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Takemichi Hanagaki nunca había pensado que su vida se volvería tan complicada.
Era un omega que se había emparejado con Hinata Tachibana a sus veinticuatro años, se habían casado a los veinticinco y se habían ido a vivir a un departamento bien acomodado.
A sus veintiséis años, seguían sin emparejarse, no tenían un lazo formal, pero tenían una conexión amable y "especial". Dos meses después de que Takemichi cumplió los veintiséis, el omega quedó embarazado.
Su embarazo entero estuvo lleno regalos por parte de todos: de Hinata, de Naoto, de la ToMan, de Emma, Shinichiro e Izana.
Aunque siempre hubo alguien de quién más regalos recibió en específico: Manjiro Sano.
Mikey, el comandante de la ToMan y... "mejor amigo" de Takemichi.
Y es "mejor amigo" entre comillas, porque ambos ocultaban un dulce y sucio secreto: El bebé que Takemichi esperaba, no era de Hinata, de su alfa con la que llevaba un dos años de relación... sino de Mikey, su mejor amigo y ex comandante.
Mikey, por supuesto que lo sabía mejor que nadie en el mundo, lo intuía desde que Takemichi cargaba al bebé en el embarazo, y lo terminó por confirmar cuando el bebé nació, su lobo, y los ojos del bebé se lo dijeron todo.
Y ya habían transcurrido tres meses desde ese entonces.
Aquel día, Takemichi estaba sentado en el sofá, con su cachorro — al que había llamado Tanjiro, gran nombre, ¿no? — dormido contra el pecho.
El bebé tenía una pequeña mata de cabello rubio, casi rozando a un dorado cuando el sol le daba de lleno en la cabecita, la piel del pequeño era pálida, sus labios eran rosados como una fresa, las pestañas, largas, tanto que hacían a cualquiera preguntarse si Takemichi se las rizaba cada mañana.
Y los ojos…
Sus ojos, estrechos y almendrados, con comisuras que solían verse ligeramente afiladas, levantadas hacia arriba, cerca de un aspecto felino y que gritaban “Sano” para cualquiera que conociera de memoria los ojos de cualquier integrante de esa familia; y sin embargo, cuando el bebé los abría... eran del mismo azul que los de Takemichi.
Suave y sereno.
Todos dijeron que el bebé era muy bonito cuando nació.
Más cuando creció, Takemichi siempre lo admiró con orgullo, como si fuera su mayor creación en el mundo… porque era una copia casi exacta de Mikey.
— Tanjiro-chan… mamá llega en un rato — dijo en voz baja, con la palabra sabiéndole a mentira. — Y tu… tío Mikey, también.
El timbre de la casa sonó y Takemichi se puso de pie.
Cuando abrió la puerta, Mikey entró como si estuviera en su casa, sonriendo de lado mientras comía un dorayaki.
Una vez adentro, y con la puerta cerrada, se acercó al omega.
— Takemitchy — el apodo le salió en un ronroneo. — ¿Cómo está mi… sobrino?
Takemichi le clavó la mirada y el corazón le latió tan rápido que le dolió el pecho.
Mikey liberó su olor y la casa se llenó de él, como si fuera el alfa de ese hogar.
— No digas “sobrino” de esa manera — protestó Takemichi con un leve sonrojo. — La gente puede escuchar.
Mikey se inclinó hacía el bebé sin hacerle mucho caso y olió el poco cabello del cachorro, Tanjiro abrió los ojos con cansancio cuando el aroma de Mikey lo envolvió, y bostezó antes de soltar una risita cuando el alfa le besó la frente. Solo entonces, Mikey sonrió de verdad.
— ¿Por qué no? Es mío — respondió como si nada. — Y tú también lo eres, Takemitchy. Hinata ya debería saberlo.
Takemichi se acaloró y el sonrojo le aumentó de sobre manera, pero no lo corrigió.
— Mikey, por favor, ella es mi pareja, el cachorro… bueno… es de ella.
— Sí, claro. — dijo bufando y riéndose de la absurda respuesta. — Porque no puede ser mío después de que te follé en el templo Musashi cuando estabas en celo y Hinata estaba de viaje, ¿verdad?
