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let me get what I want

Summary:

La conversación con Mike en la torre es el último empujón que Will necesita para decidir que es tiempo de superarlo.

O:

Will empieza a tratar a Mike como mejor amigo. Es más difícil de lo que parece.

Notes:

Hellooouu!!

Jane está viva, porque sí :)

Amo el drama, más cuando Will se aleja y Mike no puede ser normal al respecto. Leí este hilo de @upsidedwnbronco, me imaginé cómo sería y traté de plasmar mis ideas en esta historia.

Está dedicada a la persona que creó el hilo por darme la inspiración, muchas gracias!

Una disculpa por los errores que puedan encontrar,
Disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

No hay otra interpretación en las palabras de Mike: “¿Amigos? No, gracias. Mejores amigos.”

No lo dijo como algo malo, es la forma en que Mike lo está aceptando, que apoya lo que Will es y quiere seguir siendo su amigo, aun así…

¿No es eso un rechazo?

Will no tiene más opción que enfrentar la verdad: lo único que Mike y él pueden ser son mejores amigos. Jamás pensó que esas dos palabras le resultarían amargas; sin embargo, si hay algo que ha hecho toda su vida es seguir adelante.

Lo hizo en la otra dimensión cuando escapa del Demogorgon; ser poseído por el monstruo de sombras y resistir; vivir en California —confesar sus sentimientos ante Mike a nombre de Jane— y ayudar a salvar a su hermana; enfrentar a Vecna y ganar. Y al final, sobrevivir junto con su familia y amigos.

Si Will pudo enfrentar todo eso, es capaz de superar un estúpido crush.

No. No es solo un crush. Pero quizá… Si se lo repite constantemente, algún día lo creería.

No puede seguir así. Tres años o más tiempo, enamorado – no. Teniendo un crush con Mike… Es tonto, porque ellos solo son… Tiene que superarlo.

—Nos quedaremos un poco más en la casa de Karen... Solo hasta que se mejoren. —Le dice su madre, la mano de ella está sobre su hombro dándole un leve apretón.

Will acepta. Después de todo, la familia Wheeler no ha sido más que amable en invitarlos a vivir con ellos por más de un año. Es lo mínimo que Joyce y Will pueden hacer, ayudarlos hasta que vuelvan a recuperar la vida de antes o lo más parecido posible.

La vida sigue. Y todos tienen que continuar viviendo.

Nancy, a pesar de que al inicio se rehusó a irse, termina siendo convencida por la Sra. Wheeler de ir a la Universidad y continuar sus estudios. ‘Yo cuidaré de ella’, le dice Joyce y Nancy accede con rostro reflejando gratitud.

Jonathan también se va a Nueva York, a cumplir su sueño. Él se los dice en el sótano de los Wheeler, gran parte de sus cosas ya están guardadas y listas para mudarse.

—Estoy tan orgullosa de ti —dice Joyce con lágrimas en los ojos.

—Gracias, mamá. —Jonathan no está sonriendo.

Jonathan le da una mirada y el nudo en la garganta en Will le impide hablar con claridad, su voz sale entrecortada:

—Te voy a extrañar.

—Yo también. —Su hermano abre los brazos y Will se aferra a él.

Joyce los envuelve a ambos con fuerza. Will ve a Jonathan marcharse lejos de Hawkins; tal vez un día, él también lo haga.

 


 

Mike está ocupado. Tiene que cuidar a su madre, a su padre y a Holly. Aunque Will y su madre apoyan en cosas básicas como hacer la comida, limpiar o cuidar las heridas de la Sra. y Sr. Wheeler; Mike busca, la mayoría del tiempo, ser él quien lo haga.

De alguna manera es fácil. Es fácil para Will distanciarse un poco de Mike; mantener su cabeza ocupada.

—Mike, cariño, crees que puedas llevarle la comida a tu mamá y papá. En un momento subo a ayudarte. —Le dice Joyce con una sonrisa amable. Ella está cerca de la estufa, sirviendo un par de platos más.

—Gracias, Sra. Byers —contesta Mike con cordialidad.

—Cuantas veces te he dicho que me llames Joyce. —Su madre le apunta con el cucharón que está sosteniendo en una de sus manos.

—Lo siento. Gracias, Joyce.

Mike toma los platos con cuidado y sube a la habitación de sus padres. Will se acerca a su madre y le quita el utensilio de cocina.

—Yo puedo servir para Holly y para mí. No te preocupes…

—Gracias, cariño —contesta Joyce, un par de segundos después se dirige al segundo piso.

Con la comida puesta sobre la mesa, los ojos de Will viajan varias veces a las escaleras. Para cuando él y Holly terminan, ni su madre ni Mike han bajado, ellos aparecen cuando Will está finalizando de lavar los platos.

—¿Te quedaras un rato conmigo? —pregunta Holly con entusiasmo.

—Claro.

Will sonríe a Holly y no voltea a ver a Mike. Ella toma de la mano a Will y lo arrastra a su habitación; Holly habla sobre algunas ideas que tiene para jugar con sus amigos D&D.

Le recuerda a Mike.

 


 

Dos meses después, Karen les agradece por todo y su madre le corresponde de igual manera por el tiempo que habitaron en la casa de los Wheeler; cuando se despiden Mike le da una sonrisa y Will se obliga a devolverla. Will y Joyce regresan a la cabaña de Hopper. Después de la batalla contra Vecna, Hopper escondió a Jane para que los militares no la encontraran; ellos siguen rondando Hawkins, no son tantos como antes.

El hogar actual de Jane es una bodega equipada con todo lo que necesita en medio del bosque de Hawkins, alejada del mundo. Ella no parece muy feliz y Will la entiende. Pero es por su seguridad; Hopper se lo repite todos los días.

