Chapter Text
I
Oropéndola dorada
Sus ojos color esmeralda se encontraban clavados en el libro de aves que desde hacía unos días le venía acompañando, ya que debía hacer un trabajo sobre ellas para su clase de biología. Sin embargo, los gritos y sollozos provenientes de la habitación contigua no le permitían concentrarse. La molesta voz de Evan, su hermano mayor, retumbaba de manera desagradable en sus oídos.
Intentaba no oír los gritos, no quería oír las mierdas que le gritaba su hermano a su novio porque sabía cómo reaccionaría y no sabría si podría controlarse ésta vez.
Desde la muerte de su madre, Evan se había vuelto un chico violento, y eso era algo que Harry aún no lograba entender. Aquella situación a todos les había golpeado fuertemente, pero sólo su hermano había adoptado esa actitud fría y cortante con el resto.
Su hermano se había vuelto cruel, y era su novio la principal víctima de eso. Ambos vivían en Londres, lugar donde estudiaban en la Universidad, pero habían vuelto a pasar las vacaciones de invierno allí a sus respectivos hogares, y desde entonces todo había sido una mierda.
— Evan, detente. –pidió una voz quebrada, y él sintió una puntada en su pecho.
— Todo lo que tenías que hacer era traerme la mercancía. –Dijo su hermano intentando sonar calmado.- ¡Sólo debías traerme la jodida mercancía y no fuiste capaz de hacerlo, Louis!
Los gritos y las peleas se hacían cada vez más constantes y a él le dolía el alma al oír la manera en que su hermano trataba a ese chico.
Louis, Louis Tomlinson, el chico de preciosos ojos azules, cabello castaño y particular tono de voz. El chico perfecto, su chico perfecto, cuyo único defecto era su novio, claro, Evan Styles, su hermano.
— Lo siento, no pu… -su voz se apagó de golpe y él no lo dudó más. Sin pensarlo, puso el separador de páginas en el capítulo de la oropéndola dorada y salió de su habitación dispuesto a enfrentar a su hermano. Evan se encontraba con el puño cerrado, mirando con odio a Louis quien permanecía en el suelo sollozando.
— ¿Pasa algo, Harry? –preguntó Evan al sentir la puerta de su habitación abrirse, pero sin dejar de mirar al oji-azul.
— ¿Estás bien, Louis? –inquirió el menor ignorando a su hermano. El chico le miró con preocupación, y Harry pudo notar en esa mirada que Louis prefería que él no estuviera ahí.
— Te he hecho una pregunta, hermanito. –siguió Evan.
— Vete a la mierda, Evan. –Contestó Harry sabiendo cómo ponía eso a su hermano.
— ¿Qué? – los ojos del mayor centellaron de rabia.
— Que te vayas a la mierda. –repitió cerrando la puerta tras su espalda.
No pasaron ni dos segundos cuando su hermano llegó hasta él, se le lanzó encima y comenzaron a pelear. Harry adoraba con el alma aquellos momentos, ya que a pesar de que Evan era tres años mayor que él, eso no se notaba en su físico; si bien Harry era un poco más pequeño que su hermano, de todas maneras era más fuerte que él.
— ¿Qué demonios? –oyeron la voz de su padre al salir de la habitación.
Cuando su padre y Louis lograron separarlos, se percataron que a Evan le sangraba la nariz, mientras que Harry parecía tener un pequeño corte en el labio inferior.
— Louis, creo que mejor te vas a casa. –dijo Robin en tono tranquilo. El chico asintió y besó superficialmente los labios de su novio, haciendo hervir la sangre del menor, al cual le dedicó una enigmática mirada antes de retirarse.
— ¿Qué pasó para que se golpearan de esa manera? –preguntó su padre una vez se calmaron los ánimos.
— Evan estaba golpeando a Louis. –soltó Harry entre dientes.
— ¡Eso no es cierto! ¿Qué mierda te pasa? –Evan lo empujó, por lo que Robin tuvo que interponerse entre ellos nuevamente.
— ¿Evan? Dime la verdad. –exigió su padre.
— Demonios, tengo veintiún años, ¿qué mierda les importa si tengo una discusión con mi novio? –soltó con rabia.
— ¿Lo golpeaste? –Silencio- ¡¿Lo golpeaste, Evan?! –la voz de su padre sonaba realmente enojada.
— Sí, maldita sea, lo hice. Louis es un jodido imbécil que no puede hacer nada bien, lo merecía. –terminó diciendo, lo cual volvió loco a Harry… otra vez, pero para su sorpresa, ésta vez fue su padre quien empuñó su mano y golpeó el rostro de su hermano.
