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Flowers

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El aire de Konoha olía a primavera; el ambiente era inusual en esa época del año. La envidia y el anhelo al caminar no pasaban desapercibidos.
Ya fuera chico o chica, cada uno llevaba un ramo de flores amarillas destinadas ya para su pareja o amigos.

Algunas parejas se tomaban de la mano enamoradas, mientras que la chica sonreía sonrojada con el pequeño ramo que sostenía.

Tambien era el dia de Sasuke Uchiha para lucirse

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El aire de Konoha olía a primavera; el ambiente era inusual en esa época del año. La envidia y el anhelo al caminar no pasaban desapercibidos.

Ya fuera chico o chica, cada uno llevaba un ramo de flores amarillas destinadas ya para su pareja o amigos. Algunas parejas se tomaban de la mano enamoradas, mientras que la chica sonreía sonrojada con el pequeño ramo que sostenía.

Ese era el día en que Uchiha Sasuke demostraba ser el chico más codiciado de Konoha; cada chica se derretía cuando el azabache se le acercaba con un tallo y con una gran sonrisa que les prometía una cita.

—Es un idiota —murmuraba la princesa de los héroes con el ceño fruncido. Sakura y Menma observaban desde lejos cómo su compañero de equipo entregaba cada tallo a las chicas que lo rodeaban.

Sakura quería a su amigo, pero esta era una faceta que no toleraba de él.

—Cuando tenga que darle una flor a su novia, no se sentirá especial si le ha entregado a cada chica una igual —dijo esto observando el pequeño ramo de flores amarillas que Sasuke le había entregado. Por un segundo miró a Menma de reojo; había esperado que él también le diera al menos una flor, pero no fue así.

Menma no apartó la mirada de su amigo. Con los brazos cruzados, frotó sus pulgares con su dedo índice sintiendo ardor en ellos. Soltó un suspiro:

—No creo que sea un problema para él.

—¿Eh? —emitió desconcertada la pelirosa.

Volviendo con Sasuke, este soltó un discreto suspiro mientras fingía una de sus sonrisas y se apartaba del círculo que lo rodeaba.

—Bueno, mis gatitas, ha sido un placer verlas —tomó un mechón de cabello de una de las chicas cuyo rostro no recordaría después de dos horas—. Ya es hora de que nuestros caminos se separen, tengo que entrenar para poder protegerlas.

—¡Sasuke-kun! —suspiraron las chicas, observando cómo el Uchiha se alejaba.

Con una sonrisa relajada, Sasuke se acercó a sus dos compañeros de equipo sacudiéndose un poco los hombros, algo que hizo que Sakura pusiera los ojos en blanco ante esa confianza que tenía.

—Menma, ven conmigo un momento —pidió en voz baja a su amigo con una sonrisa discreta. El rubio arqueó una ceja, conociendo sus intenciones—. Necesito de tu ayuda.

—¿No puedes hacerlo tú solo? —le respondió con fastidio el rubio.

—Vamos, Menma —insistió, tomándolo del brazo y jalándolo hacia él, provocando que el rubio tropezara.

—¡Oye, idiota!

—¡¿Oigan, a dónde van?! —exclamó Sakura, viendo las espaldas de los chicos que avanzaban.

—¡Nos vemos ahorita, cerezo! —le gritó Sasuke, sacudiendo su otra mano en despedida.

Sakura frunció el ceño ofendida: —Ese idiota —murmuró entre dientes, enojada.

Resoplando con fastidio, Sakura decidió que no iba a desperdiciar su día libre enojándose por tonterías, así que, con pasos pesados, se alejó del bullicio de la plaza principal y se adentró en el distrito comercial buscando un poco de paz. Sus pies la guiaron hacia la florería de los Yamanaka.

Al entrar al lugar, encontró a Ino entregando un ramo de flores a un cliente. No le extrañaba; después de todo, la florería Yamanaka era la más conocida de la aldea, así que no era de extrañarse que un día como hoy hubiera tanta concurrencia.

Cuando el hombre se retiró, Ino dirigió su vista hacia ella y sonrió:

—¡Sakura! —se acercó la rubia, acomodando su alargada falda y tomando su mano libre—. Es bueno verte; al parecer te dieron un ramo hoy.

