Aunque ahora dentro, con el aroma del cacao y el café en todo rincón, Lara finalmente se permitió soltar un suspiro de agotamiento que había estado conteniendo todo el día.

 

En sus brazos, llevaba un segundo abrigo, este de un color rojo brillante que era doloroso de ver.

 

Igual que yo.

 

Lara se sentó en la barra como si lo hubiera hecho toda la vida, casi se sentía así. Se acomodo en el asiento de madera, cruzo las piernas y dejo la prenda en sus brazos sobre la barra, alisando algunas inexistentes arrugas sobre la tela.

 

Quizás debí ponerlo en una caja. Y traer algunas flores como disculpa por el tiempo que me tomó.

 

Lara encontró este lugar casi por accidente, cuando buscaba trabajo por orden de su hermana. Pensó que preparar bebidas no sería tan complicado, obviamente se equivocó y no hubo una segunda entrevista. Pero conoció algunos empleados ese día y desde entonces ha frecuentado ahí.

 

Al menos está segura en un 90% que son inofensivos. Quizás 95% siendo positiva.

 

 

[ — Asqueroso monstruo! — ]

 

[— A-Aléjate, no te acerques o...— ]

 

[— O que?— ]

 

 

Una taza se colocó frente a la sirena, sacándola de sus pensamientos. Ella aún no ha ordenado nada.

 

— Lara-chan, hoy has venido más temprano de lo usual. Lo mismo de siempre, verdad?" — La voz de Himeko sonó tan cariñosa como siempre, con ese peculiar tono que la caracterizaba mientras en sus manos sostenía una pajilla. Lara la miro en silencio unos segundos, tragando saliva para superar ese miedo inherente que siempre la carcomía por dentro cuando otro humano le hablaba tan repentinamente.

 

Incluso si era Himeko, a quién Lara consideraba lo más cercano a una amiga. Esa chica tenía una capacidad natural para atraer personas, como una princesa, aunque suena algo redundante tomando en cuenta el significado de su nombre.

 

— Hey... Si, muchas gracias por la amabilidad.

 

— No pasa nada. Te vi tonteando hace un rato en la esquina y supe que venías para acá. Estás esperando a alguien está vez?

 

— N-No, para nada, solo... Ya sabés...

 

[ — Callate de una buena vez! Criatura horrible y de mal augurio. Te vi como eres en verdad. —]

 

[Un golpe. El dolor seco en su mejilla. Otro más. Y otro. El sabor de la sangre en su boca. Seguido de muchas punzadas en las piernas, cortes profundos o quizás no, en este punto ya no distingue bien las sensaciones. La perdida de la claridad del entorno. Es asfixiante no poder hacer nada, piensa la princesa, de ser completamente inútil ante la fuerza de una criatura rabiosa como lo era aquel humano. Acaso ese era el destino de toda hija del mar que se aventuraba lejos de la luz del palacio real?]

 

[Lara ni siquiera podía llorar. Solo cerró los ojos, esperando el siguiente ataque, alzando las manos llenas de raspones para protegerse, una débil protesta ante la muerte, como todo ser vivo que se aferra con uñas y garras a la vida por más cruel que sea. Su padre tenía razón sobre los humanos. Su madre pago el precio. Ahora ella, por culpa de las mentiras de esa bruja se había aventurado en una misión imposible por salvar a su reino.]

 

[Su existencia misma es una maldición.]

 

— Lara-chan?

 

 

[¿De dónde viene esa luz?]

 

 

— Oe... Tierra llamando a Lara-chan, me copias?

 

 

[—Oye idiota. Suelta a la chica.—]

 

— LAAAARA

 

— Eh?! S-Si, si estoy escuchando

 

Himeko se cruzó de brazos al otro lado del mostrador, mirándola con una preocupación que a Lara le provocó náuseas. Odiaba que la gente se sintiera mal por su culpa. No merecía esa atención ni quería ese tipo de sentimientos de criaturas como los humanos.

 

Lara se acomodó una vez más sobre la silla mientras se recomponía del recuerdo, casi del susto por el grito se había ido para atrás. Lo último que necesita es despertarse mañana con dolor de cabeza por alguna contusión cerebral.

