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Ropa fuera. En la penumbra, con la cortina cerrada bloqueando la entrada del brillo de la luna y otra cortina separando la pequeña cama del mundo exterior. Dos chicas se veían fijamente, dos pares de ojos tratando de acostumbrarse y ver más allá que solo la desnudez de su compañera.
Ambas almas se conocían muy bien, pero el terreno físico era algo todavía desconocido e inexplorado. Al menos, la mayor parte.
La chica de largos cabellos rojos estaba sentada completamente, estirando sus piernas sobre las sábanas blancas con un ligero temblor que delata su estado, muslos apretados ligeramente para cubrir lo más íntimo y necesario.
— Sigo pensando que es innecesario hacer todo esto.
— Es para estar en igualdad de condiciones, Mari. Además... Tampoco es que pueda ver mucho.
— Eso sonó mucho a un insulto.
— NO ME REFERÍA A ESO. Me gusta mucho, me gusta verte, Mari...
La chica de cabellos negros soltó un suspiro adormilado, tal vez para la próxima podrían hacer esto en un horario en el cuál su estricto horario de sueño no se viera sumamente acribillado. Su brazo derecho estaba envuelto alrededor de su pequeño busto, un poco menos penoso que lo de su compañera pero por amor a la educación cristiana que ella recibió seguía siendo vergonzoso hacer esas cosas a solas con su... Amiga? Novia? Mientras se ocultaban como un par de delincuentes planeando el atraco perfecto.
Lara. No mi novia... Pero más que una amiga...
¿El amor verdadero necesita un título para ser real?
Mari está segura de que no, pero su corazón anhela quizás en un futuro próximo poder empezar a llamar a la atolondrada pelirroja como su chica. Su princesa.
Probablemente Lara solo estaba probando el terreno. Aún eran un par de adolescentes hormonales, bueno, Mari lo era, ella desconoce en gran parte como funciona la nueva biología de Lara tras lo ocurrido hace un par de meses en el lago Biwa y lo que sea que haya pasado para que terminaran cayendo desde varios pies de altura hacía las aguas.
Se supone que ahora es humana.
Y bueno, dónde Mari literalmente se... Murió. Cosa que en parte las trajo aquí y a este curioso ritual que han estado haciendo juntas en momentos en los cuales están al menos un 99% seguras que el resto de la familia Otsu sigue en los brazos de Morfeo.
El destino tiene formas bastante curiosas para poner a prueba el hecho irrefutable de que ella es y será la más fuerte del mundo.
— Si si, lo que tú digas. Sirena pervertida y mimosa... — Susurro eso último detrás de su mano.
— Que fue eso?
— No lo sé. Yo no escuché nada raro. — Respondió la boxeadora con un tono casual, moviéndose para alcanzar en el alféizar de la ventana un frasco blanco. Un ungüento especial para tratar las cicatrices que les habían recomendado a ambas, lastimosamente. Lara hizo un puchero que nadie notó, pero que se tradujo en un leve patada que Mari sintió en su cadera más como una caricia que como un ataque.
Las piernas de Lara aún no logran recuperar del todo su fuerza ni la suficiente estabilidad para dejarla caminar por su cuenta pero ya está en buen camino según el médico calvo de dudoso origen que contrato Lisa. Así que Mari, una total lovergirl se ha acostumbrado las últimas semanas a ser el 'caballito' de Lara como cariñosamente la llama el hermanito menor de Luca.
Algo positivo que dejó el accidente, es que ahora Mari sabe con seguridad que a Lara no le gusta el torpe chico rubio (después de verse prácticamente obligada por la situación a acompañarlos a todos lados, Mari no confía que su chica sobreviva en los brazos de fideo de Luca). Incluso últimamente se ha dado cuenta que ese sentimiento es compartido por Luca, quién de hecho se ha vuelto bastante cercano a Yoshiya para sorpresa de ambas. El hermano mayor de Lara tampoco es de llevar muchos amigos a casa pero últimamente el rubio ha estado pasando más tiempo en la casa Otsu que Yoshiya en clases.
Mari no sacará conclusiones, todavía le sigue pareciendo curiosa está nueva faceta de Yoshiya y el hecho de que sinceramente parecía gustarle ver pintar a Luca esos cuadros todo feos.
Quién sabe. Quizás...
