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Español
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Gutimiga Week - Día 1
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Published:
2026-10-02
Words:
2,249
Chapters:
1/1
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6
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158
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8
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826

change of mind

Summary:

Armando había puesto una sola condición para que las cosas entre ellos funcionaran: nadie podía saber de lo suyo.

Y si había sido así, entonces ¿por qué ahora tenía tantas ganas de gritarles a todos que Brian le pertenecía, sólo para que esa rubia le soltara el cuello a su novio?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

No llevaba la cuenta de cuántas camisetas había firmado para ese punto, pero ni siquiera le importaba. Estaba tan animado conviviendo con la afición que podían pasarle una producción entera de Nike y con gusto pondría un autógrafo en cada una.

 

Los encargados del hotel comenzaron a pedirles a los jugadores que ingresaran a las instalaciones y eso casi sonó como un reto para Hormiga y el grupo de chicas con las que estaba, pues entre los cinco parecieron coordinarse para que el delantero pudiera firmar las últimas cuatro jerseys a la velocidad de la luz. Finalmente, se alejó del lugar entre risas por la complicidad creada y las reacciones de las seguidoras, haciendo un ademán de despedida con la mano mientras subía por las escaleras de la entrada.

 

La sonrisa en su rostro era imborrable, o eso pensó hasta que vio a Brian en el lobby del hotel con una aficionada.

 

En cualquier otra situación la escena no hubiese tenido nada de malo. Claro, eso si aquella no fuera como la quinta vez que Armando veía a la misma chica platicando con su novio. No satisfecha con eso, parecía que cada vez iba tomando más confianza y el mediocampista no hacía nada por detenerla, aceptando casi con naturalidad el acercamiento físico y los ocasionales toques en sus brazos.

 

No notó que se había quedado detenido en medio del pasillo hasta que uno de sus compañeros lo empujó por el hombro, jugando.

 

— ¿El Guti te está bajando a la güerita? —Se burló Piojo al verlo tan serio, sacando conclusiones por la dirección de la mirada del más joven.

 

— Ya quisiera ese wey poder bajarme algo.

 

— Algo más que los calzones —Molestó Campillo, insistiendo en mantener viva la broma interna de que Brian y él se estaban picando.

 

Puso los ojos en blanco como respuesta al comentario, alejándose de ellos con una sensación amarga en el estómago.

 

Caminó hacia el elevador pensando que ya había visto suficiente, y antes de poder presionar cualquier botón, su curiosidad lo traicionó. Volvió a dirigir su mirada a donde sabía que no tenía que voltear, sólo para encontrarse con aquellos dos abrazados en medio de una risa que a Armando lo que menos le provocó fue gracia.

 

El hueco en su estómago se extendió hasta su garganta y lo hizo apretar la mandíbula, la molestia recorriendo cada músculo de su rostro. No estaba celoso, él había puesto explícitamente las reglas a su relación, no estaba exigiendo ningún lugar en la vida pública de Brian, pero ¿cómo alguien podía ser tan irresponsable con su imagen?

 

¿Acaso no sabía cómo era la prensa mexicana? ¿No sabía que iban a exprimir ese momento durante semanas para crear rumores que les dieran titulares llamativos? ¿No había pensado en que la chica podía aprovecharse de la interacción para colgarse de su nombre en redes?

 

Colgarse como justamente estaba haciendo en ese momento con el cuello de su novio.

 

No estaba celoso. Eso no era por él, su enojo no nacía de un interés personal; estaba preocupado por Brian. O eso se repetía mientras le hervía la sangre viéndolos desde lejos.

 

— Ya se te fueron como tres elevadores, Hormi —Anunció Jonny con la sonrisa amable de siempre, ajeno a los pensamientos de Armando.

 

Sonrió de vuelta, forzado, y antes de adentrarse al elevador volteó por última vez. ¿Qué hacía ella arreglándole el cuello de la playera? Ni siquiera estaba desarreglado, era una camiseta, no una puta camisa.

 

Volvió a rodar los ojos y apretó con más fuerza de la necesaria el botón para cerrar las puertas, acentuando su semblante molesto.

 

Jonny prefirió no preguntar.

 

 

●

 

 

Dos toques en la puerta fueron suficientes para saber de quién se trataba. El delantero llevaba algunos minutos esperando esa visita, y aún con ello, se tomó su tiempo para abrir.

 

— Hormi, ¿todo bien? No me esperaste para subir.

 

La mirada genuinamente confundida del castaño casi lo hace sentirse mal por estar molesto.

 

Casi.

 

— No, creo que andabas ocupado.

 

Le abrió paso al ojiazul para cerrar la puerta a sus espaldas, sin moverse más de dos pasos mientras Brian ingresaba a la habitación. El menor tomó asiento en la cama, viendo al anfitrión del cuarto quedarse de pie frente a la puerta.

 

— ¿Eh?

 

El más alto de los dos no terminaba de entender lo que estaba pasando, pero desde la primera palabra que salió de la boca de su chico, notó un tono particular en su voz, ese que le indicaba que algo definitivamente estaba pasando.