 

Himeko la miro unos segundos sin decir nada antes de soltar una risita, como un diablillo a punto de hacer una travesura.

 

 

— Estás pensando otra vez en esa chica, verdad? Cómo se llamaba...? Siempre se me olvida por alguna razón...

 

— Mari Otsu, fuimos con ella al instituto. El rayo de Omi.

 

— Cierto cierto, muchas gracias Ouji.

 

— Ujum, no olvides preparar el café amargo del cliente de la mesa del fondo. Desde hace rato no deja de mirarnos con odio.

 

— Uhg, cierto. Ahorita vuelvo, Lara-chan, no te me vas a escapar hoy ehhh.

 

Lara bajo la cabeza, mirando el contenido humeante dentro de la taza como si fuera lo más interesante del mundo mientras Himeko y el otro chico que se encargaba de la caja registradora intercambiaban algunas palabras que ella ya no escuchaba del todo antes de que cada uno continuará enfocado en el trabajo.

 

Esa cafetería, no le gustaba solo por el buen chocolate y la compañía. Sino también, porque era un lugar que estaba justo en la ruta que cierta humana pelinegra recorría a diario.

 

 

Si le preguntan, Lara negara todo. Solo cuando se tratan de cosas cotidianas como ¿Que tal el trabajo? ¿Que postre preparaste hoy? Y así, son las que la hacen salir de su caparazón. Por lo demás, Lara realmente está sorprendida que esos chicos sigan intentando intercambiar palabras con ella.

 

No del todo, pero es lo que hay.

 

 

Pero en este punto de la vida está segura que Himeko y el resto de trabajadores de ese local saben que no le gusta el boxeo. O en general, ningún deporte, sus piernas no estaban lo suficientemente bien como para hacer actividades que requerían tanta coordinación de todos modos.

 

La primera vez que llegó a la cafetería, se topo con la agradable casualidad de que esa chica, Mari, solía hacer ejercicio justo ahí. Al otro lado de la calle donde empezaba el paseo marítimo.

 

 

Estiramientos, golpes letales al aire uno tras otro mientras se movía a la par de la brisa. Una rutina que le toma exactamente 35 minutos antes de empezar a correr y alejarse para no volver hasta el siguiente fin de semana. Lara tiene perfectamente cronometrada cada actividad porque la ha visto más de una vez a través del vidrio transparente del escaparate.

 

Ese cabello oscuro, al igual que sus hermosos ojos negros que esconden una bonda tan grande que incluso después de tantos años Lara no ha logrado descifrar. Su única pista de que esa chica es especial es aquella luz, cálida y acogedora que le recordó a su hogar.

 

No podía ser coincidencia.

 

Aún así, han pasado años desde ese evento y Lara no ha logrado dirigirle la palabra.

 

Sirena miedosa. Cómo diría su hermana mayor.

 

La ex sirena tomo su taza con elegancia, alzandola hasta su rostro y soplando suavemente mientras contaba los segundos hasta que apareciera esa chica. El olor era delicioso como siempre y el sabor seguro que igual.

 

Aunque no se comparan al de aquella noche.

 

[— Estás viva?—]

 

[¿Quién?]

 

[— Vamos. Abre los ojos, chica bonita, no me dejes sola con este desastre. —]

 

[¿Porqué?]

 

[—No pareces haber perdido mucha sangre pero los cortes en tus piernas parece que necesitaran muchos puntos.— ]

 

[Lara no podía sentir nada más que el dolor intenso que recorría su sistema nervioso de arriba a bajo, pulsando como el agua hirviendo sobre su piel mientras se dejaba manipular como masilla por aquella manos fuertes pero gentiles. No como las de aquella bestia, la voz que le hablaba en la oscuridad era claramente femenina.]

 

[Por primera vez desde que perdió su cola y aletas, Lara sintió seguridad. No como la de estar en el palacio o cuando Lisa la abrazaba sin motivo alguno. Era un tipo de calidez diferente.]

 

[—Ten por seguro que ese idiota no volverá a levantarse, al menos en un par de meses.—]

 

[Ella peleó contra ese monstruo... Por mi? Porque una humana arriesgaría su vida por alguien como yo?]