Y claro, hay muchas más cosas que Mari celebra en su interior. Cómo el ejercicio extra de fortaleza física al cargar a Lara a todos lados, ahora apenas y siente dificultad para levantar a la peliroja en sus brazos. En el ring está también imparable, ligera y mucho más veloz en su juego de pies. Claro, si ignora el hecho de que cada cierto tiempo tras empezar hacer mucha fuerza con su brazo izquierdo termina sufriendo calambres agonizantes.
Mari lo estaba ocultando muy bien, de todo el mundo menos de Lara. Lo intentó. Quién podía ver a través de su expresión de aparente desinterés con una facilidad que la dejaba sintiéndose expuesta. Justo como ahora con la desnudez. Con las líneas difusas de movimiento en la oscuridad, Lara siempre parecía seguirla como si fuera la única luz en un mundo de penumbras.
Ambas salieron lastimadas ese día, ambas merecían ser cuidadas, fue lo que dijo Lara antes de arrastrarla a este pozo vergonzoso de timidez y toques accidentales que se convirtió en una especie de ritual para ellas ahora. Sagrado. Seguro. Incluso si están cansadas o molestas por alguna pelea tonta que tuvieron.
— Lara. Tienes que abrir un poco las piernas. Ya sabes cómo es esto.
— No quiero.
— Que...
— Hoy tendrás que esforzarte para conseguir lo que quieres.
— Siempre lo hago.
— Bien. Entonces no te atrevas a dejar de mirarme
Mari tuvo que esforzarse para no cubrir su rostro de la timidez que siempre la ataca en estos momentos, no importa cuánto tiempo pase, nunca podrá ser rival para ese lado decidido y coqueto que la ahora humana con la que comparte la cama le profesaba. Y mucho más que eso.
Tks, está muy oscuro. Igual no se daría cuenta si la miro o no.
Pero por supuesto, un príncipe siempre mantiene la vista en lo que desea.
— Estás muy caprichosa el día de hoy. — Murmuro Mari con un tono seco, aprovechando que la oscuridad escondía el sonrojo en sus mejillas para moverse más cerca de cuerpo caliente frente a ella. Primero un toque de advertencia, su mano algo callosa por años de entrenamiento y golpear a tontos en la cabeza (la de Lara por ejemplo cuando se conocieron) se poso sobre el muslo desnudo, con delicadez.
Las heridas bajo sus dedos ya habían sanado, no del todo, pues la marca de que una vez existieron seguía ahí en forma de largas cicatrices que cruzaban la cremosa piel de forma horizontal. Bajo las yemas de sus dedos, la textura se sentía ligeramente abultada, interrumpiendo la suavidad natural de sus piernas.
Dientes afilados rasgando la carne, fue lo que describió Lara la primera noche tras el incidente, como si el precio de su deseo fuera tan grande y terrible que su corazón la hirió para contenerlo.
Mari lo vivió como un sueño, no uno bonito, sino uno en el que no podía sentir nada más que frío y una abrumadora soledad. Un dolor agudo que ella no podía explicar en el lado izquierdo de su pecho cuando esa daga con rara forma de pescado se llevó su... alma?, apenas un segundo cuando esa cosa y la cruz que ella llevaba alrededor de su cuello, el preciado recuerdo de su madre, rasgaron la carne como una bala atravesando una tela.
La piel bajo sus dedos estaba caliente al tacto, incluso en la noche más fría Mari podía encontrar con gustosa sorpresa que el cuerpo se su compañera era como un horno andante, especialmente agradable por la noches en las que se acurrucaban la una contra la otra.
Después de todo, incluso si ahora es completamente humana, Lara sigue encontrando formas de poner su vida de cabeza.
— Ah~... Umh... Mari... Un poco más arriba...
Las yemas de los dedos de Mari se congelaron a mitad de camino sobre la suave piel. Un calor repentino y traicionero le subió por el cuello.
¡¿Ahí va otra vez?! Mari tomó la mejilla de Lara entre sus dedos y la apretó, haciéndola lloriquear un rato. Aunque su otra mano nunca dejó de acariciarla en realidad. Los masajes musculares que había aprendido desde muy joven para evitar lesiones fueron especialmente útiles para esto.
— No es a propósito! ¿Cómo quieres que lo diga?!
