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Father Face

Summary:

Nunca seremos capaces de elegir la familia en donde nacemos, pero, si podemos elegir la familia que estará para nosotros en los momentos más difíciles y Rachel Summer aprendió aquella lección de la forma más cruel posible, siendo olvidada poco a poco por quienes genuinamente creyó que estarían para ella, tanto madre como padre la olvidaron.

En su desesperación, haría un acto tonto que la metería en problemas, serios problemas y sin embargo, la guiarían a quien sería una figura paterna estable, a pesar de no estar relacionados de sangre, no le impidió ver en ella lo que en verdad era... una niña en busca de atención de sus padres, de tener miedo de ser invisible

Notes:

Espero que llegues a disfrutar de esta idea mía, si tienes ideas para las etiquetas y demás, estaré encantado de escucharte.

Chapter 1: El primer rostro

Chapter Text

Desde que tenía memoria, cada rostro que ella observaba siempre era borroso, supuso que fue para evitar encariñarse con todos los demás, cada persona que conocía no tardaba en morir por culpa de los centinelas; y simplemente en algún momento todo se volvió borroso, nombres o rostros, siempre estaban borrosos, algunos nombres incluso eran incapaz de escucharlos o siquiera leerlos, simplemente era un simple borrón.

La guerra contra los centinelas había llegado a un punto criticó, donde ya no solamente exterminaban mutantes, empezaron a exterminar a cualquier ser humano, todos dirigidos por un androide cuyo nombre no recordaba.

Entonces… cuando todo parecía perdido la enviaron al pasado para salvar el futuro, al inicio todo fue confuso para ella, no importaba a donde miraba, todo se sentía tan extraño, hace un momento se encontraba en luchando contra aquellas maquinas implacables y de un momento a otro se encontraba en frente de una escuela o bien, se suponía que era la escuela de Xavier.

Fue acogida por quienes más tarde descubrió que serían sus padres, ella creyó que por fin tendría esa paz que tanto anhelaba, su madre era nada menos que la legendaria Jean Gray, la portadora de la fuerza Fénix, encontrarse con ella fue extraño ya que por segunda vez… podía ver un rostro.

Al cabo de dos años ella logro empezar a ver el rostro de los demás mutantes, era bonito tener un lugar al cuál llamar hogar, pero solamente que había un pequeño problema…. Era incapaz de recordar o de siquiera ver el rostro de quien se supone que era su padre, era más, incluso si alguien decía el nombre de aquella persona o se lo ponía por escrito, era incapaz de escucharlo o leerlo, simplemente no se interesó en ello.

Su madre por otro lado, ella siempre trato de juntarla con él, ella vio de primera plana como su madre mostraba un amor bastante profundo por aquel hombre, al inicio no le molestaba, era su vida y ella no tenía derecho de interferir, pero…  comenzó a ser olvidada por ella.

Al inicio fueron cosas simples, olvidar unos buenos días, lo dejo pasar pues su madre estaba ocupada, seguidamente fueron los desayunos, lo justifico con que tenía que asumir más responsabilidades sobre la escuela y tener una vida ocupada, una y otra vez ella justifico cada acción, cada olvido hasta que un día… ya no logro ver ni escuchar el rostro de su madre.

Vivía con esa mujer, sabía quién era solamente por la vestimenta, en algún momento ella había perdido a su madre y nuevamente cada persona que había conocido comenzó a verlos de forma borrosa, empezaron a evitarla a olvidarla y eso…. La asusto.                 

Comenzó a tener un humor más temperamental, ya no era tan servicial cono los demás, porque no recordaba a nadie, para ella todos tenían rostros borrosos, simplemente quería ser vista otra vez y poder recordar a alguien que alguien la mirara, entonces… decidió hacer algo estúpido, pero que sin duda los obligaría a verla y con suerte vería el rostro de su madre una vez más.