—El charlatán, como siempre —chasqueó la lengua la pelirosa, negando con resignación. Ino sonrió, desviando su mirada por un momento con las mejillas sonrojadas—. Sasuke vino esta mañana por un ramo de flores... es bueno que te lo haya regalado —murmuró la chica, jugando un momento con sus dedos. Sakura puso los ojos en blanco al notar su decaimiento.

—Nada que ver, repartió la mayoría de las flores a las demás chicas como todos los años, no es nada especial viniendo de él —sacudió su mano con desinterés.

Ino le regaló una pequeña sonrisa, pero en su interior, una pequeña punzada en el estómago le causaba molestia.

—Ya veo, sí, es algo típico viniendo de él.

Mientras tanto, en otro lugar, Sasuke se encontraba llegando a su casa, casi tirando la puerta por la falta de visión debido a la cantidad de flores amarillas que traía. Atrás de él, Menma lo seguía con la misma cantidad de flores moradas.

Uchiha Obito, quien estaba descansando cómodamente en el sofá, arqueó una ceja con genuina incredulidad. Sabía que a su sobrino le encantaba coquetear, pero aquello ya era demasiado excesivo.

—Sasuke, tienes rosas plantadas en el invernadero, ¿por qué traes esta absurda cantidad de flores? —preguntó el mayor, llevando una mano hacia su frente con total resignación—. ¿Acaso piensas abrir una florería o qué?

—Que tú no le regales flores a Kakashi no significa que los demás no seamos románticos —le replicó su sobrino, ignorando su pregunta.

—Esto es demasiado solo para tener felices a tus fans, Sasuke —reprochó Obito. El pelinegro miró a Menma, quien se apartaba los pétalos de la ropa con molestia, y pudo notar los pequeños cortes en sus manos—. ¿Y tú por qué lo ayudas? Te creía más sensato.

—Créeme, no me agrada para nada —bufó el rubio, mirando al mayor mientras Sasuke comenzaba a organizar cada flor sobre la mesa—. Tuve que ir con Sasuke hacia las afueras de la aldea solo para conseguir estas dichosas flores, porque no quería regalar algo que ya tenían aquí.

—Y no solo flores —añadió con una media sonrisa el azabache, yendo hacia el refrigerador y sacando un pequeño pudin con una cereza encima.

Obito parpadeó; cuando él había revisado, eso no estaba ahí.

—Bien, esto es nuevo. ¿Quién es la chica? —preguntó con total interés. Sasuke nunca se esforzaba por alguien; la última vez que lo hizo fue con Sakura, pero eso fue hace años atrás, cuando apenas era un genin.

—Nadie que te importe —espetó Sasuke sin mirarlo, mientras dejaba el postre en la mesa auxiliar, aunque el tono rojizo en sus orejas delataba su vergüenza.

Obito hizo una expresión burlona: —Cualquiera que tenga la total atención de mi sobrino es de mi importancia. Creí que le dabas flores a todas las chicas.

Sasuke hizo una mueca, mirando el ramo que estaba arreglando. Un poco incómodo, se rascó el cuello sin atreverse a mirarlo:

—Lo hice —admitió derrotado—. Pero esto es diferente, quería... hacerlo un poco más especial.

—Aunque es absurdo regalarle flores a alguien que tiene una florería —frunció el ceño Menma, mirando el desastre en la mesa.

—Espera, ¿es la chica de los Yamanaka? —parpadeó Obito desconcertado. Pero Sasuke lo ignoró:

—Ino no tenía estas flores, y son una de sus favoritas —señaló las flores moradas con un gesto arrogante—. Y también le llevaré su postre favorito.

—Espera —Obito volvió a intervenir, perdiendo el hilo de la conversación—. ¿Saliste de la aldea solo para conseguir esta cantidad de flores para alguien que las vende?

—Claro, es tonto regalarle algo de su propio local —respondió exasperado el menor, poniendo los ojos en blanco.

Sí, definitivamente algo iba mal. Obito nunca creyó ver a Sasuke teniendo exclusividad con alguien, o al menos en este caso, haciendo algo diferente por alguien. No sabía cómo reaccionar, si burlarse por su comportamiento o sentir orgullo al ver sus avances. Así que solo se limitó a sonreír:

—Bueno, solo espero que ese ramo no se estabampe contra tu cabeza después.

—O termine haciendo el ridículo —coincidió Menma dando un asentimiento, aunque lo hacía solamente para molestar a su amigo.