— ¡Cállate! — gritó Takemichi dándole un golpe en el hombro, cuidando no elevar del todo la voz para no asustar a su hijo. — Si alguien te oye…
Y como si el omega hubiera invocado a todo mundo, la puerta volvió ser tocada, Takemichi se puso de pie para abrirla, y esta vez entró toda la ToMan de golpe sin darle tiempo a protestar. Draken, Baji, Chifuyu, Mitsuya, Hakkai, Pah-chin, Peh-yan, Nahoya, Souya, Sanzu, Mucho y hasta Kazutora, que había vuelto de un “viaje espiritual” de dos semanas — aunque todos sabían que se había ido a follar, probablemente esta vez con algún omega despistado. — Takemichi suspiró cansado y caminó de vuelta hasta donde estaba Mikey y su hijo.
Todos veían riendo, estaban listos para ver al cachorro después de tres largos meses en los que no se les había permitido el acceso después de su nacimiento porque: Hinata aseguraba que eran unos ruidosos y “lo estresarían”, así que habían aceptado la distancia por un largo periodo antes de poder volverse a presentar ante el primer bebé de uno de los miembros de la ToMan.
Siguieron bromeando… hasta que vieron al bebé y se detuvieron en seco.
El silencio fue tan denso que se podía sentir con levantar la mano, y el bebé que estaba despierto, solo soltó otra risita y extendió la manita hacia Mikey, quien lo tomó en brazos con simpleza adivinando de inmediato que el cachorro quería ser cargado por él, entonces el pequeño se acurrucó contra el pecho del alfa, como si estuviera con Takemichi, o como si simplemente perteneciese ahí.
Draken fue el primero en hablar cuando nadie sabía por donde empezar; el alfa se pasó una mano por la cara.
— Mikey… no quiero ser un jodido metiche pero, ¿por qué ese bebé tiene toda tu puta cara?
Baji soltó una carcajada que intentó convertir en una tos, y Chifuyu se mordió el labio inferior hasta casi sangrar para no reírse de lo estúpido que era esa situación.
— No sé de qué estás hablando, Ken-chin — respondió acariciándole una mejilla al bebé.
— No, claro que no, enano — dijo Draken con sarcasmo. — Entonces el puto cabello rubio, la forma de los ojos, me lo estoy imaginando. Incluso te mira como si fueras… — se cortó bufando para no decir la palabra — ¿De verdad quieres que creamos que es de Hinata?
Takemichi se sintió juzgado por la mirada de Chifuyu, así que solo atinó a hacerse el tonto acariciando el pelo de su cachorro.
— Es de Hina — insistió Mikey, con una sonrisa descarada ante la mirada atenta de todos. — Ustedes están viendo cosas que no hay.
Takemichi se hundió más en el sofá, queriendo desaparecer y al mismo tiempo ocultar a su hijo de las miradas de todos.
Baji se acercó a Chifuyu sin dejar de mirar la escena y le susurró al oído solo para que él lo oyera:
— Ese cabrón se folló a Takemichi… mírale nada más la cara de idiota que tiene; está tan feliz que parece que Shinichiro le acaba de regalar una moto nueva.
Chifuyu se tapó la boca con una mano hecha puño para no reírse enfrente de su mejor amigo y comandante.
— Es un hijo de puta — respondió Chifuyu sin mirar al alfa que sostenía a su sobrino — pero no puedo negar que el bebé es adorable, aunque tenga toda la cara de Mikey y parezca que él fue quien lo parió y no Takemichi.
Mikey fingió no oír nada y meció a Tanjiro con suavidad mientras el bebé reía.
— Es muy bonito — dijo Mikey levantándolo al aire. — Y se parece a su madre.
— A su madre no se parece ni de lejos, no me jodas, Mikey — murmuró Draken. — Es una puta copia tuya de cuando tenías casi tres años, he visto fotos tuyas de bebé y es igual a ti.
Baji ya estaba sacando su celular para pedirle fotos a Emma de Mikey de bebé y Chifuyu estaba asomado por encima de su hombro intentando leer la conversación y la entrega de pruebas.
Kazutora entonces se acercó a ellos, olfateando el aire que los rodeaba y levantó las cejas.
— Huele un poco a Mikey... ¿Seguro que no…?
— ¡Kazutora! — exclamó Takemichi intentando ofenderse pero, sabía que no había forma de negar lo innegable.