***

La ciudad de NY era sin duda escandalosa para ella, había mucho ruido por todos lados su cabeza se mareaba cada vez más por la intensidad de los pensamientos de los Neoyorkinos era tanta que le provoca malestar.  

Ver como pasaban de ella como si no existiera, con tantos rostros inexistentes provocaban un miedo latente de ella, de empezar una guerra, de que todo terminara mal como del futuro donde provenía, no quería eso, la aterraba, la aterraba que se repitiera el futuro, donde no tenía a nadie, donde la soledad la consumía como un veneno que se esparce por su cuerpo.

En su mente una idea arriesgada para poder llamar la atención de esa mujer, de los demás, quería ver sus rostros no los borrones otra vez, los rostros, hablar con ellos. Reír con ellos, era lo que extrañaba hacer.

Caminando por las calles de NY. Rachel Summer pensó en distintas cosas para poder llamar la atención, quizás robar un banco, pero lo descarto rápidamente, no quería que los mutantes quedaran mal o peor de lo que la gente ya los tenía visto.

Pensó en que quizás si se metía en una pelea callejera quizás sería suficiente para que la metan a prisión, no le importaba si era regañada por esa mujer, simplemente que la vieran como antes, como todo era antes. Porque meterse en prisión sin duda sería necesario para que quizás, solamente quizás, vuelva a tener una madre otra vez y si el destino esta su lado ella pueda ver el rostro de su padre.

Rachel se encuentra perdida en su propio mundo, caminando sin algún rumbo fijo, hasta que un pequeño brillo capto su atención, al dirigir su mirada en esa dirección se encontró con una joyería, en la vitrina, casi como si estuviera escondida entre el montón de joyas con diamantes y cosas preciosas se encontraban para llamar su atención, pero no era eso, era un pequeño colgante, casi abandonado como ella, de un lado había una jaula vacía y dentro de la otra había un ave libre, era hermoso de cierta forma.

Llamada por la simplicidad del colgante encontró la excusa perfecta para robar, ni siquiera iba a ser discreta, iba a ser tan obvia para ser arrestada de forma rápida y obliguen a su madre ir a buscarla.

Con la mente decidida se adentró en la joyería, acercándose a la vitrina donde estaba el colgante, un empleado de la tienda se la quedo observando; una adolescente vestida de forma informal, una capucha de color verde oscuro y unos jeans, claramente no venía a comprar en la tienda. Rachel ni siquiera tuvo que leer su mente, la mirada y el rostro del empleado le decían todo lo que tenía que saber.

Estando en la vitrina, no fue difícil quitar el seguro con sus poderes, enfrente de todos tomo el colgante y se dispuso a ir, pero no logro salir de la tienda ya que un guardia logro tomarle del brazo, impidiendo que ella lograra salir de la tienda.

Lo que paso después de eso fue demasiado borroso para ella, personas sin rostro interrogando, el metal frio de las esposas en su muñeca, el sonido de la patrulla, la sensación de humedad de una habitación era lo poco que podía recordar… aun guardaba el colgante en su mano, al menos no se lo quitaron, lo miro una vez y luego otras, lo hizo girar sobre sí mismo, dando una ilusión de un ave enjaulada, era tan irónico, pero… tan personal a la vez.

Rachel espero, tenía la fe que su madre vendría a buscarla, que la vería otra vez, que podía escuchar su voz nuevamente no importaba si era para regañarla, vería aquel rostro nuevamente, no le importaba si era decepción lo que la miraban, era mejor a seguir observando esos rostros borrosos.

Sentada en aquella celda, no podía evitar mover los pies que flotaba a escasos centímetros del piso de la celda, una pequeña pero verdadera sonrisa se formaba en su rostro, llena de felicidad, llena de una esperanza de cambiar todo y nada se la iba a quitar…

Los minutos se movieron como segundo hasta transformarse en una hora, luego dos, tres; la sonrisa tan sensata que mostraba se fue marchitando hasta regresar a un rostro carente de emoción, sus ojos desenfocados y su postura más encorvada era un reflejo propio de su estabilidad emocional.

