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Bailando entre las llamas

Summary:

Tras una visita inesperada, Flins le enseña a Illuga a bailar.

Notes:

esto se suponía que iba a ser solo un drabble y al final se convirtió en un one shot, lol. la verdad es que me encanta escribir este tipo de cosas, así que tenía que escribir algo con el Faelight sí o sí.

aún tengo pendientes por escribir, así que espero terminarlos prontos, la vida adulta me carcome lentamente y no me deja mucho tiempo libre para esto ya (?)

espero que les guste este pequeño y corto fic. :)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¿Eh?, ¿usted sabe bailar, señor Flins?

 

Illuga se queda observando en silencio a su visita con una mirada curiosa pero a la vez incrédula. Ambos se quedan en completo silencio, mirándose mutuamente, olvidando que hace poco, iniciaron una nueva partida de un amistoso juego de cartas. También olvidan que hace un momento la charla era sobre otro tema, sobre historias de Lampareros que a Flins tanto le gusta compartir con él –y la historia era bastante interesante desde el punto de vista del joven capitán–. Por lo que Illuga se siente más confundido ante la revelación tan repentina de Flins. No hay sentido alguno para cambiar la conversación de forma tan abrupta sobre otro tema sin relación, ni mucho menos ante algo que no tiene importancia aparente.

 

Para aligerar un poco el tenso y silencioso ambiente, el soldado ratnik suelta unas suaves carcajadas.

 

—Oh vaya, no parece convencido de mis palabras, Joven Amo —habla Flins, dejando boca abajo sus cartas sobre la pequeña mesa.

 

—Bueno… es raro que mencione algo así tan repente —dice Illuga, dubitativo. Su mirada por un momento se desvía, pero pronto sus ojos regresan hacia Flins—. ¿No es que hace un rato atrás estábamos hablando sobre otro tema?

 

—Ciertamente, Joven Amo. Siempre tan atento a esos detalles, como es de esperarse —halaga Flins como de costumbre y llevando una de sus manos hacia el pecho, ganándose una mirada sarcástica por parte de Illuga—. No obstante, me pareció buena idea revelarle algo que muy poca gente sabe sobre mi persona.

 

—No es común que usted revele cosas de su persona, no de esta forma —admite el joven capitán, con una mirada inquisitiva, posando una mano sobre su mentón—. ¿De verdad no hay alguna razón en especial?

 

—Bueno, en realidad sí —y diciendo esto, el ratnik se levanta de su asiento dejando las cartas sobre la mesa. Camina lentos pasos hasta quedar frente a Illuga—. Creo que me parece buena idea que sepa bailar, Joven Amo.

 

Illuga se queda aún más confundido, pestañeando varias veces. Piensa seriamente en qué contexto podría servir que sepa bailar, pero a su mente solo llegan imágenes conocidas como  los patrullajes durante las noches, las largas expediciones hacia el Barranco Kipumaki y los combates contra la Cacería Salvaje. Por supuesto que, cuando era un niño, recuerda vagamente haber visto a algunos soldados ratnik bailar cuando se celebraban banquetes, pero una parte de su conciencia le dice que ese no es el tipo de baile que Flins dice que sabe bailar. Tras varios minutos de silencio, él niega con la cabeza mientras suaves carcajadas salen de su pecho.

 

—¿De verdad lo cree? —le cuestiona Illuga a Flins.

 

—Por supuesto que lo creo. Me parece adecuado que alguien como tú necesite saberlo —contesta el soldado ratnik con una sonrisa cortés.

 

—No lo sé señor Flins, no pienso que…

 

—¿Qué le parece si le enseño un poco?

 

—¿Eh?, ¿qué? —las cartas que tiene entre sus manos casi se caen de no ser que Illuga logra reaccionar a tiempo. Al ver que Flins habla en serio y por la mano que le ofrece con cortesía, ahora suelta unas cuantas carcajadas nerviosas mientras siente que la cara comienza a arder. Sus carcajadas nerviosas se apagan con el paso de los segundos, volviendo la situación un tanto bochornosa.— ¿E-es necesario que sea ahora, señor Flins?

 

—Claro que sí. 

 

—Pero nunca he bailado —admite Illuga, rascándose la nuca y desviando ligeramente la mirada, sintiendo vergüenza.

 

—Para todo hay una primera vez, Joven Amo. Pierda cuidado, aquí nadie va a juzgarlo, ni siquiera yo.