Fue entonces cuando Pah-chin intentó hacer una broma:
— Oye, Mikey, si ese niño crece con tu temperamento, Tanjiro va a ser un dolor de cabeza para Takemichi, y si es un omega, va a ser mucho peor, porque entonces va necesitar un ejército entero para cuidar de él, conociéndote como eres, seguro que…
— Ya tiene un ejército —respondió Mikey de inmediato. — Se llama ToMan, ustedes van a cuidar de este niño con su vida.
Todos se rieron, porque Mikey era un descarado que ni siquiera se molestaba en ocultar lo que era evidente.
...
Media hora después llegó Hinata, con Naoto por detrás listo para saludar a su sobrino a quien no había visto desde su nacimiento por cuestiones de trabajo fuera del país. Hinata entró radiante por enfrente de su hermano, aún después de días de trabajo fuera, con el pelo recogido y una sonrisa enorme.
— ¡Takemichi! ¡Mikey! ¿Cómo está mi pequeño?
Mikey le pasó el bebé con calma y el bebé se aferró un poco a la camisa del alfa antes de dejarse cargar de mala gana por su madre.
— Está perfecto, Hina-chan, crece muy rápido.
Hinata tomó en brazos a Tanjiro y lo besó en la frente, el bebé la miró con unos ojos azules cansados y soltó un bostezo, la alfa solo sonrió.
— Míralo, Naoto, ya ha crecido — declaró con orgullo.
Naoto que se había acercado tranquilamente, se quedó pálido y paralizado después de verlo, observando de inmediato el cabello rubio, la forma de su nariz, la manera en que el bebé fruncía el ceño exactamente igual… a alguien cuando algo no le gustaba. Su mirada se desvió a Mikey y luego a Takemichi, quien evitaba mirarlo.
Naoto no podía evitar decirlo.
— Hina… ese bebé es igual a…
— ¡Es igual a mí! — lo interrumpió Hinata con convicción y felicidad en el rostro. — Míralo bien, tiene mi color de piel… tiene los ojos de Takemichi, y su expresión es igual a la mía. ¿Verdad, Takemichi?
Takemichi asintió con la voz estrangulada, aún evitando la mirada de su cuñado.
— S-sí… se parece a ti, Hina-chan.
Mentira. Todos ahí sabían que era una enorme mentira.
Una tan grande que hasta el bebé pareció mirarla con extrañeza mientras la alfa sonreía convencida de sus palabras.
Mikey se levantó en ese momento, despareciendo por unos minutos a la cocina y luego volvió con una lata de cerveza ya abierta. Se apoyó en el marco de la puerta y observó la escena con una sonrisa ladeada mientras le daba un sorbo a la bebida.
— Claro que sí, Hina-chan, es igual a ti. Felicidades, hiciste un gran trabajo.
Hinata sonrió, completamente ciega y con el orgullo brillando en sus ojos rosados.
— Gracias, Mikey… y también gracias por cuidar de Tanjiro y Takemichi en estos días, eres un buen tío.
Mikey bebió un sorbo más y asintió.
— Casi como un segundo padre.
Takemichi se atragantó con su propia saliva e intentó sonreír de nuevo mientras que Hina sonreía sin notar nada extraño en las palabras del alfa.
La ToMan se quedó un rato más y la conversación giró entorno hacia otros temas mientras se pasaban al bebé como si fuera una papa caliente, cada quien teniendo sus momentos para compartir con… el sobrino de Mikey; aunque cada vez que Tanjiro soltara una risa o extendiera los brazos hacia Mikey, la pandilla entera se tensara y solo se sonrieran entre ellos, nerviosos.
Baji no pudo aguantar más cuando Emma le envió una foto de Mikey de bebé.
— Oye, Takemichi — dijo de repente con el celular en mano y viendo la pantalla fijamente. — ¿El niño ya ha dicho alguna palabra?
— Solo “ma” y “mi” —respondió Takemichi fijando la vista en el bebé.
— ¿“Mi” de Mikey? —preguntó Chifuyu con una inocencia fingida, Takemichi lo miró con ojos bien abiertos y luego con una amenaza de muerte en ellos.
— No, Chifuyu.
Mikey se rió bajito.
— Puede ser, es inteligente, como su… tío.
Draken miraba la escena sin decir nada, hasta que en algún momento se levantó estirándose.