Le gusta visitar a Jane, ella no tiene nada que le recuerde a Mike.

 


 

Es fácil mantenerse alejado de Mike los primeros meses.

Todos visitan a Jane, Hopper los lleva en grupos pequeños para no llamar la atención: Will y Joyce; Lucas y Max; Dustin y Mike. Cada vez hay menos militares. Ellos regresan a la escuela, Max todavía no puede caminar y Jane tiene que seguir escondida.

Es un desastre, aun así todos han sobrevivido. Lentamente, se adaptan a una nueva rutina. El mundo sigue girando y ellos deben continuar con sus vidas.

En ese punto ya no es fácil.

 


 

Le permiten a Max tomar clases desde casa por su condición médica. Will y sus amigos se turnan después del horario de clases para explicarle lo que enseñaron en el día.

—Un descanso, por favor —dice Max con fastidio cerrando la libreta para después arrojarla a un lado—. No puedo pensar más.

Los demás no dudan en estar de acuerdo. La madre de Max les ofrece algunas bebidas y todos empiezan a charlar para distraerse del estudio. Lucas está sentado en una silla enseguida de Max; Dustin está en otra un poco más alejado; Will y Mike están juntos en un sillón. Cuando Lucas se levanta para ir por más bebida, Mike choca accidentalmente con el hombro de Will.

—Me traes a mí también. —La voz de Mike suena casi como una orden, su mano elevada muestra el vaso vacío.

—¿Por favor? Por lo menos. —Se queja Lucas y sin esperar respuesta, toma el vaso de Mike.

—Sí, sí. Por favor o lo que sea.

El brazo de Mike regresa a su lado, se encuentra con el de Will y ahí es donde Will se da cuenta: sus hombros, brazos y piernas están pegados, no existe ni un milímetro de separación entre ellos.

¿Cómo llegó a ese punto? Recuerda haber dejado un espacio. ¿Por qué están tan cerca?

Parece ser que su subconsciente orbita para acercarse a Mike, tiene que parar. Es triste como busca y persigue desesperadamente a Mike.

Se levanta del sillón de un solo movimiento y anuncia en voz alta:

—También quiero más. —Will no espera contestación alguna para ir dónde está Lucas.

Lucas alza una ceja y en silencio agarra el vaso de Will para servirle. Aprovecha para platicar con Lucas, quizá más tiempo del necesario; cuando regresa a su lugar, se asegura de dejar un buen espacio entre Mike y él.

Se obliga a ser consciente de él mismo.

 


 

—Estoy tan hambriento. —Dustin se queja caminando por el pasillo de la escuela—. Hoy no traje comida, voy a comprar algo.

—Te vemos en el comedor —contesta Mike, su mano se mueve para tomar el hombro de Will.

—Yo igual voy —dice Will, el contacto desaparece cuando se coloca de lado de Dustin—. Te acompaño.

Mike frunce el ceño.

—Los esperamos allá —Lucas le da unas palmadas en el brazo a Mike—. Vamos.

—¿Qué? Ah, sí. Vamos.

Mike y Lucas se alejan mientras Will sigue a Dustin. Sus hombros no chocan en ningún momento, no como cuando Mike y él caminan juntos.

—¿Tampoco trajiste comida? —pregunta Dustin.

—No.

Oculto en su mochila, está el almuerzo que le dio su mamá en la mañana.

Cuando regresan al comedor y toman sus respectivos lugares, Will queda en frente de Mike. El pie de Mike roza contra su pierna y Will, de manera cuidadosa, la mueve para evitar que sea imposible que se encuentren entre sí, aleja su silla con discreción y come en silencio.

Cree sentir un par de ojos observándolo. Tal vez haya sido su imaginación; Mike y Lucas están prestando atención a la charla de Dustin.

 


 

Aún están lejos del aula cuando el timbre resuena por la escuela para indicar que las clases ya están por iniciar. Dustin y Lucas salen disparados mientras Mike toma la muñeca de Will y tira de él obligándolo a correr. Su primera reacción es querer mover su mano para entrelazarla con la de Mike y sujetarla fuerte. Tan pronto procesa ese pensamiento, su segunda reacción es jalar su brazo a él mismo y hacer que Mike lo suelte.

La piel que está bajo la palma de Mike quema. Will abre la boca y anuncia:

—Olvidé mi libro.

—¿Qué? —Mike se detiene, todavía no lo suelta.

—Mi libro… Um, está en el casillero —Will aparta la mano que está siendo sujetada por Mike y la dirige a la correa de su mochila—. Iré por él.

—Te acompaño. —Ofrece Mike, da un paso más cerca de Will.

—¡No! —exclama Will retrocediendo—. No te preocupes, es rápido.

Se da la media vuelta y se hecha a correr sin esperar respuesta de Mike. El profesor le permite pasar al aula; Mike ya está sentado, cuando sus miradas se encuentran Will finge una sonrisa. Mike no la corresponde.

Se exige a él mismo seguir viendo al frente y no pensar en nada más que la clase.

 


 

Es cansado ser cuidadoso en cada interacción con Mike; nunca había notado lo cerca que están siempre. Con razón no puede dejarlo ir… Tal vez eso es lo que necesita: soltar más a Mike, tratarlo como mejor amigo y entonces, quizá, los sentimientos desaparezcan.

La voz de Dustin sobresale sobre las demás en el pasillo de su escuela; está charlando con Lucas en frente de Will, puede oír de lo que están hablando.

—¿Estás bien? —susurra Mike.