—Muy graciosos ustedes dos —arqueó ambas cejas el chico, mirando con reproche a su mejor amigo y a su tío, aunque una pequeña sonrisa se asomó entre sus labios.

Mirando el pequeño arreglo que estaba haciendo, no podía evitar pensar en el porqué de todo esto. Pese a que él mismo había alimentado su fama de ser un mujeriego, nunca intentó hacerlo con Ino. La conocía desde niños junto con Sakura y Menma; ella siempre fue muy transparente y su interés siempre fue genuino.

Él era consciente de los sentimientos de Ino, y por ello no quería crear un espectáculo, sino más bien generar una reacción de asombro y felicidad en su rostro. Más cuando ella había sido la única, aparte de Sakura, que no lo trataba como una deidad y, en vez de emocionarse por su atención, solo bajaba la mirada con un tierno sonrojo.

Claro, podía decir que Sakura tenía casi la misma reacción, aunque su sonrojo era más por furia que por vergüenza. Y era consciente de que el amor que una vez sintió por ella jamás sería correspondido, pues ella miraba solo a Menma.

Esto no significaba que amaba a Ino, no era amor... o al menos eso era lo que creía. Pero era consciente de que se estaba esforzando por primera vez en años por alguien y, sabiendo que en apenas dos días sería su cumpleaños, este pequeño detalle doble hacía que todo valiera la pena de una forma distinta.

Arreglando ya el último tallo, Sasuke retrocedió con una sonrisa de satisfacción al observar el resultado de su obra. Agradecía internamente el conocimiento sobre flores que adquirió estos años; el contraste del ramo entre el amarillo brillante y los profundos tonos morados era perfecto. Era totalmente Ino, se percató. El amarillo combinaba con su cabello rubio y el morado con la ropa que siempre solía usar.

—Sí... definitivamente es su estilo —murmuró para sí mismo con una media sonrisa, sintiendo una extraña y cálida satisfacción en el pecho.

Tomando el arreglo con sumo cuidado, Sasuke se giró hacia la mesa auxiliar para tomar el pequeño pudin que, junto con el ramo, estaba listo para ser entregado.

—Ya era hora de moverse —se dijo para sí mismo, mirando a Menma con una sonrisa confiada—. Vamos, Menma, es hora de que veas cómo se trata a una dama.

El rubio solamente puso los ojos en blanco nuevamente: —Solo espero no arrepentirme de haberte ayudado en esto.

Ambos chicos se dirigieron hacia la salida del hogar, ignorando completamente a Obito, que observaba con total diversión pero con un pequeño brillo de calidez en sus ojos. De reojo, miró hacia la mesa donde Sasuke dejó pequeños tallos de flores; quizás no sería tan malo llevárselo a Kakashi... y a Rin, para no verse tan romántico.

Volviendo con Ino y Sakura, ambas chicas habían salido de la florería aprovechando que era la hora libre de la rubia. Sakura había dejado su ramo de flores cuando pasaron por su casa, pues otros civiles se acercaron con más flores, lo que la había obligado a dejarlos sobre la mesa de su sala solo para poder caminar sin tropezar.

—Si alguien más se me acerca con una flor amarilla, no lo soportaré —murmuró agotada la pelirosa.

Ino sonreía tímidamente, ocultando su diversión ante la desesperación de su amiga:

—Aunque es lindo ver cómo Konoha se alegra por estas fechas —comentó con voz suave, intentando desviar un poco el tema—. Podía ver cómo varias personas caminaban con un ramo o una simple flor, ansiosas o tímidas, lo que provocaba una breve sensación de alegría y un poco de envidia en ella.

Ya que, por muy irónico que fuera, no había recibido ninguna flor, aunque su padre esa mañana le dejó un bello ramo en su habitación, y no había visto ni a Chōji ni a Shikamaru ese día. No podía evitar sentirse un poco decepcionada por no haber recibido uno.

—Ese sinónimo es muy pacífico con el ruido que hace por estas fechas —bromeó la pelirosa, cruzándose de brazos, aunque una pequeña sonrisa terminó colándose en sus labios—. Pero supongo que tienes razón; al menos a ti te va bien con las ventas.

—No puedo negar que es conveniente —le siguió el juego, soltando una risa ligera que fue seguida por Sakura.

Lo que ninguna de ellas esperaba era que dos chicos doblaran la esquina mientras ellas se iban por el otro camino. Sasuke abrió la boca incrédulo al ver el letrero de descanso del local; Menma contuvo su sonrisa divertida al ver cómo su amigo quedaba quieto sosteniendo el ramo y el postre en sus manos.