— Tal vez sin gemir
— Pero de verdad se siente bien cuando me tocas. — Murmuró Lara en un tono meloso y tímido. Mari sabe que si, no puede culpar del todo que Lara desconozca estás reglas no dichas, que no todo es obvio para ella.
— Solo... Vale vale, solo baja la voz.
Mari cerro los ojos, pidiendo paciencia a las fuerzas divinas. Su chica es muy hermosa y ella tiene la responsabilidad de cuidarla como debe ser está noche.
Regresando a su lugar, Mari se acomodó de rodillas sobre el colchón, justo frente a las piernas extendidas de Lara. Destapó el frasco y frotó un poco de la fría crema entre sus palmas para calentarla antes de tocarla.
Ya con el ungüento en mano, el masaje fluyó más fácilmente. Mari fue bastante cuidadosa mientras apretaba los muslos de su amiga, usando la presión justa mientras subía y bajaba por su pantorrillas hasta la punta de sus dedos. En todo momento su corazón no dejaba de jugarle malas pasadas, emocionándose por algo tan cotidiano como lo que estaban haciendo.
La primera vez casi se vuelve a morir pero en este punto Mari considera que ya debería haberse acostumbrado. Pero en cambio, ahora había un sentimiento diferente al de esa vez que fue todo disculpas y nervios. No cree que sea deseo, no del todo, sino más bien era algo así como el anhelo.
¿De qué? Yo no me siento preparada para hacer... Aquello.
Lara se había mantenido bastante obediente, sin jugarretas mientras dejaba que Mari la moviera a su antojo. Si algo le dolía, lo decía con claridad. Si quería más fuerte, también lo pide. Si quiere un beso, pues Mari no puede evitar ceder a inclinarse y robarle un beso casto antes de continuar. Es totalmente débil ante sus pedidos.
En algún punto, cuando Mari terminó de mover las manos y de 'toquetear' por todos lados a Lara, esta misma la jalo hacia adelante de forma demandante, Mari apenas tuvo tiempo de apoyar los antebrazos a los costados de Lara para sostener su propio peso, evitando lastimarla al caer sobre ella, descendiendo lentamente a su posición predilecta hasta que no hubo espacio entre sus cuerpos.
Ambas compartían algunos productos de la ducha, así que era normal que el olor a vainilla y avenas se les pegara durante la noche, pero si le preguntas a Mari, ella no dudará en responder que todo lo que podía oler en ese momento era como ir de paseo al mar. Brisa fresca con un toque salado que parecía esconderse incluso bajo las fragancias artificiales.
Lara cerró sus piernas alrededor de la caderas de la ya sobre estimulada Mari, manteniéndola cerca mientras la acuna contra su pecho, Lara no se había quitado la parte superior de su pijama (que no era otra que una de las camiseta de manga larga que seguía robándole de su cajón) pero la tela seguía siendo lo suficientemente delgada para permitirle sentir todo.
— Gracias de nuevo por tanto, Mari.
— N-No hay de que.
— Jeje, te gusta?
Mi nuevo lugar favorito
Mari no respondió de forma verbal, solo se dejó llevar por el abrazo apretado y oculto su rostro entre esos pechos. Una acción que valía tanto como mil palabras de aprobación para una ex sirena que apenas está empezando a descubrir la ventajas de su nuevo cuerpo aquí en la tierra, quién no tardó en posar sus manos ya entrenadas en el arte de amasar sobre el desordenado cabello oscuro y empezar su parte del ritual, sus dedos rascando levemente y presionando rítmicamente hasta que el cuerpo de la boxeadora siempre tensa se relajó.
Gon-chan una vez le había dicho que las sirenas no necesitaban amamantar a los recién nacidos. Que incluso estos ya nacían con un apetito voraz por cualquier cosa que se pudiera masticar de su entorno.
Mari no necesitaba la imagen mental de una pequeña Lara masticando la cabeza de un pequeño pez vivo, pero Gon-chan tuvo que ser bastante gráfica en ello cuando lo describió. No lo agradece, pero en parte le sirvió un poco para entender la biología de las sirenas.
Al menos parte de ella, como carajos está eso de que se reproducen mediante besos?!