— Yo me voy, antes de que diga algo de lo que me arrepienta.
La frase quedó sobre la mesa antes de que todos salieran uno a uno para evitar la misma, con miradas llenas de horror y admiración ante el descaro de su comandante.
Cuando la puerta se cerró, solo quedó Takemichi, Mikey, Hinata, Naoto y el bebé.
Hinata estaba feliz, meciendo a Tanjiro, hasta que se detuvo por un momento y miró auténticamente agradecida a Mikey.
— De verdad, Mikey, gracias por venir tanto y estar presente, se nota que te encanta ser tío y Tanjiro siempre se pone tan contento contigo cuando te ve, me alegra que sean tan unidos.
— Es un buen chico —dijo Mikey, mirando al bebé y luego a Takemichi con intensidad. — Igual a su padre.
Takemichi se sonrojó violentamente y Hinata rió, interpretándolo como esa vergüenza que el omega solía tener desde siempre.
— ¡Ay, Takemichi! Siempre te pones rojo, eres tan tierno.
Naoto se frotó las sienes antes de levantarse de golpe e ir a la cocina a buscar una cerveza también.
Más tarde, después de que Hinata se durmiera abrazada al bebé en su cama de matrimonio, Takemichi se deslizó fuera con cuidado. El corazón le latía tan rápido que creyó que la alfa podría escucharlo aún dormida.
El omega se levantó de puntillas poniéndose una chaqueta abrigada, tomó el porta bebés, deslizó a Tanjiro con cuidado de entre los brazos de Hina y salió en silencio de la habitación.
Mikey ya lo esperaba en el templo donde se reunía la ToMan, sentado sobre una silla de madera, con una sola bombilla encendida.
Cuando Takemichi entró, se levantó de un salto y le dio un beso en la mejilla.
— Vinieron los dos, perfecto.
Tomó al bebé con ternura, acunándolo mientras lo veía embelesado y lo dejó en la cuna que había comprado desde que nació, lleno de mantas calientes. Tanjiro suspiró complacido y siguió durmiendo con el olor de Takemichi y Mikey que lo envolvía por completo.
Mikey se giró hacia Takemichi y lo atrajo contra su cuerpo.
— Tres meses sin tocarte de verdad, estoy loco por ti, Takemitchy.
— Mikey… — suspiró Takemichi y la boca del alfa lo silenció de golpe, sellando sus labios con hambre.
El beso estuvo lleno de posesión, con la lengua de Mikey invadiendo con intensidad toda la cavidad de Takemichi, estaba desesperado por tenerlo. Sus manos bajaron por la espalda del omega hasta llegar a su cintura donde apretó levemente antes de levantarlo como si no pesara nada, lo sentó sobre una mesa y empezó a desabrocharle la camisa con dedos temblorosos por tocar más de su piel.
— Eres mío — murmuró contra su cuello. — Ese cachorro es mío, los dos son míos, y Hinata puede creer lo que ella quiera, porque yo sé la verdad y tú también.
Takemichi gimió necesitado cuando los dientes de Mikey rozaron su glándula y la lamió con desespero.
— No… todavía no…
— No te marcaré hoy, solo te voy a follar hasta que no puedas pensar en otra cosa. — Mikey le bajó los pantalones con urgencia, notando que la ropa interior del omega estaba empapada por completo de su lubricante natural, la mirada se le llenó de deseo brutal. — Ya estás listo, Takemitchy.
El encuentro estuvo lleno de necesidad y calentura.
Mikey entró en él de un solo empujón, ahogando un gruñido contra el hombro de Takemichi para no despertar al bebé y el omega se aferró a él con las piernas rodeándole la cintura, el olor del alfa lo envolvió como el aroma de un buen café por la mañana. Su interior se apretó alrededor de la polla del alfa y abrió la boca de puro gusto, siseando solo cuando sintió la cabeza del alfa tocándole de lleno el útero.
— Más… — suplicó moviéndose sobre el miembro palpitante dentro de sí.
Mikey obedeció embistiendo con fuerza, aferrándose a su cadera y hundiendo sus dedos en la piel blanca, siendo consciente de que eso le dejaría marcas, lo cual lo encendió aún más, continuado su trabajo por complacer al omega mientras le susurraba todo tiempo de obscenidades y palabras dulces al oído. Aquellas cosas que no podía decirle frente a otras personas.