El rostro de Mike está demasiado cerca de Will, quien apenas le da una mirada y le responde con el mismo volumen de voz:

—Sí. Estoy bien.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Da unos pasos a lado contrario de Mike creando una distancia favorable entre ambos. Will se atreve a enfrentarlo y se arrepiente; su corazón da un vuelco tan solo con ver a Mike. Las cejas de Mike están ligeramente juntas, abre la boca y antes de que pueda decir algo, Lucas los llama. Will acelera el paso para ponerse a lado de Lucas, Mike lo alcanza unos segundos después.

Will evita voltear a Mike durante toda la conversación. Es difícil.

 


 

Le lleva un paquete de pinceles nuevos a Jane. Cada vez que Will la visita, ella tiene más pinturas, dibujos y figuras. Jonathan le regaló una cámara y Jane aprendió a utilizarla en unos cuantos días; su habitación está repleta de fotografías.

Evade las fotos donde aparece Mike.

—Acomódate ahí. Sí así. Sonríe. Una sonrisa real, por favor. Muy bien —dice Jane, se escucha un click y el flash aturde a Will por un segundo.

—¿Ya?

—No. —Jane se acerca para acomodarlo diferente—. Solo unas más.

Por largos momentos, Will hace las poses que le indica Jane, cada vez más extrañas y extravagantes. Jane se detiene y por fin lo deja respirar, Will se tumba en la cama con un suspiro.

—Cuando Hopper revele las fotos, te regalaré algunas —Jane se acuesta a su lado con una sonrisa amplia—. Saldrás bien, tienes buena cara.

Will se ríe y pregunta:

—¿Cómo estás?

Jane se encoge de hombros.

—Voy a aprender a tejer.

La seriedad en la voz de Jane le impide saber si ella lo dice en broma.

—¿Es un chiste?

—Nop.

—¿Así de aburrida estás? —pregunta Will sorprendido.

—Así de aburrida.

Jane se voltea con la mirada fija al techo y Will la imita; ambos se quedan en un silencio cómodo por un largo tiempo, tanto que cree que Jane está quedándose dormida.

—Quería preguntarte. —La repentina voz de Jane hace que Will se sobresalte—. Sobre la pintura que le regalaste a Mike.

El cuerpo de Will se tensa, no se atreve a girar su rostro a ella.

—¿Qué pintura?

—La pintura del dragón. Mike dijo que yo la comisioné… No recuerdo haber hecho eso. —No hay reproche en la voz de Jane, suena inocente.

—Lo siento. —Will traga saliva—. Mike estaba dudando y yo… quería ayudarlo. No debí – um, tal vez no debí decir eso.

—Está bien —contesta Jane con calma—. Quisiera saber por qué lo hiciste.

No quiere decirle; es revelar de nuevo sus sentimientos por Mike.

—Pues eso… Quise ayudar a Mike y pensé, um, pensé que sería buena idea. —Un terror abruma a Will al pensar que Mike conoce que mintió—. ¿Qué le dijiste? ¿Lo sabe?

—No… Pensé que esa pintura la habías hecho para una chica que te gustaba. Pero ahora—

—No lo digas —interrumpe Will desesperado, voltea a ver a Jane con súplica—.  Por favor.

—Le mentí a Mike... Le dije que sí lo había comisionado yo —dice Jane con amabilidad, su expresión se suaviza—. Después de todo tú eres mi hermano.

—Gracias, gracias. —Will parpadea tratando de alejar las lágrimas—. Perdón. Lo siento. Lo – siento.

Lo siento es repetido una y otra vez por Will con voz entrecortada por el nudo en su garganta.

—No entiendo —contesta Jane sincera— ¿Por qué te disculpas?

—Ya sabes… Por Mike, ¿no crees?... Es – es desagradable que yo – yo… Es tu novio y yo—

—No es desagradable —interrumpe Jane con voz firme mientras lo toma de la mano. Unos segundos después ella frunce el ceño—. ¿Novio? Mike y yo no estamos juntos desde Lenora.

¿Qué?

Mike no ha dicho nada… En ningún momento, ni cuando compartieron casa por casi dos años. Y son mejores amigos, aun así Mike no lo ha mencionado. Tal vez aún ama a Jane y está esperando el momento adecuado para regresar con ella.

No sabe y no va a preguntar.

—¿No estás… enojada o asqu—

—No. —La voz de Jane es fuerte pero sus ojos son cálidos.

Los brazos de Jane envuelven a Will y él la abraza de vuelta, no quiere hablar más de Mike y ella parece entenderlo.

No por ser mejores amigos tienen que saber todo uno del otro. Es hipócrita de su parte pensar en eso.

 


 

Es lunes cuando en uno de los cambios de clase mientras esperan a su profesor en el aula, Dustin les informa que ha comprado el cómic número 200 de los X-Men.

—¿Ya lo leíste? —pregunta Mike con curiosidad.

—Solo el principio donde Magneto está en—

—¡No! —interrumpe Lucas y lo da una mala mirada—. No nos digas nada, todavía no leo los anteriores.

—¡Oh! ¿Deberíamos hacer una pijamada? —pregunta Dustin entusiasmado—. Hace mucho que no tenemos una.

Mike y Lucas están de acuerdo de inmediato. Will no puede decir que no, ¿cierto?... Sería raro. Además, van a estar todos juntos, Will simula la misma emoción y acepta: se juntarían el viernes después de la escuela.

Dos días después, el miércoles por la noche Mike lo llama por el radio. La cabaña está en silencio; su madre está dormida. Will baja el volumen y se queda unos momentos procesando las palabras de Mike.

—¿Qué? —La pregunta sale de Will sin que pueda evitarlo.