 

[—Voy a cargarte ahora, ok? Tienes a alguien que pueda llamar o debería pedir una ambulan-...eyyy! —]

 

[La mano de Lara se movió por instinto, agarrando por el cuello del abrigo a la persona que claramente la había ayudado. Salvado. Incluso con sus fuerzas mermando, jalo a la mujer hacia abajo hasta que la tuvo casi encima de ella, hasta que el calor de su cuerpo la distrajo por unos instantes del escozor de sus heridas sangrantes.]

 

 

[Aún sin ver del todo el rostro de su salvadora por la neblina tras sus ojos, Lara sabía que aquella chica debía ser la más hermosa criatura que había tenido la desgracia de nacer en esa especie de bestias.]

 

[—Sabes... serias... Un buen... Principe…— Murmuró la pelirroja con un hilo de voz. Sus dedos apretando y soltando la tela del suave abrigo. Todo era rojo. No sabe con certeza si sus ojos la engañan bajo la oscuridad de la noche o porque le cayó sangre al ojo.]

 

[Probablemente no funciona así.]

 

[— Oh, sabes hablar.—]

 

[Lara soltó una risa. Incluso con el obvio esfuerzo y el irregular subir y bajar de su pecho. No una forzada como las que fingía siempre que estaba con su hermana Lisa o con su cuñado. Todavía le causaba intriga de hecho ese detalle, acaso su amor verdadero sería tan inesperado como ese pez abisal que miraba a todos con frialdad menos a la sirena de cabellos azules?]

 

[—Claro que se hacerlo, tonta.—]

 

[—Es bueno saberlo.—]

 

[—¿Que obviamente se hablar japonés al igual que tú?]

 

[— Es bueno saber que sigues siendo capaz de sonreír.—]

 

[Esa luz otra vez... Que chica más rara.]

 

[— Bien, andando. Aún no tienes por qué morir.]

 

Oh, ahí está ella.

 

Lara tomó un largo sorbo de su chocolate caliente, agradeciendo la dulzura y el calor bajar por su garganta como una forma de darse auto valor. Hoy definitivamente será el día que hablará con esa chica, es el pensamiento más claro en su mente.

 

Si no, Lisa definitivamente va a regañarla. Lara ha estado tan concentrada en el recuerdo de aquella noche, que, no ha podido retomar activamente la búsqueda de su príncipe. Y desde aquella noche ya han pasado años.

 

Mari Otsu, la más reciente campeona de boxeo a nivel nacional. Su victoria incluso salió en las noticias y Lara tuvo la oportunidad de guardar algunas revistas donde hablaban específicamente la talentosa y más joven deportista en su categoría. 15 victorias, 0 empates y 0 derrotas. Totalmente invicta.

 

Lara no lo duda, esa chica debe ser aterradora cuando la tienes de rival.

 

[La ex sirena no sabía a dónde iban, solo que desde hace un largo rato estaban caminando. Bueno, no ella como tal, ella solo tenía que recostarse cuál princesa en los brazos de su salvadora mientras está hacía todo el esfuerzo físico de llevarla cuesta arriba por la carretera empinada. Lara no tuvo fuerzas para cuestionar el destino, solo cerro los ojos todo el trayecto mientras se refugiaba bajo el abrigo que aquella chica había colocado sobre sus hombros para protegerla del frío y ocultar su ropa hecha un desastre.]

 

[—Ambulancia... No.—]

 

[— .... Está bien. Supongo.]

 

[No recuerda todos los detalles de aquella noche. Solo que el comienzo de todo fue una pelea dura con su hermana. Lara no entendía porque debía buscar el amor con un humano, cuando ellos no habían sido más que crueles con los de su especie. Tampoco entendía a su hermana, acaso tantos años viviendo en la superficie le habían lavado el cerebro?]

 

[Lara no se manejaba bien bajo presión. La presión de ser la princesa especial. La que debía salvar a su reino. La que tenía que amar a un hombre de la especie que le arrebato a su madre.]

 

[Ya había pasado una vez antes. Con un príncipe de hecho que parecía brillar como la luz del sol en la más oscura noche. Obviamente, el exterior es un pobre reflejo del corazón de una persona. O de lo más feo de su alma. Lara ni siquiera tuvo oportunidad de intercambiar palabras con aquel principe. Solo basto con acercarse demasiado a lo que claramente estaba prohibido por una razón para que la sangre se derramara.]