 

Ante la silenciosa insistencia por parte de Flins, Illuga termina accediendo. Se levanta de su asiento para quedarse al frente de su visita, tomando su mano con cierto nerviosismo.

 

—Muy bien. Ahora, si me permite…

 

Illuga da un pequeño sobresalto cuando siente la mano libre de Flins tomando su cintura con suavidad. Decide no decir nada en absoluto, manteniéndose en silencio y acatar lo que sea que Flins le diga con tal de aprender esos dichosos pasos de baile. También despeja su mente de los pensamientos que se cruzan en ese momento, en especial aquellos que recalcan lo cerca que está de él y la forma en que sostiene su cintura. Después, Flins le indica que debe poner su mano libre sobre el hombro de éste. 

 

—Ahora, Joven Amo, debe seguir el ritmo de mis pies —le indica Flins—. Imagine que la música suena en su cabeza y es una pieza musical que tiene un compás de tres cuartos.

 

—Está bien, haré mi mejor esfuerzo —responde Illuga, todavía nervioso y ahora mirando hacia el suelo. En el fondo, no sabe demasiado bien cómo imaginar alguna canción de esa especificación porque nunca ha escuchado una en su vida.

 

A pesar que está concentrado y sus ojos están puestos sobre sus pies para seguir los pasos de Flins, Illuga no puede evitar ahogar un pequeño grito de sorpresa cuando Flins da inicio a la práctica. Como es de esperarse, Illuga sigue los pasos con bastante dificultad. Se sorprende la forma elegante y tan fluida que posee Flins bailando: en realidad, él se desplaza bastante bien para estar en un espacio tan pequeño como lo es su casa y baila mucho mejor de lo que Illuga estuvo pensado en un primer lugar. A diferencia de éste, Illuga por el contrario no logra entender la secuencia de movimientos pese a que él ve que son bastante sencillos. Sigue los pasos con torpeza y de forma descoordinada. El vaivén se mantiene por unos segundos que Illuga siente que son eternos, tratando de evitar pisar los pies de Flins y a la vez de no caer al suelo o chocar contra la mesa. 

 

—Joven Amo Illuga —le habla suavemente Flins, sin dejar de bailar—. Sé que está realizando su mayor esfuerzo por aprender, sin embargo, creo que necesita relajarse para tener mayor soltura en los pasos.

 

Illuga no responde y se limita a arrugar el ceño, totalmente concentrado. De pronto, Flins realiza una vuelta con él y lo vuelve a tomar desprevenido. Choca un poco contra la mesa y en el proceso algunas cartas caen al suelo, sin embargo es Flins quien trata de amortiguar el golpe. Como resultado, Illuga se aferra más a él. Ambos detienen el ensayo de forma abrupta tras el pequeño accidente.

 

—¿Está bien? —inquiere Flins, con una voz ligeramente preocupada.

 

—Eso debería preguntarle a usted —responde Illuga, bastante avergonzado, alzando rápidamente su mirada encontrando la mirada citrina de Flins sobre él—. ¿Está bien, señor Flins? No pensé que iba a girar tan de repente, yo…

 

Unas suaves y calmadas carcajadas interrumpen en el hilo de sus atropelladas disculpas. Illuga se siente tan avergonzado por su pésimo desempeño en el baile que su rostro vuelve a pintarse de rojo.

 

—No se preocupe, Joven Amo, solo fue un mero golpe contra la mesa, pero nada que me lastime de gravedad —le dice Flins, tratando de calmarlo—. Podemos dejarlo hasta aquí, si así lo prefiere.

 

—No, me gustaría seguir intentando. Creo que ya entendí como es —por alguna razón, Illuga siente que el agarre que tiene Flins hacia su cintura se ha vuelto más firme y notable—. Uhm, ¿señor Flins?, ¿es necesario que el agarre se vuelva más firme?

 

—Oh vaya, yo pensé que así se sentiría más seguro, ya que usted está aferrado a mi brazo con fuerza.

 

—Oh.

 

Illuga siente que sus mejillas ahora están más ruborizadas que antes.

 

—Pierda cuidado, Joven Amo. No es algo que me moleste en lo absoluto. Si le brinda seguridad en no tropezar y caer, me parece bien.

 

—Está bien, señor Flins. Podemos empezar desde el principio.

 

—Muy bien, entonces.