—¿Quieres quedarte desde el jueves? —La voz de Mike es suave, suena como si estuviera sonriendo—. Podemos hacer una pijamada desde ese día y el viernes ir a la escuela juntos.

—¿Con Dustin y Lucas?

—No – no. Estaba pensando… ¿Solo tú y yo?

¿Por qué? Se abstiene de decirlo en voz alta. No quiere escuchar de nuevo esas dos palabras.

Es injusto, ¿por qué Mike sigue siendo tan… Mike? Es frustrante. ¿Cómo se supone que debe aprender a superar esos sentimientos si Mike es así?

Mike solo está siendo un buen amigo y Will no puede dejar de ver señales en todas partes. En lugares que no existen, donde su esperanza es la que crea toda esa ilusión.

—¿Will? ¿Estás ahí?

—S-sí. Sí. Aquí estoy… Um, tengo que – tengo que llamar a Jonathan —Will suelta la primera idea que se le cruza por la mente—. Solo puedo hablar con él ciertos días porque está ocupado con la universidad y… Mañana, eh, le hablaré.

—Ah. Okay… Está bien, sí. No te preocupes —contesta Mike, su voz suena un poco más apagada.

Es probable que sea la voz normal de Mike, tal vez haya mala señal. Will tiene que parar con ese anhelo.

—Ya es tarde —La mano de Will aprieta el radio—. Nos vemos en la escuela. Buenas noches, Mike.

—Buenas noches, Will.

Se abraza a sí mismo y cierra los ojos hasta que ve estrellas. Es agotador.

 


 

El viernes por la tarde el sótano de Mike está repleto de snacks. Dustin está sentado con un cómic en sus manos y Lucas observando a un lado.

—¡Te dije! Madeline es un clon de Jane —dice Dustin triunfante mientras señala una parte de la página.

Lucas frunce el ceño y dice:

—Solo porque se parece no quiere—

—Es literalmente igual.

—¿Qué? ¿Es un clon? —Will pregunta con sorpresa, se acerca para mirar sobre el hombro de Dustin.

—¡Sí! —exclama Dustin emocionado.

Dustin se mueve, le crea un espacio del lado contrario de Lucas, quedando Dustin en medio de Lucas y Will. La historia y comentarios de Lucas y Dustin distraen a Will lo suficiente para no notar que Mike está a su lado, lo hace hasta que Mike le extiende un paquete de dulces.

—Ten. —Ofrece Mike con una sonrisa.

Tarda unos segundos en reaccionar y tomar los dulces; son unos chocolates Resse’s, sus favoritos. Lo cual no significa nada. ¿Qué mejor amigo no sabe eso? Abre el paquete, toma algunos y lo pasa a Dustin.

—¿Qué haces? —La voz de Mike es fuerte, sus cejas están juntas.

—¿Sobre qué? —pregunta Will confundido.

Will alterna la vista entre todos; Dustin y Lucas dejan de leer, ambos tienen sus ojos fijos en Mike.

—¿Por qué – por qué — quiero decir, compré esos chocolates para – para—

—¿Para todos? —Will completa la frase tratando de ayudar.

La boca de Mike se abre y se cierra varias veces, pero no dice nada. Tarda un momento hasta al final asiente. Todos regresan a la lectura del cómic.

—Gracias, amigo —dice Dustin, distraído mientras agarra chocolates.

No hay respuesta de Mike. De reojo, Will nota que Mike lo está viendo, desvía su vista al cómic y no despega sus ojos de ahí en todo el rato.

No se atreve a ver a Mike durante toda la pijamada.

 


 

Hay enredaderas por su cuello, lo aprietan con fuerza y no puede respirar. No puede. Está corriendo en la otra dimensión, escapando de un Demogorgon; su madre no llega a salvarlo, Will se queda atrapado ahí. El aire no le llega a los pulmones. El monstruo lo atrapa y Vecna está en frente de él con su mano sobre su cara. Grita y la garganta le arde.

Abre los ojos con respiración agitada.

Está en la habitación que fue de Jane, en la cabaña de Hopper. Es de noche. Tiene frío y el cabello se le pega a la frente y a la nuca por el sudor. Una pesadilla; odia esos días. Se levanta, con manos temblorosas y toma el radio; de manera automática, cambia al canal de Mike, su dedo se queda inmóvil apenas tocando el botón.

No.

No.

No puede. No debe.

Se muerde el interior de la mejilla. Es tan fácil. Tan fácil. Puede apretar el botón, decirle a Mike que tuvo una pesadilla y la voz de Mike le hablaría lo suficiente hasta que el corazón de Will deje de latir aterrorizado, hasta que se sienta a salvo. Porque Mike es un buen amigo y probablemente eso haría: lo consolaría, le diría que todo está bien y Will… Le creería.

Simple… Ese es el efecto de Mike en él.

Con dificultad, deja el radio a un lado y camina hasta la habitación de su madre. Es raro que Hopper y ella duerman juntos; él no se encuentra en casa, está con Jane. A Hopper no le gusta dejar que Jane duerma sola. Will toca la puerta con suavidad y entra, su madre se incorpora con rostro adormilado, cambia a uno de preocupación en cuanto lo ve.

—¿Estás bien, cariño?

No puede hablar, Will niega con la cabeza, su corazón late desesperado contra su pecho.

—¿Quieres dormir conmigo? —La voz de su madre es gentil.

Cuando Will asiente en silencio, Joyce se acomoda para dejar un espacio a su lado, tan pronto se acuesta, ella lo envuelve entre sus brazos. Se aferra a su madre y siente que es un niño otra vez. Se aferra a ella: a su calidez, a los susurros que le dicen que todo está bien mientras le acaricia el cabello y le besa la frente. Poco a poco se tranquiliza, sus brazos se aflojan y sus párpados se sienten pesados.