— Eres mi omega y el cachorro es mío. Los dos son todos míos y voy a llenarte otra vez, porque quiero verte hinchado otra vez con mis hijos y porque esa alfa no es competente para hacerlo, solo vas a llevar a mis cachorros. Para siempre.
Takemichi se retorció bajo él, con su lobo que se removiendose emocionado ante las palabras de otro cachorro, solo de quien ya consideraba su alfa.
Llegaron al orgasmo entre contracciones y temblores, Mikey se quedó dentro sintiendo las descargas entrar en Takemichi, respirando agitadamente. Después de que pudo regulaizar lo suficiente su respiración, besó la frente de Takemichi con amor y ternura mientras le acariciaba la cintura de arriba hacia abajo con una mano, ronroneando ante la sensación de estar dentro de él aún.
— Te amo, Takemitchy, más de lo que debería, y estoy seguro que más de lo que ella puede hacerlo.
Takemichi aún temblando, sonrió débilmente y le puso una mano en la mejilla.
— Yo también te amo, aunque todo esto sea un desastre y tenga que mentir cada día por ti.
...
Dos días después, la ToMan volvió a “visitar” al bebé y esta vez le llevaron todo tipo de regalos: un peluche de dragón de Draken, un pañuelo bordado por Mitsuya, una moto de juguete cara por parte de Baji, Chifuyu le llevó un peluche de gato negro, Nahoya y Souya dos pares de zapatos pequeños de color azul y anaranjados, y Kazutora un chupón personalizado con el logo de la pandilla.
Cuando Mikey tomó a Tanjiro otra vez en brazos y el bebé se rió exactamente con la misma carcajada que él, Baji suspiró.
— Juro por Peke J que ese niño es una copia exacta de Mikey, hasta la forma de babear es igual.
Chifuyu se rió golpeándolo en el brazo.
— Ese bebé tiene un cartel en la frente que dice “Producto 100% Sano”.
Hinata, ajena a todo lo que sucedía y la gente veía, estaba preparando té en la cocina mientras hablaba por teléfono con su amiga.
— Sí, sí, el bebé es precioso, se parece muchísimo a mí, ¿sabes? Todo el mundo lo dice, aunque a veces tiene una expresión rara… debe ser de Takemichi, ya sabes cómo es.
Mikey, desde el sofá levantó la vista hacia Takemichi y le guiñó un ojo mientras mecía al bebé.
El omega se sonrojó y miró hacia otro lado, intentando no reírse por los nervios.
Draken se sentó a su lado y murmuró:
— Vas a acabar en el infierno, Mikey.
— Ya vivo en el infierno — respondió Mikey — Solo que a veces, tengo una parte del cielo — agregó esta vez, con la mirada intercalando entre el bebé y Takemichi.
Al final del día, cuando todos se fueron y Hinata se quedó meciendo al bebé en el salón mientras le cantaba una canción de cuna, Takemichi y Mikey se fueron a la cocina, fingiendo que el alfa le ayudaría a lavar vasos.
— ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? — preguntó Takemichi en un susurro.
Mikey se acercó por detrás, rodeándole la cintura con los brazos y apoyando la barbilla en su hombro.
— Hasta que pueda establecer bien la base de la ToMan, dame unos meses más, ¿sí?
Takemichi se recostó contra él un segundo, permitiéndose un momento de debilidad ante el alfa y suspirando cansado con un puchero.
— Eres un idiota, Mikey.
— Soy tu idiota — corrigió Mikey dándole un beso en el hombro — y un hombre que pronto les dará algo mejor que esto, a nuestro cachorro y a ti.
Entonces desde el salón, Hinata gritó alegre:
— ¡Takemichi, ven a ver! ¡Tanjiro acaba de sonreír igual que yo!
Takemichi y Mikey se miraron, sonriendo cómplices, mentirosos y absolutamente enamorados uno del otro.
— Ya voy, Hina-chan — respondió Takemichi en voz alta.
Le dio un beso en los labios al alfa y mientras caminaba de vuelta al salón, pudo sentir la mirada de Mikey, la misma mirada intensa de siempre.
Porque por ahora, debían mantener el engaño bajo llave.
Al menos hasta que Mikey pudiera hacerse cargo.