 

Esta vez, el inicio del baile resulta ligeramente mejor. A pesar que Illuga sigue errando en seguir los pasos, esta vez trata de no estar demasiado tenso. Una media vuelta que realizan en medio del baile, aturde un poco a Illuga en poder seguir los pasos, lo que provoca que choque suavemente contra Flins y, sin querer, pise sus botas en reiteradas veces en un intento desesperado y nervioso para volver a estar coordinado.

 

—¡Ah! L-lo siento muchísimo, señor Flins —se disculpa Illuga profusamente—. No fue mi intención, yo no quería…

 

Las carcajadas suaves y despreocupadas de Flins, ayudan de alguna forma a que Illuga se sienta menos nervioso por su torpeza al bailar. Incluso le contagia un poco la risa. A pesar de ese pequeño nuevo accidente, no se detienen en su práctica de baile.

 

—Pierda cuidado, Joven Amo —le reitera el ratnik, con calma—. Estos accidentes son de lo más normal cuando uno está aprendiendo a bailar. Creame, estos errores pasan más a menudo de lo que usted piensa.

 

Pese a lo avergonzado que todavía se siente por no conseguir seguir bien los pasos, Illuga se siente reconfortado por las palabras que Flins le ha dicho. Los errores vuelven a aparecer en medio de la práctica, pero esta vez Illuga no siente la necesidad de disculparse de inmediato y hasta encuentra el lado divertido de sus errores, consiguiendo que se ría de su propia torpeza. El baile, que en primer lugar le representaba un desafío muy complicado por su inexperiencia, ahora se ha vuelto en una práctica mucho más divertida a pesar de todavía no comprender del todo los pasos de baile, sigue chocando contra las cosas y contra Flins y continúa enredándose con sus propios pies. Flins, al ver que Illuga ha recobrado la confianza que siempre ha tenido, se envalentona aumentando un poco la rapidez del baile y se une a las tímidas carcajadas que brotan del pecho del joven capitán. 

 

El baile finaliza cuando Flins, de forma inesperada, atrae a Illuga hacia él, lo hace girar un poco y se inclina levemente. Sorprendido, Illuga se queda sin palabras y con el corazón martillando con fuerza contra su pecho. Su rostro se sonroja al darse cuenta que Flins poco a poco va cortando la distancia entre sus rostros. No tiene tiempo de reaccionar, cuando de pronto un destello amarillo en forma de pájaro se interpone entre los dos y comienza a gorjear sin cesar, picoteando la cabeza de Flins sin piedad, pese a que éste no se inmuta en lo absoluto.

 

—¡E-espera, Aedon!, ¡no hagas eso! —llama Illuga, intentando agarrar con nerviosismo al pájaro para que deje de lastimar a Flins.

 

La situación se calma cuando Flins consigue tomar a Aedon entre sus manos, pese a que se lleva varios picoteos agresivos en el proceso. Se lo devuelve a Illuga, después de intercambiar miradas furtivas y un tanto amenazadoras con el pequeño animalito.

 

—Lo siento señor Flins, no pensé que Aedon saldría de la nada —se disculpa Illuga un tanto avergonzado, dejando al pajarito posado sobre su hombro para que éste se calme.

 

—Es un pájarito bastante inteligente y astuto, sin lugar a duda —comenta Flins con cortesía—. Creo que podemos dejar nuestra práctica de baile por hoy día, Joven Amo. Es momento de que me marche de vuelta al Cementerio.

 

—Oh, ¿de verdad? —habla Illuga con un ligero tono de decepción en su voz. Acompaña a su visita hasta el umbral de la entrada de su casa, sintiendo que hay algo más que quiere expresar, pero no sabe cómo. Cuando ve a Flins despedirse de él y alejarse lentamente, es cuando reúne la suficiente valentía—. ¡Señor Flins, espere!

 

—¿Sucede algo, Joven Amo? —Flins se voltea un poco para ver.

 

—¿Podemos volver a practicar en otro momento? —pregunta Illuga, titubeando—. Quiero decir… creo que tiene razón en que necesito aprender a bailar.

 

Es entonces cuando en el rostro de Flins se dibuja una sonrisa burlona que logra disimular gracias a su abrigo oscuro. Se lleva una mano hacia el pecho, cerca de la zona del corazón y se inclina ligeramente hacia Illuga.

 

—Por ti, Joven Amo Illuga, ¿cómo puedo negarme?

Notes:

gracias por leer el fic, kudos y comentarios son muy bien recibidos. <3