¿Qué hubiera pasado si apretaba el botón del radio? ¿Mike contestaría?

Will se imagina que Mike responde: le dice que todo está bien, que no se preocupe, que está para él. Cuando menos lo espera, Mike llega a la cabaña de Hopper, entra a su habitación y lo abraza. Así como su madre, Mike lo estrecha entre sus brazos y tal vez le de un beso en la frente.

Es tan triste… ¿Un beso en la frente?

Quiere reírse de él mismo. También quiere llorar. Está tan cansado que no se permite hacer ninguna de las dos cosas, se queda dormido en los brazos de su madre.

 

Al día siguiente, Will se remueve incómodo en su pupitre mientras la mirada de Mike lo recorre de pies a cabeza.

—¿Dormiste mal? —La pregunta de Mike lo toma por sorpresa.

—¿Qué?

—¿Dormiste mal? —repite Mike examinándole el rostro—. Tienes ojeras.

—Ah. Sí... Me desvelé.

—¿Haciendo qué?

No le agrada el tono en la voz de Mike, baja la mirada a su libreta y traza líneas desordenadas.

—Dibujando.

—¿Qué dibujabas? —insiste Mike.

Mike no parece preguntar por curiosidad. Will está agotado, con sueño, su mente está en blanco. Se limita a encogerse los hombros; Mike no hace más intento para averiguar.

 


 

La hoja de aceptación de la Universidad de Nueva York está en sus manos. Levanta la mirada y se encuentra con su madre expectante, Will extiende la carta y su madre la toma de inmediato. La sonrisa de Joyce es enorme, un segundo después Will está entre los brazos de ella.

—Estoy orgullosa de ti, cariño.

Will tarda un momento, cuando reacciona le regresa el abrazo con alegría. Su madre, emocionada, decide que esa noticia merece celebración y anuncia que preparará su comida favorita. Will en cambio, tiene otro impulso: agarrar su bicicleta y pedalear hasta la casa de Mike.

¿Qué reacción tendría? ¿Lo abrazaría? Ni idea. ¿Lo felicitaría? Sí. Está seguro.

En su lugar, toma el teléfono y marca a quién ha sido su primer y mejor amigo desde antes de conocer a Mike.

—Sabía que lo lograrías —La voz de Jonathan es animada—. Felicidades, estoy orgulloso de ti.

—Gracias Jon —contesta Will sincero—. Te extraño.

—Yo también. Cuando vengas a Nueva York te enseñaré algunos lugares que estoy seguro de que te gustarán.

Will se imagina un futuro en Nueva York. Nuevos amigos, diferente lugar… donde esos sentimientos ya no existen. No puede detener las lágrimas que recorren sus mejillas ante tal pensamiento.

 


 

Lucas y Dustin todavía no llegan a casa de Mike, mientras esperan Mike y Will preparan el tablero para jugar una partida de D&D. Parecen tardar más tiempo, Will decide sentarse en el sillón, buscando con la mirada algo en que distraerse. El contacto repentino en su hombro hace que los hombros de Will se tensen.

—Pareces feliz. —Mike le sonríe.

Sus brazos están prácticamente pegados, Will respira y se obliga a relajarse.

—Recibí una buena noticia.

—¿Qué noticia?

—Quisiera esperar a que los demás lleguen —contesta Will.

Se remueve en su lugar y logra distanciarse a un par de centímetros. Mike frunce el ceño.

—Puedes decirme a mi primero.

—Es mejor que estemos todos… Así solo lo digo una vez.

—Pero nosotros somos mejores amigos, tienes que decirme a mi primero.

Esas dos palabras se clavan como dagas en su corazón. Will trata de no mostrar alguna expresión en su rostro y contesta sin mucho ánimo:

 —Todos somos mejores amigos.

—No. Sí —Mike hace una mueca y se toma un momento para responder—. Nosotros somos mejores amigos pero es diferente con Dustin y Lucas. Es diferente.

¿Diferente? ¿A qué se refiere? No se permite pensar en otro significado, no va a ilusionarse, otra vez.

—No entiendo —dice Will con honestidad.

—Quiero decir, nosotros – es diferente. Somos mejores amigos pero más.

¿Más? ¿En serio? ¿Qué es más?

—¿Mejores mejores amigos? —Will intenta bromear pero falla, ni siquiera puede esbozar una sonrisa.

—No. No. Es diferente – tú y yo —contesta Mike como si esa frase tuviera sentido.

No lo hace. Will se limita a observar en silencio a Mike y su intento de explicación; tartamudea y mueve sus manos con insistencia. Will no quiere entender… Porque cuando lo hace, ese anhelo que intenta eliminar aparece con más fuerza.

¿Cuántas veces tiene que dejar que su corazón se quiebre para por fin entender que Mike no es para él?

No lo es. Se repite con horrible desesperación.

¿Cuánto tiempo más tiene que—

—¿No vas a decir nada? —La frustración es evidente en la voz de Mike.

—No sé, um, no sé qué decir…

La conversación es interrumpida por Lucas que llega en el momento oportuno. Will no tiene ni idea si Lucas es capaz de notar el ambiente incómodo; Mike está más callado de lo normal. No mejora cuando Dustin llega y todos empiezan a jugar. Todo parece normal, aunque Mike no lo ve a los ojos durante toda la partida.

Antes de irse de la casa de Mike, Will decide mencionar lo de su carta de aceptación: Lucas y Dustin lo felicitan y lo abrazan con entusiasmo.

Mike es el último en unirse al abrazo grupal y el primero en separarse; Will finge no darse cuenta.

