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Language:
Español
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Published:
2026-09-22
Updated:
2026-09-29
Words:
6,176
Chapters:
2/?
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3
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16
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146

Alejarse un poco más

Summary:

Joaquín y Santiago tienen que encontrar la forma de entenderse en una distancia que parece mortal. Se supone que ambos están convencidos que van a poder con esto, se supone.

Chapter 1: lo que no contás

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Joaquín recibió la noticia hace un par de días, once para ser exactos. Once días donde estuvo con emociones intensas, muy celoso, muy cariñoso, muy triste, se sentía como volver a tener catorce años y no saber cómo explicar todo lo que sentía: cualquier pregunta sobre que sucedía conllevaba a un Joaco confundido que no entendía y solo podía limpiarse los mocos con la remera manga larga. Santiago, sin saber sobre que ocurría, medía cada acción suya; quería estar de la mejor forma con él, aunque se le complicara un poco por las palabras que recibía cada que pedía para poder ayudar a que mejore el estado de ánimo. 

 

No es nada, solo quiero estar con vos, Santi. Esas palabras sonaban mordaces y no transmitían lo esperado, pero entendía que no era con esa intención, solo un par de minutos y le contaba o a lo mejor era solo mal humor temporal. Creyó eso la primera vez. Cuando el mal humor siguió apareciendo ya no supo cómo reaccionar. 

 

Era una frase fácil de comprender a su vez. No tenía un mensaje oculto, pero resultaba confusa cuando se tenía en cuenta que hace tiempo se tenían en consideración para todo en todo momento, ¿quería Joaquín todavía más tiempo de calidad? El mayor trataría de dárselo si es que era esa su necesidad. Solo necesitaba palabras, una confirmación que era eso lo que precisaba para que vuelvan las risas genuinas. Santiago se lo daría de una o mil formas porque quería ver esa boca sonriendo antes que verla apretándose de dudas no dichas. 

 

— Santi — la voz lo distrajo de sus pensamientos, se escuchaba más suave de lo normal. — ¿en qué pensas, boludo?  
 
El más alto ensanchó una sonrisa con cierta calidez ante la pregunta, últimamente pensar sobre esta situación incómoda entre ambos que los dejaba llenos de inquietudes iba a provocar que en algún momento vomite todo lo que siente y piensa con palabras al azar. Negó con la cabeza como si eso significara o respondiera algo.  

 

Joaquín no insistió con la pregunta, en vez de eso se movió lentamente. Encaminó hasta llegar a la cama y poder sentarse a su lado. Al rozar sus rodillas mordió su mejilla interna queriendo hablar, pero decidiendo callarse. Disimulo la molestia con una mueca. Cada contacto que tenía con Santi era un recuerdo desagradable sobre aquello que evitaba como si se tratase de la muerte misma, pues era algo parecido. 

 
Si iba a irse no quería separarse de Santiago, creía que todavía les quedaban muchas cosas por las cuales pasar y lo quería para el resto de su vida de la forma más egoísta posible, claramente no le importaba si era egoísta de su parte, de todas formas alguna vez todos tendrían su acto más egoísta. Ese debería ser el suyp. Lo iba a retener como sea posible consigo, si Santiago decía amarlo no tendría que ser difícil. Si lo amaba debía soportar la distancia que supondría que él se vaya a Brasil. Ese amor propuesto tenía que ser su fuerte. 

 

Pero Joaco dudaba de ese amor lamentablemente. Por más que se dijera que era real y tan fuerte como desearía, día tras día era un sufrimiento pensarlo. 
 

No sabía cuánto amor le tenía Santi. Podría ser más o menos de lo que demostraba, aun si fuera más, ¿bastaba para amarlo todavía sin ver su rostro, sin escuchar su voz, sin sentir su calor? No se debería medir el querer que puede tener alguien y hasta donde llegaría el corazón por amor, pero era difícil pensar en eso cuando moría de ansiedad por saber: después de irse ¿qué?  