 

[Así que esa noche corrió. Incluso sin poder usar del todo sus nuevas piernas. Sola y en medio la noche. Claramente no fue una buena decisión.]

 

Vamos Lara! Solo es... Acercarse... Presentarse... Darle la mano y devolver el abrigo... Es sencillo. Debería serlo.

 

El chocolate en la tasa desapareció en un santiamén por los nervios. Lara tomo el suave abrigo de color rojo con sumo cuidado y se puso de pie, no sin antes dejar un billete sobre el mostrador para pagar la cuenta.

 

Quiero ver de nuevo esa luz

 

[— Auch... No tan rápido- eh.. ¿Cómo te llamas? No recuerdo que te hayas presentado aún.—]

 

[— ¿Eso importa?— ]

 

[—Claro que si... Me haría muy feliz saber.—]

 

[— Mari. Mari Otsu.—]

 

Lara tomó la manija de la puerta, sin quitar la mirada de aquella chica. Más baja, con una constitución notablemente atlética bajo la chamarra delgada de estilo deportivo encima. Al parecer esa chica no sentía frío. Incluso aquella noche, Mari no pidió de vuelta el abrigo y se quedó abrazándola contra su pecho hasta que el auto de Lisa apareció para llevarla.

 

De alguna forma esa chica confió en ella y no llamó a ninguna autoridad humana. O algo que pusiera en evidencia la delicada situación de Lara y su hermana a la autoridades. Ella en ese entonces aún no tenía ninguna documentación y acabar en un hospital habría sido terrible.

 

Todavía le debe una disculpa. Y un abrigo, especialmente ahora que estamos en época de invierno y el hecho de que esa chica tiene el autocuidado de un pez.

 

En el tiempo que Lara lleva observandola. Definitivamente no es acoso. La ha visto usar 7 yesos en diferentes partes del cuerpo. Muletas. Incluso un parche en el ojo derecho hace un año luego de un enfrentamiento callejero según rumores.

 

Acaso esa mujer no le tiene miedo a la muerte? O tal vez es la más fuerte del mundo.

 

Lara no duda de ese pensamiento fugaz.

 

Espera. ¿Quién es esa mujer?

 

Lara apretó con fuerza la manija de la puerta, parada en el mismo lugar y bloqueando la única salida a un cliente detrás de ella que no sabía cómo rodearla.

 

Fuera del local y a casi 12 °C, una chica más alta y de cabello castaño como el chocolate atado en una coleta alta se acercaba a la boxeadora. Ambas eran claramente cercanas por la forma en que se saludaron efusivamente con un golpe de puños. Lara no sabía quién era esa humana y por alguna razón eso le molestaba.

 

— Hey... Lara-chan. Deja de matar con la mirada de los transeúntes. Nos vas a espantar la clientela.

 

La voz de Himeko logró sacar a Lara de sus pensamientos, quién con un pequeño gritito se apartó con un salto de la puerta y se inclino en reverencias de disculpas, no sabe a quien exactamente, pero lo ha hecho tantas veces para evitar conflictos con los humanos que se ha vuelto casi una segunda naturaleza vivir agachando la cabeza.

 

— Ya ya, no hay que preocuparnos por esas cosas. Ven, toma asiento y deja que está princesa te ayude con tus problemas.

 

Lara no pudo hacer nada para evitar que esa chica tan jovial la arrastrara a una de las mesas cerca de la ventana. Solo rogar en silencio a los dioses del océano porque lograra sobrevivir a una 'charla' propiamente dicha. Y que esa chica que seguía muy cerca de su Mari se esfumara.

 

— Estoy bien. Solo... Siento algo de nervios por volver a hablar con ella.

 

Himeko alzó una ceja con picardía, tomando asiento delante de ella pese a la clara mirada juzgadora de Ouji desde la barra. Lara piensa que ambos harían una buena pareja, aunque claro, ella misma ayudó a Himeko a confesarse y no salió muy bien que digamos. Punto positivo? La chica humana parece estar más feliz con su amistad desde entonces, otra cosa que Lara no entiende de los humanos y sus emociones cambiantes.

 

Realmente Lara no sabe cómo funciona el amor.