 


 

La cama de Jane está repleta de esmaltes de colores diferentes, ella le pide que pinte sus uñas de cada uno. Cuando Will mancha de más un dedo de Jane, ella lo regaña y Will hace su mayor esfuerzo para no volver a hacerlo.

—Mike dice que estás actuando raro —dice Jane casualmente.

—Mike es el raro —contesta Will distraído mientras coloca otra capa de esmalte en una de las uñas.

—Ni como negarlo. —Jane suelta un par de risitas, se detiene y su voz se turna seria—. Dice que estas distante.

Will se vuelve consciente de la conversación y contiene un suspiro.

—Mmm… No sé de qué está hablando.

—También me dijo que estuvo preguntando a los demás si estás bien o si notan algo diferente en ti —confiesa Jane.

—No suena a algo que debas decirme —Will frunce el ceño.

Jane lo ignora y prosigue:

—Mike siempre te pone atención. Nota cosas de ti que ni siquiera Joyce puede ver a simple vista.

Su corazón late con más intensidad y hace esa cosa que detesta: la ilusión, la esperanza, las señales. Lo odia. ¿Qué significa? ¿Por qué Jane—

—Es un buen amigo —dice Will fingiendo calma.

Sostiene otro bote de esmalte con fuerza, le quedan tres uñas por terminar.

—No creo que solo sea eso. —La paciencia en la voz de Jane agita más a Will.

—¿Entonces qué? ¿Mejores amigos? —Se burla él con amargura.

Jane no se ríe. Por supuesto que no, ella no entiende, no estaba en la torre.

—Creo… —Jane parece dudar un momento, aun así continúa—. Creo que Mike tiene miedo… Estoy segura de que él te a—

—No lo digas. No. Por favor.

Cree saber qué es lo que Jane está por decir. La mano de Will tiembla y salpica con esmalte parte de la mano de Jane; esta vez, ella no dice nada.

—No lo digas —suplica Will desesperado.

Todo a su alrededor se vuelve borroso; no sabe que expresión está haciendo Jane, pero ella lo abraza y no se queja de que Will deje su hombro mojado.

 


 

Max ya no soporta estar en su casa. La rehabilitación está funcionando poco a poco, todavía necesita estar en silla de ruedas; sin embargo, ya puede caminar algunos pasos y sostener cosas con sus manos. La voz de ella suena ansiosa cuando les pregunta si pueden ir por un helado, una malteada o respirar aire, Lucas es el primero en apoyarla.

Will cree que hablar con Mike resultaría incómodo. Se equivoca; conversan como siempre, Mike hace una broma y Will se ríe. Hay una distancia que los separa.

Los toques casuales entre ambos son casi inexistentes… Aun así, anhela la cercanía de Mike cada vez que lo ve.

Lucas ya está recibiendo un par de malteadas para él y Max; Dustin está todavía en el mostrador pagando su pedido y Mike está a lado de Will, agachado a la altura de sus ojos con una sonrisa.

—¿Qué sabor prefieres? —pregunta Mike—. ¿Vainilla?

—Mmm… Sí.

—Yo invito.

—No —contesta Will desviando la mirada al mostrador—. No es necesario.

La señorita que está atendiendo le hace una señal con las manos de que puede pasar, Mike no tarda en seguirle el paso.

—No te preocupes —insiste Mike, se dirige a la chica—. Dos malteadas de vainilla, por favor.

—Cuentas separadas. —Will no espera un segundo más para entregar el dinero de su pedido.

—No, yo puedo—

—Yo pago lo mío —interrumpe Will con firmeza. Duda un segundo, para después admitir la verdad—. No quiero que lo hagas tú.

El brazo de Mike se detiene a mitad de sacar la cartera; sus cejas están alzadas y su boca se queda ligeramente abierta.

—¿No quieres?

—No.

Alguien se aclara la garganta; la chica del mostrador los interrumpe con incomodidad para preguntar si desean algo más.

—Es todo, gracias —contesta Will educado—. Falta tu parte, Mike.

Los ojos de Mike no abandonan el rostro de Will cuando entrega el dinero a la señorita. Están a un par de pasos de llegar a Dustin, quién todavía está esperando su malteada.

—No entiendo —Mike frunce el ceño—. Solemos compartir todo, vivimos en la misma casa por años. ¿Por qué no puedo comprarte cosas?

¿Y por qué querrías hacerlo? Will se muerde la lengua con fuerza.

—Bueno… —dice Will finalmente viendo al frente—. Ya no vivimos en la misma casa.

Dustin comienza a hablar tan pronto llegan a su lado; Mike no vuelve a mencionar nada de la situación. Es un poco incómodo la manera en que los ojos intensos de Mike parecen analizarlo cuando todos están sentados mientras toman su malteada, no le dirige ni una sola palabra a Will.

No debería de importarle. Las voces de los demás llegan a los oídos de Will pero es incapaz de comprender alguna palabra. Cuando se retiran del lugar, la malteada de Will queda casi llena.

 


 

Mike tiene una nueva historia para jugar una partida de D&D, los invita a todos en una pijamada el viernes después de clases. Will es el primero en llegar, como siempre aparece temprano, no le sorprende que Lucas o Dustin no estén ahí; lo que sí lo hace es que el tablero no está puesto en la mesa.

Las veces anteriores Mike ha tenido todo listo cuando él llega.

—¿Te ayudo con algo? —Will dirige su mirada al lugar donde está el juego.

—No, está bien —responde Mike con facilidad—. Cuando lleguen los demás, lo hago.