El azabache se encontraba desconcertado: ¿por qué justamente ahora Ino había decidido tomarse un descanso? Claro, sabía que era egoísta de su parte, cuando todo el día la gente debió de estar apresurada comprando flores e Ino atendía sola el lugar.

—Al parecer tus planes han sido arruinados, dobe —se burló el rubio, mirando a su amigo, que se quedó observando el letrero como si fuera un ninja enemigo.

—No digas tonterías, solo fue a almorzar. No estoy preocupado —murmuró mientras acomodaba el ramo entre sus brazos sin que se arruinara y cuidando que el pudin estuviera en perfecto estado en su envase—. Esto no era un problema, siempre podía esperarla o buscarla.

—Sí, claro, y yo soy el próximo Hokage —bufó Menma, recostándose en la pared con los brazos cruzados.

Ignorando las burlas de su amigo, Sasuke soltó un suspiro mientras miraba a los alrededores. No podía esperar allí como un idiota mientras la gente pasaba y se le quedaba mirando con curiosidad. Después de todo, era raro ver al gran Sasuke Uchiha parado con un gran ramo de flores y sin ninguna chica cerca, y lo que menos quería era que pensaran que era para Menma. Con tan solo pensarlo, le daba escalofríos.

—Olvídalo, Sasuke —negó Menma—. Tómalo como una señal del destino. Es totalmente ridículo que le trajeras...

Pero el chico se interrumpió a sí mismo cuando a lo lejos visualizó a las dos chicas de regreso; se tuvo que tragar sus palabras y propinarle un codazo firme a su compañero para que se diera la vuelta. Sasuke parpadeó y rápidamente mostró su sonrisa más confiada, aunque el leve tic en la comisura de sus labios delataba su nerviosismo.

Sakura fue la primera en notar su presencia; su ceño se frunció levemente, aunque ocultó su sorpresa al notar que Sasuke sostenía un ramo de flores. ¿Y eso que tenía ahí era un pudin? ¿Y por qué tenía una cereza? Aunque...

—¿Qué hacen aquí? —preguntó cuando ya se hallaban cerca de ellos—. Desaparecen de la nada y acá están nuevamente. ¿Otra vez estarás dando flores?

Sasuke se acercó con una sonrisa típica de él y negó: —No, este es un recado especial —dijo, viendo a la persona que estaba detrás de ella.

Ino, quien se había quedado unos pasos más atrás, parpadeó sorprendida. Sus mejillas se ruborizaron mientras agarraba la tela de su falda con nerviosismo. ¿No era lo que ella creía, verdad?

Pero ahí estaba el chico más codiciado de la aldea, parado frente a su local con un gran ramo de flores de tonos amarillos y morados, y un pequeño postre que era su favorito. ¿De verdad esto era para ella?

Sakura parpadeó, desconcertada por su respuesta, sin caer en cuenta a quién iban dirigidas sus palabras. Sorprendida, se cubrió la boca. ¿Esto de verdad está pasando? pensó mientras miraba de reojo a Ino, quien parecía querer fundirse en el suelo con su rostro brillando en rojo.

Claro, esto podía ser otro de sus trucos, pero este tamaño era diferente al de las demás chicas, incluso al suyo propio. Y ese postre que tenía en ese pequeño envase era sin duda el dulce favorito de Ino, aunque no entendía por qué tenía una cereza.

Sasuke dio tres pasos al frente para acercarse a Ino. Sakura tuvo que apartarse para quedar cerca de Menma, aún desconcertada con lo que estaba viendo; incluso algún otro civil los miraba con curiosidad.

—Ino —la voz de Sasuke sonó suave, lejos de aquel tono arrogante y coqueto que siempre le dirigía a las chicas. Ino levantó la mirada con las mejillas sonrojadas; sus ojos verdes mostraban un brillo que antes era ocultado por su cabello rubio.

—Sa-Sasuke —encontró su voz la chica, avergonzada y sin atreverse a mirarlo—. Lamento hacerte esperar... ¿ibas a hacer un pedido?

Sasuke soltó una pequeña risa y negó levemente mientras extendía ambos obsequios hacia ella: —Feliz día, Ino. Y como pronto será tu cumpleaños, quise que fuera especial. Una hermosa flor merece un detalle igual de grande.