Nadie iba a venir a buscarla, debía haberlo sabido, no, de hecho, ya lo sabía de antemano que su madre no iba a venir a buscarla, pero… ¿Podrían culpar de esperar que esta situación fuera suficiente para que la volvieran a ver otra vez?

Viendo que nadie la iba a buscar, solamente pudo abrazar sus piernas y tratar de esconder su rostro en ella, nuevamente se sentía sola, nuevamente era invisible para los demás, como en aquellos momentos de la guerra.

Tratando de no llorar en aquel momento, por lo menos aun mantenía el colgante, probablemente se lo quitarían si lo notaban; incluso si era robado no quería desprenderse de él, así que lo guardo en un bolsillo de su chaqueta, pero su mano roso un papel.

Pensando que era una basura lo saco para botarlo, pero algo la de tuvo, había una serie de número escritos en él, al darle la vuelta vio un mensaje que decía “llama si necesitas ayuda”, era sencillo, nada en especial… pero para Rachel fue un farol en la oscuridad, una luz guía para todo su tormento.

Haciendo señas al guardia. Pudo comunicar con algo de dificultad el derecho a una llamada a pesar de su arresto; con las manos temblando inserto uno a uno cada digito del número telefónico, teniendo el tono de espera habitual; su propio corazón golpeaba en contra de sus costillas como si quisiera romperla por dentro.

Un miedo comenzó a sembrarse dentro de ella. ¿Y si no era capaz de escuchar su voz como los demás? ¿Qué pasaba si no la recordaba? ¿Sería invisible para él también como lo es con todos los demás?

Fueron segundos de agonía para ella, segundos que se sintieron eternos hasta que la llamada se conectó por fin, dejo de respirar en ese instante, sin saber que hacer por un momento y entonces… logró escuchar una voz, clara, nítida.

— Bueno, ¿Quién habla?

En ese preciso momento cuando escucho la voz, ella simplemente se puso a llorar, podía escucharlo, podía escucharlo a él, el llanto que debía ser silencioso fue lo suficiente para llamar la atención de la persona al otro lado de la llamada

— Esta bien, todo está bien, respira, ¿Necesitas ayuda?

Ante la voz tan suave de la persona, como trataba de consolarla a pesar de ser una desconocida, solamente hizo que le resultara más difícil poder hablar; su voz se rompía cada vez que lograba juntar las palabras, pero al final logro armar una oración.

— A- Ayu— Ayúdame e-, est- estoy en l- la c- com- comisa- comisaría en XXX, a- av- avenida YYY.

Fue la primera vez que logro hablar en mucho tiempo y, sobre todo, la primera vez que podía haber escuchado a alguien además de sus propios pensamientos, fue llevada a la celda de regreso, no se resistió ni nada por el estilo, simplemente no tenía fuerzas.

Jamás pensó que esperar ocho minutos serían una tortura, pero lo fueron para ella, minutos donde pensó que quizás él había cambiado de opinión y fue abandonada nuevamente, donde ella era última como siempre.

Por un momento creyó genuinamente que pasaría la noche en aquella celda: cuando sus ojos se empezaron a cerrar por el sueño, la celda fue abierta por un policía la cual solo le hizo un ademán que caminara.

Quien diría que caminar por un corto pasillo sería tan eterno como contar un año en segundo, él miedo de ver otra vez alguien sin rostro era tan abrumador que comenzó a faltarle el aíre, su visión comenzó a ser borrosa, todo a su alrededor comenzaba a oscurecerse, pero se obligó a mantenerse despierta, aferrada a una esperanza casi muerta de que quizás, solamente quizás, esa persona tenga un rostro.