 

Hace días la misma preguntaba atormentaba su mente y no lo dejaba descansar, pensar en estar lejos de Santiago y que este pueda llegar a reemplazarlo por, quizá, alguien más seguro, menos celoso, menos sentimental. Por alguien que esté más cerca. Sabía que su forma de ser podía ser muy estresante y Santi sabía disimular bien cuando Joaquín lo irritaba. Trataba de calmarse siempre para no rebalsar el vaso. Eso pensaba a menudo cuando le reclamaba por cualquier cosa y no conseguía respuesta, solo un silencio y una mirada cansada o preocupada. 

 

Un tirón de pelo lo saco de sus pensamientos, se quejó y le dio un golpe en el pecho a Santiago, escuchar su risa lo que lo hizo soltar un suspiro de alivio. No tenía que pensar en ello cuando todavía seguían juntos. 

 

— Estas muy distraído, ¿me vas a dar bola?  — Pidió, desmoronando a Joaquin que decidió ignorar a su cabeza. 

 

— ¿qué paso? — mordió su labio inferior todavía sin voltear a verlo. 

 

— Nada, quiero que me hables — pestañeo como hacia siempre, Santiago tenía cierto tic nervioso, era tierno en realidad. 

 

— ¿sobre? — por fin volteó la cabeza para estar cara a cara, Santi tenía sus ojos marrones bien abiertos y las cejas fruncidas. — ¿qué? 

 

— nada… — Alargó la última letra, claramente haciendolo para molestar a Freitas y que vuelva a preguntar. 

 

— dale, bobo, no me hagas rogarte porque no lo voy a hacer  

 

Santi sonrió apenas ante esas palabras, pensando solamente sobre si lo que diga recibiría respuesta o solo sería ignorado nuevamente. Posiblemente la segunda opción, pero nada se pierde al ser ignorado. Un poco la dignidad pero se podía recuperar en algún momento, más tarde.

 

— quiero saber qué te pasa, Joa — Soltó como si nada. 

 

Joaquín trago saliva, sintió que todo iba más lento y solo negó con la cabeza, imitando el gesto de hace unos momentos de Santi, dándose cuenta de que estaba haciendo lo mismo abrió la boca, pero, nuevamente, no le salían las palabras exactas para explicar su sentir. Levantó su mano, fijándose como los ojos marrones de Santiago le seguían el movimiento, sonrió tontamente y llevo sus dedos a las mejillas pecosas para pellizcarlas. Los ojos marrones del otro se achicaban por su sonrisa, dejando embobado a Freitas, totalmente vulnerable ante esa linda y divertida mirada que hacía totalmente inconsciente. Prefería ignorar la pregunta y hacer que el otro se distraiga antes que buscar una explicación que darle, todavía no era el momento. Quería ignorar todo lo que signifique una infelicidad momentánea y vivir hasta el último milisegundo sonriendo junto a Santi.
 
— tenés una cara de tonto — El menor sonreía mientras se acomodaba en la cama para quedar más cerca de Santiago. 

 

— bien que te gusta — soltó un quejido cuando lo pellizcó más fuerte. — encima dejo que me pegues, ¿no soy perfecto? 
 
Joaquín no podía explicar la felicidad que le generaba este momento, no era extraño, eran más comunes de lo que alguno creería, pero en situaciones donde no podía callar él solo a su cabeza con inseguridad Santiago estaba ahí para ayudarlo de alguna forma, incluso si no lo sabía. Era algo tierno y necesario que anhelaba con todo su ser. Su corazón nuevamente latía con normalidad, su respiración a la vez dejo de sentirse pesada. Rió levemente dejando de lado la mejilla para apoyar su brazo en el colchón, puso su peso encima del mayor y así acostarse ambos en el colchón. Joaquín miraba el techo, con la mente totalmente en blanco; Santiago lo observaba de reojo, haciéndose la misma pregunta, porque no era tonto. Se dio cuenta que Joaco evitó su duda, pero seguir preguntando seguramente iba a hacer que se enoje. Era lo que menos quería, pero iba a tener que aguantarse un enojo porque iba a hacer todo para enterarse que pasaba en la cabeza del menor que estaba tan dudoso.
 
— ¿qué opinas de Franco y Jude? Me puse a pensar, debe ser difícil sobrellevar una relación a distancia, — habló después de un silencio no tan largo. 