Ino parpadeó, sintiendo el rostro enrojecerse cada vez más. Intentó acomodar su cabello y miró apenada el detalle que Sasuke le extendía: —No sé qué decir... yo... —tomó con cuidado el gran ramo de flores amarillas y de cosmos, y sin poder evitarlo, lo acercó hacia su rostro para poder inhalar su suave y dulce aroma. Sintió un cosquilleo en el estómago mientras observaba la cuidadosa combinación de los tonos amarillos y morados de las flores.

Con la otra mano libre, sostuvo con sumo cuidado el pequeño envase del pudin, observando la cereza en la cima con una mezcla de asombro y profunda ternura.

—¿Cómo... cómo sabías que...? —comenzó a preguntar Ino, deteniéndose de inmediato y mordiéndose el labio inferior, sin apartar sus ojos verdes del rostro del Uchiha.

Sasuke se encogió levemente de hombros mientras se rascaba la parte posterior de la cabeza: —Solo recordé los dulces que sueles compartir con Sakura, y no quería que las flores amarillas fueran simples, así que agregué tus favoritas.

¿Simples? pensaron Menma y Sakura mientras observaban desde atrás.

Ino soltó una pequeña risa: —Es todo menos simple —una dulce sonrisa formó los labios de la rubia, y sus ojos verdes brillaron ante la fascinación del regalo—. Pero me encanta. Muchas gracias, Sasuke.

Pese a que creía que no recibiría nada el día de hoy, Sasuke la sorprendió con algo como esto. Definitivamente debía de estar soñando.

El azabache sintió que una tensión que ni siquiera sabía que llevaba encima se desvanecía por completo. La expresión de Ino, con sus ojos brillantes y el rosado de sus mejillas, hacía que cualquier nervio que sintiera se desvaneciera.

Algo ridículo viniendo de él, cuando se la pasaba coqueteando con cualquier chica de la aldea, pero esto era diferente.

—Es lo mínimo que puedo hacer —se limitó a responder.

Ambos jóvenes se miraron en silencio con una sonrisa, ajenos a las miradas de sus amigos y de los civiles que pasaban.

Sakura, aún desconcertada, miró a Menma, quien fingía una expresión de aburrimiento. Y no pudo evitar recordar lo que dijo esta mañana: —¿Ya tenían planeado todo esto? —murmuró hacia él de manera curiosa.

Menma miró las heridas de sus dedos sin mostrar expresión alguna. —El encargo se hizo hace una semana, supongo que quería aprovechar antes de que se acabara por completo —bufó.

Ambos chicos miraron a su compañero; por primera vez, observaron una expresión relajada sin ninguna pizca de su sonrisa socarrona.

Sakura no pudo evitar sonreír; aunque tenía miedo de que Sasuke jugara con Ino, esto solo demostraba que él tomaba en cuenta sus sentimientos. Quizás el chico no era tan idiota después de todo.

Sasuke se ajustó el cuello de su camisa mientras mantenía su sonrisa, sintiéndose satisfecho por la reacción de Ino: —Si terminas temprano... pensé que quizás podrías dar una vuelta conmigo más tarde. Sin prisa —añadió rápidamente, como si temiera sonar demasiado insistente—. Solo para celebrar tu cumpleaños antes de que salgamos de misión o algo así.

Los ojos verdes de Ino se ensancharon de la sorpresa, y un brillo de absoluta ilusión iluminó su rostro mientras asentía con la cabeza. —Me encantaría —respondió en un susurro apenas audible pero firme.

Sasuke le sonrió.

Una tos interrumpió la atmósfera que se estaba creando entre ellos dos, haciendo que ambos se sobresaltaran: —Lamento interrumpir, pero creo que parecemos unos idiotas aquí parados —Menma se acercó hacia Sasuke, tomándolo del cuello de la camisa—. Me tengo que llevar a este idiota, así que nos estaremos viendo.

Ino se quedó estática, apretando con suavidad el enorme ramo contra su pecho mientras veía a Menma arrastrar a un resignado Sasuke, quien le sacudía la mano en despedida.

Sakura soltó un bufido mientras se paraba a su lado: —Definitivamente, es un caso perdido, ¿no crees?

Ino no pudo evitar morderse el labio inferior para contener una sonrisa boba, sintiendo que el resto de la jornada pasaría volando mientras esperaba a que llegara la hora de encontrarse con él otra vez.