Los ojos del menor se abrieron sorprendidos, no sabiendo cómo reaccionar ante lo ocurrido. Evan no dijo una sola palabra y sólo se quedó allí quieto, mirando con odio a su padre.
— Quiero que me escuches, Evan. –Exigió su padre severamente.- Vas a terminar tu relación con Louis. No quiero verte más con él, ¿entiendes? – Evan soltó un grito y se encerró en su habitación. Robin suspiró y Harry pensó que ya era hora de volver a la suya.- Espera. –le detuvo su padre. Él se volteó a mirarle y Robin dudó unos momentos – Sé cómo te sientes respecto a Louis. –Su cuerpo se tensó.- Me he fijado en cómo lo miras…
— No sé de qué hablas. –trató de esquivar.
— No quiero que sufras, Harry. Él está enamorado de tu hermano. –Eso dolió.- Sé que es un buen chico, pero…
— Pero ama a mi hermano, lo sé. –señaló con pesar. – Buenas noches, papá.
Harry se encerró en su habitación y se lanzó sobre la cama contemplando el techo, preguntándose una y otra vez por qué un chico como Louis se había fijado en un idiota como su hermano. Dios, el oji-azul era amable, atento, cariñoso, risueño, caballero, cortés, todo lo opuesto a su hermano. Él merecía más, mucho más que un tipo como Evan. Es más, ni siquiera él creía merecerlo. Louis merecía a alguien que le cuidara, que le mimara… que le quisiera, que lo amara tanto o más que Harry.
Todo estaba tan mal en esa situación, partiendo por su hermano que era un idiota, luego Louis, enamorado de ese idiota, y posteriormente él, enamorado del novio de su hermano.
Suspiró con pesadez y también pensó en su padre, en lo difícil que debía ser para él hacerse cargo solo de ellos dos. Desde que su madre había muerto hacía tres años, Robin era quien se había encargado de sacarlos adelante, trabajando turnos extras en el taller de automóviles. Harry pensaba que lo había hecho de maravilla, pero su padre no pensaba eso. Cada vez que Robin miraba a su hermano, él podía notar un dejo de tristeza y frustración hacia él mismo, lo cual le dolía.
“Todo está muy jodido”, pensó cerrando sus ojos.
Unos golpecitos en su ventana le distrajeron, por lo que se levantó y caminó hasta ésta mirando hacia abajo, encontrándose con Louis, quien le hacía señas para que bajara.
Intentando hacer el menor ruido posible, tomó sus llaves, una chaqueta, y bajó hasta el primer piso para luego salir.
— ¿Qué haces aquí, Louis? –preguntó notando que el mayor tenía su pómulo izquierdo inflamado y de un tono rojizo. El aludido no respondió y en cambio se acercó y acarició con su dedo pulgar el labio inferior de Harry, quien se alejó con un pequeño gemido de dolor cuando Louis pasó a llevar la herida que casi había olvidado.
— Ven. –le llamó para que le siguiera hasta la cuneta, lugar donde tomaron asiento. – Déjame curar eso. –El oji-azul se quitó la mochila y extrajo algodón y una botella de vodka. Harry le miró extrañado.- No había alcohol en casa, solo tenía esto y… supuse que serviría. –señaló en un murmuro. El menor sonrió enternecido.
A veces olvidaba que Louis era un chico de veintiún años, amante de las fiestas y la noche. El oji-azul bebía, fumaba cigarrillos de vez en vez, y marihuana cada vez que podía. Harry era todo lo contrario, no bebía y no fumaba, y prefería dormir antes que ir a una fiesta. Era por eso que se le hacía difícil entender por qué lo quería tanto. ¿Cómo era posible que siendo tan distintos, él estuviera enamorado?
No, Harry en realidad sabía la respuesta, porque el sí conocía al verdadero Louis. El castaño era un chico romántico, tierno, sensible y tremendamente inseguro. Louis en realidad era un chico frágil, tras esa fachada de chico alegre, se escondía una temerosa persona.
— Bien, ahora no te muevas. –pidió Tomlinson luego de mojar el algodón con alcohol para pasarlo sobre el labio de Harry.
— Oush. – Louis rió ante la mueca de dolor en el rostro de su cuñado.
Su herida dolía, ardía demasiado, pero la cercanía entre ellos, si bien le ponía un tanto nervioso, también le gustaba, así podía admirar con más detalle el rostro del mayor. Podía notar sus pupilas dilatándose y el gesto serio en su rostro, aquel gesto que siempre hacía cuando parecía estar concentrado en algo, pero secretamente su mente se hallaba volando en otros lugares.