Mari casi se desmaya cuando Lara olvidó contarle ese pequeño e insignificante detalle en privado y en cambio lo soltó de golpe a toda la familia. Después de no uno, sino de 5 besos que se dieron en el transcurso del primer día que volvieron a casa entre tantas emociones desbordando.
A ver... Lara tiene 5 hermanas mayores. A las cuales todavía tengo la dicha de no conocer a excepción de Lisa, que todavía me odia. 6 por cinco igual a 30 bebés....
Si, no hay trabajo de medio tiempo en el mundo que me permita mantenerlos a todos.
La familia Otsu estaba tan emocionada y felices de verlas regresar a salvó tras lo que pasó en el lago y la policía investigando sin éxito que no las dejaron en paz más que para cuidar las heridas, cosas que llevo a muchas conversaciones sinceras sobre lo que ambas muchachas habían estado ocultando y verdades que finalmente salieron a la luz. Eso incluye el tema de los bebés.
Aunque después de un ataque de pánico de parte de Makoto al pensar en su hija adolescente convirtiéndolo en abuelo, Mari siendo educada con chanclazos cortesía de su abuela que perdió por un segundo la fe en Cristo y mucho caos, Lara afirmó que como ahora era complemente una humana entre comillas, entonces eso ya no era posible.
Bueno, esa es la teoría. Mari estuvo tentada a alquilar un traje de buceo y negociar con Lisa para encontrar las coordenadas del viejo palacio de las sirenas. Aprovechando que su suegro alías el pescado racista como ella lo llama sigue bien dormidito hasta dentro de unos cuantos años.
¿Qué significa eso para nuestro futuro?
Mari confía en el juicio de esta nueva versión de Lara la humana. Al menos la mayor parte del tiempo. La transformación si que había hecho algunos cambios más notorios según sus propias conclusiones, tanto en lo psicológico (que probablemente se debe más a las secuelas post trauma de casi morir y descubrir que es lo que quiere hacer en su vida de ahora en adelante) y en lo físico, como sus piernas que aún tendrán que recuperarse por un tiempo, sus orejas, su cabello de un tono más realista e incluso sus ojos claros... Y sus pechos. Y a veces sus caderas. Y sus muslos-
Stop. No a los pensamientos intrusivos.
Mari definitivamente sabe que está en la peor etapa de la adolescencia o de su despertar gay. Por ahora todo lo que desea es quedarse en ese momento un poco más en compañía de la chica que puso su vida de cabeza, siendo cuidada y dejándose llevar un poco. Gracias a Lara, ya no tiene actuar como la fuerte todo el tiempo ni fingir que no le gusta ser el centro de atención de vez en cuando.
Mantener los párpados abiertos era cada vez más complicado, Mari de vez en cuando sufría de algunas migrañas producto de la presión por los exámenes y los campeonatos cercanos al acumularse pero gracias a todo este ritual en el que se habían metido, encontraron la solución perfecta. Los dedos de Lara eran realmente mágicos para dar masajes en la cabeza, si ella seguía mejorando en esto probablemente ya tendría una forma efectiva de ganar cualquier discusión. Además de los besos claro está.
— Mari... Mari... — Un dedo se desvío de su sagrada labor y presionó juguetonamente contra la espalda baja de la boxeadora, deslizándose con gracia por la piel descubierta y provocándole un escalofrío.
— ...si?
— Podemos abrir la cortina?
Mari no podía tener ninguna objeción cuándo Lara usaba ese tono tan dulce y la tenía atrapada contra su cuerpo como la más mortal de las adicciones. Puede controlar la parte más necesitada de esa chica cuando está con la cabeza fría y llena de responsabilidades, pero en este momento,
— ...Es necesario?
— Totalmente.
— Bien. Solo un poco. No quiero que los pájaros nocturnos vayan por ahí con el chisme.
— ¿Y a quién se lo contarían exactamente? — Lara murmuró con diversión, su sonrisa no se podía ver, todavía, pero Mari no duda que es tan amplia que incluso se le forman esos lindos oyuelos que la hacen avergonzar.
— A la princesa del lago de los cisnes. — Respondió con un tono tan serio que haría dudar a cualquiera incluso si fuera la idea más absurda. Lara en cambio, asintió con interés en la penumbra, está vez, fue su mano la que hizo el recorrido lento de abajo hacía arriba, acariciando los músculos marcados de forma casi posesiva.