Al llegar al área de recepción se encontró con dos personas hablando, pero solamente era capaz de escuchar a una de ellas, cuando se giró al verlo todo dejo de importar para ella, no lo dudo en abalanzarse sobre él para abrazarlo con fuerza.

Las lágrimas que tanto tiempo había reprimido comenzaron a brotar por montones, sus manos se aferraron con fuerza, temiendo que él desapareciera, que dejara de verla como a los demás.

— Tranquila, tranquila, ya estoy aquí— comenzando a acariciarle la cabeza con suavidad—, dame un momentito con el policía y te ayudare por completo.

Pero Rachel no se apartó y el desconocido tampoco trato de moverla, simplemente se limitó acariciarle la espalda mientras asentía con la cabeza ante lo que decía el oficial.                                                                                                       

— Señor, entiendo perfectamente como se ha de sentir, los divorcios no son fáciles de sobrellevar, me paso lo mismo con mi primera esposa—, dijo el oficial con calma, recordando el pasado.

— Sí, entiendo, ella no se lleva bien con mi exesposa, lamento todos los malentendidos.

Se despidió del oficial mientras Rachel se mantenía aferrada a su torso, se mantuvieron en esa posición hasta llegar a un callejón donde el hombre separo a la chica de él, para comenzar a calmarla un poco.

— Rachel, tranquila, soy yo, Peter. Puedes contarme lo que paso.

La susodicha quiso hablar, pero todo se volvió negro para ella, el cúmulo de horas sin dormir, el estrés emocional junto a la sobrecarga de pensamientos ajenos la hizo colapsar, su cuerpo nunca toco el piso porque alguien la atrapó a tiempo.

— Dios, me pregunto que le paso para terminar así.

Resignado, Peter se limitó a cargar a la chica sobre su espalda y caminar en dirección a su departamento; había logrado sacarla de prisión pagando la fianza lo que ciertamente le costaría pagar la renta a tiempo, pero nada que unas buenas fotos suyas para venderle a JJJ no arregle.

Caminando por las calles de la ciudad, fue inevitable que atraerá miradas por cómo iba, después de todo, ver a un adulto cargando en su espalda a una adolescente dormida, era sin duda algo bastante sospechoso, a Peter le daba igual esas miradas, ya estaba acostumbrado a recibirlas al ser spider-man

***

Rachel había olvidado la última vez que durmió tan plácidamente, sin preocuparse si mañana siguiera viva o si tenía que mantener una sonrisa que simplemente desapareció hace tiempo.

Por primera vez en mucho tiempo su cama era tan agradable, cálida, de alguna manera reconfortante para ella; no había discusiones por el lugar ni voces… no escuchaba algún pensamiento.

Se despertó de golpe ante la realización de ese pequeño pero importante detalle, su corazón golpeaba como una locomotora sin frenos, coincidiendo con su agitada respiración, el lugar era extraño, no se encontraba en su habitual cuarto, sus ojos recorrieron todo el lugar buscando una respuesta y la encontró a su derecha.

Descansando en una vieja silla de madera se encontraba Peter Parker, durmiendo con un libro encima de su pecho, respiraba, pero, sobre todo, ella podía ver su rostro claramente.

Tal como si hubiera tocado la red de una araña, el arácnido abrió sus ojos, no fue a patrullar como lo hacía regularmente (Miles podía encargarse de la ciudad por un día) se mantuvo cuidando de la pequeña zanahoria telepática.

— Veo que por fin despertaste, ¿está todo bien?

Aunque la pregunta fue escuchada por la pelirroja no hubo contestación alguna de su parte; Rachel observaba en silencio sin saber si era una ilusión o era real.

— Esta bien si no quieres hablar, no hay problema con ello.

Nuevamente el silencio se apoderó del lugar, para Peter era un poco incomodo el silencio, por su parte Rachel no sabía que decir o por donde empezar, había tantas cosas que deseaba externas, agrupados todas en su boca sin posibilidad de decirlas.

— ¿Quieres que le marque a tu madre?