La mano de Mike palmea el lugar vacío del sillón a lado de él, Will tarda un segundo pero se sienta con cuidado, consciente de la distancia entre ambos. Mike habla sin parar sobre la historia que están por jugar pero no hace ningún esfuerzo por preparar el tablero o sacar los libros de todos.

Están conversando, es normal, casi. Will está cada vez más agitado mientras juega con sus manos; Mike está moviendo su pierna de arriba abajo; Dustin y Lucas están tardando más de lo normal.

—¿Deberíamos llamarlos? —pregunta Will con duda, el radio está en el suelo a un par de metros de él.

—No.

Mike deja de hablar y Will siente que se está sofocando, se levanta con rapidez, necesita salir de ahí.

—¿A dónde vas? —La mano de Mike lo detiene tomándolo de la muñeca.

Will se deshace del contacto en un solo movimiento; es brusco e inesperado. Da unos pasos hacia atrás apretando esa misma muñeca con su mano contraria. La expresión de Mike muestra sorpresa.

—A buscar a Lucas —El tono de Will se escucha más como duda.

Está a un par de pasos de las escaleras, pero Mike está de pie entre la salida y Will. El silencio se extiende mientras los ojos de Mike se alternan entre Will y diferentes partes de sótano.

—No van a venir —confiesa Mike con ojos enfocados en sus pies—. Les cancele…

Las palabras hacen eco en la mente de Will, no recuerda que Mike le haya cancelado a él.

—¿Qué? —murmura Will, apenas audible.

Le es difícil respirar, la distancia entre Will y la puerta ha crecido a pesar de que él está inmóvil. No quiere estar a solas con—

—Necesitamos hablar. Se que hay algo mal, no sé qué es, pero eres diferente. Lo sé —Mike levanta la mirada, parece desesperado—. Solo quiero saber por qué – quiero saber si estás bien – quiero saber qué pasa.

No entiende, Will tarda un momento en procesar las palabras de Mike. Parpadea y contesta ausente:

—Hablamos siempre.

—No. No lo hacemos. Ya no confías en mí… Es – ¿es eso? ¿Ya no confías en mí?

Mike avanza a Will; una de sus manos se extiende a la altura de los hombros de Will quien da un paso hacia atrás. Mike se queda congelado en esa posición.

—No creo que… —La voz de Will tiembla, traga saliva y busca estabilizar su tono—. No creo que tengamos algo de que hablar.

—Sí. Sí tenemos. ¿Por qué te alejas? ¿Por qué ya no hablas conmigo?

Los brazos de Mike regresan a sus costados y no hace intento de acercarse. Will se abraza a sí mismo y sus ojos se desvían al suelo que parece ser más interesante.

—Mike, no—

—Por favor, Will, háblame—

—No hay nada que—

—Habla conmigo, confía en—

—hablar, no necesitas—

—Confía en mí, somos mejores amigos.

Mejores amigos.

El tiempo se detiene. Las manos de Will se aferran más a sus propios brazos; la lengua se le pega al paladar, no puede pronunciar ni una sola palabra. La distancia entre ellos desaparece cada vez más; las manos de Mike se colocan con suavidad en sus hombros. La mirada de Will se eleva y debería apartarse, alejarse de Mike. Tiene que—

No quiere.

—Por favor... —Suplica Mike, sus ojos son sinceros—. Dime que está mal.

Will parpadea, puede identificar la preocupación en la voz de Mike. Por un segundo el deseo de acercarse a Mike lo abruma.

No. No. No tiene que pensar eso. No puede.

Toma aire, a pesar de la cercanía y las palmas de Mike sobre él, los brazos de Will se relajan y los deja caer a sus lados.

—Nada. —La voz de Will es tranquila—. No hay nada mal.

—Sí, sí lo hay. Hay algo mal —dice Mike frenético apretando los hombros de Will.

—¿Sí? ¿Y qué es?

—¿Es – estás… —Las cejas de Mike se contraen, Will no desvía la mirada a pesar de la intensidad en la de Mike—. Estás alejándote, ya no me hablas como antes… Ya no confías en mí.

—Confío en ti.

Mike se toma un par de segundos escaneando el rostro de Will con labios apretados.

—… ¿Hice algo? ¿Qué cambio? ¿Por qué – por qué eres diferente?

—No hay nada diferente... Seguimos siendo mejores amigos. —Esas dos palabras se sienten pesadas en la boca de Will, aun así logra transmitirlas con calma.

—No. No —insiste Mike, da un paso más y están más cerca de lo que deberían; el pulso de Will se acelera—. Así no es como solíamos ser.

Cómo solíamos ser… Antes, cuando Will estaba ilusionado; ahora, tiene que enfrentar su realidad. No puede estar sufriendo siempre por amor. No quiere que su corazón se quiebre cada que las esperanzas se destruyan frente a sus ojos.

Una y otra vez. Cuando Mike ni siquiera es consciente de ello.

—Lo siento. —La frase se le escapa a Will—. Somos mejores amigos… Como Dustin y Lucas.

—¡Exacto! Exacto… Pero no éramos así —contesta Mike con impaciencia—. Solíamos ser más.

¿Más? ¿De nuevo con eso? No le da un segundo pensamiento.

—¿Qué es lo que quieres, Mike? —pregunta Will, exhausto y directo.

—Que confíes en mí —dice Mike con angustia, su rostro se suaviza—. Que seamos como antes...

¿Cómo superará a Mike si siguen así? No puede permitirlo. La voz de Will es franca cuando contesta:

—No creo que se pueda.

—No entiendo. —Mike hace un ruido frustrado—. ¿Por qué no? ¿Hice algo? Puedo – puedo mejorar. Dime en que me equivoqué—

¿Por qué es tan insistente? ¿Por qué Mike parece aferrarse más?