 

— ¿Eh? —Arremedó recargando por completo su peso en la puerta, cruzado de brazos — No te queda hacerte pendejo, Bri.

 

El mediocampista soltó una risa ahogada, volteando hacia otro lado para no empeorar la situación con lo genuinamente gracioso que le parecía el actuar de su novio.

 

— Mh, puta madre, y te da risa.

 

Negó con hartazgo. El sentimiento que creía se había calmado hace unos minutos ahora haciendo remolinos en su abdomen.

 

— Hormi, ¿qué pedo? —Brian volvió a reír, más ruidoso, esta vez un poco por culpa de los nervios.

 

— Wey, ¿sabes qué? Mejor vete. Mañana tenemos un día pesado y–

 

— ¿Me estás corriendo? — Interrumpió con la voz tranquila, mirándolo a los ojos sin una expresión definida en el rostro. Armando titubeó por su serenidad.

 

— Sí.

 

El ojiazul se puso de pie, sin acercarse aún.

 

— Ni siquiera me has dicho por qué estás así, ¿qué te pasa?

 

Mala elección de palabras.

 

— ¿Qué me pasa a mí? ¡Qué te pasa a ti! —El de cabellos oscuros fue el primero en levantar la voz, con los nervios de punta por la tranquilidad del contrario — No sé cómo puedes actuar así frente a todos sabiendo que somos novios, ¿de verdad no te importa esto?

 

Sus ojos se abrieron de más, tratando de disimular la sorpresa. Si había creído que estaban jugando, su novio le acababa de dejar en claro que estaba muy equivocado.

 

— No te estoy entendiendo.

 

— ¿Te estoy hablando en chino o qué chingados? —Aunque la desesperación gritaba desde sus ojos, lamentablemente sus palabras no podían comunicarlo. Brian seguía sin saber qué había pasado — ¿Por qué sigues comportándote como si no estuviéramos juntos?

 

— Babe, ¿de qué madres estás hablando?

 

Dio dos pasos para terminar de acercarse al mayor, tomando las extremidades que habían comenzado a manotear por todos lados. No quitó la mirada de sus ojos, esperando una explicación.

 

— Mucho pinche abrazo allá abajo con una pendeja que te ha estado persiguiendo desde que llegamos, ¿no? Como que se te olvida que tienes novio.

 

La confusión le duró poco al castaño cuando escuchó la mención de una chica. Sabía a lo que se refería.

 

Suspiró con fuerza para permitirse ser el cuerdo de los dos, pensando sus palabras antes de abrir la boca.

 

— No, no se me olvida —Acunó sus manos entre las propias y acortó un poco más la distancia —. ¿Pero no fuiste tú el primero en pedirme que no cambiáramos nada para–

 

— Nah, qué huevos, Brian —Ahora la risa fue suya. No pudo contenerse de darle un pequeño empujón aprovechando que sus manos estaban en contacto, separándolas en el acto —. ¿Tu "seguir como si nada" es seguir ligándote aficionadas? No me chingues.

 

Guardó una distancia prudente con el delantero por su propia seguridad, sin alejarse del todo cuando comenzó a explicarse.

 

— Mando, no me estaba ligando a nadie. Le estaba hablando normal.

 

Sabía que su voz delataba lo en curva que lo había agarrado la situación. Él sólo iba a pedirle que bajaran a cenar y terminó gritoneado.

 

— Sí wey, porque así abrazas a todo el mundo.

 

Él quería ser la persona grande, de verdad lo estaba intentando, pero la insistencia que ponía su novio en la discusión le estaba ganando.

 

— ¿Y no era eso lo que querías, Hormiga? ¿Qué pareciera que trato a todos igual para que nadie sospeche de lo nuestro?

 

— ¿Entonces ahora es mi culpa?

 

— No, pero tal vez no deberías de quejarte por algo que tú mismo insististe en crear —Aprovechó su silencio para continuar hablando —. Sabes que si yo pudiera les gritaría a todos que eres mi novio, Armando. ¿O me vas a decir que no?

 

Bajó la cabeza hasta que sus ojos dieron con los pies de quien le hablaba. Su propia pierna derecha había comenzado a moverse de manera errática, ansioso.

 

— Odio tener que tratarte como si no me muriera de amor por ti. Tú eres el que parece estar cómodo con esto, ¿o sólo estás cómodo cuando soy yo el que tiene que tragar mierda sin hacer gestos?

 

— No es como que yo me la esté pasando de huevos manteniendo todo en secreto.

 

— Pero fue tu decisión, yo nada más estoy haciendo lo que tú me pediste.

 

No respondió, sabía que Brian tenía la razón. Pero la incomodidad aún ardía en su garganta, mezclada con culpa y ese anhelo que desde hace meses lo hacía sentir que mantenerlos en secreto ya no era lo que quería.

 

Con un orgullo que sólo él tenía, y ante la dificultad para admitir que su novio tenía un punto, sólo pudo pensar en responder una cosa cuando sus ojos volvieron a unirse.