 
— que estan bien, siempre y cuando el vínculo lo puedan seguir manteniendo voy a apoyar a Fran. — pausó un momento — igual vos sabes los problemas que tienen esos dos, un embole... por mi parte no creo poder soportar algo así — chistó, Joaquín sintió casi como el corazón se le paraba del miedo. — pero si es con vos... con tal de estar juntos haría cualquier cosa, seguiría con vos incluso si te vas hasta la luna  
 
Esas últimas palabras hicieron que Joaco deje de estar tenso, aunque no estaba tan seguro de si hablaba desde la sinceridad o solamente era el corazón enamorado hablando, el cual a veces decía incoherencias para hacer feliz a otro corazón perdidamente embobado. Recostó la cabeza en el pecho del más alto, escuchó los latidos que ayudaban a calmar su propia respiración. Buscó y sujetó su mano para entrelazar sus dedos con una lentitud que transmitía calma y afecto, la diferencia de tamaño entre ambos era bastante, pero era cómoda y era una diferencia a la que Joaquín se encontraba acostumbrado.  
 
No estaba en sus deseos perder esa costumbre del calor del otro sobre su espalda cuando dormían juntos, perder los besos a las mañanas o las noches cuando jugaban. Quería quedarse en esos brazos que lo rodeaban tan fácilmente, que lo cuidaban y sostenían ante todo.  

 

Si el otro decidía que la lejanía podría separarlos no le iba a quedar nada. No creía poder seguir viviendo como si nada cuando formó parte de su vida durante la mayoría de su vida, iba a ser muy complicado seguir sin él, casi imposible pues era casi como el aire que respiraba. 
 
Santiago notó cierta inquietud en el otro, su lengua pesaba y estaba ansiosa por preguntar si pasaba algo, si él podría ayudar. En vez de investigar sobre eso que molestaba a ambos de distinta forma, acarició los nudillos de la mano más pequeña, sintiendo el calor de palma contra palma, amando el momento como siempre hacía. 
 
— ponele que yo me voy a, que se yo, Brasil — dijo como si no fuera exactamente eso lo que iba a suceder. — seguiríamos juntos, ¿verdad?  
 
El mayor abrió los ojos con un poco de sorpresa ante la pregunta, pues no había considerado ciertamente alejarse de su novio, no en esta instancia, no en el momento en el que se encontraban. Se quedó un rato en silencio y la mano de Joaquin casi se separa, pero no lo permitió. Apretó más su agarre sobre la mano del menor. 
 
— obviamente — contestó, empezando a acariciar la parte baja de su espalda, subiendo la remera para estar piel a piel. Una mano estaba agarrando la de Joaco, la otra acariciaba su piel de la espalda baja, siempre era así. Ambas manos encima. — te lo acabo de decir, hasta la luna 
 
El menor sintió un beso en su cabeza, sus ojos se humedecieron un poco antes de suspirar notablemente. Necesitaba encontrar el momento exacto donde confesarse y seguía sin encontrarlo. No quería desilusionar al de pequitas y que mientras estaban en momentos donde se entregaban su amor, él arruinarlo diciendo que dejarían de verse todos los días, dejar de tocarse como hacían normalmente, no quería ver cómo se le podría llegar a borrar la sonrisa. 
 
— ¿Por qué? — se acomodó para ver el rostro de su par, queriendo entender que pasaba. 
 
— nada, me puse a pensar eso, ¿no te preguntas como es que hacen para seguir incluso con la distancia en contra? — se levantó un poco, dejando desconcertado a su mayor y quedando cómodo para dar un beso en el cuello e ir subiendo por su mentón, llegar a sus mejillas y terminar cerca de sus labios. Antes de dar el último movimiento y chocar sus labios, sus ojos se buscaron como siempre. 
 
Beltrán no dejo que el menor tuviera la última jugada y le dio la vuelta, dejándolo boca abajo sobre el colchón con el pelo totalmente despeinado. Sus labios estaban tan rosas como siempre, y él se iba a ocupar de dejarlos rojizos. Con una sonrisita juguetona inició su ataque de besos en las comisuras de los labios hasta darle un par directamente en ellos. Lo besó como lo besaba siempre, como si fuera un recurso de vida más, super necesario e indispensable; eso eran los besos de Joaquín para Santi. 