—En nada—

La paciencia de Will está disminuyendo con rapidez.

—Will—

Hasta que explota.

—¡No! —exclama Will lo suficientemente alto para que Mike se quede en silencio—. Escúchame. Tú lo dijiste, Mike. Tú dijiste que somos mejores amigos. Es lo que estoy haciendo.

—Wi—

—¿No es eso lo que querías? ¿O a qué te refieres con más? ¿Qué es más que mejores amigos? ¡No entiendo! ¿Qué es más?

Las manos de Mike se aflojan mientras su rostro está lleno de sorpresa. Will aprovecha para apartarse creando un espacio suficiente entre ambos, sus latidos empiezan a regresar a su ritmo normal. La escalera está más cerca, un paso más y…

Hay algo deteniéndolo, la muñeca de Will es envuelta por Mike.

—No. No te vayas, por favor.

—Mike…

—Espera – espera. Will, por favor.

La angustia en Mike es clara mientras se aferra con fuerza a Will. Y Will es débil, no hace ni un esfuerzo por moverse.

Tal vez debería decirle la verdad… Quizá eso haga que Mike comprenda. Que se aleje de Will. Arruinaría su amistad, pero tal vez eso era lo que necesita Will—

—Lo siento, Mike. —Hay un picor familiar en los ojos de Will, su corazón se le quiere salir del pecho—. Necesito superarte… ¿Olvidaste que me gustan los chicos? No puedes pedirme que seamos igual que antes…

El arrepentimiento llega tan pronto esas palabras salen de su boca; Mike no dice nada. La fuerza en el agarre de su muñeca no disminuye, es más, Mike parece aumentar. No fue buena idea, no debió decir nada e irse.

No puede regresar el tiempo. Will parpadea rápido en un esfuerzo inútil de detener sus lágrimas.

—¿Superarme? —susurra Mike perplejo—. ¿A qué te refieres?

Si el nudo en su garganta no le impidiera hablar, preguntaría: ‘¿Eres estúpido?’ No puede hacer mucho, se está ahogando en su llanto.

—No – no llores, Will. Lo siento, perdóname. —Mike acorta más la distancia entre ellos. La mano que no está sujetando su muñeca se eleva y acaricia con suavidad la mejilla de Will, con el pulgar limpia alguna de sus lágrimas—. ¿Te – te gusto? ¿A eso te refieres?

El sollozo de Will es más fuerte, asiente con un movimiento débil. No es solo gustar. Es más. Más. Eso ya no importa, todo está arruinado. Mike lo verá con asco y le pedirá que se aleje.

Y ahora sí, Will podrá superarlo.

—Oh… —Es lo único que expresa Mike.

Mike todavía trata de limpiar las lágrimas de Will con delicadeza, no se aparta y Will—

—Lo siento. —Continúa Mike, ese tono tan familiar que solo usa con Will—. Perdón por no darme cuenta. Debí haberlo hecho – lo siento – perdóname, Will.

Es tan dulce. Pero es rechazo y duele más. Will traga saliva, no puede parar de llorar.

—Está – está bien.

—¡No! —exclama Mike mientras la mano queda sobre la mejilla de Will—. No lo está, perdóname. No me di cuenta, pero – pero ahora lo hago. No necesitas superarme.

La calidez desorienta a Will, se inclina por inercia al contacto. Y—

—¿Qué?

—No quiero… No quiero que me superes.

Wow. ¿Mike es así de cruel? No tenía ni idea, tal vez no conoce tanto a Mike.

—Lo entiendo, ¿okay? Lo entiendo. Y está bien, te lo prometo. Está bien. —Mike sostiene la cara de Will con ambas de sus manos—. Siempre quiero más contigo. Quiero todo. No necesitas superarme.

La esperanza surge en Will de un segundo a otro. Sus labios están temblando cuando pregunta:

—¿Todo?

—Todo. Siempre.

Y Mike suena tan seguro, tan honesto, no aparta la mirada. Will no tiene palabras.

—Me gustas, Will.

El corazón de Will se alborota mientras contempla a Mike. Sus rostros están a un par de centímetros, sus respiraciones se mezclan y Will no parpadea, no quiere perderse ningún segundo de ese momento. Los ojos de Mike viajan hasta los labios de Will, cuando Will hace lo mismo; es Mike quien se inclina, elimina la distancia y lo besa.

Will se permite cerrar los ojos y perderse en la sensación. Es suave, sus labios se unen mientras Mike lo guía con dulzura. Es perfecto.

—Me gustas. —Mike lo dice en un suspiro—. Perdón por no darme cuenta antes.

—Está bien.

Esta vez, lo está. Mike le sonríe y Will lo copia por inercia. Es fácil, como respirar.

Mike lo besa muchas veces más; Will pasa los brazos por el cuello de Mike y no se aparta, ni una sola vez. Cuando ve apropiadamente a Mike, lo entiende.

Esta vez ambos están en la misma sintonía.

Notes:

Mientras estaba escribiendo tuve varias contradicciones en algunas escenas que no podía poner en la misma historia (por ejemplo, quería poner a Mike reaccionando de inmediato a la confesión de Will pero también quería que no reaccionara xd), entonces me imaginé otra historia con Will en la universidad también alejándose, y poniendo esas escenas que no pude poner aquí, la subiré en algunos días más, las escribí al mismo tiempo, por lo que casi está finalizada pero me faltan corregir algunos detalles.

Aquí hice que Will se separe de Mike de manera “abrupta”; el punto de quiebre es la conversación en la torre de “friends? no, thanks… best friends”; también quise explorar a un Mike que reaccione rápido ante la confesión de Will.

Gracias por leer!