La pelirroja negó con la cabeza más rápido de lo que imagino, por el momento no quería “hablar” con ella, si no respondió cuando estuvo detenida menos lo hará por alguien más.

Por la reacción de la adolescente, el sobrino de May supo que algo había pasado entre ellos, aunque era curioso decidió no presionar el tema, él sabía lo que era tener un mal día.

— Gracias por sacarme de ahí— susurró mientras miraba sus manos, moviéndolas de forma inquieta—. Yo… ¿Puedo quedarme un tiempo aquí?

Decir que Peter se encontraba sorprendido por la petición de la adolescente era poco, pero no lo mostro de forma tan evidente, simplemente levanto una ceja.

— ¿Éstas segura de eso? Digo, no me molesta tener compañía a mi lado— comento el arácnido a su recién adquirida invitada— Voy a avisar a tu madre que te encuentras aquí.

Antes de que lograra tomar el teléfono para decirle a la mayor telepata sobre el paradero de su hija se detuvo ante el conflicto que notó en la mirada de la joven mutante.

— No hace falta, ella no va a notar mi ausencia, no lo hizo antes, menos ahora.

Su voz comenzaba a quebrarse, las lágrimas que había soltado ayer volvieron a brotar con el mismo dolor de siempre que había estado conteniendo para no sentirse tan débil consigo misma; dejando el teléfono el mismo lugar, el Parker mayor se acero a ella dándole un abrazó.

Rache se paralizo ante el gesto, dos años siendo invisibles para su madre, sus examigos, bueno, ella también tenía parte de la culpa por tener una actitud tan agresiva desde el comienzo.

Con algo de temor ella fue devolviendo el abrazo, en tan poco tiempo ella estaba siendo escuchada por alguien, alguien la veía y apenas sabía su nombre.

 — Y- yuo- yo so- sol- solamente qu- qui- quie- quiero qu- que me vean.

Dijo Rachel con esfuerzo, el sollozo apenas la dejaba decir palabras coherentes, pero también le dolía, le dolía que su madre pasara de largo de ella, quien dice ser su padre no la haya mirado ni una sola vez, que sus amigos la juzgaron demasiado rápido y ninguno le pregunto porque cambio.

Se aferro con fuerza a la camisa del arácnido, sus gritos nacientes por el dolor de ser invisible por quienes juraron que siempre estarían para ella y que no tendría que sufrir como lo fue en su futuro; las personas cuyos rostros comenzaron a desvanecerse entre sus recuerdos.

Peter simplemente dejo que ella se desahogara, él entendía mejor que nadie lo que era ser invisible, después de todo aquella vez que estaba muriendo por cáncer, nadie pudo ayudarlo, dejándolo completamente solo. En cierta manera no podía evitar verse reflejado en Rachel, la única diferencia de aquel entonces y de ella, es que él no tuvo a nadie, pero la adolescente al menos había encontrado a alguien.

— Puedes quedarte el tiempo que necesites— murmuro por encima de la cabeza la joven pelirroja, sus manos dando caricias suaves en su espalda en un intento de consolarla—, yo te veo— le dio un beso en la frente con suavidad—, yo si te veo.

Los sollozos fueron menguando poco a poco hasta desaparecer por completo, siendo remplazado por la tenue respiración lenta y tembloroso de alguien que se había quedado dormido entre el llanto y el dolor.

Por segunda vez en él día, se había quedado dormida por el dolor que guardaba en su corazón, pero con una radical diferencia, estaba en los brazos de la primera persona que vio su rostro cuando llego aquí y ahora esa misma persona le estaba dando un alijo, un lugar seguro para estar.

Con delicadeza el héroe arácnido volvió acostar a la mutante en su cama, arropándola con cuidado para no despertarla, sin duda su vida sería un poco más problemática por esto, pero al menos sería un poco animada, no lo sabía, pero de eso se preocuparía su yo del futuro.