 

— Puedo ser franca? Ya esperé mucho tiempo para esto.

 

— ¿Q-Que cosa?

 

— Que admitas que te gusta!

 

Lara entrecerró lo ojos y negó secamente con la cabeza.

 

— Definitivamente no tiene nada que ver.

 

— Ah? Pero yo recuerdo que hace mucho tiempo mencionaste que estabas buscando a tu príncipe.

 

— Y así es.

 

— Y todo este tiempo no has hecho más que mirar a la chica al otro lado de la calle.

 

— ... Es correcto... Creo

 

Su amiga la miró como un bicho raro. Lo era, pero no por lo que sea que se esté imaginando, Lara solo siente gratitud y una profunda admiración por aquella chica que un día le salvo la vida. ¿Correcto?

 

Es lógico sentirse curiosa por la bondad que no sabía que existía en los humanos.

 

— Acaso eres homofóbica y gay de closet?

 

A?

 

— Lo lamento, pero no reconozco esos términos.

 

— Vale... — Himeko hizo un juego de manos con una expresión tan seria que Lara no entendió nadita, algo sobre dos tijeras por la forma que trataba de ejemplificar. —  Ok esto es tonto. Uh... Si sabes que una princesa puede amar a otra princesa, verdad?

 

No, así no es como funciona. Una princesa tiene que buscar a su príncipe y darse un beso de amor verdadero que haga estallar la luz de la vida. Aún así. Lara no sabe porque en su interior algo vibró dentro de ella ante esas palabras.

 

Debe ser la leche.

 

— Eh... No? Es algo normal en este país?

 

Himeko la miro ofendida por unos segundos antes de suspirar dramáticamente, fingiendo desmayarse en su silla. Incluso sintió la mirada innecesariamente larga de Ouji en su nuca, al parecer todos están interesados en su vida amorosa. Genial. Simplemente genial. Humanos metiéndose donde no los llaman. — Lara-chan... Una mujer también puede ser tu príncipe.

 

Latido.

 

¿Eso tiene algún sentido?

 

— Sabes qué. Al diablo todo, te conseguiré una cita ahora mismo.

 

Espera. Qué?!

 

Lara tuvo una reacción más lenta que una tortuga en post operatorio. Para cuándo levantó la vista de los aburridos patrones de la mesa de la cafetería, Himeko ya había desaparecido y solo quedaba el sonido de la campana apagándose como único aviso de que alguna vez había estado en este lugar.

 

Lara no se atrevió a moverse ni a gritar, observó en cámara lenta desde el gran ventanal como Himeko cruzaba la calle y con una facilidad que envidió en ese momento, se ponía a charlar con las dos deportistas con una sonrisa muy coqueta e interesada para el gusto de Lara. 10, 20, 30 segundos fue todo lo que le basto.

 

La campana de la cafetería volvió a sonar, está vez con tres chicas sacudiéndose la ligera escarcha sobre sus ropas en la entrada. A Lara simplemente se le encogió el corazón. Ya no había escapatoria ni como seguir posponiendo su reencuentro. Literal, Himeko le había puesto en bandeja de plata la oportunidad de hablar con su salvadora sin sentirse como una inoportuna por interrumpir su entrenamiento.

 

Pero que rayos fue toda esa charla sobre mi príncipe?!

 

— Hey~ Lara-chan. Encontré a estas encantadoras chicas muy solitas en la calle y las invité a tomar un café. Yo me llevo a... Nagahama-senpai del club de boxeo verdad? Jaja claro que te recuerdo. No te preocupes por Otsu-san, mi amiga Lara cuidara muy bien de ella en nuestra ausencia. Bueno, bye bye.

 

— Qué

 

— Ah?

 

Tanto Lara como la pelinegra de cabello cortó miraron con expresión vacía como Himeko secuestraba a una muy confundida Nagahama hasta el otro extremo del local, dejándolas clara y sospechosamente a solas en una zona de la cafetería que de por si ya estaba vacía. Solo una relajante música de fondo y el sonido del motor de la cafetera para acompañarlo.

 

— Tu amiga siempre es así?

 

— Eh...? Si, creo que si.

 

Mari se rascó perezosamente la nuca como quien se resigna a una situación que definitivamente no estaba ni en sus más locos planes para ese día, y se giró para mirar a Lara por primera vez desde que entró.