 

— ¿Y era necesario dejar que se te colgara?

 

— ¿Qué querías? ¿Que la aventara? — Preguntó con incredulidad, sin esperar la respuesta que recibió, al menos no de la manera tan seria en la que fue pronunciada.

 

— Sí.

 

Hubo algunos segundos de silencio después de esa afirmación. Ambos mirándose fijamente, expectantes.

 

El rostro enojado del más bajo, con el ceño fruncido y las mejillas enrojecidas, enterneció de más al instinto de Brian. Ni siquiera podía terminar de estar molesto por el reclamo de su novio.

 

En un suspiro estiró su brazo izquierdo y lo pasó por la espalda de aquel, acercándolo con cuidado hasta unirlos en un abrazo. Acomodó la cabeza del mayor en su cuello y aprovechó para apoyar su mentón sobre la cabellera oscura, acariciándole la espalda.

 

— Discúlpame, amor. A la próxima aviento a todos los que tú me digas.

 

La risita del aludido no tardó en escucharse y más pronto que tarde sus brazos rodearon el torso de su novio, aceptando el abrazo. Se quedaron unos segundos así, con Armando haciendo hasta lo imposible por no salir de su escondite en el cuello del pálido.

 

— Do you think that I'm going fucking nuts?

 

— Well, yeah —Rió sabiendo a la perfección de dónde había venido el cambio de idioma. Si para Armando era más fácil verbalizar lo que sentía hablando en inglés, entonces tal vez esa era la razón por la que Brian había nacido en Estados Unidos —. Un poquito.

 

Su risa no tardó en ser acompañada por la de quien se escondía en su abrazo. Le dio un tiempo más de ventaja en lo que aprovechaba para disfrutar la cercanía, y cuando lo creyó prudente, separó ligeramente sus torsos para encontrar su mirada.

 

— Pero no importa, me gustas así de zafado.

 

Lo tomó por la mejilla y plantó un pico en sus labios, sonriéndole.

 

— Voy a tomar mi distancia en esas situaciones, no te preocupes.

 

Retomó sutilmente el tema para hacerle saber al ojicafé que había entendido la razón de su molestia. Aquel asintió sin separarse del agarre en su rostro, bajando la mirada a los rosados labios frente a él. No necesitó palabras para que Brian entendiera lo que quería y en poco tiempo volvieron a besarse, prolongando el contacto por algunos segundos.

 

— Yo te amo, Yiyi —Pronunció apenas sus labios fueron independientes de nuevo —. Jamás me interesaría en alguien más cuando tengo todo lo que busco justo frente a mí.

 

Reafirmó con un beso en su frente y no le quedó más que admirar cómo la timidez (o la vergüenza) empezaba a pintar los pómulos de su novio.

 

— Más te vale, porque igual no es opción dejarme.

 

Retomó su lugar apoyado en el cuerpo de Brian mientras aquel terminaba de carcajearse por la sutil amenaza que había recibido.

 

Abrazados, el delantero se hundió en sus pensamientos. El otro no lo interrumpió y se limitó a despeinar su cabello, disfrutando del sonido que hacían sus respiraciones en el silencio casi absoluto de la habitación.

 

— Lo siento, pude habértelo dicho mejor —Quien lo sostenía apenas emitió un sonido para restarle importancia a la situación —. No, de verdad. Entiendo que es difícil para ti también porque no te gusta que seamos un secreto y es injusto que yo–

 

Con un "shh" logró detener sus disculpas. No quería que siguiera preocupándose por ello, y tampoco tenía muchos ánimos para seguirlo pensando.

 

— Está bien, Hormi. Te entiendo.

 

Después de todo, no era la primera vez que discutían por algo así, probablemente tampoco sería la última. Aunque el propio gringo quisiera que fuera diferente, e independientemente de lo que provocaba en él, respetaba la decisión de Armando de mantener lo suyo en secreto y, a la vez, comprendía lo difícil que se podía tornar para aquel ocultar sus sentimientos en público. Sabía que las cosas eran diferentes para cada uno, que su proceso llevaría tiempo y muy seguramente sería de todo menos fácil. Pero lo quería, y estaba dispuesto a acompañarlo mientras atravesaba por esa situación, incluso si eso significaba tener que...

 

— Hay que decirlo.

 

Las palabras lo tomaron por sorpresa, su cuerpo tensándose bajo el abrazo.

 

— Ya no me importa que se enteren, no quiero seguir así.

 

Bajó la mirada hacia su rostro, descubriendo la determinación con la que el par de ojos cafés le devolvía la mirada.

 

— ¿Estás seguro? —Recibió un asentimiento como respuesta.

 

— Completamente.

 

Y el corazón de Brian no podía estar más feliz.

Notes:

jamás pensé que un ship de futbolistas me haría publicar por primera vez en ao3🧍🏻‍♀️

medio a las carreras, pero es trabajo honesto. espero les haya gustado<3

x: @gutiglezz :p