— Ya veo... Eso tiene sentido... O quizás se lo cuenten a los once príncipes cisnes, que tratarán de chantajearnos para que ayudemos a Elisa a recoger ortigas.
Oh, parece que Lara ha estado leyendo por su cuenta...
— Espero que no. Todavía tengo un campeonato que ganar en dos semanas.
— Entonces eso es un si? Además, si ganas el torneo, te dejaré darme todos los besos que quieras.
Mari no pudo evitar ser ahora la que soltó una risa, que gracias a Dios fue ahogada contra el suave cuerpo de su amada. Su amada...Wow. Está intimidad, sentirse que ambas eran el centro del universo, era mucho mejor que ganar mil premios y reconocimientos. Y eso que Mari tenía muchos de esos.
No dudaría en cambiarlos todos solo porque las cosas fueran así para siempre.
— Tonta... ¿el premio es para ti o para mí? — Señaló Mari con un tono ronco por el suelo que rozaba lo coqueto, dejando de ser solo una pobre víctima de las muestras de afecto de esa desvergonzada chica para alzarse sobre ella, apoyando las manos a cada lado de la cabeza de Lara de forma dominante. El colchón se hundió bajo su peso, acorralando a la pelirroja entre sus brazos. La escasa distancia obligó a sus respiraciones a chocar y mezclarse de inmediato.
Mari realmente deseaba poder ver el brillo en los ojos de Lara en este momento. Ese brillo que no se había apagado tras perder su magia, sino que se había transformado en algo propio y que resplandecía tanto como su bondad.
— Ambas. Porque obviamente yo estaré ahí, lista para prepararte un pastel de la victoria. Y... Como cereza del pastel... — Lara murmuró con un tono delicado, esa voz de doncella que no rompía ni un plato. Creo que la temperatura ambiental está subiendo... Una mano caliente fue lo siguiente que Mari sintió en medio de actuación. El lugar donde quedó marcado su sacrificio. Ante la fricción, Mari contuvo la respiración instintivamente; su abdomen se contrajo, dejando su pecho completamente quieto bajo el calor abrasador de esa palma. Cada milímetro de piel expuesta parecía hiperconsciente de ese contacto lento y deliberado, que se sentía tan correcto al mismo tiempo. — El premio incluye que podrás besarme donde tú quieras. Como tú quieras y las veces que quieras sin que yo pueda poner resistencia.
Mari se quedó en silencio, una vez más, tragando saliva con dificultad antes de obedientemente, correr la cortina que bloqueaba la escasa entrada de luz nocturna que se filtraba ahora por la ventana. Hoy no había luna llena y el alumbrado público descompuesto no ayudaba mucho que digamos. Así que en contra de su buen juicio, Mari también encendió la pequeña lámpara de luz naranja que usaban para leer en las noches.
Luz.
Claridad.
No más jugar a esconderse. Incluso de ellas mismas.
Ambas quedaron en silencio está vez, mirándose fijamente con algo de timidez y asombro.
En este momento quizás deberían de llevar un contador para ver quién logra desestabilizar más a la otra.
Recordatorio número 1: Cambiar la clave del internet. Es claro que esta adorable idiota ha estado viendo cosas que no debería.
Negro y celeste, ambas miradas finalmente encontrándose después de un largo rato recorriendo el resto de sus cuerpos.
Recordatorio no menos importante número 2: Pedirle a Lara que sea mi novia. No hay forma en el mundo que deje ir a una diosa como ella.
La cálida luz naranja bañaba su piel, dibujando sombras suaves sobre la tela levantada de su torso y la falta total en la mitad inferior. Ninguna de las dos hizo el menor intento por cubrirse, al contrario, era una vulnerabilidad compartida que iba más allá del simple deseo de la juventud. Era un terreno en el que por fin se sentían lo suficientemente seguras como para no esconderse.
La respiración de Mari se atascó en su garganta al notar cómo Lara, lejos de encogerse por la timidez, enderezaba sutilmente la espalda. Parecía plenamente consciente y vanidosa de ser el objeto de todos sus pensamientos en ese momento. La pelirroja ladeó la cabeza y esa habitual sonrisa dulce se curvó en algo mucho más anhelante.