 

Oh, sus ojos son mucho más hermosos de cerca.

 

— Eres tú... —murmuró la boxeadora.

 

— Y-Yo... Sí!, soy yo. Digo... supongo que soy yo. Uhh... ¿Todavía te acuerdas de mí?

 

Mari soltó una exhalación suave, casi imperceptible.

 

— Nunca podría olvidarte.

 

El corazón de Lara dio una voltereta en ese momento, bombeando una pura y genuina felicidad de adentro hacia afuera.

 

No era normal.

 No debía serlo.

Ambas somos mujeres.

 Ni siquiera eran palabras de cariño, concéntrate, Lara.

 

Sus manos se apretaron al borde de la mesa hasta que sus nudillos se pusieron blancos por la pura ansiedad. Por suerte, no tuvo que esforzarse por continuar la conversación, la presencia de la humana llenaba el espacio con una naturalidad abrumadora.

 

— Entonces... Lara.

 

— Hai...

 

— Ha pasado un tiempo.

 

La voz de Mari era suave, arrastrando una calma que contrastaba drásticamente con el aura imponente de una orgullosa campeona nacional. La pelinegra apartó la silla frente a Lara y tomó asiento, apoyando los brazos sobre la mesa e inclinándose ligeramente hacia adelante. Lara se sintió completamente expuesta bajo esa mirada intensa pero gentil. La forma en que Mari le dedicaba toda su atención, sin presionarla o sacar a relucir lo que paso esa noche.

 

Todo en ella irradiaba esa misma luz cálida y acogedora que le había salvado la vida aquella noche.

 

Tragando el nudo de nervios en su garganta, Lara supo que era ahora o nunca. Tomó el suave abrigo de color rojo con sumo cuidado y lo empujó lentamente sobre la mesa hasta dejarlo frente a la boxeadora.

 

— Desde hace un tiempo quería devolvértelo y... darte las gracias. En serio. Por lo de esa noche.

 

Mari parpadeó, abriendo un poco más los ojos. La sorpresa rompió su expresión serena al reconocer la tela chillona que no había visto en años. Sus dedos rozaron sutilmente los de Lara al tomar la prenda, provocando un ligero estremecimiento en la ex sirena que rápidamente ocultó tras una sonrisa amplia e incómoda.

 

Mari desdobló poco a poco el abrigo, inspeccionándolo con una ceja alzada antes de soltar un silbido de apreciación.

 

— Vaya. Está impecable. Ni una sola mancha de sangre.

 

— P-Por supuesto que no —balbuceó Lara, nerviosa—. Lo lavé con mucho cuidado... a mano. Varias veces, de hecho.

 

— Qué alivio. Por cierto, debiste ver como quedó ese tipo asqueroso luego de que lo golpeé. Y estaba tan borracho que de seguro ni recordaba nada al día siguiente.

 

Lara parpadeó, sorprendida por la cruda honestidad de la explicación, pero en lugar de asustarse, una risa genuina y cristalina escapó de sus labios. La imagen de la estrella juvenil de la ciudad derrotando a un tipo de casi el doble de su tamaño era hilarante y a la vez intrigante. La miró con los ojos brillando de pura curiosidad, como si un nuevo libro de conocimiento y maravillas se hubiera abierto frente a ella.

 

Mari se detuvo a observarla en silencio. La comisura de sus labios se curvó hacia arriba, suavizando por completo sus facciones.

 

— Tienes una expresión adorable y tonta justo ahora.

 

Lara sintió que la sangre le subía a las mejillas a una velocidad vergonzosa.

 

— ¿Acaso... estás intentando coquetear conmigo? Te digo que no es un muy buen halago que digamos...

 

Mari se inclinó un poco más cerca. Había un brillo innegablemente juguetón en sus ojos negros, una chispa de travesura que desarmó por completo las defensas de la pelirroja. Las palabras de Himeko flotando frente a sus ojos como una verdad que quizás era hora de aceptar.

 

— Averígualo. Princesa.

 

Lara contuvo el aliento. Realmente iba a hacer esto? O mejor dicho, Lara realmente estaba dispuesta a dejar escapar a la que probablemente era el amor de su vida solo por las discriminadoras enseñanzas de su padre?