Harry puso atención en su pómulo y sin darse cuenta comenzó a acariciar suavemente la zona con su mano, provocando que el castaño le mirara sorprendido.
— Uhm, creo que con eso estará bien. Sólo debes poner hielo, ya sabes. – dijo guardando la botella de alcohol en la mochila y el algodón en uno de los bolsillos de fuera, para luego tirarlo a la basura.
— ¿Por qué aguantas que te haga esto? –inquirió el menor.
— Eso no es asunto tuyo, Harry. –respondió en un susurró sin mirarle.
— No mereces esto, Louis. –dijo de igual manera.
— Harry no quiero hablar sobre esto. –el mayor levantó la mirada y esbozó una pequeña sonrisa.
— Debes buscar a alguien que te ame…
— Pero yo lo amo a él. – Harry sintió una nueva punzada en su pecho.
— Lo sé. – Hubo un silencio entre ambos. Louis no le miraba, Harry, en cambio, no podía dejar de observarlo, mientras pensaba todas las cosas que le gustaría decirle, pero que claramente no podía ni debía.
— Yo… quería darte las gracias por lo de hace un rato. –Dijo tímidamente dedicándole una sonrisa que Harry no supo descifrar.- Pero no quiero que intervengas más en nuestras discusiones, Harry. – pidió con tono dulce. - ¿Puedes prometerme eso?
— No, no puedo. – el menor negó rotundamente poniéndose de pie.
— Harry, por favor. –pidió nuevamente levantándose también.
— No, Louis, no puedes pedirme eso. –dijo comenzando a alterarse.
— No quiero que vuelva a dañarte, ¿sí? –soltó en un suspiro.
— Me importa una mierda lo que haga conmigo.
— Hey, cuida ese vocabulario. –regañó graciosamente para quitarle un poco de tensión a la situación. Harry bufó.
— Mejor prométeme que no dejarás que vuelva a lastimarte. –habló el oji-verde. Louis suspiró.
— Lo prometo.
— Bien. –Harry sabía que esa promesa no duraría mucho, pero de igual manera se sintió un poco mejor. – Yo tengo que entrar, es tarde.
— Uhm, okay. Gracias otra vez. –repitió acercándose y poniéndose de puntitas para besar la frente del menor. – Buenas noches, Harry.
— Buenas noches, Louis. Pon hielo ahí. –dijo señalando su pómulo. El oji-azul asintió y volteó para comenzar a caminar.
Harry entró a su casa y fue hasta la cocina para buscar hielo, el cual envolvió en un paño para colocarlo sobre su labio. Subió a su habitación, se puso pijama y se recostó, mas conciliar el sueño se volvió una tarea imposible de completar debido a que las palabras de Louis daban vueltas y vueltas en su cabeza…
“Yo lo amo a él”, en serio dolía.
Era injusto. Era tan malditamente injusto, él había visto primero a Louis.
“Oh, Harry, eso suena tan infantil”, se regañó a sí mismo.
Entonces recordó la primera vez que vio a Louis. Había sido una tarde de verano en la escuela hacía ya tres años. Harry se preguntaba cómo es que jamás lo había visto antes, ya que Louis no es un chico que alguien pudiese ignorar, pero bueno, allí estaba él con el balón entre sus pies. Era rápido, veloz y hábil en aquel deporte. Se notaba que le gustaba mucho.
Su cabello castaño se movía de un lado a otro cuando corría y, a pesar de la distancia, él podía jurar ver centellar sus ojos azules. Sin embargo, lo que más le gustaba, era la forma en la que el sol iluminaba su dorada piel, haciéndola parecer parte de él, algo así como un rayito más de sol.
Sin querer, Harry pensó en la oropéndola dorada. Recordaba haber leído que era un ave muy inteligente y escurridiza, cuyo plumaje dorado hacía fácil confundirla con destellos solares.
“Justo como Louis”, pensó.
Su rostro se iluminó al pensar que Louis era como un pájaro, como una oropéndola dorada, pero Louis no volaba libre como ella. Louis se encontraba atrapado, enjaulado en una relación que no le hacía bien, y Harry temía que un día Louis, debido al encierro, olvidara cómo volar.
Si algo había aprendido respecto a los pájaros, era que éstos no debían estar enjaulados, arruinaba sus alas, opacaba su belleza.
Y Louis era demasiado hermoso para una jaula.