Despacio, con una lentitud que parecía calculada para torturar, Lara levantó su mano para apartarse un mechón de cabello del rostro mientras que la que estaba en el pecho de Mari se movió para tomar la botellita de ungüento que casi había quedado olvidada. El movimiento dejó a la vista la delicada línea de su cuello y clavícula, invitando a la vista a quedarse ahí un segundo más de lo prudente.
—Te has quedado muy callada. Más de lo usual. —susurró Lara. Su voz seguía siendo un suspiro suave, pero cargaba una intención nueva que le provocó a Mari un escalofrío de pies a cabeza. Especialmente en el lado izquierdo de su pecho que ya extrañaba su tacto. — ¿Tanto te gusta lo que ves? ¿Quién es la pervertida ahora?
Mari exhaló una respiración temblorosa, sintiendo que el pulso le latía hasta en los oídos. Quería replicar, soltar algún comentario ingenioso que le devolviera el control del ritmo en la habitación como suele pasar, pero la manera en que Lara la miraba, con esa mezcla de adoración pura y desafío travieso la dejó completamente desarmada.
— Bien, tu ganaste.
— Siempre lo hago.
Lo sé. Yo soy la perdedora más grande de este planeta cuando estoy a tu lado.
Obviamente esos pensamientos nunca verían la luz que ahora las acompañaba. Mari puede haber descubierto su lado romántico, pero no caerá tan pronto en las cursilerías que tanto ve Lara en sus series extra dramáticas. Aún así, la boxeadora pese a la vergüenza seguía sin apartarse, presentandose sumisamente mientras observa como Lara toma la crema entre sus dedos.
Un dolor familiar. Uno ya lejano pero que quizás siempre ocupará un lugar en su subconsciente.
— Bien... Tu turno.
Lara asintió, sin apartar la vista del pecho de su compañera. Contrario a lo que uno esperaría de esta situación, la ex sirena apenas estaba aprendiendo de lo diferentes que eran las relaciones humanas, a diferencia de su especie dónde quizás el mayor acto de unión podría ser un contacto de labios para invocar la luz primitiva que generaría vida.
A pesar de que en su mente, siempre llena de curiosidad y ansias por adaptarse a su nueva realidad, sabe que no es el momento aunque eso no cambia que todavía le naciera ese deseo por explorar más de aquello con Mari y solo con ella, primero tenían un asunto que terminar. Especialmente si Lara quiere que su príncipe pueda descansar al menos unas cuantas horas más antes de que salga el sol y no se quede dormida en clases.
Y ahí está.
La cicatriz. Completamente visible ahora y situada justo sobre dónde debería estar su corazón. Una forma irregular que se asemeja a la fusión entre una cruz y una estrella. Esa piel rojiza y de textura diferente al resto de su piel que hace meses atrás fue desgarrada en quizás el acto de amor más grande que Lara había presenciado en sus más de 200 años de existencia en este mundo. Pero también el de mayor idiotez.
Lara no quiere volver a experimentar la asfixiante situación de ver a su amada ponerse en riesgo por ella. No quiere volver a sentir su cuerpo ponerse rígido entre sus brazos.
— Lo siento.
— No es tu culpa. Fue mi decisión.
— Y la mía casi nos condena.
— Pero no fue así. Sigo aquí.
Lara asintió, si, está ahí. Con ella. Mari existe en este mundo.
Con un suspiro que pareció llevarse consigo el peso de ese amargo recuerdo, la ex sirena se inclinó hacia adelante. Sus labios, suaves y tibios, se posaron justo sobre el centro de la cicatriz. Un beso casto, cargado de una devoción que no necesitaba palabras, como si intentara inyectar su propia luz en el alma de Mari.
El corazón de la pelinegra dio un vuelco tan violento que estuvo segura de que Lara lo sintió en sus labios.
—Lara... —La voz de Mari salió como un hilo estrangulado, con el rostro ardiendo hasta la punta de las orejas.
Hasta que no pueda llamar a esa chica su novia, Mari está segura que no volverá a dormir en paz.
—Aún no termino —murmuró Lara contra su piel, esbozando esa sonrisita traviesa que a Mari tanto le encantaba y le aterraba a partes iguales. Se separó apenas unos centímetros, mirándola a través de sus pestañas.
Sus finos dedos, humedecidos por la frescura del ungüento, por fin hicieron contacto con la piel marcada de Mari.