 

Humanos y sirenas, una historia de odio tan vieja como el inicio de la vida fuera del mar. Pero quizás...

 

Mari alzó una mano con lentitud y señaló directamente al rostro de Lara con una sonrisa ladeada.

 

— Lindo bigote. —dijo, trazando en el aire la forma de los labios de la ex sirena que seguía sin poder respirar de forma adecuada. Vergonzoso. — Supongo que te gustó el chocolate, verdad?

 

[El sonido de las monedas cayendo en la ranura de metal había sido completamente desconcertante para Lara en ese momento. Se estremeció bajo el abrigo rojo cuando Mari, con una mano sosteniéndola firmemente en su espalda para que no se cayera, usó la otra para sacar una pequeña lata de etiqueta marrón de una máquina expendedora brillante en medio de la calle vacía y helada.]

 

[—Toma. Es chocolate. Te ayudará a entrar en calor. —Mari abrió la lata y se la acercó a los labios con un cuidado extremo.]

 

[Lara no supo que hacer, pero si esa chica lo decía, entonces no le quedaba más que darle el beneficio. Dejo de apretar los labios y dejo que aquella humana la siguiera mimando. Después de todo, quizás esta sería la única noche que estarían juntas sin barreras de por medio.]

 

[Lara primero bebió un sorbo con desconfianza, pero el sabor que explotó en su paladar al instante le hizo bajar la guardia. Nunca antes había probado una dulzura tan exquisita. El calor de la bebida chocolatada recorrió todo su cuerpo, calmando el dolor de sus heridas por una fracción de segundo y haciéndola desear por un instante que Lisa y Kota se tardaran un poco más en llegar.]

 

Padre estaría muy avergonzado de mí.

 

Lara ahogó un grito de mortificación, volviendo de golpe al presente. Se llevó el dorso de la mano a los labios rápidamente, limpiando el rastro graso de su bebida azucarada mientras desviaba la mirada hacia la ventana, deseando que el suelo de la cafetería se abriera y la escupiera en medio del Lago Biwa.

 

— Cambiemos de tema, ¿vale? —pidió con la voz desvaneciéndose, tratando desesperadamente de recuperar algo de dignidad. Era una princesa después de todo, No era perfecta, pero había aprendido a entender las interacciones más importantes entre humanos gracias a los doramas y todo parecía indicar lo que ella ya sabía. La están cortando.

 

Mari soltó una risa profunda y ronca que le puso la piel de gallina a la pelirroja.

 

— Solo si me prometes que dejarás de acosarme en mis entrenamientos.

 

Lara se congeló. Ay rayos . Giró la cabeza tan rápido que casi se lastima el cuello, mirándola con puro pánico,

 

— ¡¿LO SABÍAS?!

 

— Todo el tiempo —respondió Mari con absoluta tranquilidad, recostándose en su silla y cruzándose de brazos, luciendo tan relajada como si estuvieran hablando del clima—. No he levantado ninguna queja sobre acoso, por si te interesa saberlo.

 

Lara abrió la boca lentamente, pero no salió ningún sonido. Toda la pena y el miedo que había sentido por este reencuentro que había puesto de cabeza su de por sí ya complicada existencia en ese lugar, acumulado de años, se esfumaron como la espuma, siendo reemplazadas por un calor burbujeante en su pecho.

 

— Podrías acompañarme la siguiente vez —continuó Mari, suavizando el tono juguetón a uno mucho más sincero—. Digo, si quieres observarme de cerca en lugar de espiarme en secreto.

 

Lara la miró y no apartó la vista en ningún segundo. La ex sirena aún no tenía respuestas claras sobre el mundo, sobre lo que quería en la vida o de como lograría completar su misión. Solo sabía, que si estaba al lado de aquella humana, no tendría por qué hacerlo sola.

 

Puedo verlo... La luz

 

— Sí, por favor.

 

Notes:

Solo me queda declarar formalmente que Mari es la besto personaje, mi espíritu animal y la GOAT absoluta. No acepto discusiones al respecto. Y definitivamente quiero escribir más de ella, por ahí ya tengo una u otra idea cocinándose desde mi lado más oscuro tras el final.

En fin, gracias por leer.