 

Todavía le costaba creer hasta donde llegaron, estos momentos eran suyos y quería vivir esta cercanía para siempre con Joaco. Deseaba impregnarse el olor del otro, que sus pieles nunca dejen de tocarse por nada del mundo y que sus corazones siempre estén así de alterados por el otro. No era mucho lo que pedía, iba a luchar con uña y garra para poder mantener a Joaquín a su lado en todo momento y que su relación dure iba a ser su mayor trabajo. 

 

Pronto estaban en choques de frentes, narices, labios. La risa de Joaco hacía que se aliviara y pensara que pronto todo su malestar iría y por fin podrían volver a lo habitual. No quitaba el hecho que todavía moría de curiosidad, sabía que había algo que todavía no le decía y no le iba a decir si no insistía. Sus piernas estaban entrelazadas, los brazos de Santiago rodeaban la cintura de Joaquín y tenía su nariz hundida en la nuca, oliendo el perfume que al pasar las horas se fue yendo de a poco y se mezclaba con el olor de Joaquín, su shampoo era rico y de vez en cuando se bañaba en su casa para usárselo y sentirse más cerca.  

 

La idea le llegó a la mente en un instante, se bañaban juntos como un hábito tierno, aunque más de una vez se les fue la mano, ahora, con el cansancio mental quería estar con la espalda de Joa pegada a su pecho y que el agua caliente los salpique sin más, llevándose la pesadez que cargaba cada uno. Dio un fuerte apretón al abrazo de cuchara que estaban teniendo, escuchando el gimoteo de cansancio de su par. 
 
— ¿nos bañamos? Te ayudo con tu espalda, dale— Antes de siquiera recibir una afirmación se separó del abrazo caluroso, no sin primero plantar un beso en la nuca del contrario, dándole cosquillas.  
 
Al sentarse le dio un golpe suave en el muslo a Freitas, como un pedido de que lo acompañe. Despegó el cuerpo de la cama y caminó hasta el ropero con puerta corrediza, al abrirlo vio algo que lo hizo agacharse y agarrar un par de correas. Se giro para encarar el cuerpo de espaldas de Freitas que todavía no se levantaba.  
 
— ¿y esto? — la voz sonó grave, confundida, lo que hizo alarmar solamente un poco a Joaquín. 
 
Se apoyó sobre su codo para girar solamente un poco el cuello y ver a que se refería Beltrán. ¿Para qué? Su rostro palideció y de inmediato se levantó a quitarle el bolso lleno de ropa. Sintió todo el frío del lugar que había ignorado por estar en ese abrazo. Se había olvidado que dejo uno de los bolsos completamente preparado en el ropero, tampoco esperaba que Santiago revisara justo ahí, iba a quedarse a dormir y tarde o temprano iba a abrirlo. Estúpido él que no lo escondió mejor. 
 
— El bolso no más, no pasa nada — lo tiró abajo de su escritorio, evitando la mirada culposa de su par. — yo me busco la ropa 
 
La mente del mayor empezó a maquinar rápida y furiosamente sobre lo ocurrido en las anteriores horas. La pregunta sobre un hipotético caso, pero el hipotético caso parecía más cerca que lejos. Las preguntas, el que no contestaba su única duda, como se estuvo comportando la última semana, de a poco los cables conectaron e iban a generar un cortocircuito en su mente que estaba demasiado abrumada, que se lleno de recuerdos de la semana, ciertas cosas cobraban más sentido de lo que deberían. Sintió una puntada de dolor en la cabeza. Algo estaba sucediendo y Joaquín se lo estaba ocultando y, más claro que el agua, no era una buena o linda noticia.  
 

— ¿qué está pasando, Joaquín? No entiendo — Las palmas de Santiago sudaban frío, queriendo creer que lo que decía su cabeza se lo estaba inventado él mismo y que había una explicación aparte. 
 
Solo necesitaba que lo mirara, pero ni siquiera estaba haciendo eso, estaba evitando verlo. Apareció el elefante en la habitación que justamente ignoraban de diferentes formas y ninguno de los dos sabe como encararlo. 

Notes:

escribo esto a las 4:49 con 0 sueño y extrañando al joanti. no me inspire en nada solo fue una idea que tuve pensando en ellos y mientras no podía dormir. tengo muchas ideas porque vivo al pedo así que me quería animar a escribir algo jskjs espero les guste TT estoy nervioso también ahahb