El toque fue tan suave que Mari tuvo que apretar los dientes para no soltar un suspiro tembloroso. Ya no había más dolor. Lara comenzó a masajear la crema sobre la estrella irregular en su pecho, trazando los bordes con una delicadeza que le oprimía la garganta a la boxeadora.
Y bajo la yema de sus dedos, Lara podía sentirlo a la perfección. El latido rítmico, fuerte y terco del corazón de Mari. Bum, bum. Bum, bum. La prueba irrefutable de que, sin desmeritar la importancia de todo lo que habían vivido para llegar hasta ahí, su humana seguía viva.
— Ahora tu espalda.... Aunque debo admitir, que la cicatriz se verá algo cool cuando estás usando el uniforme de boxeo. Ahí, bajo el reflector, presumiendo esa gran cicatriz de chica mala.
— Jaja... Definitivamente será una anécdota divertida para contar en mi libro autobiográfico cuando me vuelva la mejor del mundo.
— Ya lo eres.
— Los halagos no te salvarán de perder inevitablemente tu apuesta, princesa...
Lara le dedicó una sonrisa de complicidad. Pues, era cierto todo lo dicho. Al menos para ella lo es. Mari es su número 1, aunque siga sin gustarle del todo que una actividad de sana diversión para los humanos consista en ver a dos personas golpearse sobre una plataforma. Pasó su brazo libre con cuidado alrededor de la cintura de Mari, acercándola hasta que su barbilla terminó apoyada en el hombro de la pelirroja.
Mari tragó saliva de nuevo, sintiéndose completamente envuelta por el aroma a mar, vainilla y ungüento medicinal. La mano izquierda de Lara sostenía su cintura con firmeza, mientras que la derecha comenzó a trazar círculos fríos y metódicos en la cicatriz de su omóplato.
Este abrazo. Esta chica. Era su hogar.
— Y que tal... Esto. Tendré alguna salvación? — Su voz bajando hasta volverse un susurro apenas perceptible, casi tímido. — Te amo, Mari. Te amo muchísimo.
Recordatorio número 3, pensó Mari, cerrando los ojos e inclinado su rostro para dejar escapar algunas lágrimas fugitivas que no sabía que estaba conteniendo. Que drama. Mari nunca ha sido de las que lloraban pero estando Lara cerca las cosas fluían de manera aterradora. No morir de un infarto antes de comprar los anillos.
Lara pareció notar el ligero temblor en los hombros de su compañera. Su mano detuvo los movimientos circulares sobre la cicatriz, pero en lugar de apartarse, la presionó con más firmeza contra sí misma, dejando un beso apenas perceptible en la curva de su cuello.
— ¿Lágrimas de alegría? O está vez metí la cola demasiado mal... — murmuró la pelirroja con timidez.
Mari soltó una pequeña risa húmeda, frotando disimuladamente su rostro contra el hombro ajeno antes de responder con la voz un poco ronca.
— Te sorprenderá saber que lo que sea que estés viendo en internet sin mi supervisión es complemente falso.
— Ya te había dicho que solo fue una vez! Ese tonto anuncio apareció de la nada la pantalla y... Espera, falso?
— Falso.
— P-Pero... Tú dijiste que...
— Eso está actuado. Cómo las novelas que tanto te gustan... — Mari lo pensó un momento mientras se secaba rápidamente las lágrimas vergonzosas, tampoco quería ocultarle a Lara como era el mundo. Ella lo está descubriendo por su cuenta y lo respeta, pero tendrán que tener una conversación muy pero muy seria sobre eso pronto. — En la vida real es mucho mejor.
Lara la miró con curiosidad, como queriendo preguntar más al respecto pero Mari la detuvo con un rápido beso en los labios que la distrajo de sus intenciones. Solo cuando se separaron, la ex sirena hizo un puchero, ambas estaban actuando muy extraño por el sueño y la montaña rusa de emociones.
— La verdad, a veces no te entiendo nada.
— El sentimiento es mutuo.
Exacto
Yo también te amo.
Pensó la boxeadora, dejando que el calor corporal de Lara acunara su propia respiración. Más de lo que puedo expresar con palabras.
El silencio se instaló de nuevo en la habitación. Un silencio cómodo, denso y cálido, dictado por el sueño inminente. Lara se dejó caer hacia atrás contra las sábanas frías llevando a su chica consigo. Otra vez esa posición, hasta que la falta de aire no se haga presente será perfecto para olvidarse de todo y apagar el cerebro. A Mari no le importa, le gusta estar en la cima de todas formas.
— Entonces... Estaba pensando...
— Uy, eso suena peligroso — bromeó Mari, arrastrando las palabras con los ojos ya medio cerrados, dejándose llevar por la somnolencia mientras estira con torpeza su mano para apagar con un chasquido el botón de la lamparita. Otra vez la oscuridad vuelve a ser bienvenida.
La respuesta de la ex sirena no fue con palabras. En un movimiento rápido que desmentía su aparente cansancio, Lara atrapó el lóbulo de la oreja de Mari entre sus dientes, dándole un mordisco juguetón, lo suficientemente firme para despertarla a medias.
— ¡Uah...! —Mari pegó un pequeño respingo, abriendo un ojo para mirarla de reojo con falsa indignación. — Oye...
Pero Lara no se apartó ante la mirada de pocos amigos. Con esa naturalidad tan suya y una inocencia que rayaba en el peligro, pasó la punta de su lengua sobre la piel recién mordida, un gesto instintivo y descuidado para "suavizar" el contacto al buen estilo de las criaturas que ella ha visto en ese interesante programa de Animales Planeta o algo así al cuidarse entre si.
— Mmm... sabes un poquito a sal —murmuró Lara con voz adormilada y genuinamente satisfecha. Acto seguido, frotó su nariz contra el cuello de la boxeadora buscando acomodarse, ignorando por completo el corto circuito causado en la mente de la pobre Mari que ya no sabía si seguir con el plan de ir a cerrar los ojos como buenas chicas que todavía viven en casa de sus padres o devolverle el gesto (y poco más) solo para castigarla.
Hoy no. Pero pronto.
— Ok, ok, princesa, continúa...
Lara asintió complacida, volviendo a apoyar su barbilla en aquel hombro fuerte que ya sentía como suyo mientras jalaba la sábana para cubrirlas a ambas con dulce dedicación a pesar de los constantes bostezos. Ya no les importaba volverse a poner las piezas faltantes de sus pijamas, pero eso no significa que quieran amanecer mañana con un resfriado.
— Quizás podamos ir a la playa... hace mucho que no visito la costa.
Mari parpadeó adormilada ante el peculiar pedido. Estaban en plena semana escolar, normalmente los paseos familiares requerían un poco más de planificación y probablemente sería un dolor de cabeza convencer a su padre y a su abuela de una escapada espontánea. Pero aun así, siguió escuchando con paciencia, su pulgar acariciando perezosamente el dorso de la mano de Lara.
— El agua salada, las aves marinas... me siento algo nostálgica por ver mi antiguo hogar... —continuó la pelirroja con un tono suave.
— Umh... ¿Eso es todo?
Conoce a su chica demasiado bien.
— Y... —Lara hizo una pequeña pausa, deslizando su mano hasta entrelazar sus dedos con los de Mari. — Me gustaría caminar en la arena. De la mano. Contigo.
La imagen se pintó sola y sin invitación en la mente de Mari. La brisa del mar revolviendo el cabello rojizo de Lara, el sonido ensordecedor de las olas y arena caliente bañada por el sol de la tarde. Sus pies, aquellos por los que tanto había sacrificado, dejando irregulares huellas sobre la orilla húmeda. Pasos humanos. Pasos que tal vez aún costaban un poco, pero que ya no tendría que dar sola, porque Mari estaría ahí a su lado, sosteniendo su mano con fuerza para asegurarse de que no tropezara.
Era una imagen tan tonta, tan cursi y tan dolorosamente hermosa que le provocó las llamadas mariposas en el estómago.
Mari esbozó una sonrisa pequeña de falsa resignación, apretando el agarre de sus manos entrelazadas mientras el sueño finalmente la reclamaba.
— ...Bien. Eso puede resolverse.
Tanto a alguien amé,
Más a su alma no llegué.
•
Diciendo adiós los pasos doy hacía un amor lleno de luz.
•
¿Cómo podría olvidar aquella infinita bondad?
Quiero reír y sonreír aún en plena oscuridad.
Hoy seré fuerte y cumpliré mi bello sueño junto ti.
